Todavía por las noches, se preguntaba a sí misma cómo fue capaz de rechazarlo, cómo permitió que su autosuficiencia le impidiera darse cuenta que estaba alejándose del hombre de su vida.

Esa sensación de pesadez en sus hombros, la ligera contractura que bajaba desde su nuca hasta el medio de su espalda era la innegable señal de que esa, sería otra de las muchas noches en que no lograría dormir, en que los recuerdos la atormentarían hasta que el somnífero de turno hiciera efecto.

Después de cenar con el camarógrafo que tuvo asignado durante los últimos meses, se despidió de él rápidamente sin la habitual sobremesa en la que organizaban sus horarios para el día siguiente, le deseo mucha suerte y con un guiño bromista le dijo "espero no volvamos a vernos". Esa había sido la última cena que compartían, y si todo salía de acuerdo a sus planes, no volverían a trabajar juntos quizás nunca.

A solas en su habitación, mientras se lavaba los dientes, se preguntaba quién era la mujer que tenía en frente, en qué momento aparecieron esas arrugas en su frente y alrededor de sus ojos. Al día siguiente volaría a Washington por primera vez desde hacía más de siete años, tenía una sensación de ansiedad pero no por el vuelo sino por lo que se había propuesto hacer… estaba decidida, pero tanta emoción la había agotado física y mentalmente, "mañana despertaré de mejor ánimo" pensó.

Por ahora, solo quería darse un baño y dormir… mañana daría el primer paso por reconciliarse con su pasado. Mientras se duchaba no dejaba de cuestionarse, cuándo había dejado de ser dueña de su destino… ella que nunca se arrepentía de nada, de pronto se sentía culpable por la vida que llevaba, por la forma en que desde hacia años sus días se habían sucedido unos a otros sin que ella se percatara.

Como corresponsal en zonas en conflicto, su vida no había sido ni remotamente tranquila, tenía un trabajo que la absorbía totalmente, siempre disfrutó poniendo en aprietos a los que abusaban del poder con sus preguntas directas y críticas. Tampoco podía negar que aunque había salido con otros hombres e incluso había compartido su vida con algunos de ellos, con ninguno había logrado una relación como la que tuvo con él.

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"Papá, explícame para qué necesitabas la ayuda de Jack con tanta urgencia" reclamó la mujer de hermosos hoyuelos en las mejillas, sonriendo nerviosamente en videoconferencia con su padre.

"No entiendo tu preocupación cielo, mañana volaremos los dos a Washington y podrás comprobar que mi hijo político está en perfectas condiciones", respondió con un ligero tono burlón el padre de la artista mientras acomodaba su barba pelirroja.

Ella sabía muy bien de lo que su padre era capaz, "así… y entonces porqué no me lo dice él mismo" agregó dirigiendo a su padre una mirada acusadora.

El hombre mayor sonrió y a manera de despedida agregó "hasta mañana cariño, nuestro vuelo llega a las 11.30 am, dale besos a mis nietos.. te quiero", luego cortó la conexión.

La mujer que en cuánto pudo cambió el nombre que le dieron al nacer, suspiró con resignación, no había nada que pudiera hacer esa noche, tendría que esperar hasta el día siguiente para saber realmente qué había ocurrido con el padre de sus hijos durante esos casi siete días en Texas.

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De camino al aeropuerto, el tráfico provocó que su taxi se detuviera frente a una cafetería muy similar a aquella en la que en otro tiempo, en otra ciudad, compartió desayunos y almuerzos con ellos. Su mente se llenó de recuerdos nuevamente, imágenes de un pasado feliz en que habían reído, charlado y disfrutado de su mutua compañía; y de pronto recordó la última vez que estuvo en ese lugar…

"Hola Temperance, ¿cómo está Seeley?¿lo has visto?" habían sido sus primeras palabras, escaparon de sus labios casi sin pensar y se arrepintió de ellas tan pronto observó como la mirada de la mujer que acababa de llegar y permanecía de pie frente a ella, perdía su brillo, esos enormes ojos usualmente azules se tornaron grises y sin poder evitarlo se sintió terriblemente culpable.

"Discúlpame Hannah pero no he venido para hablar de Booth" fue la cortante respuesta de su interlocutora, y entonces sintió claramente como su tristeza se hacía más profunda, podía jurar que la mejor amiga del hombre que amaba la atravesaba con su gélida mirada, y sin dejarla explicarse añadió, "estoy aquí para pedirte que no vuelvas a acercarte a él nunca más".

Sintió claramente como los ojos se le llenaban de lágrimas, "Temperance, realmente lamento mucho todo lo que…", empezó a decir y estuvo a punto de colocar su mano sobre el antebrazo de la mujer a la que durante los últimos meses había aprendido a apreciar como a una buena amiga, pero su frialdad y desprecio le impidieron hacer ningún movimiento. Estaba sumamente arrepentida por todo el dolor que había provocado, se sentía muy confundida y triste como nunca antes se sintió en la vida, en un instante lo había perdido a él y ahora le quedaba claro que su amistad con Temperance había dejado de existir.

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El mejor agente del FBI llevaba más de diez minutos intentando convencer a sus pequeños de sacarse los pijamas, pero había sido imposible, esos diablillos estaban llenos de energía y se encontraban enfrascados en un vano intento por convencerlo de jugar un rato antes de alistarse.

"¡Papi, tía Angela está al teléfono!", escuchó la voz de su pequeña hija que entraba a la habitación de sus hermanos sosteniendo el inalámbrico en una de sus pequeñas manos, en la otra, un bolso de tipo morral idéntico al preferido de su madre pero en una versión más pequeña.

Frente al espectáculo de los gemelos haciendo alboroto, saltando y correteando por toda la habitación, la pequeña retrocedió y se quedó en el marco de la puerta, moviendo la cabeza hacia ambos lados en un gesto que indicaba su desaprobación, alargó su pequeño bracito alcanzándole el teléfono a su padre diciendo "toma papi", y luego dirigiéndose a sus hermanos agregó "mamá dice que si no empiezan a vestirse ya, no podrán ponerse los trajes de superhéroe y además no habrá clase de natación esta tarde".

El padre de los niños sonrió al comprobar el indiscutible parecido entre el tono de voz de su pequeña hija y el de su amada Huesos. Sin dejar de sonreír contestó al teléfono, "hola Angela, ¿te sientes mejor hoy?", preguntó a manera de saludo a la mujer en la línea.

"Hola Booth, gracias… ya estoy mejor, aunque preocupada por averiguar con qué sorpresa regresará Jack esta vez" explicó la artista con voz nerviosa, "¿te parece si nos encontramos allá en una hora?" añadió recuperando su habitual aplomo.

"Perfecto, entonces en una hora en el restaurante de siempre, el que tiene comida vegetariana en su carta y la zona de juegos para los chicos" contestó el ex francotirador sonriendo al observar como sus pequeños habían comenzado a quitarse los pijamas… y mientras cortaba la llamada sentenció, "recuerden las reglas muchachos, sin máscaras".

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Durante todo el vuelo intentó bloquear los recuerdos de los meses que vivió en Washington, por momentos tenía la sensación de que esa había sido la vida de otra persona, que todos esos recuerdos no eran suyos, pero era imposible negar su pasado… además su memoria se encargó durante esas interminables horas de llenarle la mente de imágenes de su vida junto a él, de su sonrisa… esa sonrisa frente a la que había caído rendida desde la primera vez que se vieron a los ojos, cuando él salvó su vida en un pueblo perdido en Afganistán hacía más de siete años.

El avión en que regresaba a Washington después de tantos años acababa de aterrizar, eran las once de la mañana hora local, pero para ella era casi medianoche. Aunque valgan verdades, si solo pensaba en su comodidad, el viaje había resultado fantástico, el asiento próximo al suyo estuvo vacío durante todo el vuelo así que no tuvo que soportar los intentos de conversación de un completo extraño y pudo acomodarse mejor, sin embargo, se sentía agotada, abrumada, solo quería recoger su maleta, llegar a su hotel, descansar y esperar que fuera lunes para buscarlo, sonrió ilusionada al imaginar cómo sería reencontrarse con él después de tantos años.

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Michael y Christine estaban en lo más alto del laberinto infantil y desde esa altura fueron los primero en divisar al abuelo Gibbons con su inconfundible barba, la que tanto les gustaba tocar y esas manos en las que siempre lucía algún anillo enorme… "allí está tu abuelo" gritó Christine, casi en simultáneo con el mayor de los niños Hodgings que con su voz ronquita agregaba "y mi papá también".

Los trillizos estaban muy divertidos jugando en la piscina de pelotas, mientras los gemelos acalorados bajaban de la cama elástica y se acercaban a la mesa en la que estaban los adultos, "mami, agua por favor" dijeron al mismo tiempo con voz cantarina. Brennan sirvió rápidamente dos vasos con agua, tomó uno de ellos y lo acercó a los labios de Mathew ayudándolo a beber de él; mientras Booth hacia lo mismo con Henry.

El padre de ese par de saludables criaturas, exclamó con tono conciliador "hey chicos, despacio… no es una competencia". Pero era inútil, desde el día que nacieron, ese dúo rivalizaba por todo, y a veces la única forma de lograr que hicieran lo debido era convirtiendo las actividades en competencias; de esa manera, conseguían con mayor facilidad que terminaran sus alimentos, ayudaran a ordenar sus juguetes, se lavaran los dientes… además era natural que aunque en un momento podían estar enfrentándose por ser quien daba más besos a mamá, al segundo siguiente se convertían en un sólido equipo intentando vencer a su hermano mayor en una pulseada.

De pronto, Michael pasó corriendo junto a la mesa en que estaban su madre y los tíos Booth, y aunque escuchó la voz de su mamá intentando detenerlo, mantuvo su paso con dirección a su padre. Christine se detuvo junto a su madre y recostándose en ella dijo muy entusiasmada, apuntando con su mano derecha la zona a la que había corrido Michael, "hemos visto al abuelo Gibbons y al tío Jack, están por allá… ¿puedo ir?"

La mujer de ciencia, acarició suavemente el rostro de su hija, y cuando comprobó que Jack se encontraba a menos de 50 metros de distancia, con una sonrisa le dijo "está bien anda, yo te veo desde aquí", sin decir palabras la niña besó rápidamente a su madre y salió corriendo. Brennan miró a los ojos al padre de sus hijos, al hombre que hacía muchos años le había enseñado que el amor no se trataba de reacciones químicas y físicas, sino de sentimientos, compromiso y confianza en un futuro; y sin necesidad de decir nada, ese hombre comprendió el mensaje, se puso de pie y no perdió de vista a su niña.

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Arrastrando su única maleta y con el bolso de viaje colgando del hombro izquierdo, la intrépida reportera caminaba rumbo a la zona de alquiler de autos sumergida en sus cavilaciones. Si recordaba bien, junto al local de alquiler había un simpático restaurante dónde podría desayunar algo ligero, antes de ir a su hotel.

De repente se detuvo en medio del corredor tratando de ubicar el local que buscaba y fue entonces cuando una pequeña niña tropezó con ella, el impacto fue lo suficientemente fuerte como para provocar que la nena cayera al piso, perdiendo una de sus sandalias al caer.

Los tres adultos observaron impotentes como Christine chocaba contra una mujer de baja estatura y larga cabellera rubia, en una fracción de segundo Booth ya estaba caminando velozmente hacia donde había caído su hija. Aunque aquella desconocida estaba ayudando a Christine a ponerse de pie y le estaba colocando la sandalia mientras le acariciaba la rodilla magullada, él quería asegurarse de que su hija estaba bien.

La mujer terminó de abrochar la sandalia de la pequeña y recién entonces la miró con detenimiento mientras le acomodaba uno de los tirantes del hermoso vestido rojo que llevaba puesto, se trataba de una nena muy linda, con el cabello castaño recogido en un par de trenzas y un flequillo que le llegaba hasta las cejas, además tenía enormes ojos azules… sin poder evitarlo los ojos se le humedecieron, ese color de ojos eran casi exactos a los de Temperance, la mujer a la que consideró una gran amiga en otro tiempo.

En cuanto la nena vio a su padre de pie junto a la mujer que la ayudaba a ponerse la sandalia, reclamó "papi me caí", con la boquita haciendo un puchero con el que consiguió hacer sonreír a su padre instantáneamente.

Recién en ese momento la blonda mujer se incorporó y dirigiéndose al padre de la niña empezó a excusarse "mil disculpas… venía distraída… y no la vi…", sus últimas palabras fueron casi inaudibles. No podía dar crédito a sus ojos, no podía ser cierto lo que ocurría.

Al reconocer quién era esa mujer, Booth sintió una punzada en el estómago ocasionada por el recuerdo del dolor del rechazo, pero casi inmediatamente al sentir como una de las pequeñas manos de su niña se deslizaba hasta sujetarse firmemente de la mano que él tenía libre, el dolor dio paso a una sensación de profunda felicidad y agradecimiento con la vida, y con los extraños caminos que lo habían conducido a su vida actual, a la familia que él y Huesos habían formado juntos, confiando en la promesa de permanecer juntos por los próximos 30, 40 o 50 años.

Acariciando con ternura la cabeza de su niña el agente saludó en un tono cordial "hola Hannah", y sin darle oportunidad de responder al saludo agregó "está futura campeona olímpica con la que tropezaste es Christine, este hombrecito araña es Henry", y señalando con un gesto hacia la mesa en que aguardaban Angela y Huesos añadió "y aquel pequeño vestido de superhéroe es Mathew".

De pie junto a la mesa que Booth había señalado, Brennan y Angela les daban la bienvenida a Hodgings y al abuelo Gibbons que acababan de acercarse a ellas. Ambas mujeres habían reconocido a Hannah en el mismo instante en que Christine tropezó con ella.

La artista recordó claramente los celos que sintió por la amistad que surgió entre la mujer a quien quería como a una hermana y esa reportera, aunque era consciente que probablemente su antipatía por la rubia fue ocasionada por la sobrecarga de hormonas ocasionada por la gestación de su primogénito.

La científica colocó una de sus manos sobre su abultado vientre y al cruzar su mirada con Hannah, en un instante hizo un análisis racional de todo lo ocurrido a raíz de su rechazo a la proposición de matrimonio de Booth, enumeró las maravillosas consecuencias que se habían sucedido unas tras otras después de que esa mujer desapareció de sus vidas, y con una extraña sensación de agradecimiento le dedicó una sonrisa serena.

No fue necesario que Seeley le explicara quienes eran esos niños, la nena era el vivo retrato de Temperance y ese par de gemelos eran idénticos a él, salvo por la cabellera rubia alborotada… "y, ¿Parker?" la pregunta escapó de sus labios, recordaba al niño que conoció hace años y que hasta ese momento suponía el único hijo del hombre que tenía en frente.

"Se quedó en casa estudiando, en un rato pasaremos por él" respondió sorprendido porque en medio de lo incómodo de la situación, Hannah sentía curiosidad por saber qué había sido de Parker.

Frente a la hermosa familia que tenía ante sus ojos, y la felicidad que descubría en el rostro de Seeley, sintió como el peso de la culpabilidad que la agobiaba desde hacia años desaparecía. Aunque tenía los ojos llenos de lágrimas, una enorme y sincera sonrisa se dibujó en su rostro, comprobaba que después de su partida, Seeley y Temperance habían construido una hermosa vida juntos. Con ternura, acarició con ambas manos las mejillas de la niña, sujetando por un momento su rostro para capturar su inocente mirada y fijarla en sus recuerdos, suavemente le dio un beso en la frente y sin dejar de mirarla a los ojos le dijo "dale este beso a tu mamá de mi parte, dile que Hannah la recuerda con mucho cariño".

Sin decir más se dio la vuelta y se alejó, dejando esa puerta de su pasado definitivamente cerrada, apuró el paso, tenía que tomar el próximo vuelo de regreso a su propia vida.