El día había transcurrido sin mayores complicaciones, al no tener ningún caso pendiente, Brennan pudo pasarse toda la mañana y parte de la tarde evaluando los restos hallados en una pirámide ceremonial de la cultura Mochica en el norte del Perú y que habían sido enviados al Jeffersonian como parte de un programa de apoyo a las investigaciones interculturales. Por su parte, Booth tuvo tiempo suficiente para ponerse al día con toneladas de papeleo correspondiente a los informes finales de su último caso, solo interrumpió sus labores oficiales para salir a almorzar con la mujer que lo convertiría en padre por quinta vez, en aproximadamente veinte semanas.

A últimas horas de la tarde, la científica participó como expositora en una conferencia sobre los alcances de la antropología forense en el desarrollo de la criminología, que se dictó en la Universidad de Washington. El agente asistió a la conferencia y permaneció aparentemente muy atento durante la disertación de la especialista, sin embargo, la verdad era otra… Booth dejó de escuchar las palabras que salían de los labios de su amada Huesos, prácticamente en el mismo instante en que empezó a hablar, para concentrarse únicamente en observar hasta el más mínimo detalle de la mujer con la que compartía sus días y sus noches desde hacía casi siete años, disfrutando por milésima vez de cada gesto, cada modulación de su voz; sabiéndose el único, en esa sala, capaz de comprender el significado de cada una de las miradas de esos hermosos ojos azules.

Desde que se enteró que iba a ser padre nuevamente, procuraba permanecer junto a ella todo el tiempo posible, si fuera por él, con gusto y sin dudarlo mudaría su oficina al Jeffersonian.

Al terminar la conferencia, el mejor agente del FBI esperó pacientemente a que ella atendiera a todos los estudiantes que se acercaban para hacerle preguntas adicionales o para solicitarle que les firmara alguno de sus libros, en su mayoría los jóvenes estaban más interesados en su éxito como escritora que en sus investigaciones antropológicas. Cuando no hubo más preguntas, el agente se acercó a su compañera que se apuraba en acomodar sus materiales en el interior de su maletín, y sin mediar palabras la abrazó desde atrás, una mano colocada suavemente sobre el vientre que ya empezaba a dar señales de la nueva vida que crecía en su interior y la otra pretendiendo ayudarla a guardar sus cosas, mientras besaba su cabello discretamente para no montar un espectáculo en un lugar tan académico.

La mujer de ciencia sonrío ante el gesto de su pareja, nunca se acostumbraría a las demostraciones públicas de afecto, pero después de tantos años había aprendido a dejarse llevar y disfrutar del momento… decidió hacer un pequeño esfuerzo por comportarse menos racional y actuar con el corazón, se giró y respondió al abrazo de su pareja con un suave beso en los labios.

Al llegar a casa eran ya casi las 8 de la noche, después de estacionar el auto en el garaje, encontraron a Parker en la terraza del pórtico de entrada conversando con un par de compañeros de escuela con los que había estudiado toda la tarde, "hola papá, hola mamá!" fue el alegre saludo del jovencito, los otros muchachos imitaron el saludo replicando en coro "hola señor Booth, hola señora Booth!".

Antes de ingresar a la casa, Parker se acercó a ellos para darles, como todos los días, en un par de minutos, un resumen de todo lo acontecido durante la tarde; lo último que les comentó, antes de volver con sus amigos, fue que los gemelos ya estaban durmiendo, y que Christine estaba con el abuelo Max en la sala de música. Bastó un breve cruce de miradas para que los orgullosos padres se dividieran las tareas sin necesidad de utilizar palabras; Booth subió al segundo piso para asegurarse de que los pequeños estuvieran realmente dormidos, mientras que Brennan se dirigió a la sala de música para avisarle a su padre que ya habían llegado y anunciarle a su hijita que ya era hora de ir a la cama.

Los gemelos ya estaban dormidos, Henry con los pijamas puestos, abrazando su conejo de peluche… Booth no pudo evitar soltar una suave carcajada al recordar, por milésima vez, que las estadísticas relacionadas con los ataques mortales de osos en Norteamérica eran el motivo por el cual ninguno de sus hijos tendría jamás un oso de peluche, su adorada Huesos los había prohibido desde antes que naciera Christine… al acercarse a la cama de Mathew, no se sorprendió en lo absoluto al comprobar que una vez más, el menor de sus hijos se había quedado dormido vistiendo un traje de superhéroe, con una sonrisa resignada, destapó al pequeño y empezó a desvestirlo para ponerle los pijamas.

Al acercarse a la habitación en la que su padre entretenía a su hija de seis años, la mejor antropóloga del mundo escuchó que ambos cantaban en coro una de las viejas canciones que ella misma había aprendido de su padre siendo niña, la misma canción que hacia unos años, ella y Booth habían cantado a dúo mientras compartían una divertida cena al final de uno de sus casos… por un momento, detuvo su andar y manteniendo los ojos cerrados recordó su propia infancia, reencontrándose con uno de esos hermosos recuerdos que había ido recuperando, poco a poco, desde el día en que Booth empezó a formar parte de su vida.

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Pasada la medianoche, Booth despertó al escuchar que Huesos murmuraba entre sueños, por un momento le preocupó que pudiera tratarse de alguna pesadilla, algún recuerdo del pasado que la agobiaba durante su descanso, pero por más que se esforzaba no lograba entender lo que ella decía… resultaba muy difícil entender las palabras que brotaban de sus labios pues la mujer a la que amaba más que a su propia vida estaba acurrucada junto a él, con la cara oculta sobre su hombro izquierdo, la barriga crecida en una clara manifestación de sus casi veinte semanas de embarazo apoyada en su costado y con una de las manos fuertemente sujeta a la pechera de su camiseta. Intentó arrimarse un poco hacia la derecha, para así conseguir ver el rostro de su mujer, y fue entonces que estuvo a punto de caer de la cama, por un segundo, temió dar contra el piso arrastrando en su caída a la madre de sus hijos.

Cuando recuperó el equilibrio, se percató de que estaba al borde de la cama, en el filo de la enorme cama que habían comprado para ellos semanas antes del nacimiento de su primera hija, en un gesto involuntario se llevó la mano izquierda a la cabeza rascándose la nuca nerviosamente, mientras entornaba los ojos… una vez más se despertaba para descubrirse arrimado en el borde de su propia cama, con Huesos muy junto a él, ocupando entre ambos la mitad de la cama; mientras que la otra mitad del espacio estaba ocupado por sus tres pequeños hijos… no había nada que pudiera hacer al respecto, en más de una oportunidad había tratado de razonar con la madre de sus pequeños respecto a ello, pero era inútil, todavía recordaba que la primera vez que conversaron al respecto fue por Parker…

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La noche de ese sábado se había quedado trabajando hasta tarde en las oficinas centrales del FBI, esperando a que Caroline consiguiera la orden de un juez para poder revisar el sótano de una pareja sospechosa del asesinato de un inmigrante. Por aquella esa época, él y Huesos vivían repartiendo su tiempo entre su departamento y el de ella, Christine todavía no había nacido y Parker se quedaba con ellos algunos fines de semana.

Al llegar a su departamento eran pasadas las once de la noche y todo estaba en silencio, con cuidado guardó su arma en la caja de seguridad que se hallaba escondida en el librero, a un lado del recibidor, ingresó a la cocina y se encontró con un plato de tallarines con salsa blanca servido y listo para calentar en el microondas; aunque moría de hambre primero quiso cerciorarse de que sus dos personas favoritas en el mundo estuvieran descansando.

Procurando no hacer ruido se dirigió a su dormitorio, y fue enorme su sorpresa al encontrar a la madre de su futura hija sentada en su lado de la cama, con la espalda apoyada en la cabecera, tan concentrada en la lectura de un libro sobre la crianza de los niños en las sociedades de la costa del Asia-Pacífico que parecía no se había percatado que él la observaba desde la puerta. Junto a ella, totalmente dormido estaba Parker, con la cabeza apoyada sobre su costado izquierdo y una de sus pequeñas manos colocada sobre la parte alta del vientre en que crecía su futura hermanita, en un gesto protector que lo pintaba de cuerpo entero como el futuro macho alpha en que indiscutiblemente se convertiría en los próximos años.

El ex francotirador hizo evidente su presencia aproximándose a su pareja hasta que sus rostros quedaron frente a frente, distanciados apenas por unos pocos centímetros, entonces se besaron tiernamente en los labios, y al separarse, él le dirigió una mirada cargada de reproche, y antes que ella pudiera decir nada, con una sonrisa que suavizaba cualquier regaño le indicó "no debes permitir que Parker se quedé a dormir en nuestra cama", la mujer de ciencia lo miró a los ojos con genuina inocencia y apretó los labios ligeramente en un gesto de disconformidad que él conocía muy bien.

El hombre dio un par de pasos alejándose de la cama y empezó a quitarse el traje, "él ya es un niño grande y sabe que esto no está bien", agregó mientras ingresaba al baño del dormitorio, intentando convencerse a sí mismo que con esa última frase la discusión quedaba zanjada... pero en su interior, sabía muy bien que los labios juntos en una fina línea y el suave ceño fruncido que observó en su pareja justo antes de terminar de desvestirse, solo podían ser una señal de que ella estaba escogiendo las palabras con que arremetería en contra de su argumento.

La mujer que pronto se convertiría en madre de una preciosa niña, cerró el libro que estaba leyendo hasta hacía un par de minutos, en el silencio de la noche escuchó el agua correr en el lavatorio, así que empleando un tono de voz lo suficientemente alto como para que él pudiera escuchar con claridad desde el interior del baño, le respondió, "se que la mayoría de padres prohíben a sus hijos dormir con ellos porque su presencia les impide tener relaciones sexuales satisfactorias, pero…", antes que pudiera terminar con su explicación el padre del pequeño niño, había salido del baño como un rayo y de un salto ya estaba inclinado sobre su pareja colocando un par de dedos sobre los labios de ella y suplicándole con la mirada que no dijera nada más.

"Huesos, te suplico que no uses la palabra s-e-x-o delante de Parker", le rogó casi en un susurro, alternando su mirada entre los profundos ojos azules de su mujer y el rostro relajado de su pequeño hijo que seguía durmiendo ajeno a la discusión que había provocado; con suavidad, retiró los dedos que había colocado sobre los labios de ella, incorporándose para ponerse una de las camisetas que utilizaba para dormir, mientras estaba en ello imploraba a todos los santos porque la discusión quedará allí.

Ella permaneció en silencio por unos segundos y luego empezó a hablar nuevamente "como te decía, si lo que temes es que nuestras actividades de apareamiento se vean afectadas por…", sin poder dar crédito a lo que escuchaba Booth se llevó ambas manos a la cabeza y exclamó entre dientes "¡por el amor de Dios! Huesos, puedes dejar de hablar de s-e-x-o frente a mi hijo de diez años", saliendo del dormitorio con dirección a la cocina.

Recién entonces la antropóloga comprendió lo que el padre de su hija había intentado decirle desde el principio, se levantó de la cama y con una tímida sonrisa, fue tras él hasta la cocina, se sentó junto a él en la barra que utilizaban como comedor de diario y le pidió disculpas en un tono de voz que sabía muy bien Booth no podría resistir, "ya comprendo… no te refieres a que evite la palabra, sino a que no hable de ese tema delante de Parker, ya entiendo".

"Gracias Huesos" dijo el agente aceptando sus disculpas y regalándole su sonrisa más enorme, sin darle oportunidad de replicar, bajó la mirada concentrándose en devorar el plato de tallarines que tenía frente a él, y para evitar más discusiones dedicó los siguientes minutos a comentar sobre la infructuosa búsqueda de pruebas en el sótano de los principales sospechosos del asesinato que habían empezado a investigar esa tarde.

Cuando le faltaba tan solo un bocado para terminar con su cena, levantó la mirada y reconoció en los añiles ojos de la mujer de su vida, una expresión que le indicaba que ella estaba decidiendo la mejor manera de decirle algo importante, sin agregar media palabra le sonrió animándola a decir aquello que la tenía preocupada, y fue entonces que ella se animó a romper el silencio señalando, "Booth, solo quiero asegurarte que el hecho de que Parker duerma con nosotros alguna noche, no afectará la frecuencia con la que hacemos el amor".

No podía creer lo que acababa de escuchar, su Huesos, había utilizado la expresión hacer el amor, y eso lo llenaba de alegría, lo convertía en el hombre más feliz del mundo y le producía un deseo increíble de hacerse uno con ella, de demostrarle una vez más cuánto la amaba… sin poder evitarlo sintió como la zona inferior de su cuerpo cobraba vida propia… sin embargo, también era consciente de que en esa discusión, como en muchos otros aspectos de su vida en pareja, este sería uno de esos puntos en los que probablemente nunca se pondrían de acuerdo y en el que no habría manera de que él saliera victorioso.

Con una mirada resignada y el rostro ruborizado por su inminente estado de excitación, se giró sobre su asiento hasta quedar cara a cara con la mujer que había aceptado formar una familia con él, y apoyando su frente sobre la de ella, se rindió con un susurro "tú ganas". Sin separarse de ella, tomó sus suaves y tibias manos entre las suyas, las besó tiernamente y luego la envolvió en un apasionado abrazo al mismo tiempo que besaba su cabello con suavidad, agregando con su voz más seductora "pero ahora mismo voy a llevar a Parker a su cama, y tú me demostrarás que lo que acabas de decir es cierto".

La futura madre le dedicó una sonrisa traviesa y se aproximó más a él, amoldando su perfectamente estructurado cuerpo al suyo, recorriendo los músculos de su espalda con sus delicadas manos de manera en extremo insinuante, y escogió ese momento tan íntimo para pronunciar las últimas palabras en esa discusión "así lo haré siempre".

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El padre de todos los niños durmiendo en esa cama, se incorporó con cuidado para no despertar a su pareja, no pudo contener una suave risa al observar a la pequeña Christine recostada en el extremo opuesto de la cama, así dormida era aún más parecida a su madre; los gemelos dormían apretujados, prácticamente uno sobre el otro, echados en el pequeño espacio que quedaba para ellos entre su hermana y su madre.

Eso era algo que él tenía que reconocer, si bien Huesos no tenía ningún problema en consentir a sus pequeños permitiéndoles dormir con ellos cada vez que durante la noche se pasaban a su cama, nunca les permitía acomodarse entre ellos… y los niños lo habían asimilado claramente, mamá y papá siempre debían estar juntos, por lo que ellos se iban echando uno al lado del otro junto a mamá.

Booth se puso de pie lentamente y, tal como lo había hecho en muchas oportunidades antes de esa noche, uno a uno, fue devolviendo a cada uno de sus hijos a su propia cama. Con cuidado, los fue cargando y acunándolos para que no se despertaran los llevó a sus habitaciones, metiéndolos en sus camas y arropándolos para que se sintieran agradablemente abrigados.

Al regresar a su dormitorio después de dejar al último de sus retoños en su respectiva habitación, observó el rostro de su mujer y comprobó que lucía sereno, en la penumbra pudo distinguir una ligera sonrisa en esos labios sonrosados que tanto le gustaba besar. El agente se quedó quieto escuchando atentamente lo que su mujer decía entre sueños, y entonces descubrió que ella estaba haciendo realidad una de sus fantasías, en voz muy queda su Huesos le estaba suplicando por un trozo de pie.