Hola a todos, aquí les traigo el tercer capítulo. Mal título, no se me ocurrió otro. Espero que lo disfruten.

Descargo de responsabilidad: Los personajes del Animé "Inu-Yasha" pertenecen a Rumiko Takahashi. A mi solo me pertenece la trama de Fic.

En este caso, pensamientos entre los diálogos y recuerdos.

Todo lo que pasa por la mente de nuestro querido Bankotsu.


Algo más... que una simple amistad.

Capítulo 3: Lujuria.


Desde la perspectiva de Bankotsu:

Jakotsu y yo por fin llegamos, mis "hombres" aún seguían durmiendo. ¡No puedo creerlo, son unos flojos!, me lo esperaba de los demás pero, ¿de Renkotsu, el Gran Artillero, el más frívolo de los siete?... jamas. Nunca me imaginé verlo de esa manera, roncando estruendosamente y acurrucado en la espalda de Suikotsu mientra este dormía de espaldas a él susurrando incoherencias.

Miro hacia mi derecha y puedo observar una mueca de sorpresa en el rostro de Jakotsu que luego es cambiada por una tierna sonrisa, y otra vez me quedo viéndolo embelesado. ¡Demonios!, hace dos semanas desde que pasó "aquello" que me viene pasando esto.


Recuerdos . . .

Habíamos terminado uno de los muchos trabajos sucios que nos encargaban los Señores Feudales a cambio de una buena suma de dinero, por que así como eramos los mejores mercenarios también eramos los más caros, aunque siempre trabajábamos para el que pagara más.

Decidimos quedarnos en una posada bastante lujosa, la última que quedaba en la aldea que fue víctima de nosotros, habíamos destruido todo, por lo cual nos pagaron muy bien. Luego de beber litros de los mejores licores que había y saciar el hambre que teníamos con fina y costosa comida, decidimos que ya era hora de ir a dormir. Kyokotsu dormiría afuera como de costumbre, debido a su gran tamañía solamente tres habitaciones, eran realmente enormes, así que no hubo problema alguno. Yo me fui a la más lujosa, dejando a los demás resolver quien dormiría con quien.

Cuando entré a mi habitación deje a mi fiel Banryu al lado de la cama, me quité todo lo que traía puesto y me puse una especie de aori de seda blanca que encontré en un armario. Hacía demasiado calor y más aún con lo que había bebido, por lo que me quité la parte superior, dejando mi torso al descubierto. Desaté mi trenza, ya que me molestaba para dormir y justo cuando voy a meterme debajo de las sábanas, escucho un tímido golpe en la puerta. Fui hasta la puerta y al abrirla, me sorprendí mucho al ver a Jakotsu.

- Hermano... ¿puedo hablar contigo?. - Su voz se oía diferente y parecía algo pegajosa, más bien se oía como si hubiera bebido mucho.

- Si claro, pasa. - Paso caminando y tambaleándose un poco, sin duda estaba ebrio.

Cerré la puerta, luego fui hasta la cama y me senté en ella, al lado de Jakotsu, incitándolo a que me dijera lo que me iba a decir.

- ¿Puedo acostarme contigo?. - Su pregunta me calló como un balde de agua fría.

- ¡¿Qué? - Pregunté exaltado.

- Que si puedo dormir contigo.

- ¿Y por qué motivo tendría que dejarte dormir aquí?. - Interrogué.

Quería saber el porque de tal atrevimiento. Aunque yo ya lo sabía, estaba ebrio, porque si estuviera totalmente consiente de lo que hacía, simplemente no hubiera venido. Aún así, tenía curiosidad por escuchar su respuesta.

- Por que en la primera habitación está Renkotsu, que no deja dormir con sus malditos ronquidos, no se como hará Ginkotsu para dormir ahí. - Era la primera vez que lo oía decir los nombres sus hermanos tan despectivamente. - Y en la segunda habitación está Suikotsu, que no para de decir incoherencias mientras duerme y simplemente, no me llevo muy bien con Mukotsu. - Terminó.

Que alivio, no era lo que yo pensaba, el sólo quería dormir, ¡que malinterpretado soy! No podía creer que aya pensado que él se refería a "eso" cuando me preguntó si podía acostarse o dormir conmigo.

Por otro lado, habría esperado cualquier otra contestación y nunca una como esa, pero tenía mucha razón, era cierto que Renkotsu roncaba bastante fuerte y no dejaba dormir a nadie y que Suikotsu parloteaba dormido. Que molestos podían ser esos dos si dormías cerca de ellos; lo sabía más que nadie ya que cuando dormíamos a la intemperie en algún bosque, yo hacia la guardia toda la noche, aveces acompañado de Jakotsu que se quejaba constantemente de no poder dormir gracias al "dúo ruidoso" como él solía llamarlos; así que comprendí muy bien por que no quería; o por lo menos intentar; dormir con alguno de ellos dos.

- Está bien, puedes quedarte. - Suspiré.

- Oh gracias hermano. - Agradeció para luego tirarse encima de mi, en un efusivo abrazo.

Terminé cayendo de espaldas a la mullida cama con Jakotsu abrazado a mi cuello, sentía mis mejillas arder y mi corazón correr. Me quede quieto, sin mover un solo músculo.

Cuando pude sentir su respiración pausada, supuse que ya se había dormido y entonces me solté delicadamente de su agarre. Cuando lo pude observar bien, vi que todavía llevaba la armadura puesta y su espada Jakotsutou en la espalda. Después de pensarlo un buen rato, me decidí a retirárselas con sumo cuidado para no despertarlo, aunque sabía que cuando Jakotsu lograba dormirse, no había nada que lo despertara.

Le quité su ágil espada y la dejé a lado de mi preciada Banryu. Después comencé a bajarle el quimono por los hombros hasta su delgada cintura, para luego empezar a aflojar su armadura y finalmente sacársela con mucho cuidado. Ya le había quitado lo más complicado, ahora sólo tendría que dejar el quimono como estaba y volver a acostarme para poder dormir de una buena vez.

Terminando de cerrar su quimono me recuesto a su lado, le doy la espalda y me dispongo a dormir cuando siento una pequeña presión en mi espalda, Jakotsu me abrazaba.

- Bankotsu... - Suspiró entre sueños, con una tierna sonrisa en sus labios.

Yo también sonreí, me gustaba como suspiraba mi nombre, se escuchaba tan bien de sus labios, su voz era como un arrullo. Me quedé embelesado observando cada cada rasgo de su rostro, sus cabellos azabache; con ese tenue y exquisito aroma a jasmines, sus mejillas sonrojadas por el calor, sus finos tatuajes que bajaban por sus ojos y recorrían sus mejillas formando el perfecto dibujo de dos colmillos de serpiente, sus rojos, tentadores y entreabiertos labios...

No me pude resistir, me acerqué, le di un tierno y corto beso en ellos, para poder liberarme de la duda: el como era su textura. Eran increíblemente suaves, tersos y sobre todo... dulces, con un delicioso sabor a fresas. Seguí mirando su extraña y delicada belleza hasta que lentamente, me quedé dormido.

. . .Fin de los recuerdos.


Desde entonces, no puedo pensar en nada más que en él. Cada vez que miro sus ojos, me pierdo en ellos. Cada vez que escucho su arrulladora voz, me lleno de una enorme paz, tranquilizándome por completo. Cada ves que miro sus labios, no puedo evitar suspirar. Cada vez que lo veo en el campo de batalla moverse tal cual una serpiente, con movimientos rápidos; certeros; y sobre todo... sensuales y provocadores, una llama se enciende en mi interior que no se muy bien lo que signifique o si es bueno o malo.

No debería sentir esas cosas, pero es inevitable. Llevo días bañándome por las mañanas con agua fría, para tratar de sacar esos pensamiento de mi cabeza, sin resultado alguno. Y para colmo hoy Jakotsu casi se ahoga, ahora esta terriblemente refriado y aunque no lo demuestre, yo se que si. ¡Por el amor de Dios!, su rostro hierve y no dudo que su esbelto cuerpo también debe estar ardiendo y...

¡Maldición!, otra vez con eso. No puedo pensar en él sin desviarme por el camino de la lujuria. Él es un maldito por haber ido a mi habitación esa noche, pero más maldito soy yo por haberlo besado.

Salgo de mis recuerdos y pensamientos, me doy cuenda que Jakotsu se ha quedado mirándome.

- Hermano, ¿te sientes bien?, hace días que te veo actuando extraño, dos semanas par ser exactos. - Si sólo supieras. - ¿Te he dicho algo malo?, o peor ¿te he hecho algo malo?. - Me preguntó un poco alterado y con ojitos de borrego a medio morir.

- Si, me siento bien y no, no dijiste ni hiciste nada malo Jakotsu. - Suspiré, más bien el que había hecho algo malo soy yo.

- ¿Ves?, hace dos semanas que vienes suspirando a cada rato, aveces cuando te hablo de algo es como si le hablara a la pared y no me escucharas pero luego me preguntas que fue lo que dije. Te quedas callado hundido en tus pensamientos pensando en no se que cosa porque aveces te sonrojas, sonríes y suspiras, pero lo más raro aún... te vas a bañar todos los días; eso si que es rareza pura.

Me dejó helado, no sabía que Jakotsu fuera tan observador y que hubiese notado todos y cada un de mis cambios desde "aquel" día.

- No lo había notado. - Digo un tanto asombrado. - Espera un momento, ¿me estas diciendo que era un cochino?. - Le pregunto, como se atreve a decirme que es "rareza pura" que me bañe todos los días.

- No quise decir eso hermano. - Contesta bastante nervioso. - Yo solo decía que usted se bañaba días salteados, osea... uno, tres, cinco, dos, cuatro... - Se pone a contar con los dedos, que malo es para los números. - Se bañaba cinco veces a la semana. - Dice mostrándome tres dedos de su mano derecha ocultando los otros dos.

- No, Jakotsu. - Le sonrío y con mi mano izquierda lo tomo por la muñeca derecha, su mano aún tenía los tres dedos extendidos. - Uno, dos y tres. Tres días a la semana. - A medida que contaba, con el índice de mi mano derecha tocaba cada yema de los dedos que contaba. - ¿Tan grande y aún no sabes contar?. - Mi sonrisa se ensancha más, al ver el hermoso rubor que apareció en sus mejillas.

- No. - Me responde en un susurro casi inaudible, aunque yo pude oírlo con mucha claridad.

- Yo te enseñaré, pero primero vamos a despertar a esos que se hacen llamar "hombres". - Le digo. - Tu encárgate de "los bellos durmientes" mientras yo me encargo de los demás. - Y sin más me voy despertar a Kyokotsu.

Kyokotsu estaba de espalas a Ginkotsu y Mukotsu. Esto sería matar a tres pájaros de un tiro. Con mi Banryu enfundada, golpee la pansa de Kyokotsu, este se despertó y rodó por el suelo dejando medio aplastados a los que dormían a su espalda.

- Vamos, a levantarse. Bastante los he dejado dormir. - Les digo sonriendo. Es verdad, han dormido toda la tarde, no se pueden quejar. - En un rato partiremos a alguna aldea, para pasar la noche. - Informo. Me volteo y me dirijo hacia jakotsu.

Hoy no podemos pasar la noche a la intemperie, mi Jakotsu tiene fiebre... espera un momento, ¿he pensado "MI" Jakotsu?. Lo único que me faltaba, ser posesivo. Si sigo así, seguramente me volveré loco en poco tiempo.

En el camino me cruzo con Suikotsu, que viene tallándose los ojos. Pasó ami lado y al parecer no se dio cuenta, es como si caminara porque camina.

Llego al lado de Jakotsu, está de pie mirando a el artillero que seguían durmiendo en el suelo. Me pregunto por que no lo ha despertado aún.

- Jakotsu, ¿que sucede?, ¿por que no lo has despertado aún?. - Le pregunto con curiosidad.

- Es que me da miedo... ¿y que si el hermano Renkotsu se enfada con migo?, ya estoy avisado. - Me responde con temor, como si Renkotsu lo fuera a matar si llegase a despertarlo.

- Anda, hazlo. No te va a morder, aparte yo estoy aquí. - Lo animo.

Veo que se arrodilla, acerca su temblorosa mano al hombro de Renkotsu y lo zamarrea suavemente.

- He-hermano Re-Renkotsu... despierta. - Como piensa despertarlo así, un poco más y no se le oye.

Entierro mi Banryu verticalmente en el suelo apoyo mi espalda en el mango. Esto iba a dar para largo.

- Oye, Jakotsu... ¿podrías llamarlo un poco más alto y zarandearlo un poco más fuerte?, porque así no creo que despierte ni pasado mañana. - Es verdad, en vez de despertarlo pareciera que lo estuviera meciendo y susurrándole una canción de cuna para que no despierte hasta que se agote de dormir.

- Si hermano. - Me responde todo sonrojado. - Renkotsu, hermanito, despierta... - Dice mientras lo zarandea un poquito más fuerte.

Adoro verlo así y más aún, ser yo quien provoque esos adorables rubores en sus mejillas.

- Grrr... - Gruñe Renkotsu frunciendo el ceño y apretando los dientes, pero aún dormido.

Miro al lugar en donde segundos atrás estaba Jakotsu arrodillado, pero no lo encuentro. Sin embargo siento algo trepado a mi espalda.

- Hermano... tengo mucho miedo. - Me dice al oído, con voz temblorosa y con sus brazos alrededor de mi cuello. - Pensará que soy un inútil, pero por favor, haré lo que usted desee pero no me mande a despertar al hermano Renkotsu.

Una sonrisa maliciosa cruza mi rostro al oír a Jakotsu susurrar "haré lo que usted desee".

- Esta bien Jakotsu. - Al decir esto se baja de mi espalda. - Pero recuerda bien, me debes un "gran" favor, que tarde o temprano me lo voy cobrar. - El fuego se notó en mi voz, pero para cuando me doy cuenta ya es bastante tarde. Malditos arranques de lujuria.

- Ahh. - Exclama algo exaltado. - Te estuviste imaginando cosas, ¿verdad pervertido?. - Por el amor de dios, aunque es verdad, no voy a admitir semejante cosa.

- Que tonterías, tu tienes la culpa por susurrar así. - Le contesto exaltado, pero sin gritar. Jamas le gritaría a Jakotsu.

- Aja, osea que si las imaginabas. - Dice con los ojos entrecerrados.

- ¡Que no imaginaba nada!. - Digo entre dientes.

- ¡Claro que si!. - Responde de igual manera.

- ¿Que era lo que no imaginabas?. - Me interroga una voz desde atrás de Jakotsu.

Observo que Jakotsu se queda rígido y voltea lentamente hasta ver quien estaba detrás de él y...

- Haaa... - Lo tomo por la estrecha cintura con mi mano izquierda y con la derecha le tapo la boca. - ¿Mmm?. - Me interroga con la mirada.

- ¿Y ahora que demonios le pasa?. - Pregunta Renkotsu.

Al parecer se despertó malhumorado, como de costumbre.

- No es nada, solo que se siente un poco mal, nada más.

- Está bien, no me importa. Sigan resolviendo sus problemas de pareja, yo me voy a echarle aceite a Ginkotsu. - Habla mientras se va caminando.

Y se va sin más, dejando a un Jakotsu encendido en llamas por querer y no poder matarlo.

Yo simplemente suspiré... ruborizado hasta las orejas. Emprenderíamos el viaje en un rato, así que me fui a hablar con los demás, dejando a Jakotsu refunfuñando y echando maldiciones soló. Ese Jakotsu... nunca me cansaría de él.

CONTINUARÁ...


La pequeña discución entre Jakotsu y Bankotsu la hice bastante parecida a laque tubo Inuyasha con Kagome:

Escena del capítulo 22.

- Ese torpe finge ser un monje inocente, pero no puedo matarlo porque es un figura sagrada. Hug... que te ocurre Kagome.

- Es que tengo mucho miedo, parece que esa princesa va levantarse en cualquier momento.

- ¿Lo... haces por eso?.

- ¿Qué es solo por eso?... ahh, te estas imaginando cosas, ¿verdad atrevido?.

- ¡Que tonterías!, tu tienes la culpa por acercarte a mi.

- Aja, osea que si las pensabas.

- Que no estaba pensando nada.

- Claro que si.

Aquí tienen la dirección del video, por si quieren verlo, dura 40 segundos: .com/watch?v=5osxHLjh3ZY&feature=related

Gracias por sus comentarios, Lady Black y Bankotsu Shichinintai. A ti, mi querido amigo Bankotsu te agradecería que los asuntos personales que me quieras decir, mandaras un Mail a mi correo electrónico, porque no creo que aquí nadie quiera saber de la vida de nadie. Bueno igual con tu "No te amo por que eres hermosa, eres hermosa por que te amo", me diste mucha inspiración, gracias me hiciste sonrojar n_n. Como ya leyeron, el capítulo me quedo batante largo comparado con los dos anteriores, verdad?.

Bueno, saludos.

...Youkai de la Luna Creciente...