Continuación de 4 días, esta segunda parte de otros 2 capítulos sería 4 noches
4 NOCHES
Estaba sentada en su escritorio con su nuevo ordenador portátil, mirando la información en la pantalla mientras realizaba pequeños estiramientos en brazos y espalda.
Cuatro noches llevaba sin dormir. La primera noche no pudo después de la revelación de él, las otras tres porque a pesar del cansancio cerraba los ojos y volvía a su cabeza las imágenes del disparo y el disparo.
El disparo de ella, silencioso y mortal. Luego, el otro disparo. El restallido seco quebrando el silencio y presagiando el fatídico desenlace desde fuera del hangar. Silencio roto, tanto silencio como el que tenía ahora en su departamento.
Se revolvía en la cama, se levantaba, bebía agua, se acostaba, no dormía, la única cosa que podía quitarle esos pensamientos se encontraba esparcida por la pequeña habitación que era su despacho en funciones. Y esos papeles todavía eran peor que los pensamientos de su mente.
Esos papeles le recordaban un dolor más profundo y arraigado dentro de ella junto con el último dolor que había sufrido, éste mucho más reciente y punzante.
Tras salir atropelladamente del departamento de Castle se encontró pidiendo un taxi hacia su casa. Apenas podía controlar las lágrimas que habían empezado a brotarle en el ascensor, con una voz quebrada dijo la dirección de su casa. Quería andar, quería correr pero sobretodo quería alejarse de esa casa lo más rápido posible. Así es como andando, prácticamente corriendo por el asfalto pidió el alto al taxi.
No podía abrir la mano. Seguía con el guante aferrado, de la misma manera que recordaba tiempo atrás aferrándose a la idea de que no quería morir. Sobre el césped sintió que se vaciaba de todo, que se llenaba de todo, un mareo en su cabeza seguido de un abismo oscuro.
Unos meses atrás sintió una punzada en su pecho, luego calor. Un calor ardiente dentro de sí y un tibio calor en la superficie de su cuerpo deslizándose con una suave caricia hacia sus costados. Ahora, esgrimiendo ese guante volvió a sentir ese suave calor, estaba manchándolo con sangre nueva, sangre que fluía de las propias uñas al clavarse en su mano.
Llegó a su apartamento y no recordaba siquiera haber bajado del taxi, cerró la puerta y se quedó en mitad de su salón. Volvió a mirar su mano, su guante, su sangre.
"Mi guante" – pensó.
"Tu sangre" – recordó.
"Pensé que ahora lo entenderías", "No quiero volver a ver cómo te matan" "Te he mentido para protegerte"
"¿Para protegerme, Rick?" Dijo en voz alta. Volvió a ahogar un sollozo con el guante. Percibió el olor metálico de su mano, ese olor tan característico a cobre del líquido esencia de vida. Separó el guante de su cara y lo miró con rabia, con dolor y con odio; rechinando los dientes y bramando de rencor lanzó el guante contra la ventana de su izquierda.
Quizás lo normal habría sido lanzarlo hacia adelante pero su instinto hizo que girara a la izquierda. Al impactar contra esa ventana unos papeles en los que la cola del celo empezaba a estar desgastada cayeron de su posición.
Conocía de sobra el contenido de esos papeles con sólo ver su tamaño o su color o su ubicación en la ventana, al igual que con el resto de papeles colgados. Uno era la nota de prensa del NYLedger, otro una fotografía en primer plano de la herida mortal de su madre y el último un papel con unas notas escritas a mano con la información del pasante asesinado.
Observó casi con deleite el baile acrobático que describió el último papel al caer posándose sobre el guante en el suelo. Y al mismo tiempo que el papel recorría su último centímetro, se desplomó en el suelo. Su odio al lanzar el guante era odio contra esa ventana, era odio contra ese caso y era odio contra sí misma porque ese caso era su vida.
Liberó el nudo de su garganta, de su pecho, de sus entrañas. Esta vez sí lloró y no tenía que reprimirlo. Poco a poco se fue haciendo un ovillo en el suelo, escondiendo su cara entre las rodillas, cruzando los pies, recostándose en el centro del salón abrazándose a la vez piernas y cabeza.
Abrió lo ojos, estaba completamente a oscuras, se había quedado dormida por unos minutos aunque se imaginó que no fueron demasiados porque aún sentía la presión en garganta y ojos.
Se arrodilló e intentó ubicarse entre las sombras, estaba en su salón. Se incorporó y recordó lo último que había hecho. Así que se dirigió al pequeño habitáculo que había bautizado como su despacho. Encendió la lamparita y recogió con cuidado los papeles caídos y el guante.
Dejó los papeles sobre la mesa y el guante lo llevó al salón. De un altillo sacó una caja y la abrió, sacó una bolsa con una camisa negra en la que se notaba la sangre impregnada a pesar del color. La camisa estaba hecha jirones por las tijeras de urgencias. Los médicos no podían tirar la ropa, y los de la científica la recogieron junto con su casaca para analizar el agujero y analizar si había algún rastro, todo negativo tras los estudios oportunos. Averiguó que las tenían archivadas en el almacén de pruebas como objeto no relevante en la investigación ya que no encontraron nada. Todos esos objetos se destruían una vez al año, entonces presentó los papeles oportunos para recuperar la ropa de ese día. Su casaca y su camisa.
También guardaba el otro guante impoluto, pareja del que había recuperado. Al perder uno de los guantes, solicitó una pareja nueva y se guardó el impar. Ahora ya tenía el juego completo de ese día. Al fondo de la caja estaba la casaca agujereada, los guantes en medio y arriba la camisa, todavía dentro de la bolsa de evidencias. Sonrió irónicamente mientras cerraba la caja y volvía a colocarla en su sitio. Al fin había recuperado toda la ropa de ese día.
Volvió al despacho, cogió los papeles y comprobó que la cinta adhesiva estaba desgastada. Puso otra nueva, y colocó de nuevo los papeles en la posición correspondiente en esa pizarra-ventanal. La noticia del NYLedger en el centro a la izquierda, la nota del pasante debajo, la fotografía en primer plano de la herida en el centro. Fotografía manchada ahora con su propia sangre seca debido a la transferencia cuando fue golpeada por el guante. Rascó ligeramente las manchas de la superficie y la colocó en su sitio. Volvió a quedarse de pie mirando por enésima vez la información, de ahí no podía sacar nada más.
Su mente estaba en otra parte, en otra casa. Recordaba el breve pero concentrado monólogo de Castle. Ya que sus pocas palabras interrumpiéndolo no se podían considerar como parte de una conversación. Él tenía información, le había dicho que el capitán Montgomery tenía información, había otros cabos que seguir.
"No puedes resolver esto de esa manera. Así sólo conseguirás que te maten"…
Pero quién demonios se ha creído que es - Dijo en voz alta – Es mi vida y desde luego que no quiero morir… pero es mía, yo decido cómo voy a seguirla. No has tenido suficiente en comisaría que tenías que meter tus narices en mi vida y eso que te avisé por segunda vez. Cualquier movimiento es bajo mi consentimiento… Es mi vida, mía, no tuya. Ni tienes derecho a manejarla a tu antojo porque no te pertenece, no es tu vida. Para colmo me manipulas para que deje el caso a un lado y tú juegas a policías con ella. Mi vida no te pertenece, yo no te pert… - respiró hondo y cerró los ojos - yo no te pertenezco.
Continuó su monólogo ante la pizarra.
Esto lo resolveré. Apenas confiaba en nadie y los pocos en quien lo hice… El capitán, lo admiraba tanto y… tú lo mismo, habéis actuado a mis espaldas. Confiaba en vosotros, en ti. Creí en ti y me dolía tanto decirte que no recordaba nada que me odiaba a mí misma por mentir. Pero eso que me dijiste… fue algo por la intensidad del momento, no era real… Y si lo era, yo no… Pero tú eres de los que insistes y tampoco me lo has repetido ¿Acaso te arrepentiste? – Mostrando parte de su vanidad.
Se tomó unos minutos delante de la ventana sin sacar nada más, no tenía nada más que sacar con esa información delante de ella.
Tengo que resolver esto como sea. No puedo estancarme aquí.
Sacó el móvil y tecleó para buscar la marcación rápida. Antes de apretar el botón de llamada pensó en lo que iba a decir. Se sentía lo bastante traicionada como para no querer hablar con él. Y tampoco sabía cómo hablarle porque desde hacía 4 días se supone que ella era la traidora que le había estado mintiendo durante meses y ahora era él el traidor que la había engañado desde hacía meses. Pero él seguía teniendo algo que le pertenecía y quería recuperarlo. Porque ese escollo, el escollo de su ventana quería solucionarlo de una vez por todas.
Apenas musitó con sus labios: "Si hiciese esto como si fuera un caso normal, ¿Qué haría?" - sin sentimientos de traición, sin mentiras, sin orgullo. Se respondió convencida: "Bajar al archivo a por los documentos". Así que eso iba a hacer. Y ¿Cómo pedírselos? De la manera que menos tuviera que hablar ni encontrarse con él, de la misma manera que si rellenara un formulario más de la comisaría. Cambió la aplicación del móvil y tecleó en la pantalla.
Al cabo de 2 minutos tenía el resultado en pantalla: Mensaje enviado 04:26 "Quiero la investigación completa. Déjala donde pueda recogerla"
Se fue al aseo a limpiarse las heridas de la mano, a quitarse las escamas de sangre reseca y darse un baño. No tenía sueño, esa era otra manera de descansar y de disimular las pocas lágrimas que quedaban por salir.
Las siguientes tres noches volvió a pasarlas en vela, tenía en su despacho la información de Castle. Él había hecho que se la llevaran por paquetería exprés. Entendió el mensaje que no quería verlo y en un sobre menos abultado de lo que ella esperaba encontró folios escritos por el puño y letra del escritor junto con otros recortes de periódicos y una memoria USB.
Los papeles los leyó y los clasificó según la persona a la que hacía referencia, añadió otras entradas más en su pizarra, ahora tenía más información con la que completar esos nombres por lo que las añadió. Hasta ese momento apenas el tenía nombre y apellidos:
Halstead, jefe de bomberos.
El director del banco donde se transfirió el dinero.
Smith, portador de los papeles de Montgomery. ¿Qué pruebas son esas? ¿Cómo llegar a Smith?
Katherin Beckett.
Quedaban varios papeles escritos a bolígrafo y lápiz con los pensamientos y los galimatías de Castle intentando hilar una historia que resolviese el caso. Esas notas eran muy personales y utilizaba un código y una disposición en el folio que sólo entendía él. Iba a costarle desentramar esas últimas hojas sin su ayuda como traductor de los apuntes.
En comisaría, por el día parecía una autómata, trabajaba sin motivo. Cerró un par de casos sencillos, rellenó los formularios correspondientes, interrogaba sospechosos, clasificó las pruebas y evidencias…
Después de los tres primeros días sin que Castle apareciese, sus compañeros le preguntaron si sabía algo de él, o si estaban enfadados. Como siempre que preguntaban sobre su vida, daba evasivas.
- Yo no le he prohibido venir. Quizás esté haciendo otras cosas – cuando se lo preguntaron Castle no aparecía porque eran los días en que estaba rumiando la confesión de ella. Realmente no le había prohibido ir a comisaría, pero no iba a aparecer mientras no se aclararan las cosas.
Ahora estaban los dos digiriendo lo que se habían confesado mutuamente. Afortunadamente no preguntaron más, por lo que no tuvo que mentir más a sus compañeros. A pesar que Ryan y Expósito eran casi como sus hermanos, nunca les había hablado de su vida privada, ahora tampoco iba a romper la regla. Era un tema demasiado personal como para airearlo con ellos.
Por el día se sentía vacía, cansada, algunos ratos se distraía con su trabajo, pero en cuanto se levantaba para tomar siquiera un sorbo de café volvía a su cabeza la información que había estado leyendo, el sentimiento de traición de Castle, el calor remanente en su pecho y la palpitación en su sien con algunas de sus palabras "Lo hice para protegerte" tenía que sobrellevarlo día y noche. Seguía notando el dedo de Castle en su cabeza, luego en su pecho "Lo tuyo es de aquí, lo mío es de aquí".
Ese día, en los aseos, se desabrochó la camisa para mirarse de nuevo la cicatriz del pecho "Te mentí para protegerte", "No quiero verte morir de nuevo" ¿Por qué demonios se tenía que haber entrometido en medio? Intentaba pensar qué habría hecho ella en su lugar… Ella daba todo por la vida y por proteger al inocente. Si ella hubiera visto a Castle en peligro lo socorrería pero… ella también le dijo que respetase su voluntad, que no se inmiscuyera sin su permiso y a diferencia de él, ella respetaba las decisiones de los demás ¿o habría hecho otra cosa? Para colmo fue él quien la convenció para que se apartara de la investigación ¿Habría hecho lo mismo?
Beckett, tenemos las pruebas, puedes ir a la sala de interrogatorios a cerrar el caso – Se oyó desde la otra parte de la puerta
Voy – Se pasó de nuevo los botones para cerrar la camisa.
