LA RÉPUBLIQUE
Du sublime au ridicule, il n'y a qu'un pas - Napoléon Bonaparte (Moscú 1812)
Estaba de brazos cruzados, simplemente observando. No le gustaba. No, no, no, para nada. Le irritaba. Le irritaba el hecho de que primero lo rodearan y luego se metieran, pero aún más le irritaba la estúpida risa de Francia.
-Es lo mejor, ahora estás basado en las ideas de mi revolución infalible –dijo el galo contento, dándole palmaditas en la cabeza.
Si no fuera porque era un país y, por consecuencia inmortal, lo asesinaría ahí mismo con sus propias manos y sin necesidad de arma alguna. Odiaba ese sentimiento cuando se era invadido. ¡Por Francia, santo Dios, FRANCIA! ¿Algo más denigrante que eso? Definitivamente cuando esa tortura terminara y los mendigos buenos para nada acabasen de poner su constitución patas arriba, iría de frente por una taza de chocolate caliente y un Panadol.
Y sí, aprendió su lección, jamás se volvería a relajar. ¡Ni un poquito! En cuanto se deshiciese del maldito barbudo se volvería tan estricto y rígido, que Alemania se pondría verde de envidia.
No, no malinterpreten. Suiza no odiaba a los franceses, no a Francia. Suiza era neutral, señores, lo es hasta hoy y por eso detestaba cuando se metían con él. Como los franceses. Realmente Francia no tenía idea de lo horrible que era su error al seguir sonriendo de esa manera. Austria, quien nadie se explicaba qué demonios hacía ahí, simplemente permanecía en silencio, con los brazos cruzados igual que Suiza, observando fijamente algún punto cercano al sujeto, cuyo nombre prefería no recordar en ese momento, promulgaba su nueva constitución. No sabía qué fuerza mágica o sobrenatural era, pero había algo que lo estaba manteniendo en su lugar, impidiendo que fuese a echar ese asqueroso papel al fuego. ¿Él una nación satélite de Francia? ¿Un triste títere del idiota que no hacía más que meterse donde no se le ha llamado?
Lo peor era que Austria parecía debatirse entre la risa y la pena. Genial, eso era lo único que no quería en esa vida (la única que sospechaba que tendría).
-Ya, ya, petit –le susurró Francia al notar como temblaba de la ira.
Aquel adjetivo era despectivo, lo sabía. Era pequeño, no lo negaba, pero eso no lo denigraba como nación. Pero Francia hacía que pareciese así. Se mordió los labios. Quiso gritar, patalear incluso.
Y Francia soltó una risita, desordenándole los cabellos rubios. Suiza lo miró con odio.
Cómo se reiría cinco años más tarde cuando el mismo Napoleón tuvo que aceptar que un estado centralizado jamás tendría éxito en las tierras de Helvetia. Oh, sí, se rió como nunca en su vida.
Referencia histórica:
Deben de haberlo sospechado tal vez con el epígrafe de Nappy (Napoleón XD), pero tiene que ver con el fin de las Guerras Revolucionaras Francesas y el inicio de las Guerras Napoleónicas. Concretamente se trata de cuando la Antigua Confederación Suiza fue invadida por Francia (por haberse relajado en cuanto a su organización interior) y transformada en la República Helvética, la cual solo duró cinco años. No se independizaron por completo de Francia hasta 1815 en el Congreso de Viena, pero en 1803 Napoleón y los políticos suizos llegaron en París a un acuerdo, restableciendo la confederación (tal y como la conocemos hoy en día) y devoliéndole al país en gran parte su autonomía. Bueh, hermanito Francia no logró "republicanizar" a Vash XD
