Tony se recluyó en su taller, buscando la manera de mejorar tanto el reactor en su pecho como la armadura de Raph. La tortuga reconocía la misma mirada maniática de Don cuando se concentraba en algo. Por eso nada más le echó un vistazo desde la puerta de cristal que daba a su área de trabajo, en la parte inferior de la mansión, y ni siquiera se le ocurrió interrumpirlo. Esperó hasta que el inventor mismo se acercó a él.

- Aquí tienes, pruébatelo.

Raph miró con suspicacia el casco. Tenía la misma forma que le había dado a martillazos para que encajara en su cabeza. Pero ahora se veía más pulido y le faltaban las pequeñas luces.

- No iba a dejarle esas orejitas, amigo.

- Las necesito para ver en la oscuridad.

- Ya no.

Raph lo pudo comprobar nada más al ponérselo. Ahora su visor tenía una gran cantidad de aplicaciones, que incluían visión nocturna, buscador de calor, y grabación de video. Volvió a quitárselo para examinarlo, y se imaginó que Donnie pudo haber hecho algo parecido, de habérselo pedido. Aunque claro, tal vez se hubiera tardado un poco más.

- Wow… - en realidad no había mucho más que decir.

- ¿Y el resto de la armadura? – preguntó Charlie.

- Ah – dijo Tony, quien había esperado la pregunta para dar una respuesta sensacional.

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Virginia "Pepper" Potts, más que secretaria, era una pieza vital para la supervivencia de Tony Stark, una de las mentes más brillantes del mundo, pero quien era incapaz de recordar su propio número del seguro social. Ahora estaba muy presionada al echarse encima la responsabilidad de hacerse cargo de una empresa multimillonaria que estaba al borde del abismo. Todo porque al dueño se le ocurrió hacer declaraciones apocalípticas y desaparecer tan campante.

El teléfono no dejaba de sonar. Pepper corría de un lado para otro, y hablaba con una infinidad de personas a la vez, tratando de que mantuvieran la calma, evitaba a la prensa y a los agentes federales, enviaba correos, y cancelaba unas citas para fijar otras. Por eso, durante un rato, no pudo ocuparse de la casa como acostumbraba, ni de los huéspedes.

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Tony y dichos huéspedes se repartieron el taller. La tortuga y la chica ocupaban una mitad para entrenar, y el empresario la otra mitad para seguir trabajando en su pequeño proyecto. Ya había reemplazado el reactor en su pecho con una unidad mejorada, y ahora podía volverse loco con lo que tenía guardado en la cabeza.

A Raph le gustaba el taller. Era una cueva para nerds, llena de piezas de maquinaria, herramientas, un brazo mecánico que parecía tener vida propia y era algo torpe, y una voz misteriosa salía del techo de vez en cuando. Pero también tenía un refrigerador lleno de bebidas, televisión con millones de canales, una colección impresionante de autos de lujo, un sistema de sonido que hacía vibrar la mansión completa, y la computadora proyectaba hologramas en tercera dimensión que se podían manipular. Stark dejaba que sus dos invitados jugaran con todo, excepto los autos, pero sólo porque aun no quería abrir la puerta de la cochera.

Otra cosa que estaba seguro, sólo se encontraba dentro de este taller y en ninguna otra parte del mundo, era Charlie. Bastaba con que el padre de la chica se alejara, para que ella comenzara a repartir amor y buenas vibras a discreción. De enfermera había pasado a compañera de entrenamiento, involucrando mucho contacto físico en el proceso. No podía dejar de darle abrazos. Para Raph, eso era todo un descubrimiento, porque nadie lo había hecho, por lo menos no en mucho tiempo.

- ¡Tú puedes Raph! ¡Arriba!

Raphael resopló y se levantó del suelo, apoyándose en las manos y las puntas de los pies. Había perdido la cuenta de las lagartijas, eso normalmente no le ocurría, pero es que no acostumbraba a que alguien se sentara sobre su caparazón mientras hacía ejercicio.

- Tortuga arri-ba, tortuga aba-jo, ¡Otra vez! Tortuga arri-ba, tortuga aba-jo…

- Me alegra que alguien por aquí se divierta – gruñó Raph entre dientes. Tras un último esfuerzo, se dejó caer ruidosamente sobre su plastrón. Charlie pareció un poco desilusionada.

- ¡Necesito que vengan! – les llegó la voz de Stark desde su rincón del taller.

A primera vista no hubiera sabido decir que era lo que traía puesto, pero eran un par de botas, hechas con un armazón de metal, tornillos, y muchos cables, algunos de ellos conectados al generador en su pecho. Los muchachos se acercaron. Raph no pudo dejar de notar el hecho de que a pesar de su entusiasmo, Tony era muy metódico. Científicos brillantes, al desarrollar ideas asombrosas, han descuidado cosas como la seguridad, y el registro en video. Precisamente por detalles así, Stark era millonario y vivía rodeado de mujeres, mientras que los otros, no.

El inventor les dio indicaciones de mantenerse tras la cámara, y se dirigió al brazo mecánico (de cariño lo llamaba "Babas"), para que estuviera preparado con un extinguidor de incendios.

- Muy bien – Tony se preparó, plantándose muy firme sobre sus extrañas botas-. Vamos a ver si consigo elevarme.

Charlie y Raph alzaron el pulgar, deseándole suerte.

- Preparados en… 5… 4… 3… 2… ¡Uno!

Hubo un estallido. Los presentes vieron como Tony Stark se elevaba varios metros en el aire, daba la vuelta, se estampaba contra un muro de concreto, y caía sin quejarse, inconsciente.

Tardaron un rato en procesarlo. El ruido del extinguidor de incendios bañando al inventor los sacudió. Chica y tortuga se apresuraron a ayudarlo. Verificaron que no se hubiera roto nada vital, y lo cargaron a su habitación.

Costó un demonial de trabajo convencerlo de que alguien que aun se recuperaba de un largo cautiverio, y tenía un enorme boquete en el pecho no debía de andar arriesgándose de esa manera.

- ¡Estoy bien! – Tony forcejeó para levantarse.

- ¡Casi te rompes el cuello! – Charlie lo volvió a empujar contra la cama.

- ¡No voy a quedarme aquí!

- ¡Voy a buscar a Pepper para decirle!

Hubo un abrupto silencio.

- Tengo que seguir… ¿entienden? Esto es lo que hago, y lo que estoy preparando puede ser realmente grande.

- Si es tan grande, entonces necesitas ayuda, ¿no? – dijo Raph.

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Un punto a favor de la tortuga era que, efectivamente, resultaba mucho más resistente a los golpes. En su contra tenía el ser menos adecuada para volar que, digamos, casi cualquier otra cosa. Raph tenía sus dudas, y sospechaba que la única manera en que levantaría el vuelo sería dando vueltas como Gamera.

Tony adaptó las botas y siguió trabajando, haciendo cálculos y modificaciones. Raph ya había rebotado en todas las paredes tratando de controlar los estabilizadores de vuelo en sus manos, las botas y el tercer reactor en su pecho. Por fin, consiguió dar vueltas por su propia voluntad en el taller. Su más grande triunfo fue no destrozar todos los autos.

- ¡Muy bien! – Stark sonrió satisfecho. Se había tomado la falta de cualidades aerodinámicas de la tortuga como un insulto personal, y ahora que las había superado sentía que podía conseguir cualquier cosa -. Apaga las botas, vamos a hacer la prueba de sistemas.

Raph se quedó muy quieto, mientras brazos mecánicos bajaban del techo, cubriéndolo todo de metal. Tony había seguido el diseño básico de la armadura de Nightwatcher, usando titanio. El nuevo equipo era completamente brillante, con un pequeño panel transparente al frente, desde donde brillaba el reactor.

- Parece… - dijo Charlie -. Pues… una tortuga gigante de metal.

Raph no la escuchó, distraído por la cantidad de información que llegaba al visor de su casco. Los objetos estaban siendo rodeados por líneas verde brillante, y aparecían pequeñas ventanas con datos sobre lo que veía.

La misteriosa voz en el techo indicaba que todo estaba perfectamente… Jarvis, era difícil llamarla por su nombre, ¿Qué clase de nombre es Jarvis? Seguro que era el acrónimo de algo. Tony le daba instrucciones, y Raph no había volteado a verlo, pero sabía que estaba sonriendo.

- Terminada la prueba, me dispongo a apagar y reiniciar el sistema – dijo Jarvis.

- ¡Espera!

La exclamación de Raph y Tony fue simultánea.

- ¿Si Raph? – dijo Stark.

- Es que… quiero saber… hemos estado haciendo tantas pruebas y me pregunto…

- Aun faltan terabites de cálculos para saber si está lista para el vuelo – lo interrumpió Jarvis.

Raph dirigió su atención a Tony. Este reflexionaba, y le brillaban los ojos. Supo entonces lo que el inventor haría si estuviera en su lugar.

- Jarvis, dale los datos de las condiciones atmosféricas y tráfico aéreo.

En realidad Raphael nunca les puso atención. Encendió el equipo, elevándose en el aire medio metro. Pero en cuanto Stark le autorizó la salida, emprendió el vuelo a toda velocidad. Le pareció escuchar la voz preocupada de Charlie, pero no sabría decirlo con seguridad.

Fue aterrador y emocionante. La tortuga, convertida en un brillante cometa metálico, salió por la puerta de la cochera al mar oscuro y al cielo lleno de estrellas. No hubiera pedido un mejor momento para volar por primera vez.

- ¡Raph! ¿Me escuchas? ¿Cómo se comporta? – le llegó la voz de Stark hasta el casco.

La tortuga en realidad hizo un esfuerzo por buscar las palabras apropiadas. Al final, le dijo a Stark todo lo que se necesitaba saber.

- ¡WHAHOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!

Todo pasaba a gran velocidad. La sensación era adictiva. Raphael voló primero sobre la aterradora oscuridad del mar, después sobre tierra firme, admirando las luces, y el movimiento de la gente y los autos. Perdió la noción del tiempo.

- No hay problema, la batería no se agotará. Y quiero saber que más puede hacer – dijo Tony, entusiasmado, deseando con toda su alma estar en lugar de la tortuga.

Raph respondió sus interrogantes incrementando la velocidad, acercándose temerariamente a edificios, haciendo cambios de dirección de último segundo, sin alterar ni un solo cristal de las brillantes construcciones. Por fin puso toda la potencia de los motores con un solo objetivo. Llegar lo más alto posible. Se preguntó si alguno de sus hermanos podía imaginarse haciendo el viaje hasta arriba… más arriba… todavía más arriba…

- ¿Todo está bien, Jarvis? – le preguntó Tony a la computadora, viendo que Raph no respondía. Esto último se debía a que no podía escuchar nada más que los latidos de su corazón.

- Se está formando una capa de hielo peligrosa, señor.

- ¿Raph? ¿Escuchaste eso? ¡Raph!

Aun de darse por enterado, no se hubiera detenido. La parecía que la luna y las estrellas se hacían cada vez más grandes, y el pecho le iba a estallar, se sentía vivo como casi había olvidado que podía sentirse. Lejos del oscuro túnel donde había pasado los últimos meses rumiando el rencor porque Leo se hubiera marchado, por la muerte de David, el abandono de Cassey, y esa sensación de impotencia, de que debería estar en otro lado haciendo cualquier otra cosa. Fue demasiado tarde cuando se dio cuenta de que una película de hielo comenzaba a cubrirle el visor. De repente se le olvidó como detenerse, pero la armadura lo hizo por él.

Los motores se apagaron, bloqueados por el hielo. Las luces verdes en su campo de visión se extinguieron, y se encontró en caída libre dentro de una caja fuerte con agujeros para los ojos.

- ¡Tony! ¡Charlie! ¡JARVIS!

Había tenido pesadillas así. Un águila lo atrapaba, volaba lo más alto posible y lo dejaba caer para que se hiciera pedazos contra las rocas. Intentó controlar un miedo más antiguo que él mismo, para encontrar una manera de salir de esta. Cuando Tony les contó su proyecto, invirtió lo que parecieron horas en explicar porque era imposible matarse tripulando este armatoste. Parecía intentar convencerse más a sí mismo, porque no era probable que ninguno de sus escuchas intentara meterse en la armadura.

- ¡Esta cosa tiene alerones! – aulló en medio del viento que silbaba cruelmente a su alrededor. Rascó desesperado los costados de la armadura, hasta dar con la palanca. Dio un tirón y al instante consiguió disminuir la velocidad de la caída. Ahora tenía que maniobrar. O la cosa esta se encendía y Raph podía contarla, o tenía que encontrar la manera de simplemente matarse menos al intentar aterrizar.

Súbitamente, la pantalla se encendió. Pasó una serie de imágenes a toda velocidad que se mezclaron con las luces de los edificios a los que se aproximaba de manera muy poco saludable, y consiguieron que Raph se mareara por fin. Se escucharon los gritos de Tony y Charlie, mezclados con los motores volviendo a ponerse en marcha. El ninja vio el pavimento demasiado cerca, consiguió virar a dos segundos de causar un espantoso accidente que lo involucraría junto con cinco vehículos más, donde los ocupantes nunca se enterarían de lo sucedido, y se elevó como un milagro.

- ¡RAPH!

No encontró como responder más que con un alarido medio histérico. A pesar de lo horrible, les regresó el alma al cuerpo a los tres.

- ¡Demonios! ¡Que susto me diste! ¡Vuelve que tengo que ver si estas entero!

Raph perdió unos segundos tratando recordar el insignificante dato de a donde tenía que dirigirse. Cuando por fin llegó, otra vez se le olvidó como frenar. Se llevó por delante un ventanal gigantesco, una sala tapizada en piel, un piano, dejó una enorme huella con su forma en la pared, desde donde cayó por las escaleras, rebotando como una lata, hasta llegar al taller, destrozando la puerta en el proceso. Una vez ahí, todavía tuvo el valor de intentar ponerse de pie por si mismo.

- ¡Espera! ¡No te muevas! – ese fue Tony.

- ¡Raph! ¿Te encuentras bien?

Otra vez lo golpeó otro cruel episodio asociado a su especie. En ese momento no era más que una tortuga sobre su caparazón, incapaz de darse la vuelta. Tony le arrancó el casco. Raphael jadeaba y estaba seguro de que sudaba frío.

- Tony – dijo Raph, cuando por fin pudo hablar -. Sé que eres un genio, ¿te importaría explicarme que pasó? Porque yo no tengo ni idea.

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Charlie le consiguió unas aspirinas, y una bolsa con hielos para su cabeza. Tony alternaba preguntas sobre su estado con instrucciones a Jarvis para que fabricara una cubierta de oro que evitara el congelamiento sin alterar de manera significativa otras características.

Hasta Raphael tenía que saltar ante la palabra "oro". ¿En serio? ¿Cubrir TODA esa cosa con oro? Sabía que Stark era millonario pero… En realidad tenía que preguntar.

- ¿Por qué te estás tomando tantas molestias?

Tony volteó a mirarlo como si no entendiera la pregunta.

- Oye, se que lo vez como un experimento muy interesante, pero esa cosa nada mas la voy a poder usar yo. A menos que te pliegues como un acordeón – continuó la tortuga -. Puedes construir la tuya, usando lo que sabes ahora, no es absolutamente necesario que le hagas más modificaciones a esta.

- ¿No quieres volver a pilotearla? – preguntó el inventor con preocupación.

- ¡Por supuesto que si! – exclamó indignado el ninja -. Es solo que… es una maravilla… dijiste que mejorarías mi armadura original… y si me voy a quedar con ella, pues no… nunca voy a poder… no tengo nada que darte a cambio.

Raph frunció el ceño y guardó silencio. Ahora se preguntaba si no había sido grosero al cuestionar los motivos del inventor. Era una sensación extraña, porque eso no solía preocuparle. Por otro lado, tal vez había actuado como un iluso, al pensar que Stark tenía siquiera contemplado regalarle algo así.

Tony le puso la mano en el hombro y le sonrió.

- Es lo menos que puedo hacer. Después de todo, me sacaron de una cueva…

El ninja miró a Stark a los ojos. No le estaba diciendo toda la verdad.

- Prácticamente saliste tu solo – respondió sin poder contenerse.

Tony se llevó la mano al pecho y dio un suspiro dramático.

- Soy un pobre hombre enfermo que necesita ayuda para este proyecto.

- Estoy seguro de que lo terminarías así tuvieras que arrastrarte.

Stark se sorprendió ante esta última afirmación. Sobre todo porque era cierta, y Raphael podía aplicarla a sí mismo. Volvieron a mirarse a los ojos, y surgió una poderosa corriente de simpatía, y más importante, de confianza y afecto. No lo sabían, pero habían sido muy afortunados al conocerse, y que esto sucediera a pesar de lo bizarro de la situación de cada quien.

- De acuerdo – concedió Tony -. Pero que esto quede entre nosotros.

Charlie y Raph asintieron. Tras una pausa dramática, el inventor se sinceró.

- Cuando era niño… tuve una mascota…

La chica se rió.

- Déjeme adivinar…

- ¡Era genial! – Tony indicó con las manos un espacio del tamaño de un plato pequeño -. Su caparazón llegó a ser de este tamaño. Era como un minitanque, andaba por el jardín, se perdía y regresaba cuando menos lo esperábamos.

Raph se imaginó a un pequeño Tony Stark analizando una tortuga de tierra, preguntándose cómo funcionaba, y por qué los humanos no tenían una armadura natural.

- ¿Y tenía nombre? – preguntó Charlie.

Tony Asintió.

- Se llamaba "Aquiles".

- Buen nombre – apuntó Raph.

- No sé por qué, pero tenía la idea de que a una tortuga le va bien un nombre sonoro y fuerte.

- De acuerdo, sigamos adelante. Pero si intenta alimentarme con hojas de lechuga, terminamos.

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Hola, ¡disculpen la tardanza! Al menos ya salió algo XD, gracias por leer.