NA: Quiero agradecer a todas las personas que me mandaron review en el primer capitulo porque eso hizo que me diera animos de subir un segundo. Estoy tratando de mantener la personalidad de Peeta, pues se me hace un personaje sensible a pesar de su fornida apariencia. estoy tratando de ser un poco fiel al libro y a lo que pudo ser el reencuentro entre Peeta y Katniss. Asi que les agradecere que me digan que tal les parecio este capitulo. Gracias de antemano y saludos.
QUIEN DIJO AMOR?
Las semanas siguientes, luego de mi encuentro con Katniss Everdeen, fueron de mucho trabajo. Pude rescatar algunas cosas de la vieja panadería, con la idea de ponerla en marcha lo más pronto posible. Ya que en la actualidad horneo en casa y a veces por el espacio resulta incomodo.
El capitolio mandó un grupo de constructores para volver a reconstruir los negocios de la ciudad. Se hicieron diseños mucho más arquitectónicos, según para mejorar el aspecto de la destruida ciudad.
Estaba tan entusiasmado con la idea de volver a hacer todo de nuevo que de vez en cuando hacia bosquejos de diseño de decoración de la panadería. Así que Delly y otros amigos me convencieron para que les hiciera un diseño para sus respectivos negocios, una vez que vieron una tarde uno de mis bosquejos.
Todos nosotros nos íbamos a vender al que se le llamaba el nuevo Quemador. Me daba gracia que le pusieran este nombre puesto que en realidad no se parecía al original. Obviamente no había nada clandestino y la gente que ahí vendía sus productos era tan ordinaria como yo. Ese lugar siempre me pareció intrigante y especulábamos muchas cosas de las que ahí se vendían para los que vivíamos en la ciudad. La única vez que pude ir fue cuando estaba en cenizas.
Con todo y mis ocupaciones, en mi mente tenía presente a Katniss. Pesé haber sembrado juntos las primroses, mi relación con ella no eran tan estrecha como esperaba. Suponía que la amistad entre ambos iba a ser difícil después de tantas cosas que pasamos juntos y además permanecía el incomodo recuerdo de nuestro fingido noviazgo y compromiso. En realidad yo no necesitaba a Katniss de otra manera. Estaba seguro que los efectos de la tortura para que yo creyera que era un muto ya se habían disipado pero después de nuestra participación en la guerra Katniss y yo jamás habíamos estado solos. Inclusive cuando la dieron de alta, ella jamás fue a verme. Yo estuve esperando a que llegara y no lo hizo.
Sin embargo, iba a visitarla algunas veces a su casa para llevarle pan. Ella me dejaba pasar pero se mantenía con la mirada triste y pensativa. No me atrevía mucho a escudriñar su mente pero moría de ganas por saber que pensaba. Había días en los que parecía más animada y me preguntaba por los avances de la panadería, las novedades de la ciudad o alguna otra noticia de conocidos. Pero aún con esto era extraño como estaban las cosas entre nosotros. Parecía como si no termináramos de ser nosotros mismos el uno con el otro.
Así que a pesar de todo Katniss Everdeen seguía siendo lejana para mí. Algunas veces en la soledad me preguntaba que era exactamente ella para mí. Cuando la veía en el nuevo Quemador vendiendo lo que cazaba sentía como si me hubiera estado mirando antes que yo. Era algo absurdo pero era como estar de nuevo en el colegio con 11 años de edad.
Había terminado de vender todos mis panes y tartas. En realidad algunas las intercambie por tablillas de chocolate y café. Eran productos a los que me había hecho algo afecto.
Suspiré al ver el sol bajo y los rayos de luz anaranjados que se colaban por las grandes ventanas. . Estaba por darme un clavado mental en los rayos del atardecer cuando una voz me interrumpió.
― ¡Hey Peeta! ― . Era Haymitch.
― Que tal Haymitch. ¿Qué te trae por aquí?
― Un poco de alcohol. ― dijo agitando una botella blanca.
Moví mi cabeza de un lado a otro con desaprobación.
― Deberías dejar esto. ― dije señalando la botella. ― No te va a hacer nada bien en el futuro.
― ¡Bah! – Exclamó con enojo. ― Mejor dedícate a tu panadería chico. Yo estoy bien así.
Sonreí de lado mientras iba levantando mis cosas.
― Está quedando muy bien. ― dijo. ― Pronto podrás hacer tus pastelitos.
Haymitch se soltó a reír. Sabía que se estaba burlando.
― Creo que deberías irte mejor a casa. ― le dije con una amplia sonrisa.
― No, todavía no. Aún me falta ir… ― señaló con su dedo a una dirección. ― por allá. Todavía queda mucho por hacer.
― Por beber, querrás decir.
Haymitch se rió entre dientes pero se me quedo viendo fijo.
― ¿Ahora qué es lo que sucede?
― ¿Hoy no has ido a ver a la florecilla salvaje?. ― dijo refiriéndose a Katniss.
― Esta mañana no.
― Pues te perdiste de la gritería. ― dijo tambaleándose.
― ¿Qué gritería?
― Estaba gritando como loca mientras estrellaba cosas en la pared. Yo fui a verla para ver si no se había suicidado pero se negó a abrirme la puerta. No puedo repetirte lo que me gritó pero creo que quiso decir que me fuera.
Me paré de repente, como si fuera imperativo ir a ver lo que pasaba con Katniss.
― ¡Hey! ¿Ya te vas?
― Voy a ir a ver a Katniss. ― dije terminando de levantar mis cosas.
Haymitch bufó.
― Todavía te interesa. ¿No es cierto?
Me quedé estático y negué con la cabeza.
― Eres un embustero. ― dijo. ― Esa niña ha sido tu perdición y tú siempre tan noble.
Fruncí el ceño.
― Ella solo me interesa como amiga. ― dije serio.
― Peeta… Peeta, ¿por quién me tomas? Estabas perdidamente enamorado de Katniss Everdeen y dudo que un millón de rastrevíspulas te hagan olvidar ese sentimiento. Sólo tienes que… recordar un poco.
Yo seguí negando con la cabeza en señal de desaprobación.
― Si recuerdo muchas cosas Haymitch pero ¿de qué servirían ahora? Estamos más ocupados por recuperarnos a nosotros mismos que a pensar en el amor.
Haymitch cerró un ojo y con el otro me observó fijamente.
― Bueno, si la amas o no es tu problema saberlo pero yo se lo dije una vez, ¿sabes?
― ¿Qué cosa?
― Le dije… ― Haymitch se me acercó como quien dice un secreto. ― Le dije que no se merecía tenerte.
Tragué saliva. No me imaginaba por nada que Katniss y mi antiguo mentor hubieran tenido una plática respecto a mí y sobre todo contemplando el plano amoroso.
― Definitivamente estás muy ebrio. ― le dije con una media sonrisa.
― No… en realidad sabes que lo que te digo es re-al. Muy re-al. ― dijo marcando la última palabra.
― Será mejor que te vayas a casa a descansar.
Haymitch echó una risita y se alejó diciéndome algunas groserías.
Me quedé parado observándolo hasta que desapareció de mi vista. Sentía una oquedad en mi estomago pensando en Katniss.
Me despedí de algunos colegas y subí en mi carretilla un saco con las cosas que había intercambiado.
En el camino no dejaba de pensar en lo que me dijo Haymitch. ¿En verdad Katniss me había considerado alguna vez como para que Haymitch le dijera eso? ¿O solo se lo dijo porque ella me había rechazado? Fuera lo que fuera, se supone que no debía de importarme.
Llegué a mi casa y dejé mis cosas. Tomé una pequeña tarta de moras que me sobró y me dirigí a la casa de Katniss.
Toqué y esperé unos segundos.
― ¡Katniss!. ― grité esperando una respuesta.
Katniss abrió la puerta, tenía los ojos hinchados, como si hubiera llorado toda la tarde. Me quedé mirándola tratando de escudriñar en su mente pero fingió una sonrisa que más bien parecía una mueca.
― Katniss. ― Le dije. ― Tu sonrisa se ve muy falsa.
Katniss me miró con reproche pero abrió la puerta para dejarme pasar. Al entrar a la casa noté que había ropa tirada por todos lados.
― ¿Qué sucede aquí? ― Pregunté.
― Estaba tratando de hacer lo mismo que tú. ― contestó mientras recogía rápidamente algunas ropas. ― Intentaba deshacerme de estas cosas de mi madre… y… Prim. Mi mamá me dijo que no las necesitaba porque en su trabajo le habían dado un nuevo guardarropa. Además ella no quiere nada que le recuerde…
Tomó un poco de aire y se mordió los labios.
― Bueno, yo las metí en cajas no las tiré por toda la casa.
Al decir esto me sonreí pero Katniss se mantuvo seria.
― Si, ya sé pero no me decidía que guardar en las cajas. Pensaba que tal vez debía conservarlas pero el hacerlo me lastima entonces… entonces… ― La chica respiró profundamente. ― No sé qué hacer Peeta.
― Es algo complicado. ― le dije mientras dejaba la tarta en una silla y me agachaba para ayudarle a recoger. ― Puedo ayudarte si gustas.
Katniss negó con la cabeza.
― No… No…tú tienes cosas que hacer y no puedes estar preocupándote por mis cosas.
― Puedo hacerlo.
Katniss se agachó y me arrancó un vestido. Yo me la quede mirando confuso mientras ella seguía levantando las cosas.
― Es una sorpresa que estés aquí. ― dijo Katniss mientras se ponía de pie.
― Acabo de terminar y decidí echarte un vistazo. ― dije igualmente poniéndome de pie. No creía necesario decirle que Haymitch me había avisado de su crisis.
Katniss se comenzó a acariciar la trenza y bajo la mirada.
― Bueno, estoy bien.
― No lo parece. ― dije moviendo mi cabeza en negación.
Katniss se sentó en un sillón mientras seguía acariciándose la trenza. Estaba como nerviosa.
― ¿Qué te sucede? ― le pregunté preocupado.
Vaciló en contestarme. Me miró de reojo y se quedo pensativa.
― Me siento celosa de ti. ― dijo Katniss en voz baja.
Me quede perplejo y creo que mi expresión se lo dijo.
― Estoy celosa porque estás ocupándote en algo. Tienes tiempo para todo.
― Tú también estás haciendo algo. ― Le recordé.
― Pero no es suficiente. ― dijo malhumorada.
― Sólo trato de mantener la mente ocupada Katniss. Sólo que tú te inclinas a tener demasiado tiempo para pensar. ― dije.
Katniss se sintió un poco turbada con mi comentario pero no me retracté. Lo que quería decir es que ella no estaba haciendo lo suficiente. El Dr. Aurelius se cansaba de darle ideas para motivarse pero ella se negaba a todo. Si, en efecto salía a cazar pero había perdido su brillo. El brillo de la vieja Katniss.
― Yo no tengo tus habilidades Peeta. ― dijo subiendo el tono de su voz. ― Eres un buenazo para muchas cosas.
Sentí que esto último lo dijo en tono burlón pero preferí ignorarla.
― Creo que estás subestimándote. ― dije tratando de sonar razonable. ― Siempre haces lo mismo.
Katniss se levantó de su asiento mientras sus mejillas se teñían de rojo. Sus manos se estrujaron un poco.
― Bueno, no soy como tú. Yo no puedo darle un giro a mi vida y fingir que nada pasó. Yo vi a mucha gente morir por mi causa. Solo dime ¿Cómo pudiste tú olvidarlo todo? ¿Cómo puedes ser tan indiferente para reírte con esos amigos tuyos?
Me tomó por sorpresa el comentario de Katniss pero me enervó que lo hiciera en ese tono: describiéndome como un ser insensible.
― ¡Espera! ― Interrumpí.
Katniss se detuvo en seco y me miró agitada, como si hubiera dicho algo malo… y estaba en lo cierto. Llegó al punto en que más me duele.
― ¿Qué te hace pensar que yo olvidé? ¿Cómo puedes decirme esto como si yo no hubiera perdido algo igualmente valioso?
― P-pues no parece… ―dijo indecisa. ― Andas tan tranquilo…
― Supongo que no me conoces del todo Katniss. ― Respiré hondo. ― Era de esperarse si no te interesas por saber que está pasando conmigo. Estás obstinada en creer que eres la única que vio muertes, que vio sufrimiento, que lucho… ― me relamí los labios. ―¿Dejas de lado que yo solía tener pesadillas antes de la guerra? ¿No recuerdas que me lo mencionabas? Bueno Katniss te tengo una noticia, las sigo teniendo y ahora son peores porque veo rostros ensangrentados, imágenes en televisión con cosas nauseabundas, siento el olor a mugre, veneno y sangre… y… oigo esos gritos.
Katniss palideció. Creo que sabía bien a que me refería: a toda esa gente que torturaron frente a mis ojos. A mis días siendo sometido al veneno mientras me pasaban imágenes espantosas, a toda esa tortura en la que agonizaba día a día.
Apreté los puños mientras la sangre me hervía. No, Katniss Everdeen no podía decirme que yo olvido las cosas tan fácil.
― Yo perdí a toda mi familia, ¿se te olvida? Mis padres y mis hermanos. Mi madre no era un cumulo de bondades pero era mi madre. El hecho de no verla morir no quiere decir que no sea valiosa.
― No quise decir que no valieran. ― dijo Katniss con voz ahogada.
― ¿Entonces qué quieres decir? Como siempre me ves tan calmo y firme significa que no tengo heridas, que nada me perturba ¿no es así?
― Tú lo ves tan fácil Peeta. ― dijo Katniss cruzada de brazos. ― Eres más fuerte que yo y no entiendes lo que estoy sintiendo.
Miré fijamente a Katniss con una mirada tan fuerte que ella no se atrevió a sostenérmela.
― ¿Y tú sabes lo que yo siento Katniss? ¿Tú entendiste alguna vez mis sentimientos?
Al oír el temblor en mi voz levantó la mirada.
― ¿Sabes que fue lo primero que recordé cuando llegué al Distrito 12? ― dije sin poder ocultar mi resentimiento. ― ¡A ti en ese día de los panes en la lluvia! ¿Y cuando me detuve frente a mi casa? El día que defendiste a Gale y te lastimaron con un latigazo. Fue el mismo día en que me diste una esperanza al pedirme que huyera contigo pero horas después me rompiste el corazón aclarando que estabas enamorada de Gale. Me fui a casa esa noche para llorar en medio del frío y a hornear para consolarme. Luego no conforme con eso tuve que pasar por la humillación de cuidar a Gale mientras tu madre me miraba con lástima.
Katniss estaba estupefacta y llorosa pero yo estaba decidido a terminar.
― ¿Que fue lo peor de todo Katniss? Que tuve la idea de que en algún momento tal vez casándonos y compartiendo la misma casa llegaras a quererme. Pero la culpa fue enteramente mía porque no obstante con todas las señales que me dabas yo me seguía aferrando a una ilusión.
Ella quería hablar pero yo no se lo permití.
― Lo peor de la tortura que recibí fue que creaban esas imágenes tuyas muerta o convertida en un muto. Luego mi recuperación la hice sin ti. ¿Cuántas veces ibas a verme? ¿Cuántas veces intentaste ayudarme a recordar, a ser yo nuevamente?
― ¿Y cómo podía ayudarte? ― dijo Katniss agitada. ― Estaba igual de lesionada, no solo física sino moralmente. Me tuve que convertir en el icono de una guerra, siendo utilizada como un títere. Es cierto, no estuve para ayudarte pero la mayor parte del tiempo me herías con tus palabras. ¿Cómo podía enfrentar eso?
― ¿Y yo como enfrenté tantas cosas por ti Katniss?. ― Sentí que mi corazón se acelero tanto que hasta dolía. ― Yo estuve decidido a dar mi vida por la tuya, a garantizar que fueras feliz aunque no fuera conmigo.
Katniss parpadeó.
― ¿Por qué me reprochas esas cosas? ― dijo más roja. ― ¿Qué es lo que quieres de mi?
― ¿Lo que quiero de ti? Quiero tu sinceridad Katniss. ¡Eso es lo que quiero! No deseo tu silencio ni tus miradas vagas. No deseo tener a Katniss a medias.
― Pues explícate con eso de "tener". ― dijo entre dientes. ― Porque está muy claro que tú y yo…
― No Katniss, espera. ― dije agitando una de mis manos. ― Yo no estoy declarándome de nuevo. Ni siquiera estoy enamorado de ti. Simplemente quería dejarte en claro que en primera lo que viví es igual de duro que lo que tú viviste y en segunda tengo sentimientos. Me irrita que des por sentado que estoy pasándomela a gusto, bueno… ya viste que no es así. En ninguno de los momentos en los que decides hacerme a un lado me la estoy pasando a gusto.
No supe descifrar el rostro de Katniss cuando dije esto último. Yo simplemente la miraba con el corazón agitado y los puños fuertemente cerrados. Katniss se giró dándome la espalda y con eso supe que daba todo por terminado. Me dirigí a la puerta y me detuve antes de abrirla. Volteé a verla.
― Una vez dijiste que odiabas a mis pinturas, ¿recuerdas? ¿Las del tren? Pues aún sigo pintando porque siento que de ese modo mis monstruos quedan atrapados en mis pinturas y dejan de acosarme. Tal vez deberías buscar un método parecido.
Abrí la puerta y la cerré con fuerza. Empecé a caminar a mi casa agitado por todo lo que le había expresado a Katniss. Mi cuerpo temblaba aún del enojo. Me detuve en medio de la calle mientras intentaba calmarme, pensando en que no tenía por qué haberle comentado lo que sufrí por ella.
Suponía que tenía guardado todo eso en mí y que de algún modo necesitaba gritárselo a Katniss. Como bien le dije a mi padre ¿Por qué uno tiene que conformarse?
Y ahora me encontraba vivo. A solas en el mismo distrito que Katniss, sin Gale como sombra. Sin embargo, ¿era una oportunidad? ¿Realmente quería esa oportunidad? Bueno, ya no había manera de saberlo ahora con todo lo que le dije.
Caminé hacia la casa con paso lento, no tenía ánimos de hacer más nada. Solo llegué a mi habitación y me dejé caer en la cama con los brazos extendidos. De ahí lo siguiente que sucedió no me lo esperaba.
Me acurruqué con una almohada en mis brazos mientras mis lágrimas se me escurrían. Dolor. Tenía mucho dolor.
Ni siquiera estoy enamorado de ti. Fue lo que le dije. Me entró la duda si era realmente cierto esto porque sino ¿Por qué lloraba? Pero no, yo no estaba enamorado de Katniss Everdeen.
REVIEWS! Por favor.
