Capítulo III

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El lunes llegó muy pronto para su gusto, trayendo consigo los penosos recuerdos que con tanta desesperación trataba de hacer a un lado. Deseaba esconderse entre las sábanas, hacerse un capullo con las cobijas y resguardarse en su cómoda y segura cama, que de pronto parecía el lugar más inexpugnable sobre la faz de la Tierra. Le apetecía encerrarse en su cuarto y no salir nunca más. Gustaría de ser un avestruz para poner esconder su cabeza debajo del suelo cuando las cosas se ponían mal.

"Que dichosas son esas aves".

Sin embargo, para su gran pesar, era demasiado responsable para dejar a un lado sus deberes como deseaba hacer ahora. El ser una alumna ejemplar, con un record impecable de cero faltas en la escuela, en ese momento le sacaba de quicio. Estaba muy orgullosa de sus logros académicos, sólo que de momento ya no le parecía tan importante.

Tomó una gran bocanada de aire, enojada. Pensar eso la puso de malas y se levantó de una buena vez para afrontar a lo que tuviera que hacerle frente y de esa manera poder terminar con el suplicio que significaba estar así.

Es decir, podía evitar a sus amigos y a Sasuke el resto de su vida.

—Aunque me cantaría poder evitarlo el resto de mi vida o hasta que el Apocalipsis llegue. Lo que sea primero —aclaró para sí misma. Pero luego pensó que, para bien o para mal, no era tan condenadamente cobarde.

Se dio unos ligeros golpecitos en las mejillas para darse ánimos.

—Bueno, que venga el disparo de una buena vez para poder sangrar a gusto y después sanar la herida —dijo recordando a su heroína favorita, Scarlett O´Hara—. Si ella pudo levantarse y seguir, yo también.

Su espíritu de lucha se activó. El modo Rocky Balboa estaba en pie.

"No importa lo fuerte que golpeas, sino lo fuerte que eres cuando te golpean y que puedas seguir adelante...", recordó de pronto de entre lo más profundo de su mente las enseñanzas aquel sabio boxeador, el semental italiano que tenía toda la boca llena de razón.

—¡Eso es Sakura, ojo de tigre, ojo de tigre! —clamó vigorosa con el puño en alto, recordando la canción de la película— ¡Es el ojo de tigre, listo para pelear!

Con los ánimos renovados, se fue a toda velocidad al baño para poder asearse como era debido; pronto salió reluciente de limpia, decidida a no dejarse caer. Ella no estaba hecha para eso, tenía que levantarse. La caída fue muy dura, sin embargo no podía quedarse en el suelo para que la pisoteasen. No, eso jamás; se tenía que parar y dejar que las llagas supurantes que cubrían el dolor de su alma se curasen poco a poco para así continuar adelante.

Se preparó meticulosa, haciendo caso de los consejos-ordenes de cómo debía vestir del jefe mayor.

—Para sentirse bien hay que verse bien, para verse bien hay sentirse bien —recordó el lema de Ino, que en ese momento le sentaba como anillo al dedo.

Fue a su armario para tomar su uniforme: una falda tableada azul marino un poco arriba de las rodillas, una blusa blanca de manga larga, su suéter color beige con cuello «V»; un poco holgado en vez del saco que llevaba habitualmente, que la hacía ver más plana de lo que era y sin forma alguna; por último, su moño rojo colocado de manera casual, sólo un poco flojo. Se hecho la mochila al hombro y se calzó para ir a la escuela con la idea de que todo iba a salir de las mil maravillas, aplicando lo de que las ideas positivas atraen la buena vibra y todo eso.

Esta vez no llegó un cuarto de hora antes, como era su costumbre, sino en punto. Se retrasó un poco al arreglarse ese día. Casi todos sus compañeros ya estaban en el aula, esperando al profesor de la primera hora; fue a sentarse dando los buenos días a su paso y luego tomando su nuevo lugar.

Hasta el momento todo estaba saliendo bien, sin incidentes. Eso de atraer las buenas vibras por ser positiva parecía funcionar de verdad, o eso pensó hasta que el maestro de la tercera hora los dejó libre para que estudiaran solos o hicieran lo que desearan porque se sentía indispuesto. Alguna infección estomacal.

"Pobre, no debió haber comido el platillo sorpresa de dudosa procedencia de la cafetería que le ofreció la encargada", fue el pensamiento en general del grupo que lo vio correr como alma que lleva el diablo en carrera directa al baño. No está demás decir que el profesor de Historia, Sarutobi, no salió de ahí en todo el día.

En cuanto terminó el acto, la mayoría huyó del salón como manada de caballos salvajes en estampida, sin ninguna consideración. El aula quedó casi vacía. A lo mucho, unos cinco o seis se quedaron, por lo tanto Sakura se decidió a seguir su ejemplo y abandonar el lugar, también, hasta la siguiente clase.

"Si no puedes con ellos, úneteles".

Quiso ir a la biblioteca a leer un rato para matar el tiempo. No tenía tarea ni repasos que hacer, porque siempre estaba al corriente. Su gran facilidad para memorizar y comprender a la primera era algo que muchos le envidiaban. La verdad es que no se mataba estudiando como muchos creerían, sólo era algo que se le daba. No había gran misterio en eso, tampoco en que prefería pasar su tiempo libre leyendo. ¡Claro que sí!, porque lo que leía no tenía nada que ver con la escuela o estudios. Lo que leía eran novelas románticas llenas de amor, pasión, drama y aventuras que la hacían volar, soñar y fantasear feliz por un rato. Ahora que estaba trabajando no tendría mucho tiempo para ellas, así se prometió a sí misma que en sus ratos libres se concentraría a fondo en sus novelas.

Se sentó en su rincón favorito, rodeaba de libros, junto a la ventana, alejándose del resto de las mesas centrales de la biblioteca para poder estar a gusto. Puso la alarma de su celular en modo vibrar y sacó su libro Ivanhoe, que la llevarían de la mano a la época de Robin Hood.

Inmersa en el universo de la Inglaterra medieval, ignorando por completo al mundo unos instantes, para variar de la monotonía de la vida, no se dio cuenta de la sombra acechante que la seguía desde hace rato, muy atenta a sus movimientos desde su retaguardia, hasta que fue demasiado tarde para evitarla.

De pronto una muy incómoda sensación le asaltó en la nuca, era una impresión desagradable, invasiva. Lo sentía en su piel, ingresando lentamente en sus tejidos, penetrando como una aguja letal. Ahora tenía la certeza de estar siendo observada, puso su separador de chococat a señalar su lectura e hizo a un lado su libro, buscando la fuente de su incomodidad, girando la cabeza de un lado a otro con parsimonia.

Derecha, nada, izquierda tampoco, en frente, la ventana.

Sólo quedaba una posibilidad: rotó su cuerpo con increíble lentitud para ver a sus espaldas.

Se le fue el aire al verlo sentado un par de mesas atrás, viéndola sin inmutarse por haber sido descubierto. Su mirar era penetrante y violento. No sabía qué hacer, estaba paralizada, atrapada como si tuviera una red sobre ella que le impedía escapar por más que lo intentara.

Era débil frente a él, las lágrimas se acumularon peligrosas sobre sus orbes jade, amenazado con salir si no actuaba pronto.

Todo eso del «ojo de tigre» que le animó en el mañana se fue directo a la mierda, el modo Rocky Balboa se desconectó en el momento justo en que lo vio.

"Muévete, muévete".

Tragó grueso, tratando de reaccionar sin poder hacerlo, su cerebro mandaba las órdenes para que se moviera, más esas se perdían en las terminales nerviosas que se negaban a cumplir. Rogaba a quien fuera en el universo o allá arriba por algún tipo de ayuda, ¡lo que sea! Que alguien la sacara de ahí ahora porque ella sola no podía. Y como caído del cielo, su celular comenzó a vibrar sacándola de su estupor.

Llenó de aire sus pulmones en busca de su teléfono con torpeza. Sus manos buscaban en la superficie de la mesa como si tuviera una especie de tic nervioso, la victoria se hizo al fin cuanto pudo abrir su teléfono.

Un mensaje de texto: «Llama cuando puedas. Urgente. Sasori no Akasuma».

Todavía sentía ese mirar tan pesado sobre ella mientras arreglaba sus cosas en tiempo record, sin atreverse a dirigirle siquiera una mirada. Era por su propia seguridad, todas sus agallas se las había llevado él.

En todo ese lapso no despegó sus ojos de su persona, lo sentía y temblaba como gelatina sin poder remediarlo. Salió casi trotando, evitando el lugar de Sasuke como una plaga, sin mirar atrás.

Corrió a los baños y se encerró en un cubículo, luego se sentó en la tapa del inodoro, tratando de calmarse. Parecía que estaba a punto de hiperventilar presa de la ansiedad y el pánico. Se estrechó fuerte, con las piernas encogidas.

Yacía como era: una vil cobarde que no podía mirarlo de frente sin sentirse la más grande idiota del planeta, sus sentimientos estaban por completo encontrados, una parte que le gritaba lo mucho que le gustaba Sasuke Uchiha y la otra que le gritaba que si él no quiere saber nada de ti entonces déjalo ir, no sufras más.

Supéralo.

¡Supéralo!

¡SUPÉRALO!

Clamaba cierta vocecilla cada vez con mayor fuerza, opacando a la anterior.

Toda la valentía con la que salió de su casa se fue al caño en segundos. El poder de ambas voces en su cabeza competía por atención, estaba confundida y muy deprimida, no quería tener que poner a analizar sus emociones ahora en la escuela, ¡mucho menos en un baño que ni era el suyo!

Miró el celular con recelo y marcó al gran jefe Vampiro, que la había salvado de caer en el precipicio de alguna forma.

—¡Haruno reportándose, señor! —dijo firme, imitando a un militar para ocultar su depresión.

Bien, soldado Haruno, puede descansar —contestó Sasori por la línea, siguiéndole el juego.

—¡Sí señor! —escuchar que le seguía la corriente la hizo sonreír, haciéndola sentir infinitamente mejor.

La firmeza de la voz de su joven empleada le causó gracia, haciéndolo reír un poco, casi fue imperceptible.

Necesito que me digas dónde pusiste las medidas que anotaste para Deidara del señor Kisame, ¡porque él muy tonto no las encuentra! —recalcó duro para que «otra» persona lo escuchara y entendiera su directa-indirecta.

Haciendo acoplo de su prodigiosa memoria, Sakura recordó que se las había entregado al jefe Bom-bom y este las guardó en su bolsillo del pantalón para no extraviarlas. Le informó esto a Sasori, que casi estalla al otro lado de la línea, gritándole a su compañero lo incompetente que era por meter su ropa a lavar sin revisar en los bolsillos antes.

—¿Eh? Jefe, yo me acuerdo de las medidas.

Sasori escuchó, atraído las palabras de la chica.

¿De todas? —era algo poco probable, tendría que tener una súper memoria o algo así para recordarlas todas. Incluso a él, que ya llevaba tiempo haciendo prendas para Kisame, le costaba.

—Sí me acuerdo. Sólo necesito que me diga las que necesita.

Si se las daba todas, quedaría oficialmente asombrado, y eso era algo muy difícil de lograr. Curioso, Sasori comenzó a nombrar las medias que ya tenía para probarla, el resultado fue diez de diez.

Interesante, ¿tienes memoria fotográfica o algo así? —su mal humor iba mejorando gracias a su subalterna.

—No es para tanto, simplemente tengo buena memoria —contestó, sencilla, restándole importancia, no era gran cosa para ella.

Ahora que estaba oficialmente asombrado, le preguntó las medidas que le faltaban con total seguridad.

Gracias señorita Haruno, ha salvado a mi inepto compañero de dormir en la calle —lo dijo tan serio que Sakura no sabía si creerle o no. Esperaba que sólo fuera una broma de su retorcido jefe.

—Es una broma, ¿verdad? —preguntó temiendo por el bienestar de su rubio jefe.

No —respondió glacial.

"Que directo", razonó con los ojos bien abiertos, haciéndose una enorme nota mental de no hacer enojar en serio a su jefe, ¡jamás!

Se despidió con el tiempo medido para regresar a su salón, sintiéndose un poco más tranquila ahora. Por alguna razón, escuchar al mandón, arrogante, cínico y frío de su jefe Vampiro, rey de lo extraño, le había hecho serenarse.

Estaba muy agradecida porque la salvara de perderse. Era algo extraño que un sujeto tan intimidante, con aspecto de vampiro de principios del siglo XIX, pudiera convertirse de pronto en una especie de caballero andante que iba a recatarla del dragón grande y malo que la atormentaba.

El resto de las horas de clase no se movió de su lugar, ni siquiera comió su almuerzo. El estomago se le negó rotundamente a recibir algo, incluso deseando.

"¿No sería lindo tener un botón de borrado y olvidar todo lo que te hiciera sentir mal?"

Pensándolo bien, si algo así existiera uno no sería capaz de avanzar y madurar. No se apreciarían las cosas buenas de la vida, todo sería monótono y terriblemente aburrido. Si siempre fuera feliz no apreciaría lo que tiene, pero en cambio, si se conoce la tristeza y el dolor cuando se es feliz y pleno, se estima mucho. Se cuida más.

Además no fue el fin del mundo, seguía en pie. Herida, pero en pie todavía, aunque desangrándose lentamente sin posibilidad de cicatrizar por el momento.

Su corazón sangraba cada vez que lo veía, abriendo la herida que apenas comenzaba a querer cerrar, haciéndola caer en el barranco de la desesperación y el dolor una vez más. Tenía demasiado de él en ella.

La solución.

Purga completa, destapar la cañería dejando que toda el agua mala se fuera desechando a Sasuke de su sistema hasta que finalmente el verlo no la afectara en lo más mínimo. Tendría que endurecer su corazón en el proceso, que sería arduo y desgarrador.

Tenía que dar el paso, saltar a nuevas aguas.

Con la decisión tomada, convocó a una reunión de emergencia con todos los miembros del club que ella misma había fundado.

—Se preguntarán el por qué tanta urgencia en reunirlas —dijo firme y seria en frente del pizarrón del aula, dando la cara a todas las chicas que la observaban curiosas y expectantes—. He tomado la muy importante decisión de dejar el club en su totalidad.

El barullo comenzó enseguida ante la noticia. Nadie se esperaba algo así.

—La razón… —anunció con voz fuerte, haciendo callar a las chicas para que volvieran a ponerle atención— La razón es que conseguí un empleo de medio tiempo que me impide seguir aquí —calló, observando las reacciones de sus compañeras, esperando que digirieran las noticias de su versión «oficial» de abandonar la sociedad y, con ello, su liderazgo—. No tengo problemas económicos ni nada parecido. Simplemente deseo expandir mi mundo —explicó antes de que comenzaran a bombardearla con preguntas indiscretas de la causa de su repentino trabajo—. Ya elegí a la persona más apta para sustituirme y creo que te todas estarán de acuerdo en ello —continuó su discurso con aplomo—: Karin, eres la elegida.

Todas voltearon a ver a la chica que boqueaba como pez fuera del agua, tratando de acomodar sus anteojos con visible nerviosismo, señalándose sin entender que pasaba.

—Sé que entraste al club porque de creías que era el club de química y te inscribiste por «error» —resaltó entre comillas, con los dedos, antes de que la aludida comenzara con el mismo cuento de siempre, tratando de explicar su estancia en el lugar, sin ningún éxito—, pero has demostrado ser una miembro muy activa y entusiasta —todas las demás chicas le dieron toda la razón—, además de sobresaliente —sentenció—. Serás buena líder, tienes las aptitudes necesarias para este trabajo.

Nadie puso objeción alguna por la decisión tomada, todos en la escuela sabían que la fan número dos de Sasuke Uchiha era Karin, aunque lo negara rotundamente.

Después de anunciar con éxito su retirada del club, sintió que un gran peso se le quitaba de encima. Se sintió liberada, como si una cadena fuese abierta de pronto, dándole la liberad de un preso que ha estado cautivo por años.

—Así debió sentirse el Conde de Montecristo cuando salió de prisión… sólo que yo no tengo deseos desmedidos de venganza —musitó, analizando su nuevo estado de liberación.

—¿Venganza de quién? —le llegó una voz, sacándola de sus pensamientos.

—Ah, Ino —volteó a verla con aire distraído.

Alzó la ceja interrogante, normalmente era Ino-cerda y ella le reclamaba como Sakura-frentona. Su amiga estaba rara, no la había visto desde el jueves en la mañana cuando le contó su nuevo plan para conquistar a «Sasuke-kun».

—Escuché por ahí que cambiaste de asiento —no dijo más. Era el chisme de la semana, se hablaba de ello todo el tiempo. Se hacían conjeturas de su repentino cambio de lugar con Karin, la enemiga número uno de Sakura.

Los rumores sobre ellas dos peleándose como gatas por Sasuke era el pan de cada día. Definitivamente no se llevaban bien, pero tampoco se llevaban mal, sólo eran «rivales en el amor». Ino también fue como ellas hace años, antes de que conociera a su novio Sai y su embobamiento por Sasuke terminara.

—Sí, me gusta mirar por la ventana cuando la clase me aburre —le evitó la mirada, no quería mentirle a su mejor amiga, era sólo que todavía no estaba lista para contarle.

Ino sabía leer muy bien entrelineas, esto tenía que ver con Sasuke. Lo tenía escrito por toda la cara y evitar su mirar lo confirmaba.

—¿Y cómo te fue con lo del almuerzo? —tanteó el terreno.

Su respiración paró por un instante y sus manos abiertas se convirtieron en puños al recordar.

—Lo rechazó —fue parca al responder.

No necesitó oír más para comprender. La abrazó fuerte, dándole consuelo sin preguntar más al respecto, ella se lo diría cuando estuviera preparaba para hacerlo, de momento sólo la apoyaría en silencio, respetando sus deseos de darle espacio.

Sakura aceptó su apoyo mudo y se dejó consolar por su cariño.

—¿Sabes?, estoy trabajando en una tienda de ropa —soltó de pronto para cambiar de aires.

—¿En dónde? —se escuchaba emocionada. Todo lo que tuviera que ver con ropa y moda la llamaba.

—En esa zona de diseñadores independientes de la que luego me cuentas…

Le contó todo al respecto, inquieta, sin perderse ningún detalle de su nuevo empleo, la tienda, la ropa, sus locos jefes y los aún más locos clientes. No había tenido la oportunidad de contarle a nadie de su trabajo. Rieron como locas cuando le describió las peleas de su jefe Vampiro y Bom-bom.

—Si los vieras, parecen marido y mujer. Sasori es frío y aterrador, con aspecto del conde Drácula, súper sombrío; ni te imaginas que tiene más de treinta, se ve extremadamente joven y el otro, Deidara, habla hasta por los codos y una vez que empieza…bueno, sólo Sasori tiene el poder de hacerlo callar, además tiene una extraña tendencia a hacer explotar la caja registradora.

—¿Explotar? —dijo Ino confundida.

—Sí, siempre que la toca el dinero sale volando como si explotara —contó simulado la detonación con sus manos y haciendo los ruidos de una bomba—. La primera vez que lo escuché, pensé que nos invadían y casi me echo al suelo para cubrirme.

—No falta adrenalina, ¿eh? —se burló Ino.

—Ni que lo digas, juraría que sale humo de la caja cada vez que la toca. También estaba ese tipo religioso exigiendo ser atendido en el acto o comenzaría a sacrificar gente para un tal Jashin. Casi le vuela la cabeza Bom-bom cuando escuchó la explosión con el brazo de un maniquí: lo lanzó directo a la maquina, amenazándola con matarla si no se callaba —dijo—. Por desgracia para la registradora fue demasiado tarde. Cayó en combate, tal vez no se recupere —lamentó agachando la cabeza en señal de pésame, recordando la enorme abolladura que quedó después del golpe.

—Trabajo de alto riesgo, frentona.

Sakura afirmó en silencio. Ahora comprendía por qué los empleados anteriores duraron tan poco. Entre el cinismo y miedo que infundía Sasori, y el «talento» de explotar las cosas de Deidara, todo tenía sentido; eso sin contar con los extraños y desequilibrados clientes habituales.

Una vez que se pusieron al corriente, se despidieron en la entrada de la escuela, tomando cada una su camino: Sakura para su casa e Ino al club de Corte y Confección, prometiéndole que en cuanto pudiera iría a hacerle una visita a la tienda.

Su celular vibró una vez más, anunciando una llamada, en esta ocasión, de parte del patrón de menor rango, dándole las gracias por salvarle el pellejo de la terrible ira de su compañero de trabajo y departamento. Porque sí, además de trabajar juntos, también compartían vivienda, haciendo pensar a Sakura que tal vez eran pareja.

Aceptó los efusivos agradecimientos alegre, pasando a cierta persona sin siquiera notarla para su desconcierto.

Una vez en su casa, después de ponerse más cómoda y comer un poco, procedió pues a la tan llamada «purga» que tanto necesitaba.

Sí, damas y caballeros, se desharía de las cosas que le recordaran a Sasuke Uchiha, tanto para la paz de su corazón como por su salud mental. Comenzaría el proceso a su desintoxicación de una buena vez.

Lo primero en la lista: las fotos.

Sacó con amargura su álbum de los seis años, iba a iniciar desde que lo conoció y así hasta la actualidad. Tantos recuerdos gravados. Iba a ser una muy larga tarde. Casi diez años de su vida gustando de la misma persona, buscándola, tratando de acercarse inútilmente al supuesto chico de sus sueños, ¡sin éxito!

Además, en cada una de las fotos en que salían juntos era forzado por terceros. Ponía una cara entre la mezcla de fastidio y asco que ni el mismo se la aguantaba, sin contar la pose. Ella lo abrazaba feliz de la vida, él se alejaba lo más posible.

—Soy tan estúpida que nunca vi su repulsión por mí —rompió cada una de las fotografías.

Era una masoquista, conforme fue pasando por las fotos vio con el horror como es que podía ser tan terca, tan persistente al tratar de alcanzar a alguien que no quiere ser alcanzado. Él siempre la rechazaba una y otra vez, pero ahí seguía como estúpida, diciéndose a sí misma que él era tímido, que en realidad si la quería pero le daba pena demostrarlo, que cuando estuviera listo él iría por ella en su caballo blanco para buscarla.

¡Patrañas!

¿Por qué demonios seguía pegándose con la misma pared cuando ya sabe que está ahí?

Lo segundo en la lista: regalos

Porque sí, el cubito de hielo Uchiha le regalaba «algo» cada año en su cumpleaños. Pero no porque la quisiera, claro no. Era porque la etiqueta social lo exigía, ya que siempre invitaba a todo el mundo a su cumpleaños y su buen amigo Naruto lo obligaba asistir a los eventos sociales propios de la edad.

Ahora que lo pensaba, jamás le había deseado ni un feliz cumpleaños en todos estos años. Sólo le daba su regalo con la cara de pocos amigos de siempre al ser obligado a estar ahí ¡Y el colmo! Ni siquiera era un regalo bueno.

Cada año sin falta, desde que se conocían, le daba la misma tarjeta de felicitaciones. Ni se molestaba en cambiar el diseño. ¡Era siempre el mugroso oso de Winnie Pooh! Diciendo feliz día de parte dé: *espacio para escribir su nombre*. Te deseo lo mejor.

¿Es que acaso compró una docena cuando tenía seis para ahorrarse los regalos «obligados» de los próximos nueve años que sabrían que vendrían?

—¡Por tú culpa he terminado por odiar a un oso inocente! —reclamó furiosa, dándose cuenta por primera vez de todo el resentimiento que le tenía guardado a través de los años.

Rompió, mutiló y despedazó cada una de las cochinas tarjetas esas, descargando su furia.

Y lo tercero en la lista: cosas que le compró para dárselas algún día.

Cosas que veía que le pudieran quedar a «Sasuke-kun» —nótese el sarcasmo—, cosas que le compraba. Y en resumen, ahora tenía una caja llena de camisetas y demás baratijas, en su gran mayoría, abarcando espacio en su cuarto que bien podría usarse en otra cosa mejor. Como para sus peluches por ejemplo, era asidua a coleccionarlos.

—Se las regalaré a Naruto y a Lee —no le parecía que esas cosas se fueran a la basura. Sería tirar dinero a la basura, sería como tirar su dinero, y eso sí que no.

¿Cómo es que tantos años de conocerse, Sasuke siquiera la consideraba su amiga? No era nada para él y eso era algo muy duro de aceptar.

Para cuando llegó la noche, había concluido su labor con un éxito rotundo, dejándola más tranquila. Una vez más, un peso se le quitó.

Había pasado de la tristeza extrema al dolor punzante. Del dolor, a la ira asesina. Después, a la aceptación y, finalmente, a la paz.

Se fue a la cama con una sonrisa adornando su boca alegre.

—Mañana será un buen día —opinó al ver la ropa que Sasori le había dado, con ella se sentía tan bonita y feliz.

Sus párpados se dejaron caer laxos, con la imagen de su jefe vestido de caballero errante en su pulida armadura negra, recatándola del malvado dragón azul que la había hecho sentirse como una criatura sin valor alguno.

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N/A: Me inspire en Rocky Balboa. El link con la canción y la letra: ht tp:/ /www. youtube. Com /watch ?v=42vhhFL-v8I -recuerden juntar los espacios.

Se las recomiendo mucho, además Rocky Balboa es uno de mis héroes *O*

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Gracias a por comentar y leer chicas. A las que tienen cuenta ya les conteste.

Ahora solo quisiera aclarar algo. No voy a dejar abandonados mis demás fics, solo les pido que si van a comentar en algún fic lo hagan de ese fic, no de otros fic de mi autoría. Para eso comenta en el fic que corresponde. Y si les gusta mucho una historia pues coméntenla, digan sus observaciones, teorías, que les gusto y que no. Si ya se dieron el tiempo de leer bien pueden comentar así alientan a un autor a seguir.

Aclaro que nos les estoy pidiendo review para publicar más rápido, solo les digo que es un gran incentivo para esforzarme más. Además a mí me gusta mucho intercambiar opiniones y comentarios con mis lectores. Siempre trato de contestarles a todos.

Bueno Sara espero que esto haya disipado tus dudas, además en mi perfil viene cuando actualizare mis historias. De antemano te lo digo que si me voy a tardar, pero no voy a dejar mis historias sin terminar.

Bueno hasta la otra. Ya saben que todo tomatazo o flor es recibida.

Gracias por leer.