Para este capítulo recomiendo escuchar La vie en rose en versión de Louis Armstrong, cuando vean esto (**)

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Capítulo IV

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Despertó con muchos ánimos ese día, todo le parecía más bello y resplandeciente de lo que era. Ahora si tenía todo preparado, tanto para la escuela como para el trabajo. La ropa fue escogida minuciosamente, no quería otra de las despotricadas verbales de su terrorífico jefe.

En la escuela todo fue tranquilo, sin novedades para su paz mental y sin incidentes con "el innombrable", decidió llamarlo de esa forma resuelta a sacarlo de su sistema.

Medida dura, sí. ¿Reprobable?, claro no. Sería una broma de mal gusto si no.

Uno tiene que hacer lo que tiene que hacer en ocasiones para salir triunfantes ante la adversidad, además, no se lo iba a decir en su cara. Aunque ganas no le faltaban. Pero para su desgracia o gracia suya, según como se quisiera ver, era por la educación que le inculcaron sus maravillosos padres.

"Eso espero".

Pensó en las muchas veces en que decía lo que se le pasaba por la cabeza sin poder evitarlo. Cuando menos sabía, ya había abierto la bocota; en tanto, la gente a su alrededor creía que estaba zafada de allá arriba. Sobretodo cuando eso implicaba hablar sola. Esa era otra de sus muchas pequeñas particularidades, por decirlo de algún modo. Era más amable que «rarezas».

Al terminar las clases, se fue en carrera otra vez al estrambótico local, esperando llegar antes de su hora de entrada oficial para poder cambiarse a la ropa apropiada, como diría el jefe mayor.

Como siempre, se sorprendía de su buena condición física.

"¡Ay! El maestro Gai estaría tan orgulloso de mi", pensó recordando a su profesor en su ya patentada pose «cool», dándole ánimos con su gran sonrisa: «El poder de la juventud te acompaña, Sakura».

Entró a la denominada Tienda de lo Extraño, lista para dar lo mejor, con paso firme y una gran mueca de felicidad adornando su rostro.

Sasori la estaba esperando, sentado como un rey en su trono, en medio de la tienda, supervisando muy cómodo a su rubio camarada, que trataba de reparar el golpe de la caja registradora que impedía que se abriese.

—Buenas tardes —saludó contenta al abrir la puerta.

—Buenas tardes, señorita Haruno —respondió el jefe Vampiro, dándole la bienvenida y aprobándola con su mirar. El rubio ni la notó, pues estaba muy ocupado tratado de destrabar la maquina.

—Es ahora que debes sacar tus dotes de bombardero de Al Qaeda —mandó desde sus laureles, burlándose con su cinismo habitual.

Sakura los miró en silencio, esperando una respuesta. Primero a Bom-bom y luego al Rey de lo Extraño, que sólo movía la cabeza de un lado a otro, con una pequeña sonrisa que en él sabía irónica. Era muy claro que se mofaba de Deidara.

—Los cheques están en la caja y el contador vendrá en cualquier momento —contestó a su muda pregunta—. Apúrate, Deidara, sabes que a Kakuzu le molestan los retrasos casi tanto como a mí, y que si no sacas esos cheques él lo hará por ti y esa caja morirá definitivamente, por mucho que tú no quieras —concluyó para atormentarlo, era su pequeña venganza por lo de la medidas perdidas de Kisame. Aún no lo olvidaba y le haría pagar por su ineptitud.

El blondo lo miró feo un instante para luego voltearse a golpear la caja, desesperado, con el martillo y el desarmador a forma de palanca.

—Ve a cambiarte. ¿Qué esperas? —ordenó a Sakura, señalándole el probador, mientras miraba su Montblanc y le tomaba el tiempo, dándole a entender que casi era su hora de entrar a trabajar oficialmente.

Ella entendió la indirecta al vuelo y se apuró a cambiarse.

Para cuando salió, se quedó estupefacta al encontrarse con la sorpresa de un hombre muy alto, con una gabardina y sombrero negro, parado en la entrada. Tenía aura de matón a sueldo. Le recordaba a esos mafiosos de los años 20's que salían en esa serie de Los Intocables, con ese tipo Ness; sólo le faltaba la metralleta para estar completo.

—Kakuzu, bienvenido —dijo aburrido, Sasori.

—Nada de bienvenido, vengo por el dinero que debieron haberme dado el día de ayer —reclamó enojado.

Sasori exhaló, señalando la caja que aún trataba de abrir Deidara con más desesperación y urgencia en cuanto vio a su contador.

—¡Todavía no la abres! A ver, quítate —lo empujó a un lado, tosco, mandando a volar al rubio con relativa facilidad.

—¡Qué! No, Kakuzu no la…

¡Crack!

Demasiado tarde, el martillo cayó poderoso en manos del contador, destrozando la pobre maquina, que no tuvo ninguna oportunidad ante un hombre que jamás permitiría que absolutamente nada ni nadie se pusieran en medio de su amado dinero y él. Muerto antes que eso.

—¡No! —chilló Deidara histérico, llevándose las manos a la cabeza, negando— ¡Eso saldrá de mi sueldo!

—Cállate —mandó su compañero—. No seas reina del drama, es tu culpa. Sabes cómo es Hidan y a ti se te ocurre ponerte a jugar con la registradora.

El rubio ya no escuchaba, sólo lamentaba en un silencio poco habitual en él por la pérdida que tendría que pagar. La caja quedó por completo aplastada, parecía que una aplanadora pasó sobre ella en vez de un simple martillazo.

Sakura todavía estaba con los ojos como platos, pasmada por semejante demostración de fuerza bruta.

—¡Qué bárbaro! —exclamó admirada, ganándose la mirada de desconfianza del contador mafioso, una como siempre indiferente de su jefe Vampiro, y una abatida de Bom-bom, que para asombro de todos, fue a abrazarla.

—¡Rosadita, tú eres la única que me comprende en esta lugar de locos! —se quejó, mirando feo a Kakuzu y a Sasori.

—¿Qué haces?, ¡suéltame! —trataba de quitárselo de encima sin éxito.

—Me recuerdas tanto a mi hermanita Kurotsuchi —decía sin atender las exigencias de Sakura por que la soltase.

Ambos hombres que presenciaban el espectáculo rodaron los ojos, fastidiados con los dramas del blondo e ignorando a la victima actual de sus berrinches. Kakuzu se despidió, satisfecho ahora, con los cheques en mano, advirtiendo que para la próxima vez no toleraría retraso alguno.

—Deidara, deja de atormentar a la empleada de una buena vez ¿No tenias planes para esta tarde con Tobi?

El rubio la soltó en el acto, girando los 180 grados al recordar sus planes, y luego salió con premura del local, sin despedirse.

Era asombroso el poder que tenía Sasori sobre su camarada.

"¡Los poderes de hipnosis de los vampiros son reales!". Ella todavía sospechaba que era uno del bando de los No-Muertos. Aunque por alguna razón el nombre de Tobi le sonaba de algún lado, no era un nombre muy común.

Respiró hondo para recupera el aliento y agradecer a su salvador, que la veía fijó de arriba abajo. Se sonrojó por la intensidad del escrutinio, sintiendo sus ojos miel sobre su menudo cuerpo. Se sentía demasiado expuesta ante él, y su corazón rebelde no ayudaba mucho. Podía sentir su palpitar hasta en los oídos de lo fuerte que era.

Traía un pantaloncillo corto negro, con una playera de algodón rosa palo, de un recatado cuello de columpio, y mangas dolman que se ajustaba a sus caderas.

—Te queda bien esa ropa, veo que atendiste mis sabios consejos—aprobó, solemne.

Ahora sí parecía tomate, trató de tomarse el cumplido con sencillez, poniendo una mueca que simulaba una sonrisa, sin éxito. Decidió ponerse a laborar de una buena vez, en vez de quedarse parada a mitad del lugar como una tonta.

"¿Qué tenía que hacer? —Buscaba alguna distracción— ¡Ah, sí! Tengo que recoger lo que queda de la registradora". Miró los pedazos con gran interés. A su vista, en esos instantes, eran como el mismito santo grial. Súper fascinante, ¿verdad?

Se puso en ello, el silencio que se produjo dio paso a la comodidad, dejando a Sakura con una placentera sensación.

Seguía pensando en el nombre de Tobi, el gusanito de la curiosidad le picaba.

—Tobi es la pareja de Deidara —respondió simple, sin despejar la vista de su lectura, restándole importancia.

Una vez más con lo mismo. Se acababa de dar cuenta que había hablado en voz alta. El silencio se hizo de nuevo hasta que de pronto, así de la nada, le vino la iluminación.

—De mera casualidad, no era Obito Uchiha el Tobi del que hablas —no era una pregunta, era más bien una sospecha.

—Sí, ¿lo conoces? —Sasori desvió un poco la mirada de su preciado libro.

¿Qué se lo conocía? ¡Claro que sí!, era el primo del Innombrable, por algo le sonaba. Se tapó la boca de la sorpresa y miró a su jefe, que tenía la ceja alzada, ahora, con toda su atención en su pequeña empleada.

—P-Pero yo pensé que tú y él… Él y tú…—no siguió con sus balbuceos al darse cuenta de su terrible estupidez, se quedó paralizada.

Sasori se cruzó de brazos, incomodándola con su inescrutable mirar.

—Pensaste de Deidara y yo estábamos juntos —afirmó con calma, una con la que la aterrorizó, haciendo que tragara grueso.

Casi podía oír como chillaba a sus adentros, estaba tan avergonzaba y asustada como un pequeño cachorro a mitad de una tormenta. Decidió jugar un poco con la pobre incauta.

—Pues si él, es mi amante —respondió de forma casi íntima, con suaves y aterciopeladas palabras. Era por completo provocativo.

A Sakura casi le da un infarto por la confesión. No es que fue homofóbica o algo así, pero es que cuando alguien te dice algo tan descardo de esa forma pues…pues, pues ya no sabía ni que pensar o hacer, o mirar.

Se dibujó una muy sincera sonría en el rostro de Sasori, que casi parecía que se transformaría en una limpia carcajada.

—Eres tan ingenua —remató, viéndola con algo muy cercando a la compasión, aún no llegaba a ese punto. Había encontrado un mórbido placer al molestarla, tal vez este sería su nuevo pasatiempo.

Sakura lo miró con una mueca de enfado y los cachetes inflamados por el enojo. ¡Otra vez le estaba viendo la cara!

—¡Te burlas de mí! —dijo con voz chillona y pastosa. Estaba tan avergonzada que no sabía ni dónde meterse.

—Por supuesto que me burlo de ti —el cinismo de siempre la desarmó por completo, una vez más.

Su semblante cambió a uno afligido de pronto, y se compadeció un poco al verla así. Después de todo, su abuela le había enseñado a ser amable y bueno con la mujeres, sobretodo cuando están vulnerables. Esa vieja terca le echaría la bronca si lo viera ahora y lo haría sentir culpable, diciéndole algo así como: «Yo no te eduqué para ser un patán».Ya oía sus reclamos en su mente.

—Tranquila, no te aflijas, no estoy enojado.

Ella lo vio con esperanza, quería ver si era sincero y no otra de sus tretas, para su sorpresa, se le veía sincero.

—Perdona, yo no debí ser tan indiscreta, siempre me meto en problemas por abrir mi boca sin pensar —dijo reconociendo su error.

—Está bien, pero que te quede claro que no somos pareja sentimental ni nada parecido. Aunque lo intentamos —remató casual. Se le escapó un poco de veneno, no pudo evitarlo, era divertido meterse con ella.

—¡Oh! —exclamó fingiendo molestia. Esta vez sí entendió que lo último no iba en serio.

Después del pequeño incidente, todo volvió a estar tranquilo de nuevo, ella a lo suyo y él, igual.

Observó de reojo a su jefe, que estaba sentado en su "gran trono", ojeando un libro con mucho interés, con su larga pierna cruzada en forma de escuadra sobre la otra. Una forma que le pareció muy varonil, esbozado en su pantalón gris perfectamente planchado y con las líneas bien marcadas, su camisa blanca de lino, con los dos primeros botones desabrochados, con las mangas recogidas hasta un poco por encima de los codos y su chaleco de tartán café. Todo el conjunto le daba un aire casual pero bastante elegante.

(* *)

Le pareció un hombre atractivo ahora que lo veía tranquilo, limpio de su lado tétrico y apartado de su cinismo habitual. De esa forma tan pacifica, hasta parecía un ser humano. Después de un rato, decidió pararse y sacó un viejo disco de acetato y lo colocó en un fonógrafo que no había notado hasta ahora. La música comenzó sonar al principio suave, sutil, con un conjunto de cuerdas y piano para después dar lugar a la vivacidad de la trompeta. Reconoció la canción enseguida, era su favorita.

La vie en rose —susurró al instante, interpretada por nada menos que por Louis Armstrong.

—Sí, lo es —informó concentrándose en su libro de nuevo—. Estoy investigando para mi nueva colección.

—¿La canción o el jazz? Porque si es la canción, prefiero mil veces a Edith Piaf —dijo emocionada, con las manos entrelazadas y aire soñador.

—No, el jazz —contesto, viéndola interesado—. ¿Te gusta Edith Piaf?

—¡Ay, sí! Me encanta. La vie en rose es mi canción favorita —suspiró, esperando que algún día sintiera un amor así de bello como la canción—. ¿Por qué lo preguntas? —su curiosidad atacó.

—Es que se me hace algo raro que sepas de jazz y de Edith Piaf.

Sakura lo miro confundida, sin entender.

—Por tu edad —señaló tan directo como siempre.

—¡Oh, eso! Bueno, mi padre es aficionado al blues y al jazz. Lo de Edith Piaf, pues la conocí por mi abuela y me enamoré de su música, de sus canciones. Su letra llega.

—Sí, era una mujer con mucho talento, también es la favorita de mi abuela.

Ambos quedaron en silencio, cuando comenzó a cantar.

Miel y jade se cruzaron sin inmutarse, dejando que la voz de Armstrong los invadiera.

Hold me close and hold me fast…

Se estaban dejando se llevar por el jazz.

The magic spell you cast…

En ese breve instante, sus corazones y mentes se sincronizaron de una manera íntima.

This is la vie en rose…

Fue algo extraño. Un sentimiento desconocido para ambos, era parecido a la complicidad de dos personas que se conocen hace tiempo y no necesitan decirse nada más para saber uno del otro.

La música siguió su curso, atravesando los sentidos de ambos con su aire melancólico, pero a la vez dulcificado con las bellas palabras que lo adornaban.

Give your heart and soul to me…

De pronto, se sintió como si estuviera en otro lugar apartado del mundo, era un lugar donde solo estaban ellos dos.

And life will always be…

Jamás apartaron sus ojos del uno al otro.

La vie en rose.

La canción concluyo, pero aun continuaba el hechizo.

La campanilla de la puerta sonó rompiendo por completo la burbuja de pronto, trayendo consigo la realidad, distrayendo a Sakura, que giró para dar la bienvenida a posibles clientes, aún estaba algo ida por el singular momento de hace un rato.

"¿Qué fue eso?",su corazón latía a mil por hora.

Ambos vieron la puerta con gran interés, sin embargo fue sólo el viento el que hizo que la puerta se moviera, haciendo que la campana sonara.

El resto de la tarde transcurrió tranquilo y Sasori la dejó salir un poco más temprano. No creía que fueran más clientes, los martes era un día flojo.

Estaba comenzando a ponerse oscuro, sin embargo no importaba, Kohona era un lugar bastante seguro y se regresaría en camión, como el fin pasado. Aunque no contaba con que alguien la estaba esperando en el camino.

Encontrárselo en la escuela es algo normal, iban en la mismo instituto y en el mismo grupo, pero en la tienda, eso si ya era muy raro. Decidió pasarlo de largo, hacer como si no existiera. Simple.

"Valor Sakura, valor".

Todo iba muy bien hasta que sintió que alguien la cogía por el brazo, volteó para encarar a quien sabía que era el culpable.

No dijo nada, no había nada que decir. Lo miro dura, sin expresión, ahora estaba molesta.

—Sakura —nombró, dando él el primer pasó.

—¿Qué quieres? —sonó más ruda de lo que pretendía— Primero me dices que no me soportas, que me quieres fuera de tú vista porque estas harto de mí y ahora eres tú él se aparece en todas partes, acosándome. ¿Qué pretendes? —soltó con toda su ira reprimida, golpeado el piso con su planta derecha, impaciente.

—Yo…—le costaba trabajo escupir las palabras que había venido pensando en el camino— quiero…

—¿Sí?

—Quería disculparme, yo no debí haber dicho… eso —escupió con trabajo. Le costó decir eso, se le notaba bastante.

—¿Querías o quieres? —regaño, no iba a caer en la trampa de la falsa disculpa.

El silencio como siempre fue su respuesta, sabía que no iba a obtener nunca una respuesta directa de él. Era lo más que le daría.

—La disculpa esta aceptada —repuso mortalmente, seria y fría.

—Volverás a tú asiento —no era una pregunta, era más como un tipo de orden muy bien disimulada.

—El perdón aún está pendiente.

Su agarre aumento un poco ante la respuesta. No esperaba algo así, creía que todo volvería a ser como antes. Una vez que se «disculpara», ella lo perdonaría como siempre y todo estaría bien.

A través de los años, siempre le había hecho algún tipo de desplante, pero Sakura siempre lo perdonaba con una sonrisa sincera.

—Señorita Haruno —llamó desde la esquina su jefe, asomándose desde su auto, con la puerta abierta.

—Me tengo que ir, me sueltas —agradeció tanto a su jefe-casi-vampiro por ser tan oportuno al pasar. En cuanto fue libre, se fue a encuentro con paso veloz.

Se subió sin mirar atrás, se colocó el cinturón de seguridad, cerró la puerta y de inmediato el jaguar arrancó de manera tan suave que ni se notaba el motor. Nunca había estado en un auto tan elegante y caro, era de un precioso color gris cromado.

—Gracias —dijo cuando se encontraban a un par de cuadras más adelantes. Estaba algo confundida, pero no por su encuentro con El Innombrable, sino por lo ocurrido con su jefe. Y se dio cuenta de que de repente Sasuke Uchiha, alías El Innombrable, a esas alturas estaba en segundo plano.

—De nada —contestó, dejándolo correr como algo sin importancia. No iba a preguntarle nada, eso no era su asunto. En cambio, le preguntó donde vivía, para irla a dejar.

—No es necesario, es…—no la dejo continuar.

—Insisto, no me cuesta nada dejarte —su tono dejaba en claro que no iba a aceptar una negativa por respuesta.

Sakura se rindió, dándole la dirección de su casa, hundiéndose más en el confortable asiento. Era bien acolchado, tal y como le gustaba.

—Lindo auto —comentó para hacer algo de conversación en el trayecto.

—Lo es —el orgullo se notaba en su voz. No contestó el «gracias» que normalmente diría una persona normal. Esta repuesta rayaba en lo arrogante—. Este es un Jaguar XJ del 2008, me llevo algo de tiempo conseguirlo, pero lo logré, y lo conservo en optimas condiciones con todas sus piezas originales…

No cabe duda del fuerte vínculo que une a un hombre y su auto, es algo sagrado e irrompible. El resto del camino, Sasori se la pasó platicando de lo maravilloso que era su amado carro, al cual sólo faltaba que le pusiera nombre y empezar a llamarlo «mi amor» para que estuviera completo.

Fue una faceta muy diferente y hasta algo graciosa verlo tan emocionado, contándole las características y grandes virtudes del vehículo de sus sueños.

Cuando llegó a su casa, le agradeció una vez más, pero ahora fue por recatarla —para variar— de una situación incómoda que por el aventón. Con esa ya eran dos veces, sin contar que no le preguntó por el pequeño incidente.

Se preguntaba cómo es que Sasuke la había encontrado, no es que fuera un secreto que estaba trabajando, pero la dirección solo la sabían sus padres e Ino. También llegó a la conclusión de que algo en ella estaba cambiando de forma radical.

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N/A: Ahora te dejo la versión original de La vie en rose: http:/ /www. youtube. com /watch ?v= 0g4NiHef4Ks (Este es de Edith Piaf)

En mi Lj que está en perfil están las dos versiones de La vie en rose con sus letras traducidas si desean verlas.

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Bueno muchas gracias a las chicas por sus comentarios. Algunas de las respuestas a sus inquietudes ya están respondías en este capítulo.

Las chicas que me dejen comentarios y no tienen cuenta, y desean que les responda pongan su correo separado y todo con letras por que ff lo quita sino.

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Bueno hasta la otra. Ya saben que todo tomatazo o flor es recibida, porque si ya llegaste hasta aquí nada te cuesta comentar.

Gracias por leer.