Capítulo V
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Un estruendoso «¡Sakura-chan!» llegó a sus oídos, sacándola por completo de su letargo. Estaba pasando una tarde más en su trabajo. Se volteó rápida a la puerta y se encontró con la grata sorpresa de hallar a sus amigos, y la otra no tan grata de percatarse de que traían a un extra.
Estaban parados en la entrada, con una Ino muy enojada, la cual regañaba a un Naruto algo avergonzado por el escándalo; un Sai que miraba con interés, y un Innombrable que se veía, como siempre, con el ceño fruncido. Pero, ¿la estaba viendo, acaso? Otra vez con ese mirar tan intenso que la incomodaba. No lo había tratado desde su encuentro anterior, de hecho, ahora que se lo pensaba, ni siquiera lo había notado; estaba más ocupada en vivir su propia vida que estar al pendiente de él.
—Hola —dijo en general para recibirlos.
—Hola, frentona —contestó Ino alegre, mientras le echaba un vistazo al lugar—. ¡Es una tienda genial!
La ropa que veía a su alrededor la llamaba poderosa, y su monedero le quemaba para que lo abriera. Comprar era una de las cosas que más le gustaba hacer; fue directo a la zona de vestidos de Sasori, acompañada de su novio.
Naruto, por su parte, pensaba que era un lugar muy extraño, y su cara lo demostraba claro, más no dijo nada por las poderosas miradas de advertencias que Ino le echaba de vez en cuando y porque no quería hacer enojar a Sakura.
—Sakura-chan —fue a ella con ojitos de cordero—, hace mucho que no te veía, te extraño —la abrasó tan fuerte que casi le quita la respiración.
—Pero Naruto, si nos vimos hoy en la mañana, no seas exagerado —contestó, tratado de liberarse del agarre de su amigo, inútilmente.
El rubio negó enérgico con la cabeza.
—Sólo nos saludamos, tú te fuiste a tu clase y yo a la mía. Extraño los viejos tiempos donde estábamos todos juntos en la misma clase. ¡No es justo que nos separaran! Deberás.
Sospechando a donde quería llegar su amigo, se cruzo de brazos. Para su buena fortuna, ya la había dejado de abrazar.
—¿Qué apunte te hace falta, ahora? —afirmó.
—Conversiones en tercer grado —contestó el rubio algo tímido, mirando para otro lugar como no queriendo la cosa, rascando su cabeza.
Negó diciéndose a sí misma que Naruto era un caso perdido en matemáticas.
—Lo siento Naruto, pero le presté mis apuntes a Suigetsu —se disculpó, ya que normalmente sólo le prestaba sus valioso apuntes a Naruto, y de vez en cuando a Ino— ¿Por qué no se los pides a Hinata? Ella va en tú clase y las matemáticas se le dan bastante bien.
—Pero Sakura —dijo en tono confidencial, acercándose a ella un poco más— Es que Hinata es un poco rara, siempre se desmaya cuando le hablo.
Lo palmeó una cuantas veces por la espalda mientras se preguntaba cómo es que podía ser tan distraído para no darse cuenta que Hinata estaba loca por él.
—Pues, entonces, tendrás que pedírselas a otro —contó mientras iba a ver cómo iba Ino con sus posibles compras, dejando a un Naruto decaído, que para su enorme pesar tendría que recurrir a su última opción.
Sus azules ojos fueron a su última y no tan deseable opción.
El aludido, que hasta el momento se había apartado a un cómodo rincón, sintió un escalofrió ante la mirada tan decidida de su amigo.
—¿Cómo vas? —preguntó Sakura a Ino.
—Bastante bien —la felicidad la embargaba mientras escogía posibles conjuntos que le pasaba a Sai para que los apartara. Su sonriente novio sólo recibía y recibía prendas sin quejarse, hasta que su rostro quedo oculto detrás de una montaña de ropa que lo cubría y sólo se le veían sus largas piernas.
—¿Pensé que sólo ibas a venir tú? —comento casual, tratando de restarle importancia. No le gustaba la idea de tener al Innombrable en la tienda.
—Sí, pero le dije a Sai que iba a venir y quiso venir, y, bueno… ya sabes que Sai y Naruto son amigos —sabia perfectamente que Sakura se sentía incomoda con Sasuke en los alrededores. De hecho, se le hacía raro que Naruto nada más comentándoselo, él se haya pegado de buena gana a la excursión, eso era algo que no le comentaría a su amiga de momento. No hasta estar segura de qué pretendía el Uchiha, no quería que Sakura se ilusionara de nuevo inútilmente.
Eso respondía su pregunta de cómo es que la vez pasaba le había caído en el trabajo.
Sospechoso, no había otra forma de describir sus acciones tan particulares últimamente. Alzó la ceja, pensativa.
—¿Es tu jefe?—preguntó de pronto, queriendo desviarse del tema por algo más seguro.
Sakura miró a sus espaldas y se encontró una vez más los ojos miel de su jefe, que la hicieron sonreír con alegría. La hacía sentir más segura, y opacaba la penosa presencia de Sasuke, haciendo que se olvidara que estaba en el local.
Afirmó, distraída, contemplando a Sasori.
—Es guapo, tienes razón, no parece pasar de los veintitantos —dijo pícara, al notar el gesto de felicidad y ese brillo especial que se hizo Sakura al verlo.
Río nerviosa, mordiendo su labio inferior.
—Es bien parecido —atinó a decir con un ligero rubor.
Ino miró muy interesada en las expresiones puestas, algo nuevo comenzaba a cocerse en su amiga sin duda alguna.
Naruto y Sasuke se fueron pronto de la tienda, despidiéndose de Sakura. Bueno, en realidad sólo Naruto, ya que Sakura evitó al otro con gran maestría, concentrándose una vez más en su trabajo de atender a los clientes. En este caso, a Ino, que aún no terminaba de probarse los conjuntos que escogió; además de modelarlos con gran habilidad a su novio, que solo respondía:
—Ino, te ves muy guapa con lo que te pongas, especialmente en traje de baño, o mejor en lencería. ¿Sabes?, después deberíamos ir a una tienda de lencería —concluía con su típica sonrisa, que no se sabía si hablaba enserio o no.
Tanto Sakura como Sasori rodaron los ojos ante semejante respuesta.
—Y yo me quejaba de mis amigos y conocidos —le comento su jefe a su lado.
—Ni que lo digas, se están comportando.
Al final, después de que Ino y su un tanto raro novio se retiraran, a Sakura le entró con fuerza el hambre. Los gruñidos molestos de su estomago la delataban, eran como los de un wookiee* enfurecido peleando contra el Imperio. Sasori, cansado de las incesantes quejas de su vientre, decidió que ya era hora de irse a comer algo.
—También tienes hambre, ¿verdad? —lo acusó con los ojos entrecerrados, a lo que Sasori respondió con una sutil mirada de «no me retes, niña, o te despido».
Fueron a un pequeño restaurante un tanto informal de las cercanías. Se sentaron cerca de una ventana y ordenaron.
Sasori pidió un café negro bien cargado y una ensalada de pollo con verduras, mientras que Sakura ordenó una ensalada de atún a la vinagreta dulce y un refresco de cola.
—¿Era tú novio o algo así? —soltó de pronto.
—¿Quién? —le sorprendió mucho la repentina consulta.
—El tipo mal encarado que no dejaba de mirarte y, creo, no estoy seguro, que deseaba golpearme. Creo que no le gusta que trabajes.
Tan negada estaba en ignorar al denominado Innombrable que ni había notado eso.
—Para nada —la decepción se notaba en su voz, quería dejar atrás todo ese asunto de una vez—. Él era el chico que me gustaba.
Sasori alzó la ceja y sorbió un poco de su café.
—¿Era?
¿Debería aventurarse a contarle? Quería contarle a alguien lo que pasó, era un paso para poder sacarlo de su sistema por completo y recuperarse. Y aunque llevaba poco tiempo conociendo a su jefe, sentía que podía confiar en él. Estaba segura que no la juzgaría ni se burlaría o, peor, le miraría con lástima. Eso era algo que no podía soportar.
—Sí, él me rechazo de una forma muy…—estaba buscando la palabra correcta, se decidió por la más simple y meno hiriente— fea.
Calló un momento, viendo a la gente pasar por la ventana, él espero a que continuara.
—Se llama Sasuke, Sasuke Uchiha. Nos conocemos desde los seis y desde ese tiempo yo…Él siempre me había gustado. Siempre hice lo posible por agradarle, de acercarme y poder ser su amiga; de llamar su atención —su voz fue bajando de intensidad—. Yo quería estar con él y siempre hice todo lo posible para demostrárselo. Nada funcionó. Lo que me dolió más que el rechazo, fue la humillación al darme cuenta en ese instante que esto era todo, que ya no podía hacer nada más por acércame a él. Fue muy doloroso.
—Tú orgullo esta herido —afirmó, pero aun así Sakura contestó.
—Sí, también estoy muy decepcionada. Yo quería que él supiera lo que siento porque era muy feliz con eso, creo que el cariño y el amor es mejor decirlo que callarlo. En silencio no te sirve de nada…pero…
—También duele mucho cuando las cosas salen mal —terminó Sasori por ella.
—Decidí por mi propio bien sacarlo de mí, me hace mucho daño seguir con esto. No puedo más, estoy cansada. Tengo que tener el valor de afrontar la realidad, y es esa, Sasuke no me lleva a ningún lado por más que lo intente.
—A eso se le llama crecer, Sakura, sólo estas comenzando a madurar. Ya sabes el dicho: lo que no te mata, te hace más fuerte.
Lo miró agradecida por escucharla, además, la había llamado Sakura y no «Señorita Haruno», como acostumbraba. Era lindo escuchar su nombre en sus labios, en su voz.
—Cuando hablas así hasta pareces humano —comentó sin querer, su traicionera legua se soltó para hablar de nuevo sin pensar.
—¿Humano?
Volteó para evitar su mirada, pero eso no quiso decir que su poderosa presencia le instigara a contestar.
Tuvo que rendirse.
—Es…Es que no aparentas tú edad, eres algo aterrador y luego te quedas mirando a la nada como si estuvieras en trance. En esos momento me pregunto si sigues en el más acá o ya te fuiste al más allá.
—¿Aún sospechas que soy un vampiro o algo así? —la burla era muy notable en su voz.
—Pues…—tomó de un gran sorbo de su refresco para evitar contestar.
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Dos meses habían pasado volando entre la escuela y su trabajo. Cada día que pasaba pensaba menos en Sasuke y más en su jefe, hasta que llegó a la conclusión de que Sasuke ya no era nada para ella, si acaso un conocido, y que Sasori llamaba su atención más y más, entre mejor lo conocía aumentaba ese algo que la atraía.
Como el día que le preguntó por qué la tienda tenía ese nombre tan extraño.
—¿Extraño, dices?
—La Casa Explosiva de las Marionetas es muy raro. No tiene el nombre de un local de ropa de moda exclusiva.
Él lo meditó un momento.
—Es que a mí me gustan las marionetas y…bueno, conoces a Deidara. Juro que entre él y Tobi van a destruir la tienda un día de estos.
Sakura le dio toda la razón, su relación sí que era la más extraña y fuera de lugar que había visto en su vida. Primero estaban juntos, luego Deidara mandaba a volar a Tobi por empalagoso y huía como fuera de él. Luego venían los días de paz donde todo era tranquilo, pero esos eran precisamente los días en los que el blondo de su jefe extrañaba mas a Tobi; se deprimía bastante y ni hacer volar la caja registradora lo alegraba. Finalmente, se rendía y llamaba a Tobi para tener una reconciliación de lo más apasionada —decir que se comían el uno al otro era poco—, y de esa forma el ciclo interminable de romper y regresar seguía su curso.
—Claro, lo de Deidara tiene sentido, aunque lo de las marionetas…—dejó la frase al aire y miró el lado de la tienda de Sasori— ¿Por qué usas marionetas en vez de maniquíes?
—Es que yo las hago por mero pasatiempo, mi abuela me enseñó. Además, llama más la atención una marioneta que un maniquí —contestó como si fuera lo más obvio del mundo.
Su empleada abrió los ojos con gran sorpresa.
—Eres toda una cajita de talentos.
—Claro que sí, yo soy un genio —respondió el nada modesto hombre, con su sonrisa siniestra.
—Y sin nada de humildad —remató algo sentida.
—Pues claro, no trabajo tanto para que nadie lo reconozca. Yo sé que mi trabajo es bueno y de esa forma perduraré por siempre. Soy alguien famoso aunque no lo creas.
Ella lo miró con la ceja alzada y esa mirada de «sí, claro, como no» y «como tú digas».
—Y tú, ¿qué deseas ser?
—Doctora —no había duda en su voz—, como mis padres, me gusta ayudar a la gente.
—Se nota. Siempre viene tu amigo ese con cara de zorro a gritar y a llorar por toda la tienda que le prestes tus apuntes.
Sakura lo miró con pena. Naruto era tan reina del drama como Bom-bom, era una suerte que Sasori fuera tan paciente y desinteresado en ese aspecto. Lo que tenía a su favor es que ella también aguantaba al dúo dinámico que eran sus jefes sin problema alguno, y era su vendedora estrella en palabras de Deidara. Es decir, había durado los dos meses. Se lleva bastante bien con sus jefes y sus estrambóticos clientes. Todo viento en popa.
—Bom-bom tampoco se queda atrás con eso del escándalo —se defendió sin pensar, nunca le había dicho a algunos de sus jefes por el apodo que les puso. Demasiado tarde, se dio cuenta de su error.
El hombre frunció el ceño y se cruzó de brazos expectante, esperando una respuesta.
Sakura de pronto se sintió muy pequeñita por el aura intimidante de Sasori, no la iba a dejar en paz hasta que le explicara. Su terrorífico jefe ya le tenía la medida bien puesta. Miró a otro lugar, moviendo su cuerpo de un lado al otro, fingiendo inocencia.
—Señorita Haruno —le llamó la atención firme, quería una respuesta.
Ella suspiró dándose por perdida, él siempre ganaba. Cerró los párpados decaída, mirando al suelo para contestarle.
—Bom-bom es… el jefe Deidara, porque siempre hace explotar las cosas y por ser algo ruidoso —hundió su cabeza como un ave, tratando de esconderse, sabía que venía a continuación.
—¿Y?
Lo miró con los ojos bien grandes, reflejando inocencia, la que se usa de: «yo no hice nada, el plato se cayó solo», que había aprendido de Deidara, pero no cedió. Eso no funcionaba de ninguna manera con él, era inmune a las caritas tiernas e inocentes y a todos los pucheritos del mundo.
—¿Y qué? —contestó, haciéndose la desentendida con un tierna sonrisa. Los poderosos ojos miel de Sasori no cedieron ni un milímetro, eran por completo exigentes, sin dar tregua alguna. Ahora tenía los brazos en jarras y la ceja alzada, era la última advertencia. Tragó grueso, armándose de valor.
—El jefe Vampiro, Amo del Inframundo y Rey de lo Extraño es…es… Bueno, eres tú.
¡Por fin! Ya estaba, lo dijo en su cara y sin censura, como algunas veces soñó hacer para ver qué cara ponía pero no hallaba el valor ni el momento para hacerlo.
El tenebroso silencio se hizo presente, se animó a echarle un ojo para ver su expresión. Era como la de una de sus marionetas-maniquí de esas que tanto gustaba y hacia él mismo. Sin vida, como si el alma se le hubiera ido del cuerpo por la boca, la cual, por cierto, la tenia bien abierta. No esperaba una reacción así.
Algún regaño, aclaración, después un contra-ataque mortal; era para lo que se había mentalizado.
—Amo del Inframundo y Rey de lo Extraño me gusta cómo suena —murmuró al verla con una mirada que no le había visto jamás, era intensa, hasta la hacía temblar de la emoción—, pero ya te he dicho antes que no soy un vampiro y que sobrevivir de tragar sangre me parece algo muy repugnante —contestó por fin, después de un lapso que le pareció bastante largo a Sakura, ahora sí estaba su jefe de regreso.
—¡Es que no puedo creer que tengas treinta y cinco años y te veas demasiado joven! Es un insulto.
—Me lo tomaré como un halago de tu parte, pero ya que estamos en esas, tú también eres una traga años, no pareces tener los quince casi dieciséis de los cuales estás tan orgullosa. Te falta algo —miró directo a su pequeño busto.
Ella enrojeció, tapándose de inmediato y volteándose por completo para ocultarse de la vista de Sasori. La estocada había dado en el blanco.
—No te sientas mal, a muchos hombres les gustan las planas con buen trasero —ahora miraba en esa dirección con una sonrisa de lado, en señal de triunfo, para rematar su ataque mortal antes mencionado.
Sakura cubrió su retaguardia con la otra mano y frunció el seño en señal de disgusto.
—¡Oye! —el aludido solo se encogió de hombros, sin darle importancia.
"¿En realidad pensaba que tenía buen trasero?". De alguna forma un tanto extraña, el oírselo decir la halagaba. Lo miró de nuevo con gran interés, últimamente se le quedaba viendo mucho.
"¿Será que me gusta?".
Pensó mucho el resto de la tarde, contando los síntomas: su corazón latía con mayor velocidad cada vez que lo veía, lo miraba todo el tiempo cuando estaban juntos y cuando no pensaba en él constantemente. Las raras veces que decía su nombre en vez de la formal «Señorita Haruno», sentía que su corazón saltaba de alegría. Sus rarezas la incitaban, su aspecto de vampiro que tan raro le pareció en un principio ahora lo veía atractivo. Estaba algo confundida al respecto, no conseguía definir que era exactamente lo que pasaba.
Era huraño, cínico, distraído cuando las cosas no le importaban, antisocial, frío y malicioso en ocasiones. Sin embargo, era un extraño tipo de caballero andante que la salvaba en los momentos malos, que la hacía olvidarse de sus penas y la escuchaba cuando lo requería sin juzgarla, era la mano que la ayudaba a levantarse cuando caía y la que la detenía cuando estaba a punto de tropezar.
Pero eso lo hace cualquier amigo, ¿o no?
Es que no podía gustarle un hombre que le lleva la veintena, como amor platónico está bien pero… ¡Es que solo tenía quince! No quería otra ilusión de amor destinado al fracaso en su lista.
Además, él no la veía más que como su empleada que llevaba a casa porque se sentía responsable por su seguridad y le quedaba de paso. La mayor parte del tiempo la veía como una niña, lo veía en sus ojos miel cada vez que lo miraba a la cara.
Tal vez sólo estaba deslumbraba por él, tal vez sólo sacó un clavo para sustituirlo por otro, e Ino no ayudaba mucho que digamos con su dilema. Ambas estaban en una fuente de sodas atestada a esas horas. Era su día libre y hacía tiempo que no salía con Ino. No le apetecía estar el resto de la tarde sola en casa, para variar.
—Tú jefe es bastante guapo, ¿no lo crees? —decía picada de la curiosidad con la respuesta de Sakura.
—Supongo que sí —estaba bastante desanimada.
—¡Mira! También sale en revistas de moda, salió en la Vogue de este mes —con la revista en mano, señalo el artículo.
Casi, casi le arrebató la revista de las manos para ver mejor. En efecto, eran él y Deidara, asomando su cabezota en cada toma con una gran sonrisa.
Con franqueza, estaba muy impresionada, ahora comprendía cuando le dijo que era alguien famoso. Jamás le diría que lo vio, eso sólo de daba la escusa perfecta del «te lo dije», que en definitiva no quería escuchar, sería como darle su cabeza en bandeja de plata para que se metiera con ella como siempre hacía.
Sorbió con su popote un poco de su malteada de fresa con una lentitud pasmosa, sin poner atención a lo que le decía su amiga.
Seguía viendo el artículo con mucho interés.
—¡Sakura, me estas poniendo atención! —reclamó enojada la rubia.
Despertó de su letargo de un salto.
—Perdón, es que ando en otro lado hoy —se disculpó enseguida, tratando de concentrarse de nuevo en las nuevas noticias que le contaba.
Ino suspiró, negando con la cabeza y le repitió:
—Que Karin se salió con la suya y ahora anda con Sasuke. ¡Puedes creerlo! —esperaba ver alguna reacción de Sakura, pero nada de nada.
—Bien por ella —contestó indiferente mientras se preguntaba: ¿Qué estará haciendo Sasori ahora? ¿Dormir despierto? ¿Gritarle a Bom-bom por alguna supuesta incompetencia? ¿Lo estará amenazando con correrlo del departamento otra vez?... ¿Estará pensando en mí? ¡Qué tontería, claro que no!
Sonrió de lado con el mirar melancólico, imaginándose a Sasori descansando tranquilo leyendo algún libro como gustaba de hacer. Ino la miró con sorpresa, sin poder creérselo, la esperaba un poco triste o algo.
—¿No te sorprende? ¿No sientes nada al respecto? —se inclinó sobre la mesa para ver sus ojos mejor.
—No, nada —seguía pensando en Sasori: ¿Qué estará leyendo? ¿El gran Gatsby? Fue la última lectura que le vio en mano, ahora su nuevo interés era la época de los 20's que el jazz le había inducido meses atrás.
La rubia la tomó de la cara con las dos manos y la analizó.
—¿Ya lo has superado? —habló seria, aún después de tanto tiempo, Sakura no le había contado lo que hizo que se alejara de Sasuke.
—Sí —se sorprendió al decirlo en voz alta, era la confirmación total de que su purga estaba completa.
Fue a su malteada otra vez, pero para su mala suerte ya se la había acabado y pidió otra, esta vez de chocolate. Mientras esperaba, le contó a Ino la historia completa sin perder detalle de lo ocurrido. Estaba lista por fin.
—¡Ese bastardo! —exclamó furibunda en nombre de su frentona amiga.
—No importa, así es mejor —estaba tranquila al respecto de Sasuke, en lo que a ella le concernía era caso cerrado y sin posibilidades de reabrirse.
Su tarde de chicas concluyó poco después y cada quien se fue por su lado.
Iba caminando rumbo a su casa con gran tranquilidad, decirle a Ino y confirmar en voz alta lo de Sasuke era algo muy gratificante. Estaba comenzando anochecer y el fresco la invitaba a quedarse un rato más en esta quietud, no había mucha gente a estas horas y menos en lunes. Todo era calmo, y los faros encendidos comenzaban a inundar las calles, dándole un aspecto acogedor.
El sonido de una tienda de películas la llamó, estaban pasando, para su sorpresa, El gran Gatsby con Mia Farrow. ¿Es que acaso el universo le enviaba señales? Sasori le había comentado que deseada ver esa película pero por falta de tiempo no había podido conseguirla.
Ahora bien, ¿debería hacer caso de la señal tan clara como el agua que le estaban mandando o no?
¡Oh, que rayos! Entró al local y sin más preámbulo la compró para regalársela. Le gustaría bastante, estaba segura de ello. Eso sí, tendría que andarse con cuidado de no cometer el terrible error de creer que lo que sentía era algo más allá del gusto, él era muy bien parecido, pero igual Deidara o Naruto.
Sabía reconocer a un hombre guapo cuando lo veía, pero no por eso se iba a enamorar.
¡Eso era! Sólo le gustaba sin más, sin sentimientos de por medio, era un inofensivo gusto y ya. No estaba comenzando a enamorarse, ¿verdad? ¡Verdad!
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N/A: * Wookiee: Los wookiees son una raza de la serie de películas de la Guerra de las Galaxias, como Chewbacca XD Se me salió un poco mi fan de Star Wars al poner la palabra pero me gusta ;)
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Gracias por sus bellos comentarios. Me hacen feliz.
Bueno hasta la otra. Ya saben que todo tomatazo o flor es recibida, porque si ya llegaste hasta aquí nada te cuesta comentar.
Gracias por leer.
