Capítulo VI
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Sakura se encontraba en su trabajo una vez más. Hacía poco más de dos meses que no variaba la rutina en la Tienda de lo Extraño. En ese momento, se encontraba de cuclillas para limpiar los vestidores, específicamente los espejos. El jefe mayor los quería rechinantes de limpio, así que, con periódico en mano, estaba restregándolos con toda la fuerza que poseía para sacarles las manchas; en especial en las esquinas, las cuales siempre eran la parte más difícil. Las suciedades de esa zona se revelaban en su contra y no querían ceder un milímetro.
Frunció el ceño enojada y resopló para sacarse los mechones de cabello que le caían sobre el rostro, picándole la nariz.
—Maldita mancha. ¡Morirás, ya verás! —amenazó, furiosa, declarándole la guerra al moho.
Estaba en ello cuando un ruido a sus espaldas la sacó de su guerrilla privada. Se volteó con una mueca agresiva hacia arriba, desde donde la admiraba en su habitual silencio, el Rey de lo Extraño. No pronunciaba ninguna palabra, sólo la veía con unos ojos muy serios.
Sakura suavizó su rostro al momento, sin dejar rastro alguno de sus frustrados intentos con el espejo. Tragó saliva y se mordió el interior del labio inferior, en un intento de controlar sus locas mariposas, que revoloteaban sin cesar por todo su estomago, y que amenazaban con salirse por su boca de un momento a otro.
Apretó los puños, hasta que sintió un incómodo dolor como consecuencia de enterrarse las uñas.
"¿Qué estaba haciendo? ¡Qué rayos esperaba para hacer o decir algo!". La chica tragó grueso, esperando que algo pasara.
Ninguno de los dos hacia algo, y, claro, mucho menos ella. No es que no quisiera, era que simplemente no podía. El verlo así le quitaba el aliento, las fuerzas; se paralizaba por completo y estaba segura de que si trataba de usar su boca para decir algo, sólo saldrían balbuceos sin sentido que la dejarían en ridículo. Un ridículo que, estaba segura, no sería capaz de soportar frente a él.
Es que, ¿por qué tenía que estar así? ¿Que Sasori no veía que era demasiado para su libido? Tenía quince años, es decir, estaba en plena oleada hormonal. ¿Cómo podía ser tan maldito e inconsciente de los estragos que les causaba a las chicas jóvenes? A las adolescentes con muy poca experiencia con el sexo opuesto como… Eh… ¡Ella!
"¡Pero qué carajos!". De repente su jefe comenzó a acercarse.
Sakura cerró los párpados con fuerza al tiempo que inhalaba una gran cantidad de oxigeno para «tratar» de contenerse, pero lastimosamente todos sus esfuerzos se escurrían al suelo sin que ella pudiera recogerlos. Era tan condenadamente difícil concentrarse en otra cosa que no fuera su atractivo jefe.
"Control, control, control, control", se repetía como un mantra, aferrándose a la idea para ver si surtía algún efecto. Tenía la esperanza de que si lo hacía, tal vez pudiera mantener a raya todos sus impulsos, pero sospechaba que no serviría de nada una vez que abriera los ojos para confrontar la verdad.
De un momento a otro, soltó todo el aire acumulado en sus pulmones y se permitió alzar la vista.
Inconscientemente, sus pequeños labios rosados y sus expresivos ojos jade, se abrieron de forma inmediata al descubrir la poca distancia que separaba su cuerpo del cuerpo de Sasori. Podía sentir claramente su aliento mentolado golpeando su rostro, que le dejaba un una deliciosa sensación de calor y que recorría desde sus sonrojadas mejillas hasta la punta de sus pies, como si fueran millones de pequeñas hormigas que descendían por su piel y la dejaban sin aliento.
"¡Maldición!", pensó al verse frente a frente con él. Sus manos comenzaban a sudar a cantaros, parecía que el condenado Aquaman se había paseado por ahí con sus delfines, la marea de sudor amenazaba con convertirse en un maremoto si esto continuaba.
Sasori cogió con parsimonia los tres mechones rosados de cabello rebelde que yacían sobre el rostro de su empleada, y los fue acomodando detrás de su oído al tiempo en que acariciaba con delicadeza su lóbulo.
Sakura casi se desmaya y se dio cuenta que el maremoto que tanto temía ahora era un hecho a estas alturas, sus manos no dejaban de templar histéricas. Las apoyó en el suelo en un intento desesperado por calmar la catástrofe; por suerte el piso estaba frío y eso ayudó un poco, ya que la temperatura de su cuerpo estaba subiendo un par de grados, y no eran precisamente Celsius ni Fahrenheit.
Sentía que se estaba quedando sin oxigeno, tarde o temprano tendría que respirar o se desmayaría. Inhaló con fuerza, dejando que el aroma a freno y caoba de su jefe invadiera sus pulmones. Fue una experiencia casi embriagante, y jamás en su vida se había puesto ebria, sin embargo, presentía que ese ligero mareo que sentía quizá fuese algo parecido, porque en ese momento el suelo se le movía.
Ese era el olor a hombre que la volvía loca. Su corazón estaba a mil por hora, haciendo que su sangre corriera de arriba abajo, oxigenando todo su sistema, llenándola de energía, lista para dejarse llevar por sus más bajos y básicos instintos.
"Sharon Stone, apártate porque aquí voy", dijo un perversa voz salida desde lo más profundo de su ser, gruñendo al tiempo que afilaba sus garras.
Su cuerpo estaba en estado de ebullición. Burbujeando por todos lados, se relamió los labios de forma lenta, sus ojos jades adquirieron un brillo especial que dejaba atrás por mucho a la niña y dejaba paso a la mujer lista para atacar a su presa.
Él se inclino un poco más, dejando, si a caso, media pulgada entre sus bocas.
Sakura sólo tenía que acercarse un poco, sus labios lo estaba deseando con todas sus fuerza. Quería lo que tenía enfrente, lo único que tenía que hacer era inclinarse un poco y el encanto de besar lo prohibido sería suyo.
¿Podría ser capaz de probar su sabor como tanto necesitaba hacer?
Quizás. Lo deseaba tanto, y su mentecilla no ayudaba mucho a su estado.
"Sólo un poco más, sólo un poco más", susurraba la pequeña vocecilla que ronroneaba, animándola a tomar lo que deseaba sin importar qué.
¡Al diablo las consecuencias! Y qué si era veinte años mayor que ella, solo se vive una maldita vez en la vida y no iba a desperdiciar su oportunidad para obtener algo que nunca conseguirá de otro modo. Se preocuparía después por los reclamos y explicaciones.
Era ahora o nunca.
Y Sakura Haruno era un ser de hechos más que de palabras, se olvidó de todo y atacó con todo lo que tenía.
Se abalanzó con fuerza sobre Sasori y lo tiró al suelo. Enseguida, saltó su boca mientras aprisionaba sus muñecas contra la dura superficie del linóleo con sus manos; luego enredó sus piernas con las suyas cual serpientes, inmovilizándolo por completo mientras ella se regocijaba triunfante sobre él, en su duro abdomen.
Fue una salvaje dejándose llevar por las sensaciones que le producía sentirlo debajo suyo, degustado sus exquisitos labios que sabían a un bocado de cielo.
Mordió, saboreó y exploró sin ningún recato. Dominó en todo momento, actuó sin pensar. El mero instinto la guiaba y, lo mejor, disfrutó como si la vida le fuera ello.
Se separó de él al necesitar recuperar el aliento.
El pecho de ambos subía y bajaba con violencia intensa. Aflojó el agarre de sus manos y miró su rostro, expectante a su reacción.
Ella lo examinó a conciencia: su cabello rojizo estaba revuelto, sus ojos miel parecían más ambarinos con la pupila completamente dilatada, sus labios estaban rojos e hinchados y su piel seguía igual de nívea que siempre. No parecía enojado, más bien desconcertado.
Entonces, la realidad de lo que había hecho la golpeó de pronto como un balde de agua fría, haciendo que se sintiera por completo aterrada y, más que eso, profundamente avergonzada de su atrevimiento.
Sakura tragó grueso y se tapó la boca con ambas manos. Su cuerpo temblaba por la imprudencia que le habían acarreado sus acciones, las cuales no tenían perdón alguno. Se le hizo un nudo en la garganta y un yunque de veinte toneladas cayó doloroso sobre su estomago.
Instintivamente se hizo hacía atrás, se encogió y se abrazo a sí misma para protegerse de lo que vendría. Las lágrimas se acumularon peligrosas sobre sus orbes, haciendo resaltar del color jade de sus ojos, los dientes le castañeaban por el temor.
"¿Por qué tenía que ser tan idiota y arruinar todo?"
Cerró los ojos, dejando que dos pequeños riachuelos se deslizaran libres sobre sus mejillas, y giró su rostro; no podía verlo, le resultaba demasiado doloroso.
De pronto, sintió una ligera caricia en su mejilla derecha, limpiando con trémulo cuidado el lamento expresado.
—Mírame, Sakura —dijo la voz aterciopelada de Sasori.
Movió su cabeza y miró los ojos de color miel, buscando una respuesta a lo que pasaba, estaba confundida.
Él la tomó por la cintura, atrayéndola, y ella recargó su frente en el hombro masculino, aferrándose a su camisa por el pecho.
—Lo siento —susurró de forma a penas audible.
—Está bien —contestó su jefe, comprensivo, comenzando a acariciar sus cabellos rosados para consolarla.
La chica sintió el aliento tibio sobre su clavícula y se sintió aliviada, hasta que de pronto percibió un agudísimo dolor en su cuello. Trató de empujar con todas sus fuerzas para alejarse de él, le estaba haciendo daño. En breve notó que su vista se iba nublando y casi de inmediato el olor a óxido de la sangre llegó a sus fosas nasales. Levantó sus manos y las vio llenas que aquel liquido rojizo y pegajoso que era suyo. Él se la estaba comiendo a la fuerza.
Su vida se iba junto con la visión que se todo se volvía oscuro poco a poco, hasta que se desvaneció por completo.
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Jadeó desesperada por respirar y se despertó de golpe, mirando a todas partes muy asustada. Temblorosa, guió sus manos hacia su cuello para revisar que todo estuviera en orden.
Estaba en casa, en su habitación y, para ser mucho más específicos, se encontraba en su cama, con su pijama favorita y el Señor Rana Feliz a su lado.
Todo estaba bien.
Se llevó la palma izquierda al pecho, soltando de una bocanada el estrés acumulado.
Miró el reloj digital en forma de manzana que tenía en tanto terminaba de calmarse. Eran las dos de la mañana a penas, el cielo seguía oscuro y hacia algo de frío por el fresco de la lluvia. Cerró los ojos y se dejó caer sobre el colchón, jaló perezosa el edredón azul con nubecitas que tenía desde que recordaba y se cubrió. Su abuela se lo había hecho porque ella odiaba el frío con todo su ser. Prefería los climas cálidos como los de la playa. Amaba la playa, quería vivir cercas de ella un algún día. Quería un futuro con sol, mar y arena.
Su respiración se fue calmando y el susto empezó a medrar al pensar en su lugar feliz.
Era muy claro lo que pasó: Sólo tuvo un sueño, que después pasó a ser algo así como un poco lujurioso, y finalizó en una extraña pesadilla donde su jefe era un vampiro que deseaba extinguir su vida.
—Tal vez debería dejar de llamarlo así —consideró muy seriamente.
Por otro lado antes de eso, había…había fantaseado con atacarlo de una forma que jamás pensó que sería capaz de siquiera imaginar. No es que nunca hubiera fantaseado con algún chico, antes de Sasori estuvo El Innombrable.
Frunció el ceño molesta y resopló como la viva imitación de un caballo, negando una y otra vez, colorada.
Había tenido este tipo de sueños con dos hombres; bueno, un casi hombre y un hombre de verdad. Eso está mejor dicho en su opinión, pero jamás había sido tan intenso o ella tan agresiva.
Sakura se rascó la cabeza, pensando, tenía que analizar con mucho cuidado lo que acaba de pasar: en primera, tenía que haber estado en un estado de sueño rem muy profundo para recordar todo tan «vívidamente» con las sensaciones, la textura, el sabor, el aroma…
No pudo evitar suspirar y sentir el loco latido de su corazón, que volvía nuevamente a la carga al recordarlo todo. Pero sacudió la cabeza y trató de concentrarse una vez más.
En segundo lugar, en sus fantasías era la pasiva, tímida y delicada princesa del cuento de hadas en donde todos vivieron felices para siempre, y con el Uchiha tomando el control de la situación. Esta era la primera vez que soñaba algo así con Sasori, la verdad es que él no la hacía sentir como una dulce y delicada princesa, con él sacaba su lado más bruto, y vaya que en este sueñito lo había sacado.
¿Es que realmente quería saltar sobre él como leona en plena cacería en la sabana? La respuesta era algo obvia a estas alturas.
Le gustaba, y no era más que un simple gusto y ya. Ahora estaba convencida, esto era un hecho innegable y evidente, como dos más dos igual a cuatro. No había de otra, la lógica de este hecho tan crucial era aplastante.
Esa conclusión la llevaba de la mano al tercer y más importante hecho sobre el mensaje que su subconsciente informaba.
—Enamorarse de un hombre mayor que te lleva veinte años es un error muy grande, considerando que sólo tengo quince años —concluyó triste y desmoralizada, con los ojos apagados.
Comenzó a sentir que su pequeña nariz le picaba, anunciando indudablemente que echaría a llorar sin remedio.
Puso una mueca triste y la cascada comenzó a salir sin poder detenerla.
Sakura no pudo conciliar el sueño de nuevo, se la pasó así, en posición fetal, y abrazándose a sí misma con las lagrimas cayendo toscas sobre su rostro y el moco bailando de una lado a otro sin remedio.
Estaba muy mal.
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El reloj-manzana comenzó a sonar con el Himno a la Alegría de Beethoven en la mañana, anunciado la hora de levantarse e ir a la escuela. Lo apagó con un poderoso manotazo que hizo que rebotara del buró; salió de la cama decaída, con los ojos rojos e hinchados de tanto llorar, y la nariz de Rudolph. Esperaba que el famoso reno no extrañara su brillante y roja nariz, porque como iban las cosas la iba a tener un muy buen rato.
Su cara era el vivo retrato de la tristeza, con los ojos sin brillo, el ceño fruncido y la boca decaída. Se arrastró hasta el baño con los hombros caídos y la mitad de la toalla en mano y la otra en el suelo. Su paso era funesto; parecía un zombi de esos lentos, débiles y tontos.
Le tomó varios intentos poder abrir la puerta del baño, su cerebro no reaccionaba y la estúpida manija no cooperaba. No estaba para pensar en nada ahora.
Una vez adentro, Sakura miró por la ventana. El cielo estaba tan gris y nublado como su estado de ánimo. Fue a la regadera y abrió el grifo del agua caliente, y luego la fría para templar. Suspendió la mano bajo ella, esperando un muy buen rato, pero jamás llego el agua caliente, siempre fue fría.
Suponía que su padre se había bañado y se acabó toda el agua caliente; lo había escuchado cuando se levantó como a eso de las cinco de la mañana. Podía esperar a que el agua se calentara un poco o simplemente bañarse con el agua tal y como estaba.
Entonces se dijo «¡qué diablos!», y se metió.
Pegó un fuerte grito junto con un gran salto al sentir el chorro en su espalda, de inmediato su cerebro salió de ese estado de transe involuntario y se puso en acción; terminó de asearse en tiempo record. En menos de cinco minutos ya estaba fuera.
Se secó, cogió su uniforme y en un dos por tres se vistió. En cambio, se tardó mucho más cuando fue a desenredar y peinar su largo cabello, el cual le llegaba hasta un par de centímetros por debajo de la cintura. Lo acarició suave y con cariño, le había costado mucho mantenerlo así de largo y bien cuidado, aunque pensar en la razón por la que se lo había dejado crecer la hizo deprimirse aún más.
Sólo lo había hecho para gustarle a Sasuke, ya que de alguna forma se había corrido el rumor de que a él le gustaban las chicas de cabellos largos, y sólo por un estúpido comentario que hizo sobre el cabello de su madre.
Tener el cabello largo no era nada práctico y le molestaba en ocasiones, sin embargo, hacia el sacrificio por él. Ahora que el Uchiha ya le andaba valiendo un reverendo rábano, tener el cabello así de largo no tenía ningún sentido.
Observo con cuidado los mechones que tenía entre sus manos y temió cortárselo, había invertido mucho en su cabello como para dejarlo ir. Por ahora no quería pensar en eso y decidió bajar a desayunar lo que su padre le dejó: huevos revueltos y un vaso con zumo de naranja.
Los huevos estaban un poco quemados como siempre, su padre tenía cero talento culinario, sin embargo, le gustaba que hiciera el intento. Alegraba un poco su día ver el amor que tenía su papá por ella.
Comió lento, en la soledad de su sala sólo se escuchaba el crujir que salía de su boca junto con algunos cuantos sorbos. Ni siquiera prendió la tele para ver sus caricaturas mañaneras favoritas, como Hello Kitty o Care Bears.
Cuando terminó de alimentarse, lavó los trastes y salió de casa a paso zombi, era una verdadera suerte que fuera temprano porque de otro modo nunca hubiera llegado a tiempo a la escuela.
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Y por «a tiempo» quería decir a su hora habitual, quince minutos antes. Todo estaba muy tranquilo, y como no estaba de ánimos para hacer algo productivo, se fue directo al salón de clases.
Sakura venía observando el suelo con gran interés y sin fijarse en nada en particular, su estado de muerto resucitado se fue activando a medida que caminaba, su hechizo vudú no la dejaba concentrarse en otra cosa que no fuese pensar una y otra vez en lo idiota que había sido por enamorarse de un hombre que nunca le iba a hacer caso.
Sabía lo equivocada que estaba, él era una fantasía, es decir, ella tenía la mitad de su edad, seguía siendo una niña a sus ojos. Lo sabía y aún así su maldito corazón se negaba a los hechos, él mismo se lo había dicho cuando se conocieron.
"«No, yo tengo treinta y cinco. A mi parecer, sí es una gran diferencia de edad»". Recordar esa simple frase hizo que su pecho se oprimiera y comenzara a dolerle.
Su amor por Sasori estaba por completo fuera de lugar, y no es por que pensara que fuera malo amar, pero sabía que él jamás le correspondería. Ese hecho era lo que la tenía tan deprimida, conocía lo suficiente a su jefe como para saber cómo iba a reaccionar y no quería ser herida de nuevo por un amor no correspondido, con el daño que le hizo el Uchiha era suficiente. Sí, era cierto que a estas alturas lo había superado, pero aún recordaba lo doloroso que fue cuando cayó de su burbuja.
Lo mejor para ella era huir de ese amor imposible.
De pronto, algo hizo que parara, había chocado contra algo, o más bien alguien. Se detuvo en seco y retrocedió un par de paso hacia atrás por inercia.
—Lo siento —dijo instantáneamente al saberse la culpable del pequeño incidente e hizo una pequeña reverencia para seguir su camino, sin ver a quien había golpeado sin querer.
Sasuke, quien tampoco había estado prestando mucha atención mientras caminaba, reconoció aquella voz enseguida y le supo a gloria. Esas dos simples palabras salidas de esa pequeña boca llevaba esperándolas hacía mucho tiempo. Sabía que Sakura no podía alejarse de él así sin más, porque ella lo adoraba. Tarde o temprano regresaría a él.
Se haría el duro con ella, como siempre, y le haría sufrir un poco, castigándola al estar con Karin; así le daría celos y le demostraría quien mandaba. Después de atormentarla lo suficiente, rompería con pelirroja para estar con ella de forma definitiva y haría que dejara ese estúpido trabajo que la había alejado por más de dos meses de él.
No le gusto para nada que Sakura se fuera así de su vida. Reconocía que al principio fue agradable no tenerla de sombra, pero al ver como se alejaba de él y lo evitaba, le molestaba mucho más que no tenerla a su lado.
Era como cuando tienes un par de zapatos que ya están viejos y feos, sin embargo no te desases de ellos porque eran muy cómodos y estaban amoldados a ti.
Él se volteó con un gesto arrogante en su rostro. Le contestaría de la misma forma en la que ella le contestó cuando se rebajó a ir por ella a su trabajo para sorprenderla.
Pero lo que vio lo dejó desconcertado.
Sus ojos verdes estaban opacos sin vida, estaba pálida como un fantasma deambulando sin rastro de vida, sus hombros estaban caídos y arrastraba los pies al caminar. Cuando se disculpó, lo vio sin verlo; el Uchiha casi podía asegurar que ella ni lo notó. Simplemente se alejó.
Entonces entendió que su dispense fue por chocar contra él, y no por lo otro, que ya llevaba esperando hacía mucho tiempo y sin éxito.
Cerró los puños, molesto, y decidió que ya era hora de tomar medidas más drásticas.
Por otro lado, Sakura, ajena a los pensamientos del chico, se dejó caer pesadamente en su asiento y se puso a mirar enseguida por la preciada ventana, tratando de no dejarse llevar por su depresión y suspirando con aire soñador. Quería dejar de pensar un rato en Sasori y tratar de concentrarse en otra cosa de momento, pues ya había tomado una decisión, y le fue sumamente difícil llegar a ella, pero por su propio bien tendría que llevarla acabo.
Despegó sus ojos de la ventana al escuchar el estruendo de la puerta al toparse con fuerza contra la pared. Vio a Sasuke y a su actual novia besándose con descaro, lo único que pudo pensar en ese momento era que si algún prefecto o maestro los veía así los regañaría muy fuerte por el espectáculo que se estaban montando, pero eso, sin embargo, no era su problema; así que sin más, siguió a lo suyo, devuelta a la ventana. Al cabo de un rato, se percató que sus compañeros iban llegando poco a poco y prefirió concentrarse en estos.
Vio a TenTen corriendo con su balón de futbol, haciéndole unos pases rápidos a Rock Lee, que los recibía con alegría, pues era nada más y nada menos que su novia quien se los estaba pasando. Eran una pareja un poco extraña. En un principio se creía que TenTen estaba enamorada de Neji, el mejor amigo de Lee, porque se la pasaba yendo a los entrenamientos del equipo de soccer; pero lo cierto era que no iba a ver al capitán del equipo, sino al goleador estrella de este. A ciencia cierta no se sabía cómo es que habían terminado por formalizarse, pero se les veía muy bien juntos y de los más felices.
Ahora venia el perezoso oficial de la escuela, Shikamaru, con el devorador de papitas, alias Estómago de Acero, Choji, que como siempre tenía alguna golosina en mano para conservar el peso, puesto que él venía de una larga estirpe de sumos y se estaba entrenando para subir de categoría este año. Vio algo inusual cuando Choji se adelantó y dejó solo a su amigo, quien se estaba rascando la cabeza y miraba de reojo a la hermana mayor de Gaara, mientras esta, al notarlo, se separó de sus amigas para irse con él.
Era un hecho algo curioso, según lo que Ino le había contado, esos dos se habían estado coqueteando desde principios del año, pero no formalizaban nada, sólo platicaban de trivialidades y jugaban shōgi como un par de ancianos, en palabras de su amiga. Ese era el pasatiempo que los había unido, puesto que ambos eran miembros del club de la escuela. Ino había tratado se sonsacarle en muchas ocasiones un par de respuestas al chico, sin ningún éxito, y en cuanto iba a preguntarle a Choji, este sólo contestaba que no tenía ni idea de lo que estaba hablando. Ese trío eran muy unidos en casi todo, pero en cuanto se trataba de la cuestión sentimental eran otro cuento.
También pudo ver a Naruto y a Kiba corriendo como locos para lograr entrar antes que la puerta se cerrara y fueran castigados por llegar tarde, de seguro se habían quedado a jugar videojuegos por el camino otra vez, porque las madres de ambos eran muy estrictas con eso de levantarlos temprano para que se fueran a la escuela sin retraso. Por suerte para ellos, el encargado de la puerta en esta ocasión era el profesor Iruka, que tenía debilidad por su rubio amigo y los dejó pasar con una ligera advertencia.
Todo el mundo parecía tan feliz… menos ella.
Logró poner toda su atención a las clases para no tener que sufrir el ansia que le causaba tener que ir a la tienda por la tarde una vez que terminara la escuela, ya que planeaba que ese iba a ser su último día en ella.
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N/A: Aclaro que el sueño de Sakura fue inspirado de una forma algo retorcida de la película Basic Instinct en español se conoce como: Bajos Instintos o Instinto Básico dependiendo de qué país eres, me gusta mucho esta película XD.
Ahora le digo ¡Muchas gracias! Por comentar, me hacen muy feliz. Ahora no me dio tiempo de contéstales a todas, pero tengo muy presente sus reviews.
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Bueno hasta la otra. Ya saben que todo tomatazo o flor es recibida, porque si ya llegaste hasta aquí nada te cuesta comentar.
Gracias por leer.
