¡Hola! Les recomiendo escuchar: Chasing Pavements de Adele.
ht tp :/ / www. youtube .com / watch ?v = adURQ3WLBbo (no olviden juntar lo espacios)
. . .
Capítulo VII
.
.
.
Miró el letrero que tanto llamó su atención la primera vez que entró a la tienda, era de madera, sus letras eran una mezcla extraña entre cursiva y letra de molde inclinada, pintadas de color de azul cielo, también tenía un efecto de mueble viejo; de esos de los que se golpean apropósito para dar el efecto de antiguo.
La nostalgia el invadió al contemplar el anuncio sobre la tienda, al verlo tan detenidamente como nunca antes lo había hecho hacía que le entraran unas buenas ganas de echarse a llorar de una buena vez. Tuvo que apartarla vista y hacerse de tripas corazón para poder continuar.
Se había decidido, lo suyo, lo que en realidad sentía por él era algo más, algo que jamás en su vida había sentido con tanta intensidad. Estaba total e irrevocablemente enamorada de Sasori.
¿Enamorada? No, esto era algo más, la sabía pero…
Su estomago se contrajo al pensar en la verdad, se rehusaba a decir la palabra.
¿Rendirse o continuar? ¿Decirlo o callarlo? Era al gran dilema en su corazón que peleaba contra su lógica.
Cerebro y corazón libraban una batalla campal sin tregua que le hacían dudar pero, se recordaba lo que su madre siempre le decía cuando ese caso se presentara:
"Lo que aquí —señalo su pecho en el área del corazón —aquí —paso a su cabeza para que entendiera bien que cuando ambas partes estaban en conflicto lo mejor era pensar con la cabeza y no dejarse llevar."**
Trató de tranquilizarse al repetirse el nombre de la tienda, que aún le parecía por completo fuera de lugar y sin sentido. Después de un largo rato sin enfocar su vista en algo en específico, decidió voltear a ver el hermoso vestido de novia que tanto adoraba. Ese vestido era la única prenda que ambos dueños del local habían hecho juntos. Afirmaban que era lo mejor que pudieron crear, y lo más importante es que esa sería la última vez que hicieran algún diseño unidos. Aquello era la mezcla perfecta de sus estilos. Punk vs. Neoclásico.
Lograr esa impecable armonía casi los había hecho matarse el uno al otro por los constantes desacuerdos, la creatividad de ambos trabajando era una hecatombe lista para dar paso al holocausto, se esperaba a los cuatro jinetes del apocalipsis saliendo de entre las entrañas de la tierra. Según cuentan aquel episodio fue de lo más terrorífico, mucho más que la película del Exorcista en sus buenos tiempos con la gente gritando aterrada en las salas de los cines porque a Regan le giraba la cabeza.
Al concluir el vestido de novia en lo único en que estuvieron de acuerdo era que jamás venderían esa pieza, era un recuerdo muy íntimo que los unía, habían puesto su alma en ese traje.
Acaricio el aparador con cariño, deslizando sus dedos para delinear de forma suave y gentil el traje de novia de sus sueños, en un intento por darle una despedida al culpable de que haya decidido parar en ese lugar en específico y aun más por instigarla a entrar a curiosear en el negocio.
Invadida por la melancolía, sintió una fuerte opresión en su pecho que la hizo separarse del mostrador de una buena vez.
Miró con determinación la puerta que la separaba del destino escogido.
La decisión estaba tomada.
—Fuera dudas, aun que se te parta el corazón —se dijo en tono suave pero firme para darse valor.
Ordenó a su mano derecha posarse en el picaporte con el ceño fruncido por la resolución de su futuro, tragó grueso al tiempo que abría de una buena vez esa jodida puerta, estaba hecha un mar de nervios y estrés acumulado –tomó nota mental de comprar anti-ácidos después de esto, su pobre estomaguito no iba a soportar mucho más –.
Contuvo el aire mirando a su alrededor con cautela.
Derecha, izquierda, adelante.
Nada, todo estaba en silencio mortal.
No era muy alentador que digamos, ¿era una señal de que estaba por hacer lo correcto? o ¿no?
Miró la hora en su celular para asegurarse de que había llegado a la hora correcta.
—Díez para las tres —susurro extrañada mirando el entorno en busca de alguna actividad —la tienda ya está abierta—afirmó mirando el letrero sobre la entrada que anunciaba que estaban laborando, su mirar se transformó en sospecha al pasarse por los alrededores.
Fue a los vestidores, miró detrás de la nueva caja registradora e incluso se asomó a la trastienda.
Nada, parecía tierra de nadie y no se atrevía a ir a la oficina que se encontraba arriba, el lugar más sagrado de Sasori. El pasó estaba vetado, solo podía entrar ahí con la autorización expresa de su casi ex-jefe ahora y ciertamente no quería morir. Aun era muy joven.
Pensar en él le daba unas anisas locas de… ¿no sé? De gritar, correr, tal vez de saltar sobre él como en su sueño.
—NO, no, no ¡Contrólate! —se abofeteo mentalmente negando enérgica la cabeza haciendo que su largo cabello se alborotara de tal forma que fácil podría llegar a confundirse con Cousin Itt*, en ese instante se sentía tan loca como uno de los Addams.
Después de un rato de "locura" momentánea y de respirar al borde de la hiperventilación se sentó en el banquillo frente a la caja a esperar en vista de no tener una mejor opción, claro no antes de cambiarse "apropiadamente" y arreglarse un poco su cabello. Lo bueno de esto era que así podría seguir preparándose mentalmente para lo que vendría.
Respira, exhala, respira, exhala…
Repetía el proceso biológico con extrema concentración en caso de que por los nervios y la tención se le olvidara respirar o peor se diera un ataque de ansiedad. La angustia mesclara con el estrés emocional era muy mala combinación y no es que no pudiera trabajar con la presión, de hecho se le daba mejor laborar en estas condiciones…solo que, en cuando a la cuestión sentimental se trataba era débil, era como un maldito flan; es decir dulce y que templaba con cualquier cosa.
Bueno en realidad Sasori no era cualquier cosa, era mucho, mucho más.
La hacía suspirar, soñar…
Con él no se sentía como la típica princesita de porcelana con zapatillas de cristal en espera a que el príncipe azul aparezca a rescatarla del dragón o bruja malvada. Él era mucho más que eso, era un apoyo que la instigaba a seguir adelante, le daba confianza, una mano amiga que la ayudaba a levantarse cuando caía, era directo y no temía lastimarla con la verdad por muy dura que fuera, era lo que más le gustaba de él.
¿Cómo era ese dicho? La verdad no peca que incomoda. Así era Sasori, sabia cuando callar y cuando hablar por muy incomodo que fuera, era exigente, arrogante, un poco sádico pero sabía escuchar y no se andaba por las ramas aconsejando tonterías que uno ya sabía, esas cosas que no te sirven de nada.
Incluso sabiendo cual era su lugar su corazón estaba convenciendo un poco a su mente con el tal vez…
—No, no, no—movía su cabeza de un lado al otro golpeado sus laterales con las palmas para despabilarse. Tenía que despejar su mente para bien o para mal.
Algo comenzó a sonar de la nada interrumpiendo su discusión interna, era un sonido suave que se le hacía vagamente familiar.
Agudizo su oído tratado de encontrar el origen, se levanto de un salto para seguir la música que de poco a poco se iba haciendo más clara confirme se acercaba al lugar. Era en una de las orillas de la tienda, cerca de la trastienda, paró y se agacho pegando la oreja derecha el suelo de madera sintiendo las vibraciones en su manos, estaba segura de que la música venia de abajo.
Miró confundida y golpeo el suelo.
—Esta hueco —comento intrigada por su nuevo descubrimiento, deslizo las yemas de sus dedos con parsimonia esperando encontrar la manija de la trampilla sin embargo es paralizo de pronto al escuchar la canción.
No podía creerlo esto era el colmo de los colmos.
— ¡Por qué a mí! —clamo frustrada mirando al techo. Era demasiado que en este momento, era demasiada coincidencia, una muy mala broma del caprichoso universo.
Don't Stand so Close to Me / Young Girl de Glee era una maldita tortura medieval en ese momento se sentía como Rachel y venia a Sasori como el profesor Will diciéndole: Perdiste la razón, tú amor por mí está fuera de lugar…
¿Es que acaso era una señal?
Se dejo caer de lleno en el frio suelo sin importarle nada, esto simplemente era demasiado.
Estaba de lado mirando la puerta deseando que la tierra se la tragara, la vida era tan injusta con ella.
La sorpresa que se llevo es que de la nada la música paro y la trampilla de abrió frente a ella topándose de lleno con los ojos azul cielo de su casi ex-jefe menor.
Fue un silencio muy incomodo eran si acaso medio centímetro lo que separaba sus rostros, luego el ambiente se hizo aun más pesado al sentir una sombra acechante a sus espaldas, ambos decidieron girar sus cabezas hacia arriba con temor.
Su mirar era de hielo, su pose era firme y tenía los brazos cruzados con la poderosa ceja alzada en clara señal de disgusto.
Era intimidante el aura que lo rodeaba, casi se podían ver salir los cuervos del mal agüero que presagiaban una tormenta, tragaron grueso y se sonrojaron por la penosa situación en que se encontraban se estaban preparando para el regaño seguro, el truco para salir más o menos ilesos de su ira era el total y completo arrepentimiento o por lo menos simularlo lo mejor posible y sobre todo no mirarlo directamente a los ojos, su poder infernal venía de ahí.
Pero claro, con Sasori su instinto de conservación fallaba en rotundo, así que sí, miró sus impasibles ojos ambarinos que la observaban fijos, no había nada mas reflejado en sus pupilas. Tenían una expresión determinante más que molesta revelaban algo más, no estaba segura de que exactamente pero era algo que la hizo sentir rara, no de una forma mala era de hecho algo bueno…aun que extraño, no podía definir que era.
La extraña atmosfera que los envolvía fue zanjada de un momento a otro por él.
—No tengo tiempo para estupideces, lo dejare pasar en esta ocasión —el alivio que ambos sintieron fue inmediato se habían salvado por los pelos— voy a salir el resto de la tarde. Señorita Haruno te harás cargo el resto del día, regresare antes del cierre para llevarte a tú casa.
Dicho esto se fue dejando a su par de atolondrados chicos con un GRAN sentimiento de alivio y para Sakura algo más era un sentimiento extraño que no comprendía, se deicidio dejarlo para después.
—Nos salvamos —dijo el rubio mirando a la puerta aun.
—Aja —apoyo la otra con aire distraído, se le había ido el aliento al ver a Sasori y su corazón estaba tratando de calmarse por todos los medios posibles.
Deidara miró travieso a la chica que todavía seguía recostada en el piso.
— ¿Qué hacías en el piso? —una sonrisa jocosa salió a relucir enseñando su perfecta dentadura blanca de comercial.
— ¿Qué hacías tú debajo de la tienda? —contra-ataco porque no quería contestar como es que termino así, no por ser un hecho en sí relevante, es por cómo se sintió al escuchar esa odiosa canción de Glee.
El chico miro hacia otro lado rascándose la nuca.
—Oh, bueno es que estaba escuchando mi nuevo disco de Glee porque Sasori odia todo lo que tenga que ver con la serie, de hecho odia todo lo que tenga que ver con musicales y me he tenido que relegar a escuchar y ver aquí escondido del mundo una de mis series favoritas —lo dramático siempre se le daba bastante bien al hombre, pero eso lo ultimo lo dijo casi llorando con su característica voz escandalosa— ¡Te lo imaginas! Yo aquí debajo de la superficie escondiendo mi maravillosa presencia al mund…
Dejo de escuchar cuando comenzó a hacer ademanes con las manos representando su dolor y a compararse con El fantasma de la ópera, el artista incomprendido exiliado al sub-suelo.
Rodó los ojos y observo con curiosidad el hueco por donde había salido Deidara.
— ¿Qué es esto? —comento tratado de sacar el lado dramaturgo del blondo, ya había aprendido a tratar con su teatro. Lo mejor era no darle cuerda y cambiar de tema como si no pasara nada.
—Es un sótano, lo usamos como bodega para la telas —contesto distraído buscando el reloj de la pared enfrente de la caja que tenía la forma de una nube roja de marca akatsuki lo mejor del mercado en tecnología domestica o eso decían ellos, la verdad es que ella nunca había tenido la oportunidad de probar esa marca, su familia era leal a la marca shinobi. La competencia entre esos dos monopolios era sin tregua ni cuartel, su publicidad era la fiel muestra de ello.
—Rosadita es tarde me tengo que ir —salto de una forma muy atlética del interior de suelo interrumpiendo los desvaríos de Sakura.
Cuando menos los supo Bom-bom estaba enfrente de ella ofreciéndole la mano para ayudarla a levantarse y así fue como de un tirón estaba devuelta apoyada sobre sus pies.
—Bueno te quedas al frente del fuerte pórtate bien y no hagas "travesuras"—señalo en broma dando a entender el doble sentido de la oración y ganándose una mueca de censura por parte de su pequeña empleada —y si las haces me llamas —concluyo travieso dirigiéndose a la puerta.
—Ok, en cuanto la orgia comience te llamo —respondió siguiéndole la broma.
— ¡Claro entre más mejor! —poniendo su mano en la empuñadura de la puerta, sin embargo con un moviendo brusco se dio la vuelta y dijo:
—Se me olvidaba mañana comienza el inventario y no voy a poder venir así que trae tus zapatos más cómodos —aconsejo pasándose el índice diestro por la barbilla pensando— y no dejes que te afecte, Sasori es… algo difícil no le es fácil comunicarse, es muy introvertido cuando se trata de dejar las cosas claras piensa mucho, ese es su problema ¿sabes? Le falta espontaneidad, dejarse llevar por lo que siente.
Lo miro extrañada no se esperaba algo así.
— ¿A que te refieres?— pregunto interesada pero ya era demasiado tarde Deidara se había ido.
El silencio se hizo presente una vez más, dejándola sola con sus pensamientos. Tenía mucho que analizar.
Inventario
In-ven-ta-rio
¡Inventario!
Fue lo primero que le grito su cerebro dejando lo demás relegado, era como si se rehusara a pensar en "otras" cuestiones, su cerebro automáticamente se fue por el camino más seguro en esos momentos.
—¡Carajo! —exclamó apretando los puños y agitándolos en señal de disgusto, su plan se venía abajo—. No puedo renunciar, me necesitan —el ser una persona responsable le pesaba una vez más, sabía que el inventariado era un asunto muy serio y era algo que no podía dejar tirado así porque sí por mucho que quisiera— ¡Bien! Renunciare después de esto.
Decisiones, decisiones caminos que se trazan sin vuelta atrás…
. . .
Se encogía y se encogía removiéndose de un lado a otro en el asiento evitando el contacto físico y visual tanto como le era posible, sentía que el espacio era de pronto pequeño y le faltaba el oxigeno.
Le asfixiaba estar a su lado sin verse envuelta en sus ridículas fantasías de princesita de Disney donde todo sale bien al final y los protagonistas se enamoraban para finalmente después de pasar por todas las adversidades se confiesan para luego ser felices por siempre.
"¡Propaganda, pura y vil propaganda!" reclamó molesta en su mente y volteo disimulada al asiento del conductor, de re-ojo discreta fue muy cauta y lenta para que no la notara.
Contuvo la respiración, Sasori estaba concentrado en el camino.
Un par de cuadras atrás tuvo que hacer un desvió por que estaban re-pavimentando la calle principal. No será la gran cosa si eras lugareño de la zona, pero por desgracia ninguno de los dos lo era y este lugar parecía un laberinto de esos que se ponen a los ratones para experimentar.
Con esta era la doceava o quizá la treceava vuelta, no estaba segura todas la calles se parecían era como una especie de villa Calamardo ¡Todas las casas eran exactamente iguales! Eso en definitiva asustaba y aun que contaba con su GPS integrado en el celular no quiso usarlo porque eso implicaba a tener que dirigirle la palabra y no estaba muy segura de poder resistir, aunque por otro lado si lo pensaba con lógica era lo mejor pues así saldrían del embrollo de calles a su alrededor y más rápido llegaría a su casa y menos contacto tendría con él.
"Inhala, exhala, inhala, exhala. No pierdas la concentración" sacó con cuidado su teléfono de su mochila, lo puso en modo GPS.
—Da vuelta en la siguiente esquina a la derecha —escucho de pronto Sasori que ya se estaba desesperando por tanta vuelta.
Miro con interés a su copiloto que veía la pantalla de su celular. No confiaba en eso aparatos, sin embargo lo utilizaba por que era necesario en esta época moderna y solo para sus funciones más básicas: llamar, hacer llamadas, recibir mensajes y responder a ellos. Simple sin complicaciones.
Dio la vuelta donde le indico porque estaba a punto de perder la paciencia y esa no era una de sus virtudes, se desesperaba con mucha facilidad.
—Ahora derecho hasta topar con pared y luego a la izquierda —continuo indicando Sakura y Sasori obedeció sin chistar.
—Bien ahora cinco cuadras más y salimos de este lugar—dijo con un gran alivio evidente en su voz que de alguna forma había logrado aliviar la tensión del momento.
—Por fin saldremos de este horrible lugar —era obvio que estaba consolado por la buena noticia y considero a sus adentros conseguirse su propio GPS pensando que tal vez le daría una oportunidad a este tipo de aparato.
"No puede ser tan malo si es capaz de sacarnos de este espantoso lugar tan pedestre y monocromático."
Es que vivir así era algo anti-natural, las fachadas eran de un color amarillo huevo tan chillón que lastimaba la vista. Era demasiado feo para ser verdad y si no era porque se había pellizcado hace un rato no lo creería.
La miró suave casi como dándole las gracias y de inmediato Sakura giro su rostro sonrojada concentrándose en ver por la ventana el paisaje, estaba muy nerviosa tenía la misma sensación que tuvo hace rato en la tienda aun que su expresión era distinta, el mensaje era el mismo. Aun no comprendía que era lo que sentía, ni lo que Sasori trataba de transmitirle, esto era algo nuevo para ella.
¡Por fin habían salido! Eran libres del laberintico camino y lo mejor es que no había trafico así que llegaron a su destino rápido y sin escalas.
Jaló tanto oxigeno como fue capaz y en el justo momento en que se paró el auto abrió la puerta y salto afuera como si le quemara el trasero solo que sus pies no fueron tan rápidos como ella hubiera querido por que se enredaron haciendo que se tropezara.
Ya veía su rostro estrellado contra el duro asfalto, lo único que pudo hacer fue poner sus ante-brazos frente a su rostro por instinto para protegerse de la caída, caída que por cierto nunca llego.
Abrió su párpados confundida, veía el suelo pero su cara no estaba pegada a él, soltó el aire con alivio y se dio cuenta de que algo la sostenía por la cintura, corrección, no era algo era alguien que la asía fuerte por la cintura.
Recorrió las manos de su salvador volteando a verlo sorprendida.
—¿Estás bien? —llegó a sus oídos de forma sedosa, entrecerró los ojos y afirmo con la cabeza.
Deseaba responde con su propia voz pero por más que intento no lo logro, era muda como una muñeca y se sintió aun mas como una cuando la coloco sobre el asiento del coche sin esfuerzo alguno.
Se creyó tan liguera cual pluma y no es que fuera gorda pero tampoco era flaca estaba es un punto con algo de carnita en los huesos, pesaba sus buenos cincuenta kilos.
Ahora sabía que sentían las princesas de cuento de hadas cuando su príncipe azul las llevaba cargando. Era una sensación de ser delicada, protegida y femenina, de pronto todas sus defensas se desmoronaban cual polvorón.
¿Rendirse o continuar?
Recordó y decidió que no necesitaba pensarlo más. Equivocación o no realmente no importaba, no era necesario mirar más lejos lo que sentía por él era amor.
Por fin pudo pronunciar la palabra completa en su mente.
Amor real no un enamoramiento cualquiera, esto que sentía era mucho muy diferente ¡Y qué si era una pérdida de tiempo! ¡Era lo que sentía! Fue algo que solo pasó, el asunto era ahora:
¿Decirlo o callarlo?
Lo vería con el tiempo, ahora estaba segura de que no iba a renunciar a la tienda y mucho menos a él.
Cuando volvió de su gran revelación se dio cuenta de dos cosas:
La primera era que todas sus pertenencias están regadas entre el exterior del piso –la mochila debió abrirse en el incidente– y el interior del auto y la segunda era que Sasori estaba ocupado en recoger lo que había caído afuera.
Ladeo su cabeza de un lado al otro para desentumirse y que la sangre le fluyera, se apresuro a ayudarlo a reunir lo que estaba dentro del vehículo.
—Gracias —su bendita voz por fin se había dignado apoyarla con unas cuantas palabras y lo mejor es que sonó sin ninguna anormalidad, todo iba bien por el momento.
—De nada —contesto sin darle importancia ya en el asiento de conductor preparándose para partir.
Y mientras guardaba lo último en la mochila vio que todavía tenía guardada la película que le había comprado: El gran Gatsby con Mia Farrow y Robert Redford, esa historia de los años 20´s que había atraído a Sasori.
Mordió su labio inferior y se armo de valor para entregárselo antes de que le fallaran las agallas –reconocer para sí que lo amaba era una cosa, otra muy diferente era parecer una tarada en frente de él por ello, con el Uchiha había aprendido su lección y de sobra–, le llamo esperando que sus cuerdas vocales ahora que parecían cooperar no fallaran y le extendió la caja con el invaluable DVD.
La vio con gran sorpresa y eso era algo que pocas veces mostraba.
—¿Es para mí? — Era algo obvio a estas alturas, hasta tenía un moño rojo de regalo y una pequeña tarjeta con su nombre escrito; aun así tuvo que preguntar para asegurarse no estaba seguro de lo que pasaba.
—Sí, espero que no te moleste. La vi y no pude evitar pensar en ti y bueno…
Había dicho más de lo que debería, ahora parecía que estaba desvariando.
"¡Genial primero mi boca se rehusaba a hablar y ahora habla de más!" pensó con sarcasmo tratando de dar la buena cara a Sasori el cual extrañamente no llamaba por su apodo hace un buen rato, parecía que su "sueñito" le dio un muy buen escarmiento y en ese lapso se dio cuenta que admítase a si misma sus sentimientos la ponía de mejor humor; la Sakura depresiva estaba quedando relegada poco a poco.
Cogió el obsequio de entre sus manos con sumo cuidado y lo contemplo ¿alegre? No estaba segura pero deseaba creer que esa ligera y suave mueca en sus labios era una especie de sonrisa. Le recordaba un poco a la enigmática sonrisa de la Mona Lisa, era una de esas sonrisas que te dejaban tranquilo y con un buen sabor de boca.
—Gracias, realmente no me esperaba esto.
Sakura se encogió los hombros sin darle importancia, su obsequio era algo que le nació de corazón dárselo no esperaba nada a cambio y así se lo dio a entender.
— ¿Sabes de qué se trata? ¿La has visto?
— Pues solo leí la sinopsis y sé que esta ambienta en los años 20´s —contesto tímida no estaba acostumbrada a la ignorancia.
—Es la historia de un romance imposible donde un chico pobre y una chica rica se enamoran pero sus estatus sociales les impiden estar juntos, después de un tiempo Gatsby logra hacerse de fortuna y va tras Daisy la cual ya se encuentra casada, sin embargo eso no le importa, él quiere recuperar a su amor perdido.
La miro curioso.
—Suena bien ¿verdad?
—Sí, pero no creo que sea todo. Dado a la época en que está ambientada y se comenta que es una especie de reflejo del jazz donde se nota que en la superficie se trata de diversión y sexo pero en el fondo es algo mucho más complicado. El jazz en un principio era una forma de protesta contra la rigidez de las altas esferas de la sociedad y una lucha continua a la individualidad.
—Siempre he dicho que eres una chica muy lista, tienes razón no todo es lo que parece en esta historia, Gatsby es un hombre nadando contra la corriente para conseguir el amor de una mujer.
Se hizo el silencio.
La última frase la hizo entremesearse por dentro, la forma tan seria en que lo dijo y la miro causo que las dudas invadieran su mente.
¿Esta acaso tratando de decirle algo? o ¿Ella lo estaba interpretando mal?
—También es una película casi, casi obligada para los diseñadores por el maravilloso vestuario, también Cleopatra con Elizabeth Taylor, La dolce vita de Federico Fellini o Mi Bella Dama la cual por cierto es el único musical que me agrada.
Sakura alzó la ceja.
— ¡Te gusta Mi Bella Dama! Pensé que odiabas todos lo musicales o eso dijo Deidara puesto que lo relegas a esconderse en el sótano de la tienda para ver Glee.
— ¡Oh! Por favor no compares una obra maestra con un programa para el populacho común e ideado para hacer sentir bien a la gente "rara" que no sabe aprovechar sus virtudes y está confundida.
—A eso se le llama adolescencia y a mí también me gusta Glee —dijo algo ofendida aun que para ser sincera, se esperaba una contestación así. También se olvido convenientemente que por la tarde estaba maldiciendo la dichosa serie.
Ladeo la boca, desaprobando todo lo dicho por parte de ella.
—Seguro que te gusta Mi Bella Dama porque encuentras un parecido fascinante con el Profesor Higgins —señalo decidía a no dejarse vencer— ese hombre es tan arrogante y retorcido como tú —bromeo negando la cabella muy divertida—. Mira que utilizar a la podre Eliza en sus experimentos fonéticos para hacerla pasar por una dama de alta sociedad.
—¿Pero qué dices? El profesor Higgins es genial solo quería dar a la podre florista callejera un poco de su refina educación —comento fingiendo aflicción por la mofa de la chica.
—Solo fue por una tonta apuesta —contra-ataco.
—Touché —se rindió. No tenía argumento contra eso.
—Aun que debo admitir que la relación entre esos dos es bastante hilarante. Me encantan sus discusiones, como siempre el profesor hace repelar a Eliza y viceversa.
Ambos rieron dando por terminada la conversación.
Se despidieron y Sakura estaba segura de que mañana se presentaría al trabajo.
. . .
N/A: Ahora va el glosario.
*Cousin Itt: Primo Eso o Tío Cosa de los Locos Addams, dependiendo de qué país eres. XD
Don't Stand so Close to Me / Young Girl de Glee: Una de la canciones que inspiro toda esta locura.
ht tp :/ / www. youtube. Com / watch ? v= UhD3B6Gn7Ks
**Esta frase le saque de una película de Tintan, lo malo es que ya no me acuerdo cual era.
. . .
Gracias por sus comentarios, me alegran el día *O*.
Ok hasta la otra. Ya saben que todo tomatazo o flor es recibida, porque si ya llegaste hasta aquí nada te cuesta comentar.
Gracias por leer.
