Capítulo VIII

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Todo le había pasada el día de hoy, desde que despertó vaticinaba para ser un muy mal día. Las señales estabas súper claras. Día nublado, luego sol con frío y llovizna ligera molesta que iba y venía a su antojo ¿Qué demonios pasaba con el tiempo? Estaba de lo más loco últimamente. Frío-calor-frío-calor, estaba harta y frustrada por ese odioso clima que no se decidía, detestaba tener que cargar ropa de más, que hacía bulto y lo peor era andar cargando con su paraguas gigante.

Suspiro cansada al ver la sombrilla.

No, no podía estar en realidad fastidiada con el paraguas que era el directo culpable de llevarla a Sasori.

Lo miro con cariño y acaricio suave, recordando ese día tan especial que marco su vida.

Se decidió que no podía ser un día tan malo solo por ver a su jefe, verlo iluminaba su día.

Era como en esa película de Brat Pitt donde todo estaba nublado y llega el bello Tristan montado en su caballo y el cielo se ilumina ¿Cómo se llamaba?... Leyendas de pasión, si, así era como la hacía sentir. Sasori era el sol que la hacía sentir la calidez con sus dulces rayos de astro celeste; acariciándola, trémulo, y esparciendo con su solo roce su calor a todo su cuerpo de punta a punta.

La hacía templar de emoción, el solo verlo. Le daba todo eso y más.

Templaba de emoción al pensar en él, derretía todo su cuerpo con esa hermosa calidez que aflorara desde lo más profundo de su corazón, por más mal que estuviera el día, la sola presencia de Sasori mejoraba todo.

En la escuela todo transcurría con la habitual locura de estar en la brecha final antes de salir de vacaciones, tareas extras, muchos trabajos de investigación y se iba acercando poco a poco la fecha de entrega de proyectos finales que se pidieron al inicio del ciclo escolar que debían hacerse a lo largo del periodo para que al final no pesara tanto el trabajo acumulado; y como era obvio la mayoría de los estudiantes ahora estaban muy apurados realizando su trabajos finales.

"Supongo que tendré que almorzar sola otra vez" concluyo cuando vio a la mitad del grupo quedarse en el salón a compartir apuntes y a la otra mitad ir rumbo a la biblioteca para sacar lo que necesitaban para sus trabajos.

Estaba segura que sus amigos estarían ahí.

Se imaginaba que Ino estaría quejándose por no haber aprovechado el tiempo e ir haciendo su trabajo poco a poco, Choji estaría tratado de colar comida inútilmente por que la encargada del lugar conocía muy bien los hábitos alimenticios del futuro campeón de sumo, Naruto estaría cargándose tanto libro como pudiese y trataría de comprenderlo inútilmente, Kiba estaría con Shino tratando de hacer que le prestara sus apuntes mientras Shino lo regañaba por no haber organizado su tiempo, Hinata estaría escondida entre la pila de libros de Naruto tratando de ayudarlo inútilmente por que no le salía la voz para hacerse escuchar y su rubio amigo estaría demasiado concentrado en sus cosas como para notarla y Shikamaru estaría tomando la sienta feliz en algún rincón despreocupado como siempre y aplicaría el plan de todos los años: pasar con perfecta calificación los exámenes y dejar los trabajos extra-escolares de lado así obtendría un promedio de 7 u 8 dependiendo de cuanto valga la tarea en cada materia. Se imaginaba que el profesor Asuma estaría echando fuego una vez más por las técnicas de trabajo del Nara.

Todos los que lo conocían sabían lo brillante que era y estaba segura de que sería el primero de la clase, no, de la escuela sino se la pasara vagando y tomando la siesta.

Era un genio y el maestro Asuma siempre estaba tras él para que no desperdiciara su valioso potencial, estaba segura que si el chico se aplicaba lograría cosas muy grandes en su vida y marcaria la historia.

Y como ella estaba siempre al corriente no tenia porque medio matarse haciendo trabajos, ahora lo único que tenía que hacer era lo mismo que hacia siempre: Hacer su tarea y estudiar un poco como todas la noches, podrían decir que era una matada y una nerd todo lo que quisieran, pero ahora era ella quien podría estar tranquila y sin sufrir. Lo mejor era que no tendría que desvelarse.

Así que prefirió pasar de la biblioteca porque así como veía las cosas, estaría atascada de gente. Se decidió por fin por la parte trasera del edifico donde estaba los jardines. Con seguridad estaría tranquilo y había algunas bancas donde estaría cómoda y para su buena suerte el sol había decidió por fin a salir un rato.

Como sospechaba estaba solo y los asientos calientitos, su trasero no sufriría los estragos del frío hoy.

"Gracias sol" miró al astro sonriendo esperando que el clima siguiera así por el resto del día.

Quería creer que sí con todas su fuerzas por que odiaba los días nublados. Era ese tipo de personas que influenciaban por el clima, mejor dicho era como Superman o Supergirl en su caso, obtenía sus poderes del sol amarillo y entre mas se cargaba de esos rayos mas fuerte era.

"Como una batería Sakura, como una batería —pensó alegre sentándose— los días nublados son como mi kryptonita y Sasori es el plomo que me protege de ellos"

Soltó una gran y sonora carajada, su fanatismo por Superman estaba saliendo sin remedio alguno, cuando era niña veía junto a sus padres las películas de Superman con el gran Christopher Reeve y se enamoro de él, desde entonces comenzó a coleccionar sus comics era uno de sus vicios secretos, los otros eran Star Wars y…

Todos los seres humanos tiene sus frikadas las suyas eran estas. Solo su familia y sus amigos más íntimos –dígase Naruto e Ino– sabían de esta parte oculta, bueno no era precisamente un secreto pero no tampoco lo andaba publicando al mundo, suficiente tenía con las rarezas de dominio popular que se le salían sin querer.

Sakura sonó de pronto a su espalda.

Volteo a ver quien la llamaba y se sorprendió mucho al ver que era Sasuke, si, ya no era el Innombrable ahora le daba igual. Su presencia no le afectaba

Ding-dong-ding-dong.

Las campanas de felicidad sonaron en su mente la recuperación estaba al 100% y sus pilas bien cargadas, aun llevaba su sonrisa de comercial a la vista por su buen humor.

—¿Sí? — preguntó por inercia esperando a ver que se le ofrecía, por que hacer como que no existía y portarse grosera con él era inmaduro, estaba mal.

Reconocía su error al tratar de obligar a Sasuke que la quisiese a fuerzas. Nada entra por la fuerza por mucho que se intente. La lección estaba aprendía, fue dolorosa pero la aprendió, además ahora estaba con Karin y ella estaba enamorada de un hombre mayor que posiblemente no la quisiera de la misma forma pero que tenía que intentar aun así algo, no estaba segura de qué, pero lo haría y si las cosas no funcionaban pues se tendría que resignar. Por lo menos no se quedaría con la horrible duda el resto de su vida.

En ese momento se sorprendió mucho de sí misma, se sentía bien al saberse un poco más madura y haber podido subir un escaloncito a la adultez.

El silencio se hizo presente y Sakura miro de un lado a otro incomoda comenzando a morderse los labios ansiosa.

Sasuke siempre tuvo el mirar pesado logrando transmitir una vibras entrañas que hacían que te paralizadas, era un extraño poder que se cargaban los Uchihas en general. Hasta Tobi con lo atolondrado que era las poseía y de vez en cuando se las aplicaba a Deidara para hacerlo caer en su juego del gato y el rato.

Tragó saliva incomoda y rasco su mejilla para distraerse, algo extraño se traía Sasuke tal vez se estaba escondiendo de Naruto, era bien sabido que en estas épocas eran muy dura para él y se ponía más escandaloso de lo normal, pidiendo apuntes a todo aquel que se cruzara en su camino y normalmente ese blanco era Sasuke Uchiha.

—Te escondes de Naruto ―tanteo casi segura esperando cambiar con esa sola frase el pesado ambiente que se hizo de pronto.

—No, él está en la biblioteca tratando de aprenderse todo lo que nunca se aprendió en el ciclo ―se acerco un poco más.

—Típico de él ―cruzo sus brazos incomoda tratando de protegerse del repentino viento helado que la atravesó.

De repente ya no se sentía tan Supergirl.

—Estaba buscándote a ti ―se sentó a su lado.

Las cuencas de sus ojos verdes se asomaron mucho más por la sorpresa, intuida que algo muy incomodo iba a suceder.

Giro lenta para verlo a la cara con el ceño fruncido.

"¿Vaya, en qué momento se acerco tanto?" Pensó con sorpresa. Sasuke estaba comenzando a invadir su valioso espacio personal.

Mientras Sasuke se acerba ella retrocedía todo lo que podía inclinándose hacia atrás y hacia atrás, atrás, atrás hasta que su nuca topó con pared y el pánico comenzaba a recorrer su espina dorsal advirtiendo el peligro inminente que estaba enfrente de ella.

Sus alarmas comenzaron a gritar corriendo como locas de un lado a otro pidiendo que lo detuviera o iba a pasar algo que ella no quería.

Estaba a segundos de ser besada y esta vez no era su retorcida imaginación haciendo de las suyas, para asegurarse sus manos se deslizaron a su pecho sintiendo la tela de algodón entre sus dedos confirmando el hecho, porque estaba segura que de hacer sido su loca imaginación su fantasía seria con Sasori.

En el momento que sintió el roce de sus labios su cerebro grito ALTO y sacando las fuerzas legendarias de los Haruno a la orden, aventó lo más lejos que pudo al susodicho.

¡Supergirl estaba de vuelta otra vez luchado contra el mal!

—¡Qué demonios pretendes Sasuke! ―reclamó furibunda con los puños cerrados, jalando todo el oxigeno posible en sus pulmones. Necesitaba el aire o se desmayaría de la impresión.

No sabía que pensar, decir o hacer.

El corazón le latía a mil por hora, sentía sus orejas calientes y estaba segurísima de que su rostro estaba ardiendo en rojo-tomate-intenso. No sabía si era de la pena, ira o vergüenza que sentía; o tal vez era todo al mismo tiempo.

Lo miró descolocado tratando de entender que era lo que estaba pasando, el Uchiha se veía confundido. La miraba con el cabeza ladeada tratando de comprender que había pasado.

Su plan era simple: buscar a Sakura, besarla y lo demás se daría solo.

Era un plan infalible, hermoso por su simpleza.

Sakura esperaba una respuesta y se la exigió de nuevo.

Sasuke no pudo responderle creía que estaba más que claro lo que pretendía. No necesitaba decir nada.

Como siempre tuvo que leer entre líneas, porque con él todo era así. Uno tenía que adaptarse a él mientras tanto él esperaba impaciente que los demás lo siguieran.

Fue ella la que dio el primer –para no variar algunas costumbres –.

—Sasuke nos conocemos desde hace años y nunca me has dado una sola muestra de cariño, nada. Ni siquiera por amistad, tú sabes lo que sentía desde hace años y nunca lo aceptaste, pero tampoco lo rechazaste. Me diste falsas esperanzas por tanto tiempo y ahora me sales con esto ―su respiración se había normalizada recuperando su color normal al igual que sus latidos cardiacos, lo miro cautelosa a la cara examinado cada gesto y entonces lo supo ―. No quieres a Karin ni un poco, ¿la estas usando para acusarme celos y que vuelva? Eso es que lo que me estás dando a entender.

La verdad estaba saliendo a la luz y el silencio fue suficiente respuesta. La furia comenzó apoderarse de su cuerpo, la sentía recorrerla de cabo a rabo como lava quemando sus entrañas, su respiración se hizo taurina y lo miró con rabia, para declarar con violencia:

—¡Eres despreciable! ―lo abofeteo con todo lo que pudo dejando la marca de su mano en su mejilla —. Le gustas mucho y juegas con sus sentimientos de esa forma ¡Eres un maldito bastardo! ―regaño sin darle la oportunidad a replicar nada —¡Madura! No eres el centro de universo ―negó con la cabeza confundida, no podía encontrar la razón de sus actos ―¿Por qué haces esto?

Sasuke por su parte no se defendió ante la acusación, le dolió mucho más que el golpe en su mejilla. Sabía que lo que había hecho estaba mal, más fue lo único que se le ocurrió para que Sakura volviera a él.

—Siempre pensé que estarías ahí para mí ¿ya no soy nada para ti Sakura? ―su voz era seria pero en sus ojos ónix se reflejaba la tristeza del rechazo definitivo.

Negó en silencio, antes cabía la posibilidad de una amistad, ahora no. Sus acciones eran reprobables, a Karin se le iba a partir el corazón cuando se diera cuenta de la verdad.

—¿Es por él? —cuestiono Sasuke frío, ambos sabían a quien se refería.

Abrió sus ojos jades al máximo sorprendía, no quería involucrar a Sasori en esto. Lo suyo fue algo que paso y no se dio cuenta en qué momento paso. El tenía treinta y cinco, ella solo quince. Veinte años de diferencia era un gran una brecha entre ambos.

—No ―respondió con calma y pausada― con o ni Sasori habría pasado esto. Todas las cosas por servir se acaban y aun mas si no las cuidan como es debido.

—Sabes que eso nunca va a pasar ―murmuro para más sí que para ella.

—Tal vez ―contesto seca antes de irse.

Ese último cometario le afectaba bastante. Dolió mucho escucharlo en voz de otra persona aun que ella sabía muy bien las consecuencias y el que "tal vez" que era su única esperanza.

Parecía ser que lo amores imposibles y no correspondidos era una constante continua en su vida, y solo tenía quince no quería ni imaginarse cómo sería después.

Llego al salón semivacío, tomó su asiento y se hundió en un estado de nihilismo el resto de las clases y para el colmo de sus males el maldito día se había vuelto a nublar quitándole el resto de sus energías.

Todo pasaba como en cámara rápida ante sus ojos, era como si alguien le hubiera oprimido el botón de adelantar y ella fuera una mera espectadora frente al televisor esperando que la película acabase. No se permitía pensar otra vez en sus dilemas existenciales por qué no la llevaban a ningún lado, lo único que quedaba era esperar y rezar por que las cosas pasaran de la mejor manera posible.

Tenía que pasar, lo que tuviera que pasar…

Crecer dolía mucho en momentos como aquel pero, valía la pena ser el final, lo presentía.

¿Cómo iba ese dicho? Las cosas más reconfortantes son las que cuestan más trabajo…o algo así iba no recordaba bien, pero esa era la idea principal.

De nada le servía alterarse y perder el norte otra vez. Tenía que concentrarse en el presente o estaba segura de que caería en un foso sin fondo y con nulas posibilidades de retorno.

No se dio cuenta de cuando habían terminado las clases hasta que fue la última que quedo en el salón fue consciente, miró la hora dándose con horror cuenta de lo tarde que era. No tendría tiempo de irse a pie como acostumbraba, se decidió por un taxi. No podía darse el lujo de llegar tarde en especial por el inventariado.

Llego a la base de que estaba a un par de cuadras de la escuela y espero su turno.

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Parecía que la gran voluntad del universo quería que todo saliese mal ese día. Estaba salada.

Primero el espantoso clima, luego el memo del Uchiha con sus caprichos egocentristas, para colmó iba tarde al trabajo y el taxi en el que se subió olía a rancio-viejo, y cuando se recargo en el asiento descubrió con pesar que cuando se paro para bajarse algo jalaba su cabello, llevo la mano con temor para saber qué pasaba.

El horror se hizo presente.

Quería gritar, llorar, golpear, maldecir al taxista y el resto de su progenie por su incompetencia.

Un asqueroso, masticado, babeado, usado, pegajoso, pastoso y repugnante chicle enredado en su largo cabello que con tanto trabajo cuidó.

Volvió a ver al conductor con una miraba que solo podía poseer el mismito demonio, ese pobre hombre redescubrió el veredero dignificado de la palabra TERROR con mayúsculas.

Cuenta la leyenda que ese día aparecieron los seis cuervos del mal salidos desde las entrañas de la tierra para llevar un alma en pena al averno donde sería torturado por la eternidad por sus pecados.

Su respiración era agitada, sus dientes rechinaban de frustración, su puños estaban cerrados con tal fuerza que le dolían, sus ojos inyectados de lágrimas de impotencia y estaba tratando de contar mentalmente del uno hasta diez, o, hasta que los números perdieran el sentido, para poder calmarse.

Era uno de esos días donde parecías estar salado de punta a punta, por más que trabas de ser positivo el mundo se iba por el drenaje y te valía un reverendo rábano si te llevaba con el en este punto.

"Todo va a estar bien, todo va a estar bien. Ver a Sasori quitara esta mala racha, ver a Sasori quitara esta mala racha" repetía como un mantra, mientras su cuerpo templaba tratando de contener las lágrimas. Aferrándose a la idea como un bote salva-vidas.

Necesitaba verlo o ese día sería oficialmente el peor de su vida.

Cerró los párpados tragándose el brote del llanto que estaba a punto de salir, jalo una gran bocanada de aire y se mentalizo. Coloco su mano en la perilla y entro al local.

Había llegado con el tiempo justo, claro si le metía prisa al cambiarse de ropa. Sabía de antemano que Sasori era un maniaco de la puntualidad y se ponía muy ansioso cuando no se cumplían los horarios. El llegar un segundo tarde era la peor grosería que le podías hacer, odiaba esperar con toda su ser.

Con el problema de su cabello, pues…ya improvisaría sobre la marcha.

"Tal vez con una cola de caballo para evitar que se enrede más y en casa se lo cortaría" pensó un poco más calmada mientras se dirigía a los vestidores evitando cualquier contacto o se echaría a llorar por el gran fracaso de su vida. Tenía que recuperar la templanza un poco más para enfrentar al mundo y ponerse a trabajar.

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La vio entrar como energúmeno después de escuchar unos estridentes gritos de ira y otros de pavor, seguidos de un llanto lastimero rogando clemencia y perdón en la calle.

Reconoció la voz de Sakura al instante y cuando estaba a punto de salir a ver qué pasaba, ella entro sin siquiera notarlo. Se fijo en sus ojos y en su expresión de cordero directo al matadero, también vio su espalda y tuvo notar el enorme chicle morado que parecía la mancha voraz tragándose su largo cabello.

Era una visión espantosa y muy asquerosa.

"Sea lo que se que le haya hecho al culpable se lo merecía."

Había escuchado tantas maldiciones de su parte y algunos sonidos anti-naturales que concluyo que tal vez Sakura blasfemando era mejor que Hidan.

Pensó que lo mejor de momento era darle su espacio para que se calmara, entre tanto buscaría algo para ayudarle a quitarse esa masa devoradora de su cabello.

Hizo una mueca de asco y se estremeció, eso era tan feo y repugnante que le recordó a una película de terror de los 50´s: The Blob, esa cosa del espacio que parecía una amiba y se comía todo a su paso.

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Una vez calmado su Hulk interior con ropa cómoda y que a la vez le hacía verse muy guapa. No era solo porque ella lo decía, era la pura verdad. Ayer se había esforzado tanto por obtener el equilibro perfecta entre su cuerpo, los colores, formas y líneas que la hicieren ver espectacular.

Unos leggins negros con sus calentadores verde manzana, sus pantaloncillos bombachos rosa pastel con pequeños cerezos esparcidos por toda la tela, su camisa campera de franela de cuadros a tartán entre distintas combinaciones de verdes y sus zapatillas negras con un moño muy coqueto a los lados.

Todo el conjunto estaría magnífico sino fuera por la zona de desastre que era su cabello.

—Señorita Haruno se encuentra mejor, sal para que pueda ayudarte a quitarte esa monstruosidad.

Ok, ahora sabía que Sasori había estado mirando, parecía retraído y distraído pero absolutamente siempre se daba cuenta de todo lo que pasaba en su tienda.

Salió con los hombros gachos y mirada triste, sabía que su pelo estaba en mal estado pero de ahí a llamarlo monstruosidad.

¡Auch! eso dolía y mucho.

Puede que en un principio se lo haya dejado crecer por el Uchiha pero, le gustaba mucho su cabello. Eran años de trabajo y esfuerzo, es cierto a veces la desesperaba pero quería su pelo.

—¿Está tan mal esta? ―quería el diagnostico completo.

—Pues…

—Olvídalo debe ser muy malo si hasta tú te quedas sin palabras.

—Tengo algo de hielo, podemos intentar quitarlo ―trato de animarla pero lo veía muy poco probable.

Asisto con la cabeza dándole permiso y fue a sentarse donde le indicaba.

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Después de dos infructuosa horas de jalones, frío, humedad y frustración Sakura hablo decidida.

—Córtalo, esto es inútil ambos lo sabemos ―era el momento de aceptar la realidad.

—Estás segura, puedo conseguir aceite para poder tratar de desenredarlo.

—Olvidado ambos sabemos que esto solo tiene una solución ―volteo para que viera su decisión en su cara. ―Hazlo.

Tomó el mechón rosado donde se encontraba el chicle y corto.

Ahora tenía el lado derecho de cabello más grande que el otro y se veía con franqueza fatal, parecía mordida de burro y eso era ser muy amable.

—Lo emparejare ―informo como pidiendo su permiso.

—Está bien, haz lo que tengas que hace confió en tú fino gusto. Sé que no me dejaras pelona ―bromeo para relajar el ambiente.

Con sus dedos midió en largo para dejarlo parejo e incluso se animo a hacerle degrafilado en las puntas para darle algo de volumen, dinamismo y de paso disimular lo disparejo que estaba su pelo. No quería que se le viera escurrido, el cabello era algo muy importante para las mujeres o por lo menos eso le había enseñado su abuela, y si la abuela Chiyo lo decía, debía tomarse como ley sagrada.

A estas alturas su destreza con los cortes era bastante buena, él mismo hacia los cortes y peinados de sus marionetas-maniquíes, así que estaba seguro de que algo podía hacer por ella.

—Listo, tú cuello se verá más largo con este corte y le favorece mucho a la forma de tu rostro ―musito suave acariciando su cuello.

Sakura trago grueso cuando sintió sus dedos trémulos sobre su carótida, su corazón se disparo haciendo que sus mejillas se tiñeran se rojo. Lo miró tímida y su aroma a roble la golpeo con fuerza.

—Ven ―la llamo a los probadores para que viera en el espejo el resultado final de su rosada melena.

Lo siguió embelesada mirando su ancha espalda y suspirando por él. Adoraba obsérvalo, todo su horrible día valía la pena por verlo.

El resultado final la dejo sin aliento, se veía preciosa con nuevo corte. Su flequillo estaba cargado para el lado izquierdo a la altura de su mentón y la parte de atrás estaba en ligeras capas desvanecidas dándole volumen y forma por encima de la nuca. Le daba un aire al estilo de corte de los años 60´s solo que modernizado.

Lo miro agradecida por el espejo.

Sasori le sostuvo lo mirada acariciando su hombro. La contemplo admirado, este nuevo estilo la hacía verse un poco mayor, más madura, más bella.

Sin ser consciente de lo que hacía, deslizo su mano a su barbilla haciéndola girar a él, a su rostro. Se inclino un poco para que dar a su altura, contemplo sus labios rosados entre abiertos que lo llamaban y la beso.

Sin más ni menos, solo se lanzo a lo que dictaban sus instintos.

Sus alientos mentolados se cruzaron, ambos tenían los párpados cerrados disfrutando el momento, donde el resto del mundo no existía. No eran Sakura ni Sasori, eran un hombre y una mujer compartiendo ese contacto, suave, ese ligero roce y dulce como la miel, ese casto beso.

El tiempo se detuvo, un torbellino de emociones y nuevas sensaciones los inundaron, una descarga eléctrica de gran voltaje los invadió a ambos dejándolos sin aliento.

Cuando se separaron de lo que a ellos les pareció una eternidad, ambos abrieron los ojos con sorpresa, preguntándose si había pasado lo que había pasado.

Fue un roce nada más, pero unos cuantos segundos fueron suficiente para que algo en ellos hiciera "el clic".

La miró confundido tapándose la boca. No sabía qué hacer o a dónde meterse, sus ojos miel reflejaban sus gran incertidumbre, sabía lo que había hecho pero no entendía él porque.

¡Mentira!, gritó su mente. Claro que lo sabía, era consiente… solo que no deseaba aceptarlo. Esa chiquilla bipolar, de piel blanca, ojos jade, cabello rosa, de pecho casi plano le gustaba.

¡Le gustaba maldita sea!

La gran revelación se hizo presente, haciendo que cayera la realidad como una cubetada de agua helada.

Se asusto, no del beso sino de lo que sintió al rosar sus suaves, delicados y delgados labios. La miro una vez más, ella también se notaba entre confundida y sorprendida.

¿Es que acaso ella también sintió lo mismo?

Ya no era un adolescente en plena ola hormonal que no sabía controlarse frente a una fémina. No, ya no, ahora era un hombre maduro de treinta y cinco años que se sentía como un asalta cunas, un rabo verde, un pedófilo que gustaba de una pequeña.

Se alejó de ella como si lo quemara, salió de probador disparado con pasos torpes sin mirar atrás como un autómata actuando solo por inercia. Fue a la parte de atrás de la tienda y subió las escaleras que lo llevaban directo a su oficina. Puso su mano en la manija de la puerta girándola con una lentitud pasmosa para abrir.

Las bisagras rechinaron de forma lastimera dando la bienvenida, dio un paso, luego otro y otro hasta quedar dentro de la habitación. Cerró la puerta a sus espaldas dando lugar a un fuerte golpe seco que anunciaba la despedida de un hombre completamente aturdido.

Aun no se lo creía, ¿lo que paso fue real o solo una triste ilusión de su subconsciente? Miro su sombra que partía a rastras sin decir adiós. La respuesta era clara, por supuesto que había sido real.

Se recargo en la pared temerosa preguntándose una y otra vez: ¿Por qué se iba, porque la dejaba así? ¿Acaso había hecho algo mal? Nunca había besado –el intento de Sasuke no valía –, y todo fue tan de repente que no tenía ni la más remota idea de qué hacer o decir. Luego esa cosa que sintió fue como millones de fuegos artificiales explotando una y otra vez.

Un montón de pregunta bullían en su ser sin respuesta alguna, pero la que mas importaba era: ¿Le gustaba también? y ¿Si le gusto porque se fue?

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Entro al cuarto desesperada quería respuestas, no podía dejarla así.

Vio que él parado dándole la espalda, viendo hacía la ventana.

—Fuera de aquí —mandó enojado.

—No me voy hasta que me digas de una buena vez que pasa —exclamo seria, ella estaba loquita por él. Lo tenía grabado en todo su ser, por supuesto que no iba a ceder.

Se volteo con violencia enojado y la encaro.

—¡Qué no comprendes! Esto está mal, mal. Tú eres una niña y yo…

Desvió la vista de ella, le quemaba verla.

¿Cómo es que habían llegado a esta penosa situación? ¿Cómo es que se había terminando por enamorarse de una chica tan joven? Era veinte años mayor. Esto era enfermizo.

Entonces si la quería, no era divagaciones de una niña tonta e insulsa. Su corazón se lleno de alegría y tristeza al mismo tiempo, esta confesión era algo agridulce, estaba al borde del precipicio e iba a lanzarse con el todo o nada.

—No soy una niña ―estaba a punto de llorar.

—Es que no comprendes esto está mal, es… enfermo.

Reacciono sin pensar, lo abofeteo furiosa. Amar no era nada malo y mucho menos enfermo.

—Lo nuestro no es ninguna depravación.

Su mejilla se tiño de rojo al instante, aun tenía el rostro volteado. El golpe le dolió muchísimo y lo hizo centrarse, volteo lento a verla y se desarmo por completo al verla llorar. No podía con eso, era demasiado.

—No llores, por favor no lo hagas ―tomó con sus manos su mentón y lo dirigió hacia él. Saco su pañuelo de su bolsillo y limpio con delicadeza extrema sus lágrimas.

Vio sus ojos cristalinas por el llanto y beso su frente para consolarla. Ella le correspondió abrazándolo, aferrándose a él.

No la negó.

Era una aceptación muda de ambos, ella sabía, él sabía. El cómo no importaba a estas alturas del partido. No iba a hacerle una declaración principesca con rosas, un unicornio volador rosado y a ser de pronto un príncipe encantador que le bajara el cielo, la luna, estrellas y no sé que mas tontería. Sasori no era ese tipo de persona, una aprobación hacia su persona y hacia Sakura reconociendo este mmm…lo que sea que sentía era más que suficiente.

Darle un nombre tan burdo como amor, no estaba seguro pero lo aceptaba y reconocía que era algo tan fuerte como admitir que deseaba estar con ella sin importarle su edad.

—Me siento como en esa novela del ruso ese… Vladimir no se qué. Ya sabes la de la niña esa que seduce al tipo que era su padrastro.

—¿Te refieres a Lolita? ―pregunto con la respiración entrecortada.

Afirmo en silencio.

—Yo no te seduje y tú no eres ningún pedófilo ―dijo en broma para aminorar la tensión.

Sasori sonrió con melancolía.

—Claro que sí, me sedujiste con tus expresiones, tú carácter bipolar, tú inocencia, tú inteligencia como todo tu ser lo hiciste.

Esa exposición de palabras era la mejor confesión de amor que había escuchado en su vida. Ella le quería también y era algo enteramente correspondido con toda su alma.

—Tonto, soy yo la que debería decir eso.

Ambos rieron con pesar, era demasiado tarde para cualquiera de los dos, ambos sabían era imposible echarse para atrás.

Se gustaban y hacerse de la vista gorda no iba a funcionar.

—¿Qué vamos a hacer ahora? ―cuestiono Sakura acomodada entre sus brazos.

—Supongo que iré a hablar con tus padres, tienes razón no soy ningún pervertido y no me gustas por tu espectacular cuerpo ―dejo salir el sarcasmo.

El golpe en el mentón no se hizo esperar.

— ¡Oye! Todavía me falta crecer un poco —reclamo con los caches inflados y frunciendo el ceño ―además solo aparentas por ahí de los veinte no nos veremos tan mal cuando salgamos.

Suspiro cansado.

—Supongo que tienes razón. Pero aun así tus padres van a matarme, por corromper a su única y muy preciada hija, pero en mi defensa seguiré sosteniendo que eres Lolita y me sedujiste.

Acaricio su cabello rosa e inhalo su suave fragancia, observo sus orbes jades que lo miraban con tanta ternura y amor. Su futuro era incierto e iba ser duro pero no huiría, deseaba hacer las cosas bien por ambos. Él era el adulto aquí y tenía que actuar como tal.

Se presentaría con sus padres y que pasara lo que tuviera que pasar.

Tenían una de dos: Lo aceptaban y eran ellos los que ponían las reglas para poder estar con Sakura o se negaban, aun así ambos buscarían la forma de verse y estar juntos.

Por el bien de Sakura esperaba que ambos padres fueran razonables y eligieran la primera opción por que no iba a dejarla.

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Estaba sentado en el mullido sofá azul marino de la sala soportando las constantes mirada de "te vigilo" de su padre que había aceptado a supervisar sus citas con Sakura después de una monumental discusión entre ambos. Por fortuna para él, la madre de Sakura era una mujer analítica y muy racional que tuvo que hacer entrar en razón a su furibundo ex-esposo diciéndole que era mejor dejar que se vean con supervisión a que se vieran a sus espaldas haciendo dios sabe qué.

Era una mujer muy dura, como para poder intervenir y parar una pelea que casi iba a los golpes solo por vía telefonía, si era así de imponente por teléfono ya deseaba conocerla en vivo y directo cuando se diera la oportunidad.

Fueron un par de meses desastrosos y roces constantes entre ambos hombres antes de poder tener una cita formal con Sakura.

¿Qué si era incomodo? Por supuesto, era molesto y muy frustrante pero Sakura lo valía, además su padre conforme iba corriendo el tiempo lo asimilaba un poco mejor y quizá algún día pudiera hablar con él de forma civilizada.

El aroma de las palomitas llegó a sus fosas nasales anunciando a Sakura. Verían una película llamada: Siete novias para siete hermanos.

Sakura estaba loquita por verla, era un musical y aun que él no era muy afecto le intereso que fuera del cine clásico y que al parecer era una adaptación al viejo mito de las sabinas de Roma.

Observo como sustituía un DVD por otro, después fue al sofá para sentarse a su lado y poner su cabeza en su hombro.

—Dime algo que no sepa de ti —dijo de pronto antes de tomar el control remoto y hacer algo de tiempo en tanto pasaban las advertencias, anuncios y demás comerciales para poder ver el menú e iniciar la película.

Lo pensó un poco antes de contestar.

—De niño jugaba con títeres de madera que mi abuela hacia para mí. Hacia pequeñas obras de teatro con ellos y mi abuela me ayudaba a montarlas para papá y mamá en el hospital.

Tomó su mano y la apretó contra sus labios para besarlo y reconfortarlo, recientemente le había contado que sus padres murieron en el hospital un mes después de un terrible accidente automovilístico que los dejo en coma, después de eso su abuela Chiyo y su abuelo Ebizo se hicieron cargo de él.

Eso le gustaba de ella, no le decía el penoso "lo siento" lastimero que le molestaba cada vez que se veía obligado a decir que de niño se había quedado huérfano. Eso no le ayudaba y le terminaba enojando, no necesitaba esos sentimentalismos hipócritas.

—Ahora dime algo de ti —sabía que diría algo que le sorprendería o simplemente lo haría reír.

Su otro secreto oscuro que guardaba como si la vida le fuera en ello era que era muy aficionada a las luchas libres, adora ir a verlas.

—Algo que no sepas de mí, un gran secreto ―dijo poniéndose el índice diestro en la barbilla barajeado las opciones. —Me gusta la lucha libre, no es algo muy femenil que digamos y por eso lo mantengo en secreto, solo lo sabe mi familia cercana –mamá y papá –, Ino mi mejor amiga, Naruto y su familia.

Abrio los ojos con rotunda sorpresa, eso era algo muy inesperado.

—¿Las luchas? —pregunto anonadado.

—Sí, nadie se espera algo así de mí, pero qué se le va hacer las adoro. Voy con Naruto cada vez que puedo, a su madre le regalan cortesías.

—Y cómo es posible que ese chico grito y bocón te guarde el secreto.

Le intrigaba la verdad, es que el chico no se veía capaz de guardar un secreto por mucho tiempo era un libro abierto y hablaba sin pensar.

Una mueca maliciosa adorno sus labios y con los párpados entrecerrados contestó con un tono un tanto terrorífico.

—Pues es que da la casualidad de que poseo cierta información que desea que se mantenga en secreto y si a él se le suelta la lengua pues…digamos que ambos nos conviene quedarnos callados sobre el asunto ―concluyo enigmática picándole un poco la curiosidad a Sasori.

El silencio se hizo presente, Sakura estaba feliz de haber logrado su cometido distrayendo a Sasori.

—¿Cuál es ese secreto tan importante? —había perdido ante su morbosidad.

—Conoces a la Guadaña Escarlata la luchadora enmascarada, la de los comerciales de cereal.

—Claro es muy famosa por toda Kohona, es algo así como una heroína ¿no?

Afirmo con la cabeza.

—Es la madre de Naruto, su identidad real es un gran misterio y los medios se volverían loco por una información así. Aun que la verdad nunca lo diría Naruto es mi mejor amigo, no lo traicionaría de ese modo, además adoro a su madre, lucha de una forma espectacular con sus llaves voladoras y ese cabello rojo ondeante la hace ver tan hermosa.

Suspiro con los ojos soñadores mostrando su admiración y Sasori se quedo sin aliento al verla con los mejías sonrojadas, las manos entrelazadas por la emoción que la embargaba. Era feliz al tenerla a su lado.

—Tal vez deberíamos ir las ver las luchas alguna vez —sugirió, el mundo de las muchas libres era algo nuevo e interesante lleno de misticismo en sus mascaras, honor y deber.

No paso desapercibido la sugerencia y ni los pensó dos veces para contestar.

—Seria una cita —afirmo emocionada.

—Por supuesto.

Y con una gran sonrisa puso play para ver la película, su próxima cita tal vez sería para ir a ver a la mamá de Naruto.

. . .

N/A: Ok ya está el final de esta pequeña historia, gracias por acompañarme en este recorrido fue un divertido escribirla. Las cosas terminaron muy bien con Sasori y Sakura. Sé que fue corta la historia pero ya no tengo nada más que poner sobre esta pareja en particular en este universo que hice, aun que no descarto la idea de volver a usar este universo para poner pequeñas historias de algunos otros personajes que salieron conforme escribía esta historia.

Le doy gracias a leontinees por su sugerencia de película, no he visto Siete novias para siete hermanos, pero me has metido el gusanito en cuanto pueda me la echo. Ya ves Sasori y Sakura ya la están viendo y parece que les gusta XD

También agradezco mucho a Emo Romantica 03 por betearme ¡Eres la mejor beta del mundo! \*O*/

Gracias a todas por leer, comentar y apoyar el fic, porque sin audiencia ¿qué es la historia?

Tomatazos y demás son siempre bien recibidos.

Gracias por leer, y hasta la próxima.