Siguiente capitulo! Espero que les esté gustando igual que a mi me gustó escribirlo :D Se agradecen los reviews
Al cumplir los 8 meses de embarazo ya casi no podía moverme. El Sr. Todd se reía de mi y me decía que no entendía como una persona tan chiquita podía tener un bebé tan grande. Yo me enojaba con él cada vez que me lo decía y suavemente le daba un golpe en el brazo, mientras los dos reíamos. Me costaba mucho trabajo dormir y había noches en las que no podía conciliar el sueño, ya que el bebé empezaba a quedarse sin espacio y por lo mismo se movía demasiado, manteniéndome despierta toda la noche. Casi todas la mañanas yo me quedaba en cama, leyendo o escribiendo, hasta que el Sr. Todd bajaba para ayudarme a ir a la panadería a preparar pays. Él hacía todo el trabajo duro mientras yo solo lo observaba, esperando a que la carne estuviera lista para poder empezar a rellenar los pays. Nos divertíamos inventando la vida de cada uno de ellos, imaginábamos su nombre y su historia, mientras el Sr. Todd intentaba adivinar en donde habían quedado cada uno de los clientes.
Pero una mañana al despertar, el Sr. Todd me dijo que le gustaría que ese día lo acompañara a la barbería para que pudiéramos estar todo el día juntos. Yo me emocioné ya que nunca lo había visto trabajar y no tenía ganas de separarme de él. Nos vestimos en silencio y caminamos juntos hasta la cocina, en donde desayunábamos mientras hablábamos de nombres para el bebé. Ya sabíamos que si teníamos una niña la íbamos a llamar Charlotte, pero todavia no habíamos encontrado ningún nombre para niño que nos gustara a los dos.
Cuando terminamos dejamos los platos sucios sobre la mesa y nos dirigimos a las escaleras que llevaban a la barbería. El Sr. Todd me cargó y empezó a subir las escaleras despacio, mientras yo me quejaba porque ya no me dejaba ni subir las escaleras sola. Él me escuchaba riéndose en silencio y yo me enojé más con él, sin mirarlo. Como pudo abrió la puerta y me sentó encima del baúl que estaba en una esquina de la habitación, mientras yo seguía sin mirarlo. "Estás enojada conmigo?", me preguntó fingiendo una voz triste y yo no le contesté, todavia sin mirarlo. Aún asi él me sonrió y se arrodilló a mi lado para besar mi vientre, en silencio y con los ojos cerrados. "Por qué siempre besas mi panza?" le pregunté dulcemente, olvidando que estaba enojada con él. Me miró y me susurró al oído: "Porque amo a mi mujer y a mi bebé". Yo sonreí y se me llenaron los ojos de lágrimas, él acercó su rostro al mio y acarició mi mejilla.
Justo cuando nos íbamos a besar, la puerta se abrió bruscamente y por ella entró el Beadle Bamford. El Sr. Todd lo miró sorprendido, y yo los miré a los dos con cara de susto, sin saber qué hacer. El Beadle nos miró a los dos y se acercó a nosotros, yo me recuperé más rápido que el Sr. Todd y con una sonrisa lo saludé, estrechando su mano. El Sr. Todd reaccionó al ver que el Beadle me tocaba y rápidamente movió su mano hacia su cinturón, en donde guardaba una de sus navajas. Yo lo miré mientras el Beadle besaba mi mano, pidiéndole con la mirada que no hiciera nada. Él se quedó observándonos, palideciendo y dando un paso hacia adelante cuando el Beadle tocó mi vientre, sonriendo y preguntándome cosas acerca del bebé. Yo contesté a todas sus preguntas, intentando mantenerme calmada, todavia mirando al Sr. Todd.
Varios minutos despues el Beadle se acercó a él y le dió varias palmadas en la espalda, diciéndole: "Cómo me gustaría que esa mujer fuera mía, al bebé te lo regalo". Por única respuesta el Sr. Todd le sonrió y cuando el Beadle le dió la espalda para sentarse en la silla me dijo, sin emitir ningun sonido, que no me preocupara. Yo me quedé sentada encima del baúl, observando cómo el Sr. Todd ponía crema para afeitar en el rostro del Beadle, mientras éste cerraba los ojos y tarareaba una canción. El Sr. Todd tomó una de sus navajas y la sustuvo cerca de la graganta del hombre, con un brillo extraño en los ojos, mientras yo empezaba a ponerme nerviosa. Él movió la navaja y empezó a rasurar al Beadle, moviéndola con cuidado de abajo hacia arriba, apretando el respaldo de la silla con la mano que le quedaba libre. Mis manos empezaron a temblar de la emoción al ver como seguían brillando sus ojos, ansiosos por ver a aquel hombre morir asfixiado y desangrado. El Sr. Todd dejó de mover la navaja, apoyándola contra el cuello del Beadle. Poco a poco fué apretándola más y más, hasta que el Beadle abrió los ojos y aterrado comenzó a retorcerse en la silla, mientras la navaja se hundía en su cuello y la sangre corría por su ropa. El Sr. Todd siguió moviéndo la navaja, cortando su cuello en dos, hasta que finalmente su cabeza quedó colgando, unida al resto del cuerpo únicamente por un pedazo muy delgado de piel, manchando todo el piso y la silla de sangre. Yo respiraba entrecortadamente, sin apartar los ojos de la cabeza del Beadle, que se mecía peligrosamente sobre sus hombros.
Conforme la sangre seguía brotando yo sentí como mi corazón se aceleraba, necesitaba verlo más de cerca. Intenté contenerme para no levantarme del baúl e ir directo hacia donde estaban el Sr. Todd y el Beadle. Lo que más deseaba en ese momento era sumergir mis manos en el charco de sangre que empezaba a formarse alrededor de ellos, quería olerla, sentir su textura y ver mis manos cubiertas de aquel líquido rojo, brillante... Delicioso. Por un momento me olvidé por completo del mundo y de la realidad, y lo único que me mantenía consciente era el movimiento de la sangre resbalando por la ropa del Beadle. Pude sentir mi propia sangre corriendo por mis venas y deseé poder ver a través de mi piel. Su sangre no era igual a la que veía yo abajo, en la panadería. La otra ya estaba fría, sin olor, sin fuerza que la empujara al salir del cuerpo. En cambio la del Beadle desprendía un calor que me llenaba por completo, a pesar de que no estaba muy cerca de él. Su aroma era delicioso, y yo no era capaz de compararlo con ningún otro. Pero lo que más me excitó fué la fuerza con la que salía, saltando hacia el exterior, todavía empujada hacia afuera por el movimiento de un corazón que estaba a segundos de detenerse, de morir... Volví a la realidad gracias al ruido que hizo el Sr. Todd al hacer funcionar la silla, que se reclinó hacia atrás, dejando ver un hoyo en el piso, por donde desapareció el cuerpo del Beadle, golpeando ruidosamente el suelo de mi panadería.
El Sr. Todd se lavó las manos usando un recipiente con agua que había encima de una estantería y caminando lentamente se acercó a mi, sin quitarme los ojos de encima. Se sentó a mi lado en el baúl y me besó, abrazándome fuertemente, mientras yo volvía a la realidad, sorprendida por mi reacción ante lo que había ocurrido. Durante el resto de la mañana el Sr. Todd tuvo 8 clientes en total y a todos los mató con la misma pasión, mientras yo miraba detenidamente, respirando con dificultad. Entre cliente y cliente él aprovechaba el tiempo y se acercaba a mi, me besaba y me decía lo mucho que nos amaba a mí y a nuestro bebé, y yo me sentía felíz de ser toda suya.
A las 4 de la tarde bajamos a la panadería, pero esta vez yo no dejé que él me cargara y sólo alcanzaba a ver cómo él mantenía sus brazos alrededor de mi, sin tocarme, listo para sostenerme. Trabajamos un rato en la panadería y al caer la noche volvimos a la casa, en donde encontramos a Toby barriendo la cocina, contento por no tener que acercarse a la panadería. Saludó al Sr. Todd con un movimiento de cabeza, pero a mi me besó en la mejilla, abrazando mi cintura. Yo sonreí y lo besé también, mientras el Sr. Todd apretaba los puños sin que yo lo viera, pero cuando Toby tomó mi mano y la besó, él se acercó corriendo a mi y me alejó de Toby, rodeando mi cintura con su brazo. Al mirarlo comprendí lo que le pasaba y para calmarlo le dije al oído que lo amaba, a lo que él respondió relajando un poco su brazo y sonriendo sin mirarme.
Entramos a mi habitación y de repente él me cargó, dando vueltas mientras yo gritaba y me reía, hasta que él chocó contra la cama y caímos en ella, yo encima del Sr. Todd, todavía riendo. El bebé pateó dentro de mi y los dos lo sentimos, "Ya ves? Lo asustaste! Que mal papá eres!" le dije todavia riendo. Nos acurrucamos en la cama, uno junto al otro, abrazándonos. Él dirigió su mirada hacia el bebé y con ternura dijo: "Buenas noches Charlotte". Yo sonreí y le respondí: "Todavía no sabes si es Charlotte...". El Sr. Todd me miró a los ojos y me besó lentamente, "Yo sé que es Charlotte". Los dos reímos y nos tomamos de la mano, cerrando los ojos muy cansados, despues de haber tenido un día muy... productivo.
