Maldito sol- pensaba Ron mientras un rayo de luz dorado le tocaba la piel. El dolor de cabeza era insoportable, y sentía que el 'leve' sonido que hacía el mar, era todo un estallido que le retumbaba los tímpanos. En ese momento cayó en cuenta de donde estaba: en el piso. Intentó recordar qué había pasado la noche anterior, estaba enojado, eso lo sabía, luego un retortijón en el estómago, la confusión le siguió con un toque de desesperación por regresar; y unas horas después, estaba en una cantina, luego estaba triste, una copa de whiskey, luego una botella de hidromiel, y lo siguiente había sido aparecer en la casa de Bill…
-¡Bill!- exclamó con la mente un poco más despejada
-Al fin despegtó, Bill- una dulce voz se oyó desde una puerta a unos metros de donde se encontraba. Y su hermano bajó las pequeñas escaleras con una sonrisa preocupada en el rostro. Por eso había recurrido al primogénito Weasley, era el único que no le recordaría su situación de por vida o no lo trataría como a un niño pequeño.
-Veo que 15 horas de sueño sirven de algo, luces horrible por cierto- se había acabado la confusión y el pánico se apoderó del pelirrojo, no había sido un sueño, en realidad había abandonado a sus dos mejores amigos en medio de la nada. La voz de su hermano confirmaba todo, incluyendo la resaca.
-¿Dime que no pasó lo que creo que pasó?- suplicó, había una mínima posibilidad de que hubiera despertado de un largo coma, y todo lo relacionado con la guerra (incluyendo su traición), hubieran sido ilusiones de su subconsciente.
-Si crees que te emborrachaste en Merlín sabe dónde, y llegaste a mi casa a las 3 de la mañana, si eso pasó-.
-Perdón- dijo, a juzgar por la actitud de Fleur (y sus gritos toda la mañana) al menos ese era el comentario correcto- Fleur debe querer matarme.
-No te preocupes, algún día se le pasará…
-De sorte que vous pensez- se escuchó un gritó de la cocina, era mala señal cuando Fleur empezaba a hablar en francés.
-Como dije, algún día, en un futuro lejano.-dijo Bill con tono más bajo-Y no está enojada contigo, al que quiere matar es a mí; cree que no debí correr a 'salvar' a un desconocido en la playa- la última parte la dijo en voz alta esperando que su esposa lo oyera, y cumplió su cometido, ya que se empezaron a oír fuertes gruñidos y susurros amenazantes, junto con un cuchillo que cortaba muy fieramente.
-Pero no soy un desconocido, ¡soy tu hermano!- respondió atónito, si así estaban las cosas, era mejor fingir resaca. Lo que menos quería era que lo creyeran aún más imbécil.
-¡Eso le dije!- exclamó- Pero recuerda, son tiempos difíciles, debemos ser precavidos. Lo importante ahora es que me digas ¿Qué paso anoche?
La pregunta del millón ¿Qué pasó? La pregunta que lo evidenciaba como un cobarde, insensible y estúpido imbécil. Primero cobarde por huir, abandonar. Sensible por caer en la estúpida tentación de un objeto, cosa en la que ninguno de sus amigos había caído. Estúpido por oír los gritos de aquella chica castaña que tanto quería, e ignorarlos, huir, lo que nos vuelve a llevar a la cobardía. Y por último imbécil, por todo lo anterior, junto. Si eso no era una total estupidez, o el peor error de toda su vida, era su sentencia de muerte.
-No lo sé- contestó, y era verdad, no lo sabía bien- Los abandoné, Bill- decirlo en voz alta era peor de lo que se esperaba, el ácido de la vil traición le quemaba la garganta- Peleamos, discutimos, estaba enojado, no sé qué me pasó… El punto es que los dejé. Recuerdo la lluvia, luego los gritos de Hermione; un segundo después, estaba en algún lugar al sur de Gran Bretaña, creo. No estoy seguro- se paró para pensar en cómo describir lo que seguía: el arrepentimiento. La debilidad de un cobarde- Intenté regresar-dijo al fin- Pero no encontré la casa de campaña, la busqué, ¡lo juró!- no sabía si confirmaba su historia para sí mismo, o como una respuesta automática ante la mirada de su hermano. Tal vez era sólo para calmar aquella vocecita en su cabeza que le gritaba ¡COBARDE!- lo que recuerdo es que llegué a un bar, no sé si era muggle o mágico, pero el dueño me sirvió gratis- otra vez lo carcomía la culpa-Creo que sabes lo que vino después. Me sentía mal, no podía ir a la Madriguera- prefirió omitir la razón, no quería parecer un cobarde que además de huir corría a los brazos de su mami- tampoco con Fred y George, el callejón Diagon es peligroso. Así que vine aquí- sonrió con tristeza y melancolía- Perdón…- eso era lo único que podía hacer: disculparse. Lo mismo que hace un maldito cobarde después de sus estupideces.
Bill lo miró, una mirada que Ron no supo interpretar, parecía triste, acusadora; pero tal vez sólo era el reflejo del monstro de la culpa que lo consumía por dentro y le jugaba malas pasadas engañando a sus ojos. Tal vez era cierto, su propio hermano lo odiaba y lo echaría de su casa.
-Mejor come, debes tener hambre- dijo secamente. Sin duda, la frase más cortante que había oído en su vida. ¿Cómo después de confesar su atroz crimen lo invitaba a comer? Deberían dejarme morir de hambre, al menos así habría un cobarde menos en el mundo pensó.
-No tengo hambre- mintió.
-¿Bill quieges que le pogga sal a tu filete?- dijo Fleur desde la cocina
-No, ponle pimienta- exclamó, lo decía normalmente ¿quién en su sano juicio actuaba así después de oír una confesión como esa?- Oh, y un poco de paprika- definitivamente Bill estaba loco.
-Won, ¿pgefiegges cgema o sopa?
-Dice que no tiene hambre- dijo su hermano mientras Fleur entraba a la sala de estar
-¿Cómo? Molly nunca me pegdonagia si no te alimentaga bien- su voz sonaba preocupada y maternal. Perfecto, había rehusado ir con su madre y ahora Fleur se comportaba como una.
-A mamá no le importará- dijo- Y perdón por todo…- más disculpas
-No tienes qué preocupagte- dijo - les diguimos que segian recibidos siempge- una sonrisa hermosa apareció en su rostro de porcelana, sus ojos se volvieron más azules que nunca y su cabello plateado adquirió un brillo que fue más evidente aun cuando lo sacudió hasta ponerlo sobre su hombro. Estaba usando su herencia veela, Ron lo reconoció, pero por alguna razón desconocida, no le afecto en nada. Bill pareció estar más que acostumbrado a estos arranques de la semi-veela.
-Aun así perdón- bajó su cabeza, si sentía vergüenza al ver a su hermano a la cara, era peor con la que fue su amor platónico a los 14 años.
- Está bien, no cenes- dijo su hermano con falsa indignación- pero no te negarás a acompañarnos.
-Basta Bill- dijo Fleur retomando su aire de belleza natural, aunque manteniendo esa sonrisa veela en el rostro- Pgimego tiene que aseagse. Yo ige a tegminag la cena- y con esto se retiró a la cocina.
-Sabes dónde está el baño…-afirmó su hermano-Cenamos a las 7, puedes tomar lo que quieras de mi ropa. Es la tercera gaveta a la derecha de la cómoda pequeña.-decía mientras subía las escaleras.
Ron estaba asombrado. No sabía bien si era por la paciencia y tolerancia, o la indiferencia que demostraban su hermano y Fleur.
-Gracias- dijo no había otra palabra más exacta que esa
-No hay de qué.
