Las dejo con la versión mejorada de esta historia que tanto significa para mi, y espero que comprendan que para no enloquecerlas y enloquecerme yo, me fue necesario eliminar los capítulos y comenzar a subirlos de nuevo una vez que los tenga editados...

Gracias Ginegine por betearla…

Y a ustedes por leer.


Disclaimer: Ni los personajes, ni los caracteres de la historia me pertenecen. Son de . Solo me atribuyo la trama de esta historia, que en muchos sentidos realmente es MIA.


PRIMERA PARTE

Capítulo 1

Nostalgia.

Bella.

16 de noviembre de 2006. 7 a.m.

"…estaba de nuevo en aquel lugar.

Podía sentir la brisa remover mi cabello y la calidez de su cuerpo. Firme y delgado, traspasando la delgada tela de la camiseta que cubría su torso rodeado por mi brazo.

Sin mirarlo, sabía que llevaba puesta aquella rotosa gorra blanca de béisbol, y que sus mechones ondulados asomaban por debajo, desordenados, juntándose con aquella barba desprolija que cubría su angulosa quijada, ocultándole al mundo la belleza de su rostro.

Su respiración era calma y profunda, como la mía, y adivinaba sus verdes ojos perdidos en el paisaje que se desplegaba frente a nosotros como un mural, igual que los míos.

No hacía falta mirarnos, ni hablar para expresar lo que sentíamos, para darle nombre o palabras a la conexión que nos unía, allí parados, o explicar lo que corría en nuestras almas bajo aquel viejo árbol de raíces gigantescas, mientras disfrutábamos la tarde mirando el abismo…

De repente la tierra se movió, desapareciendo debajo de nosotros.

Todo se volvió oscuro, helado y Edward se aferraba a mis manos para no caer en el abismo, que ahora se agrietaba debajo de mí... pero era inútil… sus manos resbalaban de las mías, y una fuerza misteriosa tiraba de mí hacia arriba, hacia atrás, alejándome, mientras él desaparecía en las sombras, y su grito desgarrado me helaba la sangre.

Bellaaaa!..."

En mi desesperación por soltarme y ayudarlo, algo golpeó fuertemente mi pierna y de repente me encontré con los ojos desmesuradamente abiertos, sentada en mi cuarto, en medio de la cama revuelta, y con el sol entrando por la ventana.

Intentando calmar mi agitada respiración miré a mi alrededor, tratando de cerciorarme que era cierto, que aquello no había sido más que un horrible sueño.

Un sueño que no tenía hacía mucho tiempo.

Mi particular y extraña mente me llevó a preguntarme ¿Por qué?

¿Por qué ahora después de tantos años volvía a soñar con él?

¿Y por qué volvía a sentir con tanta claridad absolutamente todo?

Aquella conexión… el dolor, la desesperación… y el amor que creía ni siquiera recordar ya.

Con manos inseguras tomé mi celular de la mesa de luz y miré la hora:

7: 15 am del 16/11/ 2006.

Agucé el oído, tratando de descubrir si quedaba alguien en la casa pero no. Jacob seguramente ya se habría ido al trabajo, escasos veinte minutos atrás.

Con pasos sigilosos salí de nuestra habitación y me asomé a la habitación del frente, donde Kellan dormía placidamente, agarrado a un suave y regordete pato amarillo de peluche, con el pico y las patas naranjas.

Su expresión relajada y apacible me tranquilizó, y luego de ordenar un poco sus sábanas y tocar sus facciones perfectas, entré al baño para lavarme la cara. Mi imagen en el espejo no era nada alentadora: profundas ojeras surcaban el borde inferior de mis ojos y suspiré con resignación.

-Tal vez hoy Jacob decida terminar con la guerra fría y vuelva a dirigirme la palabra… -me dije, mientras me cepillaba mecánicamente los dientes y ordenaba unos rebeldes mechones de mi cabello en una improvisada cola de caballo.

Una vez en la cocina, encendí la cafetera y tomé el periódico que Jacob había dejado sobre el desayunador.

16 de Noviembre de 2006.

Miré nuevamente la fecha y algo revolvió mi estómago cuando me di cuenta:

El cumpleaños de Edward… y soñé con Edward.

Después de… demasiado tiempo.

Intenté varias veces alejar de mí la nitidez del recuerdo y de la cálida sensación de su cuerpo junto a mi en aquel abrazo del sueño. Incluso podía sentir el ritmo acompasado de su respiración al respirar yo misma, como si aun estuviera ahí, conmigo.

Algo que no quería estaba creciendo en mi interior justo ahora, y tenía ganas de gritar: nostalgia.

No debía permitirme esos pensamientos.

Volví a mi cuarto con frustración, totalmente consciente de esa sensación que odiaba, y había reprimido hasta que creí había desaparecido definitivamente: necesidad.

Me encontré necesitando a Edward. Queriendo desesperadamente saber algo de él. Siquiera si estaba vivo…

En un impulso del que seguro me arrepentiría luego, comencé a rebuscar entre los libros que tenía en la atiborrada biblioteca de mi habitación -debido a mi costumbre de leer en la cama- hasta que di con ella:

La agenda de tapas negras, que por su particular encuadernación fácilmente se confundía con un libro. Sonreí al comprobar que seguía ahí.

Con decisión busqué en aquel viejo índice un número. Ese que me diera una vez de la casa de sus padres, aquella primera vez que nos separamos por dos semanas… 9 años atrás.

Me pregunté si serviría todavía. No había vuelto a llamar desde… ¿aquella vez?

Después de dar millones de vueltas por el cuarto, dándome ánimos para tomar el celular y marcar, y reprendiéndome luego por la estupidez que estaba por hacer me decidí.

Llamé.

Mi corazón parecía estallar en el pecho mientras aguardaba que alguien atendiera del otro lado. Llevaba años de no sentirme tan nerviosa.

Una voz de hombre, lejana y desconocida contestó del otro lado:

-Diga.

- ¿Con la casa de Edward Masen? ¿O la familia Masen?

- No señorita, tal vez ha equivocado el número.

Se lo repetí para cerciorarme, y la voz volvió a decir:

-Mire, nosotros compramos esta casa a sus dueños hace unos años. La verdad no recuerdo el apellido de los señores. Sepa usted disculpar. No tenemos ningún dato de ellos…

-Oh… entiendo - apenas mascullé.

-Tal vez si quisiera volver llamar dentro de unos días...-sugirió el desconocido al notar el desánimo en mi voz.

-Oh no, está bien, no se preocupe, soy una vieja amiga de la familia y solamente llamaba para saludar –. Mentí. - Perdone la molestia.

- No señorita. No es molestia. Vuelva a llamar si necesita.

Colgué. Emocionada por lo que acababa de hacer: me sentía algo osada. (Qué ridículo)

Y a la vez, estaba desanimada hasta los cimientos: era consciente de que el único dato que creía tener para encontrar a Edward con seguridad probablemente ya no servia, y dudaba seriamente de ser capaz de llamar de nuevo para averiguar más.

Una parte de mi cayó en la más profunda desolación.

La otra, decidió que ya era hora de reiniciar la búsqueda que tenia abandonada hace tiempo. Una que había empezado cuando Kellan tenia un año y medio, luego de una extraña visión: una mezcla de flash back, aparición y deja vú de Edward, que me paralizó una tarde mientras ordenaba el cuarto de la casa en que vivíamos en aquel entonces con Jake: cuando literalmente lo viparado a mi lado y escuché claramente su voz llamándome.

(Confieso que por unos días pensé que estaba loca)

Me sentí pésima toda esa mañana. De alguna manera había traicionado a Jake llamando a Edward, aunque no hubiera hablado con él.

Había amado y respetado a Jake con lo mejor de mí misma desde el principio de nuestra relación, y era consciente de que Jake había tolerado muchas cosas de mi parte. Yo estaba rota cuando me encontró, y él con su calidez y su paciencia, poco a poco me había reconstruido de nuevo en algún sentido, soportando mis llantos y mis días de encierro melancólico sin preguntarme nada.

Pero las cosas venían mal, y decayendo a ritmo vertiginoso desde el segundo cumpleaños de Kellan. Fue esa misma noche después de la fiesta, que Jake me sorprendió con una confesión inesperada: no estaba seguro de amarme.

Y desde entonces, nuestra relación pendía de un hilo... uno que estaba a punto de cortarse, según lo veía yo... dados los últimos sucesos entre nosotros.

Casi sin darme cuenta, mis manos comenzaron a hojear aquella vieja agenda, donde todavía mis casi ilegibles anotaciones, narraban con escuetas palabras mis actividades de aquel año en la universidad...

No sé exactamente en qué momento las palabras comenzaron a surgir, quemándome el pecho y las manos, despertando en mí aquella urgencia por escribir, pero minutos después, contemplaba con ojos azorados el resultado:

Tengo nostalgia de tus tiempos,

amigo de horas, amor...

Tengo tristeza de tu risa hoy ausente.

De tus ojos inocentes,

de las cosas compartidas, tan distantes a estos días…

El silencio de tu ausencia me agobia el alma y el cuerpo.

Recorro mil veces el camino que fuera de tus pasos:

las calles y los números ahora son de otros.

Te he perdido.

Tu presente me es desconocido.

Solo me queda el espacio de tu nombre,

y algunos recuerdos en el alma y en el cuerpo.

Tengo necesidad de saber que vives,

aunque sea más allá de mis manos.

De saber que aun sueñas bajo estas mismas estrellas.

¡Tan lejanas ya a nosotros!

Tengo nostalgia de tu voz: apretada, melodiosa.

De tus dichos y recuerdos,

de tus sueños no cumplidos.

Nostalgia de nosotros,

De nuestro tiempo arrebatado.

Preguntándome mil veces

cómo sería que nos devolvieran el sueño,

que se cruzaran nuestras miradas,

que nuestras voces dialogaran de nuevo,

en esas mil formas que antes encontraban...

Se me pasan los días,

se consume esta vida...

Tengo nostalgia de la dicha,

que alcanzamos a vislumbrar, y nunca tocamos.

¡Tanta nostalgia que tengo de tu esencia!

...Que hoy no puedo desprenderme de tu nombre,

que no quiero despedirme de este recuerdo…(1)

Estaba llorando cuando acabe de leer, y esa antigua y casi olvidada opresión e en el pecho, como si algo lo estuviera perforando volvió a surgir con todas sus fuerzas.

Edward… ¿Dónde estas?

...

Jacob vino a almorzar.

No lo esperaba. No lo hacia últimamente.

Su turno de trabajo en la oficina comenzaba a las siete de la mañana, y terminaba a las tres de la tarde en los días de poco trabajo, pero durante los últimos meses había comenzado con horas extras y solía llegar casi a las cinco de la tarde a casa en vez del habitual horario de las tres.

Como era mi costumbre últimamente, hoy no había cocinado.

Solo había preparado el almuerzo especial que la dieta de Kellan requería y una simple ensalada para mi.

Llevaba un tiempo sin humor ni apetito, cosa que no me venia demasiado mal después de todo, porque los nueve kilos que había aumentado con el embarazo se negaban a irse, a pesar de los esfuerzos que hiciera durante todo este tiempo para lograrlo.

Y para alguien de mi estatura, aquello era difícil de ocultar.

Desde la mesa del comedor, donde estaba sentada y fingía estudiar, observé tratando de mantener la apariencia de falsa tranquilidad, cómo Jacob revolvía ruidosamente en la cocina en busca de comida, y gruñía maldiciones por lo bajo.

Miré con impaciencia el reloj de pared, recién eran las dos de la tarde y Kellan estaría en la guardería hasta las cinco.

Rogué para que el enojo de Jacob lo hiciera salir por la puerta con el mismo ímpetu con el que ahora había desaparecido por el pasillo hacia nuestra habitación, y así no tendría que padecerlo el resto de la tarde.

Luego de media hora de absoluto silencio, decidí asomarme para comprobar si estaba dormido y me sorprendió verlo sentado en nuestra cama con varios papeles esparcidos en su regazo. Los reconocí de inmediato: eran las facturas de nuestros impuestos y resúmenes del banco y de nuestras tarjetas de crédito.

Jacob estaba haciendo anotaciones en una pequeña libreta luego de comprobar algunas cifras en una pequeña calculadora de bolsillo. Iba a preguntarle qué hacia cuando levantó su rostro hacia mí y sonrió, palmeando el lugar a su lado.

Fruncí el ceño, llevábamos tres semanas sin hablarnos. Ni siquiera nos tocábamos desde que volví de mi viaje al hospital especializado para controlar la cirugía de Kellan y calibrar su implante coclear.(*)

-Tenemos que hablar… estuve haciendo algunas cuentas -. Dijo, con voz calma, señalando nuevamente el lugar junto a él.

Me acerqué dudosa y me senté, esperando a que continuara.

-Voy a irme - anunció, sin preámbulos y sin mirarme - estaba haciendo las cuentas para saber cuánto dinero tengo que dejarte todos los meses para los gastos...

Carraspeé incómoda sin saber qué contestar.

Los dos últimos meses en terapia con un psicólogo me habían ayudado mucho para darme cuenta de que lo nuestro ya no funcionaba. Lo habíamos intentado todo, incluso íbamos por un tiempo al mismo terapeuta de forma individual, y habíamos tenido varias sesiones en conjunto que sirvieron para mejorar la comunicación que en algún momento de los últimos cinco años perdimos, pero cada día que pasaba, y que yo me encontraba más conmigo misma y con las cosas que era y quería, notaba que el abismo crecía entre nosotros de manera irremediable.

-Bueno –. dije. Sorprendida de mí misma, porque esta era una ruptura y la estaba aceptando sin protestar siquiera.

-Me gustaría que no perdiéramos lo mejor que tuvimos siempre - dijo Jacob, ahora buscando mi rostro.

No comprendí, mis cejas se fruncieron con extrañeza hasta que me di cuenta: una de las cosas que mas añoraba desde que las cosas se pusieron tirantes era haber perdido la amistad y esa capacidad de reírnos de todo y de conversarlo, todo lo que alguna vez habíamos tenido...

-Ojala -, musité – que esto se termine no significa que te odie o algo parecido, - aclaré, señalándonos, luego de un incómodo silencio.

-Ya lo sé. Tampoco te odio Bella… es solo que… creo que… ya lo intentamos todo ¿no? Soy consciente de que si me quedo y seguimos forzando esto, solo nos haremos daño. No quiero eso.

-Yo tampoco. ¿Ya conseguiste un lugar? -pregunté, tratando de aparentar normalidad. Habíamos hablado muchas veces de eso: límites que no deben pasarse porque se pierde el respeto, y hay cosas que son irrecuperables.

No quería que eso nos pasara.

-No. De eso quería hablar… voy a quedarme en la casa por unas dos semanas más, pero me mudaré a la habitación de Kellan. Creo que el preferiría dormir contigo… - explicó –. Estoy buscando un lugar… seguro podré mudarme los primeros días del próximo mes.

-Está bien. No tengo problema con eso…

- Y bueno, es obvio, pero desde hoy ya no tienes ni tengo que explicar nada de lo que hacemos con nuestra vida y nuestro tiempo. Cada uno vive su vida en paz -. Agregó en tono de advertencia que ya no tenía nada que ver casi con el conciliador que había tenido hasta ahora.

-No iba a pedirte cuentas de nada -, repliqué. Nunca lo había hecho y no iba a empezar ahora. Yo era leal y confiaba en que él también lo era…

-Solo quisiera decir que, por respeto a Kellan y a la convivencia, que en la casa no… - comencé, pero Jacob no me dejo terminar la idea.

-No te preocupes Bella. No traeré a nadie, no estoy con nadie. No te dejo por otra. Es esto, que no funciona -. dijo señalándonos, y su mirada se apagó - Me está destruyendo, Bella... y puedo ver que a ti también… yo... te quise mucho… y si tengo que ser sincero... creo que todavía te amo Bella, pero…

-No es suficiente… - agregué - lo sé.

-Extraño hablar contigo por horas… ¿sabías? - dijo Jacob, tomando mi barbilla y forzándome a mirar sus oscuros ojos. Esta era la primera conversación tranquila y parecida a las de antes que habíamos tenido en muchísimo tiempo y por un momento sentí rabia. Era difícil resignarse a que al final no pudimos salvar lo que teníamos.

-Tal vez algún día lo recuperemos… y seamos buenos amigos… - dije, buscando en ellos algo que hace rato no veía… mi Jacob. Hace mucho tiempo que ya no éramos los mismos.

-Tal vez…

Nos quedamos en un cómodo silencio por un rato, sumidos en nuestros propios pensamientos, mientras Jacob seguía haciendo anotaciones en su libreta.

Si me ponía a pensar, nunca habíamos tenido una pelea realmente seria desde que estábamos juntos. Y las pocas veces que las tuvimos, no duramos mucho tiempo separados tampoco. La verdad era que nunca nos habíamos alejado el uno del otro más que unos días desde que nos conocimos también.

Fue como si nuestra historia hubiera pasado de la nada a todo… sin puntos medios…y ahora volviera a la nada.

-Extrañaré tenerte en mi cama también…- le oí decir en un murmullo y meneé mi cabeza en desaprobación. Eso no iba a suceder. Si lo nuestro terminaba. Terminaba definitivamente.

-Seguro que pronto va a llegar alguien a tu vida y no me extrañarás más -. argumenté, mirando hacia la ventana.

-No quiero a nadie más en mi vida, Bella. Lo único que siempre quise fuiste tu, y que esto funcionara… sé que me va a llevar tiempo olvidarte y no estoy listo para meterme de nuevo en una relación…

No respondí. No había querido pensar en eso.

Me era extraña la idea de Jacob con otra mujer, aun siendo consciente de que lo nuestro ya no funcionaba. Había sido el único hombre en mi vida por mucho tiempo, y a pesar de todo lo que se había roto entre nosotros, todavía sentía muchas cosas por él.

Era la forma en que ardíamos al tocarnos lo que más extrañaría de nosotros. Jacob era como un fuego, que me encendía a pesar de cualquier cosa que me pasara, y siempre necesitaba de mí. Ni siquiera en estas semanas que pasamos sin hablarnos habíamos dejado de estar juntos.

Solía despertarme con su toque en medio de la noche, y hacíamos el amor sin decirnos una palabra, a oscuras, a veces con furia, como si quisiéramos descargar en el otro de esa forma toda la frustración que sentíamos porque todo se iba a pique, y no había manera de detenerlo. A veces con una intensidad que rayaba en el dolor y la desesperación. Él me amaba, a su manera. Y yo a mi modo lo amaba también. Aunque por la mañana todo siguiera igual, y fingiéramos que el otro no existía.

Dos minutos después, mi ropa estaba en el suelo junto a la suya y estábamos los dos entrelazados en la cama, sumidos en aquella lucha singular, sabiendo que esta vez sí era la última vez.

Estaba segura de que en el momento en que Jacob atravesara la puerta para irse de casa, no habría retorno. De este lado de la puerta quedarían todos nuestros recuerdos juntos, y mi corazón cerrado para siempre.


* El poema me pertenece.

(*) Implante coclear : dispositivo electrónico que se inserta en la coclea a traves de una cirugía devolviendo a través de impulsos eléctricos al nervio auditivo la audición a personas con sordera profunda.

Se dará más información a lo largo de la historia.

Para las que leyeron las versiones anteriores, encontrarán algunos cambios en la forma de narrar... sobre todo en los pov de Bella, dejando conocer un lado que fue muy mencionado en toda la historia: su afición por escribir.

Gracias por leer