Disclaimer: Tanto los personajes como sus características principales pertenecen a SM y la saga Crepúsculo. La trama de la historia es TOTALMENTE MIA.
Mis disculpas por no subir antes…
Agradezco a Ginegine, mi trabajolica beta, que gusta de acumular capis de MC para betar compulsivamente luego por amar la historia tanto como yo por tomarse el tiempo de revisar esta locura.
Una noticia linda:
La pagina FF Twilight Hispanoamérica ha organizado los FFTH Awards con las historias promocionadas alli y dos de ellas estan nominadas en algunas categorías:
UN VERANO PARA RECORDAR:
MEJOR FIC RATED T
MEJOR FIC ROMANCE
A LOS 30:
MEJOR FIC M
MEJOR FIC CON LEMMON
MEJOR FIC ROMANCE
Y yo LAKENSTB:
Mejor autora neófita…
Espero que los problemas del contador de votos que tiene la pagina se solucionen pronto, pero si alguna quiere pasar x allí y votar puede hacerlo. (en este momento la pagina acepta repetición de voto, x lo que algunas nominadas tienen mas de 4000…lo cual obviamente es poco creíble xq se convierte la nominación en un concurso de dedo veloz, pero en fin… yo ya me siento halagada con la oportunidad de que las historias tengan difusión x estar allí, y con el aprecio de ustedes por mis historias y con sus reviews hermosos ya tengo el mejor premio.)
Gracias por leer!
La fiesta de SAM: o cuando Bella conoció a Jacob
Te extraño, profundamente, dulcemente
Y a la vez con bronca, con odio
con pena, con dolor.
Con una sensación tonta y profunda
de querer tenerte conmigo.
Caminé por todos los lugares ya sin encontrarte,
sin querer pensar,
sin querer recordar que ya te fuiste.
Que ya tus ojos no me miran, no me buscan
Que ya tus labios no me besan.
Es inútil intentar no recordarte,
Borrar tu ternura o mi dolor.
No sé qué es más profundo,
no sé qué es más posible
Si olvidarte o recuperarte.
O recuperarme.(*)
Bella Pov.
Noviembre de 2000.
No quería ir a esa fiesta. En realidad, lo que no quería era salir de mi cama, en lo posible nunca más.
Samuel Ulley, Sam para los amigos, era uno de mis compañeros de la facultad. Alto, desgarbado, moreno y de expresivos ojos marrones y desbordante ironía "inteligente, cursábamos varias materias juntos desde el primer año. Su personalidad divertida, ocurrente, e inteligente hacía que yo lo adorase. Él siempre lograba arrebatarme una buena carcajada a pesar de que eso más de una vez nos costara un trabajo extra en alguna de nuestras clases...
Aun así, esta vez no quería ir a su fiesta.
Y ahí estaban: Alice y Emily, mis compañeras de dormitorio, empecinadas, y trabajando vilmente mi conciencia desde la mañana, taladrándome con súplicas, tratando de convencerme de que ya era hora de dejar el claustro oscuro y lloriqueante en el que me había metido las últimas dos semanas.
Supongo que cansadas de verme arrastrarme de la cama al trabajo y del trabajo a las clases, para luego volver a mi cama.
Ellas seguían insistiendo en que tenía que salir en busca de alguna distracción. Yo replicaba que me volvería monja.
La más reciente y última "recaída de Edward" me había desvastado.
Ya habían pasado casi tres años desde que él se fuera dejándome sin una explicación de por qué lo hacía.
Una explicación que yo pudiera creerle completamente al menos.
No lo había vuelto a ver, ni había sabido absolutamente nada de él desde entonces.
Tampoco lo había olvidado.
Lo seguía amando, igual o más que antes, aunque ya casi nunca hablara de él. Lo seguía esperando sin esperanzas también, y recordaba cada detalle de las cosas que habíamos vivido juntos durante el escaso año y medio que compartimos en la universidad, pero su recuerdo era solo mío.
Edward cumplía sus promesas. Yo lo sabía bien. Aunque al principio él me hubiera prometido que siempre estaría aquí para mí.
Tiempo después, y luego de varios días de actuar extraño al volver de una visita de dos semanas a casa de sus padres, me había dejado.
Por toda explicación me había dicho que eso era lo mejor para nosotros, y como yo le pidiera una razón, me había dicho ya no me amaba como antes.
Mi corazón simplemente cayó en pedazos al escucharlo, pero en el fondo de mí, una parte no creyó que fuera cierto. Había algo en sus ojos, algo en el fondo de su voz, un dolor profundo que yo podía percibir en él, traspasándolo, y mi corazón decía que no todo lo que le escuchaba decir era cierto, que las cosas eran de otra manera. Pero por más que insistí, jamás pude convencerlo de que me dijera la verdad.
"-Lo entenderás todo algún día Bella, créeme – me había dicho - las cosas son mejores así…"
Todavía me preguntaba: ¿mejores para quién?
La última noche que hablamos, Edward me arrancó una promesa:
"- Prométeme que vivirás plenamente cuando me vaya y que intentarás ser tan feliz como lo éramos juntos, no importa lo que pase… y que no harás ninguna estupidez".
Él prometió lo mismo.
Y cada día desde esa tarde en que Edward atravesó mi patio por última vez,-llevándose de mi cuarto sus fotos y unas pocas cosas suyas que había dejado en los tantos momentos que compartimos juntos ese verano en mi casa, yo intentaba.
Llenaba mi vida de cosas, buscaba mis momentos felices y me aferraba a ellos con todas mis fuerzas, me esforzaba por sostener todo tal cual, como si Edward no se hubiera ido.
Pero a medida que pasaba el tiempo y él no regresaba, y yo no lo lograba, una parte de mí empezó a morir.
Poco a poco me fui alejando de todos los lugares que me recordaran su presencia, y de todas las personas con las que los dos compartimos algo. Me fui convirtiendo en un fantasma viviente que sonreía en automático. En un robot atiborrado de actividades para no pensar, agotando en mis rutinas hasta la última gota de energía que tuviera para poder caer en mi cama al final del día rendida, y así no tener tiempo de sentir la ausencia, el dolor, el vacío, y la terrible y constante sensación de que andaba por la vida desangrándome, porque una parte de mí había sido arrancada, y yo estaba irremediablemente incompleta.
Y como nunca antes, yo no sabía cómo curarme.
Mi corazón cansado rogaba que él regresara por mí, y se quedara para siempre, conmigo.
Pero lo conocía bien, y sabía que Edward se alejaría el tiempo que fuera necesario si estaba convencido de que eso era lo mejor para mi. Y que lo intentaría con todas sus fuerzas además, y por todo el tiempo que le fuera posible y más, sabía que hasta moriría intentándolo.
Así era mi Edward.
Por mucho tiempo no le creí que me dijera que no me amaba, no era lo que decía su cuerpo, no era lo que veía en el fondo de sus ojos mientras me hablaba duramente, despidiéndose con una frialdad que lastimaba.
Me aferré a esa esperanza, a ese dolor en el fondo de sus ojos, a ese algo en el tono de su voz que me decía que Edward seguía siendo mío, y que me amaba tan desesperadamente como yo a él.
Necesitaba una verdad, una verdad pequeña, pero que al menos me ayudara a entender, a aceptar...
"-No puedo dártela, Bella. Solo te lastimaría. "
Mis lágrimas comenzaron a bañarme el rostro al oírlo, y aunque me había jurado no desmoronarme jamás delante de ningún hombre, me acurruqué contra él y lo abracé, esperando que Edward se quebrara y me abrazara de nuevo, y la pesadilla se terminara ahí mismo.
Pero no lo hizo.
Sus brazos siguieron colgando, inertes a su costado, y yo solo me sentí ridículamente peor.
-Desearía que esto no hubiera llegado tan lejos –murmuraba Edward como para sí - ve a tu casa Bella, por favor…-rogó. - No alarguemos más esto. Ya no hay nada que tenga para decirte. Mañana por la tarde iré a buscar las cosas mías que están en tu casa.
Besó mi frente, y con firme delicadeza deshizo mi agarre.
Humillada y desgarrada me di vuelta en un esfuerzo sobrehumano, y empecé a caminar hacia mi casa sintiendo cómo comenzaba a desangrarme.
Junté valor suficiente como para no voltear a verlo hasta que doblé la esquina, aunque mi corazón gritaba con todas sus fuerzas:
-¡Corre, búscame! ¡No dejes que me aleje! ¡No dejes que me vaya!–
Rogaba escuchar sus pasos detrás de mí corriendo por el pavimento, alcanzándome, pero nada de eso sucedió.
Cuando llegué a la esquina, Edward seguía ahí parado, mirándome, con una palidez de muerte en sus labios apretados, y las manos hundidas en los bolsillos.
Tenía los hombros encogidos, como si sobre ellos estuviera el peso del mundo.
Lo vi volverse sobre sus pasos lentamente, y caminar en dirección a su dormitorio sin mirar atrás.
Llegué a casa apenas respirando. La imagen de su tristeza me desgarró el corazón para siempre.
Dos años después, todavía recordaba ese momento con la misma angustia y la misma nitidez, como si hubiera sido hoy. Pero el tiempo me había llenado de dudas y ya no podía creer… y que Edward simplemente no volviera y desapareciera así…
Ahora ya no estaba tan segura de lo que había creído ver en sus ojos, de lo que solo el contacto con su piel me hacía sentir, de esa intuición profunda que siempre había tenido para leerlo sin esfuerzo.
Mis días oscilaban entre el odio, el dolor, y las noches de lágrimas escribiendo en un cuaderno de tapas azules que sabía, él jamás llegaría a leer.
Mi corazón estaba encerrado en una caja.
Una mañana de septiembre, dos meses antes de la fiesta de Sam, un mensajero me entregó un sobre blanco con mi nombre impreso. Firmé el recibo y luego de darle algo de propina, entré a mi dormitorio y me senté en la cama intrigada para abrirlo. Mi corazón dio un vuelco:
Adentro venia otro sobre, con una muy prolija, particular, y pequeña caligrafía que reconocí de inmediato, aunque el sobre solamente decía mi nombre, y no tenia ni dirección ni remitente.
Devoré aquella carta manuscrita de varias hojas casi sin respirar.
Dos años y siete meses después… y frente a mis ojos estaba la razón que había pedido por tanto tiempo. La explicación, la respuesta, y también todo el dolor de Edward estaba allí.
Su cansancio se dibujaba como una postal en cada una de sus palabras, describiendo en sus prolijas líneas una vida tan inútil y vacía como la mía.
Me asustó su profundo deseo de que la vida se terminara para él porque no tenía sentido desde aquel día en que había partido dejándome atrás. Y su rabia, porque por más que huyera, nada podía hacer para escapar de lo que huía y no era libre ni siquiera de volver por mí.
En el fondo de sus líneas tristes y desesperadas percibí que su amor por mi seguía ahí, intacto, y todo el dolor acumulado por años en el fondo de mi alma resurgió, ahogándome.
En la carta había una dirección de e-mail por si alguna vez quería responderle, y lo hice.
Comprender algo de todo lo que Edward había pasado cuando se fue hizo que mi corazón volviera a sangrar como nunca. Hubiera querido estar ahí con él, y poder pedirle perdón por tantos arranques de odio que tuve en su ausencia, en los que había dicho y pensado tantas cosas horribles de él, solo por lo lastimada que me había sentido por su partida.
Por varias semanas mantuvimos un intercambio breve pero intenso de vivencias y anhelos teñidos de esperanza, y deseos de algún día cumplir el sueño y que el tiempo volviera para nosotros. Conformándonos apenas con las palabras que ahora podíamos compartir.
La vida se me iba iluminando poco a poco.
En uno de sus mensajes Edward me pidió que fuera por el fin de semana a la antigua casa en que yo vivía con Renée en la época en que estábamos juntos: Él iría a verme, y yo no entraba en mí misma de la felicidad.
Mi vieja casa seguía vacía e intacta con todos sus fantasmas, tal cual como estaba la ultima vez que había estado en ella. No había vuelto a pisarla desde el día en que mi madre decidió volver con Phil.
Renée había decidido comprar esa casa cerca del campus el año en que mi padre murió y vino a instalarse en ella por poco tiempo, luego de una mala época con Phil en la que decidió dejar de acompañarlo en sus viajes y tomarse un tiempo, dándole un respiro a la relación.
Me había obligado-convencido para que viviéramos juntas otra vez, y aunque en un momento dudaba que fuera una buena idea, ese había sido por lejos el mejor verano de mi vida.
Pero luego de la partida de Edward en Abril, para cuando las clases terminaron en noviembre y Renée decidió que ya era hora de regresar a la ciudad al lado de Phil, yo me quedé sola.
No aguanté. La casa estaba tan llena de mis momentos con Edward que se volvió una tortura que no pude soportar. Decidí dejarla.
Renée quiso que buscara alguna compañera para compartirla y de paso beneficiarme con algún dinero con la renta pero yo prefería irme y alquilar algún departamento, o simplemente regresar a los dormitorios de la universidad.
Andaba en esa búsqueda cuando conocí a Alice Brandon, que recién llegaba a la universidad luego de estudiar en el extranjero unos años, y dos días después nos estábamos mudando juntas a uno de los dormitorios semi- independientes de la universidad. Al año siguiente se agregó Emily.
Renée, despreocupada de mi vida y mis asuntos, simplemente cerró la casa. No quiso rentarla por si algún día decidía cambiar de aires, y se mudaban nuevamente a ella.
Ese fin de semana estuve allí. Esperé todo ese día, y toda la noche. Hasta me quedé todo el día siguiente esperando a Edward…
Nunca apareció.
Cuando volví a mi dormitorio y revisé mi correo electrónico buscando una noticia o una explicación, solo me encontré con un mensaje que decía...
Bella:
¿Cómo estas? Yo estoy tan feliz hoy que quería compartírtelo. Sé cuánto te alegran mis alegrías y bueno… el asunto es que por fin conocí a alguien... ella se llama Kristen Denali y nos conocimos la semana pasada en un campamento de la universidad donde estuve trabajando. Sé que suena apresurado, no te había dicho porque no estaba seguro de lo que iba a pasar pero… ahora estamos saliendo formalmente. Ella es perfecta para mi y…"
No podía creer lo que veían mis ojos.
El mail seguía, Edward agregaba una descripción completamente detallada de ella que me hirió en lo más profundo...¡si hasta parecía un identikit hablado de mi propia persona! La tal Kristen era una descripción exacta de todo lo que yo era y sabía que él amaba de mí… y ella estaba ahí, con él… al alcance de su mano…
Nadie jamás se había burlado de mí de esa manera, y aunque Edward no me había prometido nada en todo el tiempo que llevábamos comunicándonos de nuevo yo no entendía:
¿Para qué quería verme entonces? ¿Para qué había estado casi dos meses diciéndome lo mucho que me echaba de menos, lo que daría por solo unas horas conmigo?
Su último mensaje solo tres días antes de nuestro encuentro era de pura ansiedad por vernos...
¿Y ahora ésto?
Ese día mi corazón se volvió a romper. Me juré que nunca, pero nunca más creería en ningún hombre, y que jamás perdonaría a Edward.
Me encerré en mí misma.
Alice y Emily nunca supieron de mi "reencuentro epistolar" con Edward. Era demasiado complicado dar una razón de todo aquello sin contar parte de las razones que él me escribiera en su carta. Ellas creían que yo estaba otra vez con una de mis cíclicas recaídas nostálgicas.
Ya llevaba dos semanas en esa firme determinación de mutismo y auto encierro cuando Alice y Emily lograron convencerme de (mas propio sería decir "obligarme a") vestirme y maquillarme. No sin antes intentarlo con amenazas de todo tipo, incluyendo la de hacerlo ellas mismas maniatándome si yo no colaboraba.
Arrastrada contra mi voluntad, fui a esa maldita fiesta.
Sam vivía solo en un departamento pequeño, con un gran patio con césped y árboles a varias cuadras del campus. La calle finalizaba unos metros más allá y daba hacia un anfiteatro natural que lindaba luego con el bosque.
En las noches de verano, en el anfiteatro solían haber recitales de bandas en vivo y algarabía hasta la madrugada que podían apreciarse desde su patio, y como las noches de noviembre ya eran agradablemente cálidas, la fiesta estaba concurrida.
La mayoría de los presentes eran gente de la facultad que yo conocía de clases. Estaban desperdigados en diferentes grupos, algunos charlando y riendo, otros reunidos alrededor de una chica menuda que tocaba la guitarra estaban cantando a voz en cuello. Un grupo jugaba a las cartas en el interior, sentados a la mesa de la cocina apostando ridiculeces, y hasta alcancé a ver a un par de chicos sentados en un rincón pintando con óleos, además de la gente bailando…
Mientras recorría lentamente con la mirada el lugar, no pude evitar un destello de sonrisa. La casa de Sam era siempre un lugar donde la gente iba y hacía lo que quisiera que la hiciera sentirse mejor…
"Un centro terapéutico libre" - solíamos bromear.
Saludé, con tímidas sonrisas, aquí y allá, y luego recorrí un poco los grupos con mis amigas, hasta que ellas desaparecieron atrapadas en brazos de los chicos guapos de la fiesta.
Apenas había pasado una hora y ya quería irme. Pero sabía que era mejor quedarme y padecer la fiesta que soportar a Alice y sus diatribas en la mañana.
Tomé otro vaso con bebida de la barra de la cocina y esperé el momento oportuno para escabullirme al piso de arriba y esconderme en la habitación de Sam. Era el escondite perfecto, Sam nunca dejaba que alguien subiera a su cuarto en las fiestas, pero él sabía que yo estaba atrapada en ella contra mi voluntad y me dio el ok sin que tuviera que explicarme siquiera.
Luego de cerrar la puerta del cuarto casi con desesperación, terminé mi trago de un sorbo y me tiré en el sofá de cuero negro que estaba a un costado, casi contra el ventanal, luego de ponerlo de cara al vidrio. Me cubrí con una manta para que nadie que se atreviera a subir notara que estaba ahí, y luego de estar un rato en quietud dejando que mi mente se perdiera en el monótono rebote de la música y el sonido de voces que subía a través de la ventana, lloré incontrolablemente de dolor hasta que me quedé dormida.
Horas después, cuando me desperté, casi muero del infarto.
Cuando quise moverme noté que al lado mío había alguien más. No era Sam... porque Sam estaba en su cama con... ¿Emily?
No pude evitar una risa ante la imagen.
La tenue luz del velador junto a la cama del cuarto estaba encendida en el suelo y claramente veía las siluetas de Sam y Emily - los empecinados "solo amigos"- durmiendo muy abrazados en la cama. Alegrándome de que estuvieran con la ropa puesta sacudí mi cabeza con incredulidad, agradecida por el regalo que me estaba haciendo la vida:
¡Tenía diversión asegurada y chantaje para un año más o menos!
Me volví para ver el rostro de la persona que estaba recostada a mi lado. Era un chico, moreno, alto, delgado, de cabello grueso y oscuro, demasiado corto, con el cuerpo bien definido y extremadamente cálido que no conocía.
La brusquedad de mi movimiento lo despertó.
-Hola -, sonrió, mostrando una blanquísima y perfecta dentadura -. Soy Jake, Jacob Black. Perdona si te asusté.
Tenía la voz algo áspera por el sueño.
Hice un intento por saltar del sillón antes de contestarle, pero me atrapó las muñecas con sus manos ardientes y me quedé quieta.
-¡Sshh… no te asustes! –rió -. No tienes que irte. Te estaba mirando dormir y se ve que me quedé dormido también. No quise molestarte…
No me gustaba nada la situación, o por qué Sam lo había dejado subir si…, o si siquiera Sam sabía que él estaba ahí…
- Yo, tengo que irme... –dije tratando de incorporarme nuevamente.
-No lo hagas -rogó. Es muy tarde para que camines sola... te vi en la fiesta y estabas triste… Sam me dijo que te rompieron el corazón. Me gustaría conocer al maldito y…
- Yo no creo que... ¿de qué hablas?
Quería irme a toda costa. A cada palabra que Jacob decía solo me sentía peor. Lo último que necesitaba ahora era que alguien se aprovechara de mi mal momento. También iba a matar a Sam cuando despertara por que era evidente de dónde provenía toda la información…
- No seas tan arisca -, me dijo -. Sé lo que estas sintiendo, a mí también me pasó y puedo entenderte… no tendrías que esconder lo que te pasa. Podemos hablar si quieres...
No le respondí. Estaba atónita. Pero sus brazos cálidos me rodearon y sin que pudiera impedirlo, algo se quebró dentro de mí en ese momento.
Mis lágrimas empezaron a rodar de nuevo, calientes, y caían por mis mejillas sin que pudiera controlarlas.
-Sshhh tranquila… - susurró Jake.
Besó mi cabello y me estrechó un poco más aun.
- Si quieres puedes contármelo, o puedes intentar volver a dormir, ya en un par de horas va a amanecer y te acompañaré a tu casa… - ofreció, con suavidad.
No pude decirle nada. Las palabras simplemente no venían a mí. Él siguió meciéndome y canturreándome en el oído, hasta que en algún momento me relajé y me volví a quedar dormida entre sus brazos.
Me resultaba extraño después de tanto tiempo, sentirme tan cómoda en los brazos de alguien.
Un cosquilleo en la nariz me despertó y me di cuenta de que unos dedos me recorrían el rostro. No abrí los ojos. Sentí cómo los dedos se detuvieron en mis labios, recorriéndolos, entreabriéndolos. Luego, cuando sentí unos labios cálidos besar mi frente y la punta de mi nariz, mi estómago se estremeció.
Los labios siguieron bajando, hasta encontrar los míos, y los besaron con extrema suavidad. Abrí los ojos encontrándome con una sonrisa y unos ojos oscuros y cálidos. Una mano se posó en mi hombro, atrayéndome más cerca de su cuerpo, el beso se profundizó.
Los labios de Jake eran decididos, dulces y muy cálidos. También tenían gusto a alcohol. Sus besos me gustaron y pensé que quizás él estuviera muy borracho como para recordarlo mañana, y sin pensar en lo que hacía le respondí.
Segundos después, nuestros cuerpos estaban peligrosamente entrelazados y nuestra respiración bastante agitada. Aunque Jake seguía con su mano en mi hombro y yo con las mías en su cintura. Cuando nos apartamos para respirar, mi conciencia se aclaró y me senté en el sillón.
-Lo siento-, dije -, no sé en qué estaba pensando -. Estaba horrorizada.
-Ssshhh, no te tortures. Está bien.
Jake me abrazó con fuerza mientras yo negaba con mi cabeza una y otra vez repitiéndome que estaba haciendo una locura. Otra vez me pidió que me quedara y fui incapaz de desprenderme de esa calidez. Pero esta vez bajé mi rostro hacia su pecho, y él no insistió en volver a besarme.
Me quedé lo más quieta que pude hasta noté que estaba profundamente dormido y me escapé.
Eran las 6 de la mañana cuando llegué al dormitorio que compartía con Alice y Emily. Encontré a Alice durmiendo plácidamente, y luego de darme una ducha me acosté a dormir.
Cuando desperté, ya pasado el mediodía, reviví el beso con Jake.
Había sido bastante intenso lo que él despertó en mí a pesar de todo, pero me consolaba saber que estaba bastante "borracho" y seguramente no lo recordaría. Tampoco sabia dónde vivía y como no lo conocía, estaba segura de que no volvería a verlo.
Esa tarde, cuando bajé las escaleras para ir a casa de una de mis compañeras a buscar unos apuntes y salí del internado casi me desmayo:
Jacob Black estaba sentado frente a la entrada del dormitorio esperándome.
- Hola Bella. No te quise llamar para no asustarte, pero necesitaba hablar contigo de lo que pasó anoche ó antes de que pudiera volver a respirar.
Lo recordaba, diablos, diablos, diablos. Y seguramente habló con Sam ¡maldición! ¡Sam!
- Jake, no te preocupes, no fue nada. Olvídalo y ya. –le dije despreocupadamente, y seguí caminando, muy dispuesta a que la conversación no durara mucho más.
- Eso... es lo que quería decir -, titubeó -. Que no fueras a pensar que porque te besé quiero que tengamos algo y esas cosas… o que tenemos algún tipo de relación. No vine a disculparme de todas maneras. No lo lamento… pero quería aclarar que no tengo ningún interés "raro" hacia ti, yo...
No pude evitar sonreírme ante su evidente nerviosismo.
- Está bien Jake, lo tengo claro, lo que menos quiero en este momento de mi vida es una relación. Solo déjalo correr ¿si? De verdad que lo que pasó no significó nada para mí, tranquilo - era verdad.
- Ok, está bien. Sin problemas entonces.
- Ajá, sin problemas. Ahora si me permites... estoy saliendo-. Me disculpé, retomando mi camino hacia la calle.
- Ah sí, bueno. Nos vemos entonces, cualquier día… tal vez pase por aquí, ya sabes, a ver como estás. Reunirnos con Emily y Sam. Alice… hacer algo juntos…
Parecía tan nervioso, sus manos iban desde los bolsillos de su bermuda a rascarse el cabello detrás de la nuca y si no fuera por el color cobrizo de su piel, juraría que estaba ruborizado.
-Está bien, Jake -, lo tranquilicé -. Pasa a visitarnos cuando quieras, no tengo problemas, nos vemos. Y... gracias por la molestia de venir.
...
Un mes después, luego de casi dos semanas de vernos casi a diario en diferentes lugares, y caer en intensas sesiones de besos cada vez que nos quedábamos solos, sin que ninguno de los dos pudiera explicar la razón, (porque estaba segura de que no había una razón, pero cuando él me tocaba su calidez extrema producía algo en mí que no podía controlar) Jake me proponía que ya era tiempo de decirles a los demás que nosotros teníamos algo.
Y yo, acepté.
Como siempre, el poema me pertenece.*
RECUERDEN que los EPOV de esta historia (que está en re-edición y revisión...) estarán formando parte de TAN LEJOS DEL AMANECER proximamente.
Saluditos.
lakentsb.
