Disclaimer. Los personajes y sus características pertenecen S. Meyer y la saga Crepúsculo. La trama de la historia es completamente MIA.
Esta semana me voy de vacaciones… y para calmar mi conciencia les dejo actualización doble…
Capitulo 9
La visita.
Te amo.
Y nada cambia si lo niego, si lo grito, si lo callo.
Te amo, hombre sin nombre y sin memoria…
Hombre sin nombre para llamarte,
Hombre sin memoria para recordarme.
Hombre sin voz para decirlo…
Te amo, y nada lo cambia ni lo extingue.
Te amo en la distancia, en la ausencia y frente a ti.
En la música que escribes en con mi piel,
en el aire, en la luna,
que te llega con los ojos vacíos cuando no te veo.
Con los ojos tristes, cuando no ríes.
Y quiero que vuelvas, con toda el alma
Que el sol se ponga así, tan amarillo…
Y que pueda verlo desde tus brazos
Quiero que vuelvas,
y que la luna ilumine este camino lleno de estrellas
y que la lluvia no apague nuestras risas
y que la distancia no sea distancia…
Me robaron la mitad de mi vida la tarde en que nos separaron
La noche en que nuestro mundo se rompió
Me robaron la mitad de mi vida y seguí viviendo.
Aún sigo soñando que te encuentro en nuestros lugares.
Aún imagino un nuevo comienzo,
aún lloro, a pesar del tiempo
de las cosas nuevas que hoy me pueblan sin llenarme
Te di tanto… que ahora todo es poco.
Solo son demasiados los silencios, las distancias…
Lo demás es siempre demasiado poco,
la alegría es demasiado corta,
La risa…
la risa se me muere cuando me asalta tu recuerdo
Cuando las nuevas sensaciones no logran borrarte,
Cuando me apagan las ideas las caricias de esa otra alma,
Dulce, que se me regala sin pedirme nada,
Y no alcanza… (*)
Bella.
Noviembre de 2001. (Un año después de la fiesta de Sam)
- ¡Bella, Bella! ¿Estás libre este fin de semana?
La vocecita alegre de Alice repiqueteaba en el celular amenazando romper mis sensibles oídos. Puse el altavoz y lo dejé sobre la mesa.
- Alice... ¿Qué estás tramando?
-¡Nada! solamente un viajecito a visitar a mi amiga, mi hermana del alma. ¿No puedo? Ya sabes que me gusta escaparme del ruido de vez en cuando. Unos días en el campo no me vienen mal…
Casi podía verla sin esfuerzo, poniendo esa carita de inocente... Alice Brandon, después de los dos años que estuvo en la universidad haciendo esa especialización en el área de comunicación y viviendo conmigo se había mudado a comienzos de año, a la gran ciudad. Y en los pocos meses que llevaba en su nuevo trabajo ya estaba dirigiendo gran parte de las cuentas de la empresa publicitaria que la contrató.
Ella tenía un título previo de diseño grafico y publicidad de un prestigioso Collegge en el extranjero… y un gran talento. Estaba avanzando en la vida a pasos agigantados.
Eso y el hecho de que Emily Clearwater, que seguía estudiando su carrera de finanzas pero se había mudado con Sam apenas unas semanas antes de que Alice se fuera, me había obligado a buscar un departamento para vivir, esta vez sola.
Si, los estragos de aquella fiesta no fueron solo para mí…
- ¡Alice! ¡Esto no es el campo! –protesté. - ¡Es un pueblo grande para tu información!
Pude escuchar su risita mientras yo bufaba.
- No te enojes, Bella, pero un lugar donde no existe un centro comercial con al menos cincuenta tiendas para visitar no puede ser considerado habitado… población, ciudad... tú me entiendes... ¡de todos modos iré a verte este fin de semana, Bella! -chilló- Y no te preocupes por conseguir hotel para mí porque me quedaré contigo en el departamento como en los viejos tiempos! Llegaré este viernes por la noche y te llamaré cuando llegue a la esquina... tu solo espérame lista para salir a cenar.
- ¿Cuando llegues a la esquina?… ja, ja, Alice, cada día estas más… ¿A cenar? ¿A dónde iremos?
- Sin preguntas Bella, es una sorpresa. No querrás arruinarme la ilusión ¿verdad?
Me reí.
En mi mente aparecía su carita pequeña y de rasgos increíblemente perfectos retorciéndose en un puchero, y casi podía ver su pequeño cuerpo de duende dando saltitos de entusiasmo por toda la habitación.
-Está bien, Alice, allí estaré.
-Espera Bella, no cortes… te estoy enviando un vestido para la ocasión, porque ya me imagino qué clase de vestidos tienes después de tanto tiempo sin ir a visitarte.
No pude evitar carcajearme, esta vez abiertamente, pero Alice tenía razón. Últimamente no me salía de mis jeans con camisetas y mis trajes sastre que eran mi "uniforme oficial" para ir a dar clases a la universidad.
La verdad es que ya no recordaba la última vez que me había comprado un vestido sin Alice.
-Solo prométeme que te pondrás todo lo que te mande.-insistió.
- ¡Alice!
- Es enserio Bella, ¡promételo!
- Está bien... me rindo. Lo prometo.
- Confía en mí, sabes que siempre llevo ventaja-. Rió antes de colgar.
A la mañana siguiente, y demasiado temprano para mi gusto, el cartero me despertó con un paquete.
Como era de suponer lo mandaba Alice: un vestido azul oscuro muy elegante, con zapatos, accesorios para el cabello, maquillajes, y un conjunto de ropa interior haciendo juego eran el contenido de la elegante caja plateada que encontré al rasgar el burdo papel madera de los envíos con que venía envuelto.
Mi amiga pensaba en todo, como siempre.
Me preguntaba dónde pretendería llevarme a cenar. No había muchos lugares cerca que merecieran ponerse un vestido tan elegante como ese.
Fue entonces cuando la vi: una pequeña caja de terciopelo azul.
Algo sorprendida la tomé en mis manos y sin saber bien qué esperar. Adentro tenía un broche para el cabello plateado, con algunas piedras incrustadas en tonos que iban desde el celeste hasta el blanco, pasando por el lila y el rosa.
Me pareció muy hermoso y extrañamente familiar cuando lo di vuelta entre mis dedos, si, muy familiar… hasta por un momento pensé que era... pero no...
No podía ser posible.
Yo había tenido un broche como ese. No, exactamente uno igual a ese, el que mi madre me había regalado a los 17 años, la noche de mi graduación del instituto, el que yo solía usar después… en algunas ocasiones.
Me gustaba mucho, pero lo había perdido de vista años atrás y me había resignado. Aunque al verlo también recordé perfectamente cuándo fue la última vez que lo había usado:
La noche en que Edward me dejó.
No me imaginaba cómo Alice había dado con un broche como éste. Dónde lo podría haber comprado, o mucho menos cómo sabría ella que algo así me gustaría, porque, definitivamente el broche no era muy "estilo Alice" y estaba segura de que Alice jamás lo había visto. Ya no lo tenia el año que nos conocimos y vivimos juntas, y yo no recordaba habérselo mencionado tampoco.
Es que el broche estaba unido a recuerdos muy personales que jamás había contado a nadie.
Y aunque Alice sabía casi todo sobre Edward, había algunos recuerdos, detalles, que eran demasiado tontos y solo me guardaba para mí, porque solo para mí tenían un significado especial.
Los relacionados con el broche eran algunos de esos recuerdos.
Adentro de la caja, debajo del broche, había un pequeño papel doblado. Una nota de Alice:
"No te olvides de la promesa que me hiciste".
Pequeña duende… ¿Cómo diablos podía saber que yo no iba a querer usarlo?
¡Iba a matarla en cuanto pusiera un pie en mi casa!
…
La semana estuvo demasiado ocupada. El semestre de clases había terminado y con el un nuevo año de mi vida, y ahora por fin estaba rindiendo mis últimos exámenes de la licenciatura.
Y como si eso fuera poco, también tenía que entregar las notas de los trabajos prácticos de mis alumnos de primer año, y dejar listo el borrador para el proyecto de mi tesis, ya que con suerte trabajaría en ella durante el verano y si todo salía bien, para finales del próximo año ya podría graduarme.
Semanas atrás ya había decidido tomarme los siguientes diez días después de que finalizaran los exámenes para descansar. Lo necesitaba. El año completo fue agotador, sumado a que era mi último año, mi reciente trabajo de correctora y el de ayudante de cátedra de un grupo de 200 alumnos de primer año a los que debía proponerles los trabajos prácticos, corregirlos y darles alguna clase de vez en cuando, también se sumaban las horas de práctica clínica obligatorias en el departamento de salud mental del hospital local para poder graduarme.
Mi vida había cambiado drásticamente en solo un año, y eso también había sido solo por mi propia elección.
Solía pensar en ello alguna vez, sobre todo después de alguna llamada de Alice… en que yo también tuve mi oportunidad de irme…
….
Cuando Alice me contó, un año atrás, sobre sus planes de irse a la gran ciudad a probar suerte con su trabajo luego de terminar el año académico, y sobre todo luego de que Emily nos anunciara su mudanza con Sam, algo se removió en mi: la posibilidad de un cambio radical en mi vida….
Aquel pensamiento hizo que no dudara en completar unas solicitudes para hacer mis prácticas de salud mental del último año en otro lugar cuando la agenda de la facultad lanzó aquel anuncio para estudiantes que quisieran aplicar para sus prácticas en el extranjero.
No pensaba aplicar realmente, aunque era conciente de que era buena estudiante así que al poco tiempo lo olvidé, pero luego aquella llamada del Profesor Albretch, mi viejo profesor de Ciencias Biologicas del último año del instituto justo unas semanas antes de comenzar el nuevo año lectivo, cambió mi panorama completamente.
No tenía idea de que se había transferido a un instituto con internado en el país vecino, y que él, al ver mi nombre en una de las solicitudes inmediatamente llamaría a la facultad para pedir que fuera yo quien hiciera las prácticas en el gabinete de orientación que ellos tenían para los estudiantes internos allí. Tenía solo dos semanas para irme si aceptaba hacer aquel viaje, y la oferta era por dos años, con casa, alimentación y un pequeño sueldo para mis gastos, mas la posibilidad enorme de aquella experiencia y quedarme definitivamente si decidía hacerlo luego de obtener mi diploma.
Aquello definitivamente era un cambio radical, y mi creciente entusiasmo ante la idea y las posibilidades para mi futuro académico cayeron en lo profundo del barro cuando se lo conté a Jake.
Él no lo tomo bien… no es que me dijera algo especialmente, pero nunca lo había visto tan destrozado por algo antes de esa noche cuando terminé de contarle que había sido aceptada finalmente para una solicitud que ya ni siquiera recordaba.
Jacob me pidió que me quedara, por él, por lo que sentía por mí, por ese algo que teníamos que recién comenzaba y estaba seguro se perdería si yo me iba…
Llevábamos apenas un mes de nuestro "algo" y la parte de mí que dependía de él para vivir ni siquiera objetó cuando las palabras fueron dichas.
Jake me comprendía, era el único que soportaba en estoico silencio mis accesos de estrés y mi melancolía de fondo y una parte de mi no tuvo el valor de renunciar a el, y perder esa calidez que le infundía a mi vida desde que lo conocí….
…..
Y él se iría a la playa, a casa de sus padres el jueves por la noche luego de rendir su último examen del segundo año en administración que cursaba, y no regresaría por 10 días. Sabía que yo no lo acompañaría, así que ni siquiera me lo había pedido.
Estaba contenta por esa consideración de su parte, yo todavía no estaba lista para que me presentaran oficialmente dentro de una familia aunque ya llevábamos casi un año juntos, pero nuestra relación era algo tranquila. Aunque para los otros fuera bastante "formal", es decir, no veíamos a otras personas y no nos presentábamos muy formales, para el resto del mundo solo estábamos "saliendo" y nos lo estábamos tomando con cierta calma… pero ya llevábamos un año de "calma".
La idea de tener la casa para mí sola un tiempo me alegraba. No es que me molestara su presencia. Estábamos más que bien. Jake me revivía constantemente, y era consciente de que me estaba reconstruyendo de a poco.
Sabía que yo estaba herida y no podía amarlo como él se merecía y jamás me lo cuestionaba ni me presionaba para que nuestra relación subiera de nivel. Él simplemente me soportaba con mis habituales lágrimas después de comer, o mis arranques de melancolía cada tanto y me sentaba en sus rodillas y me canturreaba, meciéndome hasta que me calmaba, y yo me refugiaba en él.
La calidez de su piel solía embriagarme y me aferraba a ella como un náufrago. Nos pasábamos infinidad de horas hablando, hasta amanecer incluso, y a veces también acariciándonos y besándonos hasta enloquecer de deseo. Pero ninguno de los dos había propuesto ir más allá aún. Supongo que porque Jake respetaba mis tiempos. Y yo, porque no estaba lista aún… y la verdad es que no sabía si alguna vez realmente estaría lista para alguien que no fuera Edward.
A pesar de que no había vuelto a nombrarlo ni una sola vez desde que Jake empezó a frecuentarme, mi corazón no lo había olvidado.
Era muy consciente de que muchas veces solamente me aferraba a Jake en un intento de borrar las huellas de Edward de mi piel, y arrancarlo de mis recuerdos de esa forma, y me sentía mal por ello también.
Y porque con Edward nunca llegamos tan lejos en las demostraciones físicas.
A veces sentía que había llegado demasiado lejos con Jake, mucho más de lo que hubiera deseado. Pero sabía perfectamente la razón de ello: con Edward, el simple roce de nuestras manos encendía una chispa que nos recorría todo el cuerpo, y para olvidarme de esa sensación y aplacar esos recuerdos y tener el mismo resultado con Jake, yo necesitaba mucho más que una simple dosis de besos apasionados.
Aun así, me rehusaba a pensar en Edward.
No supe nada más de él desde que desapareciera la última vez, dejándome plantada en mi antigua casa, y a estas alturas ya creía que no volvería a verlo jamás.
A veces trataba de fingir que nunca había existido para mí: Algo que no debería resultar tan difícil ya que no tenía fotos de él, ni con él. No tenia nada de él, solo aquella carta que llegó justo antes de que todo se derrumbara de nuevo, y que ahora estaba guardada en el fondo de un cajón, entre las páginas de un cuaderno de tapas azules en el que supe escribir cuando estábamos juntos, y después, cuando creía que iba a morir de nostalgia, la primera vez que se fue.
No tenía absolutamente nada, salvo todas sus marcas en mi piel, y en el fondo de mi alma.
...
Jake se fue el jueves por la noche como la había planeado y después de una intensa despedida.
Quedamos en que yo lo llamaría si lo necesitaba, ya que él no quería interrumpir mi tranquilidad acosándome con el teléfono si estaba durmiendo.
Me conocía lo suficiente como para saber que solía aprovechar cualquier momento libre del día para dormir, o desaparecer, y cuanto me enfadaba que lo interrumpieran.
Volví a agradecer su consideración.
El viernes por la mañana hice las compras para el fin de semana pensando en la llegada de Alice.
Realmente estaba entusiasmada con la visita de mi mejor amiga y la idea de pasar un fin de semana con ella, aunque eso implicara un día completo de compras.
Arreglé la casa prolijamente, poniendo algunos adornos nuevos y también me tomé un tiempo para mí misma y me depilé, me hice las uñas, algunas mascarillas en el rostro. Y por último tome un buen baño de inmersión con sales y exfoliantes.
Para el atardecer ya estaba completamente relajada y lista en mi dormitorio, con la casa tenuemente iluminada, meticulosamente ordenada y también perfumada con esas fragancias florales que a Alice tanto le gustaban.
Estaba maquillándome y solo me quedaba ponerme el vestido cuando vibró el celular.
- ¡Ponte ese vestido de una vez que ya estoy en la esquina! -Decía el mensaje de Alice.
Me levanté de un salto y me puse el vestido entre risas, espiando por la ventana hacia la calle abajo, pero no se veían rastros de ningún coche y menos del coche de Alice afuera. Tal vez no ha venido en él. Ella era impredecible y yo no le había preguntado.
El celular vibró 2 minutos después:
- ¡Estoy subiendo! ¡Ponte los tacones!
Volví a reírme. ¿Cómo podía saberlo? Le contesté mientras me los calzaba:
-¡Voy a terminar creyendo que de verdad eres psíquica!
(Oque había alguna cámara oculta en mi habitación)
-¡Estoy en la puerta! -Chilló esta vez la voz de Alice en el celular, apenas un minuto después.
Esta mujer iba a enloquecerme aun antes de llegar. Terminé de calzarme las sandalias tratando de no caerme y me dirigí con pasos inseguros a abrirle todavía con el celular en la mano. La comunicación ya se había cortado así que lo cerré, dejándolo sobre la repisa donde solía poner las llaves.
Ya junto a la puerta, me alisé el cabello y estiré el vestido riendo para mi misma por mi conducta: parecía una adolescente en una cita, y solo estaba por recibir a mi amiga del alma que no veía desde hacia unos meses nada más.
Una amiga muy fanática de los buenos vestidos y los buenos peinados -me recordé, tocando el broche que me había hecho prometer usara sujetando algunos mechones de mi cabello en una media cola.
Peroesas, eran razones suficientes como para que quisiera estar perfecta, al igual que mi casa, y así ahorrarme al menos una media hora de sus reclamos por mi insistente "abandono personal".
Con mi mejor sonrisa le abrí la puerta de par en par, y me quedé sin respiración.
Allí, frente a mí, con una rosa roja en su mano y una caja envuelta con un moño en la otra, estaba la más perfecta alucinación que jamás había tenido en los últimos tres años de mi Edward.
De traje negro, con una camisa blanca entreabierta, sus grandes ojos verdes brillando, el pelo algo más corto de lo que podía recordar pero igual de revuelto… y sin rastro alguno de la antigua barba que solía ocultarle la mitad del perfecto y blanco rostro que tan bien recordaba. Tampoco llevaba los gruesos anteojos que usara en aquel tiempo.
Podía ver la perfecta hilera de pequeños y blancos dientes a través de sus labios entreabiertos en la sonrisa más sexy que mi pobre imaginación podía darme.
Mi confusión aumentó cuando la alucinación de mi Edward se movió, avanzando un paso hacia mí, y escuché su voz. Fueron solo dos palabras, antes de que todo se oscureciera a mi alrededor.
-Bella, respira.
...
Cuando volví en mí, estaba recostada en mi cama sobre una pila de almohadones, y mi Edward, sentado a mi lado, sostenía mi mano entre las suyas con cara de preocupación. Me sonrió dulcemente, alcanzándome un vaso de agua.
Yo seguía incapaz de formular palabra alguna. Me perdí unos momentos en el fondo de las profundidades verdes que me contemplaban sintiendo mi corazón acelerarse, y mi rostro enrojecer.
Edward extendió una mano hacia mi rostro cuando el sonido de dos celulares sonando a la vez nos interrumpió. Me levante rápidamente en busca del mío mientras Edward rebuscaba en su bolsillo. Casi vuelvo a caer, pero sus brazos me envolvieron por la cintura, enderezándome antes de que pudiera reaccionar.
-Gracias- musité y alcancé mi celular de la repisa. Era un mensaje de Alice, lo que decía me desconcertó:
"Pásale el teléfono a Edward por favor".
Me volví hacia él con el rostro perplejo y vi que también contemplaba extrañado la pantalla de su celular para luego mirarme y tenderme el suyo alzando los hombros.
Ambos celulares vibraron otra vez con un mensaje. Un video esta vez.
Vi el rostro de Alice haciendo un puchero con su mejor cara de cachorrito en el celular de Edward antes de oír las siguientes palabras:
Bella.
Si estas viendo este video es porque todo salió perfectamente. Lamento no estar allí para verles las caras. Disfruta de la velada que te preparé y no protestes. Iré a verte de todos modos, pero como sé que estarás sola por los siguientes 10 días eso será algo más adelante...
En fin.
¡Espero que disfrutes de mi regalo de fin de carrera licenciada! – chilló,
Es el mejor que podías tener y lo sabes.
No podía quitar la expresión de asombro de mi cara. Incapacitada de moverme, me recordé respirar. Levanté los ojos y Edward estaba completamente ruborizado.
No sabía qué decirle. Edward le dio play a su mensaje enmicelular:
Edward
Cariño. Sé que esperabas una fiesta, perdóname pero no la tendrás. No, no te equivocaste de dirección ni de departamento. No es el nuevo piso de tu primo Jasper pero es el lugar donde tienes que estar ahora y lo sabes.
Bella ha estado llorando por ti los últimos 4 años y tú eres un muerto viviente sin ella. Así que aprovecha tu tiempo y… haz lo que tengas que hacer!
¡No me decepciones!
Ya tendrán noticias mías. Los veré pronto a ambos en la verdadera fiesta.
¡Bella! ¿Cumpliste tu promesa?
¡Edward! abre la caja-.
Bella abre la puerta, sonará el timbre.
¡Diviértanse!
La risa de duende de Alice resonó un momento antes de que el mensaje terminara. Todavía no habíamos logrado movernos cuando sonó el timbre. Con una mueca de incredulidad en el rostro, Edward se aproximó a abrir la puerta. Un mensajero cargado con varias bolsas preguntó por la Srta. Swan.
En las bolsas había películas, música, potes de helado, una caja con un cartel que decía "Para mañana. Créeme lo necesitaras".Una bolsa de ropa de una marca masculina y otra de mujer…
Definitivamente los días de Alice estaban contados. ¿Qué se proponía esta mujercita? Cerré la puerta aún sin poder reaccionar a todo lo sucedido y...
Ahí estábamos, Edward y yo, frente a frente y sin lograr articular palabra.
Respiré profundamente intentando ordenarme.
Al menos algunas cosas me quedaban claras sin tener que preguntarlas, ya que Alice en sus mensajes había dado suficiente información.
1. Edward no había ido hasta ahí para buscarme a mí, él no sabia que me encontraría. Esperaba encontrar una fiesta en el nuevo departamento de Jasper, el novio de Alice, y había caído en una trampa de ella.
2. Jasper era primo de Edward, por lo que ellos ya se conocían, independientemente de la relación que yo tenía con Alice. Edward seguramente había conocido a Alice cuando ella se conoció con Jasper, meses atrás.
Lo que no cerraba era el hecho de que Alice no me hubiera mencionado nunca en todo este tiempo que llevaba en la ciudad que había encontrado o conocido a Edward, sabiendo lo que yo aún sentía por él.
Jake, esa debía ser la razón por la que no lo hizo.
No podía culparla, me había escudado en esa relación lo suficiente, insistiendo en ella todo el tiempo como para disipar cualquier tipo de duda, y sabia perfectamente que si Alice me lo contaba no la hubiera dejado seguir hablando. Hasta le habría pedido expresamente que ya no me volviera a sacar el tema "Edward".
Lo que no estaba nada claro era qué pasaría ahora. ¿Qué tenía que hacer?
Hice un rápido recuento de la situación:
1. estaba vestida para infartar.
2. no tenía cena preparada en casa y
3. no podía salir con Edward por ahi a cenar afuera porque Jake se enteraría bien pronto en este pueblo grande, y solo nos traería problemas… que no quería tener…
Tampoco tenía voluntad para pedirle a Edward que se fuera…
Decidí que lo mejor seria seguir como si nada, tal vez pedir algo por teléfono para cenar…y en todo caso darle el gusto a Alice. Después de todo, ¿no era éstesu regalo de fin de carrera?
Estaba todavía muy inmersa en mis pensamientos cuando Edward habló.
-Hola Bella. No nos hemos saludado aún.
Levanté las cejas con sorpresa. Tenía razón, con todo el desfile de mensajes y mi desmayo, ni siquiera habíamos cruzado palabra.
- Oh, discúlpame Edward, es verdad, hola.-me disculpé.
Edward rió en una carcajada gloriosa negando con su cabeza, luego tomó la rosa que estaba sobre la mesa y me la entregó galantemente mientras se inclinaba a besar mi mano.
El roce de sus labios en mi piel me dio escalofríos y mis ojos se cerraron por instinto.
Para cuando alzó el rostro y nuestros ojos se encontraron, los míos ya estaban completamente anegados de lágrimas.
Edward, me abrazó sin dudarlo.
* El poema me pertenece. Espero sus reacciones.
Gracias por leer.
