Disclaimer: Ni los personajes, ni los caracteres de la historia me pertenecen. Son de . Solo me atribuyo la trama de esta historia, que en muchos sentidos realmente es MIA.


Nota de Autor:

Gracias a todas las que siguen sumando sus alertas a esta historia tan especial para mi y a las que dejan sus hermosos comentarios. No he contestado todos, digamos que tuve problemas con la tecnologia ultimamente...

Gracias Gine por seguir beteando mi locura...


Capitulo 11

Soñando

Tú para mi…

El sol para la tierra

la luna para los lobos,

la lluvia para el desierto.

Tú para mi…

Tu risa para mi alma,

tus silencios para mi voz,

tus caricias para mi piel.

Tu suspiro para mi amor

Tú para mí,

El aire, la brisa.

La alegría.

El pan.

El dolor y el olvido,

La ausencia, la distancia.

La angustia.

Tú para mí:

El amor,

el verdadero

Tú para mí:

La vida. (*)

(Bella Pov)

Me desperté súbitamente, como si alguien me hubiera llamado. Desorientada, incapaz de recordar dónde me encontraba. Solo tenía una enorme mezcla sin sentido de imágenes de pesadilla, y el murmullo de una voz suave que no lograba librarme de ellas por completo. Iba moverme cuando percibí un peso sobre mi pecho y otro en mis piernas. ¿Jake?

Alguien respiraba apaciblemente a mi lado, pero el perfume que venía de allí no era el de Jake. Hice un esfuerzo por despabilar mi mente, me dolía un poco la cabeza.

Mi cerebro empezó a atar cabos con lentitud:

Dolor de cabeza – resaca – vino – cena… - ¡Alice! - ¡Edward!

¡Tenía a Edward en mi cama!

Giré mi cabeza para mirarlo tratando de cambiar de posición lo menos posible. Edward estaba ahí, profundamente dormido a mi lado y boca abajo, con la cara vuelta hacia el otro lado.

Mi corazón se aceleró involuntariamente al recordar… se suponía que estaría en el sillón…

Intenté tranquilizar mi respiración antes de que el estruendo de los latidos erráticos de mi corazón lo despertaran.

Uno de sus brazos colgaba de la cama y el otro estaba sobre mí, aplastándome el pecho. También una de sus piernas, que cruzaba sobre las mías un poco más arriba de las rodillas.

Contemplé sin restricciones sus cabellos revueltos, la línea de su espalda y las curvas de sus hombros, deseando que su cara dormida estuviera vuelta hacia mí. Edward carraspeó algo ininteligible entre dientes y se movió. Su mano me acarició con suavidad y me sobresalté, pero su respiración seguía igual de acompasada y profunda; y como si hubiera escuchado mi deseo, giró la cabeza hacia mí, regalándome la más hermosa vista de su rostro dormido.

Contemplé, ahora sin aliento, las marcas minúsculas de las líneas que tenía alrededor de los ojos y los labios. La barba incipiente que oscurecía el borde de su mandíbula. Las largas y curvadas pestañas, sus cejas desprolijas, su frente amplia y lisa. Sus labios con las comisuras levemente elevadas: el rostro de Edward parecía sonreír en sueños.

¡Tenía tantas ganas de tocarlo!

Extendí mi mano sin pensar, y rocé suavemente sus mejillas, deleitándome en el contraste de la suavidad de su piel con la incipiente barba. Sus músculos se movieron en un reflejo involuntario, como si un insecto se hubiera posado en él, pero no se despertó. Osadamente acaricié sus labios entreabiertos y la línea de su mandíbula. Su mano se movió sobre mi pecho otra vez, erizándome por completo, y decidí quedarme quieta a esperar a que despertara.

Cerré los ojos, recostándome otra vez, intentando tranquilizarme. Algo parecido al aleteo de una mariposa rozó mis labios. Sentí como unos dedos suavísimos quitaban algunos mechones de cabello de mi frente y la acariciaban. Los dedos bajaban ahora, recorriendo mis mejillas. Abrí los ojos.

-Sshhh Bella… - susurró. –Cierra los ojos.

Sus dedos cerraron mis párpados con una suavidad irreal, y sentí el aleteo de mariposa sobre mis labios. Edward estaba besándome. Varios suavísimos y diminutos besos llenaron toda mi cara, y comenzaron a bajar por mi garganta hasta mi clavícula. Quise moverme pero él atrapó mis muñecas contra el colchón en un movimiento totalmente inesperado.

-Edward… ¿qué…?

-Sshhh… Bella, déjame darte los buenos días… - susurró y sin inmutarse, sus diminutos besos siguieron recorriendo cuello, mis hombros, mis brazos.

Su ternura era algo difícil de describir. Sus labios volvieron a los míos pero esta vez el beso fue más profundo y le respondí. Quise acariciar su rostro pero mis manos seguían atrapadas. Estaba empezando a inquietarme, mi respiración se volvió irregular y pude percibir cómo sonreía contra mi piel.

- Edward, ¿qué haces en mi cama? – pregunté, intentando cortar su ataque.

Dejó salir un bufido de frustración.

-No lo sé… supongo que me quedé dormido sin darme cuenta.- Masculló.

-Eso es obvio. ¿No crees?

- Pues sí, pero… – rió. -¡No es lo que parece!

- ¿Ah no?

- Bueno… no lo era hasta que me despertaste… - dijo, bajando la vista con expresión culpable.

Lo miré con mi ceja alzada y se incorporó.

-En serio, Bella, estaba en el sillón, pero te oí gritar, me asusté, vine a verte, llorabas y te quejabas tanto… al principio te hablé, pero de verdad que lo único que dio resultado fue tenderme a tu lado y abrazarte… fue algo desgarrador por cierto.

-Mmmm,.. debo haber tenido alguna pesadilla - dije restándole importancia.

-Conmigo… me llamabas en tu sueño.- Su voz sonó apesadumbrada.

-No lo sé. No suelo recordar lo que sueño.

Mentía.

Podía relatar una larga y detallada colección de sueños con Edward. Todos tenían siempre la misma sucesión de momentos: extrema felicidad y luego Edward alejándose de mí, dejándome varada en medio de nada.

-Eres muy mala mentirosa Swan. Apuesto lo que sea a que tienes sueños "de esos"conmigo y que también los recuerdas muy bien.- Dijo con picardía y mis mejillas enrojecieron.

Mi puño se enterró en su brazo.

-¡Ese eres tú, pervertido!

-Auch ya quisiera… - se quejó.- No recuerdo haberte soñado alguna vez.

Su rostro se ensombreció. La intensidad de sus ojos sobre mí era abrasadora. No supe que contestarle.

-Nunca he soñado contigo, Bella, ojala pudiera… soñar contigo… y si soy un pervertido por sentir así y querer soñar para recordarte de esta manera, que me condenen.

- ¿De qué hablas? – Pregunté, algo perdida por su repentino cambio en la expresión.

- De recordarte así... entre mis brazos, besándome, rendida, acalorada, deseándome.

- ¡Yo no te deseo Edward, y no he estado ni estoy acalorada como dices!

Esto era vergonzoso.

-¿No?

Su boca se estampó en la mía antes de que pudiera reaccionar, y sus brazos me rodearon, acariciándome y atrayéndome con fuerza hacia él. Mi respiración se aceleró instantáneamente, como un acto reflejo, y en contra de todo el orgullo con el que me obligaba a no reaccionar, mi cuerpo se sublevó y me pegué al suyo.

Edward rodó sobre su espalda arrastrándome sobre él, nos miramos a los ojos un eterno segundo y él enredó sus dedos en mi cabello tirando de mí hacia su boca. Nos acariciamos frenéticamente por un momento, mientras nuestros labios seguían unidos y Edward volvió a rodarse quedando ahora sobre mí, sosteniendo el peso de su cuerpo sobre sus brazos. Sus ojos verdes me contemplaron interrogantes.

-¿Qué?

Mi voz apenas era un jadeo

- Bella Swan… quiero hacer el amor contigo. ¿Es lo que quieres?- preguntó con total seriedad.

Ahí, atrapada entre sus brazos y quemándome con la intensidad de sus ojos verdes no encontré las palabras para responder y simplemente asentí.

-Dilo Bella, quiero oírte decirlo.

-Sí.

¿Para qué más palabras? Edward era el hombre que yo amaba y nunca había podido demostrarle cuanto.

Nuestras almas encajaban de una forma que no necesitaban lazos físicos para atarnos. Hacer el amor con él solo sería un regalo, una expresión profunda y total de lo que él era para mí y lo que me hacía sentir. De lo que yo era capaz de hacerle sentir a él… no había nada más en que quisiera pensar en ese momento.

Edward me abrazó con fuerza después de mi respuesta y hundió su rostro en mi cuello.

-Eres toda mi vida Bella, el que estés aquí conmigo y me ames no tiene precio para mí. Soy tuyo, lo seré siempre. Quiero que nunca olvides eso.- Susurró emocionado y mi corazón estallaba en mi pecho.

-Ssshhh Masen. Nada de promesas cursis… solo ámame… ahora- exigí yEdward rió, llenándome la cara de ruidosos besos mientras yo atrevidamente levantaba su camiseta para quitársela, y recorría su espalda con mis dedos abiertos, de arriba abajo, viendo cómo cambiaba su expresión.

.

.

Ya en calma, nos quedamos abrazados en silencio, mirándonos a los ojos un tiempo indefinido, dejando que nuestras almas fluyeran, hablando entre ellas en ese idioma único que siempre tuvieron y que por fin habían recuperado.

Edward apoyó su frente en la mía y cerré los ojos: unas lágrimas estúpidas rodaron por mis mejillas… pero esta vez no era tristeza, era pura felicidad.

Estaba conmovida. Había hecho el amor por primera vez, y con la única persona que quería hacerlo: mi Edward.

Era suya. Y nada de lo que sucediera después cambiaría eso.

Me estaba quedando dormida cuando las manos de Edward empezaron a recorrerme otra vez.

-Mmmm… ¿qué haces?

-¿Qué crees?

Su hermosísima, pícara, y endiablada sonrisa sexy estaba instalada en su rostro. Sus ojos brillaban.

-Edward…

- ¿Qué? Solo estoy reconociendo lo que es mío.

Recorrió la línea de mi mandíbula hasta mi oreja rozándome con su nariz y susurró mordisqueando mi oreja:

- Si tiene alguna queja, señorita Swan hable ahora.

Sus labios succionaron en el hueco de mi cuello y un escalofrió me recorrió, erizando cada centímetro de piel. Iba a decir algo, pero un apasionado y sensual beso atrapó mis labios y me rendí otra vez.

Pasamos casi todo el resto del día en la cama. Eran cerca de las 7 de la tarde cuando agonizantes de hambre fuimos de excursión a la cocina en busca de algo para comer. Tener a Edward en pijamas, despeinado y descalzo caminando por la casa era de sueño.

Me puse una camiseta azul de tirantes y un holgado pantalón blanco de algodón y fui a examinar el refrigerador.

-¿Quieres que nos pidamos unas pizzas? –Sugirió, y adiviné su intención de no darme trabajo.

-Mmmm, eso no estaría mal, pero no quisiera tener a mi alumno (el chico del deliveri) husmeando por aquí… digamos que… prefiero hacerlas yo misma.

- ¿Vas a amasar?

- ¡Nop! tengo mis reservas. ¿Con quién crees que estas tratando Masen? - Dije burlonamente mientras sacaba unas pre-pizzas congeladas del freezer y un pote de salsa y queso del refrigerador.

-Asombrosa…

-Ah sí, ya me lo habían dicho: asombrosa, inteligente, brillante… guapa… ¿Qué más?– fingí concentrarme en recordar.

-Mía...

Los ojos de Edward se clavaron con intensidad en los míos haciendo que mi estómago diera vueltas.

- Y tuya.- Asentí. Le estampé un beso en la mejilla con sonoridad.

- Ahora, si me disculpas, quisiera comer algo que no seas ¡!

-Examinaré la caja misteriosa de Alice mientras, ¿qué te parece?- Sugirió, besando mi clavícula.

- Oh, lo había olvidado…

….

Tarareaba una cancioncilla pegadiza mientras ponía en marcha el asunto de las pizzas. Edward había desaparecido por algunos minutos en la habitación y sabía que ahora estaba en algún punto detrás de mí, mirándome. La extraña intensidad que nos conectaba hacía que pudiera sentir en mi piel el recorrido de sus ojos.

-¿Qué miras? – Pregunté, sin volverme.

- A ti, te estoy grabando, para la posteridad.- Su voz sonreía, era hermoso mi Edward Feliz.

- Para cuando te vayas. -Dije sin pensar

Silencio.

¡Bravo Bella! Sutil ¿eh? Ni siquiera lo sueltas en forma de pregunta.

Me volví, con una disculpa en los labios. Edward miraba el piso y su pie se arrastraba en el suelo.

-Sé que te irás, Edward, no tienes que hacer una tragedia de eso. Ya te dije que si hay una razón por la que tengas que irte no tienes obligación de explicármelo.

¿Por qué tenia que ser tan cruel? Ambos sabíamos lo que iba a costar todo esto. Mis duras palabras solo lo hacían peor.

-Me quedaría contigo, eternamente Bella- su voz, rota completamente me traspasó.

-Lo sé.

Me acerqué hacia donde estaba, completamente abatido y lo abracé.

- Eres un regalo, Edward, un regalo que pienso disfrutar el tiempo que sea que dure. Disfrútalo tú también ¿quieres?

¿Eso es una disculpa Bella? No hay disculpas para el dolor que esto nos traerá.

-¿Cuál película? – preguntó, minutos después mostrándome dos cajas de DVD, cuando nos acomodamos en el sillón para cenar.

Terminamos mirando una comedia y riendo hasta tener el estómago acalambrado. Las dos pizzas y un pote de helado desaparecieron arrasados. Como ninguno de los dos tenía energías para preparar nada más, empezamos a desaparecer la reserva de golosinas de la caja de Alice.

-Te ayudaré a limpiar. - Ofreció mientras me levantaba con los platos vacíos.

- Pon algo de música.

Estallé en carcajadas apenas escuché los primeros compases de la canción que comenzó a sonar mientras lavaba los trastos.

-¿Alice verdad?- Pregunté, y Edward me veía sin comprender.

-Es nuestra canción favorita del último año en que vivimos juntas. Nuestra "música para limpiar"de los viernes de tarde. - Explique, y comencé a cantar y siguiendo el ritmo de la música con mis hombros y caderas.

Recordé aquella graciosa coreografía que solíamos hacer usando la espátula a modo de micrófono y oí a Edward reír hasta las lágrimas detrás de mí.

No habría jamás un sonido más maravilloso que ese en el mundo para mí. Edward aplaudía cuando la canción terminó y me volví hacia él haciendo una profunda reverencia mientras él comenzaba a secar los platos.

Una nueva canción comenzó a sonar en el reproductor y mis ojos fueron a los de Edward, era su canción favorita. La que habíamos convertido en nuestra canción, la que no volví a escuchar desde la última vez que lo vi.

-¿Recuerdas la primera vez que bailé contigo? - Preguntó.

¿Cómo iba a olvidarlo?

Con una reverencia me extendió la mano. Cuando la canción terminó nosotros seguíamos bailando, lentamente, estrechamente abrazados y con lágrimas en los ojos.

Ambos sabiendo que por más que no volviéramos a vernos nunca más, jamás podríamos fingir que lo que tuvimos fue un sueño irreal. Ya no hacían falta fotos ni objetos para probar lo real que era nuestra historia. Ni palabras para explicar la conexión que unía nuestras almas.

-Mañana podríamos dar un paseo en bicicleta hasta el árbol… si quieres.-Ofrecí.

- Y ahora, podríamos ir a la cama… si quieres - respondió con picardía, acariciando mi rostro con la ternura que había añorado en todo este tiempo.

- ¿A dormir?

- A lo que tú quieras amor…

….

Edward se duchaba mientras yo ordenaba la habitación siendo consciente de que nos habíamos pasado casi todo el día en la cama y solo nos habíamos levantado porque agonizábamos de hambre y para comer algo.

Evitaba pensar seriamente en lo que estaba sucediendo. Una parte de mí sabía perfectamente que lo que estábamos viviendo solo era un tiempo robado, un tiempo irreal, que no duraría mucho más, y que tal vez nunca volvería a repetirse.

La realidad caería sobre nosotros pronto. Lo sabía. También sabía con la misma extraña certeza que mi corazón volvería a sangrar cuando él ya no estuviera aquí. Pero ahora algo era diferente, ahora yo sabía cómo eran las cosas, ahora entendía la magnitud de lo que había entre nosotros.

Lo supe apenas llegó y su beso rozó mi mano, y todo lo que había guardado por años bajo presión en mi corazón simplemente resurgió y no pude hacer nada para detenerlo. Cuando sin ni siquiera tomarme un segundo para considerarlo, el tiempo volvió atrás y mi corazón decidió que no dejaría que Edward volviera a desaparecer sin que supiera cuánto significaba él para mí.

Edward era mi vida,y aunque soñara con una vida entera junto a Edward, entendía perfectamente que tal vez eso nunca fuera posible, y que no ganaría nada pataleando contra un destino que por alguna razón se empecinaba en apartarnos.

Decidí que no iba a dejar que las sombras del mañana opacaran lo que estábamos viviendo aquí, ahora, en este milagroso tiempo regalado que estábamos teniendo juntos. Me di cuenta de que no me importaba lo que Edward se llevara de mí esta vez, yo quería dárselo, quería que lo que tuviera de mi le alcanzara para no rendirse nunca, para iluminar sus momentos más sombríos, cuando la ausencia regresara e hiciera estragos entre nosotros.

Quería que mis marcas en él fueran tan profundas como las suyas en mí.

Nada de lo que sucediera entre nosotros importaba ahora porque ya nunca dudaría de su amor. Aunque nunca existiera el juntos entre nosotros, ya sabía que nada cambiaría el "para siempre".

No quería pensar en Jake en esos momentos, era consciente de que lo estaba traicionando vilmente, pero negarme a lo que me sucedía con Edward, negarme a él, a lo que sentía, a lo que siempre había sentido hasta la médula, eso era traicionarme a mí misma, y no estaba dispuesta a hacerlo. No ahora.

Edward me había hecho el amor con una ternura que me conmovía hasta lo más profundo: su calidez, su pasión, su intensidad, me habían transformado por dentro. Se había entregado en cuerpo y alma a mí de una manera que me abrumaba y era feliz.

Esa noche quería que fuera especial para él… recordé haber visto una bolsa entre las cosas que mandó Alice, y me imaginé que la duende también había pensado en ese detalle. Efectivamente, encontré un hermoso conjunto de lencería de encaje azul profundo.

Edward salió del baño, mojado y envuelto en una de mis toallas grises, secándose el cabello revuelto… su imagen en mi puerta me quitó la respiración.

-Ya vengo.- Musité, y me escurrí al baño para ducharme y prepararme para mi noche para él.

Estaba algo nerviosa, muy nerviosa en realidad, ya que nunca había hecho algo semejante. Cuando terminé la casa ya estaba a oscuras y en mi habitación, con la luz tenue del velador iluminando, Edward me esperaba ojeando uno de mis libros, recostado en mi cama. Su torso desnudo se asomaba bajo las sábanas que lo cubrían hasta la cintura y mi estómago se estremeció. Él sería siempre el hombre más hermoso que había visto.

Me paré en la puerta y carraspeé. Sus ojos se posaron en mí y se agrandaron, sorprendidos. Pude ver cómo su rostro cambiaba.

-Bella… - advirtió.

- ¿Qué?

- Mmmm… estás… estás muy… sexy… no respondo de lo que te haré. –Dijo, Mirándome ya con un deseo para nada disimulado.

- Ahora es mi turno... –dije sonriendo con picardía y aproximándome hacia la cama.

Edward cerró el libro.

La frescura de su amor, tan tierno por momentos y tan intenso por otros, me invadía totalmente y me entregué de nuevo a su abrazo infinito, a su caricia interminable y a sus besos, llenos de palabras, de silencios y de una profundidad que una y mil veces me revolvían toda el alma y se la llevaban, trayéndome la suya en un intercambio que no existe en ningún libro, (y que sin embargo, conocía bien entre nosotros) afianzando ese lazo que nos unía como una condena, que nos impidió en todo este tiempo olvidarnos, alejarnos. Y que hoy nos traía hasta aquí, para amarnos con la piel.

Grabé para siempre, otra vez, sus ojos cerrados, su rostro entregado, el sonido de su respiración, de sus besos, mientras me perdía en la expresión de sus ojos claros cuando se encontraban con los míos, y se nos cruzaba una sonrisa de niños, de tan felices que estábamos de estar juntos.

Entendí que nuestras almas nunca estarían completas de nuevo si nosotros no estábamos juntos.

La intensidad de lo que corría entre nosotros crecía en oleadas. Era muchísimo más que pasión, excitación… era algo inmenso, que nos conectaba de una manera tan profunda que sentía que me ahogaba. Nuestras voces se encontraron en un momento en simultáneo.

- Edward, eres toda mi vida.

-Bella… cuanto te amo... mi Bella.

Edward se quedó dormido entre mis brazos con su expresión de niño que no olvidaba y lo contemplé sin pensar en nada.

Me pregunté qué pensarían ahora sus ojos cerrados mientras lo miraba sin querer respirar casi, por temor a despertarlo o despertarme también yo, y descubrir que esto era un sueño nada más, y que todavía seguíamos estando ausentes, lejos en el tiempo, imposibles, y amándonos en un forzado silencio.

Desperté algo tarde y con una sonrisa feliz involuntariamente dibujada en mi cara. Edward, me contemplaba silencioso.

-Buen día mi princesa.

Un tierno beso atrapó mis labios.

- Mmmm… buenos días.

-Estaba esperándote – dijo, y salió de la cama. Noté que estaba vestido y me di cuenta de que había despertado mucho antes que yo.

-Preparé el desayuno - apareció momentos después, sonriente y con una bandeja cargada de cosas.

-Creo me voy a mal acostumbrar.

-Disfrútalo. Te lo mereces… aunque no es nada comparado a tu regalo de anoche. -Me ruboricé.

- Edward… tú eres… la única persona con la que yo…- intenté explicar, sus dedos en mis labios me interrumpieron.

- También tú –dijo, sorprendiéndome.

-¿Y qué has hecho en todo este tiempo?

La pregunta escapó de mis labios sin que lo pensara siquiera. En realidad no quería saber… la idea de él con otra mujer era…

-Mmmm… bueno, no voy a negar que lo han intentado algunas veces, y que he besado alguna que otra chica. Pero nunca pude olvidarte lo suficiente como para estar con alguien más… como contigo.

Me sentí mal por la confesión. Yo llevaba casi un año con alguien más, y había estado algo más allá que solo besos.

-No tienes que culparte por nada, Bella, sé lo que estás pensando ahora. Yo no tengo nada que reprocharte. Hasta tendría que decirte en realidad que de alguna manera yo mismo te he empujado a algunas cosas… si me hubiera quedado contigo, tú…

-Yo aún estaría contigo, Edward. Yo nunca me hubiera alejado de ti, tuve que intentar olvidarte para seguir viviendo… pero yo... –su mano acarició mi mejilla, distrayéndome con la sensación de la angustia que me oprimió al darme cuenta de la verdadera razón por la que estaba con Jake.

-Lo sé, Bella. Sé lo injusto que fue todo lo que hice contigo… y me has dado de ti más de lo que alguna vez podía imaginarme. Nunca olvidaré éste momento, Bella, y sé que nunca podré amar a nadie de esta forma. Lo que tenemos es… es asombroso. Tanto que me da miedo.

-A mi también… y sé que te irás Edward… y temo ese momento, porque tal vez no regreses nunca y no sé si ahora yo podría vivir sin ti.

-Ya me lo prometiste Bella y no puedes echarte atrás. Tú tienes que ser feliz, esté yo contigo o no. Tu vida debe continuar. Prométeme que no te harás esto, que no te quedaras esperando por siempre por mí. Yo no puedo darte nada ahora, no puedo prometerte nada. No puedo prometerte que me quedaré, ni siquiera sé qué sucederá conmigo, Bella. Tú, en cambio, tienes una vida… y debes aferrarte a ella.

- ¿Aunque eso signifique seguir adelante con Jake?

- Aunque eso signifique dejarme atrás, Bella. Yo no puedo pedir que tú sacrifiques tu vida por mí, sin saber si alguna vez podré estar contigo para siempre. No puedo pedir que te quedes esperándome hasta que mi vida se resuelva… no es justo para ti.

-Edward…

-Come princesa… no hablemos más de cosas tristes. ¿Vale?

Luego de desayunar y ducharnos, recordé que le había dicho a Edward de hacer una excursión hasta nuestro viejo árbol. El día estaba algo soleado y caluroso, por lo que decidimos esperar para ir por la tarde y pasamos el resto del día disfrutando de nuestra mutua compañía. Cocinamos juntos y almorzamos tranquilos.

Cerca de las cinco de la tarde tomé mi vieja Mountain Bicke roja de la terraza y le señalé a Edward la bicicleta negra de Jacob. Momentos después, luego de cargar sendas botellas de agua, salimos de casa y pedaleábamos a toda velocidad por el conocido camino de tierra que recorriéramos juntos tantas veces.

Nos detuvimos antes de cruzar el puente todavía pintado de blanco, y caminando ahora al lado de nuestras bicicletas, devoramos el verde a nuestro alrededor. El lugar no había cambiado tanto en cuatro años. El árbol estaba un poco más expuesto, sus raíces ya colgaban peligrosamente sobre el barranco y me pregunté cuánto tiempo más tardaría en desmoronarse en el vacío.

Dejamos las bicicletas apoyadas en un costado sobre las prominentes raíces y subimos un poco por el viejo tronco hasta sentarnos en nuestro viejo lugar, a contemplar el abismo verde frente a nosotros, de cara al atardecer.

-Solía venir aquí y soñar despierto – dijo Edward luego de un largo silencio. Lo miré por un momento.

-¿Cuál era tu sueño?

-Solía pararme muy junto al borde del barranco e imaginarme que si extendía mis brazos y me dejaba llevar, simplemente volaría… y podría alejarme de todo lo que nunca ha dejado de perseguirme.

Edward caminó hasta el borde del abismo y lo seguí. Pude reconocer en el fondo de sus ojos esa tristeza que siempre me había conmovido de él desde que lo conociera y nos abrazamos largamente en silencio, allí, en el borde, mientras el viento agitaba nuestros cabellos y las nubes blancas pasaban con cierta velocidad sobre nuestras cabezas.

Me imaginé por un momento transformándonos en una ellas… libres… lejos… y para siempre.

Esa noche nos quedamos dormidos muy tarde y con nuestros cuerpos increíblemente enredados después de amarnos nuevamente, con una pasión renovada y profunda.


* como siempre, el poema me pertenece.

Gracias por leer!