Disclaimer: Ni los personajes, ni los caracteres de la historia me pertenecen. Son de . Solo me atribuyo la trama de esta historia, que en muchos sentidos realmente es MIA.


Gracias a mi super Beta GINE (Alias BatiGine) por seguir apoyando mi locura y a ustedes por leerme!


Primera parte

capitulo 13

Abismo

Tristeza…

Dueña de mis tardes

Compañera de mis noches sin sueños

Tiene el color de tus ojos profundos mi tristeza

Abraza con la frialdad de tu silencio,

helándome de a poco, apagando mi alegría

matando mis latidos…

Llevándose la risa que era mía

antes de que llegaras y te fueras,

robándome todo.

Tiene tus manos blancas que ya no acarician,

tu imagen abatida y lejana que se viste de cobardía.

Camina con tus pasos lentos,

esos que ya quisiera no recordar...

¡Hay si pudiera sacudirte de mi piel!

Tu silencio, mi desilusión...

Me duelen en el alma, el pelo, las uñas…

Mi corazón se resiste a vivir sin ti

pero no abandona la esperanza,

y duele, infinitamente y sin morir…

¡Hay si pudiera desprenderme de este agobio!

Si pudiera estremecerte el corazón

y arrancarte las palabras que te guardas

y entender…

Este absurdo de perderte y encontrarte,

solo para volver a despedirme,

solo para que otra vez me dejes ir...

Ahora que ya no sé dónde esconderme de tu ausencia (*)

(Bella POV)

Tuve que huir de todos en un momento. La algarabía y la felicidad de la "tribu Black" sobrepasaron mis límites de tiempo con gente y risas. Si bien había llegado hasta ahí por mi propia decisión, sabiendo lo que implicaba este viaje, no contaba con que en un momento me ahogaría la nostalgia y necesitara huir… respirar. Calmarme.

Jacob aún no regresaba de trabajar y me fui a caminar por la playa. Era la hora del crepúsculo, la oscuridad se cernía sobre la playa llenándome de una profunda e imposible tristeza. Me senté sola en medio de la inmensa playa vacía hasta que por fin pude sentir que la calma me invadía. La inmensidad de esa playa vacía, no era más que un retrato de mi propia soledad.

¡Todo era tan oscuro, inmenso, lejano!

Perdí la noción del tiempo bajo el cielo estrellado, observando a las olas persistir en su camino inútil a través de la arena, solo para morir en ella.

El ruido de las olas rompiendo en las rocas que había más allá llamó mi atención y decidí caminar hasta ellas. Me había acercado demasiado sin ver que entre las rocas que descendían hacia el agua había gente. Estaba totalmente absorta en la vista, era impresionante… las olas rompían con tanta furia en las escolleras…y parecían salir de la nada.

El mar en el fondo, era un agujero negro interminable en el que se dibujaban líneas plateadas de espuma cada tanto. Sentía la furia del agua golpear en las rocas más abajo y quise verlas de cerca.

Estaba demasiado cerca cuando me di cuenta de que no estaba sola. Ahí abajo, a escasos metros había tres hombres. Al principio pensé que estaban pescando. Entonces, cuando la brisa del mar me golpeó de nuevo la cara, sentí el olor: Alcohol y humo dulce. Quise dar la vuelta sin llamar la atención pero mi celular se salió del bolsillo, el ruido que hizo al caer me delató. Lo levanté con calma y empecé a caminar hacia atrás, tratando de no parecer tan aterrorizada, como si siguiera mirando fascinada las olas, decidida a salir corriendo apenas me hubiera alejado lo suficiente, pero vi como dos de ellos se pusieron de pie y me volví, dispuesta a echarme a correr, solo para chocar con los hombros de alguien más.

Perdí el equilibrio. Un brazo me sujetó con fuerza por la cintura y los dos hombres se quedaron de pie donde estaban mientras el tercero, con una risa entre dientes decía:

- Te salvaste... muñequita.

Era Jacob, y con el rostro totalmente imperturbable y sin soltarme la cintura me alejó con pasos rápidos y seguros de las rocas.

Se veía un poco extraño con esa expresión dura en el rostro, remarcada por la remera negra que llevaba puesta y el pelo revuelto por el viento. Lo hacía ver, debía reconocerlo, algo temible.

Cuando llegamos la larga vereda iluminada que bordeaba la playa, aún seguía sin saber qué decir, cada tanto miraba de reojo hacia atrás, a los tres hombres que apenas se distinguían ya en el borde de la escollera.

-Gracias.

-De nada… no te encontré en la casa y supuse que saliste a caminar - asentí.

-Te vi de lejos sentada en la playa hace un rato. No quería interrumpirte, sabes que me gusta sentarme en la playa vacía a pensar, así que respeto la soledad de la gente cuando lo hace.

- Pero ¿cómo llegaste a las rocas?…

-Me quede allá atrás, pero cuando vi que te acercaste a la escollera bueno… primero pensé que estabas triste… y tuve miedo de que hicieras algo… estúpido.

Lo miré furiosa, alejándome de sus brazos. Jake levantó los hombros como en disculpa y continuó hablando.

-Ahí fue cuando los vi, supongo que antes que tú, y me di cuenta del peligro que corrías. No me hubiera acercado si no hubiera pensado que estabas en peligro.

El dolor en el pecho volvió al instante, y me di cuenta de que era lo que en realidad me dolía tanto: Jacob me quería. En ese momento todo hubiera sido más fácil para mí si no fuera de esa manera.

Anduvimos sin rumbo y en silencio durante un buen rato, Jacob arrastrando los pies, y yo absorta en mis pensamientos. Saqué las manos del bolsillo para subirme un poco más el cierre de mi campera.

-¿Tienes frío? Volvamos.

-No, estoy bien.

No quería volver, estaba triste, quería seguir caminado por la playa hasta que se terminara la playa, o el dolor. Ambas cosas parecían infinitas para mí esa noche. Jacob vio el dolor en mis ojos y preguntó-

-¿Una carrera hasta el agua?

Antes de que pudiera responderle ya corría hacia la arena, hacia el espejo de plata serpenteante más abajo. Me lancé tras él sin pensarlo y llegamos al agua casi juntos.

Quedé sin aliento. Tuve que saltar para salvar las zapatillas de una ola, pero Jacob ya corría de nuevo por la arena hacia las escolleras desiertas que estaban frente a nosotros. Esta vez no lo seguí.

Empecé a caminar lentamente por el borde irregular del espejo serpenteante, siguiendo las huellas y mirando el cielo estrellado perfectamente reflejado en la orilla. La vista era impresionante. Cuando llegué a las rocas, Jake ya estaba arriba y me extendió la mano para subir. Quedamos tan cerca que su habitual mirada profunda me dejó sin respirar.

Me volví hacia la costa infinita y negra, era un momento mágico. Cerré los ojos para sentir la brisa húmeda y salada que me agitaba el pelo, y la energía de las olas golpeando las rocas. Me dieron ganas de gritar.

Jake estaba frente a mí cuando abrí los ojos de nuevo, y me miraba con su expresión extraña e intensa, entre miedo y picardía. Mi corazón se estremeció cuando su mano acarició mi mejilla y me acomodó un mechón de pelo detrás de la oreja.

Este sería un momento perfecto si fuera Edward.

Supongo que el pensamiento se reflejó en mi rostro porque Jacob suspiró. Bajé el rostro avergonzada, pero cuando levanté la vista y él seguía ahí, mirándome con dulzura, y no pude negar lo que sentía al perderme en sus ojos castaños.

Dulzura… calidez…contención.

Su beso fue suave, dulce, cuidadoso, me rodeó lentamente con sus brazos con cuidado, como si yo fuera una especie de cristal a punto de romperse y le respondí, tratando de que la pasión que Jake me transmitía en ese instante me calara hasta los huesos. Me aferré a su abrazo como si fuera un tronco y yo estuviera en medio del mar, a punto de ahogarme.

No nos miramos después del beso, Jacob simplemente me rodeó con sus brazos la cintura y apoyó su barbilla en mi cabeza. Nos quedamos en silencio contemplando el mar hasta que decidimos en tácito silencio emprender el regreso. Me ofreció la mano cuando empezamos a caminar e hicimos un buen tramo en silencio, seguramente pensando las mismas cosas.

Sabia que los dos estábamos mostrando algo de lo mucho que veníamos sintiendo durante ese último par de semanas y ahora había que hablar de ello. Había sido difícil para mí reconocer que Jacob me devolvía la noción de estar viva a mi pesar, y que una parte de mí no estaba dispuesta a perder eso también.

-No hace falta que las cosas cambien entre nosotros Bella, sé que no es fácil para ti todo esto, y yo no tengo ningún apuro mientras podamos compartir tiempo como veníamos haciéndolo.

Jacob rompió el silencio con su calma habitual, sus palabras me sobresaltaron. Parecía estar leyendo mis pensamientos.

-No me gustaría perder lo que tenemos -respondí, -pero no estoy segura de estar lista para algo más.

Sus dedos me cerraron los labios...

-Sssh lo sé, lo sé. Y también sé qué fue lo que pasó ahí recién... –dijo, señalando la escollera que habíamos dejado atrás. - Tomémonos las cosas con calma – sonrió.

Su mano acomodó mi cabello nuevamente y volví a darme cuenta de que su toque era algo realmente especial para mí. Me estiré para alcanzarlo y lo besé. Esta vez fue todo más intenso cuando me respondió, y terminamos los dos con la respiración bastante agitada. No pude evitar reírme cuando le dije:

-¿Las cosas con calma?

Caminamos abrazados hasta llegar a la casa. Tuve que reconocer que había echado de menos a Jacob durante la última semana. Tuve que reconocer que lo que sentía por él era mucho más profundo de lo que hubiera querido, o creído hasta ese momento: el momento en que, después de haber estado con toda su familia y una tribu enorme de primos y sobrinos (hijos de sus primos) durante casi todo el día, llegamos a la casa de sus abuelos en la playa luego de mi frustrado paseo y la puerta se cerró, y nos quedamos solos frente a frente, Jake y yo.

Una parte de mi se sintió segura, en casa. Llámenlo costumbre, dependencia, adicción. Pero Jacob, desde que estaba en mi vida, me hacía sentir viva.

Sabia perfectamente cuál era la diferencia entre él y Edward. Edward era todo, era mi alma, era lo perfecto, era lo que nunca dejaría de anhelar, era el hombre al que pertenecía mi corazón, y ahora también mi cuerpo.

Pero Edward era lo que nunca tendría, aunque los dos quisiéramos. Debía aceptar de una vez por todas que era posible que Edward no volviera jamás por mí. O tal vez sí lo hiciera, pero ¿y si solo fuera para estar otro momento fugaz y tener que marcharse como lo hizo hace dos semanas? ¿Sin siquiera poder explicarme las razones otra vez?

Tenía que aceptar que Edward, por más que me amara como yo a él, nunca seria para mí. Edward queríaestar conmigo, pero no lo estaba, y tal vez no lo estaría jamás. Era Jacob quien realmente estabasiempre para mí.

Edward era mi alma, sí, y tal vez eso nunca cambiaría… pero Jacob, Jacob era mi casa. Mi lugar seguro. Mi refugio. Y de alguna manera, sin derroches ni excesos, Jacob me hacía feliz.

En mi solitaria semana en casa, antes de llegar a la playa, tuve el tiempo suficiente para darme cuenta de que mi vida había llegado a un punto en el que solo me quedaban dos opciones: una era detenerlo todo y esperar indefinidamente a Edward, quedándome sola, apartando de mí a quien quisiera amarme para estar disponible para él cuando ese día llegara: hoy, mañana, en un mes, en dos años… tal vez en 90 años. Yo estaría esperándolo para vivir…, y en el trayecto, sabía, iba convertirme en una sombra melancólica, aferrada a cualquier detalle, recuerdo o esperanza.

Arriesgándome a tener, hasta el día de mi muerte tal vez, una vida totalmente vacía. Ya conocía bien esa parte, ya había vivido así por tres años.

La otra opción era vivir, como pudiera. Lanzarme hacia delante intentando dar lo mejor de mí a quien me diera lo mejor de sí. Escribir nuevas metas en mi cuaderno azul y correr tras ellas, llenar mis días buscando ese momento feliz, tener una vida digna y ¿por qué no? dejar algo valioso en mi camino… y de alguna manera, cumplir la promesa más importante que alguna vez hice a alguien: ser tan feliz como lo había sido con él.

Nos quedamos un momento en silencio, como acostumbrándonos a la calma. Cuando nuestros ojos se encontraron supe que mi camino era él. Que las cartas estaban echadas.

Decidí que era tiempo de levantar mi mano y usarlas, apostando en esa jugada todo, absolutamente todo.

Luego de ducharnos y ordenar mis cosas en la habitación. Me dejé caer en la cama rendida del largo viaje y todo el día sin respiro conociendo a su familia.

Jacob me dio un leve beso y se acomodó a mi lado para dormir.

-Salgamos a caminar esta noche. Quiero mostrarte algo. -Dijo Jake luego del largo y estrecho abrazo que nos dimos cuando nos encontramos al siguiente atardecer.

Era reconfortante refugiarse en su pecho. Su barbilla estaba en mi frente y besaba mis cabellos. Jake había estado todo el día trabajando con Embry, y yo me la había pasado algo encerrada, poniendo en orden mis libros y mi cabeza para comenzar con el anteproyecto de mi tesis, que tenía que entregar en un mes. Estaba algo embotada de tanto escribir en la notebook.

Salimos a caminar por la playa en dirección contraria a la que yo había andado la noche anterior. La noche estaba cerrada, el cielo límpido, negro azabache y cargado de estrellas, parecía querer caer sobre nosotros mientras caminábamos silenciosos por la arena de la orilla, dejando que las pequeñas olas de la resaca rozaran nuestras huellas.

-Quiero que conozcas mi lugar favorito. – Dijo Jake, tomando mi mano y empezando a subir por unas piedras enormes que formaban una especie de largo muelle natural en cuyo extremo las olas rompían con una fuerza imponente.

Amaba la sensación poderosa de estar allí arriba, extendí los brazos, dejando que la brisa salada del mar inundara mis sentidos, sintiendo las rocas estremecerse debajo de mis pies con la fuerza del agua que rugía allá adelante.

La orilla del improvisado muelle me atraía y caminé lo más cerca que me animé hacia el borde con Jake siguiendo mis pasos. Me detuve frente al mar y simplemente cerré mis ojos, dejándome llevar por la sensación de infinito e intensidad que el rugido de las olas ejercía sobre mí. Jacob me interrumpió luego de un largo momento en silencio.

-Bajemos por aquí. –señaló unas rocas.

Del otro lado, al abrigo del viento había una pequeña playa tranquila, cuya vista daba al infinito negro. Me senté en una roca cuando observé que en un rincón había una fogata preparada y vi a Jacob encendiéndola y sacando algunas cosas que estaban escondidas entre otras rocas.

-Te saque a cenar afuera ¿qué te parece? –Preguntó, sonriendo con picardía.

Extendió ante mis asombrados ojos una manta, un canasto de camping con comida y un par de bolsas de dormir.

-Es un lugar hermoso Jake.

-Me gusta estar solo aquí a veces, solía venir desde niño. – Se veía entusiasmado.

-Gracias por compartirlo conmigo.- Dije, alagada.

-De nada Bella, tú eres… lo más especial que he tenido en la vida. Quise mostrártelo, es todo.- su tono de voz era algo ¿temeroso?

-¿Qué vamos a cenar?

-Mi madre ayudó en la conspiración, así que veremos que hay…

No pude evitar una sonrisa al pensar en el entusiasmo de Leah. Ella veía a Jake feliz conmigo, y aunque sabía que nuestra relación no era cien por ciento un compromiso, se había propuesto hacer todo lo posible para "ayudar a Jacob a atraparme".

Pasamos un momento memorable comiendo, riendo, y disfrutando de la calma y el fuego. Luego nos recostamos en las bolsas a mirar el cielo. Jacob empezó a señalarme algunas constelaciones y contarme historias sobre ellas.

Me sentía bien, realmente bien. Siempre se nos daba bien el estar juntos. Lo miré unos momentos mientras él estaba entusiasmado gesticulando y narrando una vieja anécdota sobre sus primos en una fogata que habían tenido en la playa.

-¿Qué sucede Bella? Te estoy aburriendo… es eso.- Se interrumpió de pronto.

-No Jake, es solo que… me agrada escucharte. Lo estoy disfrutando.

No podía decirle lo que estaba pensando, pero era como si lo estuviera viendo por primera vez.

-Gracias, por momentos pienso que en cualquier momento saldrás corriendo de aquí, ya sabes, después de conocer a toda la tribu… tal vez te impresionen y…

-La verdad es que no, son muy… especiales todos, pero por el momento me han resultado interesantes solamente.

-¿Interesantes?

- Interesantes.

- Tú me resultas deslumbrante…

Jacob se incorporó sobre su costado y clavó sobre mí una mirada encendida, desde que llegué no habíamos estado juntos y solos el tiempo suficiente como para acercarnos demasiado.

-¿Deslumbrante?

-Totalmente… estoy… deslumbrado contigo al punto de hacer tonterías…

Me reí.

-¿Jacob? ¿El implacable seductor seguro de sí mismo, a punto de hacer tonterías?- me burlé.

- Estoy enamorado de ti, Bella, esto es… serio. Este tiempo alejado de ti me hizo notar cuánto me importas, y cuánto te necesito conmigo.

- Jacob…

No me esperaba esas palabras.

Jamás antes Jacob había hablado tan abiertamente de sus sentimientos hacia mí. Sabía que tarde o temprano ese momento llegaría. Solía decirme que me quería si, que yo le gustaba, que le gustaba estar conmigo, que estaba loco por mi (en sentidos mas " hormonales") pero siempre dejaba claro que no pretendía nada más de mi de lo que yo pudiera darle, que era suficiente con que le permitiera estar conmigo. Nunca habíamos hablado de amor.

-Bella, no te estoy pidiendo que me digas si estas enamorada de mí, o que te enamores de mí. Solo te estoy diciendo que yo lo estoy. Y que te necesito conmigo, más que antes, que estoy pensando en cuanto me gustaría pasar una larga, larga temporada contigo. Soy feliz con lo que me das Bella, no pretendo más de lo que ya tengo de ti.

Estaba a punto de llorar.

¿Feliz con lo que yo le daba? ¿Qué le daba? Migajas… agradecimiento, permiso para estar cerca de mi… horas de caricias intensas que no llegaban a nada.

-¿Qué sucede?

-Creo que tú me sobrevaloras, Jacob. Yo siento, que te quiero muchísimo, eres sobre todas las cosas mi mejor amigo... y sé que de alguna manera extraña y particular te amo y eres la relación más importante que tengo además de Alice, hemos compartido tanto tiempo y tantas cosas... pero no sería justo que aceptara lo que me dices… si estás enamorado de mi. Yo no estoy a la altura de tus sentimientos.

-Quiero hacerte feliz Bella, solo déjame hacerlo.

- Tal vez solo te lastime si lo hago Jake, tú no te mereces eso.

- Si no sintieras nada importante por mí no hubieras venido Bella. Y si yo no te importara en lo más mínimo, no hubieras dejado que me acercara tanto a ti. Sé que me necesitas, sé que espanto tus fantasmas, que soy tu salvavidas. Pero no es solo eso lo que hay entre nosotros. Lo sé, y la que tiene que aceptarlo ahora eres tú. Tienes que aceptar lo que te pasa conmigo Bella. Deja que tu corazón fluya.

-Yo no sé…

-SSsh Bella… suficiente charla por hoy. Ahora… me estoy muriendo por besarte, hace horas.

Nos besamos.

Los cálidos labios de Jake se deslizaban por los míos y de alguna manera me conmovían, era distinto, lo sabía, pero era profundo. Podía sentir la pasión contenida de Jake en su beso, su necesidad de mí. Nuestros cuerpos se amoldaban con la familiaridad de siempre, encendiendo una llama cálida, apacible.

Podía darme cuenta desde lo profundo de mi mente que estábamos en un momento decisivo, que estaba ante mí la decisión de la vida con Jake o sin él.

Pero lo más importante es que pude darme cuenta de que yo no podría tener una vida sin Jake, yo no resistiría ya perder más cosas. No, yo no podía además de todo perder a Jacob, no viviría sin él, yo apenas sobrevivía con él…

Y decidí aceptarlo.

Decidí abrir la puerta para que su pasión fluyera y me inundara en oleadas, y dejarme conquistar, centímetro a centímetro. Dejé que sus manos barrieran las huellas recientes como una tormenta, que la calidez de su piel me inundara. Me dejé llevar por su voz, por sus promesas que siempre cumplía, porque él siempre estaba para mí… por su deseo contenido durante tanto tiempo, del que a veces sentía me estaba burlando. Por su calidez, recordando todas las veces que me dio todo de sí sin que yo le diera nada.

Me di a él en agradecimiento, sellando con la entrega de mi cuerpo esa noche mi elección de una vida, una vida sin Edward, pero una vida. Con chance de amar, y de ser feliz medianamente, teniendo a alguien que me amaba conmigo.

(*) Como siempre el poema me pertenece.


Mis disculpas por la tardanza... y espero que no odien a Bella por sus desiciones...

Lakentsb