Disclaimer: Ni los personajes, ni los caracteres de la historia me pertenecen. Son de . Solo me atribuyo la trama de esta historia, que en muchos sentidos realmente es MIA.


Nota:

En esta segunda parte volvemos al pasado, a los comienzos de la historia entre Edward y Bella.

Espero que la estén disfrutando. He visto en el Traffic que hay muchas visitas y también nuevas alertas que no dejan de alegrarme. Gracias a las que comentan, escribo por el placer de hacerlo, pero creo que es bueno saber que piensan de lo que leen así que espero que sigan haciéndolo!

Gracias Gine por betearme!

Ahora disfruten...


Parte II Capitulo 1

Primer encuentro

(Bella pov)

Mayo de 1997.

Residencia estudiantil universitaria femenina, un día cualquiera a las 10 de la mañana.

-" ¡Bella!"

Me desperté sobresaltada buscando a mí alrededor la voz que me llamaba… Nada. Luego de restregarme los ojos y bufar indignada por el susto me di cuenta de que estaba sola en mi dormitorio del segundo piso del internado de la universidad, y los rayos de sol que entraban por la ventana iluminando cálidamente toda la habitación solo anunciaban una cosa: ¡era tarde!

-¡Mierda! -Maldije en voz alta al comprobar en el reloj que ya eran las diez de la mañana y me había quedado dormida ¡otra vez!

Estaba en mi segundo año de universidad, a más de mitad de semestre y atrapada en la vorágine de los exámenes parciales al punto de que a duras penas lograba tener al día mis horas del trabajo. Tenia un empleo de medio tiempo que en el autoservicio del campus que dependía de la universidad. Mi familia no era adinerada y aunque tenía una beca de estudio por mis calificaciones el dinero de ese medio tiempo lo necesitaba para ayudar con mis gastos, (y para que Renée, mi madre, no tuviera otra cosa más que reclamarme en el futuro).

Ya había perdido la cuenta de las veces que Jessica, mi compañera de habitación, se había levantado sigilosamente sin despertarme el último mes. Salté de la cama, me puse mi bata y tomando el neceser corrí hasta el enorme baño de final del pasillo para higienizarme. Luego de escasos diez minutos bajo la ducha mi humor cambió y volví como todas las mañanas repartiendo sonrisas y saludos por el ya transitado pasillo, pero el reloj sobre el escritorio del dormitorio me devolvió brutalmente a la realidad.

¡Iba a entrar dos horas tarde a mi trabajo y no tenía ninguna excusa coherente que inventar!

Me calcé a toda prisa unos vaqueros azules y una de mis tantas camisetas blancas y prendí apresuradamente algunos de los botones de una camisa de pequeños cuadros rojos mientras controlaba que todos mis libros para las clases del día estuviesen en la mochila junto con mis llaves y la tarjeta electrónica para el comedor, tomé mi abrigo color chocolate del perchero detrás de la puerta y salí hacia las escaleras del internado como una exhalación.

Yo nunca debería correr.

Lo sabía, correr era peligroso: podría tropezarme con alguna… nada, y simplemente generar un caos en cuestión de segundos. Además, hoy con ahorrar unos minutos en una carrera ya no le haría diferencia a la alevosa tardanza que tenía.

Pero como mi segundo nombre es cabezota, de todas formas corrí. Y en el sendero, en la esquina del internado, justo al doblar hacia el camino que iba hacia el autoservicio, choqué con todas mis fuerzas con una pared que no recordaba estuviera ahí y caí sentada en el suelo. Mi mochila se desprendió por el golpe y algunos libros se desparramaron detrás de mí.

Me enderecé para levantarme masajeando mi nariz, pero antes de que pudiera hacerlo una mano tomo la mía y otra me rodeó fuertemente la cintura y me levantó de un tirón del suelo. Mi rostro quedó a escasos centímetros del rostro de un desconocido chico que me miraba con una expresión extraña, y de cuyos ojos verdes que asomaban detrás de los gruesos cristales de unas gafas algo anticuadas para su edad, parecían salir millones de estrellitas brillantes.

Retrocedí bruscamente, avergonzada y sacudiendo mis ropas, y el extraño habló:

- Perdón. No quise asustarte.

Lo miré un poco sorprendida, casi le había perforado el pecho con mi nariz y él se estaba disculpando.

-Esta bien, yo iba corriendo sin mirar. Perdóname tú, debí de darte un buen golpe.

El desconocido sonrió, mostrando una perfecta hilera de dientes pequeños y blancos haciendo un extraño contraste con la desprolija barba que ocultaba parte de su rostro y sacudió su cabeza como si yo dijera tonterías.

-¿Estás bien? –preguntó al mismo tiempo que volvía a sorprenderme tomando una de mis manos con delicadeza y examinándola, y provocándome con ello una extraña sensación en el cuerpo. ¿Electricidad?

Tenía un raspón bastante profundo justo al lado de otras cicatrices viejas.

- Sí, no te preocupes. Ya estoy acostumbrada a caerme - dije, quitándola rápidamente del extraño contacto de sus largos y pálidos dedos.

- Tu mano… deberías curarte – insistió mirando mi herida con preocupación.

- La curaré en mi trabajo. Estaré bien, de verdad.-insistí- Gracias…

- ¿Te molesta si te acompaño? –Ofreció con amabilidad.

- La verdad es que ya voy llegando tardísimo y solo serías una complicación más - respondí, un tanto desconcertada por su excesiva preocupación.

¡Dios! vivía dándome de esos golpes, mi trasero estaba más que acostumbrado…

- Entiendo –dijo, levantando mi mochila del suelo. Me había movido con la intención de recoger mis cosas, pero para cuando reaccioné él ya estaba colgándola en mi hombro y apartando mi cabello de la correa con una naturalidad que me desconcertó.

- Que tengas buen día entonces –Dijo, esbozando una tímida sonrisa.

- Igual.

Balbucee y empecé a caminar en dirección a mi trabajo cuando recordé que antes de caer llevaba las llaves de mi habitación en la mano y ahora no las tenia. Me volví con brusquedad, solo para quedar enterrada de nariz en el pecho del desconocido por segunda vez en la mañana. Un desconocido que ahora sonreía divertido.

-Lo siento, te estabas olvidando de esto. –Dijo, con el mismo tono imperturbable y extendiendo mis llaves frente a mis ojos.

Nuestras manos se rozaron cuando las recibí y la electricidad corrió de nuevo entre nosotros desconcertándome otra vez. Me volví bruscamente para seguir mi camino sin decir palabra.

-Por cierto, me llamo Edward Masen. ¿Cómo dijiste que era tu nombre?- le oí decir detrás de mi. Su pregunta hizo que me detuviera. Yo no le había dicho mi nombre. No pude evitar sonreír cuando me volví para responderle.

-Bella, Swan.

….

Jared me alcanzó mi uniforme con el rostro ceñudo apenas terminé de marcar mi entrada en la tarjeta y me dirigí a mi puesto en el depósito trasero del supermercado.

-Te vas a quedar sin trabajo. –espetó mientras me lo ponía rápidamente: una chaquetilla roja manga corta con el logotipo de la universidad y una visera.

-¿Ya llegó? –Pregunté, haciendo la seña con que identificábamos a nuestra "estimadísima" Sra. Benner, la jefa.

-Sí, pero tienes suerte, todavía no asoma la nariz por aquí atrás, está entretenida ahí adentro. -dijo, señalando el salón de ventas.

Exhale con un poco de alivio mientras daba un rápido vistazo alrededor.

Jared retomó su tarea de cargar a toda velocidad paquetes en un carro de reposición para ir a rellenar estantes vacíos.

- ¿Dónde es el "caos" hoy? –Pregunté, para saber por dónde empezar.

- La heladera de lácteos – replicó sin levantar la vista de lo que hacía. -parece víctima de un saqueo.

-Bien… allá vamos.

Tomé uno de los carros vacíos y me dirigí a la cámara de refrigeración. Odiaba ese lugar, requería de movimientos rápidos si no querías congelarte en el intento de llenar un carro con mercadearía para reponer.

Luego de tomar lo más rápidamente posible una gran cantidad de potes crema, yogures, cajas de leche y algunos quesos, me lancé al interior del súper.

Denisse estaba pesando verduras a cuatro manos en la balanza electrónica que estaba a escasos metros de la zona de lácteos con cara de agotamiento. Evidentemente la locura de los viernes se había instalado toda la semana, la pobre tenía una cola de diez personas por lo menos esperando con caras impacientes para pesar sus compras antes de ir a la zona de cajas.

La heladera de lácteos realmente era un caos, estaba desordenada y habían roto algunos paquetes para variar, así que antes de reponer la mercadería hubo que limpiar un poco.

Estaba terminando de cargar de nuevo mi carro cuando la Sra. Benner, alta y ceñuda como siempre, hizo presencia en el depósito con su acostumbrada voz estridente dando órdenes a diestra y siniestra.

En milésimas de segundos todo el mundo desapareció de su vista, repentinamente ocupado.

-Swan deja eso y ve a la balanza de verduras que la chica tiene que irse a rendir un examen.

-Ok. –dije y me ocupé de devolver rápidamente el carro a la cámara de refrigeración. Ya había cometido el error de no hacerlo antes y me habían descontado la mercadería echada a perder por romper la cadena de frío.

¡Maldición!

Odiaba la balanza, era un trabajo tan automático que casi no requería de mi cerebro para hacerlo y divagaba demasiado mientras tipeaba códigos de lechugas, zapallos, tomates, zanahoriasy pegaba como un robot etiquetas en las bolsas repitiendo siempre la misma frase con mil entonaciones diferentes:

"-¡Gracias! ¡Que tenga un buen día!"

Ashley me interceptó al final de la jornada cuando tomaba mis cosas para irme a almorzar. Me di cuenta de que no la había visto en toda la mañana esta vez, ni siquiera tuve tiempo de asomarme por su sector de trabajo en la zona de librería del súper.

-¿A qué hora tienes clases hoy, Bella?

–-Umm… dos y cuarto ¿por qué? –respondí luego de un rápido vistazo mental a mi agenda para el día.

-Todavía me debes un almuerzo. – su voz sonó algo amenazante y me volví para enfrentarme a sus oscurísimos ojos que brillaban con picardía.

-Si, si… uy, ya… -me pegué en la frente.

Llevaba casi un mes sin poder cumplir con la promesa de almorzar con ella alguna vez y conocer a su grupo de amigos de los que siempre me hablaba cuando por algún extraño designio nos tocaba trabajar juntas en algún sector.

- Ya no debes ni querer hablarme - la miré con cara de disculpa.

-Admito que no hablarte más seria una opción pero hoy puedes revindicarte, aunque es tu última oportunidad.

Ashley recalcó la frase con un tono de amenaza fingida que me hizo sonreír.

- La verdad es que tengo algunas cosas que hacer antes de ir a clases y…

- ¿Y si las haces ahora? ¿Y nos encontramos en una hora? – Ofreció, con esa expresión de perrito lastimero a la que era imposible poner resistencia.

Suspiré resignada y ella dio un par de saltitos antes de separarnos a la entrada del internado.

Conocí a Ashley Grubber a principio de año cuando nos asignaron los trabajos y nos hicimos rápidamente amigas en las charlas entrecortadas que teníamos coincidíamos en las tareas, a veces ordenando paquetes en el depósito, otras en algún sector del salón de ventas del súper. Salvo el lugar de trabajo, no teníamos nada en común, para ella este era su primer año de universidad y cursaba una carrera administrativa en la facultad de economía, y yo estudiaba psicología en la de Humanidades y Ciencias Sociales en edificios opuestos del campus. Además ella era un año menor que yo. Nada de eso impedía que nos divirtiéramos juntas algunas veces. Solíamos reunirnos con otras compañeras del dormitorio algunos fines de semana y de vez en cuando salíamos también a comer o a tomar algo en los escasos y aburridos lugares que la villa universitaria ofrecía.

….

-Los chicos ya deben estar comiendo si es que la mayoría no se fue - señaló Ashley con nerviosismo cuando una hora después esperábamos nuestro turno para pagar las bandejas de comida en la cola del comedor.

Miré atentamente a las mesas rectangulares para ocho personas que ella señalaba en la zona del fondo del comedor, justo junto a los enormes ventanales que daban al parque, pero no reconocí a nadie en particular.

Yo no era una de esas típicas chicas universitarias que se preocupan por tener un grupo dónde sentarse cada día en el almuerzo alguien con quien ir almorzar. Mis horarios eran tan variados y mi vida tan ajetreada a veces que odiaba tener que esperar a alguien, yo simplemente iba por mi comida y me sentaba a devorarla donde veía un lugar disponible. No era precisamente huraña, en realidad tenia bastantes amigos pero socializar en el almuerzo no era una preocupación para mi y no moría como otras personas si ninguno de ellos estaba a la vista cuando llegaba.

Caminé con mi bandeja en alto siguiendo a Ashley a través de las mesas. Imaginaba encontrarme con un grupo más numeroso, pero me di cuenta que por llegar a almorzar una hora más tarde varios de ellos ya se habían retirado para ir a clases.

Había solamente tres personas en la mesa en la que mi amiga finalmente apoyó su bandeja y dos de ellas se levantaban para irse cuando yo llegué.

Dejé la bandeja en la mesa sin mirar mientras buscaba un lugar debajo donde apoyar la mochila y me quitaba la chaqueta. Dos chicos me distrajeron un momento desde la mesa de atrás y cuando finalmente pude sentarme y miar al dueño de la voz que había respondido al saludo de Ashley parpadeé sorprendida:

Frente a mí sonreía el chico que había chocado esta mañana.

-Bella, finalmente puedo presentarte a mi gran amigo, Edward. –dijo con orgullo mi amiga.

- Hola otra vez –dijo Edward poniéndose de pie y extendiendo la mano por sobre la mesa para saludarme.

- Hola.

Mi voz sonó algo seca y desconcertada. Me aclaré.

- ¿Ustedes ya se conocen? –preguntó una bastante sorprendida Ashley.

- No –. Repliqué.

- Si.

El chico rió suavemente al notar la contradicción dejando traslucir en su blanquísimo rostro cierto rubor. Me lo quedé mirando.

- ¿Alguien me lo explica? –

Ashley nos observaba de brazos cruzados bastante desconcertada por nuestra extraña interacción.

-Nos cruzamos esta mañana. – le oí decir a Edward.

Bien, el chico parecía no poder dejar de sonreír. Pinché unos tomates de mi bandeja y empecé a comer ignorando el rostro interrogante de nuestra amiga que obviamente no entendía mucho de mi repentino cambio de humor.

- ¿Cruzamos? Yo diría "atropellamos". –Repliqué, sonando algo irritada.

- Ah, ya veo... y yo vengo y los presento… justo hoy. -Se quejó Ashley, haciendo uno de sus graciosos pucheros. – bueno… que remedio, de todos modos se tendrán que llevar bien porque quería que se conocieran, así ya no tengo que andar "agendando" con quién almuerzo cada vez.

Esta vez Edward y yo nos miramos a los ojos sorprendidos, yo volví a concentrarme instantáneamente en mi bandeja de ensaladas y Ashley comenzó a parlotear, saltando de un tema a otro y riendo nerviosamente cada dos minutos.

Luego de unos breves instantes la miré con curiosidad, entonces noté el brillo en sus ojos negros y el rubor en sus mejillas cada vez que Edward la miraba para contestarle, siempre con un tono exageradamente paciente a su metralla de preguntas, y logré comprender.

Me molestó un poco que él siempre le respondiera con frases cortas o simples monosílabos. A mi gusto sus respuestas casi rayaban en el desinterés. Entonces, Edward hizo una broma sobre el desorden de su cabello y le rozó la mejilla al intentar tomar un mechón entre sus dedos, Ashley enrojeció profundamente y se levantó con un vaso vacío en la mano.

-Voy a… buscar más… jugo - anunció señalando el vaso vacío, y desapareció apresuradamente hacia el sector donde se encontraban los depósitos de bebidas.

La revelación fue súbita: todas las conversaciones que habíamos tenido durante las últimas semanas y a las que, debía reconocer, no había prestado suma atención a los detalles, cobraron sentido de repente para mí. Sentí como nunca antes que estaba de más en esa mesa aunque Ashley me dijera con tanto entusiasmo que quería que nos conociéramos. Supuse que en realidad lo que ella quería era que yo tomara mi propia opinión de las cosas al estar cerca de ellos y me preguntaría mi impresión luego.

La situación me resultaba tan obvia que hablé sin pensar.

- No sabía que… uhmmm - carraspeé algo incómoda y Edward mi miró expectante.- que… Ashley y tú... uhh... es decir… que ustedes…

Mi voz vaciló un poco al encontrarme con la repentinamente intensa mirada de Edward, de repente ya no estaba muy segura de seguir hablando.

Edward aguardaba por mis palabras y obviamente con cara de no comprender demasiado.

-¿Que nosotros qué? ¿De qué estás hablando? –preguntó al ver que me había quedado callada.

-Bueno… es… obvio que – mastiqué rápidamente.- eso… la "onda" que hay entre ustedes, es obvia… y yo estoy aquí… interrumpiendo… - dije, con un gesto dramático de "es obvio no me hagas decirlo de nuevo".

Edward se tensó en su asiento, su rostro repentinamente ceñudo hizo que me sumergiera de cabeza en mi vaso de jugo.

-No. Te equivocas. –Negó entre dientes, y podría asegurar que su voz se oyó casi como un gruñido. Lo miré a los ojos y él se movió incómodo en la silla.

-Mis disculpas entonces… fue una impresión… es decir… es lo que se ve de afuera… a simple vista, da igual no es asunto mío -. Terminé, moviendo mi mano como si con ello pudiera borrar mis palabras.

Ahora me arrepentía de haber hablado y estaba completamente avergonzada, pero para mi sorpresa Edward continuó.

-Bueno… admito que quizás tenga un poco de culpa en tu impresión – enfatizó - la verdad es que ella es muy buena conmigo y... yo simplemente no quiero herirla. Veras, llevo muy poco tiempo aquí, no conozco a nadie prácticamente y… ella…Ashley ha sido realmente muy amable conmigo.

Edward sonaba algo culpable pero algo en todo lo que dijo me enfadó.

-Ella es muy buena, esa es su naturaleza – repliqué, - y creo que por eso mismo no se merece que nadie le de falsas esperanzas… - el ceño de Edward se arrugó de nuevo y me vi obligada a explicarme.

-Quiero decir que no me parece bien que le des alas si tu no...

Me interrumpí, ahora estaba hablando realmente demás, yo no era así… Ashley era mi amiga sí, pero era muy consciente de que ella podía defenderse sola. ¿Qué diablos me pasaba?

Edward me estudió unos instantes en silencio, también se veía un poco sorprendido y la verdad es que para ser nuestra primera conversación los dos estábamos siendo bastante,demasiado, directos.

Sacudió la cabeza, incrédulo.

-¿Qué?

-Nada… es solo que… recién te conozco y ya me hablas así, sin pelos en la lengua…-sonrió.

-Es porque soy su amiga y la aprecio. Además, no me gusta la gente que juega con los sentimientos ajenos -. Terminé cortante.

¡Cierra el pico! - pensé, dándome cuenta de lo que había dicho. Yo no tenia idea de si él era o no de esas personas. Pero tal vez era porque últimamente siempre veía el juego en todas partes, el mismo maldito juego del que había sido víctima demasiadas veces ya. Pero tal vez Edward no tenía nada que ver con eso.

-Lo siento - murmuré, pero no estuve muy segura de que me escuchara.

Comprobé con cierto alivio que no pareció tomarlo tan mal ya que siguió explicándose.

-No te preocupes, entiendo tu punto y pienso que entonces deberías quedarte tranquila, ella para mí solo es una muy buena amiga, y yo no soy de esos, todo lo contrario, creo que si me conocieras no me hablarías así.

Sus últimas palabras sonaron a la defensiva, casi con reproche y yo reaccioné de la misma manera.

-Entonces, tal vez tendrías que hacer algo para que ella se entere de eso...

- No te preocupes que tendrás oportunidad para apreciarlo - replicó en el mismo tono -seguramente de ahora en más nos va a sobrar el tiempo juntos.

Edward recalcaba las palabras con un tono entre molesto y burlón y yo lo miré furiosa. Mi ceja se alzó automáticamente.

-Ahora que ya nos conocemos todos oficialmente –. Replicó.

Al principio no lo comprendí, pero luego recordé lo que Ashley había dicho… era obvio: Gracias a ella de ahí en adelante los tres compartiríamos seguramente muchos almuerzos, solo por empezar con algo. Conociéndola seríamos así comoinseparables el resto del año y no podríamos hacer mucho para evitarlo.

Gruñí un poco para mis adentros al darme cuenta de que Ashley nos había metido en un pequeño lío.

Para cuando ella volvió a la mesa el cambio entre nosotros era bastante evidente y nos contempló con cierta sorpresa, luego de medirnos en aquella discusión Edward comenzó a hacerme algunas preguntas y llevábamos los últimos minutos hablando como dos viejos amigos que se conocieran de años.

-Bueno… en veinte minutos entro a clases. – Anuncié, poniéndome de pie y finalizando abruptamente el extraño encuentro.

- ¡Y yo al trabajo! – siguió Edward luego de mirar también en el reloj de pared que estaba a la derecha.

-Te acompaño hasta el trabajo pensaba salir a caminar poco – ofreció Ashley explicándose rápidamente y Edward me miró con cierta culpa.

-¿Y si mejor yolas acompaño a ustedes? Tengo que ir a mi cuarto a buscar algo.- finalmente dijo con una sonrisa que quiso ser encantadora.

Cuando salimos los tres del comedor note que éramos de los últimos, estaba casi vacío. Caminamos un buen trecho por el ancho pasillo central y Edward se detuvo exactamente en la misma encrucijada donde habíamos chocado esa mañana.

-Un placer –dijo, tocándome en el brazo e inclinándose para saludarme con un beso en la mejilla.

-Igualmente –respondí sarcásticamente, mientras le besaba la mejilla de vuelta.

-Que se repita entonces –se burló.

- Es verdad, tal vez deberíamos juntarnos otra vez ¿el sábado podría ser? -aprovechó para sugerir Ashley con entusiasmo.

-El sábado es buena idea si es que les queda bien. Hay una caminata en grupo después del almuerzo -. Añadió Edward.

La idea de grupo no pareció alegrar mucho que digamos a Ashley pero a mí me pareció estupenda.

-Será hasta el sábado entonces.

Me despedí teatralmente haciéndole a Edward un énfasis silencioso de que los dejaba solos y me alejé hacia las aulas riéndome de su frustrada expresión.


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Lakentsb