Disclaimer: Ni los personajes, ni los caracteres de la historia me pertenecen. Son de . Solo me atribuyo la trama de esta historia, que en muchos sentidos realmente es MIA.


Hola mis queridas lectoras! Espero que todavía quede alguien por aquí...con horror descubrí que tenia este capitulo beteado hace tiempo! así que rápidamente lo subí y ya hay otro en camino a ser beteado asi que espero actualizar pronto. Lamentablemente Gine y yo somos personas con demasiadas ocupaciones en el mundo real que nos mantienen apartadas de aquí mas de lo que nos gustarla Gracias a todas las que siguen esta gustaría historia y han comentado, valoro muchos sus reviews y saber que piensan de lo que sucede.

Gracias Ginegine por betearme! I love youuu!


Segunda parte

Capítulo 2

Conversaciones

Bella

Sábado siguiente. 02 p.m.

La semana pasó como una exhalación. Atosigada de trabajos prácticos para entregar y reuniones de planificación del club Scout en el que participaba desde el año anterior, ya que pronto tendríamos campamento.

Como casi todos los sábados que podíamos hacerlo, había ido a almorzar con Jared. Aun estaba un poco perturbada, por no decir completamente furiosa, por el pequeño altercado con Mike en la radio.

Mike Newton, el compañero de dormitorio de Jared, que cursaba algunas materias conmigo desde el año anterior y estudiaba segundo año de Comunicación Social y Periodismo.

En realidad al principio yo sólo era amiga de Jared, nos conocíamos desde que llegué al internado para hacer mi último año del instituto y ahora también éramos compañeros de trabajo en las mañanas, y este año por diferentes razones, de una manera u otra pasábamos bastante tiempo juntos, lo cual me alegraba porque lo consideraba uno de mis mejores amigos en la universidad. Era un chico tranquilo, bastante alto, moreno, con un físico que para muchas de las chicas del internado era exuberante y una sonrisa radiante que iluminaba sus ojos negros dando suavidad a sus rasgos fuertes cada vez que soltaba alguna de sus ocurrencias. Provenía, igual que yo, de una familia común, con medios suficientes para subsistir pero no tantos como para pagar una colegiatura completa en la universidad privada en la que estábamos, por lo que estaba acostumbrado desde el instituto a la idea de trabajar para sostener una parte de los gastos. No sabía mucho de su familia, más que eran de alguna ciudad hacia el norte del país, solíamos tener grandes conversaciones desde nuestra época del instituto y con el correr de los años lo consideraba una especie de hermano, algo muy necesario para gente como nosotros, con grandes sueños, pocos recursos y mucho tiempo sin irnos a casa.

El iba a convertirse en administrador en un futuro no muy lejano, y al igual que yo, no podía hacer mucho a la hora de elegir a sus compañeros de habitación, por lo que ya nos habíamos resignado a soportar a Mike cuando llegó el año anterior, y de alguna terminó incluido en nuestro círculo de amigos.

Como era ya casi habitual desde que nos conocimos, Mike estaba de guardia todo el sábado como operador en la radio FM que funcionaba la universidad del campus, un trabajo mas aburrido que agotador, ya que por norma de la universidad los sábados eran de asueto laboral y la radio no era la excepción, solo se cubrían las guardias y los programas que transmitían eran grabados entre semana, por lo que el operador estaba solo ese día, y su trabajo era encargarse de que la computadora estuviera bien programada y compaginar los cortes y las publicidades, salvo que hubiera alguna transmisión en vivo que cubrir.

Luego de almorzar, había accedido a acompañar a Jared para llevarle a Mike su almuerzo. Solía hacerlo yo misma algunas veces desde que Mike tuvo un programa a su cargo por un tiempo que trasmitía en vivo los sábados por la tarde y tenía segmentos grabados de los que había participado con el grupo de teatro el año anterior, despertando mi curiosidad por el universo de la radio, así que era agradable para mí pasar un rato allí aprendiendo a manejar los programas y comprendiendo los mecanismos de ese trabajo. Mike era atractivo y agradable, un poco engreído para mi gusto a causa de su voz privilegiada de locutor de la que solia hacer alarde algunas veces, pero podíamos pasar tiempo juntos sin que fuera incomodo, al menos así había sido al principio, cuando llegó y no conocía a nadie aun, y yo no conocía algunas de sus manías... pero este año las cosas estaban ligeramente diferentes entre nosotros, y luego de que por tercera vez en lo que iba del día que se me insinuara de la misma manera incómoda que supuestamente habíamos superado, terminamos discutiendo y estaba realmente enojada por tener que aclararle lo mismo.

Hacía varios meses que habíamos tenido esa conversación, fue algo dolorosa para mi y desagradable para él, no creí que alguna vez tendría que explicarle como si fuera un niño de primaria que realmente no tenia ningún interés romántico en el, a pesar de que era conciente de que la mayoría de las chicas me envidiara por la cantidad de tiempo que pasábamos juntos a veces, y algunas murieran literalmente por sentarse siquiera en su misma mesa del comedor. Como dije, Mike era divertido, interesante y tenia una personalidad exuberante que resultaba muy atrayente para todos, especialmente para la población femenina, y a pesar de solíamos tener agradables momentos y pudiéramos hablar casi cualquier cuando venia a buscarme para dar un paseo por el campus, yo nunca me había fijado en el de una manera romántica y se lo había dicho aquella vez a causa de su maldita costumbre de comportarse conmigo en público como si yo fuese de su propiedad, o su novia, que fue lo que la mayoría llegó a pensar el año anterior, cosa que me sacaba de quicio.

Salí bufando de la radio, convencida de que definitivamente un día terminaría arrojándolo por la ventana porque evidentemente Mike no tenia la capacidad de comprender el significado de mis palabras, tal vez simplemente debería dejar de hablarle si seguía siendo tan insoportablemente pesado por mas que muy en el fondo admitiera que en algún momento la idea de que se fijara en mi no me había disgustado, pero siendo realistas, era consciente de que yo no podría tener una relación con alguien que provocaba todas esas situaciones para que todo el mundo volteara a verlo cada vez que entraba en un lugar, o que trataba a las mujeres ese modo en que las ilusionaba haciéndoles creer en segundos que estaba completamente pillado por ellas, tocándolas y coqueteándoles con sus miradas melosas y sonrisas sexis cada vez que tenia una conversación.

¡Hasta yo llegué a creer que era especial para él!

Caminaba enfurruñada hacia mi dormitorio a encerrarme hasta la hora de la cena cuando escuché que me llamaban.

-¡Bella!

Me volví sin ganas, a veces en momentos como aquel, odiaba tener tanta vida social y deseaba que nadie me conociera. Vi que era Edward. Estaba algo distinto de la última vez que lo había visto, vestido un poco más formal, con una camisa clara, el jeans azul impecable y un buzo tejido también azul en las manos, y sonreía, haciendo destacar sus perfecta dentadura en contraste con esa desprolija barba que se empeñaba en usar cubriéndole la mitad del rostro.

- ¿Cómo estás? –saludé, tratando de ser amable mientras esperaba que terminara de recorrer la distancia que nos separaba.

- No tan bien como tú –se burló, mirándome la cara, negué mordiéndome el interior de la mejilla para no ser desagradable al percibir su sarcasmo.

- mm…estoy…cansada. –No, no estaba para manejar sarcasmos.

- ¿Vas a ir a caminar? algunos chicos ya se están reuniendo en la plaza…

Su rostro, algo ansioso se volvío en direccion al portico lateral del campus, a unos cuantos metros frente a donde estabamos parados, donde se veia a diversos grupos deambulando, dispuestos a disfrutar de una tarde sin obligaciones.

-¡La caminata!

Lo había olvidado completamente y me dio un poco de pena, Edward parecía algo ansioso de mi respuesta. Empecé a buscar una excusa decente para darle pero al final opté por la sinceridad:

- Edward... mira, yo en realidad... ya no estoy de humor ahora para salir de caminata….

La decepcion cruzo sus rasgos pero se recompuso rapidamente y dio un paso en mi direccion, tal vez con la intencion de tocar mis brazos, pero mi repentina rigidez lo detuvo.

- ¡Nada mejor que una caminata para mejorar el ánimo! – insistió, con tono alegre y una sonrisa irresistiblemente radiante, que le iluminaba hasta el fondo de sus ojos verdes, como si el grueso cristal de sus gafas en vez de ocultarlos solo los hiciera ver más brillantes.

Buscaba sin éxito en mi mente una réplica convincente cuando escuché la voz de Ashley detrás de de mí y supe que estaba perdida.

- Hasta que por fin te encuentro Bella… ¡Fui a buscarte a tu dormitorio! ¿Dónde andabas?

Bien…ya no tenía escapatoria ahora.

Escuché la risita burlona de Edward detrás de mí.

- Ah...eh...yo fui …hummm…a llevarle el almuerzo a…alguien…- dije como al pasar. Lo que menos quería era que mi intuitiva amiga sacara a colación el tema de Mike. Pero ella no me estaba prestando atención, mas bien estaba estudiando a Edward, lo cual me hizo sonreír.

- ¿Nos vamos? –

Ashley se dirigió a Edward con su mejor sonrisa y me detuve a verla. Ella se había esmerado bastante para salir a una simple caminata. Tenía el pelo increíblemente lacio y brillante hoy, y vestía unos jeans negros apretados con un suéter rosado que le quedaba perfecto. Inconcientemente reparé en mis habituales y gastados jeans de tiro bajo colgando de mis caderas y con las bocamangas deshilachadas y el saco blanco tejido a mano que llevaba puesto sobre una camiseta de tiras.

¿Para que iba a mencionar que mi pelo, como siempre demasiado ondulado por la humedad del horrendo clima habitual, estaba apenas sujetado en una media cola con mi broche favorito?

Ah, y que mis zapatillas deportivas blancas no eran nada glamorosas

Suspiré.

-Vamos.

Ashley me tomó por un brazo y por el otro a Edward, quedando "colgada" en medio de los dos. Ella se veía muy entusiasmada.

En la plaza otros seis o siete chicos la estaban esperando. Conocía a algunos de la facultad: Felix, Claudia, Irina, Marie,...a los otros solo los había visto por ahí, y algunas veces compartimos mesa en el comedor.

Nos saludamos todos, presentándonos los que no nos conocíamos y partimos hacia la salida del campus. Pronto la mayoría se agrupo alrededor de uno de ellos, que llevaba una guitarra, y comenzaron a cantar.

Entre los que íbamos más atrás comenzó el habitual ping pong de preguntas y respuestas:

Nombre, procedencia, carrera, estado "civil" etc.

Edward me de preguntó de dónde venía y Ashely, en cambio, me preguntó por qué había venido a estudiar aquí luego de mencionar mi ciudad , que era conocida por tener unas cuantas buenas universidades.

-Sus padres la mandaron, seguro. –aventuró Edward, con un dejo de conocimiento en la voz.

Ese era el caso de casi la mayoría de los internos que conocía, pero no el mío.

- No, en realidad vine porque quería salir de mi casa urgente, -remarque-y no se me ocurrió otro lugar para huir que no desatara una catástrofe.

Esa era toda una confesión, y también lo más cercano a la verdad que iba a decir frente a un desconocido, a pesar de lo críptico que parecía sonar.

- mmm… parece como si varios necesitamos un cambio de aire –comentó Ashley. -Yo también salí de mi casa urgente…

Edward en cambio no hizo ningún comentario al respecto, solamente se limitó a hundir las manos en lo profundo de los bolsillos de su pantalón y apretar un poco los labios.

- Y parece que todo el mundo salió de caminata hoy –murmuró, algo tenso de repente.

Miré hacia donde sus ojos se dirigían: el lado del frente al borde de la ruta en que caminábamos y que conducía hacia las afueras de la villa universitaria que rodeaba el enorme campus. Había varios grupos bastante numerosos alli, chicos sentados con guitarras, bebiendo y jugando a las cartas. Reconocí tres a chicas que vivían en planta baja de mi internado y a Paul, el primo de Jared en uno de esos grupos. Parecían muy divertidos y algunos que nos observaron pasar levantaron las manos y silbaron para saludarnos. Noté que Edward no les hizo caso, mantenía la vista abajo y las manos en los bolsillos hasta que una de las chicas grito su nombre. Entonces, levantando apenas una mano saludó sin mirar.

-¿Amigos? –Preguntó Ashely con evidente curiosidad ante su notable cambio de humor.

- De mi compañero de habitación – respondió cortante y sin cambiar el tono mal humorado.

La extraña actitud que tomara Edward hizo que quisiera averiguar algo más sobre él, pero en ese momento Félix puso sus manos sobre mi hombro y el de Edward, y nos desafió con su típica sonrisa fanfarrona.

-¿No cantan?

-No, gracias, prefiero escuchar –Dije, a modo de disculpa.

Mentía. Había cantado junto con Félix en un conjunto vocal durante el receso de verano, y nos conocíamos de sobra. no solo sobre sus capacidades vocales, y también había otras características o razones por la que ya no me convencia con su sonrisa de galán, y su mano en el hombro empezaba a realmente a molestarme.

-¿Y tu Edward? –Siguió Félix como si nada.

-Gracias, justo estábamos en medio de una conversación muy entretenida –dijo, sonando muy convincente.

Un tanto despechado Félix finalmente se alejo y se agregó nuevamente al grupo que caminaba unos metros adelante. Edward parecía sonreír, aunque seguía con los dientes apretados.

-¿En que estábamos? No recuerdo bien la parte interesante de la conversación. –Preguntó Ashley, divertida.

-En que yo iba a sentarme, no se ustedes pero creo que ya caminamos bastante por hoy –se quejo Edward.

No era conciente de cuanto tiempo habíamos estado caminando hasta que me detuve un momento buscando con la mirada alrededor, tratando de encontrar un buen lugar para sentarnos todos. Estabamos del otro lado del puente que cruzaba un arroyo a un kilometro y medio de la universidad. A tan solo unos metros adelante, las raíces amplias de un ombú parecían sonreírnos, era un lugar sumamente popular al que todo el mundo solía venir. La mitad de aquel enorme árbol crecía sobre un barranco, dando la impresión de que parte de sus raíces colgaban en el vacío y se tenía una vista increíble desde sus ramas.

-¿Allá? ¿Es muy lejos? -Pregunté, señalando el árbol.

-No, es perfecto. -contestó Edward adelantándose para tomar a Ashely del brazo y tirar de ella.

En ese momento me di cuenta de que nos habíamos quedado un poco atrás. Ella conversaba animadamente con Irina y Félix.

Finalemtente, los cinco emprendimos camino hacia el árbol con notable entusiasmo y dejando rápidamente atrás al grupo de cantores. Después de inspeccionar un poco el lugar, nos acomodamos bastante cerca de las nudosas raíces y Félix sacó unas bebidas de su mochila.

Conversamos trivialidades de nuestras vidas de estudiantes por un largo rato, riendo a más no poder de las ocurrencias de Irina y las inacabables anécdotas de Ashley.

Edward solo escuchaba, con la mirada perdida en algún punto allá adelante, lejos de nosotros. Me percaté de su profundo silencio y agité mi mano frente a él, llamando su atención a la conversación. Para mi sorpresa, en un movimiento que me pareció más un reflejo que otra cosa, Edward la tomó en la suya atrapando mi muñeca fuertemente entre sus largos dedos.

-¿Donde estás? -Pregunté como si nada, notando el cambio en la cara de Ashley y tratando de safar mi mano sin darle importancia al gesto. Me puse a cortar hebras de pasto y a jugar con menudencias del suelo para tenerlas ocupadas.

-Aquí… no se me da bien esto de los grupos grandes. – respondió en voz baja.

-¿Grupos grandes? ¡Somos cinco! –me burle, creyendo que bromeaba.

-Soy tímido- volvió a decir sin levantar la voz y sin dejar de mirar a lo lejos.

Un lento rubor se asomó en sus mejillas, o en lo poco que se veía de ellas a través de los mechones desprolijos de su barba y me sonrió como disculpándose.

-Ok- asentí y lo dejé en paz. Después de otro largo silencio volví a interrumpirlo:

-¿Cuéntame algo sobre ti? ¿Nombre completo? ¿Dirección? ¿Edad? ¿Lugar de nacimiento?…-dije, intentando ser chistosa.

-Edward Masen, campus –Respondió secamente y mirando adelante.

-¿Campus? ¿Y qué significa eso?

-Que nací en el campus de la universidad.

- ¿De esta universidad? No me la creo

-Es verdad

- ¿Por qué campus, no será hospital? –Dije, haciendo referencia al enorme complejo de salud que lindaba justo con el campus donde los estudiantes de enfermería, medicina hacían sus rondas y eventualmente yo haría mis prácticas de salud mental algún día.

-No. Campus. Nunca llegué al hospital, mejor dicho, no dejé que mi madre llegara.

- Eso es raro… quiero decir…por tu acento te hacía de otro lugar…tus elles, y eses son…

- Norteñas -Completó. – ¡Eres muy detallista Bella!

Su voz sonó extrañamente molesta, como si fuera realmente una queja.

- Mmm… lo siento… es que el año pasado viví con una norteña y me es facil detectarlo …

- Bueno, eso lo explica –me cortó.

- No dijiste en qué lugar del campus….-insistí, ignorando su tono cortante.

- Hay una casita pequeña, detrás el comedor…-exhaló, luego de mirarme por un segundo, como si dudara de decirme algo mas.

- ¿Entonces creciste aquí?…

-No, nosotros solo estuvimos hasta ese año en que yo nací. Luego mis padres emigraron para el norte, vivimos en muchos lugares, pero siempre por allá.

-¿Por el trabajo de tus padres?-

-Sí, aunque hace un tiempo ya que nos por fin nos quedamos quietos. Mamá trabaja en la misma escuela hace varios años.

- ¡Mi madre también! Quiero decir, ella trabaja en la escuela donde hice parte del instituto, desde hace ocho años.

Edward me miró un poco sorprendido por la coincidencia y levanté los hombros.

-¿Y que hacías antes de venir si se puede saber…?

La pregunta pareció molestarle un poco porque se tensó de nuevo y puso las manos en los bolsillos hundiéndolas. Miró hacia abajo antes de empezar a hablar.

-mmm... Muchas cosas. Jugué futbol un tiempo, era bueno hasta que me lesioné… el instituto lo hice en un internado. Todo. –Recalcó- después terminé aquí.

Se encerró en un profundo silencio.

- …entonces terminaste el instituto y volviste un tiempo a vivir con tus padres …y de ahí llegaste aquí...

Aventuré, tratando de encajar en el rompecabezas los casi dos años en blanco que quedaban en medio, porque ya sabia que teníamos la misma edad y que habíamos egresado del instituto el mismo año, y yo ya estaba a mitad de mi segundo año de la carrera mientras que el recién llegaba.

-Digamos que algo así. –murmuró, y se quedó callado nuevamente, esta vez mirando el horizonte frente a nosotros.

Luego de observarlo un momento también me volví para mirar al frente, decidida a disfrutar unos momentos del paisaje. La tarde era agradablemente soleada y la suave brisa del viento agitaba cada tanto mi cabello en una caricia placentera.

-Me gusta.

La voz suave de Edward interrumpió el cómo silencio en que estábamos sumidos después de no sabría precisar cuanto tiempo.

-Si, este lugar es totalmente hermoso...-correspondí, asumiendo que el "me gusta" se refería al paisaje inmenso con mil tonos de verde y marrón que se desprendía desde el barranco a unos metros frente a nosotros.

Estaba sentada paralela a él, apenas unos cuantos centímetros adelante, y para mirar a qué se refería exactamente tendría que volverme un poco, pero no lo hice.

-No, tu pelo, es... es lo que me gusta.-dijo en casi un susurro.

Antes de que pudiera contestarle y en un solo movimiento Edward me arrebató la hebilla que lo sostenía en una media cola y la guardó con malicia en el bolsillo.

Sorprendida y un poco confusa por aquel arranque repentino, traté de emparejar los mechones de pelo que el viento empezaba a desordenar y los atrapé en una improvisada cola de caballo con la mano.

-Dámela… se va a enredar todo...-me queje, tratando de esconder mi irritación.

Iba a ser presa de un ataque de histeria si no me la devolvía, odiaba con toda el alma que las personas me tocaran, o jugaran con mi pelo, pero a él parecía no importarle en absoluto mi evidente rabia.

-Me gusta más suelto.- murmuró con voz queda.

Me miraba fijamente ahora, desafiándome. No supe reaccionar cuando luego alzó la mano y me acomodó con suavidad algunos mechones que por efecto del viento me caían sobre los ojos. Me sentí totalmente vulnerable en ese momento, el estómago de repente empezó a dame vueltas con el extraño efecto que el roce inesperado de sus manos tenia en mi piel, a la vez que moría de indignación.

Un poco preocupada miré hacia donde estaba Ashely, pensando en que ella podría estar viéndolo y también un poco en busca de socorro, la traería nuevamente a la conversación, definitivamente no quería seguir a solas con Edward…era eso o salir corriendo de repente.

Pero Ashley no estaba. Ni felix, ni Irina,… Se habían ido, todos, sin saludar siquiera.

Pensé rápidamente en las implicancias de mi descubrimiento:

O estábamos tan concentrados en la conversación que no quisieron interrumpirnos...(lo que solo significaba que Ashley estaría definitivamente molesta y que yo estaba en grandes problemas), o Edward los había visto marcharse y por alguna razón que de repente no quería saber no me lo había dicho y…

Mi corazón empezó a latir rápidamente cuando me di cuenta de que estábamos completamente solos a kilómetros del campus. Una rápida mirada alrededor me constato que efectivamente éramos los únicos en metros a la redonda.

Calculé la hora por la altura del sol en el horizonte y supe que serian las seis de la tarde ya, este había bajado considerablemente y nos quedaría una hora escasa antes de que empezara a oscurecer.

-Ok, quédatela.

Me puse de pie, resuelta a irme lo más rápidamente a un lugar seguro. Me reí interiormente con ese pensamiento. No me sentía exactamente en peligro con Edward. La situación se habia vuelto extraña de repente, el era casi un desconocido para mi y yo era básicamente muy desconfiada, pero si me ponía a pensar, en realidad me sentía extrañamente a gusto a solas con el.

-"Lo suficiente como para perder la noción del tiempo" -me reproché, -"y lo suficiente como para no notar que ofendiste a tu amiga Ashley",

La lista de autorreproches siguió in creccendo en mi cabeza mientras observaba a Edward, sentado y con sus manos delgadas y blanquísimas rodeando las rodillas, el seguía mirando el horizonte sin inmutarse.

Yo, en cambio, ahora estaba en el extremo contrario de la paz y la tranquilidad. me sacudí histéricamente el pasto suelto de los pantalones y me alise frenéticamente la ropa.

-Deberíamos volver ya o nos vamos a perder la cena.- sugerí, viendo que Edward no tenía intenciones de moverse.

Pero contrario a cualquier cosa que esperara, él se levantó de donde estaba sentado tan rápidamente que no me dió tiempo a retroceder, y en un instante quedamos frente a frente…demasiado cerca.

Hubo algo en ese momento, algo en la manera de estar de Edward frente a mí que me paralizó completamente. No fue ni que sonriera, ni fue que la cercanía de su cuerpo con la brisa en mi dirección me trajera un suavísimo perfume desde su cuello. Fue su actitud: una especie de rendición silenciosa, que duró solo un instante, pero lo suficientemente largo como para producirme un estado de perplejidad al que no estaba acostumbrada.

Recuperé la compostura con algo de esfuerzo mientras comenzábamos el camino de regreso. Recorrimos en silencio un buen trecho mientras el atardecer se nos venia encima.

-Así que estás en el club de Scout.- Edward rompió el silencio sorprendiéndome con su voz nuevamente.

-Ah... Si, con los más pequeños –respondí, sorprendida pero sin poder evitar que cierto orgullo me inundara al recordar a mis pequeños Aventureros de los domingos por la tarde.

Acampar era algo que amaba desde niña y desde que llegué en el ultimo año del instituto, había ocupado diferentes puestos de liderazgo dentro de uno de los dos clubs Scout que funcionaban en la villa universitaria, este año ocupándome de la agrupación de pequeños de seis a diez años de edad. Algo que realmente disfrutaba.

-Antes de que preguntes como lo se, -dijo, alzando la mano -te vi pasar el miércoles por la noche con el pañuelo desde la ventana de mi habitación.

No respondí, ya estaba bastante confusa por todo, pero recordaba que efectivamente el miércoles, el día que Ashley nos presentó, había tenido una reunión de planificación después de clases en el edificio de aulas de mi facultad.

- La ventana de mi habitación da a las aulas de Humanidades, por eso te vi. –Siguió explicando Edward, como si leyera mi mente y no pude evitar sonreír.

- Si, ya estaba pensando que me tenías bajo "vigilancia".- medio bromee, tratando de no dar demasiada importancia al hecho de que Edward le prestaba demasiada atención a lo que hacia.

- Lo supuse -rió calidamente. -Pero ya te dije que no soy de esos.

De repente hablaba casi con los dientes apretados, remarcando las palabras. La frase me recordó nuestra desafortunada conversación del almuerzo el miércoles y a Ashley…

- Ella debe estar furiosa, ahora que lo dices…- aproveché, ya que de algún modo el había sacado el tema.

- Ashley entenderá con el tiempo siempre fue solo una amiga para mí -replicó con dureza.

- Ya no creo que le hagan falta tus explicaciones después de esta tarde. –Replique mas enfadada de lo que querría admitirle, -No me parece que el modo más cortés para ella de entenderlo sea queme uses a mípara explicárselo.

La rabia subía en mi pecho rápidamente. Me indignaba solo de pensar lo que estaría pasando por la mente de Ashely en esos momentos. Ella era mi amiga, y había confiado en mí, sabia que le gustaba Edward y no podía entender lo que había pasado entre nosotros momentos atrás, solo podía imaginar que era una imagen dolorosa. Quería gritar, era estupido. No había pasado nada realmente…solo un chico extraño tocando mi cabello y alterándome de un modo que nadie había hecho en mucho tiempo…

-No te estaba usando, Bella. Lo que pasó ahí…-

Lo miré, alzando una ceja acusadoramente, Edward se interrumpió y paró su caminata bruscamente apretando los labios y obligándome a parar. Revolvió su cabello con los dedos antes de exhalar con rabia.

-Yo… yo no soy de hablar mucho Bella, no se qué me pasó hoy... supongo que me caíste mejor de lo que yo mismo esperaba.-dijo, sonriendo nerviosamente y volvió a caminar esta vez con pasos rápidos, obligándome a trotar para alcanzarlo.

-Vale, lo siento. –dije, sintiéndome totalmente contrariada.

Las palabras de Edward sonaban a confesión inesperada y ya no tuve ánimos para mirarle la cara. Teníamos todavía un buen trecho por delante y no quería que solamente lo hiciéramos discutiendo. Trate de trivializar la conversación.

- ¿Así que… te gustan los Scouts? –Pregunté, luego de intentar romper varias veces el incomodo silencio que se había instalado entre nosotros sin encontrar tema.

-Mucho. –

Edward aminoro el paso y volvió a hundir las manos en los bolsillos. Empezaba a notar que las cosas que parecían ser dolorosas para él venían acompañadas con ese gesto y algo en mi se conmovía a mi pesar, esperé pacientemente a que siguiera hablando.

-Yo…lo dejé hace un tiempo... es algo que ahora pertenece al pasado –concluyó, del mismo modo críptico al que ya me estaba acostumbrando él decía las cosas. Su vista se concentro en dirección al campo, que a nuestro costado que se teñía de rosa.

No me paso desapercibido el dolor en su frase.

- El fin de semana que viene nos vamos de campamento con la agrupación. –anuncie entusiasta. – yo estoy organizando la mayor parte de las cosas, este soy secretaria y… la verdad a veces pienso en dejarlo, entre el trabajo y la cursada me estoy volviendo un poco loca, pero no se que haría realmente si no pudiera ir de campamento de vez en cuando…-solté, en una larga frase sin respirar.

- Si, eso es algo que extraño mucho también - murmuró el

-Podrías venir algún domingo – dije, tratando de animarlo.- a veces necesitamos voluntarios y si ya tienes experiencia…

- No lo creo. El próximo año tal vez, veremos…

….

Llegamos al comedor para la última tanda de pizzas. Pasamos directo a cargar las bandejas en medio de un mar de mesas llenas que observaban cada movimiento y supe con seguridad que seriamos el chisme de la próxima semana, Era un internado pequeño y las novedades insignificantes no pasaban desapercibidas en el comedor estudiantil. Mucho menos una que implicara a una pareja de chicos llegando juntos y retrasados a cenar, además de que varios de los que estaban sentados viéndonos también nos habían visto pasar con el grupo a la tarde.

Tristemente éramos los últimos en llegar. Me propuse terminar con el rumor antes que comenzara y busqué desesperadamente entre las mesas algún rostro conocido que me rescatara.

Respiré con alivio cuando vi que Jared aun estaba cenando con su grupo y me hizo señas desde la mesa cuando pase la vista por su sector, le sonreí y me encaminé hacia ellos sin esperar a Edward, no me importaba lo que hiciera.

Vi Ashley cenando unas mesas más allá, sentada aun con el grupo de la caminata de la tarde en el momento en que me sentaba frente a Jared, en el único lugar libre de la mesa.

-Genial, Edward va a tener que irse a otro lado porque aquí no hay lugar.

Agradecí silenciosamente mi suerte. No me gustaba ser el centro de atención ni el chisme de la semana. Ya había pasado por esa experiencia gracias al acoso de Mike y me había jurado no volver a padecer algo así si podia evitarlo.

Mi alegría duró muy poco, unos chicos que habían terminado con su cena se levantaron segundos después que me sentara, dejando dos lugares vacíos junto a mí y antes de que pudiera procesarlo Edward, que apareció de la nada, puso su bandeja a mi lado y se sentó, tocando con su helado dedo la punta de mi nariz.

¿Qué rayos le pasaba?

Cuando lo miré tenía en su rostro la misma sonrisa maliciosa de hoy en la tarde cuando me robó la hebilla haciendo que hirviera en cólera. Lo fulminé con la mirada, ahora ya completamente cabreada por sus jugarretas, y para la diversión de Jared, que con los brazos cruzados en el pecho y reclinado en el respaldo de su silla, observaba la escena fijamente con la ceja levantada.

-Oh… rayos…

Ya conocía perfectamente esa mirada de Jared, era sarcasmo puro. Me consolé pensando que mi sufrimiento acabaría tan pronto como terminara de comer mis pizzas y pudiera huir a mi habitación.

-¿Dónde estabas Bella? no te vi en toda la tarde –preguntó Jared con tono neutro, aunque su sarcasmo seguía intacto en la mirada.

-Sali… es decir, salimos a caminar con un grupo de chicos. – dije señalando rápidamente a Edward y hundiendo luego la cara en la bandeja.

-¿Y se perdieron…?

Me congele y Edward se carcajeo ruidosamente al ver mi expresión, pero se escondió rapidamente detrás de su vaso de jugo. Miré a Jared con un odio asesino.

-Todo bien, Bellis – Jared se rindió rápidamente, notando que estaba realmente molesta. -La verdad es que estuve con Mike en la radio hasta las cinco de la tarde y después me fui a dormir una siesta. Recién me levanto.

Maldito.

Su expresión era exultante, con ese estúpido chiste había pescado mucho mas de lo buscaba y para colmo Edward observaba curioso cada uno de sus gestos. Realmente era una situación tan estupida… de repente me sentia de nuevo en la secundaria.

- ¿Mike? -dije con intención,- pobre, me dió tanta pena no poder quedarme con el hoy a acompañarlo, pero como ya había quedado en la semana de ir a caminar con los chicos…

Mentí descaradamente ¿intentando molestar a Edward? Ni yo misma lo sabía bien. Jared no me contradijo, pero se inclinó hacia delante para decir:

-El sale de la radio ahora, en diez minutos, -dijo echando una rapida mirada al reloj en la pared -a menos que me llame para avisar que le tengo que llevar la cena tambien...

No. Definitivamente hoy no podía tener a Mike y a Edward juntos en la misma mesa, no en los próximos diez minutos, y no junto a Jared y su sarcasmo.

En ese instante Ashley se sentó en la otra silla vacía frente a nosotros. Genial ¿Podrían empeorar más las cosas antes de que terminara mis pizzas?

- ¿Cómo no me dijiste que te ibas? Me hubiera vuelto con ustedes.-Me atajé, exclamando antes de que ella dijera algo.

-Edward me vio irme, le hice señas preguntando si se querían volver…, se ve que no te dijo nada –dijo, Ashley mirándolo fijamente.

Miré a Edward sorprendida, él mordió un pedazote de pizza con toda la intención de mantener la boca ocupada y me pregunté en que momento habría sido. Seguramente en alguno en el que yo estaba demasiado absorta en el paisaje, de otra manera lo habría notado.

Para mi disgusto Jared contemplaba el cuadro a sus anchas. Desde donde estaba sentada veía las conclusiones que iba sacando como si las tuviera escritas en su frente. Tenia que huir…antes de que las cosas empeoraran aun más.

Cuando la puerta del comedor sonó con estruendo detrás de nosotros y Jared se incorporó en la silla supe que ese era el momento justo para desaparecer: Mike entraba estrepitosamente en el comedor para variar, atrayendo todas las miradas mientras se dirigía a buscar su cena y alzaba la mano para saludarnos.

Me levanté lo más rápido que pude, aun a medio tragar, y a tropezones fuí a dejar la bandeja en la máquina lavadora donde Tania Denali me la recibió con un gesto hosco y no me devolvió el saludo. Algo desconcertada por su cambio de actitud hacia mi, salí atravesando apresuradamente el pasillo central del comedor. Jared se reía a boca suelta cuando pasé por el costado de su mesa y me saludó con la mano. Ni me digné a responder.

Respiré con alivio recién cuando la puerta de vidrio se cerró detrás de mí y el aire ya frío de la noche me dio en la cara.

Para mi sorpresa, Edward me esperaba afuera.

¿¡En qué momento…!

-Tu amigo Jared se ofreció a llevar mi bandeja cuando él termine- dijo con desparpajo, de nuevo como si leyera mi mente.

Esta vez no le contesté y seguí caminando. Estaba contrariada, molesta, confusa, desconcertada. Todo había sido demasiado extraño desde ese momento en el árbol…necesitaba alejarme.

-Te acompaño.

-No, gracias.

- De todas maneras voy para allá y voy a seguirte.-insistió.

Esta vez lo miré con odio y fuí yo la que hundí las manos en los bolsillos de mi desgastado pantalon, pero para no pegarle.

Caminé lo más rápido que pude con Edward siguiéndome el paso comodamente con sus largos trancos y sin inmutarse por mi evidente mal humor ni dejar de sonreír. Increíble. Cuando llegamos a la encrucijada donde nos vimos la primera vez Edward se detuvo y lo miré sin intenciones de detenerme.

-Parece que tiene este lugar marcado, -pensé.

-¿No piensas saludarme?

Su malicia había desaparecido por completo y me miraba con ojos preocupados.

Dudé.

Después de todo habíamos pasado toda la tarde juntos, y salvo la última extraña y desconcertante hora, había sido una tarde estupenda. Me volví hacia el con la intención de darle un beso en la mejilla y Edward retrocedió.

- Estás loco. –Dije sin más, totalmente exasperada con sus jueguitos.

-Me gusta tu cara cuando te enojas, deberías verte, es fascinante…tus ojos echan chispas. –

Edward reía con un brillo extraño en la mirada.

- Definitivamente estás loco, Edward, Adios.-bufé y me di la vuelta para seguir mi camino.

- Bella, Espera.

Edward alargó hacia mí su mano con mi hebilla. Lo había olvidado. Cuando me acerqué para agarrarla me encerró la mano con la suya.

-Permiso. –Dijo, antes de que pudiera reaccionar.

Y sin que alcanzara a comprender lo que quería, me soltó la mano y se acercó hacia mi hasta quedar a una distancia inexistente, tomó mi cabello suelto entre sus largos dedos y delicadamente formó una media cola en mi nuca poniéndome la hebilla.

Estaba paralizada otra vez, parada en medio de la oscuridad del enorme parque, casi encerrada entre sus brazos y atrapada en una mirada que no alcanzaba a descifrar. Oscilando entre la indignación y la sorpresa ante tanta suavidad. No supe qué hacer o qué decir.

-Hasta mañana Bella. -dijo pellizcándome la punta de mi nariz. Luego se inclino para dejar un beso en mi mejilla y se alejo, sonriendo, hasta desaparecer en la oscuridad frente a mí con pasos rápidos.

¡¿Que fue todo eso por Dios?

Una parte de mí, la que no estaba desfalleciendo de rabia e impotencia, estaba enteramente conmovida.

Charlie tenía la costumbre de pellizcar mi nariz exactamente de esa manera y ese simple gesto me había desarmado por completo.

y este … ( aun no encontraba la palabra justa para describir a Edward) era el único serque alguna vez había peinado mi cabello con tanta suavidad.

Una vez en el refugio de mi habitación y luego de repasar la escena por centésima vez ya recostada en mi cama, reí pensando en que si Edward me conociera más, nunca hubiera intentado tocarme el cabello dos veces y el mismo día.


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