Disclaimer: Los personajes de esta historia y sus caracteristicas pertenecen a SM , yo solo los he tomado para contar una historia cuya trama es totalmente MIA.
Gracias a todas las que estan agregandose dia a dia a esta historia tan especial para mi. A las anonimas que dejan sus reviews y no puedo contestar! y
a Ginegine, que a pesar de la vida loca y ocupada se toma su tiempo para revisar esta locura.
Si a alguna le interesa escuchar lo que Bella oye x su ventana en este capitulo aqui el link de you tube. Es la version exacta.
www . youtube watch?v = tt0q6pLI _ UU&feature = related
Mas abajo deje otro link de una version con letra..
Segunda parte
Capitulo 3
Coincidencias
(Bella Pov)
Domingo.
Era domingo por la mañana y volvía a mi habitación luego de llevar la ropa sucia al lavadero.
Como Jessica se había ido por el fin de semana a casa de sus padres, decidí aprovechar la repentina soledad de mi cuarto y me acomodé en el escritorio frente a la ventana decidida a retomar mi lectura de ocio junto con un café. Ese mes estaba leyendo García Márquez y era el turno de su Crónica de una muerte anunciada.
Abrí un poco la ventana para que entrara algo de aire y aspiré profundamente la brisa fresca que no tardó en entrar en la habitación. Ella también trajo el eco del ensayo del coro oficial de la universidad desde el pabellón de música que estaba apenas unos metros a la derecha de nuestro internado.
Un tango esta vez.
Abrí la ventana un poco más y presté atención: la melodía de "Adiós nonino" se coló en mis oídos conmoviendo mi corazón con viejas imágenes de mi casa de la infancia, y recuerdos de Charlie.
¡Qué belleza!
Luego de suspirar como tonta un par de veces me pregunté si alguna vez podría cantar en un coro así... ni siquiera me atrevía a decir "en ese". Ya se sabía lo difícil que era calificar en una audición. Pasar una audición con el profesor Uttzen, un estricto alemán alto y ceñudo de cabellos rizados y penetrantes ojos grises. Además había que saber música y yo estaba muy lejos de eso.
Espanté la imagen de Uttzen de mi mente recordándome que yo ya estaba en un coro. Todos los jueves después de clases subía las escaleras del pabellón de música para el ensayo semanal del coro de la facultad de Humanidades. Ya era mi segundo año en uno de los coros universitarios que pululaban en el campus. Ninguno de ellos era estable, se formaban de nuevo cada año y también cambiaban sus directores, ya que estos eran los alumnos del último año del profesorado de música y dirigir un coro era parte de sus prácticas. Megan, la joven directora del coro de mi facultad de este año era muy amable conmigo nos conocimos durante el verano en ese dichoso conjunto que compartiera con Félix y otros siete estudiantes y fue toda una sorpresa para las dos cuando fui a la audición para el coro de este año. Con cierta tristeza tomé conciencia de que ya habían pasado dos semanas desde que ella me había llamado aparte unos minutos antes que empezara uno de los ensayos.
-¡Bella! ¡Te conseguí una audición con Utzen! – Me había susurrado entusiasmada y yo la había quedado mirando como si le hubiera crecido otra cabeza-... quiero que te escuche, ya sabes lo que pienso de tu voz.
No podía creer lo que escuchaba, y aunque no estaba de acuerdo, Megan no se cansaba de decirme que tenía un soprano increíble, afinado, suave, y no sé cuantas cosas más que a Utzen le encantarían si consiguiera una oportunidad para que me escuchara.
-Pero yo no sé música –me quejé en voz baja, no quería que los otros integrantes se enteraran y tuviera que soportar el escándalo de la noticia aún antes de que, por milagro solamente, llegara a audicionar bien.
-Tu oído es excepcional, Bella créeme que no lo va a notar. –Megan lo decía sincera, con real entusiasmo. – Vamos… no me dejes mal, él está realmente interesado en escucharte, mañana a las 10 de la mañana…
-¡Mañana!
-Porfis… solo tienes que vocalizar un rato antes… además si te va bien de mañana.
Me temblaba absolutamente todo el cuerpo sin control ese viernes de mañana cuando entré un poco dudosa a la biblioteca del pabellón de música y pregunté por Utzen. La secretaria lo llamó por el interno y una vez que le explicara para qué estaba él apareció en la puerta.
-Sígueme –dijo, sin saludos ni contemplaciones y se dirigió a un aula pequeña al final del pasillo de la planta baja en la que solo había un piano. Era un aula de prácticas. Utzsen se sentó al piano y empezó a tocar una escala.
-Repíteme tu nombre y carrera por favor.
Con voz algo dudosa se lo dije y los anotó en una carpeta.
-¿Lista?
No lo estaba, pero asentí valientemente ya que no lograba que me saliera la voz. Estaba en grandes problemas si no lograba que la voz me saliera en los próximos cinco segundos.
Utzsen empezó tocando una escala sencilla que pude seguir fácilmente dándome algo de confianza y la fue complicando cada vez más, subiendo de tono, hasta alcanzar alturas que hasta a mí misma me sorprendieron, pero no desafiné.
-Ahora a cantar.
Me alcanzó un libro de música con canciones conocidas, no supe cuál elegir así que abrí una página al azar y señalé. Utzen empezó a tocar: me equivoqué en la duración de una nota al final del tercer pentagrama y me miró, sin dejar de tocar. Volví a hacerlo en el coro, y cuando me volví a equivocar en la última línea de la siguiente estrofa, Utzen dejó de tocar abruptamente. Eran errores leves, pero totalmente inaceptables para su nivel de perfección.
-No lees música.-afirmó.
-No.
Trague grueso mientras él miraba la carpeta para leer mi nombre.
-Bueno Isabella. Si hay novedades te avisarán.
Se incorporó y abrió la puerta.
-Te aclaro que a esta altura del semestre la lista de integrantes ya esta aprobada y no estamos agregando alumnos por el momento.
-Gracias por su tiempo.-farfulle y salí lo mas rápido que pude, temblando aun y en la incógnita total. Solo me había quedado muy claro que me había equivocado tres veces.
Frustrante. Suerte que no iba a ver a Megan hasta la próxima semana.
Mi vista se detuvo un momento en la pizarra junto a la puerta de salida. Me llamó la atención el título de una de las hojas que estaba pegada: "Lista oficial de integrantes del Coro año 1997" pero no me detuve a leerla. ¿Para qué saber si no iba a estar con ellos?
Suspiré, el tango había concluido ya y ahora llegaba en oleadas una melodía antigua y triste en latín. Tenía que tomar valor para buscar a Megan y saber algo más sobre mi intento de audición. Por lo pronto sería en el ensayo del jueves, ya que el próximo fin de semana estaría ocupada con el campamento.
Una semana después…
Llovía a cántaros cuando llegué a mí cuarto. Tuvimos que regresar apresuradamente del campamento muchas horas antes de lo previsto por la impresionante tormenta que nos sorprendió temprano en la madrugada el domingo.
Casi entre risas recordaba las maldiciones de mis compañeros de acampada, refunfuñando por lo poco fiable que era el pronóstico en estas latitudes mientras desarmábamos las carpas bajo la lluvia y metíamos a los niños en un refugio hasta que llegaran los padres a buscarlos.
Había que agradecer que no nos habíamos ido tan lejos esta vez, solo estábamos a minutos del campus, a pocas cuadras del pavimento, a metros de la segunda arboleda del enorme club de camping que teníamos en uno de los extremos de la villa universitaria. Un predio de varios quilómetros cuadrados, cercado en su totalidad y con tres sectores de enormes arboledas que se volvían un poco más salvajes cuanto mas alejadas estaban de la entrada.
La segunda arboleda era de un nivel de dificultad medio, es decir, no había baños pero solo había que caminar 200 metros hasta el complejo donde estaba el enorme salón principal dotado de cocina, duchas y algunas habitaciones, justo detrás de la primera arboleda.
Al menos había alcanzado para divertirnos todo el sábado y los niños habían podido entrenar en sus habilidades básicas de campamento y vida al aire libre para el próximo encuentro regional que seria en unos meses.
Como todas las veces que llovía, Jessica había bajado totalmente la persiana del dormitorio y la luz apagada era indicio que la noche en la habitación 24 iba a durar un poco más. No opuse resistencia y me acosté luego de despojarme de mis ropas mojadas y tomar una larga y relajante ducha caliente.
Dormimos hasta el mediodía y fuimos a almorzar juntas por primera vez después de casi tres meses de vivir juntas. Jessica estudiaba medicina y casi todo el tiempo estábamos desencontradas por los horarios. No era que nos llevábamos de maravilla pero manteníamos una relación amigable.
Nos sentamos aparte, las dos solas en una mesa de cuatro al fondo del comedor y vi a Ashley y Edward de lejos, también almorzando juntos y solos en una mesa. Ashley parloteaba, riendo como siempre y Edward, silencioso, masticaba y asentía, sonriendo a veces a pesar de su expresión (o inexpresión) triste de fondo.
Me di cuenta de que no había vuelto a hablar ni a ver a ninguno de los dos desde aquella caminata, semanas atrás y me dio una pequeña punzada de nostalgia.
El tiempo pasa a una velocidad asombrosa a veces, y tan absorta como estaba en mis actividades ni siquiera me di cuenta que Ashley no había ido a trabajar por cuarto día consecutivo hasta que Jared me comentó al pasar en el trabajo que estaba enferma.
Con mucho más que algo de culpa revisé mi agenda mental planeando ir a visitarla en cuanto tuviera un hueco. Descubrí que esa tarde tenía una hora libre entre las 3 y las 4 y decidí que ese era el momento de ir a visitarla.
La puerta del anexo se abrió y una Ashley ojerosa y con ojos febriles me recibió con una amplia sonrisa.
-¡Por fin te apareces, Bella!
-Perdóname, sabes como soy…. – dije estrechándola en un abrazo y sintiéndome más culpable aun por su cálida bienvenida.
-Déjate de disculpas y entra.
-Te traje algo para comer- dije apresurándome a sacar de mi bolsa un paquete de masas que había comprado antes de salir del trabajo.- así tu nos prepararas tu maravilloso té.
Conversamos como siempre, saltando de un tema a otro mientras esperábamos que se calentara el agua para el té. Pero no era solo comprobar que no estaba enferma de muerte lo que me había traído esa tarde hasta ella, y respire profundamente tomando coraje por fin para sacar el asunto de la caminata.
Si, todavía me sentía culpable por haberla dejado abandonada y quedarme con Edward y sentía que debía pedirle disculpas, había momentos en que aquel recuerdo me carcomía.
- ¿Se pusieron de acuerdo? – preguntó mi amiga divertida cuando se lo dije y levanté una ceja sin comprender.
- ¿Qué quieres decir?
-Es que acabo de tener la misma conversación hace poco más de veinte minutos. –dijo, constatando la hora en su delicado reloj de pulsera.
- No entiendo ¿Qué conversación?
-Edward, él también vino a disculparse, se fue hace un rato. –explicó y realmente me sorprendió.
-¿Edward?
-Si, también se enteró que estaba enferma y vino a verme, y sorprendentemente me pidió disculpas por el plantón en la caminata. Pero él y yo hemos almorzado juntos varias veces después de eso y nunca lo mencionó antes.
-Claro.
Bueno, ahora si estaba confundida. ¿Edward pidiendo disculpas? No parecía tener siquiera la intención de aceptar mis reproches cuando discutimos aquella tarde.
-Lo gracioso es aún pienso que los ofendidos deberían haber sido ustedes porque nosotros fuimos los que los dejamos solos y abandonados en medio de la nada. – Ashley se rió y un escalofrió recorrió mi espalda cuando recordé ese momento.
Ella tenía razón en eso, también lo había pensado así, pero yo sentía le debía esa disculpa.
-Ashley, yo te estoy pidiendo disculpas porque vi que algo esa tarde te molestó, no te he visto desde entonces y no hemos hablado del tema pero hace tiempo que quería aclararte que no hay nada de lo que tengas que preocuparte.
Ahora Ashley era la que me miraba sin comprender.
-¿Preocuparme? ¿Qué es lo que tendría que preocuparme?–
Torcí el gesto. Solo de pensarlo me sentía algo avergonzada.
-Bueno… no sé exactamente que habrás pensado pero Edward y yo…
-Ok, ya veo- me interrumpió- tú también me aclararás que entre ustedes dos no hay nada porque piensas que a mi me pasa algo con Edward y que eso podría molestarme.
Era una afirmación, y ella dijo también.
-Bueno, si, en realidad es algo como eso… pero. .. espera. ¿Me estás diciendo que Edward te dijo lo mismo?- la mire incrédula.
-Mmmm, si .Casi cada palabra, y me pidió disculpas por si en algún momento él había hecho algo que yo pudiera malinterpretar, algo que me hubiera dado lugar a…
-Que pienses que había posibilidades de que tú y él…- completé.
-Exacto. La verdad es que no sé de dónde pudo haber sacado esa idea pero en fin: ya todo el asunto esta aclarado.
-Bueno, la verdad es que tal vez haya sido un poco mi culpa que esa idea haya llegado a su mente, Ashley… yo creí que ustedes, bueno el día en que me lo presentaste yo los vi y pensé que tenían algo y me quise ir porque… bueno, yo estaba siendo la tercera rueda y sabes que odio eso….
Ashley estalló en carcajadas.
-¿Qué es lo gracioso?
- Edward es un buen tipo, uno excelente, Bella, y reconozco que lo quiero, sí, en el poco tiempo que llevo tratando con él me ha cautivado y es guapo y todo eso, perojamásintentaría algo con él. –
Ashley bajó la cabeza al decir esto, como si las razones para no hacerlo pesaran más que las ganas de intentarlo.
-Ya, me daba la idea de que él te gustaba bastante…
-Sí, me gusta, es verdad, pero no tanto como para querer tener algo- insistió.-
Sus siguientes palabras me tomaron totalmente desprevenida:
-Y mucho menos como para que me moleste que ustedes dos tengan algo.
- ¿Nosotros? ¿Edward y yo?-
Mi boca se abrió de la sorpresa. La idea de Edward y yo teniendo algo era tan… descabellada, completamente. Pensé en la facilidad con la que Edward me había hecho estallar en rabia ese día, y en lo extraño que me resultaron algunas de sus actitudes y negué con la cabeza.
-No, si es por eso deberías quedarte tranquila, ¿Edward y yo juntos? eso jamás pasaría. Ni en un millón de años.
-Lo que digas Bella, sin embargo se ven lindos juntos, -afirmó Ashley con entusiasmo - me gustan, y creo que son tal para cual.
-Bueno, ahí te equivocas, amiga. Edward esta a años luz de mí. O yo de él…o como quieras, pero no hay nada más diferente que Edward y yo.
-Ya me dirás dentro de un tiempo, cuando se conozcan más y volvamos a tener esta conversación. Me darás la razón.
No le respondí. No quería discutir con ella. No tenía intenciones de conocer más a Edward, ni a ningún chico en realidad. Las pocas veces que lo había intentado no había salido bien. Además estaba mi carrera, esa era mi prioridad, y no iba a detenerme ni a dejar de lado mis estudios por una relación, por mas guapo e increíble que el chico fuera.
-Ese día que nos presentaste creí que querías que lo conociera porque te interesaba a ti… ahora después de lo que dijiste estoy empezando a creer que nos juntaste a propósito.
-Oh, no... Bella, tranquila, yo lo hice porque me gustaba y quería tu opinión, pero después, cuando regresé y los vi hablando… yo... bueno, realmente hay algo en como él te mira… además, Edward sonríe cuando estás cerca, Bella… y no es que sonríe mucho, seguro lo has notado. Pero lo que realmente importa es que contigo habla, yo solo le saco las palabras con tirabuzón.
Hubo un tono triste en Ahsley al decir aquello que me hizo sentir culpable.
-No lo sé... además no hemos vuelto a hablar desde ese día en el árbol y sé que no me pasa nada con él. Me desconcierta un poco, a veces actúa un poco extraño, pero la verdad no creo que tengas razón.
-Ya te dije, en unos meses, cuando volvamos a tener esta conversación...
Pasamos el resto de la hora mirando un álbum de fotos familiares que Ashley tenía en la mesa de luz y después de un apretado abrazo regresé a mis clases. Al llegar a mi habitación cuando volvía de cenar encontré una nota en mi escritorio, era de Megan, la directora del coro.
"Bella: No faltes hoy al ensayo, tengo una noticia importante".
Caí en cuenta que era jueves y el ensayo comenzaría en solo quince minutos. Me di una ducha en tiempo récord sin mojar mi cabello y me dirigí al pabellón, allí encontré a Megan esperándome en la puerta del aula.
- ¡Bella! ¡Utzten dijo que quiere que vayas hoy a su ensayo! - mi boca quedo abierta en una amplia "O" -te esta esperando, están preparando algo especial para este sábado a la tarde en el concierto. - Megan sonreía de oreja a oreja.
-¿Pero cómo? Si yo... él... ¿qué quiere que yo vaya ahora al ensayo de ellos? ¿Cómo agregada? –Exclamé cuanto acabé de procesarlo. Era… inesperado.
-Algo así, pero esta vez es más selectivo, son solo dos o tres "agregados" por coro.
-Wow.
Yo sabía que cada cierto tiempo se hacían presentaciones en conjunto en las que participaban varios coros, a veces todo, incluido el del instituto, y la banda sinfónica, la orquesta, etc. pero no había escuchado ningún rumor al respecto en esos días por lo que la novedad me tomó por sorpresa totalmente.
Megan me acompañó hasta la puerta del aula principal del pabellón en el primer piso donde ya se escuchaba que estaba ensayando el coro oficial, estaban vocalizando una intrincada escala cuando golpeó la puerta. Utzen se asomó al instante, intercambio unas palabras con Megan y me hizo un gesto para que entrara. Estaba completamente aterrada y asentí, acercándome a la puerta, pude ver cómo miró con una media sonrisa a Megan. No había soltado la puerta, así que pasé toda cohibida por debajo de su brazo, era tan alto.
Adentro había como treinta personas sentadas en los largos bancos de madera dispuestos en forma de rectángulo abierto contra cada una de las paredes cuchicheando entre ellas, algunas cantando en voz baja con los ojos fijos en las partituras que tenían en sus manos y no quise mirar a nadie. Fui a sentarme directamente en el extremo de un largo banco del lado de las sopranos. Todavía una de las chicas estaba repartiendo partituras, alguien me alcanzó una y agradecí. La miré con detenimiento: chino básico… me consolé pensando que al menos esa noche me aprendería la letra… pero estaba en ¡¿alemán?!
La pianista empezó a tocar y todos se pusieron a cantar automáticamente leyendo la música a primera vista.
-Bien, Bella, esto va a ser un suicidio.
Me concentré lo más que pude en las voces que tenía a cada lado y no fue tan malo, si de algo podía jactarme es que tenia buen oído y facilidad para seguir una melodía desconocida sin desentonar así que al cabo de unos minutos mi voz ya se integraba cómodamente y con algo de confianza, y cerca del final de la hora ya había aprendido lo más complicado de la partitura. Me sentía exultante.
-Ahora probemos de pie, formados. - Dijo Utzten.
Me paré al lado de las dos chicas que tenía desde el comienzo del ensayo siguiendo sus movimientos aún sin mirar la cara de nadie y me concentré en el ensayo final. Sonaba impresionante. Me dejé llevar unos instantes por la armonía de cada una de las voces que retumbaban con la acústica del alto techo del pabellón, incrédula de estar adentro de ella, y cantando. Sentí cómo mi pecho se expandía de felicidad, y mi cuerpo entero se estremecía con la sensación. La música era algo tan especial para mí… no podía creer que iba a tener una oportunidad como esta tan pronto.
Utzen empezó a dar indicaciones para el próximo ensayo que sería con una pequeña parte de la orquesta y justo antes de la actuación del sábado por la tarde en uno de mis salones favoritos del campus, que por años había funcionado como capilla, tenia el estilo de una catedral, con techos altos y ventanales con vidrios coloridos que le daban aspecto antiguo, las presentaciones de los coros a capella allí dentro ponían la piel de gallina por la acústica del lugar.
El ambiente empezó a distenderse cada vez más, se oían murmullos y risitas provenientes del grupo de varones que estaba a mi espalda y me esforcé en concentrarme en las últimas indicaciones que Utzen estaba dando sobre la pronunciación de algunas frases y otros detalles. De repente mi cabello, como siempre atado en una cola de caballo, se soltó. No escuché caer la hebilla que lo sujetaba en el suelo de madera pero lo encerré rápidamente con una mano y me volví, para ver en el piso buscando donde podría haber caído. Me encontré a Edward, estaba parado justo detrás de mí, mordiéndose los labios para no reír y con mi hebilla nuevamente en sus manos. Esta desapareció en el fondo de su bolsillo antes de que reaccionara y me sentí enrojecer.
-Bienvenida.- Murmuró.
Mire alrededor avergonzada. Esperando que nadie hubiera notado su pequeña gracia.
-Gracias, pero creo que es solo por hoy.- respondí, tratando de relajarme.
Iba a pedirle que me devolviera el broche cuando me di cuenta que dos personas más allá de Edward, entre el grupo de los segundos tenores estaba Mike. Me volví rápidamente a mirar al frente, el ensayo estaba oficialmente terminado y ahora todos salían del salón apresuradamente, apretujándose en la puerta. Esperé pacientemente hasta que el camino se despejó y una vez en el pasillo miré hacia el aula donde estaría mi coro antes de bajar la curvada escalera del pabellón, la luz estaba apagada: ya habían terminado, me di cuenta de que eran casi las once de la noche y éramos los únicos que quedábamos ensayando. Bajé las escaleras casi corriendo, sin mirar atrás y crucé como una exhalación los metros que me separaban de la puerta del internado. Estaba abarrotada de exámenes esa semana. No podía darme el lujo de hacer sociales.
www . youtube watch?v = SzBy6vVzwvM (link para version coral de Adios nonino)
Gracias por leer!
Les recomiendo el fic de mi amiga SOFIA GODIVA: Infinito.
