DISCLAIMER: Bones no me pertenece, es de Hart Hanson, Katy Reichs, Stefen Nathan y FOX. No intento violar las leyes de copyright ni recibo nada por escribir esto. Escribo por pura diversión.
NA: Sé que habla de que le rechazó después de la sesión de Sweets pero no os preocupéis, no aparece Hannah ni ha aparecido nunca.
NA2: Sé que el poema no liga mucho, pero es que es precioso y me encanta.
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Chapter 2
-Booth, ¿estás ahí?
-Sí, Huesos, ya voy –abrió la puerta y se la quedó mirando. Tan hermosa como siempre. Sus grandes ojos azules le hicieron olvidar por un momento por qué estaba llorando.
-¿Qué ha pasado Booth? ¿Qué te ha dicho Jared? –empezaban las preguntas. Esas preguntas que justamente quería evitar. Pero era Huesos, ella tenía que saberlo por él. Además, todo el mundo acabaría enterándose tarde o temprano.
-¿Cómo lo has sabi...? –empezó él.
-Ángela.
-Claro, como no –suspiró Booth-. Mejor pasa y te lo cuento... –Brennan entró en su apartamento. Estaba como siempre. La única diferencia era que había la chaqueta de Booth tirada por el suelo.
-¿Qué te ha dicho Jared? –djo ella, mirando fijamente al hombre que una vez se puso entre ella y una bala. ¿Por qué lo habría rechazado después de aquella terapia con Sweets?
Booth cayó de nuevo al sofá, llorando otra vez.
-Es... Es mi abuelo, Huesos... Pops... Él ha muerto –dijo llorando desconsoladamente.
-¡Hank! –se le escapó a Brennan-. Oh, Booth... Yo... Lo siento muchísimo, de verdad.
-Gracias –le contestó él.
-No me des las gracias, lo que te he dicho no sirve de nada cuando pierdes a un ser querido –dijo ella con su tono de científica profesional.
Él sonrió.
-No, en serio, sí que me sirve –"Almenos viniendo de ti", pensó Booth.
-¿Cuándo es el entierro?
-Mañana, a las 10 –se quedaron en silencio, cómodo como todos sus silencios-. ¿Me acompañarás? –añadió al ver que ella no decía nada.
Ella puso una sonrisa radiante. "Por dios, si sigue sonriendo así el muerto voy a ser yo" pensó el agente.
-Pues claro que te acompañaré.
Esa era la pregunta que la doctora estaba esperando y la respuesta que el agente deseaba.
Por la cara del hombre aún había lágrimas bajando por las mejillas. Ella se acercó y le limpió las lágrimas con los dedos. Se quedaron mirando fijamente, azul contra chocolate. Cielo contra tierra. Eran tan distintos... Y a la vez se necesitaban tanto para sobrevivir.
El teléfono de Brennan interrumpo su precioso momento.
-Brennan –dijo ella.
-Hola, Tempe, soy yo –dijo una voz muy conocida.
-Hola, papá.
-Sólo llamaba para decirte que al final sí que puedo venir mañana a almorzar contigo –dijo el otro con una voz alegre.
-Oh, lo siento papá, pero mañana no puedo. Ha surgido algo muy importante y no puedo. Tal vez... ¿El fin de semana que viene?
-De acuerdo... -¿algo muy importante?, se preguntó-. Entonces, dime, ese algo tan importante... ¿Es trabajo o es nuestro querido agente?
-Oh, vamos, papá. Ya te lo contaré.
-Está bien, cielo. Bueno, tengo que dejarte. Te quiero –y colgó.
Booth, que había seguido toda la conversación, o al menos lo que había dicho Brennan, se sintió mal. Ella no veía mucho a su padre, y le sabía mal que por él tuviera que dejar de verle.
-Huesos, si quieres ir con tu padre... –empezó.
-No digas tonterías. Ahora mismo me necesitas más que mi padre –dijo sin ninguna doble intención.
"No sabes hasta qué punto es cierto", pensó él.
-Lo siento, Huesos, deberías estar en el Jeffersonian y yo en el FBI... Ahora mismo nos vamos –dijo él levantándose de golpe.
-¡Ah, no! Yo me voy al Jeffersonian, pero tú te quedas aquí. Vamos, te preparo un café calentito y luego te vas a la cama.
Y dicho esto se fue hacia la cocina para preparar un café para su compañero y fiel amigo.
Cuando tuvo el café, se lo llevó y vio como él se marchaba hacia su habitación con la taza en las manos. Estaba a punto de marcharse cuando volvió a fijarse en la chaqueta por el suelo. La recogió para colgarla en el perchero, pero de ella cayó un papel. Lo recogió y lo miró. Era un poema precioso:
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos."
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como esta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Como no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismo.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque este sea el último dolor que ella me causa, y estos sean los últimos versos que yo le escribo.
Dios, qué poema tan bonito. Pablo Neruda. El autor le vino a la cabeza así de pronto. Le encantaba ese poema, siempre le había gustado. ¿Para quién sería? Para la mujer de la que Ángela le había hablado. Estaba pensando eso cuando vio que otro papel que había caído de la chaqueta estaba en el suelo. Una notita con la letra de Booth:
Ángela, te lo dejo en el cajón de tu escritorio para que los demás no lo vean. Ya sabes qué tienes que hacer con esto.
Booth
Pues claro. Ahora todo tenía sentido. La famosa mujer... era Ángela. Se le llenaron los ojos de lágrimas. Se guardó el poema y la nota en el bolso y colgó la chaqueta en el perchero.
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Cuando entró en el Jeffersonian enseguida se dieron cuenta de que había estado llorando. Tenía los ojos rojos e hinchados. Sin mirar a la plataforma, la antropóloga dijo:
-El abuelo de Booth ha muerto. El entierro es mañana a las 10 –y se fue hacia su despacho.
-Dios, pero ahora ¿qué le pasa a Brennan? –suspiró Cam.
-Bueno, de nosotros era la que más conocía al abuelo de Booth, a lo mejor... –comenzó Hodgins.
-No –dijo Ángela-. Brennan nunca llora. Sólo llora...
-Booth –dijeron los otros dos a la vez.
-Algo ha pasado. Y voy a averiguar qué es –dijo Ángela con una sonrisa. Le encantaban las historias de esos dos.
Sé que ha quedado un poco corto... pero intentaré actualizar lo más rápido que pueda.
Review, please.
