DISCLAIMER: La transferencia bancaria falló, así que de momento, Bones y sus personajes pertenecen a Hart Hanson, Stephen Nathan, Kathy Reichs y la cadena FOX. Que nadie dude de que no intento violar las leyes de copyright o que recibo algo por escribir esto (ojalá xD), sólo escribo por diversión.

NA: Siento haber tardado tanto. Exámenes, exámenes y más exámenes. Ya sabéis, primero los estudios y luego la diversión. Os aviso por más adelante, no penséis que he muerto si tardo mucho (pensad solo que estoy muerta de exámenes).

NA/2: Muchas gracias a todas por vuestros comentarios. Me devuelven la inspiración y me sacan una gran sonrisa.

NA/3: Sólo aclarar que ya ha nacido el pequeño Michael, pero que Vincent no ha muerto ni va a morir. Es mi becario favorito y no lo voy a matar :3

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Chapter 6

Los rayos de sol cayeron sobre sus párpados. Enseguida notó el frío de la tela de la sábana sobre su piel desnuda. Notó unas manos en su pecho, abrazándola por detrás. Se giró para quedarse de cara hacia el hombre que la hacía prisionera. Con una sonrisa contempló la cara relajada de su hombre. Esas facciones bien definidas, claramente masculinas; los labios finos y tan dulces. El hombre abrió sus preciosos ojos de color de chocolate, con esa mirada llena de amor que solo le dedicaba a ella.

Al ver que la mujer le estaba observando, puso su mejor sonrisa para derretir mujeres, que ahora tenía una sola y única dueña.

-Buenos días dormilón.

-Buenos días Huesos –le contestó el otro.

Se acercaron para darse un tierno beso, que algunos días era uno de buenos días y otros era el preludio de una nueva demostración del amor que se tenían.

Habían pasado dos meses desde el incidente de su abuelo.

-¿Te encuentras bien? –preguntó preocupado el agente, incorporándose de golpe para verla mejor, dejando su increíble torso desnudo al descubierto. Booth creía que cuando se despertaba era aún más preciosa de lo que ya era, pero ese día no hacía muy buena cara.

-Sí, sólo estoy un poco mareada.

-Pues dúchate tu primera, yo preparo el desayuno.

Los dos se levantaron para ponerse en marcha. Un nuevo día de trabajo les esperaba.

Abrió el grifo y se metió en la ducha.

El agua caliente la caía sobre el pelo cuando oyó un grito desde la cocina:

-¡Huesos, rápido! ¡Un nuevo caso!

-¡Ya voy!

Desayunaron y salieron rumbo a la dirección que los técnicos del FBI les habían mandado. El cadáver había sido encontrado en unas oficinas, en los baños de la planta catorce. Lo había encontrado una secretaria a primera hora de la mañana, que había tenido que recibir asistencia médica por el impacto de ver unos restos en descomposición.

-¿Qué tenemos aquí? –preguntó Booth.

-Es una mujer, de entre 30 y 40 años, raza blanca. Por el estado de descomposición yo diría que lleva muerta unas dos semanas, pero tendremos que esperar a que Hodgins analice todas las partículas para confirmarlo.

-¿Dos semanas? ¿Es que nadie va al baño aquí? –bromeó el agente. Ese comentario le hizo pensar a Brennan que ella necesitaría uno también. El desayuno debía de haberle sentado mal.

-Eso he pensado yo, así que he preguntado y resulta que esta planta estaba cerrada por reformas. Hoy la han abierto, y esa amable señorita que está con el médico la ha encontrado y ha llamado a la policía –comentó Cam, que había llegado poco antes que ellos.

-Está bien. Chicos, llevad los restos al Jeffersonian, recoged partículas y muestras de lo que haya aquí y preguntad si alguna señorita de entre 30 y 40 años ha faltado al trabajo las dos últimas semanas –dijo Booth a los técnicos-. ¿Y a las damas se les puede ofrecer algo?

-Pues mientras nos lleves al laboratorio está bien –replicó Brennan.

-Adiós al romanticismo –se rió Cam.

Cam se marchó con su coche, así que Booth y Brennan marcharon con la SUV. Nada más sentarse en el asiento de copiloto, la doctora cerró los ojos e inspiró profundamente.

-¿Estás bien? –preguntó Booth con cara de preocupación.

-Sí, tranquilo, sólo estoy un poco mareada.

-¿Quieres que te lleve a casa?

-No hace falta, estoy bien.

El agente la cogió de la mano.

-De acuerdo, pero si te pasa algo prométeme que me llamarás.

-Está bien –respondió la antropóloga inclinándose para darle un dulce beso en los labios.

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Cuando llegaron al laboratorio el cadáver ya había llegado. Al ver cómo Cam retiraba líquido de los tejidos oculares Brennan sintió un escalofrío de nuevo.

-Cielo, ¿te pasa algo? –preguntó Ángela muy extrañada.

-¿Qué? No, no... ¿Por qué?

-Porqué has puesto la misma cara que yo cuando Cam hace algo asqueroso con los restos.

-Y porqué en las oficinas tampoco has puesto muy buena cara al ver los restos –añadió la patóloga.

-Quizás deberías ir a casa y descansar un poco... –empezó la artista.

-Tranquilas, ¡estoy bien! Sois peores que Booth –murmuró Brennan.

-¡Ya tengo todo analizado! –gritó Hodgins alegremente mientras subía a la plataforma-. Efectivamente, murió hace 15 días. Así que murió... –dijo pensativo-. ¿En qué día estamos?

-18 de marzo –respondió Cam como un reloj.

-¿Sabían ustedes que el 18 de marzo de 1999 murió el que fue el primer Superman cinematográfico? –soltó Vincent Nigel-Murray, el becario de la semana.

Brennan se quedó pensativa con la data.

-Entonces murió el día 3. Además, he encontrado partículas de oro. La víctima estuvo en contacto con algo de oro en el momento de su muerte. ¿Quién es el rey del laboratorio? ¡Inclinaos ante mí! –dijo Hodgins con su tono alegre, haciendo caso omiso del dato del Nigel-Murray y logrando que Brennan saliera de su trance.

-Yo también he acabado la reconstrucción facial. El Angelator la ha encontrado: Jane Hudson, de soltera Andrews. Casada con Richard Hudson, no tiene ninguna relación aparente con las oficinas. En realidad trabajaba en una pequeña boutique del centro. Oh, y, alucina, el señor Hudson esperó un día entero a denunciar la desaparición de su esposa.

-Doctora Saroyan, aquí hay algo –dijo Vinent.

-¿Qué pasa? –preguntó la jefa.

-Parecen los restos de un feto. La víctima estaba embarazada. –dictaminó Nigel-Murray.

-Brennan, llama a Booth para decírselo, lo del embarazo también –dijo Cam.

-Vuelvo en un minuto –respondió ella, saliendo corriendo del laboratorio.

-¿Me ha escuchado? –preguntó la patóloga.

-Lo dudo –respondió Ángela con una sonrisa. Sabía que su amiga tramaba algo, pero ya descubriría más tarde el qué.

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Brennan volvió al cabo de quince minutos, y se encerró en el baño otros quince más. Booth apareció cerca del mediodía:

-¿Y Huesos? Tengo que llevármela a casa los Hudson...

-En el baño, desde hace media hora –dijo Ángela.

-¿Se encuentra mal otra vez? –dijo él con cara de preocupación.

-¿Otra vez? –preguntó Cam.

-Esta mañana no hacía muy buena cara.

Booth se acercó a la puerta del baño de mujeres.

-¡Huesos! ¿Estás bien? ¡Sal de ahí!

Cuando Brennan salió tenía una cara bastante preocupada, pero también una sonrisa. No dejó tiempo para que el agente le preguntara qué sucedía, le dio un pequeño beso en los labios y enseguida le arrastró al coche.

-Tenemos que interrogar a alguien, ¿no?

-Sí, pero... –empezó Booth.

-Pues vamos.

La pareja salió del Jeffersonian, dejando al resto del equipo bastante confuso.

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-Señor Hudson, díganos cuando vio a su mujer por última vez. –dijo el mejor agente del FBI. Habían ido a casa de la víctima, una pequeña casa en las afueras de Washington. Aunque la casa era pequeña, por dentro era preciosa. La decoración estaba hecha al detalle, todos los colores de todas las salas combinaban entre ellos.

-Hace quince días, por la mañana, cuando se marchó a trabajar.

-¿Y por qué tardo un día en denunciar su desaparición?

El marido suspiró.

-Ya había... "desaparecido" una vez –dijo, haciendo las comillas en el aire.

-Eso no constaba en su ficha.

-Ya, porque no denuncié la desaparición. Había pasado dos días con un amante. Y temí que hubiera pasado lo mismo, por eso tardé en denunciarla.

-¿Un amante? Esto me suena a motivo para matar –dijo Booth hacia Brennan.

-¿Qué? ¡No! Lo arreglamos. Nos reconciliamos, Jane me quería.

-¿Sabía usted que su mujer estaba embarazada? –preguntó la antropóloga.

-¿Embarazada? Oh, dios mío... –el hombre se enterró la cabeza entre las manos.

-¿Es eso culpabilidad? –preguntó el agente, como siempre impasible.

-Pues claro que no agente Booth. Yo no maté a mi mujer. Yo la quería.

-Gracias, eso es todo. Ya le llamaremos.

En el coche, Brennan iba sumida en sus propios pensamientos. Cuando un semáforo se puso en rojo, Booth dejó caer su mano encima de la de su mujer.

-¿Qué te pasa hoy?

-Nada, es sólo que... nada.

-Venga, dímelo. Sabes que me puedes contar lo que sea.

-Lo sé, pero... –empezó la doctora.

Pero los coches de detrás empezaron a bocinar, haciendo que el agente tuviera que volver su concentración hacia el auto.

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En su despacho del Hoover, no paraba de pensar en qué le ocurría a su Huesos cuando su jefe entró.

-Booth, ¿cuándo vas a acabar los papeles? –dijo Hacker malhumorado. Desde que Booth y Brennan estaban juntos el subdirector del FBI no tenía muchos modales con su subordinado.

-Ahora mismo lo estaba haciendo, señor –mintió Booth levantándose de la silla.

-Los quiero en mi despacho terminados antes de que se vaya a casa.

-Claro, señor –dijo el agente intentando simular un sonrisa a su jefe.

En cuanto Andrew Hacker cerró la puerta, cierto agente especial se derrumbó en su silla. Sólo pensar en las montañas de papeleo que tenía atrasadas le venía dolor de cabeza.

Sacó su móvil y marcó el número de la mujer que amaba más que a nadie.

-Brennan –se oyó en el otro lado.

-Huesos, soy yo.

-Ah, hola Booth. ¿Qué quieres? –preguntó ella.

-No puedo pasar por el Jeffersonian por la tarde, pídele a Cam o a Ángela que te lleven, por favor. Tengo un montón de papeleo y Hacker me va a matar si no lo termino ya.

-De acuerdo, pues nos vemos en casa.

-Hasta luego.

-Adiós Booth –dijo ella con una voz suave.

-¡Huesos!

-¿Sí?

-Que te quiero.

-Y yo a ti –Booth no lo pudo apreciar, pero en la plataforma Brennan tenía una sonrisa boba y Cam y Ángela contemplaban la escena como si fuera lo más tierno que hubieran visto en el mundo.

Terminó con todo el papeleo a las ocho de la noche. Abrió la puerta de su casa, dejó la pistola y la placa en la caja fuerte y entonces se percató de que se oían voces en el salón, voces que reconoció enseguida.

-Pero es que Ángela, ya sabes qué pasó con Rebecca... Y yo le quiero, pero no quiero hacerle daño.

-Cariño, Booth no es idiota. Si sabe cuál va a ser la respuesta no te lo pedirá.

-¿Y si no lo hago bien? ¿Y si no puedo?

Ángela rió.

-¿Piensas que yo no tenía miedo? ¿Qué todas las mujeres que han pasado por esto no han tenido miedo?

Brennan suspiró.

-No sé cómo decírselo.

-Esto es fácil. Díselo sin más.

-No sé cómo reaccionará.

-Pues te hará preguntas. Si estás segura, si cuando... Y luego vendrá la parte que me tendrás que contar –terminó con una voz pícara.

-¿Qué pasa aquí? –preguntó el hombre de la casa entrando en el salón.

-Mira, hablando del rey de Roma. Os dejo solos, chicos. Tenéis mucho de que hablar. Ya me lo contarás mañana –dijo a su amiga dándole un beso-. Buenas noches.

Y dicho esto Ángela salió del apartamento.

-¿De qué se supone que tenemos que hablar? –dijo Booth confuso.

-Ven –dijo ella, señalándole el sofá.

-¿Qué pasa?

-Booth, yo...

-¿Te ocurre algo? –preguntó preocupado.

-Booth, estoy embarazada.

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¡Muajajajajaja! Os lo esperabais, ¿verdad? Lo mío no es el suspense xD.

¡Muchísimas gracias a todos los reviews que recibí!

Dejad uno, por favor. A lo mejor pensáis que no, pero suben mucho la moral :D

Intentaré actualizar pronto.