DISCLAIMER: Ni Bones ni sus personajes me pertenecen. ¿En serio creéis que soy Hart Hanson, Stephen Nathan, Kathy Reichs o FOX? Si lo fuera estaría demasiado orgullosa de mí misma.

NA: Muchísimas gracias por todos los reviews que recibí. Me encanta que os guste lo que escribo ;D

NA/2: Espero que os guste este capítulo. Que conste que me he despertado por la lluvia y me he puesto a escribir. Así que estoy muerta de sueño.

NA/3: Nunca he estado embarazada, siento si hay algún error.

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-Booth, estoy embarazada.

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Chapter 7

Booth no podía creer lo que había oído.

¿Embarazada?

¡Embarazada!

¡De él!

¡Un bebé!

¡Un hijo de la mujer que amaba!

Sin duda era el mejor día de su vida.

-No... ¿No te gusta? –preguntó Brennan con miedo-. Da igual, lo entiendo, un bebé es una carga muy grande, y si no quieres que me lo quede... pues no me lo voy a quedar. Da igual.

Se notaba que estaba muy afectada. Malditas hormonas, pensó la doctora.

-No digas tonterías –le contestó él-. Pues claro que te lo vas a quedar, ¡cómo puedes pensar que no me gusta una noticia así! –dijo con una sonrisa enorme.

-¿De verdad? –preguntó ella esbozando una pequeña sonrisa.

-Pues claro –dijo el ex-francotirador.

Con un rápido movimiento, tumbó la futura madre de su hijo, encerrándola entre él y el sofá.

Empezó a besarla como si su vida dependiera de ello. La antropóloga tampoco se cortó.

-Espera, espera –dijo el agente incorporándose de golpe-. ¿Estás segura? ¿Cómo lo has sabido? ¿Desde cuándo?

La mujer que una vez había afirmado que jamás tendría hijos sonrió. Se esperaba preguntas como aquellas. Ángela ya se lo había dicho.

-Bueno, ya sabes que hace unos días que no me encuentro muy bien, me mareo y me vienen náuseas con frecuencia. Y cuando esta mañana Cam ha dicho la fecha, me ha hecho pensar en que tengo casi tres semanas de retraso, cosa que no es nada normal en mí, y cuando Vincent ha dicho que la víctima estaba embarazada... Pues se me ha ocurrido esto, y me he hecho una prueba y ha salido positivo.

-Pero a veces son falsos positivos, ¿acaso no te acuerdas de Ángela? –dijo Booth, pensando en aquella vez que todos pensaron que la artista del grupo estaba embarazada.

-Sí, yo también lo he pensado, pero me he hecho otra y también ha salido positivo. He pedido cita con el ginecólogo mañana por la mañana.

Booth consideró que ya no había más dudas. Volvió a hacerla prisionera en el sofá, volviendo a besarla con pasión.

La antropóloga se deshizo hábilmente de los tacones, la práctica adquirida de todas las veces que habían terminado así. Y ya eran bastantes.

Las pequeñas y suaves manos de la mujer le desabrocharon los botones de la camisa, uno a uno, haciendo que ambos sintieran una descarga eléctrica con cada roce.

Brennan consiguió girar los papeles, poniéndose ella arriba y sentándose justo encima de la dolorosa erección de su compañero, consiguiendo un gemido ahogado por parte de él.

Booth recorrió la silueta de su Huesos, subiéndole la camisa y quitándola de dentro la falda. Aun sin dejar de besarla le quitó hábilmente la falda y la camisa, dejándola solo con la ropa interior.

-Tranquilo, agente Booth –dijo ella sensualmente-. Más despacio, ¿no?

Booth creyó volverse loco de amor al oír esa frase.

En menos de cinco segundos, Cocky estaba volando a través del salón. Poco después le acompañaron la camisa y los pantalones del agente.

Booth volvió a ponerse encima de ella, besando sus labios, bajando por la clavícula hasta llegar a los pechos y luego un poco más abajo, en su vientre, tan lleno de vida aunque aún no se notase.

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Se despertaron los dos a la vez, desnudos, en la cama. La velada no había terminado al sofá, ni mucho menos.

-Buenos días –le dijo él.

La doctora le sonrió, pero enseguida tuvo que salir corriendo hacia el baño. Booth suspiró. Tendría que acostumbrarse a que le saliera corriendo cada mañana.

Se levantó quitándose la pereza de encima y encaminándose hacia el baño. Se la encontró sentada contra la pared, con los ojos cerrados y respirando profundamente para calmarse un poco. Se sentó a su lado. La antropóloga notó que su hombre estaba sentado a su lado, así que dejó su cabeza encima del hombro de Booth. El agente le acarició su suavísimo pelo castaño con mucho cuidado.

-Gracias –murmuró Brennan.

-Shht –dijo él, besándole la cabeza.

Se quedaron unos minutos así, hasta que ella rompió el silencio.

-Booth –murmuró.

-¿Sí?

La doctora se incorporó para mirarle a la cara.

-¿Voy a hacerlo bien? ¿Voy a ser buena madre? –preguntó, con aquel tono que solo usaba cuando algo escapaba de su control, y no podía hacer nada para cambiarlo.

-Vas a ser la mejor –dijo él sonriendo.

-Pero... Yo no suelo caer bien a la gente. ¿Y si no le caigo bien?

El agente se incorporó aún más. Se quedaron frente a frente, mirándose a los ojos.

-No digas eso. Pues claro que le vas a caer bien. Eres su madre, te va a adorar –dijo con un tono comprensivo.

-Tengo miedo –dijo ella al cabo de un rato, enterrando la cabeza en su pecho.

Booth la abrazó con ternura. Le puso un dedo en la barbilla, logrando que la mujer le mirara a los ojos.

-Es normal Huesos –dijo él besándola-. Es difícil, pero lo conseguiremos. Igual que siempre.

-¿Es difícil ser padre? –preguntó ella.

-Un poco. Pero es de las mejores cosas que existen en la vida.

-¿Me acompañarás al médico?

-Si tú quieres sí –respondió él con una sonrisa. Le encantaría tener que acompañarla al médico, tener que hacer de pareja insoportable sobreprotectora, tener que aguantar su mal humor por las hormonas, hacerle pasar el mal humor en la cama...

Eso le hizo pensar otra cosa.

-Huesos, lo de anoche... ¿Podemos hacerlo? ¿No le voy a hacer daño al bebé?

-Booth, se puede hacer el amor estando embarazada perfectamente. ¿O piensas estarte nueve meses sin tocarme? –dijo Brennan con cara de circunstancias.

-¡No! Ni loco podría aguantar eso –le contestó él con una sonrisa pícara.

La besó. La besó con pasión, con amor, con agradecimiento por darle otro hijo. Entre los besos empezaron a oírse suspiros y gemidos, ya que acabaron haciendo el amor en el suelo del baño. Una superficie plana que aún no habían probado. Lo habían hecho contra la pared, en la cama, en la encimera de la cocina, en el sofá, en la alfombra...

Se vistieron, desayunaron y se marcharon corriendo al Jeffersonian. Antes de despedirse, bajo la atenta mirada del resto del grupo, Booth agarró a Brennan de la mano y le preguntó:

-¿Cuándo tienes que ir?

-A las 10 y media. ¿Pasas a las 10?

-De acuerdo –le dio un pequeño beso y se fue.

Enseguida Brennan se puso con los restos.

-¿Habéis encontrado algo?

Cam habló.

-El feto tenía ya tres meses. Es raro que el marido no se hubiera fijado, y menos que la víctima no se lo hubiera dicho.

Ángela y Brennan se miraron. La artista puso su mejor sonrisa.

-Cariño, ¿podemos hablar?

La antropóloga sabía que Ángela no se rendiría, así que bajó la plataforma con Ángela detrás yendo a su despacho.

Cuando entraron se sentaron las dos en el sofá.

-¿Se lo has dicho? –preguntó Ángela.

-Sí, cuando te marchaste –le respondió su amiga.

-¿Y qué dijo?

-Pues lo que me habías contado. Me hizo preguntas, si estaba segura, si desde cuando... Pero estaba muy feliz.

La artista no pudo más que abrazarla con todas sus fuerzas.

-Cariño, ¡estoy tan contenta por ti! ¿No te importará que se lo haya contado a Hodgins, no?

Brennan suspiró. Se esperaba algo así.

-Está bien, pero sólo a él.

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Se pusieron otra vez con los restos. Pero Brennan tuvo que salir corriendo al baño.

De repente, Cam abrió los ojos y la boca como si hubiera visto un fantasma y salió corriendo hacia el baño. Entró al baño y esperó a que saliera de uno de los cubículos. Cuando salió, Brennan se tiró agua por encima de la cara y entonces se fijó en su jefa.

-¡Cam!

-Brennan, ¿estás embarazada?

La antropóloga abrió mucho la boca como si quisiera decir algo pero no pudo.

-Tranquila, no me lo ha dicho Ángela –le dijo Cam, poniéndole las manos en los hombros comprensivamente-. Se me ha ocurrido a mí solita, tu cuerpo ya empieza a prepararse para el parto y me he dado cuenta de que prácticamente vives en el baño.

-Me enteré ayer, pero ya estoy de un mes –dijo la otra.

Las dos amigas se abrazaron.

-Me alegro muchísimo por vosotros. ¿Se lo has dicho a Booth?

-Sí.

Al final, Cam decidió que era hora de volver a ponerse al trabajo y las dos mujeres se pusieron a trabajar de inmediato.

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A las 10 en punto Booth se presentó en el laboratorio.

-¡Huesos! –gritó para que la mujer bajara de la plataforma.

Brennan bajó rápidamente y se marcharon hacia el coche.

Mientras Booth conducía, Brennan soltó:

-Cam, Ángela y Hodgins ya lo saben.

-¡¿Se lo has dicho?!

-No, no, yo sólo se lo dije a Ángela ayer, porque no sabía cómo decírtelo y le pedí que me ayudara. Ella se lo dijo a Hodgins, no se pudo resistir... Y Cam se ha enterado solita, se me empieza a notar y mi cuerpo está cambiando, aparte de que voy mucho más al baño.

-Tenemos amigos demasiado listos –suspiró él.

Al final, llegaron a la consulta del ginecólogo. Al cabo de unos minutos salió una enfermera preguntando:

-¿Temperance Brennan?

-Nosotros –dijo ella levantándose rápidamente del asiento.

-Tranquila –le dijo su pareja.

Pasaron y Brennan saludó a su ginecóloga.

La doctora le hizo una revisión de todo y les enseñó lo que era su hijo, aunque era muy pequeño y no se veía casi nada.

Booth no pudo ocultar su emoción en cuanto salieron de la clínica, ya que le dio un beso enorme y la abrazó.

-Gracias –le dijo el agente.

-¿Por qué? –preguntó extrañada Brennan.

-Por hacerme padre otra vez.

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El diciembre llegó, y con él el frio y la nieve. Washington se quedó blanco de arriba abajo, los lagos de los parques se congelaron y la gente empezó a patinar sobre ellos.

El ambiente navideño se podía palpar, parecía que los ciudadanos de DC estaban de más buen humor, los niños tenían vacaciones y los padres se relajaban.

El día antes de Navidad, una pareja compraba los regalos para su familia y amigos.

-Vamos, Huesos, falta muy poco para que nazca, tenemos que comprarle algo –dijo acariciándole la gran barriga que sobresalía de la chaqueta.

-Booth, no se va a acordar y además, nacerá después de Navidad.

-Ya, pero cuando sea mayor y nos diga: "Papá, mamá, ¿qué me regalasteis de pequeña?" Y nosotros le daremos lo que le compremos ahora y le diremos: "Esto te regalamos, Christine" y se pondrá muy contenta de verlo –dijo con un tono alegre.

-¿Christine?

-Sí... Pensaba que querías que se llamara así, y a mí me gusta. Christine Booth. Suena bien.

-Christine Ángela Booth –rectificó ella.

-¿Ángela?

-Ángela me dijo que si su bebé era niña le llamaría Temperance de segundo nombre, así que yo pensé que si nunca tenía una hija se llamaría Ángela de segundo nombre.

-Eres la mejor amiga que podría tener Ángela.

Se hizo tarde y empezó a oscurecer.

-Booth, tenemos que ir al Jeffersonian, hemos quedado con Cam, Michelle, Ángela, Hodgins y Sweets allí, ¿recuerdas?

-Es verdad. Pero Jared y tu hermano y tu padre nos esperan en casa, ¿no?

-Sí, pero primero tenemos que pasar por allí.

Conducieron hasta el laboratorio. Dejaron los regalos en el coche y cuando entraron empezó a nevar muy fuerte. Allí ya estaban todos, menos la hija de Cam.

-Michelle aún no ha llegado, venid aquí –les gritó Hodgins desde el sofá de arriba, dónde todos estaban tomando un café.

-¡Hola chicos! –les saludaron Cam, Ángela y Sweets.

Todos se colocaron como pudieron entre el sofá y las butacas, con un café caliente en la mano, cuando Michelle llegó empapada.

-¡Michelle! ¿Qué te ha pasado? –preguntó su madre.

-La nieve ha colapsado el tráfico. He intentado llamaros, pero la red está rota. Nadie puede llamar –dijo la chica un poco desesperada-. He tenido que venir andando, por eso estoy así. Además, nadie puede entrar ni salir de Washington, ni menos de aquí. Me temo que vamos a pasar una navidad aquí –concluyó Michelle.

-¡Por dios, estamos en Washington! ¿Enserio no hay red? –preguntó Hodgins.

-No, y si encontraras alguna lo que te faltaría sería cobertura –dijo Michelle-. ¿Alguien tiene ropa limpia? Me estoy congelando.

-Ven, cielo, creo que yo tengo en mi despacho –le dijo Ángela.

Ángela y Michelle volvieron a los diez minutos, y Michelle llevaba algo de Ángela.

Volvieron a sentarse con los demás, y charlaron un poco decaídos por la triste Navidad que estaban pasando. De repente, Brennan puso cara de haber visto un fantasma y le cayó la taza de las manos.

Cam se dio cuenta enseguida de lo que pasaba. Dejó la taza a su lado y corrió hacia su compañera. Los demás no entendían qué estaba pasando, Booth le preguntó a su mujer pero ella era incapaz de articular media palabra.

-Brennan, tranquila. Escúchame, yo te ayudo, todos te ayudamos. Si te tranquilizas y me escuchas te puedo ayudar. Yo soy médico, sé cómo hacerlo.

-¿Qué le pasa Cam? –preguntaron todos un poco asustados. Nunca habían visto a su amiga así.

-Michelle, llama a Paul, y Sweets, tu llama a una ambulancia. Si no podéis, insistid hasta que se pueda. Hodgins, ve a por toallas limpias y tijeras, desinféctalas primero, y Ángela, necesito que me ayudes en todo lo que te diga.

Michelle y Sweets recorrían el laboratorio con el móvil en la mano, intentando encontrar un poco de cobertura. Hodgins salió corriendo a hacer lo que su jefa le había dicho.

-Camille, ¿qué le está pasando? –dijo Booth. Se notaba que estaba muy preocupado.

-Prepárate, Seeley. Ha roto aguas.

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¡Se acabó por hoy!

No me matéis, por favor xD

Siempre he pensado que Cam está un poco subvalorada. Brennan y ella no empezaron como buenas amigas, pero creo que no se muestra mucho la amistad que tienen.

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Recibo todo encantada de la vida.