El cap va dedicado a: tammy22, "Guest", Candy Criss, Raainnbow, Adriana11 y Gabriela C, por leer y comentar.
Muerte
.
Sheep acaricia el cabello del castaño lentamente hasta que se duerme. Toca su frente con la punta de los dedos, memorizando cada línea, como si pudiera recordar cada poro y cada parte de él.
Huele la unión entre su cuello y sus hombros, esa línea delgada que le hace templar al ser tocada, y jadear cuando es mordida.
Se acerca al lóbulo izquierdo que es más sensitivo que el derecho, y se pega a él. Con la garganta junta a esa parte, hace sonidos guturales. La vibración de la laringe del menor hace gemir a su acompañante.
—Cierra los ojos. — Nunca los abras. Kurt asiente somnoliento, y ante las atenciones recidivas, una sonrisa se escapa de su rostro.
— ¿Listo?— Él suspira impaciente.
Lenta, muy lentamente se acerca, frente a él. Besa su sien, su ceja, hace un camino lento de besos de mariposa hasta que llega la comisura de su boca.
—Te quiero.
Sheep, acerca finalmente sus labios. Con la ligereza de las alas de una mariposa batiendo entre sí, hermoso y frágil.
Labios, con labios.
o.O.o
—Quisiera verles, saber de ellos...— Si tuviera algún efecto Kurt se hincaría, pero ante el ambiente severo no hace nada.
Hasta hace unos momentos se encontraba recostado contra el pecho del menor. El musical aún se reproduce en el televisor.
— ¿Sabes lo que me estás pidiendo?— Su pecho se estruja ante el tono, no desea desagradable ni enojarle, solo desea saber sobre la salud de su padre.
—No deseo salir. No pretendo escapar, solo quiero saber de mi papá...— Es traicionado, las lágrimas interrumpen en su rostro sin que pueda hacer nada para detenerlas. —Continúa —Él... está enfermo, su corazón... por favor. — Kurt alza sus rodillas contra su pecho y llora.
—Shh… Me tienes a mí. Siempre estaré para ti. Siempre. Sólo a mí. — Estrecha entre sus brazos al cuerpo sollozaste hasta que éste cae dormido. Pasan tres horas hasta que separa sus cuerpos, arropa a su amor y sale de la habitación. Tiene que hablar con Sebastian.
o.O.o
—Están muertos— La voz de Sebastian es seca, pero con un deje alegre.
Kurt no entiende. Él mayor arroja hojas de papel al piso, Kurt voltea en su dirección y sin importarle más, se deshace de tirón la venda de los ojos.
Muere el congresista Burt Hummel y su familia en trágico accidente automovilístico.
El pasado día de ayer, fue encontrado el auto en el que se dirigía la familia...
Sus ojos se nublan, una barrera líquida le impide continuar. Gruesas gotas caen sobre las hojas del periódico. Kurt acaricia con fervor la fotografía borrosa que lleva la noticia, si sus ojos colaborarán podría darse cuenta que es la del coche destrozado y no la de más abajo donde muestra la cara resplandeciente de su padre en un foto de la campaña pasada.
Sebastian se acerca a verle llorar, conforme el llanto crece también lo hace su sonrisa.
o.O.o
Kurt no come durante tres días seguidos, duerme todo el día y no se quita del rostro la venda, ni aun cuando él entra y pone los musicales.
Sheep siempre llega temprano de trabajar para ir a verle, su corazón se estruja cuando le mira así, acurrucado, sollozando, y tan débil. Cargando la bandeja de comida de hoy, rogaría para que Kurt dé un pequeño bocado, no puede pasar más días así.
—Kurt, por favor come. — El cantante no hace ninguna seña ante su voz.
—Saldremos si lo haces, solo aunque sea un poco.
—No. — Su voz es ronca, por el llanto.
—Te llevaré a un río cercano, el agua clara y el canto de las aves es bonito en esta temporada...
—Es tu culpa. — Rencor, tibio y permanente, él no puede creer el cambio en Kurt. — De que el muriera, de que me dejara. Solo... — La bandeja cae, platos se rompen, los vasos escupen su interior, pero nadie se inquieta ante el estruendo.
o.O.o
—No sé qué deseas, pequeño huérfano. — Kurt no tiembla, no respira. Espera.
Sebastian se acerca hasta que está ante él, a un palmo.
—Ya no tienes a nadie. Nadie te está esperando, ni buscando. —Retira la venda y mirándole directamente a los ojos, a sus orbes aterrados. —Podría matarte, nadie te extrañaría. —Verdes y tibios, los ojos de Sebastian.
Él no tiene miedo de mostrarse.
—No lo olvides. Estás solo.
Gracias por leer y comentar.
