HOLA! Creyeron que me habia ido para jamas volver! pues nooooooo. Heme aqui con un nuevo cap.
Pido disculpas a todos los q de la semana pasada estan esperando este capitulo. Lo siento mucho de verdad. Con todo lo de la Navidad (espero q hayan tenido una hemosa Navidad queridos/as lectores/as) el tiempo se me hizo ultra mega mas escaso de lo comun... x eso la demora. De verdad lo siento. Pero hare todo lo q este a mi alcance para q no vuelva a suceder.
Les agradezco a todos sus reviews! Muchas gracias por sus buenos deseos, saludos, criticas, etc. Por todo y principalmente el apoyo moral para seguir con este proyecto.
No les distraigo más asi que, aqui esta, cap nuevo y como regalo es mas largo para q lo disfruten mas.
A LEER!
Capítulo III – Las Islas Desiertas
Temprano, a la mañana siguiente, el vigilante diviso tierra hacia el norte. Era necesario buscar provisiones, y de paso consultar por algún rastro de los Lores. Según el mapa que Caspian tenía trazado, ellos si o si debieron pasar por esas islas, ya que eran la únicas a kilómetros a la redonda.
- Las Islas Solitarias – dijo Dridian – Ese, sin lugar a dudas, debe ser el puerto de Felima.
- Esta cerrado, no hay rastro de embarcaciones – musito Caspian – y no se ve ninguna bandera narniana.
- Pero las islas siempre fueron de narnia – comento Edmund sumamente contrariado.
- Es muy sospechoso – dijo Peter tomando el telescopio entre sus manos para echar un corto vistazo a la isla. – no hay indicios de que este habitada. Hay que enviar un grupo a tierra a explorar – ordenó Peter.
Dridian y Caspian intercambiaron miradas.
- Lo siento Majestad, pero la cadena de mando comienza por el Rey Caspian – se disculpo Dridian con el mayor respeto posible.
Peter sintió un nudo en el estomago, pero no discutió.
- Dridian forma un grupo, iremos a tierra – ordenó Caspian al cabo de unos instantes – y de paso buscaremos provisiones e información de los lores.
Los tripulantes del navío se pusieron en movimiento de inmediato. Comenzaron a cambiar el rumbo hacia la isla, replegaron las velas para bajar la velocidad y prepararon un bote para el grupo de exploración.
- Lucy creo que es mejor que te quedes en el barco – dijo Peter a su hermana mientras se terminaban los preparativos de la exploración. .
- ¡¿Qué?! – exclamó Lucy - ¡ya no soy una niñita pequeña Peter!
- Lo se Lu, pero todo esto puede ser peligroso – trató de razonar Peter – no sabemos que encontraremos en esa isla.
- Es narniana, no puede ser malo – rebatió Lucy.
- Era narniana… ahora no lo sabemos – dijo Edmund a modo de comentario.
- ¿Esta de mi lado o no? – cuestiono la más joven de los Pevensie. Edmund solo se limito a encogerse de hombros.
Lucy continuo insistiendo a sus hermanos, pero ninguno de ellos cambió de opinión argumentando que era muy peligroso para ella. Poco a poco la joven se fue resignando, pero su calma no duro mucho al enterarse que su primo Eustaquio si iría, junto al resto, a explorar la isla.
- ¡Un momento! – exclamó Lucy – si dices que es peligroso para mi, que ya he estado en más de una batalla en Narnia, ¿Cómo puedes llevar a Eustaquio contigo? No es justo.
- Eustaquio necesita aprender a defenderse y esta será una buena oportunidad para enseñárselo en la práctica. – contestó Peter con simplicidad, como si lo que dijese fuera lo más lógico del mundo. Lucy, indignada, se cruzo de brazos y se fue a otro extremo del barco. Eustaquio, que había estado escuchando la conversación, perdió casi todo el color de su rostro al escuchar que lo llevarían a esa isla.
- Estará muy molesta cuando regresemos – dijo Susan al cabo de unos minutos.
- Se le pasará – contesto escuetamente Peter y dicho esto se dirigió hasta los marineros del barco para ayudarles a preparar los botes.
- Sigo considerando que deberíamos investigar en la mañana – dijo Eustaquio con algo de temblor en su voz. Faltaban pocas horas para que anocheciera y una ciudad medio abandonada no se veía como un buen panorama para pasar la noche.
- ¡No hay honor en darle la espalda a la aventura, chiquillo! – exclamó el pequeño Ripichip. Solo una mirada despectiva recibió por respuesta de parte de Eustaquio.
- Toma – le dijo Edmund, tendiéndole una espada a su primo.
- ¡¿Qué es eso?! – exclamo Eustaquio lleno de temor.
- Es una espada claro está – contesto Edmund con cansancio y algo de irritación en la voz.
- ¡Se que es una espada! Lo que no comprendo es ¿por qué me la pasas a mí? – preguntó de mala gana el pequeño.
- No pretenderás ir con las manos vacía a un lugar lleno de ladrones, estafadores, criaturas extrañas, peligros desconocidos…. – Edmund iba a continuar, pero una mirada de advertencia de Susan lo detuvo.
- Solo es por seguridad – dijo suavemente Susan al asustado Eutaquio – no sucederá nada malo, te lo aseguro. – sonrió.
Luego de un par de minutos, el bote estaba listo para llevar a la pequeña comisión al puerto de la isla desierta.
- Investigaremos, si no encontramos nada volveremos lo más pronto posible con provisiones – le dijo Caspian a Susan.
- Me encantaría tener mi cuerno ahora – comento Susan – podría salvarnos la vida. – dijo sonrojándose con esa última frase recordando un par de hechos que en su última visita a Narnia sucedieron.
Caspian sonrío.
- Si, como yo te la salve de los espías de Miraz la última vez que vinieron tú y tus hermanos.
Susan sonrió para sus adentros. Ella también recordaba ese día. Era imprescindible que Lucy encontrara a Aslan y ambas estaban siendo seguidas por agentes de Miraz, por lo que fue necesario crear una distracción para que Lucy lograra su cometido. Así fue como Susan decidió quedarse atrás para proteger de esa forma a su hermana, pero no contó con que fueran tantos hombres, al punto de acorralarla. Allí fue cuando Caspian apareció en un reluciente caballo, como todo un príncipe de películas, y la salvo de ser atravesada por una espada.
- Creo que nunca te agradecí por eso – dijo Susan suavemente pasándose una mano sutilmente por un mechón de cabello que caía sobre su rostro para recogerlo detrás de su oreja. Caspian no supo que fue, pero algo en la forma en la que Susan habló le dejó seca la boca.
Involuntariamente la mano de Caspian se elevo a la altura del rostro de la joven de ojos claros capturando entre sus dedos un rebelde mechón marrón, el que posteriormente puso detrás de su oreja, imitando el gesto que ella misma había realizado anteriormente. Sin darse cuenta su mano comenzó a acariciar la suave mejilla de la chica a medida que su propio rostro se fue acercando al de ella hasta quedar separados solo por centímetros de distancia.
- No es necesario – susurro. Susan pudo sentir el aliento del joven rey sobre sus labios. – Daría mi vida por salvar la tuya.
Aquellas palabras paralizaron por completo a Susan, pero evidentemente no lo hizo con su corazón que parecía estar latiendo a mil por segundo. Algo en la boca de su estomago le produjo un gran calor que invadió cada parte su cuerpo.
- ¡Alteza! – llamo de repente Dridian interrumpiendo aquel mágico momento.
De inmediato Susan se separo de Caspian, completamente sonrojada.
- Lo siento – se disculpo el capitán navío - ¿He interrumpido? – preguntó. Caspian solo suspiro y negó con la cabeza.
– ¿Esta todo listo para zarpar? – pregunto el rey.
- Así es, Majestad – contestó Dridian
Caspian asintió.
- ¿Esta seguro Majestad, que no desea que le acompañe? – preguntó Dridian algo preocupado.
- Estoy seguro – contestó firme - pero si no regreso para el amanecer, envíen ayuda. Dicho esto Caspian, tres de los cuatro Pevensie, Eustaquio y otros tres tripulantes subieron al bote que luego de unos minutos les permitió llegar al puerto de esa desértica isla.
- Deberíamos dividirnos – sugirió Edmund al tocar tierra.
- No, no sabemos que vamos a encontrar allá dentro, será mejor que nos mantengamos juntos y alertas – ordenó Caspian.
Con extremo cuidado se adentraron poco a poco en la ciudad siendo perdidos de vista desde el barco en donde Dridian y Lucy estaban atentos a cualquier indicio de peligro. El sol cada vez alumbraba menos y las sombras se hacían más grandes a medida que el grupo en la isla caminaba. Pasaron por pasadizos estrechos y casa vacías, la gran mayoría en estado deplorable.
- El lugar esta vacío – dijo Eustaquio luego de unos minutos, evidentemente nervioso – regresemos al barco.
- ¿De verdad es su pariente? – preguntó Caspian. Por mucho que se lo repitieran nunca terminaría por creerlo de todo. Peter y Edmund solo se limitaron a mirarse entre ellos.
- Hey, Eustaquio – le llamó Edmund – no quieres venir a cuidar… -lo pensó por unos instantes - no se… ¿lo que sea? – dijo al fin.
- ¡Ah si! – exclamó el pequeño – muy buena idea primo… muy… lógica – dijo acercándose rápidamente hasta el grupo.
- Entonces quédate aquí y mantente callado – dijo Peter acercándose a su primo.
- ¡Claro, quieren que cuide la entrada! – dijo tratando de sonar valiente – vayan tranquilos, yo vigilaré aquí.
- Solo no hagas que nos maten – pidió Edmund antes de entrar por unas altas puertas de madera fortificada junto a Susan, Caspian y otros tres hombres más.
Todo estaba silencioso. Demasiado para el gusto de Caspian. Con mucho cuidado el joven rey y sus acompañantes caminaron por entre grandes pilares que sostenían en lo alto un maltratado cielo de madera y tejas. Al llegar al centro se encontraron con unas enormes campanas de metal que formaban un círculo sobre algo así como un altar que se encontraba lleno de libros viejos cubiertos de polvo con nombres inscritos, la gran mayoría tachados.
- ¿Qué es todo esto? – se preguntó Edmund tomando uno de esos libros - ¿Esos son nombres?
- Son esclavos – contesto Caspian observando detenidamente el libro que Edmund traía en sus manos – son registros de esclavos vendidos seguramente – dijo.
- Creí que ya no había esclavitud en Narnia – comentó asombrado Peter.
- ¡Es terrible!– exclamó en un susurro Susan - ¡Tenemos que hacer algo!
Peter se disponía a contestarle cuando unos ruidos extraños comenzaron a llegar desde el techo de la construcción. Repentinamente una docena de hombres de peligroso aspecto bajaron por cuerdas desde el cielo y comenzaron a atacarlos.
Choques de espada retumbaban en aquel lugar. Susan hacía lo que podía con los hombres que aun continuaban cayendo del techo disparándoles con su arco, pero eran demasiados y se vio obligada a desenvainar su espada para pelear par a par con Peter, Edmund y Caspian.
Los tripulantes que acompañaban a joven rey y los Pevensie pelearon valientemente, pero aquellos hombres, que los superaron en numero, los redujeron rápidamente dándoles muerte en el lugar.
La batalla se volvía más y más intensa a cada minuto hasta que un fuerte grito proveniente la entrada los detuvo a todos.
- Bajen sus armas o la niña muere – dijo un hombre apareciendo por las puertas de aquel lugar trayendo como prisionero a Eustaquio.
- ¡No soy niña! – exclamó furioso el pequeño.
- ¡CALLATE! – cortó el hombre – ¡Y ustedes bajen sus armas ahora! – volvió a gritar.
Con impotencia Caspian y los hermanos Pevensie tiraron sus armas al piso quedando indefensos ante sus atacantes, los que rápidamente los apresaron con cadenas. Aquellos hombres hablaron entre ellos y luego los llevaron hasta otra habitación, tan grande como la que estaban, pero esta tenía un trono de piedra en medio y un hombre de porte alto y de rostro amenazante estaba sentado en el.
- Gobernador Gumpas – llamó unos de los hombres – hemos encontrado a los intrusos. Tres chicos, una chica y unos más que no sabría identificar – dijo -
Eustaquio se disponía a reclamar, pero un coscorrón de Edmund lo detuvo en seco.
- Ni se te ocurra decir algo – susurro el joven de cabello oscuro a su primo en un tono amenazante.
El gobernador los inspecciono. Sus ojos se posaron en Susan, pero desvió la mirada rápidamente, al parecer la joven no era de su agrado. Pero luego poso la mirada en Caspian, Peter y Edmund. Se levando de su trono y se acercó a ellos para examinarlos.
- Los quiero – dijo al cabo de unos minutos indicando solamente a Peter, Edmund y Caspian - al resto llévenlos al mercado. Saquen lo que más puedan.
Dicho esto, Gumpas se retiro de la sala del trono dejando a sus hombres lidiando con la resistencia de los chicos a separarse. Finalmente entre golpes y amenazas, Peter, Edmund y Caspian fueron llevados al calabozo, mientras que Susan y Eustaquio fueron llevados al mercado.
En el mercado, los dos chicos se encontraron con otros esclavos, humanos y narnianos, que junto a ellos fueron llevados al centro de la plaza del pueblo en donde fueron encadenados a un muro de piedra. Susan se esforzó por mirar a cada criatura y persona encadenada, pero no reconoció a ninguno.
- Aquí pasaran la noche – dijo uno de los guardias.
- ¡No puede dejarnos aquí Señor! – exclamo Eustaquio asustado – ¡es un bárbaro! – agrego aún más alto. El hombre ya estaba harto de los reclamos de Eustaquio, los que llevaba escuchando desde que salieron del palacio del gobernador.
- Si vuelvo a oír tu molesta voz de niñita juro que te cortare la lengua – amenazo el hombre desenvainando su espada y dirigiéndola al cuello del chico. Eustaquio abrió los ojos a más no poder y se limito a cerrar la boca. El pobre estaba muerto de miedo.
…
En cuanto Peter, Edmund y Caspian, luego de haber conocido al gobernador, fueron llevados a las mazmorras del castillo. Era un lugar húmedo y frío ubicado en la planta inferior del palacio. Los tres jóvenes fueron dejados en una de las celdas interiores, en donde ni siquiera tenían ventanas.
- ¡Tenemos que salir de aquí! – exclamó Peter en cuanto los hombres de Gumpas salieron de la celda. De inmediato los tres chicos comenzaron a revisar cada rincón del calabozo buscando la forma de escapar. Caspian intentó golpear la puerta de metal, pero era demasiado gruesa, mientras que Peter y Edmund se dedicaron a revisar la celda, que era más grande de lo que parecía.
De repente un extraño ruido desde el fondo los atrajo. Los chicos se miraron entre ellos.
- ¿Oyeron eso? – susurro Edmund. Peter y Caspian asintieron. Con sigilo los chicos se acercaron al origen del sonido, pero antes de encontrarlo una sombra se paseo por un rincón.
- ¿Quién anda ahí? – preguntó Peter con autoridad – Seas quien seas sal a la luz y déjanos verte – demandó.
- La luz no es un lujo que se pueda gozar en este lugar – dijo una voz masculina entre las sombras.
- ¿Quién eres? – preguntó Caspian.
- ¿Que quien soy? – el hombre entre las sombras poco a poco comenzó a acercarse a los chicos - en muchos años nadie me había preguntado quien era – dijo. Al salir de la penumbra, los chicos pudieron observar el rostro del hombre que les hablaba. Era bajo y delgado, de aspecto algo frágil y su cabello y barba eran de un color grisáceo.
Caspian lo observó detenidamente. Esa voz ya la había escuchado antes y había algo en su rostro que se le hacía sumamente familiar.
- ¿Lord Bern? - preguntó el joven rey. El hombre se puso muy nervioso al escuchar ese nombre.
- Lo fui hace mucho – contestó rápidamente – ya no merezco recibir ese título.
- ¿Es uno de los siete? – preguntó Edmund. Caspian asintió.
- Te pareces a un rey al que hace muchos años serví – dijo el hombre acercándose algo tembloroso a Caspian.
- Ese hombre era mi padre, Caspian IX – dijo el joven rey – yo soy Caspian X.
- ¡Oh, mi señor! – exclamó el hombre – perdone mi descortesía – dijo tratando de arrodillarse, pero Caspian lo detuvo.
- No, Lord Bern, no hace falta – dijo Caspian ayudando al hombre a sentarse en una roca – mejor cuénteme como es que llegó hasta este lugar.
El Lord asintió y comenzó la historia.
- Resulto ser que luego de ser exiliados de Narnia, los seis lores y yo comenzamos un viaje para buscar un nuevo lugar en donde vivir. Así fue como llegamos hasta aquí. En aquella época este lugar esa gobernado por Rhom, pero bajo los estatutos narnianos – contó – yo conocí a una hermosa y bondadosa joven de la cual me enamore y con la que posteriormente me case, por este motivo yo me quede en esta isla, más los otros lores siguieron con su camino. Al pasar el tiempo, Rhom se volvió rebelde y su lealtad a Narnia comenzó a menguar peligrosamente. Era mi deber, por mi lealtad a Narnia y su a padre, Alteza, hacer algo, por lo que me opuse rotundamente al nuevo régimen de Rhom y junte muchos aliados – explicó el lord - pero cuando el poder paso a manos de Gumpas, este instauro leyes y normas mucho más duras que Rhom. Muchos murieron defendiendo Narnia… – dijo bajando la mirada – y para acallarme a mí, Gumpas, no encontró mejor solución que asesinar a mi esposa y mis hijos – lagrimas silenciosas comenzaron a brotar del rostro del viejo hombre – luego de eso yo quede destrozado. Fue fácil para el gobernador atraparme y encerrarme – luego de una pausa agregó - ya llevo 20 años aquí, Majestad.
Los chicos se miraron. Era imposible no tener lastima de ese pobre hombre.
- Lord Bern juro por Narnia que vengare la muerte de su familia – dijo solemne Caspian al hombre sentado a su lado. Lord Bern lo miro, ya no lloraba, en su lugar una chispa de admiración apareció en sus ojos.
- Ahora solo tenemos que encontrar la manera de salir de aquí – dijo Caspian.
…
Mientras tanto, en la plaza publica, las cosas ya estaban casi listas para comenzar la subasta de esclavos. Era todo un evento en aquella ciudad. Susan y Eustaquio fueron llevados con el resto de esclavos a una especie de tarima en donde podían ser observados por todo aquel que se parase en la plaza.
- ¡Atención señoras y señores! – llamó el vendedor. – la subasta esta a punto de comenzar – anunció.
Eustaquio estaba tan asustado que ni siquiera era capaz de gritar o chillar.
- Todo saldrá bien, Eustaquio – susurro Susan tratando de tranquilizar a su primo – alguna cosa se nos ocurrirá.
- ¡HEY, USTEDES DOS! – grito uno de los guardias a Susan y Eustaquio – ¡CALLENSE!
…
Dentro de las mazmorras Caspian, Edmund y Peter aun buscaban la manera de escaparse.
- ¡Majestades! – los llamo Bern – tengo algo que de seguro les será de gran utilidad ahora – dijo.
El anciano los condujo hasta un rincón de la celda y allí, luego de sacar algunos bloques de piedra, saco un cofre de madera alargado, bastante rustico y enmohecido por el tiempo.
- Espero que esto les sea muy útil – dijo el anciano y con sumo cuidado le entrego a Caspian aquel cofre de madera. El joven rey, al abrirlo, se encontró con una espada en su interior.
- ¿Una espada narniana? – pregunto Peter, pero se oyó más como afirmación que pregunta.
- Así es – contesto el lord – como esta, hay seis mas, vuestro padre nos las dio – explico – el propio Aslan las creo para proteger Narnia.
- Recuerdo una antigua historia que hablaba de siete espadas mágicas. ¿Realmente esta es una de ellas?- preguntó Edmund con incredulidad reflejada en la voz. Bern asintió.
Los chicos observaron asombrados aquella pieza. No estaba tan bien conservada. Tenia arena y barro pegado en la hoja, su mango estaba sucio y envejecido y no tenia filo. Pero eso no quitaba el hecho de que aun era una espada.
- Tal vez podemos forzar la cerradura de la celda con esta espada – sugirió Edmund.
- ¡Bien pensado! – exclamó Peter.
En cuanto se aseguraron de que no había ningún guardia afuera de la celda, los chicos comenzaron su tarea.
…
- ¡Comencemos con esta subasta! – exclamó el vendedor en medio de la tarima. Bruscamente tomó por el brazo a una delgada joven de cabellos negros y rizados. – partamos con 30 crecientes – a pesar de ser temprano en la mañana mucha gente observaba el espectáculo – una joven fuerte y sana, fácilmente podría servir de ayudante en la cocina o para el aseo – dijo el hombre. Una mujer de entre la multitud ofreció los 30 crecientes – ¿ALGUIEN DA 35? – tanteó el hombre - es una joven sana ¡Miren esos dientes!– exclamó tomando la barbilla de la joven obligándola a mostrar sus dientes como si fuera un vulgar animal.
- Maldito…. – murmuro Susan dedicándole una mirada llena de desprecio al esclavista.
- ¡30 A LA UNA! ¡30 A LAS DOS! - comenzó con la cuenta - ¡vendida a la señora del turbante! – dijo finalmente.
La mujer se acercó al traficante y deposito las monedas en las manos de este. La joven recién vendida, con su cabeza gacha, siguió a su nueva ama hasta perderse entre la multitud. Inmediatamente luego de esa venta, el esclavista tomo sorpresivamente a Susan y la hizo pararse en frente de la multitud, en medio de la tarima.
- Lo que ven aquí señoras y señores es una hermosa joven narniana – los ojos de los hombres presentes comenzaron a brillar de lujuria – definitivamente una buena acompañante para esos días de soledad… - dijo lleno de dobles intenciones.
Susan casi vomitó del asco ante esa última frase que el hombre dijo.
– ¡Comenzaremos con 60 crecientes! – anunció el esclavista - vamos señores ¿quien da más por esta lindura?
- ¡Doy 70! – dijo un hombre alto de primera fila.
- ¡90! – se oyó de otro que estaba más atrás.
- ¡100! – dijo otra voz.
Y así las ofertas siguieron y siguieron aumentando.
- Tú me vas a hacer muy rico, preciosa – susurro el traficante al oído de Susan. Un inmenso terror invadió la joven que se vio completamente indefensa ante aquella situación.
De repente, de entre la multitud, se oyó la mayor oferta que hasta ese momento se había registrado.
- ¡DOY 400 CRECIENTES POR ESTA MUJER! – grito un hombre de aspecto lúgubre avanzando entre la multitud. En su mano derecha tenía algo así como un saco el que alzo y mostró al esclavista.
- ¡VENDIDA!– exclamo este de inmediato lleno de júbilo.
En cuanto Susan sintió que los guardias la tomaban para llevarla con su "dueño", comenzó a forcejear, resistiéndose fervientemente formando un caos a su alrededor.
Repentinamente una voz detuvo todas las protestas de Susan.
- ¡Esa venta no se realizará! – dijo firmemente una voz no muy grave, pero curiosamente familiar. – ¡No se la llevarán! – exclamó. En ese momento Susan pudo identificar que la voz provenía de una persona de estatura baja que estaba entre la multitud. Sin previo un aviso más de una docena de hombres y criaturas aparecieron en la multitud atacando a los guardias de Gumpas y liberando a los esclavos. Eran los tripulantes del Viajo del Alba sin duda alguna, pensó Susan. Y con gran alegría vio a Lucy entre ellos.
Quiso correr hasta donde estaba su hermana menor, pero unas manos sobre sus cadenas se lo impidieron. Aquel hombre que había querido comprarla como vil mercancía estaba ahora frente a ella dispuesto a llevársela con él.
Eustaquio por su parte, solo atino a salir corriendo y buscar refugio, topándose en su camino con Peter, Edmund, Caspian y un anciano hombre al que no pudo reconocer.
- ¡Eustaquio! – exclamó Peter - ¿Dónde están Susan? – preguntó con urgencia.
- Está en la plaza – contestó el chico tratando en vano de controlar el nerviosismo de su voz – pero creo que un hombre estaba intentando llevársela.
- ¡¿QUÉ?! – exclamó Caspian. Pero no espero respuesta. Con celeridad se dirigió hacia la plaza y busco a Susan esquivando golpes y estocadas.
- Y me pareció ver a Lucy entre la multitud también – agregó rápidamente al ver que sus primos se disponían a unirse a la batalla - junto a esa fea rata parlante.
Los chicos asistieron y le dijeron a Eustaquio que se mantuviera escondido. Minutos más tarde se pudieron reunir con Lucy.
- ¡Hermanos! – exclamó Lucy al encontrarlos, luego de botar a dos hombres usando un saco de trigo– No encuentro a Susan, ni a Eustaquio – dijo denotando en su voz mucha preocupación.
- Eustaquio esta escondido – contestó Edmund. Pero ninguno respondió por Susan. No sabían donde estaba y cada vez llegaban mas y mas secuaces de Gumpas, por lo que solo les restaba esperar que Caspian la encontrara.
…
- ¡CAMINA! – exclamó un hombre casi arrastrando a una joven a sus espaldas.
La joven era Susan y se negaba rotundamente a ponerle fácil el camino a ese hombre. Con puños, arañazos, patadas y gritos trató de resistirse de ser secuestrada, pero el hombre era mucho más grande y fuerte que ella, por lo que su resistencia de poco sirvió.
- Sera mejor que camines, bonita, - dijo el traficante ya perdiendo la paciencia - si no quieres que te haga algo feo aquí mismo – amenazo.
A pesar de la amenaza, Susan continuó resistiéndose, por lo que el hombre se vio en la obligación de golpearla fuertemente al punto de dejarla inconsciente en el suelo.
- Tú te lo buscaste, preciosa – murmuro despectivamente el hombre, mientras la tomaba para llevarla al hombro, pero antes de siquiera tocarla un fuerte puño lo golpeo en el rostro sacándole un grito de dolor desde lo más profundo de su ser.
El traficante, aunque algo aturdido, no se desmayo, por lo que saco su espada dispuesto a matar al que había echo eso. Al mirar hacia el frente vio que una figura estaba arrodillada al lado de la joven que recientemente había golpeado y que estaba dispuesto a hacerla su sirvienta.
- ¡TÚ ME LAS PAGARAS, MALDITO! – exclamó el traficante observando a aquella figura, que luego de enfocar bien su mirada reconoció como un joven moreno de porte elegante y una mirada furiosa.
- Eres tú el que va a pagar por esto – dijo el joven con una voz cargada de odio hacia el esclavista.
Tan solo bastaron un par de movimientos por parte del joven para acabar por completo con el traficante y en cuanto pudo liberarse de la batalla se acercó a Susan, que seguía tendida en el suelo.
- ¿Susan? – la llamó con suavidad tomándola entre sus brazos - ¡Susan! – llamó más fuerte esta vez.
Poco a poco la joven comenzó a reaccionar
- ¿Qué …qué ha pasado? – pregunto con dificultad.
El joven a su lado no pudo evitar soltar un suspiro de alivio y junto con eso darle un tierno abrazo.
- ¿Caspian? – pregunto aun algo aturdida al sentir el cálido abrazo del joven rey.
- Te han golpeado muy fuerte – dijo Caspian separándose un poco de ella para tomar su rostro y posar su pulgar en el punto en el que el esclavista la había golpeado. Susan se sonrojó ante esa acción.
Caspian gentilmente la ayudo a levantarse.
- ¿Dónde están mis hermanos? – preguntó Susan acordándose de los recientes hechos.
- Te llevaré con ellos – dijo Caspian y tomándola de la mano la guio hasta donde sus hermanos.
- ¡SUSAN! – exclamó la menor de los Pevensie dándole un fuerte abrazo a su hermana en cuanto la vio llegar.
- ¿Su, estas bien? – pregunto Edmund preocupado por su hermana. La joven asintió. Al mirar a su alrededor Susan notó que la batalla ya había terminado. En medio de una multitud, Peter tenía al tirano gobernador Gumpas acorralado entre el suelo y su espada.
- Todo ha terminado – dijo Peter lentamente saboreando la victoria.
Luego de la batalla, los hermanos Pevensie lograron nuevamente reunirse.
- ¡Susan! ¡Lucy!- exclamó - ¿están bien? – pregunto Peter preocupado, abrazando a cada una.
- Si, hermano – lo tranquilizo Lucy.
Luego de acabada la batalla todos los guardias y los agentes de Gumpas, junto con este fueron encarcelados y destituidos de sus puestos.
- ¡Tú, Gumpas, sucesor de Rhom, Gobernador de Las Islas Desiertas quedas relevado de tu cargo! – exclamó Caspian con autoridad- ¡Yo, Rey Caspian X, declaro que ya no habrá mas esclavitud en estas islas! – proclamó el joven rey entre una ola de aplausos y gritos de jubilo de parte de los aldeanos de la zona. Llevaban muchos años bajo el yugo de la esclavitud de Gumpas, pero por fin era libres.
Una gran celebración se dio lugar en el gran castillo del ex-gobernador Gumpas, en donde Caspian le dio a Lord Bern el título de Duque de las Islas Desiertas, bajo la soberanía narniana. Temprano, a la mañana siguiente el Viajero del Alba estaba listo para zarpar, abastecido de provisiones para continuar el viaje en busca de los siete lores.
- Esto debería alcanzarles por lo menos por un mes más – dijo el Duque a Caspian.
- Muchas gracias Lord, perdón, Duque Bern – sonrió Caspian, pero aquella sonrisa se transformo en una incógnita al ver un reflejo de preocupación en el rostro del Duque - ¿sucede algo? - pregunto.
- Mi Rey hay una cosa mas que debe saber – dijo el hombre – sucede que ya de hace un par de años atrás un extraño fenómeno se ha estado presentando - comenzó a contarles - … como yo me quede en esta isla y forme mi familia, tuve la oportunidad de observar dicho fenómeno en más de una ocasión.
- ¿De qué tipo de fenómeno hablas? – pregunto Lucy.
- Son muchas historias de marinos, piratas, pescadores y traficantes, que hablan de un humo negro verdoso que aparece en el mar y se lleva a los tripulantes, no dejando rastro de nada. En un principio creí que solo eran historias, pero… lo he visto Majestad. – dijo el hombre con temor en su voz – aparece hacia el oriente justo antes del atardecer. Desde lejos solo se ve como una tormenta más, pero al acercarse aparecen algo así como tentáculos de humo verdoso que atrae a cuanto barco que este cerca y se los lleva, Majestad.
- ¿Lo que trata de decir es que un humo mohoso se ha tragado a barcos completos? – pregunto escéptico Eustaquio levantando una ceja en señal de incredulidad.
- No hablo de barcos, niño – corrigió el duque – hablo de personas. Los barcos y botes quedan intactos, pero todos y cada uno de los tripulantes desaparecen. Nadie sabe a donde van.
Pero antes de continuar con la explicación unos fuertes gritos provenientes del puerto los alertaron.
- ¡MAJESTADES! – exclamó un aldeano - ¡LOS ESCLAVISTAS ESCAPAN! – grito. Al mirar hacia el mar los chicos vieron como Gumpas junto a algunos secuaces escapaban en un pequeño bote. Caspian se disponía a dar las órdenes para seguirles, pero una extraña sombra al horizonte lo detuvo.
Una extraña nube negra comenzó a acercarse a los hombres del bote. Parecía una simple nube cargada de lluvia hasta que desde su interior unas sombras verdes comenzaron a aparecer. Como si fueran tentáculos, el humo los rodeó y los comenzó a arrastrar hasta el centro de la nube oscura. Los hombres que estaban intentando huir de las islas, vieron con horror como esos amenazantes tentáculos comenzaron a arrastrarlos. Intentaron huir saltando del bote, pero estaban paralizados y no sólo de miedo. Poco a poco sus figuras comenzaron a esfumarse junto a sus desgarradores gritos.
La nube negra se desvaneció y con ella los hombres del bote, pero solo los hombres. El bote quedo completamente intacto flotando en el mar sin rumbo y sin rastro alguno de sus ocupantes.
Gracias x leer! Espero q les haya gustado. Q tal esos momentos SUSPIAN?! a mi el primero me enternecio mucho (soy una romantica x mucho q lo niegue... no puedo evitarlo!) espro no haber estado tan melosa.
Si encontraron faltas de otografia me disculpo, sucede q estaba super apurada en subir el cap lo mas pronto posible (prueba de eso es q en mi pais son las 3:24 am y yo sigo aqui con esto)
Espero con ansias sus comentarios y le cuento q la proxima actualizacion sera para la quincena de enero (15/Ene/13).
Q tengan un hermoso nuevo año lleno de bendiciones de Dios y muy prospero en todo sentido, q lo pasen muy bien y nos vemos hasta enero.
ATTE
VEDD
