HOLASS! Heme aqui con un nuevo capitulo. Pero antes que todo quiero agradecer profundamente sus reviews con mensajes de apoyo y tambien las criticas ^^

Les cuento q este cap tiene mucho del libro, de la pelicula y tmb de mi cosecha propia, y yo diria que de aqui en adelante las cosas comenzaran a suceder de una manera más alejada del libro y de la pelicula. Todo comenzara a ser mas interesante.

Tambien hay unas cosas q quiero comentarles, pero al final del cap pondre todo eso.

Asi q sin mas q decir, a leer!


Capítulo VI – Grandes Tentaciones

- Pero de que mansión están hablan… - comenzó a preguntar Susan, pero justo en ese momento una majestuosa mansión apareció frente a sus ojos, dejándolos a todos con la boca abierta.

Lentamente las puertas comenzaron a abrirse para dar paso a dos figuras.

- Bienvenidos Majestades – les dijo un hombre de curioso traje largo color azul, parado al lado de Lucy. A medida que ellos se fueron acercando, las extrañas criaturas comenzaron a esconderse dando chillidos de miedo y murmurando cosas en contra del hombre que acompañaba a Lucy.

- ¡LUCY! – exclamaron sus hermanos aliviados aproximándose a ella.

- ¿Te encuentras bien? – preguntó Peter sosteniendo a su hermana menor por los hombros.

- Por supuesto Peter – contesto – estoy bien – agrego dirigiéndose a sus otros hermanos que la veían aun con preocupación – Quiero presentarles a Coriakin.

Los hermanos Pevensie, Caspian y los tripulantes del Viajero del Alba hicieron una pequeña reverencia al hombre en señal de saludo.

- ¡Es el opresor! – exclamó alarmada una de las criaturas de un solo pie escondida atrás de Caspian.

- ¡Él es quien nos oprime! – dijo otro, imitando a su compañero, pero poniéndose tras Dridian.

- ¡Jamás les he hecho daño! – exclamó Coriakin harto de las quejas de esas criaturas. – Los volví invisibles, porque quiero protegerlos – dijo.

- ¿Protegernos? – cuestionó incrédulo el líder de estas curiosas criaturas - ¡Eso es opresión! – exclamo, mientras se alejaba junto a los de su especie a medida que Coriakin se iba acercando.

- ¿Qué rayos son esas cosas? – preguntó Eustaquio evidentemente contrariado por la curiosa forma de aquellas criaturas de tan solo un pie.

- Son Zonzopodos – contestó el mago como si fuera de lo más obvio del mundo – y ciertamente han molestado mucho a estos viajeros – dijo molesto - ¡Ya váyanse! – les ordenó finalmente alzando sus manos para infundirles miedo.

Los Zonzopodos reaccionaron de inmediato alejándose del mago, perdiéndose entre los arbustos entre gritos y reclamos.

- Disculpen este percance, Majestades – dijo el mago – por favor síganme, será un placer para mi servirles de ayuda.

Los cuatro hermanos Pevensie, junto a su primo, Caspian y Dridian siguieron al mago hasta la mansión recientemente aparecida, mientras el resto de la tripulación recolectaba provisiones para continuar el viaje, por supuesto, con el consentimiento de Coriakin para ocupar los recursos de la isla.

Coriakin condujo a sus invitados hasta una gran habitación, cercana a la sala del libro de encantamientos, en donde había estado Lucy. El mago les mostró un inmenso y precioso mapa capaz de revelar cada confín de Narnia. Todos quedaron asombrados observando aquella reliquia, incluso Eustaquio.

- Se preguntarán porque protegía a los zonzopodos – dijo el mago mirando a los presentes.

- Es la bruma ¿no es así? - cuestionó Edmund.

- No, Majestad, es lo que yace bajo la bruma – contestó el mago enigmáticamente – la bruma solo es la manifestación física del gran poder oscuro que por eones ha estado acunado en la isla negra – continuó y con un breve movimiento de su mano el mapa atravesó el mar completo, entre islas y nubes, como si de una película se tratase, hasta llegar a la temible isla negra. Incluso el mar que rodeaba a la isla se veía más oscuro.

- ¿Isla Negra? Jamás lo había escuchado – comentó Peter – ¿se formó luego de que nosotros dejamos Narnia? – preguntó.

- No, Majestad, siempre ha existido, pero su poder había estado limitado – contestó el mago.

- ¿Qué sucedió para que toda esa oscuridad se expandiera? – preguntó esta vez Susan.

- Una poderosa maldición fue echada sobre Narnia hace muchos siglos atrás. Incluso mucho antes de que ustedes, Majestades – dijo mirando detenidamente a cada Pevensie – llegaran por primera vez hasta aquí. Dicha maldición sumiría a Narnia en completa oscuridad y desolación. Aslan no podía permitirlo, por lo que haciendo uso de todo su poder, transformó esta maldición – relató el mago haciendo una pequeña pausa para dar énfasis a sus palabras. – En vez de oscuridad, lo que la esta malvada bruja obtuvo fue hielo.

Todos los presentes se miraron con confusión, menos Edmund, descubriendo el verdadero significado de aquellas palabras.

- Jadis, la Bruja Blanca – dijo Edmund con seguridad – ella fue la hechicera malvada que quiso sumir todo en oscuridad, ¿estoy equivocado?

- No, Majestad – concedió Coriakin – Jadis fue la causante. Pero cuando Aslan transformó las tinieblas en nieva, ella creyó ganar, pensando que el poder de Aslan no era suficiente para derrotarla, sin embargo no contaba con la profecía. Ella nunca la creyó, hasta que un día, una joven Reina Lucy pisó por primera vez suelo narniano.

La chica sonrió al escuchar su nombre. Jamás olvidaría ese día tan especial que fue el comienzo de una mágica historia más allá de toda lógica.

- Pero aún no entiendo – interrumpió Caspian - ¿Cómo ésta oscuridad fue a parar a una isla?

- Eso, mi estimado Rey, es algo que nadie sabe con exactitud – contestó el mago – pero lo que se cree es que la propia Jadis encerró parte de su poder oscuro en aquella isla, volviéndola siniestra. – contó el hombre paseándose por la habitación – por años y años su poder ha crecido tomando cada vez más fuerza. Lo que se creyó que iba a acabar con la muerte de esa bruja malvada… no lo hizo.

Murmullos de sorpresa se escucharon entre los presentes.

- La isla tomo fuerza propia de la destrucción y el miedo causado por esta bruja y se reafirmó aun más con la desesperanza y el olvido que causo la invasión telmarina posterior.

Una ola de culpa azoto a Caspian que inconscientemente desvió su mirada. Dicho gesto no pasó desapercibido por el mago, que de inmediato se acercó al joven Rey.

- Majestad, usted no tiene la culpa de lo que pasó con sus antepasados – dijo suavemente el hombre – es más, al mirar Narnia, veo el bien que su reinado le ha hecho a esta nación.

- Gracias Coriakin, pero aun así me siento en parte responsable – afirmó Caspian - ¿Qué debemos hacer para acabar con todo esto? ¿Aquellos los lores, amigos de mi padre, también se embarcaron en esta misión?

- Así es Majestad – afirmó Coriakin - como esa espada – indicó a la espada que llevaba de Edmund – hay seis más iguales.

- Si, fueron forjadas por Aslan y de alguna forma llegaron a manos de mi padre que se las obsequio a los siete lores – dijo Caspian.

- Exacto, esas espadas son especiales – continuó diciendo Coriakin – solo estas pueden romper con la maldición.

- ¿Cómo? – intervino Lucy.

- Tienen que encontrar primeramente a la estrella azul, la que los guiará hasta la isla de Ramandu – dijo el hombre haciendo un gesto con su mano para indicar su ubicación en el mapa – una vez allí, deberán buscar la mesa de Aslan en donde tendrán que colocar las siete espadas. Solo así romperán la siniestra maldición. Pero deberá tener mucho cuidado – advirtió – La oscuridad puede tomar cualquier forma – dijo mirando a cada uno de los presentes – puede convertir en realidad todos sus sueños más oscuros. Su propósito es corromper toda la bondad y robarse la luz de este mundo.

La visita a la isla de Coriakin fue corta, pero sumamente valiosa. El mago les dio claras pistas del paradero de los Lores y de la misión que ellos tomaron. Luego de proveer de lo necesario al barco, este zarpó rumbo al norte, en donde tendrían que encontrar a la estrella azul, que les guiaría hacia la isla de Ramandu.

Coriakin les aconsejo visitar de todos modos las islas que encontraran al paso, ya que los lores bien pudieron pasar por aquellos lugares, por lo que los chicos estuvieron atentos a cualquier señal de tierra.

- Sigo sin entender que rayos hacemos aquí – murmuró Eustaquio al cabo de dos días navegando – realmente no pueden creerle todo lo que dijo a ese mago loco.

- Primero que todo, Eustaquio, estas en un país, según tú, inventado del que hasta hace unos días atrás no tenías ni idea que existía… y ¿aun no crees en la magia? – preguntó Lucy incrédula a su primo, sentándose a su lado en cubierta.

El chico solo la ignoró. Él jamás estaría dispuesto a reconocer algún error cometido. Era demasiado orgulloso para admitirlo. Lucy solo negó con su cabeza y decidió bajar a su habitación a descansar un poco. El viaje estaba tranquilo, el viento era favorable y si todo iba bien, pronto llegarían a la isla de Ramandu y sabrían que pasó con los lores. La verdadera prueba vendría al momento de enfrentarse a la isla negra. La menor de los Pevensie se estremeció al recordar lo dicho por Coriakin sobre aquel lugar… "La oscuridad puede tomar cualquier forma, puede convertir en realidad todos sus sueños más oscuros"… sus sueños más oscuros. Algo en esa frase le produjo una fuerte inquietud.

- Lucy, creí que estarías disfrutando del viaje – dijo Susan, sacando a su hermana de sus pensamientos. Se hallaba sentada cómodamente junto al gran ventanal en la cámara principal con un libro en sus manos.

- Me sentí algo cansada y quise reposar por unos minutos – contesto Lucy.

- ¿Está todo bien? – preguntó Susan algo preocupada por la actitud de su hermana.

- Claro Su – sonrió Lucy – solo tengo sueño.

Susan la observó por unos instantes más antes de salir de la habitación para dejarla descansar tranquila. Al verse sola, Lucy volvió a caer nuevamente en sus pensamientos. Ella tenía sueños… pero no eran oscuros… solo eran… sueños… ¿no?

Inconscientemente la joven llevo su mano hasta el bolsillo de su pantalón y sacó una amarillenta hoja doblada y algo arrugada. Con cuidado la desdobló y la examinó.

- Un hechizo infalible para poder convertirse en la belleza que siempre quisiste… - murmuro para si misma. Algo dentro de su cabeza le dijo que no estaba bien lo que iba hacer, pero la tentación fue mayor.

- Transfórmame mi reflejo, perfecto y completo, pestañas, labios y cuerpo, hazme aquella que a mi parecer, es más bella que mi ser – leyó finalmente Lucy sin mediar consecuencias. Una tenue luz verde comenzó a reflejarse en el espejo de la habitación, pero tan pronto como apareció, se esfumó.

Lucy, intrigada, se acercó hasta aquel objeto posándose frente a él. Sin embargo y para la gran sorpresa de la joven, su propio reflejo fue cambiado poco a poco hasta convertirse en el de una mujer completamente distinta; una belleza más allá de todo lo mortal. Lucy se quedó por varios segundos paralizada con su nueva imagen. No tan solo era bellísima, si no que ahora ella misma era mucho más hermosa que su hermana. Ahora sería ella la que recibiría todas las atenciones y las miradas del resto.

Sin estar bien segura de lo que hacía, llevo su mano hasta su propio reflejo ejerciendo una pequeña presión, lo que de alguna mágica forma le permitió abrir el espejo frente a ella, como si se tratase de una puerta. Al pasar del otro lado se encontró con un hermoso trono preparado solo para ella, no necesitaba preguntar, lo sabía. Al mirar a su alrededor se dio cuenta de que estaba en medio de un grandes torneos en su honor, en donde reyes, príncipes, duques, nobles y caballeros de cada confín del mundo peleaban por su belleza. Todos la halagaban y le prometían cielo y mar por tan solo una sonrisa. ¡Era increíble! Pensó la joven.

Sin embargo, de un momento a otro todos los torneos se transformaron en verdaderas guerras, devastando a todo Narnia, así como también a Archenland, Telmar, Calormen, Galma y Terebintia, entre otras. Lucy no podía contener las lágrimas. ¿Todas esas cosas habían pasado por causa de su vanidad?...

- No puede estar pasando – sollozó – ¡esto no puede estar pasando! – exclamó fuertemente cerrando con fuerza sus ojos.

- ¡Lucy! – escuchó la joven de repente - ¡Lucy! – escucho nuevamente. Al abrir los ojos se encontró frente al espejo aun, pero ya no era la gran belleza de hace unos segundos atrás, tan solo era ella misma; Lucy.

- Sigo siendo yo – murmuro la menor de los Pevensie algo contrariada.

- Lucy ¿Qué te sucede? – volvió a preguntar Susan, que pasando por fuera de la habitación escucho los gritos de su hermana y se apresuró a ver que le sucedía - ¿Lu?

- Susan… he cometido un gran error – contó Lucy – tenía envidia y no mire las consecuencias – dijo comenzando a sollozar – Aslan se ha decepcionado de mi.

Susan abrazo tiernamente a su hermana y espero paciente hasta que esta se calmara. Juntas se sentaron en la cama, mientras Lucy comenzó a contar lo sucedido.

- Yo no quiero guerra en toda Narnia – exclamó la joven aun apenada.

- Lo se Lu..- concedió su hermana pasando una mano por su hombro – lo que no comprendo es por qué lo hiciste.

- Yo… quería… ser bella – contesto – como tú – agrego en apenas un susurro desviando su mirada.

- Lucy… tu eres hermosa, ya te lo he dicho – dijo Susan tomando las manos de su hermana entre las suyas dándoles un suave apretón. Lucy no contestó. Susan la observó por unos minutos y decidió cambiar de estrategia.

- Dime Lucy, en esa… "visión" que viste, aquellos hombres, ¿peleaban por tu amor o lo hacían por tu belleza, por cómo te veías exteriormente sin siquiera saber si tenías algo de cerebro? – pregunto Susan.

Lucy lo pensó por unos minutos. Ahora que lo meditaba todo aquellos hombres con grandes títulos de nobleza venidos de tantas partes la elogiaban mucho… pero solo su belleza.

- Ellos me veían como un trofeo a ganar – meditó Lucy finalmente. Ellos no pensaron en sus sentimientos, ni siquiera estaban interesados en saber si era inteligente o no. Solo veían su exterior. Susan sonrió ampliamente al ver que su pequeña hermana estaba comprendiendo la situación.

- Lo más hermoso que los seres humanos tienen está aquí – dijo Susan indicando hacía su pecho – en nuestros corazones. Querida Lu, la belleza es efímera y pasajera. A la vuelta de los años es el amor, la amistad, la fe, solo esas cosas que están en el alma quedan y el resto se va. Aquel que se fije en ti debe hacerlo porque ama lo que tienes dentro, en tu corazón, no la belleza que puedas reflejar. – dijo Susan tomando una rebelde lagrima que caía por el rostro de su hermana – y de todas formas hermanita, tu eres preciosa, no lo dudes – finalizó guiñándole un ojo a Lucy, gesto que hizo que esta última riera alegremente.

Luego de aquella conversación solo quedaba una cosa por hacer. Lucy con decisión se levantó de la cama y tomando la hoja amarillenta causante de todos sus miedos y tentaciones la rompió en mil pedacitos para botarlas por la ventana hacia el mar.

Mientras tanto, en cubierta, los chicos se encontraban debatiendo si acercarse o no a una isla recién divisada. Era una gran extensión de tierra, pero no se alcanzaba a ver ningún puerto o casas a la orilla. Era muy probable que estuviese desierta.

- Será una pérdida de tiempo – murmuro Peter con fastidio luego de que Caspian decidiera ir a investigar. Cada día le resultaba más difícil no protestar en contra de las decisiones tomadas por Caspian.

Al día siguiente se acercaron a la isla y de inmediato se dispusieron a investigar. Un grupo liderado por Ripichip se aseguró de buscar agua, elemento vital del que nunca podían prescindir y comida, mientras que Caspian y los Pevensie fueron en busca de pistas de los lores.

- ¿De verdad tengo que ir con la rata? – pregunto Eustaquio sumamente molesto al enterarse de que tendría que ir con el grupo de Ripichip a buscar provisiones. Sus primos se limitaron a reír.

Una vez en tierra, todos pusieron manos a la obra. Caspian y los hermanos Pevensie partieron hacia el interior de la isla, mientras que el grupo liderado por Ripichip comenzó su tarea de buscar provisiones. Sin embargo, ninguno de los presentes notó la sigilosa huida del pequeño Eustaquio. El chico no iba a dejar que una rata lo mandara. ¡Por supuesto que no! exclamó mentalmente.

- Sigan la estrella imaginaria – comenzó a murmurar molesto – a la isla de Ramandudu y coloquen los siete cuchillos en la mesa del león parlante – dijo burlándose de todo lo que había escuchado, mientras continuaba su camino.

Sin darse cuenta comenzó a escalar una colina poco empinada, pero muy rocosa alejándose del grupo. Camino y camino hasta encontrarse con algo que jamás en su vida creyó ver. Frente a él se hallaba algo así como una quebrada, no muy profunda, pero sí muy alargada. Aunque lo sorprendente no era eso, sino todo lo que se encontraba en su interior.

- ¡Con todo esto puedo volverme más rico que la mismísima Reina de Inglaterra! – exclamó con codicia el joven Eustaquio al ver un tesoro de tal magnitud; coronas, collares, perlas y piedras preciosas, monedas de oro, espadas con rubíes, etc. Una cantidad exuberante de cosas de gran valor. Sin pensarlo dos veces se lanzó a tomar todo lo que le cabía en sus bolsillos. Con gusto se probó cuanta corona encontró, al igual que collares y anillos, pero hubo una pulsera, con un sutil brillo verde, que en especial llamó su atención. Era de oro puro, llena de los diamantes más brillantes que en su vida había visto. De inmediato la cogió y se la puso. Le quedaba grande, pero no le importaba, porque era hermosa y digna de alguien como él; inteligente, solidario y muy guapo como su madre siempre le decía.

De repente un fuerte viento comenzó a soplar. Eustaquio levanto su rostro en busca de indicio de tormenta, pero el cielo seguía igual de despejado que en las horas anteriores, por lo que continuó en su tarea de recolectar riquezas. Sin embargo, una nueva ráfaga de viento volvió a aparecer, pero esta vez seguida de un fuerte rugido.

Eustaquio quedó paralizado de terror.

En otro sector de la isla, Caspian y los Reyes y Reinas de Antaño investigaban una extraña cueva que se extendía hacia el subsuelo.

- Si o si alguien tiene que haber pasado por aquí – comentó Edmund tomando una cuerda amarrada firmemente a una roca. El otro extremo de dicha cuerda se perdía dentro de la cueva.

- ¿Habrán sido los nobles? – preguntó Lucy intrigada acercándose a la obertura en el suelo, que se hallaba levemente alumbrada por la luz del sol.

- Tendremos que investigar – contestó Caspian que se dispuso a bajar, pero antes de poder tomar la cuerda, Peter se interpuso bajando primero. Sus hermanos se asombraron por esta acción y algo contrariados se miraron entre ellos.

- Lleva un tiempo comportándose extraño – comentó Lucy. Nadie más dijo nada y simplemente bajaron hasta pisar nuevamente tierra bajo sus pies. No estaba tan oscuro por lo que entre penumbras caminaron buscando a Peter.

Mientras tanto, Peter, que había bajado primero, se encontraba frente a una fuente subterránea. No tenía conocimiento de su real extensión ya que la tenue luz no se lo permitía, pero si logró ver un curioso destello dentro del agua. Con cuidado se acercó hasta la orilla y observó. Era una estatua… ¿brillante?

- Peter – fue interrumpido – ¿Peter estas ahí? – era Susan que se acercaba junto a sus otros hermanos y Caspian.

- Encontré algo – dijo sin quitar la vista de la figura.

- Es una estatua humana … ¿de oro' – preguntó Edmund sorprendido y confundido parándose junto a su hermano. Del suelo, el chico tomó un palo grueso con el fin de intentar mover la estatua, pero al introducir el objeto al agua, este poco a poco comenzó a transformarse en oro puro… una vara de oro puro.

¡Era una fuente mágica! Increíble pensaron todos. Y el asombro fue aun mayor al darse cuenta que aquella estatua, no era una simple estatua, sino que realmente era un hombre que seguramente queriendo beber agua se había vuelto de oro sólido.

- Pobre hombre – musito Susan observándolo con tristeza.

- Querrás decir pobre Lord – corrigió Caspian. Susan y sus hermanos lo miraron atónitos – Es Lord Restimar.

Y así era. Entre unas rocas, algo alejado del cuerpo, se hallaba la bella espada del Lord. Solo la mitad de la espada estaba sumergida en el agua, sin embargo, esta no estaba convertida en oro. Peter se subió con cuidado entre aquellas rocas y la tomó sin ningún problema.

- ¿Por qué no se ha convertido en oro? – preguntó Lucy intrigada.

- Es mágica – respondió sencillamente Caspian.

En ese momento a Edmund se le ocurrió una idea. Se acercó con mucho cuidado hasta la orilla de la fuente y tomando una pequeña caracola, introdujo solo una parte de esta en el agua y luego rápidamente la dejo sobre el suelo. Frente a sus ojos, aquella pequeña caracola se volvió de brillante oro. El joven quedó maravillado, tanto así que ni siquiera notó el extraño brillo verdoso que comenzó a verse en el fondo de la fuente.

- ¿Edmund? – le llamó Susan algo extrañada con la actitud de su hermano.

- No ven lo que esto significa – dijo el chico como en trance mirando la caracola de oro.

- Evidentemente no – contestó Susan con recelo.

- Quien tuviera acceso a esta fuente, sería la persona más poderosa de este mundo – musito. Sus ojos brillaban por todas la posibilidades que aquellas riquezas podían darle. - Seríamos ricos – agregó mirando a sus hermanos.

Peter se acercó con hasta su hermano y observó la caracola recientemente convertida en oro.

- Seriamos ricos, Peter – volvió a repetir Edmund poniéndose a la altura de su hermano.

- Las cosas de Narnia, no salen de Narnia – dijo Caspian inmediatamente al percatarse del giro que podían tomar las cosas.

-¿Quién lo dice? – preguntó Peter con arrogancia manteniendo su vista en la caracola.

- Yo lo digo – contestó el joven Rey. Edmund y Peter se miraron entre ellos y luego dirigieron su mirada hacia Caspian.

- No somos tus súbditos – contestó Peter desenvainando su espada – nunca lo hemos sido.

- ¡Peter! – llamó su hermena menor, pero nadie la escucho.

- Haz estado esperando este momento, ¿no? – dijo Caspian – Siempre cuestionando, siempre reclamando… ustedes solo esperaban el momento propicio para enfrentarme.

- Fui, soy y seguiré siendo siempre el Gran Rey Peter – contestó Peter con insolencia – yo tendría que estar gobernando este país, ¡yo soy el Rey! – exclamó.

- ¿Te olvidas de mí, hermano? – pregunto Edmund con un evidente rencor en su voz – crees que dejare que me dejes en segundo lugar nuevamente – rio con desdén – ni siquiera lo sueñes.

- Eres un niño – contestó Peter.

- Soy mucho más valiente que tú – rebatió el chico – que ambos – dijo incluyendo a Caspian – no volveré a ser el segundo, ¡nunca más! – exclamó.

- ¡Edmund! ¡Peter! ¿Qué les sucede? – cuestionó Lucy asustada por la actitud de sus hermanos, pero fue ignorada.

- Quieren gobernar…. – comenzó a decir Caspian – pues tendrán que pasar por sobre mi cadáver – y dicho esto levantó su espada para atacar a sus compañeros de viaje los que respondieron de inmediato.

El duelo comenzó. Peter contra Caspian, Edmund contra Peter, Caspian contra Edmund y viceversa. Era una lucha entre tres grandes fuerzas, venidas de tres distintas personas. Susan y Lucy gritaron con miedo tratando de detener a sus hermanos, pero seguían siendo olímpicamente ignoradas, hasta que Susan cansada por la situación gritó un sonoro ¡BASTA! interponiéndose en medio de los tres chicos que de inmediato cesaron la batalla.

- ¡No se dan cuenta de lo que está sucediendo! – exclamó – Esta cueva los está embrujando.

Los tres chicos se miraron entre ellos para luego volver la atención hacia Susan.

- Los está tentando - continuó hablando la joven de ojos claros.

-Esto es justo lo que Coriakin nos quiso advertir – intervino Lucy – es mejor que salgamos de aquí.

Dicho esto comenzó a caminar hacia la salida seguida por Susan. De los tres chicos Caspian fue el primero en reaccionar, saliendo de la cueva, seguido de Edmund y finalmente Peter.

De vuelta a la orilla de la isla encontraron al grupo de Ripichip cargando las provisiones a los botes para llevarlos al barco. Pero por alguna razón desconocida para los recién llegados, Euatquio no se encontraba allí.

- ¿Eustaquio no debería estar aquí, ayudando? – preguntó Susan a Ripichip.

- Así es Majestad – contestó cortésmente el ratón – pero se ha escabullido sin que no diésemos cuenta.

- No puede ser… ¿Eustaquio dónde estás? – preguntó Susan en un angustioso y cansado suspiro.

- Debemos buscarlo de inmediato, pronto se hará de noche – dijo Peter con resignación – vamos Ed.

- Voy con ustedes – dijo Caspian al ver a los hermanos alejarse del grupo. Ellos se giraron para observarle, pero antes de que alguno contestara un fuerte rugido se escuchó desde lo profundo de la isla.

- ¿Qué rayos fue eso? – preguntó Lucy dando un par de pasos alejándose de los botes. De improviso una fuerte ráfaga de viento se sintió en la playa. Al mirar hacia el cielo se encontró con una imponente figura.

- ¡¿Eso es un dragón?! – preguntó Susan con evidente alarma en su voz. La respuesta era evidente. La gran bestia se cernía sobre sus cabezas observándolos. Rugía a cada tanto e incluso arrojaba fuego por su boca. Era una imagen impresionante. Sin previo aviso el dragón comenzó a bajar rápidamente. De inmediato Caspian dio la orden de atacar, pero antes de hacerlo, el dragón abrió su pata izquierda dejando caer algo al suelo, levantando una gran nube de polvo.

Todos esperaron expectantes a que la nube se disipara, mientras el dragón se posaba sobre unos riscos esperando. Grande fue la sorpresa de todos al darse cuenta de lo que el dragón les había mandado. Era una pila de huesos secos y rotos, seguramente por la caía, pero junto a ellos había un reluciente escudo junto a una espada.

- Ese… ese es el escudo de Lord Mavramorn – dijo Caspian entrecortadamente. Sería posible que ese dragón lo hubiese asesinado.

- Entonces esa es su espada mágica – dijo Edmund acercando hacía el montón de huesos y tomando la espada – pero… ¿Por qué nos la entregó?

El dragón, al ver que ya no lo estaban atacando se acercó con mucho cuiado.

- ¡Alto ahí, dragón! – exclamó Ripichip subiéndose sobre el dragón. Estaba a punto de atacarlo cuando una grandes lágrimas comenzaron a salir de los ojos de la bestia. Unos bellos ojos color azul intenso que reflejaban una gran angustia. El pequeño ratón lo observo por unos instantes, asombrado.

- No puede ser… - murmuro tristemente bajando su espada – tu eres Eustaquio – dijo finalmente dejando a todos boquiabiertos con la noticia.


Muchas muchas gracias por llegar hasta aqui y leer. Se lo q van a decir, le falta Suspian, lo se, pero tengan paciencia q todo sera recompensado en el siguiente cap que espero tenerlo para el 5/04/13. (si puedo antes, lo subo antes)

Y bueno, quiero responder a un reviews en particular...

Mi estimado Anonimo, siento que creas que tardo mucho en actualizar, pero por lo general me pongo un limite el q trato de respetar al maximo y si alguna vez me he pasado (xq no lo recuerdo ahora) lo he echo por estar afinando los ultimos detalles de la historia. Me gusta q no tenga faltas de ortografia (aunq aun asi se me pasan algunas) q este todo bien entendible y redactado y asi pequeños detalles. Siento q lo veas como una falta de respeto y te pido disculpas si te he enfadado. Pero espero tambien q respetes mis tiempos. De todas formas me alegra mucho q te guste la historia y spero q no dejes de leerla ^^.

Otra cosa completamente distinta y eso sobre el nombre de Eustaquio. Pues bien, el nombre original es Eustace (creo q se escribe asi) y mi pregunta es si quieren q lo empiece a poner en ingles, como original, o si les da lo mismo. Yo no me habia fijado de ese detalle xq resulta q el libro q yo tengo de las cronicas de narnia y el viajero del alba, es una traduccion en español completamente (onda Lucy es Lucia, Edmund es Edmundo, Peter es Pedro y asi) Entonces quería saber si prefieren Eustace o les da lo mismo.

Y creo q eso nada más. ^^ muchas gracias nuevamente por leer y espero ansiosa sus comentarios.

Un gran saludo para todos y un fuerte abrazo.

ATTE

VEDDARTHA