¡EDITADO! (30/05/2013)

He vuelto a editar unas partes q en este cap aun no me convencían asi q les invito a leer nuevamente...(el mayor cambio esta desde la conversación en la playa de Caspian y Susan hacia abajo)

Espero que no les moleste el cambio...seguramente mas de alguno va creer q estaba mejor antes, pero les aseguro que todo tiene su porque... necesito que todo eso pase para lo que viene en el cap siguiente, que por cierto no creo q pueda tener listo para mañana, pero hare todo mi esfuerzo para que no pase del domingo.

Desde ya disculpen la demora y las molestias (cualquier comentario/critica ..ya saben a donde ir ^^)


HOLA!

Lectores queridos primero que todo SIENTO MUCHO LA DEMORAAA! de verdad lo lamento T.T no me odien por favor. Todas las explicaciones las dare al termino del cap, asi como los saludos y todo eso, desde ya gracias por leer

A Leer!


Capítulo VIII – La Mágica Isla de Ramandu

- Mi nombre es Lilliandil y les guiaré a la isla de Ramandu, mi padre.

Los presentes quedaron atónitos con aquella revelación y en el caso de los varones, quedaron aun más sorprendidos con la gran belleza de la joven frente a ellos.

- No tengan miedo, por favor, he venido a guiarlos para que lleguen sanos y salvos hasta donde mi padre – dijo Lilliandil girándose para mirar hacia el frente, quedando de espaldas a la tripulación. Con elegancia extendió sus brazos y acto seguido tibias ráfagas de viento comenzaron a soplar invitándolos a relajarse, a sentirse seguros. Lentamente el mar a su alrededor comenzó a moverse de modo que el Viajero del Alba fue avanzando hacia la isla, con Lilliandil como guía.

Al llegar, los Pevensie y Caspian fueron llevados hasta palacio en donde Ramandu les esperaba. Tristemente Eustace, por su condición de dragón, no les pudo acompañar, quedándose en la orilla de la playa junto a Ripichip, Dridian, quien quedo a cargo del barco, y el resto de la tripulación.

- No te preocupes amiguito, ya encontraremos algo que hacer – le dijo Ripichip al ver al pequeño tan triste por la partida de sus primos. Haberse vuelto un dragón le había hecho valorar muchas cosas, como por ejemplo, la compañía, atención y cuidado de sus primos.

Lilliandil guió al grupo hasta una hermosa construcción blanca con redondeadas y altas torres con preciosas enredaderas llenas de flores de una increíble gama de colores y tamaños, mientras que los habitantes de aquella isla eran de variadas razas; elfos, faunos, hadas, dríades, animales parlantes, etc.

- Este lugar es precioso – musito Lucy asombrada recibiendo una sonrisa por parte de Lilliandil.

Llegando a la entrada del palacio se encontraron con un hombre de plateado cabello y prominente barba. Vestía un largo traje de color blanco, con finos bordes dorados. Su rostro era afable y su sonrisa les llenaba de confianza y paz.

- Bienvenidos Reyes y Reinas de Narnia, es un honor para mí tenerlos en mi isla – les saludo – mi nombre es Ramandu, Estrella Mayor de la constelación del León – se presentó – pero pueden llamarme simplemente Ramandu – dijo con una sonrisa.

Ramandu los condujo por el bello palacio hasta una sala amplia y redonda, con techo alto y cubierto de enredaderas. Era una visión hermosa. Dentro de la habitación habían cómodos sillones cerca de un gran ventanal desde donde entraba una hermosa luz de sol.

- Llevábamos mucho tiempo esperándolos, Majestades. Por un momento hasta creí que se habrían perdido en alguna parte del mar Oriental – dijo Ramandu llamando la atención de sus interlocutores. Con un gesto los invito a sentarse mientras él hacía lo mismo. Poco tiempo después una joven elfina les sirvió té y bocadillos.

- Estuvimos muy cerca de perdernos – comentó Edmund, mientras se servía un pastelillo.

- Pero los buenos consejos de Coriakin nos ayudaron mucho – dijo a su vez Susan.

- ¡Mi viejo amigo Coriakin! – exclamo el hombre – es bueno saber que aun en estos tiempos es posible encontrar amigos. Hace muchos años el guio a otros hombres hasta aquí también.

- Lo sabemos señor, por eso hemos venido – intervino Caspian – siete lores, amigos de mi padre, viajaron por estos mares para llegar a desentrañar un misterio que involucraba a una extraña bruma verde y una isla siniestra. Pero… tristemente no todos llegaron.

Ramandu asintió. Hace muchos años atrás cuatro hombres llegaron hasta sus costas diciendo ser Lores de Telmar. Solo gracias a las espadas narnianas que llevaban, Ramandu les creyó.

- Ellos querían acabar con esa oscuridad que poco a poco comenzó a extenderse desde acá, el confín del mar Oriental, pero no lo lograron, ya que no tenían en su poder todas las espadas legendarias. En esa oportunidad tuve una revelación de Aslan, quien me dijo que tú, Rey Caspian vendrías a terminar esta misión – contó Ramandu – lo que no me dijo es que vendrías acompañado por ni más ni menos que los cuatro Reyes de Antaño – agrego con una gran sonrisa en sus labios. Por un instante los chicos creyeron que Ramandu estaba brillando. Una etérea luz blanca se perfilo cuando él sonrió y le dio un aire de estar emanando luz, pero tan solo fue un par de milésimas de segundos.

- Ramandu, ¿usted nos puede decir que fue lo que pasó con los lores que llegaron a su isla? – preguntó Peter respetuosamente.

- Tres de ellos están muertos y el cuarto está desaparecido – contesto una melodiosa voz atrás de ellos. Al volverse, Caspian y los Pevensie, vieron la delicada figura de Lilliandil acercándose hasta ponerse al lado de su progenitor – Siento molestar, padre – se disculpó al ver que había interrumpido una conversación.

- No te preocupes, mi luz – contesto Ramandu – ya han conocido a mi hija, la Estrella Azul, guía de los viajeros perdidos, Lilliandil. Ella les divisó mucho antes que yo y en cuanto vio que tenían problemas no dudo en ayudarles - los chicos sonrieron. Gracias a ella, ellos habían llegado sanos y salvos a la isla.

- Mi señora, ¿Nos puede explicar eso que ha dicho recién? ¿Los lores están muertos? – pregunto Caspian con gran interés.

- Siento decirles que si, pero por favor, no me llamen señora, soy una estrella joven aun – dijo con una suave risa causando el embelesamiento de los tres chicos presentes, algo que por supuesto no cayó bien ni a Lucy, ni a Susan.

- Sucedió, majestades, que cuando los cuatro lores llegaron a nuestra isla he intentaron acabar con la maldición, se dieron cuenta muy tarde que necesitaban las siete espadas para terminar con todo el mal emanado de aquella oscuridad. En un recurso desesperado se embarcaron hasta las sombras con el fin de poder llegar hasta su origen y hacerla desaparecer… mas no salió como lo planearon – dijo con tristeza – al cabo de tres meses, en los cuales ya los dábamos por perdidos, la misma barcaza que se llevó a los cuatro lores, volvió a nuestra isla, pero solo con tres de sus ocupantes. Todos muertos.

Los chicos se miraron entre ellos con nerviosismo reflejado en sus rostros.

- ¿Que sucedió con el cuarto Lord? – pregunto Caspian luego de un breve silencio.

- Jamás regreso – contestó Lilliandil mirando fijamente al joven rey, dándole una sutil sonrisa, la que no pasó desapercibida para Susan.

- ¿Esta muerto? – pregunto Peter.

- No lo sabemos – respondió Ramandu – y tampoco nos aventuramos a investigar. Lo bueno es que junto a los lores fallecidos, venían sus espadas, las que hemos colocado en la mesa de Aslan, en la cima del acantilado de frente hacia la isla negra, a la espera de las otras cuatro.

Los chicos volvieron a mirarse entre ellos. En sus manos traían solo tres, de las cuatro espadas faltantes, lo que inevitablemente significaba que tendrían que ir en busca de la última. No era algo que les agradara en gran manera.

Luego de aquella charla, Ramandu les invito a ellos y a toda la tripulación del Viajero del Alba a un gran festín en su honor. Ciertamente la situación no era la mejor, pero eso no quitaba el hecho de tener tan ilustres visitas en su isla. Los Reyes y Reinas de Antaño, el Rey actual de Narnia, su comitiva de confianza, etc. No podía dejarlos sin un buen recibimiento, por lo que esa tarde todos comieron y bebieron en el castillo alegremente reunidos.

- Gracias, señor, por permitirnos quedar en su isla – agradeció cortésmente Dridian a Ramandu en cuanto lo tuvo en frente. La Estrella Mayor sonrió.

- Es un placer para mí – respondió.

Por un par de horas todos olvidaron las terribles circunstancias que los llevaron hasta allí. La bruma verde, la isla oscura, la muerte de los lores, la maldad inminente que se extendía cada día y les acecha hasta hacerles ver sus más terribles miedos y horrores…todo eso quedó de lado para celebrar su llegada a la isla de Ramandu.

- ¿Cómo es que nunca visitamos este lugar cuando reinamos? – pregunto Edmund a sus hermanos, mientras bebía un exquisito zumo de frutas silvestres.

- Nunca llegamos hasta tan lejos – contesto Peter – esta isla ni siquiera estaba en nuestro mapas.

- ¡Es un lugar precioso! – exclamó Lucy con alegría.

Y realmente lo era, pensó Susan, que se encontraba al lado de sus hermanos, pero algo perdida en sus propios pensamientos. Desde que llegaron a la isla Caspian no había hecho más que hablar con Lilliandil… y no es que a ella le importara…solo… solo le preocupaba un poco que estuviera descuidando su misión y por qué de que llegaran a esa isla. Y tampoco es que estuviera tan, tan pendiente… solamente llevaba los últimos cuarenta y cinco minutos siguiéndolos con la mirada, de los cuales, en los últimos cinco, les había perdido el rastro.

Con un largo suspiro de resignación acepto que tal vez si le importaba más de lo que quería creer. Quizá lo más sano para ella sería distraerse con algo…

- Chicos, iré a ver si Eustace necesita algo más – dijo Susan al cabo de unos minutos sumida en sus pensamientos. Sus hermanos asintieron distraídamente siguiendo en sus conversaciones.

El banquete se estaba realizando en un patio interior del castillo, mientras que Eustace, estaba en uno exterior. La separación no era mucha, pero aun asi Susan decidió salir para ver cómo estaba el pequeño, y de paso poder distraerse ella.

De camino hacia la salida oyó unas voces desde un pasillo lateral. La joven se quedó quieta por unos segundos esperando ver a alguien, pero nadie apareció, asi que continuo con su camino, pero antes de salir definitivamente del castillo volvió a sentir risas, esta vez más fuertes. Susan por algún motivo quiso saber el origen de ese sonido, por lo que con sigilo comenzó a caminar en esa dirección. No fueron muchos las pasos que dio hasta que con asombro encontró el origen de las risas.

Caspian y Lilliandil se encontraban amigablemente hablando recargados en una baranda que daba hacia el patio exterior del castillo. Ella estaba inclinada diciéndole algo realmente gracioso, porque Caspian mantenía su sonrisa en el rostro y de un momento a otro comenzó a reír nuevamente. Algo en el corazón de Susan comenzó a arder de enojo. Unas ganas casi irresistibles de interponerse entre esa tal Lilliandil y Caspian se apoderaron de ella, sin embargo, en vez de hacerlo se dio media vuelta y continúo su camino hasta Eustace.

- Entonces, Caspian, ¿Cómo es posible que un guapo y joven rey como tú, aun no haya encontrado una reina? – pregunto Lilliandil con curiosidad, apoyada de espaldas en una de las barandas que daban al patio externo del castillo de su padre. Llevaba un par de minutos hablando y riendo con Caspian y realmente lo estaba considerando muy interesante, además de atractivo, pero le llamaba mucho la atención que con tantas cualidades aun se mantuviera solo.

Caspian sonrió algo melancólico. Inconscientemente llevo su mirada hacia el cielo. "Susan" fue lo primero que se le vino a la mente. Su rostro, su sonrisa, la bella melodía de su voz al reir, su fuerza y valor, como también su gran bondad. Un largo suspiro salió de sus labios perdiéndose en la figura de la joven castaña.

- ¿Caspian? – llamó Lilliandil al ver que el joven no respondía.

- Lo siento mucho… solo… me quede pensando – se disculpó volviendo la mirada hacia su interlocutora.

- ¿Y bien? – pregunto nuevamente la Estrella Azul.

- Yo… supongo que aún no encuentro a la mujer correcta – contesto. Lilliandil sonrió, más por dentro ella sabía que el chico no le estaba diciendo toda la verdad.

El pequeño niño-dragón se encontraba en excelentes condiciones. No le faltaba comida, ni agua y estaba bien acompañado por Ripichip. Susan hizo uso de todo su autocontrol para no devolverse hasta donde estaban Caspian y Lilliandil y separarlos a la fuerza. Realmente ella estaba extremadamente molesta. No obstante, luego de pensarlo por varios minutos… ¿de qué estaba molesta? ¿de que Caspian tuviera amistades?, ¿de que estas amistades fueran bellas jovencitas de iluminada presencia?, ¿de que dichas jovencitas tuvieran mucho tema de conversación y un encanto natural para embelesar a cualquiera? ¿de que ese embelesado fuera justamente Caspian?...ademas hasta donde ella sabía, una vez terminada la misión, ella y sus hermanos volverían a casa. Por mucho que le doliera, porque ciertamente le dolía, lo que hiciera Caspian… no era de su incumbencia.

Otro largo suspiro salió por la boca de la joven.

- ¿Alteza, sucede algo? – pregunto Rip con preocupación al ver a Susan con su mirada perdida en algún punto del castillo. La joven tardó en reaccionar, pero finalmente termino negando con la cabeza.

- No, Rip – contesto, recuperando su semblante amable – todo esta bien – dijo finalmente para regresar al castillo. Esperaba no volver a oír a la "feliz pareja" nuevamente reír… eso la volvería a sacar de quicio.

Ya entrada la noche, el banquete se dio por terminado. Todos los marineros del Viajero del Alba hicieron un acogedor campamento a las afueras de la ciudad, con permiso de Ramandu, en una amplia explanada, lo suficientemente grande y despejada para que Eustace también pudiera descansar.

Ramandu ofreció a Caspian y a los hermanos Pevensie quedarse en el castillo, pero ellos cortésmente rechazaron su oferta.

- Mis hombres están acá, señor, no puedo dejarlos solos, soy su Rey – respondió Caspian al ofrecimiento de Ramandu. Aun así, la estrella mayor no desistió de su invitación.

- Tal vez las Reinas deseen venir a palacio – sugirió amablemente. Las chicas se miraron entre ellas sorprendidas por el ofrecimiento. – sería más cómodo para ellas. La playa no es lugar para dos jóvenes señoritas…

Susan quedó algo desconcertada con el ofrecimiento, mientras que Lucy mostro su entusiasmo de inmediato. La idea de quedarse en ese hermoso palacio y conocerlo más por dentro era muy tentadora para Lucy, sin embargo, Susan no quería dejar a sus hermano y su primo solos, y a pesar de la escena antes presenciada, tampoco quería dejar a Caspian.

- Chicas vayan – dijo Peter finalmente. Ellas le miraron – Ramandu tiene razón, estarán mejor y más seguras allí.

- Pero…- comenzó a decir Susan, pero fue interrumpida por Caspian.

- Concuerdo con su hermano – dijo – estarán mejor en el castillo.

Con esas palabras, Lucy y Susan no tuvieron más opción que irse con Ramandu al castillo, aunque esta última, no muy contenta. Minutos más tarde una gran comitiva enviada por la Estrella Mayor, llego al campamento con todo tipo de suministros, de modo tal que los tripulantes del navío no pasaran ni hambre, ni sed, ni frio, ni ningún tipo de malestar.

- Mi padre les invita a pedir lo que necesiten – les dijo Lilliandil. Ella guiaba al grupo.

- Muchas gracias Lilliandil – contesto Caspian con una sonrisa.

- No tienes por qué agradecérmelo – dijo con su melodiosa voz – es para mí un placer ayudarte, Caspian – dijo devolviéndole la sonrisa.

Mientras esa pequeña conversación se desarrolló, los moradores de la isla dejaron todas las provisiones a los marineros del Viajero del Alba. Una vez realizada su tarea, uno a uno fueron volviendo a la ciudad, siendo Lilliandil la última en irse.

- Recuerden que si necesitan algo más, no duden en pedírnoslo – dijo con una bella sonrisa en su rostro sacando más de algún suspiro entre los presentes, entre ellos Edmund, Peter, e incluso Eustace.

La noche llego cálida, con suaves brisas marinas que llenaban los sentidos de refrescantes esencias de la costa. Susan y Lucy fueron conducidas hasta una hermosa habitación con vista al mar.

- Es hermoso – comento Lucy a su hermana. La aludida asintió igual de sorprendida por la hermosura de la habitación. Desde el gran ventanal principal se veía la majestuosa silueta del Viajero del Alba. Al verlo, Susan no pudo evitar traer a su mente la imagen de cierto Rey narniano a su cabeza.

- ¡Susan! – llamó fuertemente Lucy a su hermana, haciendo que esta se llevara un buen sobresalto. La menor de los Pevensie llevaba un rato llamando a su hermana sin obtener respuesta alguna.

- Lo … lamento… no te estaba escuchando – dijo a modo de disculpa con un tenue sonrojo en sus mejillas.

- ¿Pensabas en Caspian? – pregunto Lucy inocentemente. Susan se sonrojo aun más con esa pregunta.

- Por supuesto que no – contesto desviando su rostro para ocultar su sonrojo – pienso en nuestros hermanos y en lo que se pierden al no haber venido. ¡Este lugar es magnífico! – exclamó acercándose a un curioso farol suspendido en el aire, sin ningún tipo de cuerda o cadena que lo sostuviera. Un precioso resplandor azulado emanaba de su interior, como una pequeña bola de luz que daba a la habitación la sensación de estar en un sueño.

- No me engañas – dijo nuevamente la menor de los Pevensie – puedo ser joven, pero me doy cuenta de lo que sientes.

- Lucy, por favor, no molestes – respondió Susan con enfado.

- Si le amas deberías decírselo – continuo Lucy haciendo caso omiso de las palabras de su hermana – no vaya a ser que luego te vuelvas a arrepentir.

- ¿A qué te refieres con eso de volverme a arrepentir? – pregunto Susan con una ceja alzada.

- Su… - comenzó a decir Lucy en un tono más suave – vi cómo te pusiste cuando volvimos a casa luego de nuestra segunda venida a Narnia. Algo en ti se apagó….algo asi como una luz en tus ojos. Era como si una parte de ti se hubiese perdido en alguna parte de Narnia. – continuo - Tan solo cuando vi tu reacción al volvernos a encontrar con Caspian comprendí todo – hizo una pausa para enfatizar sus palabras- ¡Era por él! – sentencio la chica acercándose a su hermana y tomando sus manos entre las suyas – tú estabas enamorada de Caspian, y esa luz solo podía volver a brillar con él a tu lado.

La joven se conmovió en gran manera con las palabras de su hermanita. Sin embargo, habían muchas cosas que le impedían dar rienda suelta a sus sentimientos… y no es que estuviera aceptando sentir algo. Susan se separó de su hermana y, dándole la espalda, se fue hasta la ventana.

- Tú no entiendes – dijo tratando de contener sus lágrimas – no importa lo que sienta, eso no cambiará el hecho de que una vez que todo esto acabe tú, los chicos y yo volveremos a casa, mientras que él se quedará aquí, en Narnia. – espetó amargamente. – Además dudo que el este enamorado de mí, como dices tú – agrego en un tono más bajo, trayendo a su mente las recientes imágenes de Lilliandil junto Caspian conversando amigablemente. Dicho eso último, Susan salió apresuradamente de la habitación, dejando sola a su hermana.

- ¡Oh, Susan! – exclamó Lucy en un suspiro – como desearía hacer algo por ti.

Lucy cerró la puerta de la habitación y se dispuso a acostarse esperando que Susan volviera pronto, para poder volver a conversar. Mientras tanto, afuera de la habitación ni Susan, ni Lucy notaron la delgada figura que salió sigilosamente detrás de un pilar, luego de que la mayor de las Pevensie saliera del cuarto.

Susan corrió por los corredores oscuros, sin rumbo, hasta llegar a una especie de jardín, con una bella fuente en su centro. Sin fuerzas y sin aliento, se sentó ahí, mientras gruesas lágrimas caían por sus ojos.

Lo había sabido desde un comienzo. Hasta ese momento sus idas a Narnia solo habían sido temporales y nada le decía que esa vez fuera distinto. Desde un comienzo había sido una tonta al poner sus sentimientos el alguien tan lejano. Aunque, por supuesto, ella no estaba admitiendo que le amara, solo… que… le iba a extrañar mucho en cuanto se fueran. Extrañaría su sonrisa, su voz, su mirada, su forma de ser, su fortaleza… su cariño y preocupación por ella...

La joven suspiro largamente.

- ¿Reina Susan? – una suave voz saco a Susan de sus pensamientos. Con rapidez, Susan se levantó y pasándose una mano por sus ojos, para tratar de esconder los vestigios de lágrimas, con su mejor falsa sonrisa, se dio media vuelta.

- Lilliandil… - murmuro sin muchas ganas - hola….lamento haber salido de la habitación, solo quería tomar algo de aire – dijo.

- No te preocupes, puedes recorrer lo que quieras, Alteza – contesto la joven estrella con una sonrisa en sus labios.

- Oh, por favor, no me llames alteza – pidio Susan tratando de corresponder su amabilidad – puedes llamarme por mi nombre – agrego. Lilliandil asintió cordialmente. Luego de este pequeño intercambio, ambas jóvenes se quedaron por unos instantes en silencio, observándose.

- El Rey Caspian es un hombre muy joven – dijo Lilliandil casualmente, al cabo de unos minutos, mientras se paseaba por alrededor de la fuente. Susan la observo con curiosidad. – me sorprendió mucho saber que no estaba casado.

Esta vez, la curiosidad de Susan se transformó en sospecha. ¿A dónde rayos quería llegar Lilliandil con esa conversación? pensó la joven, mientras seguía con la mirada a la estrella. ¿Sería posible que ella y Caspian se hubiesen puesto de acuerdo en algún compromiso o algo parecido? Pero sería algo muy rápido…¡A penas se conocen!.

Tan concentrada estaba Susan en Lilliandil que ni siquiera notó la bruma verdosa que comenzó a acercarse a ella.

- Es una tristeza que él deba llevar solo la carga de gobernar todo un país – comentó la estrella azul con seriedad – pero debe tener sus motivos – agrego con otra sonrisa en sus labios, mueca que para Susan se hacía cada vez más cínica.

- Si, debe tenerlos…. – corroboro la joven tratando a su vez de esbozar una sonrisa.

- La mujer que se una a él será muy afortunada – continuo Lilliandil – y a la vez tendrá mucho trabajo. Deberá estar con él en todo momento, apoyándole, ayudándole, amándole… seria… muy terrible para el reino que su Rey se enamorada de alguien a quien no puede tener… eso le partiría el corazón. Él realmente necesita a alguien que se quede a su lado - dijo deliberadamente causando gran dolor en el corazón de Susan.

Después de esas no tan inocentes palabras, Lilliandil hizo una pequeña reverencia a Susan y con un gesto de su mano se despidió de la joven, dejándola sola con sus pensamientos.

El mar estaba tranquilo y el oleaje muy calmado. Eustace estaba cabeceando mientras escuchaba, o intentaba escuchar una de las tantas aventuras de Rip.

- ¡Y entonces yo salte ferozmente y le di con mi espada! – exclamo el pequeño espadachín lleno de pasión – fue una gran aventura, compañero y debo decir que… - en ese momento un fuerte ronquido lo interrumpió en su relato. Volviéndose rápidamente hacia Eustace se dio cuenta que el pobre chico estaba profundamente dormido.

Ripichip dio un largo suspiro de resignación. El pequeño Eustace se había llevado la peor parte de la tormenta… él solo había cargado con el barco por varios kilómetros y mientras viajaban no tuvo ningún momento de descanso. Era justo que descansara un poco.

- Descansa amiguito – susurro Ripichip a Eustace, acurrucándose cerca de él.

El campamento a orilla de mar estaba silencioso. Solo los murmullos de las olas se escuchaban a esas altas horas. Todos los tripulantes de la nave estaban dormidos a excepción de Caspian quien había tomado la primera guardia. Desde su posición había estado oyendo parte de la conversación entre Ripichip y Eustace… ambos le entretuvieron por varios minutos.

Todo había vuelto al silencio cuando de repente sintió unos suaves pasos acercándose. Velozmente se puso en alerta. A lo lejos e iluminada tenuemente, una fina silueta comenzó a perfilarse poco a poco.

-¡¿Susan?! – exclamo entre asombrado y alegre por la visita de la joven, pero inmediatamente su semblante cambio a uno lleno de preocupación - ¿Sucedió algo? ¿Necesitas ayuda? ¿Encontraste algo malo?... – e iba a seguir preguntando, pero una mano alzada de Susan le detuvo.

- Lucy y yo estamos bien – dijo Susan a modo tranquilizador – solo quería…saber cómo estaban ustedes – musito con un leve sonrojo en sus mejillas. Caspian suspiro aliviado.

- Estamos bien. Ramandu se encargó de que no nos falte nada – contó - Lilliandil vino a dejarnos todo lo necesario y nos invitó a pedir lo que nos faltara – explico Caspian – fue muy amable – dijo poniendo una sonrisa en sus labios. Muy a su pesar, Susan se obligó a si misma a sonreír de igual forma.

- Me alegra – contesto Susan.

El joven Rey se quedó observando a Susan. Le parecía curiosa la actitud de ella. Caminar todo ese largo trecho, desde el castillo hasta la playa y ¿solo para preguntar cómo estaban?...había algo más, de eso estaba seguro, pero no iba a presionarla.

Susan sintió la mirada de Caspian sobre ella, pero no fue capaz de corresponderle. De un momento a otro comenzó a sentirse tonta… es que ir en medio de la noche hasta la playa solo para hacer una estúpida pregunta….realmente era ridículo. ¿Qué estaba haciendo ella ahí? Ni ella misma lo sabía. Media hora antes había estado en el patio central del hermoso palacio de Ramandu, sentada a la orilla de una fuente pensando, pensando y volviendo a pensar en todas las cosas sucedidas hasta el momento… su primer impulso fue ir a ver a Caspian. El problema fue que en ningún momento pensó en que le diría cuando le encontrara…

- Hemos llegado lejos – comenzó a decir Susan – en este viaje… - Caspian asintió - ¿me pregunto dónde terminaremos? – dijo finalmente fijando su mirada en Caspian.

- No lo sé, pero me gustaría que tú… - dijo joven – …y tus hermanos – agrego rápidamente – se quedaran aquí un tiempo más.

La joven sonrió con algo de tristeza. Era lo que más deseaba ella.

- No creo que sea posible – contestó desviando su mirada hacia un punto indefinido en el mar.

- ¿Por qué? – pregunto Caspian con curiosidad, acercándose un poco más a ella.

- Siempre es así… nosotros venimos, ayudamos a Narnia y cuando ya no somos necesitados, debemos irnos – contesto Susan como si fuera la cosa más obvia del mundo.

El joven Rey no estaba para nada de acuerdo. Deseaba con todo su corazón cambiar ese pensamiento… deseaba que ella se diera cuanta de cuanto la quería y la necesitaba a su lado.

- Pero…tal vez si hablan con Aslan… - comenzó a decir el joven Rey – es posible que les permita quedarse un tiempo más… - dijo tomando sutilmente la mano de Susan – para nosotros sería un honor tenerlos aquí – tomando su otra mano, continuó – …y a mí me encantaría que tú, especialmente, te quedaras…conmigo – agrego casi en un susurro que no pasó desapercibido por Susan.

El corazón de la joven casi se salió de su propio pecho al escuchar las últimas palabras de Caspian. ¿Estaría soñando?...no…ni siquiera los sueños podían ser tan hermosos. Susan sintió una cálida sensación que comenzó en su pecho y se extendió hacia cada fibra de su ser. Se sentía realmente como en un bello sueño… sueño que de un momento a otro fue roto un millón de pedacitos al recordar las palabras de Lilliandil "él realmente necesita a alguien que se quede a su lado…"…"alguien que no le rompa el corazón..."

Rápidamente las lágrimas comenzaron a llenar los ojos de Susan, pero ella no dejo que se notara… o por lo menos lo intento.

- Yo… debo volver – dijo soltándose del agarre del joven rey – Lucy debe estarse preguntando donde estoy – agregó tratando de esbozar una sonrisa.

Caspian la miro contrariado. Susan ni siquiera le había mencionado algo sobre su propuesta… ¿significaría eso que ella no tiene interés de quedarse en Narnia? O más importante… ¿que ella no siente nada por él?

- Buenas noches – fue lo último que dijo Susan antes de volver al castillo dejando a un solitario y confundido Caspian en medio de la playa.

Al volver a la habitación, Susan notó que Lucy estaba ya dormida. Seguramente la menor de los Pevensie la había estado esperando por varios minutos, ya que dormía incómodamente apoyada en una silla. Susan se acercó a ella y tomándola en sus brazos, acción en la que hizo uso de todas sus fuerzas, la llevo hasta su cama para que descansara más cómoda.

Todos los sucesos del día la habían dejado exhausta, sobre todo la conversación con Lilliandil y la posterior charla con Caspian. Esa última, específicamente le había dejado una sensación agridulce en el pecho. Por una parte se sentía feliz ante la posibilidad de que Caspian sintiera algo por ella, pero por otra parte, las palabras de la estrella azul no dejaban de rondarle en la cabeza.

Susan exalo un largo suspiro. Era ya muy tarde y sinceramente estaba cansada… ya tendría tiempo al día siguiente para seguir son sus cavilaciones. La joven castaña, volviendo a su cama, se dispuso a acostarse, no sin antes darle la última mirada al majestuoso navío que divisaba desde el gran ventanal.

Sin embargo, de inmediato Susan notó algo fuera de lo normal. Una espeluznante nube negra y densa comenzó a tapar rápidamente el horizonte. Con curiosidad y algo de recelo se acercó al gran ventanal para observar mejor la escena. Vientos fuertemente soplando, niebla gris verdosa cubriendo el suelo y la nube comenzando a rodear toda la isla, pero curiosamente el castillo. ¿Tormenta? pensó…pero no había rastros de lluvia se contestó a si misma. Inesperadamente un fuerte trueno retumbo por toda la isla, seguido de rayos que alumbraron… o mas bien intentaron alumbrar. Resulto que la nube negra, que ya se había apostado por todo el borde de la isla, cubriendo al Viajero del Alba, era tan densa que ni los rayos podían iluminarla.

Otra seguidilla de truenos y rayos invadieron la isla por los siguientes minutos, despertando a Lucy.

- ¡¿QUÉ PASO?! – exclamó asustada la menor de los Pevensie.

- Calma - se acercó Susan – calma, todo esta bien…solo es – lo pensó por unos momentos – creo que solo es una tormenta – dijo finalmente.

Lucy suspiro aliviada, pero antes de poder decir alguna otra cosa má,s una asustada Lilliandil se apareció precipitadamente por la puerta de entrada.

- ¡Majestades! – exclamo – Siento interrumpirlas, pero mi padre necesita verlas ahora mismo – dijo con mucha urgencia– es muy importante.

En ese momento Susan supo que algo no andaba bien.

- ¿Qué sucede? – pregunto la joven de inmediato

- La oscuridad… ya llegado hasta aquí – contesto Lilliandil con claro temor en su voz.

Susan se levantó de inmediato y tomando sus armas, se dirigio a su hermana.

- Ve con Ramandu – ordeno - yo iré a ver a los chicos – dijo disponiéndose a salir de la habitación.

- ¡Si sales hacia allá, morirás! – exclamo Lilliandil tratando de impedir que Susan fuera sola a la playa.

- ¡Personas a las que amo mucho estan ahí! – exclamo Susan – Mis hermanos, Eustace... Caspian – agrego. Lilliandil no supo que responder ante eso. – Lucy ve con Ramandu y busquen la forma de disipar toda esa oscuridad – ordeno nuevamente Susan – Yo haré todo lo posible por encontrar a los chicos... y no te preocupes… estare bien – dijo esbozando una leve sonrisa para luego salir velozmente hacia el campamento en la playa.

En su apresurada carrera hacia la playa, Susan notó como todo repentinamente se volvió frío como el hielo. Eso le hizo recordar el frío invierno en el que una vez Narnia estuvo sometida, años atrás. La joven llevaba su arco y sus flechas, pero con esa negrura le era imposible distinguir nada. Ni siquiera había llegado a las afueras del pueblo cuando dejo de ver el camino por el cual iba, por lo que se puso a llamar a sus hermanos con la esperanza de no estar tan lejos y que la pudieran oír.

Por un momento la joven creyó estar cerca de encontrarlos. Ella sintió voces, algo asi como llamados o murmullos, pero tardíamente se dio cuenta que eran más bien lamentos y sollozos de desesperanza. Quiso alejarse, pero no había camino que seguir. Quiso también dejar de escuchar, pero cada murmullo comenzó a hacerse más y más fuerte hasta convertirse en gritos de horror y dolor, que le erizaron la piel y llenaron de temor.

Poco a poco sintió como los parpados comenzaron a cerrársele. Trató de resistirse, pero cada vez le costaba más mantenerse en pie. Con sus ojos semi abierto logró ver como una densa neblina verdosa comenzo a envolverla hasta el punto de asfixiarla. Ya al borde de la inconciencia, Susan creyó ver una imponente figura acercandosele , sin embargo antes de sentir cualquier otra cosa más, perdió el conocimiento definitivamente quedando inconciente.

Eustace estaba tranquilamente durmiendo cuando un fuerte trueno lo despertó. Al abrir sus ojos vio los cielos cubiertos con gruesas nubes negras, mientras que a su alrededor solo veía niebla. Lo que antes había sido una hermosa vista del catillo, ahora solo se veía como una difusa mancha a lo lejos. Esto turbo en gran manera al chico.

- ¡¿Qué es todo esto?! – exclamo alguien a su lado. Sin duda era el pequeño Ripichip que también se había despertado por los fuertes truenos y el frío abrumador que comenzó a sentirse. Sin perder tiempo, el pequeño espadachín se subió sobre Eustace, y este emprendió vuelo para ver desde el cielo lo que acontecía.

- ¡Eustace, mira! – indicó Ripichip. Con horror y asombro vieron como la niebla se condensaba para formar distintas cosas aterradoras y grotescas. Serpientes de tres cabezas, gigantes de un ojo, centauros enfurecidos, fantasmas infernales, entre otras apariciones. Era como un desfile del terror… como si el miedo de todos se estuviera reflejando en esa mancha negra. No paso mucho tiempo para que los gritos de pánico comenzaran a oírse.

Eustace se llenó de miedo y comenzó a volar hacia el castillo, que desde su posición aérea le era posible ver aun, cosa que no sucedía a nivel de suelo. Sin embargo, una figura apareció de repente entre la espesura de la niebla… una figura sumamente familiar… pero la niebla y la noche no le dejaban identificarle del todo, más las palabras de Ripichip cambiaron todo eso.

- ¡Creo que es la Reina Susan! – el pequeño ratón. Eustace dudo por unos momentos, decidiendo si era o no su prima, no obstante la convicción de su amigo peludo le hicieron bajar finalmente al lugar indicado por este.

Inteligentemente, el chico logro esparcir algo de la niebla con sus alas para buscar a su prima, hasta que por fin dio con su objetivo. Con sus garras logró justo a tiempo atrapar el cuerpo de Susan, antes de que la gran oscuridad la envolviera primero.

Con ella entre sus garras, salió volando directo al castillo que de un momento a otro comenzó a brillar de forma incandescente y de inmediato notó como a medida que se fue acercando a este, la oscuridad dejo de seguirlo e incluso comenzó a replegarse.

Al mirar al frente vio a Ramandu en una de las torres más altas del castillo con sus brazos extendidos emanando una gran luz de su propio cuerpo que se traspasaba a cada uno de los rincones del castillo.

- La luz que emana de la Estrella Mayor impide que la oscuridad nos toque – dijo asombrado Ripichip, mientras observaba a su alrededor.

El chico dragón bajo lentamente en uno de los iluminados patios del catillo y fue recibido de inmediato por Lilliandil y Lucy.

- ¡SUSAN! – exclamo Lucy en cuanto vio a su hermana mayor.

Eustace deposito el cuerpo de Susan suavemente el suelo y se apartó un poco para dejar que Lucy se le acercara.

- Su…por favor Su, contéstame – suplico Lucy entre lágrimas, arrodillada a su lado.

- Esta desmayada – dijo Lilliandil tan solo mirando a Susan – estuvo demasiado tiempo en esa niebla oscura. Pero se pondrá bien.

- Pero… mis hermanos ¿Qué pasará con ellos? – preguntó Lucy sumamente afligida por su familia.

- Solo Aslan sabe que es lo que sucederá con ellos – dijo Ramandu, acercándose por la entrada principal – tus hermanos, el Rey Caspian y toda la tripulación del Viajero del Alba son ahora parte de la isla oscura.


Gracias a todos por leer ^^

Como veran, las cosas entre Caspian y Susan no estan del todo bien, pero el chico es persistente, coniemoes en q lograra algo, pero la q tmb es persistente es Lilliandil (no me odien!). Chan chan chan... q les parecio? algun comentario o sugerencia, duda o critica? todas a reviews ^^

Bien, el motivo de mi demora fue la falta de imaginacion q me llego de repente. Estaba super bien con mis ideas claras y de la nada..plop! ya no habian ideas, tons a ultima hora comienzan a ocurrirseme un monton de cosas y resulto que no tenia tiempo para escribirlas y aaaa...fue dificil este cap..pero de verdad espero q les guste...si hasta lo hice más largo...un capitulo XXXL jeje (mas de 6000 palabras segun mi word). Ahora tiempo de contestar reviews!

crepusculera124: gracias linda, por tenerme paciencia y que bueno q te guste mi historia. Saludos tmb para ti ^^

lupita1797: gracias a ti querida por leerlo! cariños!

mariposa88: disculpame por hacerte esperar todo ese dia (T.T) pero me alegra que aun asi te haya gustado ese cap, tmb espero q este te guste, saludos!

ruth ra 98: Hola, me alegra que te haya gustado ^

serena1614: querida yo tmb la odio y no sabes como (me dejo traumatizada la pelicula T.T y de ahi q jure q algun dia escribiria un fic para volcar todo mi odio y ademas reencontrar a Susan con Caspian) Espero q no termines odiandome a mi por este cap XD. Saludos y cariños!

Viky16melendez: Hola, gracias linda, por gente como tu me gusta ser atenta ^

sporusnote: no conozco mucha gente a la q le caiga bien Lilliandil ciertamente XD. Gracias por leer mi fanfic. Saludos!

Y a todos ustedes, mis queridos lectores ninjas, q pasan sin dejar ningun rastro (y q solo se q estan ahi x el contador de visitas) muchas gracias tambien por seguir leyendo mi historia, muchos cariños para todos ustedes.

ATTE

VEDDARTHA