HOLAS! QUE EMOCION! LLEGAMOS AL ULTIMO CAP! AAHH!
XD estoy algo emocionada, lo sé. Siento la demora, pero estoy casi segura que esta vez demore menos que con el anterior cap. Aun asi, pido disculpas por mi tardanza y les doy las gracias por su gran paciencia ^^
Bueno, como ya sabes, todos los comentarios al respecto del cap, junto con los saludos los dejare mas abajo, asi q por ahora no les distraigo mas.
A LEER!
Capítulo XI – El Último Viaje
Temprano en la mañana, el Viajero del Alba estaba listo para zarpar. El itinerario era sencillo. Aslan les dio las indicaciones para llegar hasta el lugar más apartado del mar Oriental, que estaba a tan solo tres días de navegación. El majestuoso león les hizo saber que allí les estaría esperando.
- Creí que haríamos este último viaje con Aslan – musito Edmund con algo de tristeza al saber que Aslan ya no estaba en la isla de Ranamdu al día siguiente. El chico junto a dos de sus hermanos y Eustace se encontraba en una de las habitaciones del castillo de la Estrella Mayor.
- Tal vez quiso dejarnos disfrutar solos de este último viaje – respondió Peter, sentado en una cómoda butaca junto a la ventana frente a una hermosa vista hacia el mar. Desde su posición veía claramente al Viajero del Alba, la esplendorosa nave que les había llevado a su gran aventura en esta oportunidad.
- ¿Qué creen que encontraremos allá? – preguntó Eustace tendido en una de las camas de la habitación.
- Ripichip me dijo que en el confín de esta tierra, hacía el Este, se encuentra la Nación de Aslan – contestó Lucy que se hallaba observando, como Peter, el bello mar que se extendía por la ventana, junto a la esplendorosa silueta del barco narniano.
- ¿De verdad crees que llegaremos a ese lugar? – preguntó Edmund intrigado y algo incrédulo.
- Nada es más grande que un poco de fe, Majestad – dijo una conocida voz desde la puerta.
- ¡Rip! – exclamaron los chicos.
- Majestades, disculpen mi intromisión, pero vengo a informarles que el Viajero del Alba está listo para zarpar – dijo el pequeño ratón con mucho respeto.
- Eso quiere decir que ya es hora de despedirnos – murmuro Peter dejando escapa un suspiro de sus labios.
- ¿De verdad tiene que ser tan pronto? – pregunto la menor de los Pevensie evidentemente triste acurrucándose en los brazos de su hermano mayor.
- Lo siento - contesto Peter pasando una mano cariñosamente por su cabeza – sabíamos que este momento llegaría tarde o temprano – agregó.
- Personalmente hubiese preferido que fuera más tarde que temprano – comentó Edmund uniéndose al sentir de su hermana.
- Pensemos positivamente – intervino Eustace – por lo menos tenemos estos últimos tres días para disfrutar del viaje - dijo el pequeño – eso es mucho mejor que nada.
Sus primos tuvieron que darle la razón al chico. Definitivamente tres días era mucho mejor que nada. Sin embargo, la verdad era que nadie quería volver tan pronto a su hogar, porque sabían que esta sería su última vez en Narnia. Tan solo Eustace guardaba la esperanza de volver.
- ¡Más te vale que cuando vuelvas ayudes realmente a Narnia, porque te juro que si haces lo contrario...! – amenazó Edmund, acercándose a su primo, con un puño alzado. La primera reacción del pequeño fue salir corriendo y esconderse tras Peter, más la sonrisa de sus otros primos le indico que no había motivo para alarmarse.
- Sabemos que lo harás bien – indicó Lucy abrazando cariñosamente a Eustace, provocando un leve sonrojo en este.
- Bien, entonces debemos irnos – concluyo el mayor de los Pevensie levantándose de la butaca. No obstante, al dar una rápida mirada por la habitación, noto que algo estaba faltando.
- Chicos... – los llamó - ¿Alguno sabe en dónde esta Susan?
Los presentes le miraron y acto seguido se miraron entre ellos. Cada uno había estado tan absorto en sus propios pensamientos que no se habían percatado en la ausencia de la joven castaña.
- Debe estar en alguna parte del castillo – dijo Lucy – despidiéndose de Narnia a su manera – musito.
- Majestad, me ofrezco a buscarla si lo desea – sugirió el ratón.
- Gracias Rip. Buscala y dile que la estaremos esperando a las puertas del castillo para ir todos juntos al puerto – ordenó Peter.
Ripichip asintió. Luego de esto, el pequeño ratón salió raudamente por el castillo a buscar a Susan.
...
En otra parte del castillo, dos jóvenes caminaban lentamente sin rumbo fijo, conversando entre ellas.
- Me da mucha tristeza que tú y tus hermanos deban volver tan pronto – musito Lilliandil caminando junto a Susan por los pacíficos pasillos del castillo.
- Créeme que a mí también – contestó Susan con un suspiro lleno de tristeza.
Ambas se quedaron en silencio. Lilliandil no estaba segura de qué decir en un momento así, mientras que Susan se mantenía con sus pensamientos girando en torno a los acontecimientos sucedidos la noche anterior, desde entonces que no podía quitarse de la cabeza las últimas palabras que Caspian le había dicho...
La joven dio otro largo suspiro. Claramente, Caspian era parte del destino de alguien más, pensó amargamente Susan, dándose cuenta que tal vez ese "alguien" estaba justo parado al lado de ella.
- Tal vez... – comenzó a decir la castaña – después de todo... Caspian si sea el Rey que estabas esperando – dijo Susan de repente, tomando a Lilliandil tan de sorpresa que ni siquiera pudo responder.
- Quiero decir... yo no volveré nunca más... él lo sabe, por lo que... – continuó la joven – tal vez si pasan más tiempo juntos... él acabe enamorándose de ti.
Lilliandil se quedó mirando fijamente a Susan, con los ojos muy abiertos y la quijada casi en el suelo de la impresión.
- Susan... no creo que Caspian pueda un día olvidarte – dijo mirando fijamente a su interlocutora – y créeme que me duele decirlo, porque admito que Caspian me atrae en cierta forma – agrego con una sonrisa juguetona – pero la verdad es que el amor que hay entre ustedes... es más grande de lo que nunca he visto en este mundo.
Susan se conmovió profundamente ante esas palabras.
- Gracias – logró contestar tratando de no romper a llorar nuevamente. Ya con la noche anterior había tenido suficiente.
Susan se había pasado la noche en vela haciéndose a la idea de que era su última vez en Narnia... de que no volvería a ver ese hermoso país, ni a sus queridos amigos, ni al majestuoso Aslan... y por supuesto... al amor de su vida. La pobre joven se había quedado sin lágrimas de tanto llorar, recriminándose mentalmente por su cobardía al no decirle lo que realmente sentía a Caspian, al no confesarle sus sentimientos.
Susan suspiró por enésima vez en esa mañana. Justo en ese momento, una conocida y pequeña silueta se acercó a ellas.
- Majestad, vengo a informarle que ya está todo preparado para el viaje – informó Ripichip.
- ¿Tan pronto? – preguntó Susan con algo de sorpresa y tristeza mezclada.
- Lo siento, pero el Rey Caspian me ha pedido que venga a avisarles – respondió Ripichip.
Susan sintió que su corazón saltaba dentro de su pecho tan solo a la mención de ese nombre.
- Si ya están listos, entonces será mejor que llame a mi padre – dijo Lilliandil – de seguro el querrá despedirlos también.
Luego de estas palabras la joven estrella se alejó por el pasillo con rumbo a la planta alta en busca de Ramandu dejando solos a Susan y Ripichip, los que sin perder más tiempo fueron a reunirse con Peter, Lucy, Edmund y Eustace, que los esperaban en la entrada del castillo.
...
El cielo estaba de un color celeste resplandeciente adornado de un potente sol que les indicaba a todos los tripulantes de Viajero del Alba que los tiempos malos ya habían pasado. Desde muy temprano en la mañana se encontraban trabajando para tener listo al navío y así poder partir lo más pronto posible.
Caspian se encontraba en la alcoba principal, cuando unos ruidos en la puerta interrumpieron sus pensamientos.
- Majestad – se oyó del otro lado de la puerta.
- Adelante Dridian – ordenó Caspian.
Al entrar, el hombre notó que su Rey estaba sentado de espaldas a la puerta, frente al gran ventanal.
- ¿Está todo listo para zarpar? – preguntó el joven Rey poniéndose en pie para ponerse frente a Dridian.
- Si, Alteza – contestó el capitán – los Reyes de antaño ya vienen en camino – agrego.
Caspian asintió seriamente. Algo en su expresión le hizo saber a Dridian que no había pasado una buena noche.
- Bien... puedes retirarte – dijo el chico para volver a su lugar frente a la ventana – y avísame en cuanto lleguen los Pevensie.
- Así lo hare, majestad, con su permiso – dijo el hombre para luego salir por la puerta del camarote dejando al Rey nuevamente solo con sus pensamientos.
El joven se había pasado la noche en vela pensando en cada acontecimiento. En sus años de Rey jamás se había sentido tan impotente como en ese minuto. Deseaba con desesperación poder encontrar alguna forma para hacer que Susan se quedara con él y durante la noche distintas locas ideas habían pasado por su cabeza. Desde secuestrarla y llevársela de vuelta a Narnia, hasta casarse con ella en secreto e impedir que vuelva de esa forma a su mundo... pero ninguna de esas cosas podía hacer si no tenía certeza del amor de Susan.
Ella no había sido capaz de contestarle una simple pregunta... una insignificante pregunta que había dejado completamente destrozado el corazón a Caspian.
- Tal vez... después de todo... tú no estés destinada a mí – murmuro Caspian tristemente mientras fijaba su mirada nuevamente en el basto mar que se extendía alrededor del barco, sin poder evitar que una solitaria lágrima cayera por su mejilla.
Unos nuevos golpes en la puerta le interrumpieron nuevamente.
- Majestad – era Dridian – la familia Real se acerca, junto a la Estrella Mayor y su hija.
Caspian suspiro largamente. Ya era hora de comenzar con las despedidas, pensó sin mucho ánimo.
- Iré enseguida – dijo el joven Rey.
Dicho esto, Caspian escucho los pasos de Dridian alejándose por el pasillo. Con extrema lentitud el Rey se levantó de su asiento nuevamente y luego de otro largo suspiro, salió de la habitación con rumbo a cubierta. Al llegar, se encontró con que todos los moradores de la isla de Ramandu estaban apostados en el puerto despidiendo muy cordialmente a cada tripulante del barco.
- Ustedes nos han salvado – dijo una joven elfina.
- ¡Trajeron la luz nuevamente a esta isla! – exclamó un fauno.
- Muchas gracias porque mi familia ha vuelto conmigo – dijo un cíclope. Y así, diversas criaturas expresaron sus agradecimientos.
- Le han hecho un gran bien a esta isla – les dijo Ramandu amistosamente y con un fraternal abrazo se despidió de cada uno de los Pevensie y de Eustace.
- Y a ti, mi joven Rey – dijo dirigiéndose a Caspian – eres completamente bienvenido para cuando quieras regresar.
- ¿Volverás a esta isla antes de regresar a Narnia? – preguntó Lilliandil acercándose tímidamente a Caspian, el que cortésmente sonrió y asintió.
Lilliandil se sintió extremadamente feliz, al punto de darle un fuerte abrazo a Caspian, algo que tomó completamente desprevenido a Caspian y sorprendió a todos los presentes, por supuesto, a Susan entre ellos, que se quedó observándolos, indignada, sin poderse creer lo que veía.
Después de todas las despedidas, los hermanos Pevensie, Eustace, Caspian y su tripulación narniana subió al barco para finalmente zarpar. El joven Rey, una vez arriba no pudo evitar dirigir su mirada hacia Susan, no obstante fue completamente ignorado por ella, la que decidió dirigirse a otra parte del barco.
Caspian solo suspiro y volvió su vista hacia el horizonte.
- Dridian, nos dirigimos al Este en rumbo fijo – indicó. El capitán del navío, asintió, para luego dar las ordenes correspondientes a la tripulación. El Viajero del Alba tomó rumbo hacia el extremo más alejado del mar Oriental, al país de Aslan. Según las indicaciones de este, después de tres días debían ser capaces de llegar hasta aquel lugar.
- ¿Y si nos topamos con otra isla en el camino? – preguntó Eustace por enésima vez - ¿Cómo sabremos que no es la que buscamos?
- Ya te lo explique, Eustace – respondió Ripichip con algo de cansancio – en esta parte de Narnia, ya no se encuentra nada más.
El chico asintió. Habían pasado dos días de viaje y además de criaturas marinas de todo tipo, no habían visto nada más, por lo menos nada parecido una isla. Los hermanos Pevensie habían tratado de aprovechar al máximo ese tiempo. Descansaron, rieron, comieron, jugaron e incluso Susan dio su aprobación para una última justa de espadas en la que participaron todos, ¡hasta Eustace! Quien demostró haber aprendido muchas cosas en esos meses.
- Al parecer haberte convertido en dragón te sirvió de mucho, ¿no? – preguntó Edmund en medio de un enfrentamiento con Eustace, al ver que el chico se movía mejor de lo que esperaba.
- Realmente Rip fue el que me enseñó a utilizar una espada – contestó el pequeño con una sonrisa en su rostro – y sobre lo de ser dragón... bueno... supongo que si aprendí mucho como dragón también.
Sus primos se alegraron al escuchar esas palabras de Eustace. ¡Sin duda el chico había aprendido! Ya no era caprichoso, mi malcriado, ni egoísta, ni miedoso... sino todo lo contrario. Eustace había madurado, se había vuelto valiente y su corazón se había llenado de bondad. Además, ahora contaba con muchos amigos y personas que incluso le admiraban.
- Te has vuelto una mejor persona, mi querido Eustace – dijo Susan pasando una mano por el rubio cabello del chico, alborotándolo un poco.
Todos se divirtieron en gran manera ese día. Durante esa misma noche, al ser esa la última de los Pevensie y su primo en Narnia, Caspian dio la orden de festejar un banquete en el Viajero del Alba.
- Gracias por todo Caspian – le dijo Peter amistosamente al joven Rey en medio del festejo.
- Todo lo contrario – respondió Caspian – ustedes me han sido de gran ayuda y no solo ahora. De verdad aprecio todo lo que por mí han hecho – agradeció el joven estirando su mano hacia Peter, el que la estrecho de inmediato.
- ¡Chicos, aun no es tiempo de despedidas! – exclamó Lucy, llegando al lado de ellos y sin consultar, tomó la mano de su hermano y lo llevo al centro de cubierta para bailar con él, a pesar de las protestas de este.
La música era alegre y divertida, sin duda invitaba a todos a pasarlo muy bien. Sin embargo y por mucho que lo intentara, Susan no lograba conectarse con ese ambiente festivo. Su mente no la dejaba tranquila... no dejaba de pensar en ese joven Rey que tenía en frente y a quien ya no volvería a ver más. Además no conseguía sacarse esa imagen de Lilliandil abrazándolo... es que realmente ese pequeño gesto le había dolido profundamente.
Tan solo de pensar en la posibilidad de que Caspian pudiese estar con otra mujer hacía que Susan quisiese tirarse por la borda. Pero... realmente él se merecía ser feliz... feliz con alguien que pudiese estar a su lado... alguien como Lilliandil, pensó Susan amargamente.
- ¡Susan! – escucho de repente que la llamaban - ¡Ven a bailar con nosotros! – era su pequeña hermana que desde el centro del barco, la invitaba a bailar. Peter, Edmund y Eustace se encontraban allí, algo incomodos, pero igualmente felices. Susan sonrió. Puede que nunca más en su vida volviese a encontrar a un hombre como Caspian, pero siempre tendría a su familia para apoyarla.
Sin dudarlo por más tiempo, Susan se acercó con una gran sonrisa en su rostro para tratar de aprovechar al máximo ese poco tiempo que le quedaba en Narnia, por lo que junto a sus hermanos disfruto por el resto de la velada hasta que, a muy altas horas de la noche, finalmente se fue a dormir junto a su hermana menor a la alcoba principal.
Lucy, inmediatamente al llegar, se acostó a dormir profundamente, más a Susan le costó un poco más conciliar el sueño. Una parte de ella quería salir de la habitación y buscar a Caspian... charlar a solas con él una última vez, sin embargo el recuerdo de su última vez juntos hizo que todas esas ganas desaparecieran de inmediato. Pocos minutos después Susan se encontró en el tranquilo mundo de los sueños, sin enterarse que afuera de la habitación, un joven de tez morena tuvo el mismo deseo de ella en tener una última conversación juntos. No obstante, aquel mismo pensamiento que cruzó por la mente de Susan, cruzó también por su mente.
Con un suspiro de resignación, Caspian se dio la media vuelta y volvió a los cuartos inferiores. Necesitaba desesperadamente descansar y olvidarse por unos momentos de la triste realidad... su triste realidad.
...
Muy temprano a la mañana siguiente el vigilante diviso algo que nunca en su vida creyó ver. Era tierra, pero no cualquier tierra, sino que una de la que se alzaba una gran cascada desde el suelo hacia muy alto en el cielo.
- Esto rompe con todas las leyes de la física – murmuro Eustace boquiabierto al ver aquel lugar.
- ¡Aquí es! – exclamo Ripichip con júbilo - ¡Hemos llegado!
El panorama era más precioso de lo que alguna vez imaginaron. El mar estaba cubierto de bellos nenúfares blancos, formando una delgada capa sobre el océano y más adelante, se encontraba una vasta extensión horizontal de arena, en cuyo fondo se hallaba aquella enorme cascada invertida que se levantaba como una imponente pared sobrenatural que se expandía hacia cada extremo de la isla. Es más, aquel paisaje parecía la puerta a un mundo aun más magnifico que la misma Narnia.
- ¡Detrás de esas aguas... se encuéntrala Nación del magnífico Aslan! – exclamó Ripichip aun más asombrado, parado en la punta del barco.
- ¿Cómo lo sabes? – preguntó Lucy muy intrigada.
- Porque... allá – dijo extendiendo su mano – lo veo.
Los chicos dirigieron su mirada hacia la cascada. Al comienzo no observaron nada más que agua, hasta que al llegar al punto más alto de esta, lograron ver la cima de montañas llenas de vegetación de todo tipo, bajo un cielo resplandeciente.
- Es... hermoso – murmuro Peter conmovido por la belleza de aquel país.
Los hermanos Pevensie, junto a Eustace y toda la tripulación del Viajero del Alba estaban tan absortos mirando aquel paisaje que ni siquiera notaron como el barco fue mágicamente guiado hasta un pequeño puerto, en donde una conocida figura les esperaba. Susan fue la primera en darse cuenta. ¡Era Aslan! El majestuoso león sonrió cordialmente al notar que la joven le observaba.
Una vez en el puerto, tan solo los Pevensie, Eustace y Caspian bajaron a reunirse con Aslan, quien les recibió con una gran sonrisa.
- Me hacen sentir muy orgulloso queridos míos, han hecho todo muy bien, pero como ya les mencione antes, es tiempo de regresar – dijo pausadamente con su profunda voz, dirigiéndose a los cuatro hermanos y su primo – y tú, mi estimado, Caspian, haz hecho un buen trabajo.
- Solo busco ser un mejor Rey para Narnia – respondió Caspian con humildad.
- Ya lo eres, hijo, ya lo eres – dijo Aslan cordialmente.
El majestuoso león se disponía a hablar nuevamente, cuando un suave carraspeo lo detuvo. De entre los chicos apareció un tímido Ripichip y con suma reverencia se arrodillo frente a Aslan.
- Eminencia – comenzó a decir – desde que tengo memoria siempre soñé con visitar su nación. He tenido muchas grandes aventuras en este mundo, pero nada que calme ese deseo – dijo con mucho respeto - sé que no soy digno, pero con su permiso entregaré ahora mi espada por la dicha de ver su nación... con mis propios ojos.
- Mi nación fue creada para nobles corazones como el tuyo – contestó Aslan – no importa que tan pequeño sea su portador.
- ¡Majestad...! – exclamó el pequeño ratón con alegría.
- Nadie lo merece más que tú, Rip – afirmó Peter siendo corroborado por el resto. No obstante, Eustace fue el único en quedarse callado. Ripichip, al notarlo, llamó al chico con un gesto para que se acercara a él.
- No llores, Eustace – le dijo pasando una de sus pequeñas manos por el brazo del chico.
- No lo entiendo... – sollozo Eustace - ¿No te veré nunca... jamás? – preguntó muy apenado.
- Que magnifico enigma eres – murmuro el ratón con cariño – Querido Eustace, fue para mí un honor pelear al lado de tan bravo guerrero... y un gran amigo.
Luego de estas sencillas palabras, Ripichip hizo una pequeña reverencia más, a modo de despedida, para finalmente irse corriendo en dirección a la cascada invertida, la que mágicamente se abrió al paso del valiente ratón, dejándole entrada al precioso país de Aslan.
- Gracias por todo – Caspian fue el primero en hablar, después de la partida de Ripichip – sin ustedes no habría conseguido terminar con esta misión – agradeció sinceramente el joven Rey.
- Gracias a ti, por esta aventura – dijo Peter estrechando su mano con la de Caspian y dándole un fuerte abrazo.
- ¡Fue genial volver a Narnia y encontrarte! – exclamó Edmund abrazando, también al Rey narniano, una vez Peter se hubo apartado. Para luego dar espacio a Lucy, la que se aferró fuertemente al cuello del chico, causando algunas risas de parte de este.
- ¡Te extrañaremos mucho! – le dijo Lucy con lágrimas en sus ojos.
Y finalmente solo quedaba Susan. Ambos chicos se quedaron mirando fijamente sin saber cómo actuar... es que ¿Qué decir en un momento así?... cuando sabes que jamás volverás a ver a la persona que más amas en el mundo...
- Que... que tengas una buena vida – consiguió decir Susan en apenas un murmullo, luego de varios segundos luchando con el nudo que se había formado en su garganta y la fuerte amenaza de romper a llorar en cualquier momento.
- Gracias... tú igual – fue la breve respuesta de Caspian. El pobre chico no se sentía mejor que Susan. Su corazón palpitaba con más fuerza de la que creía poder resistir y sentía que en cualquier momento iba a explotar. El joven Rey, deseaba con todo su corazón creer que todo era un sueño o más bien una horrible pesadilla, sin embargo la parte racional de su cabeza sabía perfectamente que ese era el adiós final.
Susan, sin más que decir, se dio la media vuelta para volver junto a sus hermanos, más algo la detuvo y la impulso de vuelta. Antes de que la joven pudiese protestar unos fuertes brazos la envolvieron por completo.
- Te amo – susurró Caspian al oído de la joven – y aunque no sientas lo mismo... no me importa – dijo el chico con apenas un hilo de voz, dejando a Susan paralizada - te amaré por siempre.
Luego de estas palabras, Caspian soltó a Susan y se volvió hacia el Viajero del Alba. Una vez a bordo, dedicó unas últimas palabras a todos.
- Son lo más cercano que tengo a una familia – dijo mirando a cada uno de los chicos – Narnia no los olvidará y yo tampoco.
Finalmente, el barco zarpo de puerto, dejando atrás al país de Aslan, frente a las entristecidas miradas de los chicos, y sobre todo de Susan.
- Querida, ¿sucede algo? – preguntó Aslan a Susan en un suave susurro, mientras observaba, junto a ella y el resto, como lentamente se alejaba el majestuoso barco narniano, el Viajero del Alba, de vuelta a Narnia.
La joven negó rápidamente con la cabeza, tratando de disimular al máximo sus lágrimas. El león no quedó convencido, pero aun así asintió.
- Síganme, niños – dijo.
-Aslan – habló Lucy caminando al lado de Aslan - ¿Nos visitaras en nuestro mundo?
- Yo los protegeré ahí – contestó Aslan – en todo momento.
- Pero... ¿cómo? – preguntó Edmund.
- En su mundo tengo otro nombre – contestó el león nuevamente – tendrán que aprender a conocerme por el. Esa fue la verdadera razón para que ustedes vinieran a Narnia: para que conociéndome un poco aquí, pudieran conocerme mejor allá, para así poder llegar a mi mundo... desde el suyo y un día nos volvamos a reencontrar.
- ¿Eso quiere decir hay una forma de llegar a ti, desde nuestro mundo? – preguntó Edmund asombrado - ¿Cómo?
- Eso, mi querido Rey Edmund, tendrán que descubrirlo ustedes mismo – explico Aslan con una gran sonrisa. Una vez frente a la cascada, con un rugido ensordecedor, el león abrió un portal a través del agua.
- Esta es la entrada a su mundo, queridos – les dijo – y el termino de esta aventura.
Todos los chicos asintieron, menos Susan, que se encontraba ajena a todo a su alrededor, manteniendo todos sus sentidos concentrados en la silueta del barco narniano que poco a poco se perdía en el horizonte.
- ¿Susan?... – llamó Peter, pero ella no contestó. Los chicos se miraron entre ellos algo confundidos, sin saber muy bien que hacer o cómo actuar, hasta que Lucy acercándose a su hermana, volvió a llamarla.
- ¡Lo siento! – dijo cuando finalmente se percató que todos la estaban mirando – solo estaba algo distraída... – se disculpó algo avergonzada, tratando de ocultar unas escurridizas lágrimas que cayeron por su mejilla.
Sus tres hermanos se sintieron sumamente impotentes ante la angustia de Susan. Ellos conocían el motivo de aquellas lágrimas... y sabían perfectamente que no solo eran por despedirse de Narnia.
- Creo que es hora – musito Susan con una voz cargada de melancolía, más su hermano mayor la interrumpió.
- No – dijo firmemente. Su hermana le observó sin comprender su actuar.
- Nosotros estamos listos... pero tú no - explicó el chico rubio. – Aslan... – comenzó a decir - Susan no puede volver con nosotros...
- ¡¿Qué?! – exclamó Susan sin poderse creer las palabras de su hermano - - ¡Estás loco!
- Su lugar está aquí, en Narnia... – continuo Peter hablándole a Aslan, ignorando las palabras de su hermana.
- ¡Peter! – exclamó Susan nuevamente.
- Aslan, el corazón de Susan es de Narnia... más bien, de un narniano – dijo por sobre las palabras de su hermana – Ella no puede venir con nosotros... ¡No puedes dejar que eso suceda, por favor! – suplicó el chico, dejándolos a todos muy sorprendidos.
- Siento decirlo, pero esa decisión no es tuya, Rey Peter – dijo Aslan pausadamente – Susan, ¿es cierto lo que tú hermano me dice?
Susan sintió que todo su cuerpo se tensaba ante la presión de aquella pregunta.
- Si...- logró decir la joven, segura de lo que sentía, pero aun así algo nerviosa.
Aslan asintió.
- Caspian es un hombre afortunado – dijo mostrando una amable sonrisa – Sin embargo, si tu decisión es quedarte con él, jamás volverás a tu mundo... eso implica que no veras nuevamente a tus hermanos y a tus padres.
Esas palabras dieron duro en el corazón de Susan. ¿No volverlos a ver nunca más? Y además ¿Qué pasaría si sus hermanos volvían y sin ella? ¿Cómo lo explicarían?...
- Un día – dijo Lucy de repente – Aslan dijo que un día nos veríamos de nuevo y que de nuestro mundo, podíamos llegar a su Nación.
Susan la miró sin comprender.
- ¿No lo entiendes? – cuestionó la menor de los Pevensie – no nos volveremos a ver en nuestro mundo... pero un día...
- Nos encontraremos todos en la Nación de Aslan – terminó Susan por ella.
Todos sonrieron de alegría con esas palabras. Esa había sido la promesa de Aslan, volverse a encontrar en su Nación algún día. Tal vez no sería ni al día siguiente, ni al subsiguiente... pero un día... un día volverían a estar todos juntos nuevamente.
Ambas hermanas se abrazaron con alegría.
- ¡Oh, Susan! ¡Te quiero mucho, hermana! – exclamó Lucy muy emocionada.
- Yo también, linda – contestó Susan con lágrimas en sus ojos – siempre serás mi pequeña hermanita.
- ¡Te voy a extrañar mucho! – exclamó Edmund, acercándose a su hermana para estrecharla en otro abrazo – sobre todo voy a extrañar tus regaños – dijo divertidamente causando risas en su hermana.
-Susan... – comenzó Peter. El chico se sentía muy conmovido por toda la situación – yo... – no obstante, un fuerte abrazo de su hermana lo dejó mudo.
- Gracias... por todo – susurro a su oído, ganándose una bella sonrisa de su hermano el que la abrazó aun más fuerte.
- Se feliz con el hombre que amas, mi querida hermana – le dijo, con mucha sinceridad.
Finalmente, solo quedaba Eustace por despedirse. El pequeño se encontraba algo apartado del grupo, con la cabeza inclinada hacia el suelo. Susan se aceró a él lentamente.
- Eustace – lo llamó. El chico no contestó, pero un gran sollozo se escuchó de su parte - ¡Querido Eustace! – exclamó envolviéndolo en un tierno abrazo - ¡No estés triste!
El pequeño solo atinó a mirarla, tratando de serenar su respiración.
- Nos volveremos a ver – murmuro Susan amablemente.
- ¿Lo prometes? – pidió el chico.
- Te lo prometo – afirmó ella dándole un tierno beso en la mejilla a su primo.
Después de una ronda más de abrazos y despedidas, finalmente Aslan se abrió paso entre los chicos y posándose a unos metros de la cascada invertida dio un fuerte rugido que se escuchó a kilómetros de distancia, el cual abrió un portal en el agua.
- Este es su camino, mis queridos niños – indicó Aslan.
Uno a uno, los chicos fueron pasando por el portal, hasta perderse completamente tras la cortina de agua, por la cual dieron su última despedida a Susan y Aslan.
- ¿Bien querida, estas lista para esta nueva aventura? – preguntó el león con seriedad, luego de ver cerrado el portal.
- Si – contestó ella firmemente, aunque su corazón se mantenían algunas dudas aún.
- ¿Hay algo más que necesites saber? – preguntó nuevamente Aslan, al notar el titubeo de la joven.
- Yo... bueno... solo quería saber qué pasará con mis padres – dijo luego de unos segundos de meditarlo - ¿Ellos olvidarán que alguna vez existí?
- No querida – respondió el majestuoso león con una sonrisa en su felino rostro - tus padres siempre te tendrán en su memoria, pero... las cosas serán algo distintas para ellos.
Ella sintió. Confiaba en las palabras de Aslan, por lo que no preguntó más sobre el tema.
- Y una cosa más... – agrego Susan, antes que Aslan abriera otro portal - ¿Cómo puedo pagarte todo lo que has hecho por mí?
Aslan sonrió
- Se una buena Reina, sabia y bondadosa, junto a tu Rey – contestó – ese será el mejor pago que podrás ofrecerme.
Dichas estas palabras, el león mandó un cálido aliento hacia la cascada, de la cual se abrió un nuevo portal. Susan no necesitó saber más... ese era su camino. Con valor y determinación, la joven se adentró en las aguas, no sin antes darle una última despedida a Aslan, para luego perderse entre el resplandor de la luz de fondo.
...
Caspian dio órdenes directas de alejarse lo más pronto de la isla de Aslan. Sentía mucha rabia consigo mismo por no haber hecho nada al momento de la partida de la que seguramente iba a ser la única mujer que en su vida iba a amar.
- Majestad... – llamó Dridian – ¿volvemos a la isla de Ramandu?
- No – respondió Caspian seriamente.
- Pero...Majestad, usted prometió a la joven Lilliandil que volveríamos – dijo Dridian tratando de no provocar a su Rey, al notar que este no estaba de buen ánimo.
- Quiero llegar a Narnia, Dridian – explico Caspian luego de un largo suspiro – quiero olvidarme de este viaje y de todo lo acontecido. Quiero borrar de mi memoria todo lo que ha pasado, quiero olvidarla a ella... – terminó diciendo casi en un hilo de voz – lo siento... eso no tenías que escuchar eso.
- Descuide, Rey Caspian – dijo Dridian evitando referirse al tema nuevamente. – Volveremos directamente a Narnia como me lo ha ordenado.
Dichas estas palabras, dejó a Caspian en uno de los costados del barco, solo con sus pensamientos. No obstante su paz y quietud no duraron por mucho tiempo, debido a un fuerte portazo que se oyó a sus espaldas. El joven Rey con mucho enfado se dio la vuelta, dispuesto a castigar a quien le hubiese interrumpido... mas lo que encontró lo dejó completamente paralizado de la sorpresa.
...
Susan se vio en la obligación de cerrar sus ojos ante tanto brillo, hasta que pasados unos segundos, sintió que todo volvía a la normalidad. Lo primero que notó, fue que lo que pisaban sus pies era suelo firme, seguramente madera por la forma que crujía. Y aun sin abrir los ojos, notó que este mismo piso firme, extrañamente se tambaleaba un poco... ¿sería posible que ella estuviese en un barco?...¡¿Sería posible que estuviese a bordo del Viajero del Alba nuevamente?!
Sin dudarlo un segundo más, Susan abrió sus ojos para encontrarse en la misma habitación que por meses ella y su hermana ocuparon en el barco. ¿Cómo era posible que ella hubiese llegado hasta ese lugar? No tenía ni la más mínima idea, sin embargo, al darse la media vuelta, encontró el gran espejo en el que tantas veces antes se miró, mientras estuvo viajando. Algo le dijo que ese espejo había sido su pasaporte de entrada al barco.
Además de estar en el barco, Susan también notó que su vestimenta mágicamente había cambiado. Ya no llevaba esos gastados pantalones, ni la blusa blanca, ni las botas de pirata, sino que todo había sido sustituído por un hermoso conjunto en verde; un vestido ajustado hasta la cadera, con media manga y acampanado hasta los pies, en los que llevaba puesto unas hermosas botas color café. Y su cabello se encontraba suelto, tan solo adornado con un bello nenúfar blanco a un costado.
La joven sonrió radiantemente.
- Muchas gracias, Aslan – musitó suavemente mirando aquella flor en su cabello.
Luego, y sin perder más tiempo, Susan salió apresuradamente de la alcoba y corrió por los pasillos del barco hasta llegar a la puerta que daba a cubierta, la que sin ningún miramiento abrió de golpe, llamando la atención de todos en el barco... de todos, incluyendo a Caspian.
El joven Rey quedó paralizado ante la figura de Susan, quien le observó radiante de felicidad y sin cruzar ninguna palabra, se aproximó a él y le besó sorpresivamente, causando aun más asombro en Caspian, el que finalmente luego de ese acto reaccionó. Lentamente y con las respiraciones sumamente agitadas, ambos jóvenes se separaron para observarse.
- ¿Cómo...? – logró musitar Caspian aun sin poder creer lo que sus ojos veían.
- Aslan – respondió simplemente la joven sin poderse quitar la sonrisa del rostro – Quiero ser tu Reina y quedarme para siempre contigo – murmuro mirándolo a los ojos fijamente – porque... te amo – confesó la joven.
Esta vez fue Caspian quien no pudo evitar el impulso de besarla. Se sentió lleno de júbilo y alegría, tan solo al escuchar esas dos palabras de la boca de quien era la persona que amaba más en todo el mundo.
- Dime que esto es real – susurro el joven tomando el rostro de Susan entre sus manos, casi suplicándole.
- Estoy aquí, soy real y no pienso irme a ningún lado, si no es contigo – contestó la joven con una voz cargada de cariño.
A continuación ambos chicos comenzaron a reír y besarse como dos jóvenes enamorados entre los aplausos y vítores de toda la tripulación del barco, que a esas alturas estaban completamente contagiados con la alegría de la pareja.
- ¡Viva el Rey y la Reina de Narnia! – grito Dridian de repente.
Un fuerte ¡VIVA! resonó en todo el barco y aún más allá, proclamando el amor de ambos jóvenes por todo el mar Oriental.
Increíblemente la noticia de la nueva Reina de Narnia se expandió más rápido de lo que creían. Cuando el Viajero del Alba llegó a Galma ya se tenía pleno conocimiento del noviazgo y pronto matrimonio. Al parecer la noticia salió desde la mismísimo Ramandu, el que por cierto estuvo enteramente feliz, junto a su hija al eneterarse de las buenas nuevas. Mientras que en las Islas Desiertas hubo una semana completa de celebraciones por la gran boda, a la que por supuesto, Lord Bern prometió asistir. Incluso el Mago Coriakin prometió estar presente.
Cuando el Viajero del Alba arribó a puerto narniano, ya la noticia se había expandido por todo el reino, al punto de llegar a otras naciones, las que fueron a recibir a Caspian y su novia, la futura Reina Susan.
La fiesta fue masiva ¡Todo el reino estuvo invitado a celebrar! Y eso sin mencionar las distintas comisiones venidas de reinos vecinos, los que quisieron presentar sus respetos a Caspian y a Susan. La ceremonia fue completamente solemne, la que para sorpresa, incluso de los propios novios, fue dirigida por Aslan, el que apareció sorpresivamente minutos antes de comenzar. Por la bendición del majestuoso león y frente a toda Narnia, Caspian y Susan se juraron amor eterno. Desde ese día, juntos reinaron Narnia, con sabiduría, bondad y justicia. Tristeza o melancolía jamás se volvió a ver en el rostro Caspian, el que cada mañana fue iluminado por la sonrisa de Susan, la que nunca más volvió a separarse de él.
AAAHHH! ¿Que les pareció? ¿Un final demasiado feliz a lo Disney? XD jeje puede que se me haya pasado la mano... pero luego de todo el drama que tuvieron que pasar...se merecian este final feliz ¿no?
Ya me imagino sus caras... estoy segura segurisima que mas menos a la mitad del cap todos/as ustede quisieron lincharme jejejeje lo se, todo fue con premeditacion y alevosía jajaja es decir, que lo planee de antes y fue todo intencional. Realmente queria que creyeran que Caspian volveria con Lilliandil y que Susan se iria con sus hermanos.
Este cap, les confieso que fue muy dificil, sobre todo al comienzo y al final...no hallaba como empezar y despues no encontraba como terminar! fue complicado, pero finalmente salio...espero muy ansiosa todos sus comentarios ^^
Ahora de seguro que se deben estar preguntando cosas como ¿que paso con Peter, Edmund, Lucy y Eustace? ¿Qe dijeron los padres de Susan cuando no la vieron mas? o cosas asi. Bueno, les cuento que a esta historia aun le falta un epilogo. Asi como al comienzo hice un prologo, ahora falta un epilogo. Los cap se han acabado, pero falta algo asi como el termino definitivo, por lo que espero pronto estar trayendoles este epilogo.
Ahora, es hora de saludos!
Lyzeth98: Hola querida ^^ espero que te haya gustado esta finalizacion. Disculpa la demora.
rosali sobreira: Hola! este capitulo sin duda también tenía mucho para llorar jeje. Muchas gracias por todos tus comentarios durante la historia, de verdad nunca esperé una lectora brasileña. Cariños desde Chile!
AmarilisL : querida, no se si este cap fue o no una bomba, pero espero de verdad que te haya gustado ^^ gracias por todos tus reviews.
Nicole SHRBCOGP: que como me di cuenta? bueno, siempre me escribes comentarios largos (los que me fascinan) supongo que por eso me imagine que podías ser tu, pero solo cuando me mandaste ese ultimo review tuve la certeza. Ahora, sobre el cap...de seguro te saque mas de un sentimiento de odio hacia mi jajajajajaja y seguramente no fuiste la unica XD. Querida gracias por todo tu apoyo y tus buenos comenarios ^^
silvia123: Hola querida, siento mucho la tardanza de los cap, pero a veces de verdad en necesario tomarse el tiempo para realizar bien el trabajo ^^ gracias por tu paciencia y espero te guste tmb este cap.
Alejandra: gracias querida por tu review y de verdad siento la demora. Saluddos
daianapotter: Gracias por todos tus comentarios. Me alegra mucho que te guste la historia y creeme que tomare en consideracion tu sugerencia ^^ Saludos.
Y a todos ustedes mis queridos lectores ninja (q solo sé que q estan ahi por el contador de visitas) ¡Muchas gracias! porque este trabajo tambien se lo debo a ustedes.
Muchos muchos cariños a todos y espero estar pronto con el epilogo que sería el verdadero final final. Por lo pronto estare a la espera de todos sus comentario, dudas, criticas, etc etc. Saludos!
ATTE
VEDDARTHA
