Disclaimer: Los personajes del fic son del derecho de su creador, Gosho Aoyama, yo solo hago una versión a mi estilo, sin ánimo de lucro.


LUZ BLANCA Y NEGRA

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4 - INVITACIÓN DE CUMPLEAÑOS

Accedí al lugar a zancadas pesadas y aburridas.

Mi estado anímico de esos momentos era bueno, me encontraba entusiasmado y eufórico, aunque mi rostro reflejaba cansancio, fatiga, agotamiento... Y era normal, me había quedado hasta altas horas de la madrugada preparando lo necesario para el robo del día siguiente. Había enviado una nota a la policía indicando que robaría "El Collar de Afrodita" a las 22:00h, había vigilado cauteloso la seguridad del lujoso hotel donde se encuentra, y, había estado observando al millonario dueño llamado Fihio Nameo, ya que tenía planes de disfrazarme de él en el momento del robo; y estar al corriente de todo ello costaba demasiado esfuerzo.

Pero, ya lo tenía todo, solo esperaba tener la oportunidad que aquel asesino que acabó con la vida de Snake se dignase a aparecer. Si lo hacía, todo habría merecido la pena.

Bostecé y me llevé la mano a la boca para que no se notase demasiado. Cerré con pesadez los párpados y los volví a abrir, poco a poco. Detesto ir al colegio. Observé que en clase aún no se encontraba la profesora, para variar; y que las ventanas estaban abiertas de par en par, por las cuales entraba una potente luz que iluminaba el lugar.

Visualicé que ningún alumno se encontraba en su respectivo asiento y en lugar de eso, más o menos en mitad de la clase, todos mis compañeros rodeaban a alguien. Éstos charlaban animados sobre algún tema, dejando salir alguna que otra risita. ¿Qué debe ser tan divertido?

- ¿Qué ocurre? -preguntó Aoko. Ella había llegado conmigo y ahora veía la escena.

- No teng... -empecé a murmurar aunque fui interrumpido.

- Aoko, ¡Aoko!

- ¡Keiko! -dijo Aoko, viendo como su amiga salía de ese barullo contenta. Keiko Momoi tenía nuestra misma edad, y siempre mantenía un rostro bastante infantil. Se caracterizaba por llevar siempre dos coletas y unas gafas estilo hisper que le daban un toque intelectual-. ¿Qué pasa? ¿Por qué hay tanta gente rodeando ese pupitre? -acabó preguntando ella cuando quedó a nuestro lado.

- ¿No os habéis enterado aún de la gran noticia? –en ese momento abrió enormemente los ojos, sorprendida.

¿Gran noticia? No supe por qué pero, esas palabras no sonaron demasiado bien en mi cabeza.

- ¿Qué ha ocurrido? ¿Alguien se ha hecho daño? -preguntó inocentemente Aoko.

- No –negó la joven-. ¡Lo que quiero decir es que mañana habrá una fiesta de cumpleaños! ¡Yupi!

- ¿De quién?

- Pues el cumpleañero es...

Entretanto que mi compañera de coletas iba pronunciando aquellas palabras, del gentío de aquel grupo, empezó a salir la persona que al parecer tenía todas las atenciones puestas en él ya que las miradas le siguieron.

- Kuroba.

Con aquella palabra, en ese mismo instante, sube velozmente con quien hablaría al cabo de pocos momentos; mi estómago se revolvió y mi rostro hizo una leve mueca de desaprobación. Tenía una ligera idea a dónde irían a parar los tiros de aquel individuo, y sinceramente, no me gustaba ni un mísero pelo.

- ¿Cuánto tiempo sin vernos, verdad, Aoko? -dijo, acercándose a ella, mientras cogía su mano y le daba un suave beso a ésta. En ese momento fulminé con la mirada al joven-. Estoy muy feliz de verte de nuevo.

Saguru Hakuba…

Todos los alumnos y alumnas se quedaron callados mientras veían la escenita, aunque yo moví la cabeza, ignorándolos por completo. Entre el grupo de curiosos vi a Akako, ella, al darse cuenta que la observaba me envió una mirada inexpresiva con una media sonrisa melancólica. Demasiado extraño... En fin, no hay quien entienda a las mujeres...

- Yo también tenía ganas de verte Saguru, has estado fuera ésta vez bastante tiempo.

Los dos empezaron una conversación, bastante trivial, amistosa.

- Aoko, me parece que deberíamos ir sentándonos en el sitio, -empecé a decir, desinteresado- la profesora debe estar al llegar.

- ¡Oh! Kuroba, parece que hoy sí tienes interés en atender en clase, -el rubio me observó, picarón y con un toque de desafío- ¿o es qué te molesta que hable con Aoko?

Fruncí el ceño, molesto. Pues le has dado en el clavo.

- A mí me da igual lo que hagas con ella -me resigné a contestar, apretando los dientes-. Yo me voy a ir a sentar, vosotros seguid con la charla que a la profesora seguramente no le hará demasiada gracia.

Me volteé para encaminarme hacía el lugar, sin ni siquiera mirar a mi amiga, en eso, percaté una mano colocada en mi hombro, pidiéndome que no avanzara.

- ¿Eh? -inconscientemente me giré para ver al individuo-. ¿Qué quieres ahora, Hakuba?

Él se tomó unos segundos para contestarme, como si estuviese midiendo sus palabras y entre eso, quitó su mano.

- Mañana, sábado, celebro mi fiesta de cumpleaños, donde cumpliré dieciocho años. Por supuesto, estás invitado -me observó detenidamente, calculando cada emoción de mi rostro aunque no le sirvió para mucho ya que mantuve mi característica cara de póker-. Empezará hacia allá las 20:00h y acabará probablemente por la madrugada. Será en el local "Jump Jump"; habrá picoteo, karaoke, una pista gigantesca para bailar y también vendrá un mago, lo he contratado porque sé que a ti te gustan mucho. Espero que vengas, Kuroba. ¡Ah! –ahora fue él quien se volteó para ver a la muchacha de cabellos castaños-. Aoko, tu también estás invitada, vosotros eráis los únicos que me quedaba para avisar, el resto de la clase ya me ha confirmado que acudirá.

¡¿Fiesta de cumpleaños el sábado?! ¡Joder! Esto no tiene buena pinta, yo tengo el robo.

- ¡Así que es tu cumpleaños! ¡Claro que iré! Eres uno de mis mejores amigos –concluyó ella alegremente dando algún que otro saltito.

¿Qué él era uno de sus mejores amigos? Y esa afirmación, por parte de la joven, tampoco fue que en aquellos momentos me ayudase demasiado a pensar en alguna idea ingeniosa para revocar la invitación del detective y que no sospechase.

- Aunque Kuroba comentó el otro día que para ese día tenía planes -habló Akako, acercándose a nosotros. Entretanto, movió ligeramente su cabello, resaltando toda su belleza y se llevó las miraditas de algunos de sus compañeros-. ¿Verdad?

Seguramente la joven bruja había leído los periódicos y estaba enterada del robo que cometería.

- Em, a decir verdad, tengo algunas cosillas de qué ocuparme, Hakuba.

- Entonces, ¿me estás diciendo qué tienes pensado algo más importante que hacer? ¿Es eso? –seguidamente suspiró. Sonreí, parecía que gracias a Koizumi podría convencerlo de una forma que no dudase de mi doble identidad-. Así que al parecer, prefieres llevar a cabo tu espectáculo… -me miró de reojo-. Me disculpo con antelación ya que no podré estar presente, y eso por una parte me entristece.

¡La madre que parió al muy mal nacido! Siento el vocabulario, pero es que él ya tenía con que hacerme chantaje. ¡Mierda! ¡Seguro que todo había sido planeado desde un principio para que no pudiera cometer el robo! ¡Doble mierda!

- ¡Pero cuantas veces tengo que decirte que yo no soy Kid! –exploté, malhumorado. Ahora todos sí que miraban atónitos la escena-. Y para que lo sepas, ¡por supuesto que iré a tu fiesta! Ya que sin mí, seguro que será aburrida.

- Pues bien, me alegrará verte –habló con una pequeña sonrisa y en aquellos momentos como me hubiese gustado tener una varita mágica y desear borrársela.

Relájate Kaito…

Seguidamente, me fui a mi asiento, mientras, mis compañeros y compañeras miraron todo el recorrido que hice y después, siguieron hablando con el londinense sobre el cumpleaños.

Segundos después, la profesora apareció por la puerta e instantáneamente cada uno se sentó en su lugar.

Cuando ella empezó a hablar sobre los resultados académicos y la graduación que ya se encontraba más que cerca, desconecté inconscientemente. Coloqué el codo sobre la mesa y mi cabeza se puso en mi mano, sujetándola. Ignoré por completo la clase para meterme profundamente en mis pensamientos.

¿Pero qué voy hacer mañana? El robo es a las 22:00h y esa hora deberé estar en la fiesta de Hakuba ya que él sigue sospechando mí. He caído en su maldita trampa. ¿Cómo me lo haré? ¿De qué forma podía hacerlo para estar en dos lugares al mismo tiempo? Porque una cosa tenía clara, dejaría boquiabierto al londinense y llevaría a cabo el robo sin que él se diera cuenta. Y además, le demostraría que no era Kid, aunque esa era la realidad. ¡YA LO VERÁS, DETECTIVE!

Ahora que lo pienso, tengo que pensar en un buen plan... Algo que no haga sospechar, a ver, a ver... Él dijo: "Será en el local "Jump Jump"; habrá picoteo, karaoke, una pista gigantesca para bailar y también vendrá un mago, lo he contratado porque sé que a ti te gustan mucho". Si no recuerdo mal, ese local está a unos diez minutos corriendo veloz del hotel donde cometeré el robo... Vale, eso era bueno. Espera... ¿con qué vendrá un mago, eh? Sonreí travieso, ya había trazado un plan ingenioso que dejaría desconcentrado al mismísimo londinense.

En esos momentos, mi subconsciencia me pedía que no debía enfocar mi rabia hacía Saguru, ya que la verdadera razón por la que mañana cometía el robo era para encontrarme con el individuo que me ayudó medianamente una estrella de papiroflexia. Eso es lo que más me intriga, debo descubrir la verdad, cueste lo que me cueste.

Suspiré profundamente, ahora toda la felicidad que me había tenido rodeado momentos antes se había desvanecido y se había convertido en un pesado agobio, que no sabía si desaparecería.

Daba igual, debía preocuparme por lo que ahora se me venía encima. Tenía que informar sobre ésto a Jonosuke ya que necesitaría su ayuda para el plan que tenía pensado. Le llamaré cuando terminen las clases. Aunque había algo muy adentro de mi corazón que no sabía si confiar en ese anciano.

Las siguientes ocho horas que duraron el día en el instituto no presté ni la mínima atención a las clases, tenía la mirada fija hacía delante, aunque no observaba nada en particular.

El timbre sonó durante un par de minutos, avisándonos que las clases habían terminado, y que era la hora de salir. Me levanté, recogí enérgico mis materiales y salí de la clase. Sin prestar atención a nadie ni a nada. Me dirigí a la salida, metí mi mano en la mochila y cogí mi móvil. Marqué el número de Jii, sin pensármelo.

- ¿Si?

- Hola, soy Kaito -contesté, debía ser rápido aunque preciso.

- Buenas tardes, Kaito. Me alegra oírte pero, ahora no estás saliendo del instituto ¿por qué me llamas?

Le expliqué todo lo sucedido. Finalmente, noté que él suspiraba profundamente.

- Pues se pone peligroso, y si...

- No, no pienso cancelar el robo, Jii -me paré, aún me encontraba en medio del patio del instituto-. Lo que haré es ir a la fiesta y también al robo, por eso te he llamado, necesito tu ayuda. Por favor, coopera.

Se quedó algunos minutos en silencio, como si estuviera pensando qué contestarme. Todo quedó en silencio, observé en aquellos instantes que algunos alumnos empezaban a salir, yendo hacía la salida con sus amistades.

- Está bien, ¿qué deberé hacer? -dijo al fin, el anciano.

En ese momento, percaté que unos pasos sigilosos venían hacía mí, acercándose por detrás.

- Luego te lo explico, adiós.

Colgué rápidamente, sin dejarle tiempo a despedirse, lo sentía, pero es que no me había hecho ninguna gracia que alguien se hubiese quedado detrás, podía ser cualquiera.

- Venga, hombre, mírame. No muerdo -dijo sarcástica.

La reconocí.

- Akako, ¿qué quieres?

- ¿Tanto te ha molestado Hakuba como para que te vayas sin Nakamori?

Suspiré resignado, queriéndola aniquilar por la pregunta, aunque tenía razón al decir que me había ido sin ella... Pero es que antes la he visto tan alegre con él, así que... Tengo cosas mejores que hacer.

- Llevo prisa –fue lo único que le dije y me volví a voltear.

- No debiste haber aceptado ir al cumpleaños. Es peligroso, deberías tener más prudencia.

- ¿Y qué querías que hiciera? Tu misma estabas presente, él lo tenía todo preparado para que fuera, no quería un no por respuesta.

- Hakuba como una vez más te está poniendo a prueba, además, lo que me preocupa es que mañana, el día del robo, alguien más caerá... -sus ojos me observaban, advirtiendo que tenía que ir con cuidado, que algo gordo aún tenía que suceder-. ¿Has pensando sobre la predicción que te dije hace más o menos una semana?

- ¿Predicción? No tengo tiempo para esas tonterías.

Nos quedamos unos minutos en silencio, ella contemplándome y yo, enfocado en mis planes. Entonces, una leve vocecilla escuchamos, cortando el silencio. Miré hacía allí, y vi que se trataba de mi mejor amiga, que gritaba fuertemente mi nombre sin cesar. Sonreí.

- Y si aquel detective quiere un desafío contra mi, -empecé a decir, solo para que la joven bruja lo escuchase- lo tendrá, no pienses que podrá conmigo -le esbocé otra sonrisa victoriosa, dejándola ver mis radiantes dientes y unos ojos que brillan con luz propia.

Seguidamente, ella me envió una sonrisa amable, tranquila.

- Al final, parece que te irás acompañado… -murmuró.

Asentí y me quedé mirando a Aoko que ya se acercaba.

- Kaito… ¿Qué ocurre? -empezó a hablar una vez hubo llegado-. ¿Por qué no me has esperado?

En ese instante vi que aún conservaba en mis manos el aparato.

- Es que el móvil me ha empezado a sonar y ya sabes las normas: nada de llamas telefónicas, por lo que he salido pitando de clase.

- Aún así, me podías haber dicho algo, pensé que te olvidabas de mi... -poco a poco, bajó su mirada.

- Me parece que os voy a dejar, necesitáis bajar la tensión. Nos vemos mañana y rezaré para que salga perfecto el es-pec-ta-cu-lo... -dijo Akako suavemente aunque sensualmente mientras desaparecía de nuestro lado.

Como odio a esa mujer cuando se pone así...

La joven se alejó de nosotros, encaminándose hacía la salida del instituto.

- ¿De qué habéis hablado, Kaito? -preguntó sin más divagaciones.

- ¿Eh? De nada... -hice un gesto con la mano para quitarle importancia al asunto-. Vayámonos Aoko, que a este paso pasaremos el fin de semana en el instituto.

Salimos del lugar, cada uno sumiso en sus cosas. No sabía por qué pero la bruja había insistido demasiado ésta vez... ¿Por qué? ¿De qué tenía que ser precavido? ¿Quizá por qué ella sabía más de lo que me contaba? Cabía la posibilidad, si me ponía a darle vueltas...

- ¿Te encuentras bien? -preguntó ella amablemente.

La miré.

- Por supuesto, ¡han acabado las clases por ésta semana! ¡Ya queda menos para finalizar el curso!

Debía comportarme aparentemente normal, no podía tomarme el lujo de que Aoko sospechase de que algo maquinaba. Sonreí y ella también. En ese momento, me quedé durante unos minutos viéndola. Sus labios rojos suave, sus ojos azul cielo, su tez blanca, su cabello alborotado cayéndole por los hombros, sus mejillas tiñéndose de un color rojizo por estar mirándola tan atentamente como si la estuviese estudiando con detenimiento... ¡AY! ¡SE HABÍA DADO CUENTA QUE LA MIRABA! Un leve rubor en mis mejillas nació, aunque intenté que ella no se diera cuenta.

- ¿Ka-kaito que te ocurre?

- Hoy te veo especialmente hermosa -murmuraron mis labios, sin que yo les diese la ordenen para que lo hiciesen.

- O-oh, gracias -titubeó, ella también con las mejillas coloradas-. Nunca te había escuchado decir una cosa así de mí.

Mierda... Debía mantener mi postura, podía ser que algún miembro de la Organización andase cerca y si iba diciendo cosas por el estilo, podía perjudicar el bienestar de Aoko. Tenía mi mente hecha un completo lío, completamente pedida.

- Venga, ahora no me seas tan superficial, tu sabes que la auténtica belleza está en el interior.

Volvió a dedicarme una media sonrisa calmada, mantuvimos silencio sepulcral, otra vez.

- ¿Te vendrás hoy al centro comercial con Keiko y conmigo?

- ¿Y qué queréis comprar?

- Bueno, queríamos mirar un bonito vestido para el cumpleaños de Saguru ya que queremos estrenar modelito.

- ¿Y para qué me necesitas? Si voy, más bien, os estorbaré.

- En eso tienes razón, no te lo niego -ya volvíamos a nuestras bromas de siempre, eso me alegraba- aunque necesitamos a alguien para que nos lleve las bolsas, y tu eres el indicado para esa difícil tarea. Piensa que tienes el deber de no perder ninguna.

¿Difícil tarea? ¿Pero cuantas cosas se iba a comprar esa mujer? Solo de imaginármelo me daba dolores de cabeza. ¿Por qué les gustaba tanto comprar a las mujeres?

- Por cierto Kaito, ¿qué has planeado que haga? -habló ella sacándome de mis cabales.

- ¿De qué me estás hablando?

- ¿No has prestado atención en clase?

No le contesté, pidiéndole silenciosamente que me explicara lo que había dicho. Mi rostro reflejaba claramente un interrogante.

- No, Kaito. Tu sí que has escuchado a la profesora, lo único que quieres es que te lo diga y eso nunca ocurrirá. ¡Me niego!

- ¿A sí? ¿Estás segura? -dije levantando levemente mi ceja.

- Por supuesto -dicho eso, me enseñó la lengua y empezó a correr enérgica.

Moví un poco la cabeza viendo como se iba alejando de mi lado divertida y yo, no tuve mejor idea que perseguirla. Allá voy. Y empecé a correr.

En aquellos momento olvidé completamente la invitación del detective, la predicción de la bruja, el mensaje de Jii, y sobretodo, el asesino que se había comunicado conmigo medianamente una estrella de papiroflexia; sin ninguna duda, Aoko Nakamori, mi mejor amiga de la infancia, sabía hacerme sentir bien. En mi rostro se formó una sonrisa jovial y a ella también, nos divertíamos juntos.

Poco a poco, me fui dando cuenta que nos acercábamos a su casa. La gente, nos observaba, pensando seguramente que aquellos adolescentes se entretenían como niños de cinco años. Ella abrió la verja. Cuando llegué, unos segundos después, observé que se había parado justo en el porche, delante de la puerta de entrada a su hogar. Hice lo mismo.

La joven intentaba que su respiración volviese a estar regular, aunque le costaba, había corrido bastante sin haber escalfado. Grave error, aunque, yo no podía decir que me encontrase en mejor situación.

- Ka-kaito... -carraspeó un poco, mientras me iba acercando a ella a paso pausado-. No me hagas decírtelo, sé que lo sabes. Por favor.

Seguía sin tener idea de qué me hablaba, pero me encantaba que me suplicara de aquella forma y eso solo hacía que incrementar mi curiosidad. Me encaminé a subir las escaleritas del porche, y cuando llegué justo a la última, como había puesto completamente mi atención a la muchacha, me tropecé, perdiendo el equilibro. Ay... Vi que Aoko puso los ojos en blanco. Como pudo, en acto instantáneo, me intentó ayudar para que no cayese, pero no salió con éxito, ya que en vez de quedar bien colocado la empujé hacía atrás, dejándola atrapada entre la puerta de su casa y mi cuerpo.

Parpadeé dos veces, dándome cuenta de la posición tan comprometedora en la que nos encontrábamos, aunque parecía que a ninguno nos incomodase. Observé que la joven de cabellos castaños no hacía ningún movimiento, inmóvil. Entonces, mi mente tuvo una idea. Juguetón, me acerqué a su oreja con delicadeza, murmurando con un tono bastante sensual:

- Dímelo, por favor.

En ese instante sentí su respiración, aún agitada aunque ya no por la corrida.

- Kaito...

Mantuvimos contacto visual. Observé que sus ojos desprendían un brillo azulado que hacía palpitar de una forma fuera de lo normal a mi corazón y eso me ponía a cien, para que mentir.

- Por favor... -le rogué.

Tragó saliva.

- Has ganado... En las notas finales me has superado -dijo en voz baja, imitando mi tono, inexpresiva-. Puedes... -acerqué suavemente mi frente a la suya, por lo que ella misma se interrumpió al hablar.

Divertido, fue lo único que mi subconsciencia pensó entre carcajadas.

- Tranquila, -volví a murmurar. Nos encontrábamos demasiado cerca, ocupando el espacio de otro. Era una sensación que me atraía, estaba disfrutando- ya verás, no haré nada que no disfrutes.

En aquellos momentos, a mi se me paró el tiempo y el espacio. Nada de nuestro alrededor importaba; la gente de la calle paseando relajada o acelerada, el sonido de los vehículos pasar por la calle arriba o abajo, el viento que nos movía poco a poco el cabello de aquí para allá... Nada importa, solo nosotros dos, nada más.

Le observaba apasionado, inhalando su aroma. Me fijé que sus ojos habían cambiado, ahora ellos reflejaban claramente que me deseaba, era más, lo notaba. Con todos los pensamientos que se me pasaban, no dude en ir acercando mis labios con los suyos. Voy a cobrarme mi regalo del reto, lo único que ahora que lo pienso, ¿debería besarle durante media hora, no? Sonreí, eso sí sería divertido.

Rozamos nuestras triangulares narices, pero eso no nos estorbó, seguimos con lo nuestro. En aquel instante, me acordé de las emociones que había sentido por la mañana cuando había visto a ella con aquel rubio detective y me alegré profundamente de la situación en la que estaba. Lentamente cerramos nuestros párpados.

- ¡Aoko! ¡Aoko! ¡Aoko! -cuando estábamos a centímetros de tocar la piel del rostro del otro individuo, una voz varonil y ronca nos interrumpió de la peor forma posible.

Me separé más rápido que la luz de ella, y ésta lo agradeció. Era su padre, Ginzo Nakamori. Deseé intensamente que no hubiese visto la 'escenita' porque conociendo a su padre, la pobre Aoko debería contestar algunas preguntas que le formularía. Me volteé para verlo, entrando ya por donde se encontraba la verja. Me alegró verlo con un diario en las manos y leyendo éste. Los dos suspiramos desahogados y tranquilos, no había visto nada.

- ¿Qué ocurre, chicos?

- Nada, nada -contestamos al unisono, colorados.

El hombre levantó la ceja, perplejo. Seguidamente, dobló el diario.

- ¿Cómo supiste que estábamos aquí? -pregunté, era curioso que lo supiera si no había levantado la vista de la lectura.

- Os vi corriendo hacía aquí, os grité, aunque no me prestasteis atención.

Entonces, Aoko y yo nos miramos de reojo y le dediqué una sonrisa triunfante. Entretanto el inspector metió su mano en el bolsillo de su pantalón derecho, de donde más tarde sacó una llave para introducirla en la cerradura de la puerta. Nosotros que nos encontrábamos en medio, nos apartamos, dejándolo libre acceso a la puerta.

- Por cierto papá, -empezó a hablar ella- ¿qué estás leyendo en el diario?

- La nota de Kid, mañana va a atacar de nuevo, después de una semana. Robará "El Collar de Afrodita", pero no se saldrá con la suya, ¡os lo prometo! -mientras, empezó a reír y muy en el interior me alegraba de verlo tan confiado, sin duda, él tampoco me lo iba a poner fácil.

Seguidamente, mi amiga le explicó que mañana iríamos a la fiesta de Saguru Hakuba y el inspector se alegró, ya que de ésta forma él no se encontraría por el lugar. Por la tarde, al final, Aoko se fue con Keiko al centro comercial; y yo, me reuní con Konosuke para preparar y exponer lo que tenía preparado para el nuevo plan.

Mañana sería un día interesante.

~Fin del capítulo: 4 - INVITACIÓN DE CUMPLEAÑOS~


Hola a todos ;)

Especialmente el capítulo que subo hoy se lo dedico a mi detective londinense favorito de "Detective Conan", Saguru Hakuba ya que hoy es su cumpleaños (29/08/2013). Así que si lo leeís ese mismo día, cerrar los ojos y... ¡Felicitarlo! XDD Él me encanta, igual que Kaito Kid, pienso que son unos magníficos rivales y eso lo voy a intentar transmitir en éste fic poco a poco :D

Espero que os haya gustado, no sabéis lo que disfruté redactando jejejeje xDDD

Sin mucha más explicación, una breve contestación a los reviews que siempre me alegran, ¡no sé como os lo hacéis! ¿Qué magia negra utilizáis? xD:

Saori Kudo: ¿Que pasa con Jii? xDDD Sabía pregunta que se irá resolviendo poco a poco jijiji No sabes lo mucho que me alegra verte, y que te pareció? Mejor que ganara quien ganó? Bueno, un beso, guapa!

Lady Paper: Hola de nuevo! Me encanta que estés leyendo el fic! Espero que te guste, y por supuesto acepto algún consejo de los tuyos que siempre son más que bienvenidos xD Un besazo enorme!

Besos y abrazos a todos los que os pasáis por aquí! :)