Disclaimer: Los personajes del fic son del derecho de su creador, Gosho Aoyama, yo solo hago una versión a mi estilo sin ánimo de lucro.
LUZ BLANCA Y NEGRA
.
.
.
5 - DULCE Y DELICADA FLOR
Una flor se planta con cariño, se cuida con paciencia, se alaba por su estética y cuando se marchita, todos sufren en silencio.
Piqué al timbre del hogar de mi mejor amiga. Ella, seguramente, se encontraría dando sus últimos retoques al maquillaje y a la vestimenta junto con Keiko; tenía entendido que habían quedado horas antes. No sé por qué se toman tantas molestias, si total es un fiesta de nada... En fin, mujeres...
Entretanto que estuve ahí de pie, me acordé de la reciente escena que mantuve con Aoko en ese mismo portal. Durante esos momentos sentí tantas cosas… Aoko y yo... Su respiración acelerándose junto con la mía; su aroma natural tan suave aunque a su misma vez apetecible; sus ojos azulados, brillantes como si de zafiros se tratasen, tan emotivos e inocentes… Y después sus labios… ¿Cómo olvidarle? Tan cerca pero a la vez tan lejos...
Ya sabía desde hacía algún tiempo que ella era importante en mi vida, y cada vez que pensaba en su bienestar me aseguraba que la quería, pero no un simple querer... Si ella quisiera, me gustaría pasar toda mí vida a su lado: cuidándola, besándola, protegiéndola, abrazándola, amándola... Aunque había un obstáculo, un muro de cemento que me impedía poder hacer realidad todos aquellos deseos.
Moví ligeramente la cabeza, debía olvidarme de lo sucedido porque… ¿Por qué? Hice un largo suspiro, respirando todo el oxígeno que mis pulmones soportaban y cerré los ojos, recapacitando por unos instantes. Finalmente, me di cuenta de todo. Porqué no ha pasado nada, nada de nada. Al fin y al cabo, ayer, entre nosotros no pasó nada, no hicimos nada; y, probablemente, ella habrá suprimido aquel recuerdo. Además, debía protegerla, no exponerla a aquellos de la misteriosa Organización… Yo soy Kaito Kid, ante todo, soy ese presuntuoso ladrón. Debía seguir con ese carácter de cara de póker para mantenerla a salvo, a buen recaudo, segura.
Aunque, y cabía la posibilidad, que esos de negro ya la tuvieran fichada, porque sin duda, querrían encontrar la manera de vencerme, de dañarme, de humillarme, de verme lagrimando pidiendo a gritos clemencia para salvar mi vida; sí, y yo sabía como podían encontrar la forma, sino no era que ya la supieran: poniéndola a ella sobre el tablero de juego.
¿Entonces, era buena opción mantenerla ajena a todo aquel caos de ir y venir que me rodeaba?
Ya sabía la respuesta, lo había estado pensando aquella noche; ya no podía aplacar esos sentimientos, por ello, aunque me había costado, había tomado una decisión y desde un punto de vista optimista, podría ser la correcta. A pesar de eso, primero, por el bien del plan, tenía que separarme de ella de alguna forma para que aquel londinense metomentodo no me ganase: por nada del mundo tendría una derrota amarga.
Pasó un rato y las muchachas no salían, tardaban demasiado. Con cansancio de estar esperando, esbocé un largo suspiro, y a continuación, miré el reloj de mi muñeca. Las 19:38h. A éste ritmo llegaremos con retraso. Cliqué un par de veces más al timbre. Después, al no ver resultado, empecé a dar unos suaves golpes a la puerta acompañados de algunos gritos, llamando a las chicas para que supieran que me encontraba esperándolas.
Poco después, escuché unos pasos ágiles aproximándose. Al fin. Noté como aquel individuo giraba el pomo y seguidamente, abría la puerta. Cuando tuve libre acceso a la casa, pude contemplar a la joven que había venido a recibirme y por un momento, aunque hubiera sido medianamente escaso, deseé que se tratara de la joven de cabellos alborotados.
- ¡Kuroba! -habló animada Momoi mientras hacía un leve gesto para que entrase. Lo acepté amablemente, saludándola-. Casi estamos, yo ya estoy preparada.
Llevaba un vestido bastante casual, ideal para ella que prefería ir sencilla. Observé que era hecho de lino, un material fresco y transpirable, y por la tela negra podía visualizarse unos simpáticos dibujos étnicos. Era un bello traje con manguitas y en su cintura le complementaba un cinturón negro, dándole figura a sus caderas.
- Aoko se está tomando sus últimos retoques -me miró, picarona-. Parece que quiere sorprender a alguien -y guiñó el ojo, queriendo dar énfasis a su última frase.
Antes que pudiera decir algo más, por las escales empezó a descender mi mejor amiga de la infancia. Bajaba cada escalón con elegancia y grandeza, como si fuera la reina del mundo. Ella mantenía una cálida sonrisa en sus labios pintados solamente con una capa de lápiz labial, dejando que relucieran por si solos. Sus ojos, pintados sutilmente, sin excesos, le daban una amplia mirada.
- ¡Kaito! -pronunció, acercándose a mí-. Qué guapo estás...
El vestido lo llevaba completamente adherido al cuerpo, y le llegaba hasta las rodillas, aproximadamente. El fondo era de color azul cielo y, para mi gusto, combinaba excelentemente con su tonalidad de ojos azules. Pude ver un leve estampado de círculos blancos al bajo del vestido, imaginándome las mil y unas estrellas que se hallan en el cielo. Luego, en sus pies, calzaba unos tacones que apostaría que seguramente serían de catorce o quince centímetros.
Por unos instantes, aluciné con la seguridad con la cual se movía, ya que a Aoko, por lo que sabía, nunca había usado tacones de tanta altura. En ese momento, imaginé que lo más probable fuera que se hubiera estado pasando toda la noche anterior y el día de hoy aprendiendo para no caerse, ya que tenía algunas pequeñas y muy leves rasguñas a la altura de las rodillas.
Aoko...
- ¡KAITO! -gritó casi Keiko en el óvulo de mi oreja, al margen de dejarme sordo.
- ¡¿QUÉ?!
- Aoko te está hablando, lleva haciéndolo un rato y solo haces que mirarla aunque sin contestarle. ¿Te encuentras bien?
- Por supuesto -le miré y seguidamente llevé la vista a mi amiga-. ¿Qué decías?
Ella suspiró.
- Nada, da igual, olvídalo. Vayámonos que seguramente ya debe ser la hora.
Durante el camino, animé a las chicas con algunos pequeños trucos de magia, consiguiendo arrancarles algunas sonrisas, y me encantó ver alegre a Aoko. La gente mientras paseábamos nos contemplaba, seguramente imaginándose que esos tres individuos se iban de fiesta, a pasárselo en grande. No pude parar de sonreír, estaba contento, eufórico; no solo por la decisión, sino, porqué hoy sería el día en que ganaría a ese detective.
Después de haber caminado e ir parándonos algún momento por las risas, llegamos al lugar. Eran las 20:05h, al final no habíamos llegado demasiado tarde. Por fuera, el local "Jump Jump" se encontraba iluminado con lucecillas, y le daba un toque original que me gustó. Sin muchos rodeos, los tres entramos, dándonos cuenta que el espacio ya se encontraba repleto de nuestros compañeros y compañeras. Los fuimos saludando. El lugar era enorme y adornado al estilo moderno, aunque respetando la elegancia. Después, vi que había un escenario -normalmente se usaba para conciertos mientras que la gente baila en la pista-; por los alrededores, algunas mesas con manteles que llegaban hasta el suelo para el picotero, pensé que ese era un lugar ideal para esconderte si te hacía falta; y por último, unos gigantescos ventanales demasiado imponentes, que durante el día seguramente dejarían entrar mucha luz natural, mientras que por la noche podía contemplarse aquella luna llena que tanto me embelesaba.
Todo está ideal para el truco que tengo pensado hacer; ahora toca la primera parte: conseguir la atención de todos.
Hice otro rápido vistazo, todo cuadraba con los planos que Jii sacó a escondidas del ayuntamiento. El plan era relativamente simple, no demasiado elaborado y eso era lo mejor, era más: un juego de niños; había pensado hacerlo así, ya que conociendo a Hakuba se esperaría alguna jugarreta con perspicacia.
De momento, todo era demasiado fácil.
- ¡Pero qué bonito es esto! -dijo la de cabellos castaños y alborotados.
- Ya, eso pienso yo -se unió su amiga mientras daba algún saltito contemplando la elegancia del lugar.
- Siempre se nota donde hay pasta -murmuré desinteresado al haber escuchado aquellas palabras de las jóvenes-. Seguro que esto le cuesta un ojo de la cara.
- Bienvenidos -habló una cuarta voz de pronto, que la reconocería en todas partes sin importar el momento ni las circunstancias en las cuales me encontrara-. Sobre el dinero no te preocupes, yo no necesito ir robando diamantes, eso creo que ya lo deberías saber –añadió burlón, con aquella sonrisa repelente en sus labios-. Pero bueno, siempre intento que los invitados estén cómodos.
- Hakuba... -Keiko murmuró volteándose mientras que el otro se ponía a nuestro lado y les guiñaba el ojo sensual a ambas.
Maldito...
- ¡Feliz cumpleaños! -exclamaron animadas las dos muchachas y empezaron a canturrear una cancioncilla cumpleañera.
Segundos después, Aoko se aproximó a él, y le plantó un tímido beso en la mejilla del rubio y vi un leve color rojizo en la parte besada del inglés. Alcé un ceja, apretando los dientes, pero callé, debía contenerme.
- Me alegra que me hayas invitado -dijo ella al haber vuelto a mantener distancia, seguidamente, le esbozó una tierna e inocente sonrisa que podría derretir el corazón de cualquier ser vivo, incluyéndome-. ¡Ah! -se sorprendió ante algún hecho que recordó-. ¡Me he olvidado traerte el regalo de cumpleaños! ¡Pero qué cabeza tengo! Si te lo compré justo ayer...
El londinense vestía un esmoquin que claramente se veía que era de buena tela; color negro; una camisa roja junto con una corbata negra que conjuntaba el traje.
- Gracias, aunque no te preocupes. Me apuesto mi lupa de detective a que habrás estado bastante ocupada arreglándote para la ocasión ya que me has sorprendido con ese vestido. Os quedan esplendidos Aoko y Keiko, combinan con vuestros caracteres -dejó salir una sonrisa adecuada y luego me observó-. Por tu parte Kuroba, espero que hayas dicho a Aoko que ese vestido hace esterilizarle la figura y la convierte en toda una mujer... ¿Verdad?
Justo en el blanco; ahora tocaba empezar a actuar, es fácil prever lo que alguien dirá.
- ¿Qué ha caso te importa mucho lo que yo hable con ella? -respondí, fingiendo no estar de muy buen humor-. Si es así, porque no te declaras de una vez y le pides matrimonio, ¿eh? Si tanto te interesas en ella, eso sería lo mejor.
Intenté parecer molesto, aunque sinceramente a él siempre le gustaba entrometerse en los temas que no le influían. Mejor dicho: mis cosas privados.
- ¿A si? –frunció el ceño, incrédulo-. ¿Aoko ya no es de tu interés?
- ¿Pero de qué hablas? ¡Nosotros solo somos amigos! ¡Nada más! -exclamé defendiéndome.
Me observó de arriba abajo, estudiándome. Noté la mirada fija de algunos alumnos que ya empezaban a prestarnos atención por el tono elevado que empezábamos a mantener. Dirigí mis ojos a mi mejor amiga algo cohibida y sus ojos se cruzaron con los míos determinando un rayo de tristeza.
- K-kaito... -en ese momento, al escuchar mi nombre en un titubeo débil por parte de la castaña, su rostro estaba casi al margen del lloro.
- Aoko, yo... -murmuré con un hilo de voz, casi inaudible.
Me dolía. Me dolía verla de esa forma y más, utilizar sus sentimientos para engañar al detective pero era necesario, demasiado. Saldría bien, lo tenía confirmado, lo sabía, aunque a pesar que mi explicación que era fundamentalmente razonable, noté como una pequeña parte de mí se hundió, y que se iría rompiendo, poco a poco. Pero de esta forma, durante toda la fiesta no me hablaría ya que estaría resentida, y así, le facilitaría a Jii el trabajo con el cambiazo. Él se convirtiera en mi, mientras estuviera robando y había tenido que fingir enfadarme con Aoko para que no se acercase ya que Konosuke no sabía modificar la voz y ella sería la única que entonces podría darse cuenta del engaño.
- No, no hace falta que digas nada... -murmuró entre medio sollozos que intentaban ser camuflados por su dueña-. Ya me ha quedado muy claro con lo que acabas de decir, pensé que con lo que había ocurrido ayer... Bueno, solo lo había pensado... Pero creí que... -sonrió con pesar-. ¿Sabes? Tienes razón cuando dices que soy una tonta... Quizá soy la mayor tonta que ha pisado la Tierra...
Vacío; así estaba.
La flor empezaba a marchitarse, lenta y silenciosa.
- Qué poco entiendes el corazón de una mujer, eres detestable, Kuroba -habló como si nada Saguru Hakuba-. Pues si eso es la verdad... -el londinense cogió hábilmente la mano de la joven, aprovechando el momento-. Entonces Aoko, ¿me harías el gran honor de concederme un baile lento cuando termine la fiesta? Ese sería el mejor regalo que podría recibir de ti -y esbozó una amplia sonrisa.
El ambiente parecía que cada vez se estuviera encogiendo, todos murmuraban aunque no se atrevían a interrumpir aquella extraña charla entre los tres individuos. Por una parte, algunos creían que me había puesto entre la pared y la espada; otros decían que esa era una pelea más para álbum; y el resto, se justificaban pensando que yo no quería que el rubio se entrometiese en la "relación" que mantenía, o que querría tener en un futuro con Aoko.
Tragué saliva por enésima vez, y mi rostro en ese momento dejó ver mis auténticas emociones: no sabía como sentirme, por una lado estaba contento y por el otro triste. Observé a su amiga, boquiabierta, sin creer ninguna de mis palabras, hasta la vi parpadear un par de veces, asombrada. El joven detective, tenía un rostro inexpresable, aunque cuando me fijé un poco pude notar que sus ojos describían tristeza, no... Equivocación, dolido... Se encontraba defraudado.
Aoko se giró, dándome la espalda, no queriéndome ver.
Ellos se encaminaron hacia otro lado, paso a paso, entretanto se pusieron hablar con el resto de gente, que también se encontraban animados y pude observar que el rostro de Aoko se fue alegrando, dejando salir una delicada sonrisa mientras ese rubio detective le servía un vaso de alguna bebida sin alcohol.
Me quedé en el lugar inmóvil, sin saber qué hacer ni pensar. Estaba dudoso, demasiado, para ser yo: me notaba extraño. Había olvidado todo, al ver a mi mejor amiga con aquella cara, todos los pensamientos o qué aceres se habían evaporado de mi mente. ¿Qué debía hacer? ¡Mierda! Si no fuera ese escurridizo ladrón toda mi vida sería más sencilla...
- ¿Celoso, Kuroba?
Seguí sin moverme, como si autómata me tratase, era mi compañera.
- Parece que el mago de la luna plateada tiene problemas amorosos con la hija del inspector que le persigue día y noche –prosiguió sarcástica, seguramente con una sonrisa entre dientes, divertida.
No tenía ganas de contestarle, más bien no sabía con qué rebatirle lo que acaba de decir, por lo que aquel silencio fue el detalle perfecto para que la bruja se diese cuenta que algo me preocupaba.
- ¿Tanto te ha afectado las palabras de Nakamori? -ella me contempló resignada y luego suspiró profundamente-. Venga, tu sabes que no necesitas a esa niña; y ya que ella bailará con Hakuba, ¿qué te parece si nosotros dos hacemos lo mismo, eh? -se tomó unos momentos antes de continuar, y entretanto, observé que llevaba un vestido largo granate de fiesta con la espalda al descubierto. No dije nada, no estaba para pérdidas de tiempo-. Bien, veo que no te convenzo ni un poquito, entonces...
Se fue acercando, delicadamente, queriendo colocar sus finos brazos en mi cuello. El ruido de los tacones, que iba marcado por cada paso que daba con un "clon, clon" me entraba por una oreja, retumbaba en mi cerebro y salía por la otra. El maquillaje resaltaba mayoritariamente en sus ojos, pintados con colores vivos, específicamente un rosa y una finísima línea negra.
- ¿Qué crees que haces, Koizumi?
Sonrió burlona pero atractiva, seductora.
- Nada que nunca no hayas pensado hacérselo a una mujer, quiero comprobar si esto es lo que le hiciste ayer a Nakamori.
- Estás loca.
Me aparté, no queriendo estar a su lado, ahora mismo verla solo me hacía parecer más mezquino, deseaba que ese rato pasase, el de robar el collar, el de arruinar al detective, y que llegase de una buena vez el momento con el cual poder arreglarlo todo con Aoko.
- Solo quiero animarte -dejó salir una pequeña carcajada-. Te sugiero que la olvides, ella te dará muchos males de cabeza; y después de todo, mi puerta siempre está abierta a ti.
Mi puerta siempre está abierta a ti, bonita frase, sino hubiera sido dicha con egoísmo y ambición hacía el poder que no se posee.
Sonreí, sin saber muy bien por qué, ahora que me acordaba también tenía ciertas dudas con la bruja que no había conseguido resolver.
- Por cierto, ¿a qué viene tanta solidaridad últimamente por tu parte, Koizumi? Eso de ir ayudando a los demás no es propio de ti -pregunté, y percaté que la de cabellos lilosos se sorprendía, por nada del mundo se esperaba esa reacción por mi parte.
- Nada que de momento te convenga, joven mago, lo que debes sabes es que algún día serás mío, con tu consentimiento o sin él. Aunque no pienses que te quiero como compañía amorosa, sino como fiel ciervo, y te desprenderás de todas las mujeres, sobretodo de esa que te tiene hechizado -la fulminé con la mirada, pero ella no le dio importancia: yo sabía que ella nunca haría eso, tenía buen corazón aunque era tan cabezota como bella-. Pero por ahora... ¡Anímate! Y triunfa contra Hakuba.
No supe bien el por qué pero ese comentario me hizo volver a mí. Dejé a un lado mis emociones y volví a tener la energía habitual, y una sonrisa se formó en mis labios. Estaba alegre, luego ya me ocuparía de Aoko Nakamori, ella no la iba a dejar atrás, también era imponente para mí; hablaría, por supuesto que hablaría, aunque ahora no quería distracciones.
- Quiero ver a aquel ladrón que roba los corazones de cualquier persona a la que se cruce.
- Me alegra escuchar sus palabras -comencé a hablarle, mientras con mi mano extendía por arte de magia una adorable rosa blanca-, señorita -se la ofrecí, como recompensa por haberme levantado los ánimos y sacarme de todos los malestares que tenía. A pesar de mi alago, ella se rehusó a coger mi ofrenda con una mueca-. Ya verá, algún día conseguiré que su corazón sea tan hermoso como esta rosa -le dediqué una mirada elegante, gentil, queriendo verdaderamente que eso pasase.
No dijo nada, parecía que en su interior hubiera una lucha por el saber qué hacer; ilógico, hacía días que ella no se comportaba como hacía siempre. Primero la constante repetición de aquel mensaje con misterioso significado y después, las miradas que me daba. Hice desaparecer la rosa.
En ese momento, escuché un ruido que me sacó de mis pensamientos, a mi lado estaba Saguru. En su muñeca izquierda llevaba atada uno de los aros de una esposa moderna, que por el modelo, deduce que serían de la policía de Reino Unido. Seguí con la vista la cadena que aparentaba ser bien resistente, y mis ojos se detuvieron al ver que yo llevaba la otra anilla. Fruncí el ceño, molesto.
- ¡Pero qué haces, Hakuba! ¡Quitamelas!
Él solamente negó con la cabeza, mirándome detenidamente.
- ¿Nos puedes dejar a solas?
- Pues si quieres que te deje a solas con Akako deberías quitarme primero las esposas, detective patoso.
- No estaba hablando contigo, -su vista que estaba puesta en mí, se movió- sino con Koizumi.
Ella, como antes no habló, pero puso la mano en sus labios y nos envió un beso. Lo que hay que soportar… Seguidamente, se apartó de nuestro lado, yéndose a hablar con un grupo de compañeros, probablemente a hacerse notar entre su público varonil. Eso sí que era típico de ella.
- De verdad tienes que hacer este numerito hasta en tu fiesta de cumpleaños... -dije, enfurecido-. ¡Eres un tipo raro! Por cierto, de donde las sacaste las esposas, detective metomentodo, ¿eh?
- Se las cogí prestadas a mi padre un día mientras estaba en Londres.
¿"Prestadas"? Mejor que hubiera dicho: robadas, seguramente sería lo más acertado ya que su padre, un inspector, no dejaría ese tipo de cosas.
- Escucha, por mucho que hoy cumpla años eso no quita a la idea que seas Kaito Kid y que tengas un robo a pocas horas. No sé cómo te las apañarás para despistarme pero sé que irás, ese ladrón nunca ha cancelado ninguno de sus espectáculos que ha enunciado -seguidamente, como si hubiese leído mi mente añadió- Y de estas esposas no te podrás soltar como la otra vez, ya que están hechas a prueba de cualquier amenaza, tiene un complejo mecanismo. Además, la llave se la he entregado a Aoko, y como ahora está enfada contigo, será difícil que deje que te acerques a ella –me observó como el que degusta una victoria con antelación, orgulloso-; y una última cosa, me he asegurado que no puedas cortar los plomos ni manipularlos ya que si los apagases para desaparecer, la luz seguirá funcionando porqué recibirá corriente de un cargador completamente independiente -señaló las bombillas del techo e hizo una pausa-. ¿Cómo te las apañarás, Kid?
- Pues no tengo idea de cómo se las haría el auténtico Kaito Kid si se encontrara en tal situación.
Sonrió.
- Sea como sea, de aquí no saldrás y mi teoría de que eres aquel ladrón tendrá más consistencia cuando no puedas aparecer en el robo. Te desenmascararé.
Reí suavemente, cada vez se ponía más interesante todo, aunque había cierta duda vagándose por la mente: ¿por qué me había explicado tantos detalles? Él también tenía un plan, de eso no había ninguna duda, aunque yo lo dejaría destrozado por los suelos; a pesar de ello, lo mejor era actuar como Kaito Kuroba.
- Bueno, espósame si quieres, aunque no sacarás nada en claro de esto, te lo puedo asegurar.
- Más quisieras, ladronzuelo, más quisieras.
Suspiré, intentando tranquilizarme, él siempre de una forma u otra conseguía sacarme de mis casillas. Nuestro problema de compatibilidad era completamente innatural.
El rato restante para que empezase mi espectáculo como ladrón pasó rápido, aunque me mantuve distante, ahora no tocaba ser el centro de atención, debía pasar por desapercibido. Me ausenté en tomar o comer algo, ya que dentro de poco iría a hacer esfuerzo físico y no quería vomitar a causa que mi cuerpo no hubiera hecho aún la digestión; pero había comido un buen plato de arroz y verduras que había conseguido preparar con un poco de suerte en la cocina, no era el mejor en el arte culinario pero tampoco se me podía considerar un desastre.
- ¡Aquí viene! -se oyó a Keiko gritar-. ¡Vino el mago y nos hará su espectáculo!
- Y aquí ya ha llegado. Lo he contratado porque sé que a Kuroba le gusta mucho la magia.
El joven mago, aunque sinceramente, ya algo anciano, subió al escenario con una sonrisa e hizo su presentación acompañada de múltiples trucos. Para romper el hielo, hizo uno de los más clásicos, el de adivinar la carta que un sujeto del publico pensase o escogiese: acertando. Aunque tuviese edad, era infalible la destreza con la que el hombre se movía e iba timando a la gente, todo un auténtico mago, no por nada se había pasado más de media vida envuelto de magia. Era un genio, y gracias a él podría despistar al pesado detective.
Miré el reloj, cuando fueran las 9:50h, tocaría que Jii dijera aquello...
- Y ya va siendo hora que llegue el gran final -habló el mago extendiendo enormemente sus brazos-. Para este último truco necesitaría la ayuda de alguna persona del público, y como será el último que esta noche haré, mejor que sea alguien quien disfrute haciendo magia y también viéndola. ¿Quién se apunta?
- ¡Ese debe ser Kuroba!
Comentarios como el último empezaron a escucharse, sin duda, todos sabían mi gran afición hacia ese arte del engaño. Todos empezaron a cantar una canción con mi nombre, invitándome a que yo fuese el elegido para que participase en el gran final del mago.
- No -negó el rubio con rigidez en su voz, los dos nos encontrábamos viendo el espectáculo.
- Venga Hakuba, quita las esposas para que pueda cooperar en el último truco y juro que después vuelvo para que me coloques las esposas. ¡Chicos ayudadme!
- ¡VENGA HAKUBA! -se escuchó a gente murmurar y otros gritando animados y haciendo comedia: "aunque puede que haga más molestia que ayuda".
- Está bien, aunque subo contigo al escenario haber qué haces.
Sonreí, si el londinense creía que subiendo él iba a arruinar mi escape iba bien equivocado, había pensado en eso. Aunque lo que me preocupaba un poco era la idea que solamente me quedaban diez minutos para la hora del robo, había ajustado demasiado el tiempo.
En ese momento, entre el gentío apareció Aoko; sin mirarme, cogió el brazo del inglés.
- Saguru... -su hilo de voz frágil, hizo que el londinense se quedase helado-. Quédate conmigo.
Él la observó atónito y a continuación, esbozó una sonrisa poco después.
- Está bien -mi amiga le entregó la llave-. Pero luego te volveré a esposar.
En ese momento, me sentí extraño... Parecía como si Aoko hubiera sido mi compinche, mi aliada para facilitarme la salida; quitándome los obstáculos, dejándome ver una luz al final del oscuro túnel que se había formado por culpa de cierto adolescente.
Cuando me hubo quitado aquel objeto, subí con elegancia hasta el escenario, donde el mago -más conocido como Jonosuke Jii para mí- ya tenía preparado el siguiente truco donde nos cambiaríamos. Allí en medio, había una caja, de un metro ochenta de altura; el anciano, la abrió, enseñando su interior: vacío, libre. Pidió que me colocara dentro, y me quedara quieto. La sala estaba silenciosa, seguramente todos querrían presenciar el truco y si había suerte, descubrirlo. Iba genial, ahora tocaba la parte que más me gusta, iba a desaparecer delante de todos. Jii luego se metería en esa misma caja y se disfrazaría de mi, diciendo que el mago se había evaporado, como si estuviera vagando por el tiempo y el espacio.
Allí dentro, como ya sabía, debajo del todo, pasaba un conducto de ventilación -cuya información supimos de los planos-, después de manipular los tornillos la noche anterior, ahora ya estaban sueltos. Abrí una puerta que había en la parte inferior de la caja metálica, para poder colarme y escapar. El tubo en sí no era de lo más cómodo y sencillo de atravesar, la cavidad era bien reducida por lo que tardé un poco en arrastrarme. Coloqué mis brazos y piernas en la pared del metálico tubo de ventilación, y fui avanzando, sin pausas; agradecí mil veces que me encontraba en forma, ejercer tanto esfuerzo físico era complicado. A los minutos, ya fuera del local, no me dio ni tiempo para arreglarme la vestimenta: iba a contrarreloj, en otras palabras, con retraso.
Corría, lo máximo que mis piernas me permitían, daba la sensación que en cualquier momento se me fuera a salir el corazón por la boca por la rápida palpitación que recibía. Las gotas de sudor se hacían cada vez más notables, bajando escurridizas por la sien con velocidad. Al cabo de una marcha más que apretada, solo con la compañía de mi amada estrella nocturna ya que las calles se encontraban desiertas, llegué al lujoso hotel de cinco estrellas.
Jadeé un par de veces, aunque me recompuse con facilidad. Sonreí, concentrado; como quién sabe que está a punto de hacer una gran locura pero no quiere rendirse.
Era el momento de empezar el show.
Hoooooola a todos :D Estooooy viva!
Uf, siento esta tardanza grandiosa en actualizar, pero de verdad que he estado bien escasa de tiempo T_T Ya llevaba tiempo teniendo este capi hecho, aunque me faltaba retocar pequeños detallitos para ir dejando "pequeñas" pistas... ¡Lo siento! Seguro que a más de uno/a ya se le había olvidado todo lo sucedido anteriormente, pero es que a estas alturas no puedo ir actualizando tan regularmente (aunque no ABANDONO el fic, eso nunca). Pero no os preocupéis, el siguiente dentro de nada *cruza los dedos fuerte, muy fuerte* lo saco del horno, solo me falta pulirlo y listo.
Bueno, y después de ese discurso, porque hacía tiempo que no hacía uno, espero que os haya gustado el capítulo :) Sobretodo la parte del principio con los pensamientos de Kaito, fue emocionante escribirlo :D Por supuesto, acepto correcciones, dudas, y de todo! Sin mucho más, contestar los anteriores comentarios hechos (que parecen siglos por la tardanza):
Matsumi Sera: Me enorgullece que te guste tanto la historia que sea lo primero que hagas cuando tienes wifi! No sabes la felicidad que recibo con eso xDDD Eso me satisface como escritora, y sobretodo espero que te haya gustado el plan de Kaito, aunque algo enrevesado me temo xD Cuídate y siento la demora!
Lady Paper: Pues sí, ese besito a medias... xD Aunque esto solo acaba de empezar, a ver como se lo hace Kaito para arreglar todo este meollo que creado! Jojojo Supongo que te gustará, ya me dirás si lo lees. Besazooos!
Un besazo a todos y cuidaros mucho, que la conti está próxima, palabra de Akari Etsu!
