Disclaimer applied.
.
.
UN PASO
.
.
.
Hoy era uno de esos días.
Neji lo tenía claro mientras veía a su prima moldear con suavidad y delicadeza sus movimientos. La aldea estaba en paz, llena de tranquilidad y hasta de cierto hastío, no había nadie para quebrar la rutina del día a día. Faltaba al menos uno año completo para que Naruto volviese a la aldea tras su entrenamiento y mostrase de lo que estaba hecho. Neji, por lo pronto, se presentía a las pruebas jounin después de haber pasado y aprobado las de chunin. Entrenaba sin pausa en cada momento que tenía libre, dedicando todo su empeño en captar y acoplar a su propio ritmo las enseñanzas que su tío generosamente ahora compartía con él sin reservas.
Tomaba un descanso en ese momento gracias a las atenciones de su prima. El té era delicioso y lo ayudaba a relajarse y disfrutar del espectáculo que veía si se podía llamar así. Hiashi había decidido también poner mayor empeño al entrenamiento de su primogénita, y Hinata hacía hasta lo imposible por complacerlo con entusiasmo y anhelo aunque no estuviese siendo supervisada todo el tiempo.
Neji sonrió levemente al verla insistir y perfeccionar su técnica.
Era curioso, pensó, bastante curioso cómo se habían dado las cosas.
Probablemente tenía que agradecer a Naruto por toda su vida y -quizá- nunca sería suficiente. Le dio una dura e impactante lección que le abrió las puertas a los lazos familiares que había intentado cortar con rencor durante años y que suponían toda una dicha en el presente.
Era cierto que había considerado a su prima un incordio, una vergüenza y una inútil total, así como el blanco favorito de todo su odio. También era cierto que no deseó nada más que ver al clan humillado y a su heredera un poco más que muerta. Su resentimiento lo había cegado y trastornado. No iba a negar esas emociones perturbadoras, sin embargo era curioso como todo había cambiado.
Ahora, cuando veía a Hinata con sus ondulantes movimientos, con su sonrisa tímida y el destello de cariño y bondad en sus ojos no podía desear otra cosa que protegerla. Comprendía finalmente el instinto protector de Shino y Kiba, y los gruñidos que aun ganaba de este último y de Akamaru a veces cuando recelaban alrededor de su prima. Era imposible que fuese de otro modo, y eso le hacía pensar ¿Por qué la había odiado tanto? ¿Cómo es que concentró en aquella tímida y amable niña todo su rencor?, ¿por qué en Hinata?, ¿por qué no solo en Hiashia o el clan? ¿Fue envidia o simple testarudez?
Quizá solo rencor, puro y llano rencor que le nubló el juicio.
Hinata le sonrió con cariño dando otros suaves movimientos al practicar. No era mala pero tampoco buena. Neji creía que el problema de Hinata en realidad no estaba en su talento, su educación o inteligencia, más bien en su dulce carácter, cuando atacaba, cuando medía a alguien, e incluso cuando solo practicaba parecía contenerse completamente, limitaba su propia capacidad por temor no solo de herir a alguien sino que también por inseguridad.
Neji había observado a Hanabi en acción, la más pequeña de las dos hermanas Hyuga no se tentaba ni parpadeaba con emoción cuando atacaba, al entrenar era fuerte, astuta y despiadada. En carácter no era especialmente dura, tenía una similitud con Hinata que sorprendía cuando se la trataba, no era tímida pero si callada, tranquila y razonable. Equilibraba muy bien mente y cuerpo y entendía a la perfección lo que significaba ser un ninja, por lo que aunque amaba a su hermana debía su lealtad a su apellido y a su nación. Neji respetaba a Hanabi por aquellas cualidades.
Hinata también era digna de ser respetada, pero más que respeto ella inspiraba en Neji un sentido de protección que jamás esperó experimentar. No creía que Hanabi necesitase alguna vez protección, crecía y se fortalecía para sin duda tener un futuro prometedor y brillante. El futuro que antes se le había impuesto a Hinata contra su voluntad al ser la primogénita.
El futuro que, recuperara su derecho o no, él debía proteger porque era su deber desde que nació hasta el día en que muriese velar por la seguridad de Hinata Hyuga.
Cuando su padre le comunicó aquello, Neji estuvo bastante dispuesto y orgulloso ante su labor. Cuando su padre murió, la odió y juró que no solo no la protegería sino que haría lo necesario para verla muerta.
Ahora, al observarla hacer uno y otro movimiento, algunos sencillos, otros complejos, unos pocos torpes y otros eficientes, Neji se dijo que estaba listo y dispuesto a cumplir con su deber. Como ninja que era él sabía que su vida sería corta, que un suspiro podía encerrar todos sus años, y que el latido de su corazón era un sonido efímero, un día estaba y el otro no. No había encontrado una razón para eso, simplemente lo educaron como a cualquier otro ninja, la muerte no debía representar miedo, era un paso más en el que camino escogido. Pero al ver a Hinata, al ver a la prima a la que odió, a la niña tímida y risueña, débil y temerosa, supo que había encontrado una razón para todo eso. La misma que seguramente encontraron muchos ninjas que dieron su vida, encontraron una razón para vivir y para morir al mismo tiempo.
Vivir para proteger algo y morir para seguir protegiéndolo.
Sonrió.
Hinata era su razón, había encontrado algo por lo que daría la vida sin importar nada. Cuando la veía estaba absolutamente seguro de que la protegería a como diese lugar, no por una elección ajena, no por ser algo impuesto, sería por elección y deseo, por eso interpondría su vida para que ella siguiera viviendo.
¿Cómo se llamaba a eso?
Una vez escuchó a alguien decir: "del odio al amor solo hay un paso".
Bien, era cierto.
Solo un paso fue necesario para aceptar lo que había negado, para comprender que su odio se convirtió en amor.
La amaba. Si aquello era romántico o fraternal el tiempo lo habría de dictar.
Pero sabía que al verla sonreír algo dentro de él se agitaba aunque su máscara de tranquilidad estaba bien puesta para que nadie lo notara.
—Lo está haciendo mal, Hinata-sama —corrió dejando su taza vacía y acudiendo a su lado.
La tranquilidad seguía presente en el ambiente, nada podía destrozar aquella apacible tarde. Su prima llevaba ropa de entrenamiento (abandonó los elegantes kimonos cuando él se lo señaló) y tenía atado el largo cabello que se estaba dejando crecer, los mechones se escapaban de la coleta y se pegaban a su frente llena de sudor. Para cualquier otra persona aquella sería una escena provocativa, para Neji era algo del día a día y solo le hacía sentir más afecto por Hinata.
—Lo siento, nii-san —respondió ella, mortificada.
—Movimientos innecesarios menos, más firmeza y seguridad al atacar —enumeró colocándose detrás de ella y recordando los sendos y cuidadosos patrones que aprendió en su niñez bajo la supervisión de su padre. Después todo fue intuición, pergaminos y rencor, algo que lo catapultó al poder pero lo hundió en miseria. Con la enseñanza de la rama principal estaba conociendo detalles que -a pesar de todo- antes le habían sido negadas. Con eso podía ayudarla de mejor forma y con toda la voluntad.
Hinata imitó sus movimientos pero de mala forma.
—Tiene que hacer esto… —indició sujetándola de los brazos para ayudar a equilibrar la armonía de sus pasos
No le molestó corregirle ni enseñarle, y el resto del día se la pasaron entrenando, tomando pausas y descansos. Hinata hablaba y Neji escuchaba y aconsejaba, no era bueno con las palabras pero cuando su prima lo necesitaba le daba lo que deseaba.
—Ha mejorado bastante, el tiempo perfeccionará su técnica —dijo en tono solemne cuando la noche cayó.
—Sé que falta mucho para eso —indicó Hinata con suavidad haciendo una inclinación respetuosa—. Gracias, nii-san.
—No tiene que agradecer, Hinata-sama. Es mi deber.
Ella sonrió con dulzura.
—Hace bastante que dejó de ser un deber, por eso te agradezco mucho, nii-san —murmuró alzando la bandeja de té para irse.
Neji asintió casi sonriente. Hinata se detuvo y giró a verlo con las mejillas ardiendo, un efecto que solo Naruto podía lograr en ella. Neji arqueó una ceja sorprendido, Hinata se acercó de nuevo, tropezando, y le dio un beso en la mejilla antes de correr despavorida.
Aquel breve gesto lleno de vergüenza, timidez y cariño valió más que cualquier palabra, fue un regalo que atesoró en el fondo de su corazón.
Cuando más tarde se encontró con Tenten y Lee, y ellos con sorpresa le preguntaron qué tenía por su tranquilidad y extraña sonrisa, él contestó un "nada" desapasionado.
No era cierto, claro, pero ellos no necesitaban saberlo. Estaba contento.
Era su felicidad, un pequeño momento que solo le pertenecía a él porque amaba a Hinata y quizá eso ya rozaba más lo romántico que lo fraternal.
¿Importaba? El amor que Neji profesaba a Hinata no era lascivo ni enfermizo, tampoco dañino, era cándido, especial y desinteresado. Estaba dispuesto a protegerla y a morir por ella.
Su odio ahora era amor.
.
Espero les guste, esa la primera vez que escribo sobre esta pareja o lo intento al menos XDD.
¡Feliz Navidad por atrasado!
Besos, Bella
.
Editado (08/09/19): Ahora le tengo más fe a esta pareja que antes se me hacía tan bizarra XDD, las vueltas que da la vida.
