CAPÍTULO 1: ALGUIEN EN QUIEN CONFIAR

Saliendo del hospital retomamos nuestras labores, hasta la hora de salida. Fuimos directo al centro comercial a comprar algunos ingredientes para la cena que, por supuesto, yo prepararía. Traté de calmarme, de todos modos no sirve de nada alterarse, siempre y cuando estuviera con él todo estaría bien, ¿no?

- ¿Te molestaría acomodar la mesa mientras yo preparo esto?

- Oh, claro.

Estabas tan nervioso como cada vez que venias, debo admitir que lucías gracioso, mejillas rosas, movimientos torpes, quizá no te lo haya dicho pero eso me gusta de ti, me recuerda al "Tú" del pasado.

- Ya está listo. – Serví la comida y tomamos asiento, pero noté algo en tu rostro. - ¿Qué sucede?

- Nada… Está todo bien…

- Onodera.

- Es que, tiene mucha sal.

- ¿Hm? – Probé y en efecto tenía demasiada – Qué raro, le eché la cantidad usual. No lo comas.

No tenía caso, ordenamos comida y fuimos a ver algo en la televisión mientras esperábamos. Debía decírtelo, era una buena ocasión; yo sabía que me amabas, pero quería saber cuánto.

- Ritsu – Susurré tu nombre para desviar tu atención hacia mí.

- Hm… ¿Qué, sucede...? Si no te gusta puedo cambiar de-

- No, ese está bien. – Me acerqué un poco más. – Siempre dices que no te escucho, ahora estoy dispuesto a hacerlo.

- ... – De nuevo guardas silencio, hasta que al fin entiendes a lo que me refiero. – Yo, como ya dije antes, creo que… deberíamos ir en orden. No sé nada de ti y…

- Entonces, ¿Qué tipo de relación según tú deberíamos tener ahora?

- Ser… uhm… - Vamos, no lo pienses tanto. – Ser amigos estaría bien por ahora.

- … - Entiendo tu punto, sin embargo no me creo capaz de tomarlo así - ¿Amigos con derechos? No suena tan mal.

- ¡No me refería a eso! – Te pones histérico como siempre, admite que ni tú aguantarías.

- Tsk, con lo que hemos hecho hasta ahora no creo que dar vuelta atrás sea fácil. Sigamos como estamos.

- ¡¿Para qué rayos me preguntas si vas a hacer lo que se te da la gana?! – Te levantaste dispuesto a irte, te detuve del brazo.

- Onodera, la otra vez dije que te esperaría, pero, ahora… Simplemente no puedo hacerlo más, no sé cuánto tiempo me, cuánto nos tomará llegar a ese nivel.

- Bueno, yo ya te dije lo que te tenía que decir… - Hiciste esfuerzo por zafarte - Además, ¿No creo que nos tome otros diez años? Jeje –

Sencillamente, no aguanté tus palabras, eso no era un juego maldita sea. Te atraje hacia mí fuertemente, tal vez si lo hacíamos, tal vez con el contacto de nuestros cuerpos podrías ser más sincero contigo mismo. Erré al mostrarme demasiado desesperado, lo notaste fácilmente.

- ¡Tu-! ¡Suéltame! – Verte con ese rostro me hizo reaccionar.- ¡¿No has entendido lo que acabamos de hablar?!

- Lo sé, lo sé, solo… Confía en mí.

- ¡Yo no confío en ti! - Sonó el timbre justo en ese momento, ¿Por qué los jodidos repartidores llegan en momentos cruciales?

- Lo… Lo siento, me retiro. – Saliste corriendo si siquiera atender a la puerta.

"Yo no confío en ti", pagué la comida pensando en ello.

EXTRA:

"Demonios, yo… no debí haberle dicho eso" - abrí la puerta de mi departamento y caí rendido en la alfombra, no ví el momento en el que me quedé dormido "Hm, ¡No otra vez! Ahora que recuerdo, hace más de un mes que me he quedado dormido aquí en la entrada. Iré a la cama"Miré mi reloj y ya eran las tres de la mañana, mi estómago gruñó de hambre."Mejor me preparo algo" – Fui a ver si es que tenía algo en la alacena aún con la luz apagada, cuando sentí algo viscoso en mi mano. – "¿Qué rayos es..?" Encendí la luz y…

Ya me había quedado dormido luego de comer, cuando de pronto escuché un estruendoso y chillón grito, sí, era de Onodera. Salí a echar un vistazo cuando este entró corriendo a mi departamento.

- ¡¿Qué te sucede?!

- ¡Había muchas cucarachas en la cocina! - Vociferó sacudiéndose un par de los zapatos.

- Espera… ¡Tienes otras en la chaqueta!

- ¡Waah! – Me quité la prenda, si hay algo que odio son esos bichos.

- ¡También tienes en la camisa! – Arrojé la camisa lejos de mí

- Oh no, en tus pantalones hay varias – Me desajusté el cinturón y me lo bajé hasta las rodillas, Un momento…ese idiota… ¡Ya veo que tramas!

- ¡Oye, suéltame! – Ya me había tomado de la cintura el muy maldito - ¡¿Qué rayos haces?!

- ¿Qué hago? ¿Qué se supone que debo hacer cuando la persona que amo se desnuda ante mí en la madrugada? No seas tonto.

- ¡Que me sueltes!

Al final, Takano siempre tiene lo que desea, al menos por ahora.

Gracias por sus review, ojalá les haya gustado este nuevo cap