Hi-hi~~ ¡Aquí llego con un nuevo capítulo! Siento haber tardado tantos días en subirlo, lo acabo de terminar justo ahora. Pero entre un examen de la universidad y un poco falta de inspiración pues no llegaba a sacar nada bueno para el capítulo.
Me alegra ver que la gente entra al menos a curiosear de qué trata la historia. Por eso os quiero dar las gracias por ese par de follows que me habéis dado y también quiero agradecer a esos que simplemente se pasan para leer, aunque no comenten ni nada, porque eso significa que capta la atención lo que estoy escribiendo, y eso ya me hace feliz.
Bueno, al lío. Este capítulo estará narrado de nuevo por Deidara, y vuelve a aparecer un flashback.
Sin más, os dejo leer. Espero que os guste, y que lo disfrutéis 3
Disclaimer: los personajes que aparecen en este fic pertenecen a Masashi Kishimoto y no tengo ningún derecho ni animo lucrativo con ellos.
Ya eran las 4:55 y yo ya me encontraba sentado en el pasillo de la facultad donde estudiaba Itachi, como siempre hacía cuando venía a buscarle. Estaba impaciente por verle salir. Intenté distraerme esos cinco minutos que quedaban de espera jugando con mi móvil pero, en lugar de en un juego, acabé mirando ese frío mensaje que Itachi me había mandado esa misma mañana.
La puerta frente a mí se abrió y los alumnos comenzaron a salir. Yo me levanté, esperando ver sobresalir aquella cabeza de pelo negro que tanto me gustaba. Sí, ahí estaba, por fin aparecía.
Sonreí levemente y me acerqué a saludarle; quise abrazarle pero Itachi me sujetó de los hombros. – Espera Deidara. Mejor vamos fuera. – Me quedé en silencio, borrando mi sonrisa. Ni siquiera me había saludado, simplemente me tomó por la muñeca y me guio por los pasillos de la facultad para salir del edificio.
Cuando vi la puerta de salida no pude evitar suspirar. Tenía tanto miedo de lo que podría llegar a decirme. Intentaba controlar mis nervios, pero simplemente solo de pensar que me iba a hablar de esa manera tan fría, con esa mirada que parecía que la oscuridad me tragaría… se me hacía imposible no temblar ligeramente.
Una vez fuera nos alejamos unos metros de la puerta. A esas horas la mayoría de los alumnos salían en grupos de la facultad en dirección a sus casas, pues ya había terminado el horario lectivo. Pude notar aquello porque entre Itachi y yo había surgido un silencio tan tenso que intentaba prestar atención hasta a la cosa más insignificante del mundo con tal de no estar tan consciente de nuestra situación.
– Deidara, mírame. – Aquella orden me hizo levantar inmediatamente la cara y enfocar mi mirada en sus ojos. Vi cómo suspiraba, cerrando los ojos unos segundos, y al volver a abrirlos su mirada había perdido parte de esa hostilidad que mostraba al principio. Quizás estaba cansado. Y no solo físicamente, sino que podría seguir molesto por la actitud que mostré antes de que se marchase de casa. – ¿Cómo estás? – Sus ojos me recorrieron mi cuerpo de arriba abajo, como si me estuviese escaneando.
No pude evitar volver a sonreír; me ilusionaba que al menos estuviese preocupado por mí, pues se le notaba a la legua por mucho que intentase mostrarse frío. – Ahora ya estoy bien Itachi… te he echado mucho de menos. – Me acerqué a abrazarle, pero él dio un paso atrás.
No entendía a qué venía aquel comportamiento. ¿Éramos novios y ni siquiera me dejaba acercarme? Pensaba que querría arreglarlo todo, pero solo estaba consiguiendo hacerme sentir peor. Apreté los labios, analizando su rostro a la espera de que su actitud cambiase de una vez. Pero ese momento al parecer no llegaba. – ¿No vas a decir nada más? –
Él se limitó a resoplar mirando alrededor un momento para luego enfocar los ojos de nuevo en los míos. – Deidara… ¿has recapacitado ya sobre lo que te dije? – Su actitud seria seguía presente, y yo no sabía ni cómo hablarle ya.
Asentí, sintiendo que se me humedecían los ojos. – P-pues claro, no he podido dejar de pensar en ti… yo te necesito Itachi… te amo… – Su mueca tras mi respuesta me dejó más que claro que no estaba muy contento con mi respuesta.
Me tomó de los hombros, sujetándolos con algo de fuerza, sin llegar a hacer daño. – No me refiero a eso. Sabes perfectamente que lo que quiero es que me prometas que no vas a ser tan posesivo conmigo. Está bien ser un poco posesivo o celoso de tu pareja, pero no puedes prohibir al resto del mundo acercárseme. ¿Entiendes? Rozas la obsesión con ese comportamiento. Incluso mi hermano tiene miedo de acercarse si estás tú presente… – Esas palabras se me hacían tan conocidas que dolían. Me estaba diciendo lo mismo que dijo el día que se marchó de casa, hace casi cuatro semanas.
Asentí de nuevo, tomándole de las manos para entrelazar nuestros dedos. – Itachi… te prometo que no volveré a comportarme de esa forma. Me guardaré los celos, lo juro, no me enfadaré si te hablan ni nada de eso… – La mirada del moreno parecía intentar leerme la mente y el corazón con aquella intensidad que tenía.
Se llevó la mano derecha a los ojos y se los frotó un poco, como pensando qué hacer. – No me vas a convencer solo con… –
Entonces en un impulso me abracé a él y le empecé a suplicar. – ¡Por favor! Te lo juro por mi vida, no voy a ser celoso más. Haré lo que quieras para que continúes conmigo… por favor… no vuelvas a marcharte… – No iba a permitirme perderlo, era lo más importante para mí… lo único que daba luz a mi vida.
Entonces sentí sus brazos rodeándome también. Eso era lo que había necesitado tanto estos días, esa calidez, esa sensación de protección, de cariño… – Está bien Dei, te creo… confío en que no vuelvas a ponerte de esa forma. Contrólate, ¿de acuerdo? – Me separó un poco de su cuerpo y me sonrió levemente. – Intenta no montar escenas como la del otro día. ¿Vale? – Yo solo asentí con rapidez, como si fuese un niño pequeño tras escuchar el regaño de su madre.
Tras aquella charla, como Itachi ya no tenía más clases ese día, volvimos juntos a casa, tomados de la mano. Estaba tan alegre, me sentía tan afortunado, que habría puesto la mano en el fuego apostando a que nada lograría arrebatarme esa felicidad. Pero… ¿qué me aseguraba que podría contener aquellos irrefrenables celos que sentía hacia cualquier persona que se acercaba a Itachi? No soportaba verle con gente demasiado pegadita a él.
Flashback (14 días antes)
Faltaba poco para que Itachi saliese de clase y el pequeño rubio estaba como siempre esperándole fuera de la facultad, disfrutando del buen tiempo que ya hacía en esa época. No era capaz de contener la sonrisa solo por los planes que tenían. Una tarde solo para ellos dos.
Deidara se levantó del banco al ver salir a Itachi, aunque no le hizo mucha ilusión ver que salía con un par de chicas y otro chico. Los chicos se acercaron a Deidara e Itachi saludó a su novio con un beso en los labios e hizo las presentaciones correspondientes. Tras eso, cogió de la mano a su chico y se puso algo más serio. – Dei, cielo, hoy no podemos quedar. Mi grupo y yo tenemos que hacer un trabajo para la semana que viene. Lo pospondremos para mañana, ¿vale? –Le acarició la mejilla, volviéndole a sonreír, esperando que comprendiese.
Pero si Deidara tenía un defecto, ese era sus celos hacia Itachi, y por lo tanto se ponía muy cabezota cada vez que alguien se lo "quitaba". – Pero Itachi, habíamos planeado esto ya desde el fin de semana pasado. Me lo habías prometido. – Miró con rabia a todos esos compañeros de clase del moreno, que se achantaron un poco ante la mirada del rubio.
– Deidara, por favor, es un trabajo importante, no puedo posponerlo. Entiéndelo, esto es la universidad, no un juego. – Desde el principio el mayor ya sabía que su pareja se opondría, ya le conocía lo suficiente como para poder verlo venir.
– ¡Que no Itachi! Me habías prometido que íbamos a ir al cine. Pues ahora vamos al cine, harás el trabajo mañana. – Tomó de la mano a Itachi para llevárselo pero una de las integrantes del grupo se interpuso, tomándole del otro brazo también y se encaró al novio celoso.
– Oye, vale que sea tu novio, pero tiene cosas más importantes que hacer con nosotros. Así que tendrás que aguantarte. – Deidara creyó ver que aquella chica no era una simple compañera, que ella tenía ese brillo en los ojos de enamorada.
¿Enamorada de Itachi? Por encima de su cadáver. Deidara soltó la mano que sujetaba hasta ese momento con posesividad y se enfrentó a esa chica. – ¿Tú quién te crees que eres para decir que Itachi tiene algo más importante que yo? ¿Eh? – Empujó a la chica para apartarle de aquel que consideraba de su propiedad, solo suyo.
Pero lo que le sorprendió no fue que la chica le devolviese el empujón o las malas palabras, sino que el propio Itachi le hizo callar y, tras despedirse de sus compañeros, se llevó al rubio derechito a casa.
Allí empezaron a discutir sobre todos esos celos que Deidara siempre tenía con todo aquel que se aproximase más de lo que él mismo creía necesario. Es que no podía soportarlo. Como esa chica de antes, ¿cómo se atrevía a agarrar del brazo a SU novio de esa manera? No podía pasar tal cosa por alto.
Fue entonces cuando, Itachi, tras una acalorada discusión, dio un ultimátum a su pareja. O se terminaban los celos o aquella relación acabaría para siempre. Entonces tomó algunas de sus cosas y se marchó de casa. Desconectó el móvil, no leyó ninguno de los emails que le llegaban de parte de Deidara; no quería ningún tipo de relación con él en unos días. Quería darse tiempo para pensar en si aquella relación era conveniente, y también quería dar tiempo a Deidara para pensar en lo que hacía.
Fin del flashback
Los primeros días después de la vuelta de Itachi estaba tan feliz que ni siquiera llegué a sentir celos. Veía que toda su atención se volcaba de nuevo en mí, como siempre quise. Citas románticas, regalos, noches de pasión, muestras del más puro amor… Pero si algo no tenía yo, era suerte y una cabeza fría para pensar antes de hablar.
Un viernes le fui a buscar a su clase, como siempre. Pero no podía aguantar las ganas de verle, así que fui al aula en la que sabía que estaba. Sí, me sabía su horario y las aulas de memoria, no necesitaba ni mirarlo. Estaba tan contento en ese momento, ya era viernes, por lo tanto tendría a Itachi para mí solo.
Como de costumbre, el profesor, siendo viernes, les permitía salir antes de la hora, por lo que enseguida se empezó a formar barullo en el pasillo. Esperé y esperé… pero Itachi no salía. Si él era de los primeros en abandonar la clase siempre. No entendía aquello. Al menos no lo entendí hasta verle salir con aquella chica que hace semanas me encaró de aquella forma tan desconsiderada. Itachi le rodeaba por los hombros y ella sonreía mientras se sujetaba de su cintura.
No pude aguantar los celos y me acerqué a ambos. – ¡Oye tú! ¡Suelta a mi novio de una vez! – Le agarré de la mano y de un tirón hice que la chica se separase de él.
Ella trastabilló un poco con unas quejas como de dolor, pero yo solo continuaba sujetándola para que no se tomase otra vez de mi novio. – ¡Deidara! ¿Qué crees que haces? ¡Suéltala! –
Yo negué con la cabeza, hirviendo de ira. – ¿Para qué? ¿Para que podáis marcharos juntos? ¡Ni loco! – La chica me miró alucinada, como si yo fuese un perturbado o algo así.
– Deidara, te lo estoy pidiendo de buenas maneras. Suéltala y no hagas escándalo aquí, estamos en la universidad. – Miré a mi alrededor, viendo cómo todos los alumnos que había en el pasillo se habían quedado mirándome.
Me entraron nervios, pero yo seguí a lo mío. – No estoy haciendo escándalo, el que hace escándalo eres tú, saliendo agarradito con esta furcia. – Miré con odio a la chica morena que no había soltado en ningún momento, que ahora tenía un enorme gesto de indignación y se veía que quería soltar varios improperios contra mí.
– Ah, ¿así que ahora soy yo el que hace escándalo? – Me tomó de la mano y frunció el ceño como nunca le había visto hacer. Aplicaba tanta fuerza en el agarre que llegó a dolerme. – Suéltala. Ahora. – Su tono amenazante me hizo pasar saliva, pero no mostré ningún miedo.
– ¿Cómo la defiendes eh, Itachi? A mí no me defenderías de esa manera. – Me removí un poco intentando que me soltarse sin soltar yo a esa ramera. Pero él solo aplicó más fuerza en mi muñeca.
– No te defendería de esa manera porque yo no soy un loco celoso que no soporta que su novio tenga amigos y buenos compañeros. – Aquello me estaba indignando demasiado. No era que no quisiera que tuviese amigos, lo que no quería era que esos amigos se comportasen como lapas, sanguijuelas…
– ¿Así que no te importa que salga con otros hombres? ¿Por qué no me celas ni siquiera un poco Itachi? – Esa mirada de incredulidad que me dio me sentó tremendamente mal.
Aunque me sentó aún peor que me ignorase. Simplemente volvió a rodear los hombros de la chica y sin palabra alguna se fue con ella a paso lento por el pasillo. – ¡Itachi! ¡No me ignores! ¡Debería estar yo en su lugar, no ella! –
A pocos metros de mí él se giró para mirarme a los ojos con rabia. Podía ver que estaba haciendo verdaderos esfuerzos por controlarse. – Ni siquiera puedes soportar una situación así. ¿Qué hay de la promesa que me hiciste, Deidara? –
Me acerqué a él de nuevo para contestarle. – No puedo cumplir una promesa como esa cuando tú provocas este tipo de situaciones… ¡¿Qué estáis mirando?! – Con mi grito, muchos de los curiosos que había por el lugar mirándonos se marcharon. Volví a bajar el tono de voz, aunque los celos seguían muy presentes. – ¿Qué pasa? ¿Te gusta ella más que yo? –
Itachi abrió los ojos como platos ante mis preguntas, pero después tan solo pegó un poco más a la chica a su cuerpo. – ¿Y qué pasaría si así fuera? –
¡¿Cómo?! ¡Estaba enamorado de ella! Ahora lo entendía todo, su ausencia, todos esos trabajos… – ¡Si tan enamorado de ella estás quizá sería mejor que rompamos! –
Dije aquello sin pensar, pues no podía controlarme ya. Él se quedó en silencio, mirándome, como pensando. Tras unos segundos recibí la respuesta. – Muy bien. Hemos terminado, Deidara. – Se volvió a girar con la chica, mientras yo procesaba lo que acababa de escuchar. – Mañana quiero que te lleves todas tus cosas de mi casa. –
Me quedé boquiabierto, viendo cómo ambos se marchaban juntos. ¿Qué acababa de pasar? ¿De verdad me había dejado? No podía ser… – Itachi… ¿lo estás diciendo en serio? –
Me miró por encima de su hombro de reojo. – Claro que lo digo en serio. Se acabó Deidara, no quiero volver a verte. – Mis lágrimas comenzaron a escapar de mis ojos como ríos, aún no era capaz de moverme de la sorpresa. La tristeza comenzó a embargar cada centímetro de mi cuerpo. Pero él tuvo una cosa más que decir. – Por cierto… ella no me gusta, solo le ayudo a caminar porque ha tenido una caída por las escaleras antes de clase. – Llevé mi mirada a la chica y, efectivamente, uno de sus tobillos estaba vendado. ¿Cómo no podía haberme fijado antes en ello?
Les seguí por el pasillo, intentando excusarme, pidiendo perdón a ambos por mi comportamiento anterior, pero Itachi me hizo callar. – No quiero oírte más, ya he tenido suficiente de tus celos, de tus lloros y de todas tus tonterías. A partir de ahora no hay nada entre nosotros. Tú y tus celos os habéis encargado de romper esta relación. – Detuve mis pasos, viendo como ambos se marchaban.
No podía creerlo, me había comportado de forma tan estúpida… Aun estando de sobre aviso con aquel ultimátum que Itachi me dio semanas antes. Yo había continuado igual, había seguido con mi comportamiento celoso y egoísta. Solo darme cuenta de aquello, de pensar que todo era culpa mía me hacía llorar con amargura en medio de ese largo pasillo, ahora bastante más solitario.
Por culpa de mis estúpidos celos había acabado solo… completamente solo. Itachi lo era todo para mí, pues no tenía ni padres, ni hermanos; nadie que un par de amigos en común con Itachi. ¿Qué iba a hacer de ahora en adelante? Ni siquiera tenía dónde ir ahora que Itachi me había echado su casa.
Entonces, entre todos esos pensamientos amargos de soledad, sentí una mano sobre mi hombro…
Bueeeeeeno pues hasta aquí el tercer capítulo de la historia. Muchísimas gracias por leer este capítulo, espero que os haya gustado. Una review, aunque sea pequeñita, siempre será bien recibida, ¿ne?
Nos vemos en el siguiente capítulo, bye bye~~
