¡Hola a todos! Jo, hace un mes que no subo un nuevo capítulo de mi fic. ¡Lo siento! Anduve de exámenes en la universidad y luego con reuniones de los profesores, tres fiestas de cumpleaños y sus consecuentes compras de regalos... vamos, que junio ha sido un mes completito en todos los aspectos. Además, no es que haya estado muy contenta esta época por cosas de la universidad, así que no me llegaba ni una pizca de inspiración. Pero no, estos días ya me he obligado a escribir y subir el siguiente capítulo de este fic, ya basta de holgazanear jaja.

Así que, sin tener nada más que decir, espero que os guste el nuevo capítulo. Esta vez se narrará desde la perspectiva de Sasori, que ya le tocaba al pobre volver al candelero jajaja. ¡Disfrutad~! 3

Disclaimer: ninguno de los personajes que aparecen en este fic me pertenecen, ni los uso con fines lucrativos.


Cuán dura era la vida de una persona solitaria. Llegar a casa y que nadie te espere, ni una sola llamada en el contestador, comer solo... Todo esto empeora cuando alguna vez probaste esa vida en pareja que todo el mundo anhela, llena de amor, muestras de afecto y lo más importante, compañía, apoyo y comprensión. Pero la vida es cruel, y puede arrebatarte esa felicidad en tan solo un día... no, solo un segundo es suficiente para que tu existencia se tiña de oscuridad. Incluso podrías ser tú mismo el que haga que esa felicidad desaparezca.

Aunque siempre puede volver a surgir la luz, ¿verdad?

o...

¿Estarás dispuesto a dejarla pasar?

Debo reconocer que, desde aquel pequeño encuentro con ese joven rubio llamado Deidara, mi vida cambió en cierta forma. Os preguntaréis el por qué. Bien, en un principio no me pareció más que un adolescente pesaroso en busca de alguien. Y así fue mi opinión sobre él... hasta que llegó la noche de aquel día en que hablé con él. Tumbado en la cama, cada vez que cerraba los ojos, solo era capaz de ver esos orbes azules como el cielo, un poco cubiertos por ese flequillo rubio largo. No tenía ninguna duda, ese rostro angelical me había marcado.

Y los días siguieron pasando. Cada vez pensaba más en ese rubio, del cual era imposible que me olvidase, ya que a la salida de mis clases, él siempre estaba allí, expectante, dirigiendo su cristalina mirada a todos aquellos alumnos que salían de mi aula para luego marcharse del lugar, decepcionado. Seguramente seguía buscando a aquel chico que me dijo.

Llegó un punto en el que mi fijación por Deidara fue la suficiente como para consultar la lista de las personas que acudían a clase para ver si ese tal Itachi Uchiha había acudido por fin a mi clase. Pero no, aquello no ocurría, y no parecía que fuese a volver, pues no recibía ninguna noticia de él por parte de sus compañeros, ni tampoco el Uchiha se comunicaba conmigo.

Pero no, no fue así. Dos semanas después de conocer a ese chico recibí la lista de asistencia de alumnos que habían asistido aquel día a clase y para mi sorpresa, también aparecía la firma de Itachi Uchiha. Levanté la mirada con curiosidad para ver si encontraba alguna cara desconocida. Pero no me fue fácil, yo no era de esos típicos profesores que se quedaban con la cara de sus alumnos, o que se aprendiese sus nombres. Así que dejé de lado esa tarea inútil y me centré en corregir trabajos mientras los alumnos hacían sus prácticas.

La hora de salir llegó y con ello el momento de ver a Deidara. Eran tan solo unos segundos, su mirada ni siquiera se dirigía a mí, pero me contentaba con verle desde lejos. Aunque ese día algo cambió. Un chico de pelo negro y piel pálida se acercó a él y, juntos, se marcharon. Sentí cierto calor por dentro al ver aquello. Envidia, quizás algo de celos, aunque no eran muy razonables, ya que Deidara no era nada mío... mío, eso no sonaba nada mal.

Volví a mi despacho a por mis cosas para por fin marcharme de la universidad y "disfrutar" del fin de semana, corrigiendo y planificando las clases que quedaban para el último mes del curso. Salí del edificio de la facultad de medicina y me encontré una escena que para nada me habría esperado. Ese que creía que era Itachi Uchiha abrazaba a un muy feliz Deidara. Las sensaciones que tuve antes en el pasillo reaparecieron, más fuertes incluso. Intentando apaciguarlas me alejé de allí a paso rápido para volver por fin a mi casa.

Los días pasaron desde entonces, no podría decir si despacio o rápido, pero definitivamente podría decir que no fueron días tranquilos. Las clases ahora no solo eran monótonas, sino que parecían una eternidad para mí. Cada vez que veía a ese Uchiha recordaba a Deidara y ese calor me envolvía, haciéndome sentir aquel mal humor que no mostraba desde hacía años. ¿Cómo era eso posible? Acaso... ¿me habría enamorado de él? No podía ser, solo habíamos hablado una vez, y apenas fue para saber por ese otro chico. Solo debía ser una especie de fijación, atracción física tal vez. Pero es que... ¿a quién no le atraerían esos zafiros deslumbrantes?

Ese calor interno que me provocaba la fijación que tenía por el rubio crecía hasta límites insospechados cuando, al salir de mi trabajo, le veía de la mano de Itachi Uchiha, tan feliz. ¿Por qué todo era tan difícil? Si simplemente pudiese calmar esta ansia de tenerle cerca una vez más... Cualquiera que supiese mis pensamientos me llamaría loco directamente. Quizás me estaba trastornando. Debía controlarme, costase lo que costase.

Pero llegó el día en que no sabría decir si tuve toda la suerte del mundo o no. Estaba en clase tranquilamente recogiendo cuando unos gritos se escucharon en el pasillo. Alguien discutía, o mejor dicho, alguien gritaba a otra persona. Cuán grande fue mi sorpresa al salir del aula para poner orden y ver que aquel que gritaba era el protagonista de mis pensamientos. ¿Había oído bien? ¿El moreno rompía con él? Agradecí internamente que Deidara estuviese dándome la espalda, pues una pequeña sonrisa se dibujó en mis labios cuando el moreno se fue con la otra chica.

Si hubiese sido cualquier otra persona solo le habría llamado la atención por los gritos, pero siendo Deidara, algo dentro de mí hizo que me acercase y pusiese una mano en su hombro. Mi rostro en ese momento volvía a estar serio, acorde al tono de mi voz. Quería consolarle, pero no sabía cómo hacerlo. - Tranquilo... ¿Deidara, verdad? - Pregunté como si no estuviese seguro de que ese era su nombre, aunque no era así para nada. - Ahora es mejor que no insistas. Así en caliente la situación podría torcerse más todavía. - Asentí con la cabeza, dando más fuerza a mis palabras, mientras esos ojos azules, ahora cubiertos por las lágrimas, me miraban en busca de un rayo de esperanza. - De verdad, será mejor dejar pasar un día o dos para no forzar las cosas. -

Deidara solo bajó la mirada y apretó los puños. - Yo le amo... ¿por qué no lo entiende? Le necesito a mi lado, por eso... por eso... - Guardó silencio entonces, dejándome con la intriga de lo que iba a decir. Aún me preguntaba qué era lo que había pasado, aunque a juzgar por los gritos y la escena que había llegado a ver, había sido todo por un ataque irrefrenable de celos.

Le di unos segundos que probablemente necesitaría para pensar y por fin aparté mi mano de su hombro. - Creo que lo más conveniente sería distraerte. Aunque suelen decir que lo mejor es soltarlo todo contándoselo a alguien. - Dudé en decir lo siguiente, pero ese ardor que me provocaba estar con él me obligó a decirlo. - Sé que no soy más que un desconocido para ti, pero te ofrezco mi ayuda si es que la necesitas. -

Al no recibir más respuesta que una mirada confusa y hundida en la desdicha decidí marcharme de allí hasta que escuché su voz por fin. - Espera... - Escuché sus pasos rápidos detrás de mí y me detuve. - Yo... no quiero hablar del tema pero... -

Sabía lo que debía estar pasando. Conocía muy bien esa sensación de abandono, ese sentimiento de que la vida ya no tenía sentido. Así que, sin esperar a que dijese nada, le interrumpí. - ¿Quieres venir conmigo a la cafetería de aquí al lado? Podemos hablar de lo que sea. Aunque no lo parezca, soy persona a parte de profesor, aunque todos mis alumnos crean lo contrario. - Me sentí reconfortado al ver que, durante un pequeño momento, las comisuras de sus labios se torcían mínimamente hacia arriba, como en un intento de sonrisa.

Él aceptó mi proposición y, tras pasar por mi despacho para recoger el resto de mis cosas, me volví a reunir con él en la entrada de la facultad. Juntos fuimos a esa cafetería que le había mencionado. Tenía cierto aire irlandés en su decoración y de fondo sonaba rock ochentero. No era un local que fuese de mi estilo, pero era bastante acogedor y tranquilo, pues la poca gente que había estaba atenta a sus propios asuntos. No quise preguntar al rubio lo que le apetecía tomar, ya que probablemente querría algún tipo de refresco y, dados sus nervios, lo que menos necesitaba era más azúcar. Decidí llevarle un té de tilo para que se relajase, aunque fuese un poco. Para mí solo pedí un café y con ello me fui a sentar donde el rubio me esperaba, frente a frente.

Yo no era un hombre muy empático, pero él mostraba tal tristeza que incluso me hacía sentir un poco mal a mí, a aquel que siempre decían que no tenía sentimientos. Solo eran apariencias, nadie me conocía bien. – Ten, bebe eso e intenta tranquilizarte. – Di un sorbo a mi café y tras unos segundos en silencio decidí hablar. – He escuchado desde dentro del aula vuestra discusión. No creo que aceptes consejos de un desconocido como yo. Pero he de decir que a mí me ocurrió algo muy parecido hace ya años. Sé lo difícil que es tu situación como si fuese la mía propia. Por eso te puedo decir que lo mejor es que dejes pasar unos días, tómate tu tiempo para pensar y entonces ya podrás decidir qué hacer con las ideas más claras.

Él se limitó a asentir mientras removía con desgana su tila. Si yo de por sí era un hombre de pocas palabras, si mi compañero no respondía, se me hacía casi imposible continuar una conversación. Ni siquiera sabía de qué temas podría hablar sin conocerle siquiera un poco, sin saber sus gustos. – Bueno, será mejor que dejemos este tema aparte y hablar de otras cosas. – Así, intenté iniciar una conversación por mis propios medios. ¿Qué iba a ser lo mejor? Pues lo más obvio, la pregunta más sencilla del mundo. Simplemente le pregunté qué le gustaba hacer y, como si el mayor de sus pesares hubiese desaparecido, empezó a hablarme bastante más animado de que era artista. Vendía todo tipo de esculturas de pequeño tamaño y cuadros, ansiando siempre crear una obra mejor que la anterior.

Sin embargo, cuando ese tema de conversación terminó, volvió a sumirse en la tristeza y, aunque intenté volver a animarle, no lo conseguí. Las horas pasaron, hablando yo la mayor parte del tiempo, invitándole a lo que quisiese tomar, incluso le invité a merendar con toda la buena voluntad del mundo. Pero el tiempo se iba agotando y creí oportuno llevarle en mi coche hasta un pequeño hotel a las afueras de la ciudad. Justo me iba a marchar cuando él me llamó por mi nombre, como le había pedido que hiciera durante la tarde. – Sasori… ¿podrías ayudarme a llevarme mis cosas de casa mañana? No tengo coche ni nadie que me eche una mano… por favor… – No podía decir que no a un rostro tan angelical y triste a la par como el suyo. – Por supuesto, solo llámame al móvil y vendré por ti. – Justo iba a subir la ventanilla de mi coche para marchar pero me detuve y dije una última cosa antes de ponerme en marcha. – Procura dormir, es lo mejor para digerir estas cosas. – Dicho eso me puse en marcha ya de camino a mi casa, ese que me esperaba tan frío y solitario como siempre. Al menos no me preocupaba por dónde iba a quedarse, ya que el propio Deidara me había confirmado que tenía dinero de sobra para pagar varios días de hotel.

Apenas dormí aquella noche, estaba demasiado inquieto y no era capaz de conciliar el sueño. ¿De verdad contaría conmigo para esa especie de mudanza? ¿Dónde se iba a quedar hasta entonces? ¿Recibiría una llamada suya o… se olvidaría de mí? Al final caí rendido en los brazos de Morfeo, ya después de haber amanecido. La respuesta a mis preguntas acabó despertándome sobre las 11 de la mañana. Con rapidez tomé mi móvil y contesté. Obviamente, era el rubio, pidiéndome que fuese a buscarle para ir a la casa de su ex a por sus cosas. Tras una breve charla que apenas llegó a dos minutos me levanté y me preparé para marcharme.

Mientras tanto, pensaba en todo aquello que había surgido en mi mente anoche. ¿Por qué aquella preocupación por el chico surgía por sí misma? No tenía razones para ello, simplemente habíamos hablado en un par de ocasiones y en ambas el joven estaba destrozado sentimentalmente. Quizás… ¿me habría enamorado de aquella fragilidad que me mostraba? Igual que me ocurrió con… no, no era posible. Me juré a mí mismo que no iba a volver a caer en las redes del amor. Solo trajo desgracias a mi vida, una desilusión tras otra, sin nada que las pudiese frenar. Al menos no se detenían si no cortabas de raíz el problema, y eso fue exactamente lo que hice. Una pequeña sonrisa se dibujó en mis labios, recordando tiempos pasados y cómo fui capaz de solucionar todo aquello que me ocurría. Una solución muy rápida, y eficaz, de no ser por cierto inconveniente del cual salí airoso.

Aparté esos pensamientos de mi mente y, una vez estuve listo, bajé al garaje para montar en mi coche y volver al hotel a por Deidara. Aquel día estaba de buen humor, y sabía muy bien la razón. Todo era por el rubio, desde mis quebraderos de cabeza nocturnos, hasta esa sonrisilla que me salía sola, pasando obviamente por esa sensación de calor que me recorría al pensar que iba a estar con él unas cuantas horas. Ojalá todo fuese bien y se me diese la oportunidad de pasar más tiempo en su compañía, la cual -a pesar de que el chico estaba la mayor parte del tiempo muy callado y reservado- me era muy agradable. Sentía cierta atracción por él, aunque seguía negándome a aceptar que eso fuese amor ni encaprichamiento. Simplemente era interés, eso mismo debía ser.


Bueno, pues hasta aquí el capítulo. Espero que os haya gustado. Sé que ha habido poco diálogo, para la próxima intentaré escribir más y hacer el capi más largo.

Como podéis ver he dejado algunas incógnitas alrededor del personaje de Sasori. Mi intención es desvelarlas justo al final de la historia, en el último capítulo. Espero que me sigáis leyendo hasta entonces, aunque solo seáis unas poquitas personas.

Bueno, intentaré animarme más estos próximos días y poder escribir en condiciones. Creo que el siguiente capítulo estará narrado desde el punto de vista de Deidara de nuevo, aunque todo se verá cuando empiece a escribirlo. Depende de lo que pase en la historia lo narraré desde Sasori o desde Deidara.

Hasta el siguiente capi~ Muaaa~~ 3