Capítulo 4: Valentía inoportuna
A la mañana siguiente Scorpius, Rose y Astoria desayunaron en silencio. Rose preguntó por su madre al igual que Scorpius por su padre pero Astoria no contestó. Estaba que echaba chispas. Rose decidió ir a su habitación a buscarla tras desayunar, pero justo en ese momento picaron a la puerta. Scorpius se apresuró a abrir y saludó con entusiasmo a sus invitados. Los cinco estuvieron hablando un buen rato hasta que Harry preguntó por Hermione.
- Supongo que estará en su habitación. Anoche no se encontraba demasiado bien.
Rose le señaló cual era su puerta y los cuatro chicos salieron corriendo dirección a las colinas.
Harry picó a la puerta y como nadie contestaba se limitó a abrir para darle una sorpresa a su amiga, aunque la sorpresa se la llevó él. Hermione y Draco seguían durmiendo abrazados. Las sabanas estaban echadas en el suelo mientras que sus cuerpos se entrelazaban semidesnudos.
- ¡¿Pero qué…
Hermione se agitó y se frotó los ojos y cuando los abrió vio a su amigo como la miraba con los ojos de par en par abiertos.
- ¿Harry?
- ¡¿Te has vuelto loca?! -Gritó mientras se dirigía hacia la puerta. Hermione fue más rápida: Cogió su varita de la mesilla de noche y con un hechizo la cerró evitando que se fuera. Con el ruido de la puerta Draco se despertó y vio el panorama que tenía delante. Sin dejar de abrazar a la chica, bostezó y saludó al moreno con la mano.
- Buenos días, Potter.
Harry negó con la cabeza y empezó a pegar golpes a la puerta.
- Te agradecería que no hicieras eso con el mobiliario de mi casa, Potter. No sé cómo te comportarás con el simio de tu amigo pero aquí intentamos ser educados.
Harry lo miró con desprecio aún sin comprender lo que estaba viendo. En ese momento Draco se dio cuenta de lo que tanto angustiaba a Harry.
- Aparta la mirada de mi chica. – gruñó Draco mientras cogía las sabanas y las ponía por encima de Hermione.
La chica observó a los dos hombres que ocupaban su habitación y se dio cuenta de lo cómico que era. Draco estaba casi desnudo a los ojos de Harry y éste no era capaz de pronunciar palabra. Una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de la castaña y poco a poco se fue haciendo más grande hasta terminar en unas grandes carcajadas. Harry la observó y confirmó sus peores temores: Se había vuelto loca. En cambio Draco sonrió divertido comprendiendo a la chica y siguió con su naturalidad.
- Que poco caballero soy, ¿Una tortita, Potter? – dijo el rubio señalando la última tortita quemada que quedaba.
- Me he vuelto loco. Es una pesadilla. – murmuró Harry apoyando la espalda contra la puerta.
Hermione dejó de reír y le señaló un sillón que decoraba la habitación frente a la cama.
- Harry, escucha. – Cogió aire y prosiguió. – Sé que no hay nada absolutamente que te pueda decir para que entiendas porqué estamos así. Sé que piensas que ha pasado algo entre él y yo y no te lo pienso negar. No quiero que comprendas como me siento pero necesito que confíes en mí. Nunca te he fallado, Harry. Te puedo asegurar que este Draco Malfoy que ves no tiene nada que ver con el que conocimos cuando éramos niños.
Draco levantó una ceja y miró a Harry. Lo cierto es que ese gesto socarrón no ayudaba nada a que creyera sus palabras, pero a decir verdad no había salido ni un solo insulto de su boca. Rose parecía contenta hablando con Scorpius… No era un mal chico. Pero confiar en Draco Malfoy era algo que le costaba aceptar.
- Hermione, no necesito que me expliques nada. Creo que prefiero no saberlo, pero Ginny es tu amiga y a ella sí que deberías contárselo. Si ella decide confiar en Malfoy, yo lo aceptaré.
Harry se levantó y se encaminó a la puerta.
- Gracias Potter. – murmuró Draco haciendo una leve reverencia con la cabeza.
Harry asintió desconcertado pero antes de irse se acordó de cierto detalle.
- Hermione, a todo esto… Astoria Greengrass, ya sabes, la mujer del hombre con el que estás en la cama… - dijo con sarcasmo - ¿Sabe algo de esto?
- Es complicado Harry – respondió evitando la mirada de su amigo. Éste se volvió para salir pero de nuevo se paró al ser llamado por su amiga.
- Harry. Agradecería…Bueno, agradecería que no le dijeras nada a Ron. No quiero que venga aquí hecho una furia y monte un numerito.
Harry asintió y cerró la puerta tras de sí. Claro que no iba a decirle nada a Ron. No estaba tan loco como para arriesgar así su vida, mejor que se lo dijese ella.
Cuando bajó las escaleras se topó con Astoria que caminaba apesadumbrada por el pasillo.
- Señor Potter, ¿Ya se marcha?
Harry asintió.
- Volveré más tarde a recoger a los chicos. Debo hacer unos recados.
- ¿Puedo acompañarle?
Harry observó los ojos hinchados de la chica y supo que no era buena idea que siguiera encerrada entre esas paredes.
- Claro, la invito a una cerveza.
Astoria sonrió y cogió su bolso.
- Solo si vamos al Caldero Chorreante.
- ¿Porqué no deja de tontear? – preguntó molesta la pelirroja. Albus la miró divertido. Scorpius y Lily habían pasado la mañana juntos aislados del mundo, excluyendo a ella y a Albus. Habían estado dando de comer a los hipogrifos juntos pero en el momento de volar, Scorpius le prestó a Sparkler a Lily olvidándose de ella. ¡Era su hipogrifo, no de él! Los dos sobrevolaron el cielo mientras Rose lanzaba piedras a un pequeño estanque que había en el interior del bosque. Sabía que no debía adentrarse pero prácticamente no había entrado. No corría ningún peligro. Albus se había dedicado a analizar los musgos, los arbustos, las flores y todos los tipos de árboles que encontraba sabiendo que la pelirroja no estaba de humor.
- ¿Desde cuándo te interesa Scorpius?
- ¡No me interesa! – se ruborizó la chica levantándose de golpe. Soltó un pequeño grito exasperado y comenzó a caminar hacia el interior del bosque.
- ¿A dónde vas?
- A algún lugar en el que no pueda oír a estos dos idiotas gritando de alegría mientras vuelan. – Gruñó la chica pegando largas zancadas. – "Oh, Scorpius. ¡Eres increíble! ¿De verdad que podemos montar en hipogrifo?" - Masculló imitando la voz de su prima – " ¡Claro que podemos! Yo soy un Malfoy y puedo hacerlo todo." –imitó al rubio- ¡Já! Tú no seguirías vivo si no fuera porque yo te enseñé como acercarte a un hipogrifo. – Siguió hablando mientras pateaba una piedra.
- Yo no hablo así… - murmuró su prima dolida a sus espaldas. Scorpius que estaba a su lado la abrazó y la pegó contra sí, irritando aún más a la Gryffindoriana.
Bufó.
- Perdonadme. Necesito estar sola. – Y sin decir nada más echó a correr hacia la oscuridad del bosque. Albus empezó a correr pero Scorpius lo frenó.
- Quédate tú con Lily y volved a casa. Yo iré tras ella. – Y sin dejarle responder siguió los ágiles pasos de su invitada.
- Albus, ¿Crees que a Scorpius le gusto? – preguntó tímidamente Lily mientras se encaminaban hacia las colinas de vuelta a casa.
- Creo que Scorpius no sabe la que se le viene encima.
- ¡Rose! ¡Rose frena!
- ¡Déjame en paz! ¡Deja de seguirme!
Ambos eran rápidos pero la pelirroja no pensaba dejarse alcanzar. Esquivaron varios tallos rotos que entorpecían el camino y siguieron descendiendo por el bosque. Scorpius cada vez estaba más cerca y no sabía cuánto podría seguir a ese ritmo. En un salto intentando esquivar un arbusto tropezó y cayó al suelo de cara, con tan mala suerte que Scorpius estaba a punto de atraparla y cayó encima de ella.
-¡AHHH! – Gritó la chica al sentir el peso del rubio sobre ella. Éste dejó un poco de espacio para no hacerle daño pero no se apartó. La chica se giró y lo enfrentó, aún dolorida de la caída.
- ¿Te piensas apartar o esperar a que te empuje?
- ¿Cuándo te has vuelto tan arisca? – Se defendió el rubio.
- Desde que comparto casa con una serpiente. – Vocalizó la palabra "serpiente" como si fuera un insulto.
- Debería haber elegido a Lily. – murmuró haciendo que una pequeña lágrima brotara de los ojos de Rose.
- ¡Pues vete con ella! ¡No sé qué haces perdiendo el tiempo aquí!- gritó enfurecida dando golpes al pecho del Slytherin para que se apartara, pero éste no lo hizo. Le gustaba la pasión con la que luchaba por todo y esta vez estaba luchando así por él. Estaba celosa, y aunque debería enfurecerle, toda su rabia le parecía de repente atractiva. Scorpius se acercó a ella y la silenció con un beso. Cuando Scorpius se apartó, Rose no podía pronunciar ni una sola palabra. Era su primer beso y había sido con la persona que su padre siempre le había prohibido. Scorpius se levantó y empezó a caminar alejándose de la chica.
- ¿Qué haces? ¿A dónde vas? – farfulló la chica aún sentada en la hierba.
- Hacerte caso. Me voy con Lily. Espero que sepas volver sola. – dijo sin girarse. La chica se levantó y comenzó a caminar en su dirección.
- ¿Piensas dejarme aquí sola?- Scorpius asintió sin miramiento - ¿Así tratas a las chicas que te gustan?
Scorpius se giró con una sonrisa torcida pero sin dejar de caminar.
- En ningún momento he dicho que me gustes.
Rose corrió hacia él ofendida y comenzó a propinarle golpes en la espalda.
- ¡Eres un idiota Scorpius Hyperion Malfoy!
- ¿Ah, sí? – Scorpius se giró y la enfrentó – repítelo.
- Eres- un-idiota.
Rose levantó una ceja retándolo y éste la agarró por la cintura y la volvió a besar, esta vez más detenidamente. Rose soltó un suspiro y el rubio sonrió. Sin pensárselo, la cogió en brazos y se la echó al hombro para seguir su camino.
- No te enfades Rose, pero no dejas de entretenerme y me gustaría comer algo.
La pelirroja pataleó y le propinó varios puñetazos en la espalda para que la bajara pero Scorpius la ignoró. Cuando llevaban un buen tramo y estaban a punto de llegar a casa notó como alguien le mordía en la cintura por debajo de la camiseta. Scorpius soltó un grito y dejó a la chica en el suelo rindiéndose.
- ¡¿Estás loca?!
Rose lo miró y negó con la cabeza.
- En todo este tiempo boca abajo he recordado porqué estaba enfadada contigo Malfoy y eso me recuerda que fue una estupidez que me besaras.
- Te besé porque tú lo pedías a gritos, preciosa. – gruñó el rubio a la defensiva haciendo que Rose se pusiera colorada.
- ¡Yo no quería que me besaras, quería que desaparecieras!
- Si tanto me odias pelirroja, vete a tu casa. No te necesito.
Por primera vez Rose sintió que se ahogaba, que le faltaba el aire por culpa de las estúpidas palabras de su anfitrión. Se sintió ofendida y avergonzada. Había malgastado su primer beso con alguien a quien no le importaba nada. Rose se sorbió la nariz y se mordió los labios en un intento de no llorar. Tenía que ser fuerte y demostrarle que no le importaba nada. Scorpius vio como el rostro de la pelirroja se iba transformando y cada vez se apenaba más. No podía soportarlo.
- Lo siento Rose, no pretendía…
- ¡Scorpius! ¡Rose! ¡Qué alegría que estéis bien! Albus y yo estábamos muy preocupados. Pensamos incluso en volver a buscaros. – Lily se lanzó a abrazar por detrás a Scorpius y le dio un beso en la mejilla. El rubio no se apartó y esa fue la gota que colmó el vaso.
Rose echó a correr hacía las colinas mientras chillaba el nombre de su hipogrifo. Sus primos y Scorpius no tardaron en perseguirla pero afortunadamente para ella Sparkler le hizo caso y al poco tiempo apareció. Rose tardó solo unos segundos en lanzarse sobre ella y salir volando más allá del bosque dejando a todas esas personas que tanto quería atrás.
- Dejadla. Necesitará estar sola. Se está comportando como una cría y no pienso volver a perseguirla. – murmuró el rubio pensativo mientras sus primos asintieron. Los tres se dirigieron a por algo de comida ya que llevaban horas sin comer. Al entrar al salón vieron que tan solo Hermione los esperaba pensativa, mirando por la ventana. Ni siquiera se había dado cuenta de la presencia de ellos.
- Señora Granger, ¿dónde están mis padres? – dijo alzando la voz para que lo escuchase. Hermione se giró algo nerviosa y les dedicó una sonrisa maternal.
- Tu padre ahora baja, creo que tenía trabajo. –mintió. La verdad es que se habían pasado la mañana en la cama al darse cuenta de que tenían la casa para ellos dos. Cuando a la castaña le entró hambre, Draco se fue a su habitación para cambiarse y que no le vieran con la ropa de ayer. Hermione aprovechó ese poco tiempo que tenía para enfrentarse a sí misma y aclarar sus sentimientos pero los niños habían llegado antes de lo que pensaba. – Tu madre creo que está haciendo algunos recados, no sé exactamente cuándo volverá.
Al mirarlos hizo un repaso mental y se fijo en que faltaba Rose. Scorpius pareció intuir la mirada así que se adelantó.
- Rose está en los jardines. Decía que no tenía hambre y que prefería disfrutar de la libertad o algo así, ¿Verdad?
Los dos primos se miraron y asintieron enérgicamente. Para no tener que mentir se sentaron en la mesa y cogieron algo de fruta para meterse en la boca.
Hermione se dio cuenta de que algo ocultaban pero ya le preguntaría a su hija cuando la viera. Tal vez necesitaba estar sola. La ojimiel se sentó con los chicos y comenzó a preguntarles si les gustaba el lugar, por lo que los tuvo entretenidos un buen rato. Cuando ellos acabaron de comer Hermione aún tenía el café a medias. Era muy fácil no dejar de hablar con los hijos de su mejor amigo. Te debo una Harry. Se dijo a si misma al recordar el encontronazo de esta mañana. En ese momento Draco apareció vestido con una impecable camisa blanca pero con unos pantalones tejanos algo informales. Hermione frunció el ceño y sonrió. Lo cierto es que estaba bastante atractivo.
- Nos vamos a buscar a Rose. – afirmó Lily cogiendo de la mano a su primo y a Scorpius para tirar de ellos. Albus se levantó inmediatamente pero Scorpius no. Lily le dedicó una mirada suplicante. Era extremadamente dulce, era preciosa y no podría negarle nada así que sintiéndose un estúpido se levantó y dejó que Lily lo arrastrara hacia los jardines.
- ¿Has dormido bien? – preguntó Draco con inocencia después de pegar un largo sorbo a su café con hielo.
- Sabes que sí.
- Podrías dormir así de bien el resto de tu vida, si así lo deseas.
- ¿Qué estás proponiendo, Draco? – murmuró sorprendida de hacia dónde se dirigía la conversación.
- Simplemente te estoy preguntando que si te gustaría dormir conmigo todos los días. – dijo dejando la taza de café y centrando su mirada en la castaña. A Hermione se le detuvo el corazón por unos instantes y no supo que contestar. Quería gritarle que sí, que podían desaparecer ahora mismo y marcharse juntos a donde quisieran pero no era así. No era tan sencillo.
Hermione se levantó de la silla y se acercó a la de Draco. Se incorporó lentamente hasta ponerse a la altura de su oído y le susurró:
- Cuando estés soltero decidiré si quiero que duermas conmigo.
La chica sonrió y subió las escaleras hacia la ducha, necesitaba un baño en agua helada para poder afrontar de nuevo la abrasadora mirada de Draco. Una vez dentro del baño cerró el pestillo, se quitó la ropa y se metió bajo la ducha con los ojos cerrados disfrutando de aquel baño. Al otro lado de la puerta, Draco sacó la varita y apunto al pomo.
-¡Alohomora!- Susurró y la puerta se abrió silenciosamente.
Normalmente Draco no se dejaba llevar por los sentimientos pero al abrirse la puerta y ver a Hermione desnuda con aquella pureza e inocencia, el corazón le dio un vuelco. Se pasó la mano por el pelo recordando lo peligrosa que era aquella situación, entró sin hacer ruido y cerró la puerta con el cerrojo tras de sí añadiéndole un hechizo silenciador. El rubio dejó la varita sobre el lavamanos y se quitó los zapatos y los calcetines. Sabía que no tardaría mucho en abrir los ojos y pillarle así que decidió no quitarse la ropa y entró en la ducha tras ella. Al entrar acarició sus hombros con un suave roce y Hermione se giró y chilló apretándose contra la pared asustada. Draco se rió mientras Hermione se dedicaba a comprender la situación.
-¡¿Te has vuelto loco?! ¡¿Quieres matarme de un susto?! – gritó la Gryffindoriana con el corazón a mil por hora.
- Quería asegurarme de que cuando esté soltero querrás dormir conmigo cada noche. – susurró con voz ronca deleitado por lo que estaba viendo.
- ¿Y cómo piensas convencerme? – susurró Hermione siguiéndole el juego. Lo cierto es que su primera intención fue echarle, pero verle con el cabello mojado y revuelto y con la camisa pegada al cuerpo no ayudaba nada. Era mucho más fácil disfrutar el momento.
Draco sonrió al comprobar que la chica no pensaba echarle. Agarró sus caderas y la acercó a él con cuidado sacándola de debajo del grifo. Paseó su mano por su pelo mirándola fijamente y se aproximó a su boca lentamente. Lamió sus labios y luego profundizó en el beso haciendo que Hermione lo abrazara alrededor del cuello para asegurarse que no se pensaba separar. Draco sonrió en sus labios y comenzó una danza de caricias por el cuerpo de la chica, desde la cintura subió hasta sus pechos recreándose en ellos. Se obligó a soltar sus labios para morderle el cuello, y con suaves besos fue bajando hasta devorar sus preciosos pezones. Con la mano fue acariciando su cintura hasta llegar a una zona inexplorada que anhelaba contacto. Hermione gimió con el más leve roce y poco a poco sintió como sus dedos la penetraban haciendo que le temblaran las piernas. No quería que él lo hiciera todo, quería demostrarle que la Granger puritana de Hogwarts se había transformado en una mujer llena de deseo. Hizo un gran esfuerzo por alejar a Draco de su entrepierna antes de poder perder el control y esta vez fue ella quien lo besó apasionadamente. Draco se dejó llevar y Hermione aprovechó para demostrarle quien era, lo empujó contra la pared y mordió su labio succionándolo con fuerza. Hermione cogió aire y le dedicó una mirada seductora antes de bajar hasta su cintura, abrir su pantalón y agarrar con la boca aquello que pensó que jamás tendría. El cuerpo de Draco se tensó mientras ella lo lamía y devoraba sin temor. Draco la sujetó de la cabeza soltando algunos gruñidos que no podía callar. Draco estaba muy excitado y Hermione disfrutaba contra más lo estaba. Ella siguió besando, lamiendo y succionando más rápido hasta que de repente algo la alejó de él. Draco la miraba intensamente jadeante desde arriba y a ella el corazón le latía frenético.
- Si sigues no podré aguantarlo más. – Rugió el rubio con la voz entrecortada, cosa que fascinó a la Gryffindoriana.
Draco cerró los ojos e intentó ralentizar su respiración en vano puesto que Hermione decidió que era buen momento para quitarle el pantalón. Draco se estaba conteniendo y ella lo sabía así que no quería hacerle esperar más. Se levantó y le quitó la camisa rápidamente y la lanzó al suelo. Abrazó el cuello del chico y de un salto se subió en él rodeando con las piernas su cintura. El rubio la sujetó de los glúteos y la apretó contra sí. Ella estaba preparada y él la necesitaba de una manera perturbadora. Draco entró en ella y se quedó quieto disfrutando del gemido que había arrancado a la castaña que ahora echaba la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados. El chico aprovechó para besar su cuello y volvió a introducirse en ella una y otra vez. Sus respiraciones se agitaban al igual que sus cuerpos. Hermione apretó su abrazo con sus piernas y eso excitó aún más al rubio que aceleró las embestidas. La castaña no pudo silenciar sus gritos y el rubio la miraba fijamente para disfrutar de sus gemidos, quería recordar cada detalle, cada sonido. Sus ritmos siguieron aumentando hasta llegar a la cumbre de ambos que se fundieron en un gran orgasmo. Sus corazones latían al compás acelerados y Hermione había dejado marcas de las uñas en la espalda del chico, pero a ninguno de los dos les importaba. Draco apoyó su frente en la de Hermione, respirando sus suspiros, tranquilizando su mirada.
- No es solo sexo. – juró el rubio con voz ronca y ella lo creyó.
- ¿Entonces qué es? – Se atrevió a preguntar la castaña sin apartar su mirada de la de él.
Draco no contestó pero pareció que estaba dudando entre decir la verdad o esquivar la pregunta.
- Mañana hablaré con Astoria. Hagamos las cosas a tu manera.
Hermione sintió un calor que le salía del pecho y le recorría todo el cuerpo. Tenía ganas de gritar, de decirle lo increíble que era y de echarse a reír sin parar pero se contuvo. Draco Malfoy la estaba tomando en serio por difícil que fuese de creer y ella estaba radiante de felicidad. La chica acarició con una mano su mejilla mientras que con la otra se agarraba a su pelo húmedo, acercó sus labios y lo besó de una forma muy especial, como solo una chica enamorada puede hacerlo. Draco no se negó y siguieron ahí abrazados por un rato, en su pequeña burbuja dentro de aquella gran mansión.
Lily seguía tirando de Scorpius colina arriba en busca de su prima, al menos Albus se dignaba a andar por él mismo. Lily soltó un bufido y dejó ir al rubio frustrada. Me da igual, la encontraré yo sola si hace falta. Pensó la pelirroja preocupada por Rose. De pequeñas habían sido como hermanas y nunca se habían peleado, no podía comprender que era lo que pasaba por su cabeza. Tal vez ir a la mansión no fue tan buena idea, tal vez Hugo tenga razón.
La pelirroja se avanzó para ver si al acelerar el paso aceleraban ellos también mientras Albus se acercaba al rubio sigilosamente. Ambos se saludaron con un gesto y siguieron en silencio los pasos de Lily. Parecía que a Albus algo le rondaba la cabeza.
- ¿Qué hiciste para que Rose saliera del bosque? – preguntó repentinamente con voz calmada.
Scorpius vaciló sin saber que decir. ¿Qué debía decir? ¿Cabrearla? ¿Besarla? Ninguna respuesta era buena para tranquilizar a su primo que en ese preciso momento lo observaba atentamente.
- En realidad me la eché encima y regresé con ella a cuestas.
Al menos era verdad, aunque fuese a medias.
- ¿Te gusta Lily?
El rubio lo miró confuso sin comprender del todo a que venía esa pregunta, afortunadamente Albus comprendió su mirada y prosiguió:
- No es que me importe. Simplemente has conseguido encandilar a mi hermana y a mi prima, y puesto a que no vas a poder hacerlas feliz a los dos, me iría bien ir preparándome para animar a una de ellas.
Scorpius parpadeó incrédulo mientras miraba fijamente los ojos verdes de su nuevo amigo. Sabía más de lo que parecía y se había dado cuenta en solo un día. ¿A Rose le gustaba? Parecía tener sentido a pesar de que era algo imposible puesto que hasta que llegó a la mansión no habían sido capaces de mantener ni una sola conversación, en cambio Lily… Lily era mucho más comprensiva y cariñosa. Le daban igual las casas y nunca se enfadaba con nadie si no era estrictamente necesario. Solucionaba sus problemas con inteligencia y era muy perseverante. Lily siempre le había gustado a pesar de lo poco que habían hablado en Hogwarts. ¿Cómo podía saber quien le gustaba? Ambas eran perfectas a su manera, tal vez incluso Lily lo era un poco más.
- No lo sé, Albus. De verdad que no lo sé.
- Entonces deberías hablar con ambas e intentar aclararte.
Albus le sonrió y le dio un golpecito en la espalda para animarlo. Scorpius le dio las gracias y se adelantó hasta llegar junto a Lily.
- Perdona por no hacértelo más fácil, Lily. Sé que estas preocupada por tu prima pero es que a veces es exasperante. – se disculpó pasándole un brazo alrededor del cuello mientras seguían caminando. Lily lo miró y sonrió contenta de ese nuevo abrazo.
- No pasa nada. Rose puede llegar a ser muy testaruda pero a la vez es como una hermana para mí. La quiero mucho.
Scorpius sonrió ante aquella muestra de aprecio. En su familia a pesar de que se querían era difícil oír un te quiero. Envidiaba esa libertad.
- No entiendo cómo es que no hemos hablado antes en todos estos años en Hogwarts. – murmuró para sí mismo a la vez que la miraba. – Eres una chica encantadora.
Lily apartó la mirada de sus ojos y cuando se dieron cuenta estaban en la entrada del bosque.
- Albus, ve con Lily rodeando el bosque a ver si la veis. Sobre todo no entréis, es peligroso.
Ambos asintieron.
- ¿Y tú? – preguntó la chica.
Scorpius gritó el nombre de su hipogrifo y en pocos segundos apareció Charcoal haciendo una reverencia.
- Yo sobrevolaré la zona, será más fácil encontrarla.
Los tres amigos se despidieron y en cuestión de segundos Scorpius ya estaba contemplando las profundidades del bosque desde arriba. Lo cierto es que era complicado ver nada con árboles tan frondosos pero era probable que si Rose estaba con Sparkler, en algún momento salieran volando o oyera algún graznido. El tiempo pasaba muy lentamente y poco a poco se empezó a vislumbrar el atardecer. Volvió a sobrevolar la zona donde había dejado atrás a sus amigos y les hizo un gesto para que volvieran a casa. Tenía que encontrarla. Mientras anochecía y contemplaba la oscuridad que se cernía sobre el bosque pudo ver el estanque por el que habían pasado una vez. Entonces junto al reflejo de la luna en el agua se vislumbró una chica tumbada apoyándose sobre un hipogrifo blanco como la nieve. Era ella. Scorpius se precipitó dejándose caer a lo lejos del estanque para que no le diera tiempo a huir. Dejó a Charcoal en ese rincón para que se alimentara y comenzó a correr en dirección a la pelirroja. Cuando la pudo ver de cerca se frenó evitando hacer más ruido del necesario. Rose tenía los ojos hinchados y lágrimas le resbalaban por el rostro pero tenía los ojos cerrados. Sparkler levantó la cabeza del suelo y lo miró pero no hizo nada, simplemente le dedicó una reverencia y Scorpius la imitó. El chico se sentó a su lado intentando que las hojas desparramados no crujieran demasiado pero fue imposible, Rose abrió los ojos y lo miró con tristeza.
- Supongo que sabía que tarde o temprano me encontrarías. – Scorpius la miró pero no hizo nada, se limitó a seguir contemplando el reflejo resplandeciente de la luna llena.
- Creo que este no era el día que esperaba junto a mis primos. – suspiró y se frotó las mejillas con las manos quitando todo rastro de lágrimas – Me he comportado como una tonta. Lo siento.
- ¿Por qué?
- ¿Por qué lo siento?
- ¿Por qué huiste? – la corrigió y esta vez apartó la mirada del lago para centrarse en ella.
Rose sintió una oleada de pensamientos que la recorrían cada vez que miraba esos ojos grises. Era humillante decir que sentía celos de su propia prima, y más sabiendo que entre él y ella no había nada así que no dijo nada.
- Supongo que me importas más de lo que creía. – susurró en un suspiro. Scorpius la miró y sintió que su corazón se aceleraba al sentir esas palabras. Con Lily todo era perfecto pero no le hacía sentir de esa manera. En ese preciso momento supo que nunca hubo otra y que era a ella a quien seguiría allá donde fuera. El chico deslizó su mano hasta posarla sobre la de la pelirroja que yacía apoyada en el suelo. Los dos se miraron y Scorpius le dedicó una sonrisa torcida, esa que tanto le gustaba a ella. Sparkler en ese momento le dio un cabezazo en la espalda a la chica, haciendo que esta cayera sobre el rubio que la miraba divertido.
- ¡Sparkler! – gritó la chica y ambos se echaron a reír hasta que se dieron cuenta de lo próximas que estaban sus bocas. A Rose se le aceleró el pulso y Scorpius agarró sus manos sujetándolas a cada lado de su rostro en el suelo.
- Dime, ¿Cuánto te importo, Rose Weasley?
Rose se agitó al notar la forma tan dulce con la que pronunciaba su nombre. La chica acarició el labio del rubio con ternura sin apartar su mirada de sus ojos y lentamente se inclinó para besarlo. Sus labios se fundieron en caricias y sus lenguas se rozaban con amor. Cuando consiguieron separarse los ojos de ambos brillaban de forma inusual, con un brillo que tienen las personas que sienten el primer amor.
Un crujido les hizo girarse en dirección a unos arbustos detrás de ellos. Ambos se incorporaron y vieron como el hipogrifo de Rose estaba alerta mirando en la misma dirección. De la oscuridad de los árboles salió un hombre lobo enorme que giraba la cabeza en su dirección y se preparaba para atacar. Scorpius y Rose se levantaron de golpe pero antes de que echaran a correr el licántropo se había abalanzado sobre ellos. Sparkler levantó sus patas delanteras y con las uñas arañó el cuerpo de la bestia haciéndolo retroceder. La criatura recuperó fuerzas tras un rugido y se lanzó a morder el cuello del hipogrifo haciéndolo retorcerse del dolor.
-¡No! ¡Sparkler, vete! – Chilló la Gryffindoriana haciendo que la bestia recuperara su atención en ella. El hipogrifo comenzó a huir haciendo caso a la chica dejando un largo rastro de sangre a su trote. El licántropo se postró delante de los chicos, abrió la boca para soltar un rugido que espantaría al mismísimo Voldemort y se dispuso a atacar, pero en ese instante Scorpius sacó la varita posándose delante de la chica para defenderla.
- ¡Lumos Lunae!
De la varita salió un haz de luz lunar que obligó al licántropo a alejarse.
- ¡Ahora, Rose! ¡Vamos! – gritó el chico e inmediatamente cogió la mano de Rose y tiró de ella en dirección opuesta. No sabían hacia donde iba pero seguir ahí era peligroso. Cuando no pudieron correr más se detuvieron y se dieron cuenta de que estaban perdidos.
- ¡Charcoal! – gritó el rubio y se mantuvieron a la espera pero nadie llegó.
- ¡Sparkler! – gritó la pelirroja pero nada rompió el silencio que les rodeaba.
- ¿Porqué no vienen? – preguntó la chica preocupada.
- Si Sparkler estaba herida supongo que Charcoal habrá ido a su lado, o tal vez estén protegiendo a sus crías. Mañana por la mañana podríamos salir en su búsqueda… si seguimos vivos.
- Ahora entiendo porqué no te metieron en Gryffindor, ¡Qué rápido te rindes! – dijo la chica con una sonrisa torcida. - ¡Accio Saeta Relámpago!
En pocos minutos la escoba de la Gryffindoriana apareció y Scorpius sonrió, no había caído en eso. La chica se subió delante y Scorpius la siguió y salieron de aquel horrible lugar lo más rápido que les permitieron.
Al sobrevolar la entrada al bosque vieron un grupo de personas que les estaban buscando. Estaba claro que tendrían problemas. Los dos empezaron a descender hasta tocar suelo, cuando Astoria y Hermione vieron a sus hijos sanos y salvos se lanzaron sobre ellos para abrazarlos.
- ¡¿Se puede saber que hacíais dentro del bosque?!- empezó la Gryffindoriana.
- ¡Nos teníais muy preocupados! – masculló Astoria empezando a cabrearse. – Os dijimos que no entrarais en el bosque, ¿y vosotros que hacéis? ¡Desobedecernos!
- Te has comportado de una forma muy irresponsable, Scorpius. No esperaba esto de ti – murmuró el padre decepcionado haciendo a su hijo estremecerse.
- Señor Malfoy, no ha sido su culpa. Fui yo quien se perdió, Scorpius tan solo fue a buscarme. – le defendió Rose a la vez que entrelazaba su mano con la del chico, hecho que tranquilizó a Scorpius.
Pero ese gesto no pasó desapercibido para sus padres ni tampoco para sus primos que miraban con atención la escena.
- Pensaba que eras más inteligente, Rose. – la pelirroja bajó la cabeza avergonzada. No estaba acostumbrada a las broncas – Será mejor que volvamos para casa.
En ese momento se oyó un graznido entre unos arbustos y Rose echó a correr seguida de toda su familia. Sparkler estaba tumbada agonizante mientras todas sus crías gruñían con tristeza alrededor de ella. Charcoal estaba tumbado a su lado, apoyando su cabeza en el pecho de la hembra.
- ¡Oh, no! – sollozó Rose mientras se lanzaba a acariciar a la hembra. Scorpius no tardó en seguirla y sentarse a su lado.
- Es impresionante… se parece tanto a Buckbeak – murmuró la castaña y el pequeño de las crías se giró atendiendo a su nombre. Draco sin embargo, no quería acercarse demasiado. Ya había tenido una mala experiencia y no pretendía repetirla. Hermione les dedicó una reverencia correspondida y se acercó para analizar la herida. Era bastante profunda pero tal vez podrían salvarla. Hermione miró a Draco y a Astoria para que se acercaran. Astoria imitó la reverencia de la chica, pero Draco se negaba a avanzar.
- Vamos Draco, aquella vez no te hizo nada. No tengas miedo.
Draco quería decirle lo estúpida que le parecía esa criatura y que no tenía ningún miedo a ella, pero la última vez que insultó a un hipogrifo acabó lloriqueando así que no pensaba terminar hoy así.
Draco hizo una reverencia lentamente y Charcoal no supo si devolvérsela o no. Pegó un gran graznido que hizo retroceder un paso al rubio y desviar la mirada de sus ojos. Odiaba mostrarse así ante otro, odiaba sentirse inferior, pero todo esto lo hacía por su hijo y por Hermione, que no podía negarle nada.
La criatura pareció comprender sus pensamientos y le devolvió la reverencia seguida de las demás reverencias de su familia.
- Tergeo – pronunció la pelirroja apuntando a la criatura con su varita para poder limpiar la sangre del animal.
- Mamá, sálvala, por favor… - suplicó la pelirroja mirando a Hermione.
- ¡Episkey! - dijo la castaña apuntando a la herida de la criatura que no dejaba de sangrar. Rose y Scorpius hicieron lo mismo uniendo fuerzas y sus primos, Draco y Astoria no tardaron en unirse.
Unos segundos después la herida de Sparkler estaba completamente cerrada y Charcoal acariciaba el cuello del hipogrifo con el pico. Las crías soltaban pequeños graznidos de felicidad y revoloteaban alrededor de su familia mientras Rose y Scorpius se abrazaban y pegaban saltitos de la emoción.
Finalmente el señor y la señora Malfoy decidieron que era mejor que llevaran a los jardines de la mansión a las criaturas, al menos por esta noche para que estuvieran a salvo y así lo hicieron. En ese momento llegó Harry que se había tenido que retrasar por trabajo y se los encontró a todos en los jardines.
- ¡Papá! – gritó Lily lanzándose a abrazarle con fuerza. Harry sonrió y los saludo a todos.
- ¿Qué hacéis todos aquí fuera?
Todos se miraron en busca de una excusa para no preocupar al padre, pero fue Rose quien contestó con la voz más angelical que habían oído.
- La verdad es que íbamos a cenar aquí fuera pero los elfos aún no tienen la comida. ¿Te gustaría quedarte, tío Harry?
- No, gracias –murmuró creyendo a su sobrina. - La verdad es que pensaba marcharme ya, Ginny nos espera para cenar.
En ese momento Buckbeak salió de entre los arbustos dejándose ver y acercándose a Rose seguido de Pumpkin.
- Son hipogrifos… Es increíble. Me recuerdan tanto a Buckbeak…- de nuevo el más pequeño agitó la cabeza respondiendo a su nombre y esta vez Rose y Scorpius se rieron. - ¿No debería preguntar qué están haciendo aquí, verdad? – preguntó Harry alzando las cejas.
- Es mejor que no, señor Potter. – respondió el rubio abrazando a Rose por la cintura.
Harry vio el gesto y abrió la boca para preguntar pero enseguida la cerró. No entendía nada de lo que estaba pasando pero no estaba seguro de si quería saberlo. Además, si se enteraba de algo tendría la obligación de contárselo a Ginny o a Ron y podría liarse una gorda, así que únicamente frunció el ceño pero se calló. Se sentía como un idiota.
- Será mejor que os despidáis, chicos. – dijo a sus hijos en un tono paternal, y eso hicieron. Lily aprovechó para quedarse un segundo a solas con Scorpius.
- ¿Así que te parezco encantadora? – preguntó la chica levantando una ceja retomando la conversación donde la dejaron.
- Eres la Slytherin más encantadora que conozco. – afirmó el chico con una sonrisa.
- Lástima que no lo sea tanto como una Gryffindor que conozco. – continuó imitando su sonrisa y señalando a Rose con la cabeza, que en ese momento se estaba despidiendo de Albus.
Scorpius asintió y desvió la mirada incómodo del nuevo rumbo de la conversación.
- ¡Ey! No pasa nada, Scorpius. Lo entiendo y estoy contenta por ella. Te llevas a una persona increíble. Pensándolo bien…creo que entiendo porqué se enfadó conmigo… ¡ya hablaré con ella cuando vuelva a casa! – se rió la chica con ternura.
- ¿Puedo hacerte una pregunta?
- Claro, dime. –contestó la chica con curiosidad.
- ¿Por qué dejaste que el Sombrero Seleccionador te mandara a Slytherin? Todos tus primos son Gryffindors, no tiene sentido. Además no es que tengamos demasiada buena fama que digamos…
- Precisamente por eso, Scorpius. Gryffindor no es mejor que Slytherin al igual que antes Slytherin no fue mejor que Gryffindor. Las cuatro casas fueron fundadas por cuatro maravillosas personas con la finalidad de distribuir a los alumnos, no de crear rivalidades. Si todos los hijos de los héroes están en Gryffindor se crea una falsa imagen de esta casa. Si yo acabo en Slytherin se demuestra que simplemente es una selección basada en el carácter, no en la bondad y maldad de cada uno.
- Realmente eres increíble. – dijo el rubio tras oír su argumento. Lily sonrió y le dio un gran abrazo a Scorpius que la recibió con entusiasmo.
- ¡Tenlo en cuenta para cuando Rose te dé la patada!
- No tardaremos en vernos, entonces.
Y ambos rieron.
Finalmente los dos chicos se fueron junto a su padre. Harry antes de irse dedicó se acercó a Hermione y le dio un fuerte abrazo. Antes de soltarla le susurró:
- ¿Seguro que no quieres venirte?
- Estoy bien. -se limitó a decir y Harry la soltó.
- ¡Portus! – masculló Harry convirtiendo el reloj que llevaba en la muñeca en un traslador. Los tres tocaron a la vez el objeto y desaparecieron dejando a la familia a solas.
- Bueno, ¿Quién tiene hambre? – gritó Hermione y los dos chicos la siguieron hacia la cocina dejando al señor y la señora Malfoy a solas.
- Astoria, necesito hablar contigo – murmuró Draco mirando hacia el cielo estrellado.
Ella asintió y se sentaron en uno de los bancos que adornaban el jardín.
- ¿Vas a decirme adiós? – dijo la chica sin levantar la mirada del suelo.
- Simplemente intento hacer lo correcto.
- ¿Lo correcto es abandonarme?
- Lo correcto es ser sincero con uno mismo. – Hubo un silencio en el que solo se oían los sollozos de su mujer- Escucha Astoria, quiero serte sincero. Te he querido y te quiero pero no podría seguir contigo si mis pensamientos corren tras Hermione. Necesito darle una oportunidad a lo que siento aunque no me lleve a ningún lado.
Astoria se sorbió la nariz y comenzó a llorar con más intensidad.
- Nunca me has dedicado esas palabras.
- Nunca había estado enamorado.
Astoria lo miró fríamente sintiendo como su corazón se rompía en dos. Era algo que ambos sabían pero ninguno mencionaba. Se querían, se apreciaban y se respetaban pero nunca habían estado enamorados.
- Esta noche dormiré en casa de mi hermana Daphne. Mañana por la tarde volveré y quiero que tú y Hermione hayáis desaparecido.
- ¿Qué le diremos a Scorpius?
- Le dirás la verdad. Él decidirá con quien quiere quedarse. – Astoria se levantó del banco y caminó hacia las afueras de la mansión sin despedirse de nadie. No quería ni pensar en la posibilidad de que Scorpius se alejara de ella, no podía ni planteárselo, su hijo era su vida y era lo único que le quedaba.
Draco paseó por los jardines hasta que pudo relajarse y volvió a entrar a la mansión. Entró a la cocina y lo primer que vio fue a su hijo batiendo una especie de masa color crema con demasiado entusiasmo, ya que no paraba de salpicar a su alrededor. A su lado estaba Rose untando un poco de mantequilla en la sartén mientras se quejaba de la masa que le lanzaba el rubio. Junto a la nevera estaba Hermione que servía zumo de calabaza en cuatro copas de cristal. ¿Sabía que Astoria se había marchado? ¿Lo habría visto?
- ¿Qué estáis haciendo?
- ¡La señora Granger nos está enseñando a hacer tortitas! – canturreó el rubio manchando de masa la mejilla de la pelirroja con un dedo.
- ¿Es alguna clase de indirecta? – preguntó el rubio recordando el primer desayuno espantoso que había preparado. Hermione sonrió satisfecha al comprobar que lo había captado e inmediatamente negó con la cabeza con inocencia.
Draco le dedicó una media sonrisa y se sentó en frente de ella dejando que los chicos se ocuparan de la cena.
- He hablado con Astoria y… -empezó el rubio en un susurro.
- Lo sé, me lo he imaginado. Lo siento supongo.
- No lo sientes. – le dijo con una media sonrisa.
- Lo sé. ¿Debería? – dijo la castaña mordiéndose el labio. Se sentía una persona perversa y no podía evitar disgustarse por ello. Draco acarició la mejilla de la chica para que relajara el gesto e inmediatamente volvió a poner distancia entre los dos recordando que estaban los niños al lado.
- Después hablaré con Scorpius, merece saber la verdad. – Draco dudó si continuar hablando y justo en ese momento Hermione agarró su mano bajo la mesa animándole a mirarla. – También tengo algo que hablar contigo.
- ¡Ya está la cena! – gritó Rose plantando en medio de la pareja un plato enorme lleno de una gran columna de tortitas recubiertas de un humeante chocolate caliente.
La cena fue rápida y en pocos minutos habían devorado entre los tres todas las tortitas. Hermione peleó contra Scorpius por la primera tortita que estaba recién hecha y tenía más chocolate pero finalmente la madre se rindió y dejó que Scorpius la devorara. Draco en un ataque de bondad le cedió su tortita que tampoco estaba nada mal a la chica haciendo que dejara escapar un pequeño gemido al darle el primer bocado. Por poco no la lanza sobre la mesa y le hace el amor ahí mismo. Afortunadamente todo acabó entre risas y por primera vez Hermione se sintió como en casa.
- Mañana podríamos ir al Callejon Diagon y pasado mañana podríamos ir a montar en hipogrifo, mamá. Scorpius y yo podemos compartir uno y vosotros montar en el otro.
- La verdad es que sería mejor que mañana hiciéramos ambas cosas. – murmuró Draco mirando a la castaña en busca de ayuda. En seguida comprendió lo que significaban esas palabras y asintió.
- ¿Por qué todo mañana? – preguntó Rose con inocencia.
- Ven cariño – le indicó su madre dirigiéndola hacia el pasillo. – Hay algo que tengo que contarte… - sus voces se fueron difuminando mientras se dirigían a la habitación de la niña dejando a los dos hombres en silencio. Esa noche sería importante para todos.
- ¿Qué es lo que pasa, papá? ¡No las obligues a marcharse! - gruñó Scorpius poniéndose en pie envarado.
- No es exactamente eso.
- ¿Se van a marchar?
- Si, deben hacerlo, pero yo también.
- ¿Qué…?
Draco suspiró e indicó a su hijo que tomara asiento.
- Scorpius, tu madre y yo vamos a separarnos.
- ¿Qué…? ¿Por qué? – preguntó el niño sin comprender que es lo que había cambiado entre sus padres. Buscó el único cambio en sus vidas que había habido y sacó sus propias conclusiones.
- ¿Mamá odia a Hermione? – preguntó disgustado pensando que ese había sido el problema.
- No, no se trata de eso hijo. – Aunque eso era cierto. –Me he enamorado de otra persona. – dijo sin tapujos y miró a los ojos de su hijo para q viera que hablaba con sinceridad.
Scorpius lo miró con incredulidad y llegó a la conclusión correcta, la única persona que había visto su padre era a Hermione Granger. No podía ser, no podía. Ahora que las cosas iban bien entre Rose y él, no podían estar su padre enamorado de la madre de ella. En ese momento la puerta de la cocina se abrió y entró Rose roja como un tomate seguida de Hermione que la llevaba a rastras.
- Si vais a contarnos lo que está pasando, lo haréis juntos. – murmuró la pelirroja. Scorpius se levantó y se puso a su lado esperando una explicación. - ¿Por qué estáis juntos, no?
Ambos se miraron sin saber que decir. Claro que no lo estaban, todo había sido precipitado y no habían tenido prácticamente nada de tiempo para estar juntos. Sin embargo Draco quería estar a su lado, intentar algo con ella aunque fuese imposible. Simplemente quería seguir su corazón por una vez en la vida, de pequeño fue demasiado cobarde como para hacerlo pero él había cambiado. Quería demostrárselo a todos, sobre todo a ella.
- De eso quería hablarte Hermione. – el rubio se giró y cogió una de las manos de la castaña - Mañana tendré que irme de esta casa y comenzar una nueva vida… Y quiero que esa nueva vida sea a tu lado.
Hermione apretó la mano que los unía en un acto reflejo y se quedó mirándole con los ojos brillantes de la emoción. Jamás en toda su vida hubiese imaginado que Draco le diría algo así. Su vida había dado un giro de 360 grados ganándose el corazón del Slytherin en pocos días. Tal vez Draco Malfoy no era el hombre perfecto y posiblemente muchas personas se pondrían en su contra pero ahora era ella la que elegía y le elegía a él.
- Puedes venirte a mi casa, si quieres. – susurró Hermione eufórica mientras le daba un dulce beso para confirmar su oferta.
Scorpius miraba la escena atónito con el ceño fruncido mientras que Rose los observaba con una gran sonrisa. Ella había ganado un padre y además tendría en casa a Scorpius así que lo hacía todo aún más perfecto. Rose besó la mejilla del rubio para demostrarle su entusiasmo pero el chico seguía con el ceño fruncido. ¿Y su madre? ¿Ya no importaba nada en todo esto?
Draco posó una de sus manos alrededor de la cadera de su nueva novia y se giró hacia los chicos.
- Sabemos que no es lo habitual pero esperamos que nos comprendáis. – dijo la castaña con un tono demasiado agudo, posiblemente estaba conteniendo las ganas de gritar de la alegría.
Rose asintió con fervor y abrazó a Draco con cariño.
- Esto es demasiado. ¡No somos una familia! ¿Es que no lo veis? – estalló el chico ahora que tenía a Rose lejos como para poder pensar por él mismo.
- ¿Qué estás diciendo, Scorpius? ¡Es perfecto! ¡Podremos vivir juntos, los cuatro, como lo estábamos haciendo hasta ahora! – respondió Rose como si fuera algo obvio.
- ¡No lo es! ¡No somos una familia, erais nuestras invitadas y en unos días os ibais! ¡Ese era el plan! ¡Vosotras os marchabais no mi madre!
- Scorpius, hijo, escucha…
- ¡No papá! ¡No voy a irme a ninguna parte contigo!
El rubio se fue dando un portazo y se encerró en su habitación dejando a todos en un incómodo silencio.
- Debería hablar con él… - dijo Draco decaído con el semblante de acero que solía poner para ocultar su dolor.
- Iré yo, señor Malfoy. Creo que no es el mejor momento para que vaya usted a verle…
Draco y Hermione asintieron comprendiendo que si a alguien quería ver, esa sería Rose.
- Llámame Draco. No tiene sentido que me sigas hablando de usted.
Rose le dio un fuerte abrazo antes de marcharse para animarle.
-Tu hija es muy positiva.
- Rose es pura energía. –sonrió.
- ¿De verdad estás segura de que quieres que me vaya a vivir contigo? ¿Qué dirá el pobretón?
- Si dejas de llamarlo así te dejaré que vivas conmigo. – Se rió la chica- Por Ron no te preocupes, yo me encargaré de él. Preocúpate más bien de Hugo. Te va a costar ganarte su afecto…
- Soy Draco Malfoy. Puedo con tu hijo y puedo con todos.
Hermione se rió volviendo a atisbar parte de esa arrogancia que había caracterizado al rubio desde que era pequeño.
- Cierto, Draco Malfoy es perfecto. – dijo la chica intentando imitar su voz.
- Los Gryffindors sois pésimos humoristas, pero sí, soy perfecto. Soy tan sumamente perfecto que voy a dormir esta noche con la mujer perfecta.
- ¿Quién es esa mujer? ¿Debería estar celosa? – gruñó siguiéndole el juego a su novio.
- Deberías por qué la deseo más que a nada en este mundo.
Rose picó a la puerta de la habitación del rubio pero nadie contestó así que la abrió igualmente. Scorpius estaba tumbado boca arriba soltando la Snitch y atrapándola sumido en sus pensamientos. Rose se sentó en el borde de la cama y se lo quedó mirando sin saber que decir.
- ¿Vienes a darme la charla?
Rose negó con la cabeza.
- Pues no sé qué haces aquí.
- Pretendía hacerte entender que no puedes elegir de quien se enamora tu padre.
- Ya lo sé, Rose. Pero todo esto no hubiese ocurrido si vosotras no hubierais venido aquí este verano.
Rose se calló angustiada por lo que acababa de decir sin darse cuenta.
- ¿Preferirías que no hubiéramos venido?
- Si. No. No lo sé… - Scorpius dejó caer la Snitch y se puso las manos en la cabeza - Estoy hecho un lio.
- No me puedo creer que estés tan ciego. ¡Abre los ojos! ¡No eres el primer niño con padres separados!
- No soy ningún niño.
- Pues no te comportes como tal.
Los dos se quedaron en silencio mirándose el uno al otro con rabia.
- Que te vaya muy bien la vida, Scorpius. – gruñó la chica levantándose de la cama.
- ¿Te estás despidiendo?
- Tú has decidido no seguir conmigo. Mañana temprano le diré a mamá que nos vayamos. –dijo dándose la vuelta y caminando hacia la puerta. Afortunadamente en esa posición Scorpius no podía ver el brillo afligido que teñían los ojos de lágrimas de la chica.
- Mejor. Dile también a mi padre que me lleve con mi madre. – Scorpius se giró tumbado quedando de cara a la pared y permaneció en silencio hasta que se escuchó un portazo, señal de que la pelirroja se había marchado. Scorpius estaba demasiado confuso y angustiado, golpeó con un puñetazo la pared y no dejó de apretar los dientes de la rabia. ¿Por qué tenía que ser así? Simplemente no quería perder a nadie, ¿Por qué nadie era capaz de entenderlo?
