Capítulo 5: La mudanza

A la mañana del quinto día Rose se despertó temprano, tenía muchas cosas que organizar. Primero de todo habló con Draco para decidir el futuro de los hipogrifos. Ambos llegaron a la conclusión de que lo mejor era dejarlos allá donde vivían, en el bosque, a pesar de que los echarían mucho de menos. Draco prometió a la chica que vendrían cada semana para verlos y de paso traerles comida cosa que alegró mucho a Rose. Después le explicó la decisión que había tomado su hijo y no tuvo más remedio que acatara, Scorpius se iba con su madre. Finalmente habló con su madre y su nuevo padre sobre la posibilidad de irse antes a casa, Hermione no puso ninguna objeción y como Scorpius ya había tomado su propia decisión ya no había nada que los reteniese. En un par de horas bajaron de nuevo las dos mujeres de la casa con sus grandes maletas descendiendo las escaleras con cuidado. Draco bajó con la suya mucho más rápido y ayudó a Rose con la suya. Cuando Hermione le explicó que irían en su viejo Ford Anglia, Draco empezó a reírse como si de una broma se tratara hasta que se dio cuenta de que iba en serio.

- ¿Ese trasto puede volar? ¿No será peligroso?

- No digas tonterías. Es tan seguro como volar en escoba.

Draco la miró dudando de que eso fuera cierto pero no puso ninguna objeción más. Metió las maletas de las chicas en el maletero y se dispuso a poner la suya en el tejado del coche. Scorpius apareció con una pesada maleta a rastras y sin decir nada la subió encima de la de su padre y se sentó en el asiento trasero del vehículo. Nadie le preguntó nada ni hicieron ningún comentario. Draco ató con fuerza las maletas al coche y se subió preparado para conducir ese trasto.

- ¿Qué estás haciendo? – preguntó la Gryffindoriana asomándose por la ventanilla.

- No pienso permitir que conduzcas este trasto, es peligroso.

- Conduzco perfectamente, Malfoy.

- Déjame que lo ponga en duda. La escoba no era tu asignatura predilecta precisamente. Un excapitán de Quidditch seguro que es mucho más seguro. – Draco le dedicó una sonrisa haciendo que Hermione se pusiera roja. Rose entró al coche sentándose junto a Scorpius riéndose de la discusión. – Y no utilices mi apellido en mi contra delante de los niños, cielo.

A Hermione se le paró el corazón al oír esa última palabra provocando una nueva ola de calor que recorría su cuerpo.

- ¿Subes, cielo? - insistió el rubio con la mirada más seductora que había visto en su vida. Estaba claro que había comprendido el motivo del sonrojo de la chica y se estaba aprovechando de ello.

Hermione fue incapaz de decir nada así que se dirigió al asiento del copiloto y se dejó caer dentro.

El viaje transcurrió en calma, Hermione y Draco aprovechaban para hacerse preguntas absurdas para saber más el uno del otro. A Rose le pareció divertido así que no tardó demasiado en unirse a ellos. Scorpius sin embargo, permaneció en silencio todo el trayecto.

La primera parada fue la casa de Daphne Greengrass. Ahí había pasado la noche Astoria derramando lágrimas en los brazos de su hermana. Era en la única persona que podía confiar.

Scorpius bajó del vehículo y comenzó a tirar de las cuerdas intentando sacar su maleta. Draco se bajó a ayudarlo y lo acompañó hasta la puerta deteniéndose en el umbral.

- Scorpius.

- Papá.

- Te echaré de menos. – murmuró el padre con el semblante serio. Scorpius se lo quedó mirando, reflexionando sobre la primera muestra de afecto que había tenido con él. En general Draco Malfoy era un hombre reservado e incluso le había costado dar muestras de afecto a su madre. Sin embargo en estos pocos días su padre había cambiado su forma de ver la vida y no quería de dejar de decirle a Hermione lo mucho que le importaba, y tampoco quería irse sin despedirse de Scorpius. De joven se había guardado demasiadas cosas y ahora empezaba a desprenderse de ellas.

- Yo también, papá.

Scorpius se acercó a su padre y éste le abrazó con fuerza durante unos segundos. Después Scorpius se giró y carraspeó mientras su padre picaba a la puerta.

- ¡Oh, cariño! – abrió la puerta Astoria lanzándose a abrazar a su hijo. – me alegro de que hayas decidido venirte. Tía Daphne nos ha ofrecido que nos quedemos con ella unos días. Ya volveremos a la mansión más adelante. – le explicó al chico empujándolo para que entrase a saludar. Scorpius dedicó una última mirada a su padre y después desapareció tras la puerta.

- Draco. – saludó la mujer resentida.

- Astoria, sé que Scorpius está en buenas manos pero agradecería que me escribieses para saber que todo va bien.

- Lo haré, Draco.

El rubio no dijo nada más y le ofreció la mano a la chica. Ésta la rechazó y se lanzó a sus brazos para darle un último abrazo.

- Te he querido mucho, Draco. – le susurró al oído a la vez que lloraba – Siempre te he querido y siempre te querré.

- Astoria, mírame. – dijo el chico separando un poco a su futura ex esposa- Todo va a ir bien, nos seguiremos viendo. Seremos amigos y algún día quedaremos para tomar una cerveza de mantequilla y me contarás que has conocido a un hombre increíble, a un hombre que realmente te merezca y te ame para siempre.

La chica volvió a sollozar y se limpió las lágrimas en un gesto elegante, como solo podía hacerlo una dama.

- Adiós Draco. – dijo manteniendo una cierta distancia, con miedo de volver a lanzarse a sus brazos.

El hombre asintió y la puerta se cerró dejando una parte muy importante de su vida atrás.

Draco no tardó en llegar a su nuevo hogar. La casa era bonita pero mucho más pequeña que su antigua mansión. Había un pequeño jardín que rodeaba la casa, si se podía decir así. A él más bien le parecía una jardinera. Nada más entrar había unos mesita de fresno que adornaba el pasillo con un cesto de mimbre donde se escondían algunas llaves y algo más. El comedor era un lugar hogareño decorado con una chimenea y una mesa del mismo tono de madera que la mesita del pasillo. Todo en esa casa era de colores vivos y claros sin ser demasiado recargado. Habían grandes vidrieras desde donde se podía ver el jardín trasero que era tan pequeño como el delantero.

- ¡Mamá! ¿Puedo escribir a papá y a Hugo para decirles que hemos vuelto a casa?

Hermione miró a Draco que aún estaba analizando su nuevo hogar y dudó. Tenía que pensar bien como contárselo a su hijo y a Ron si quería que hubiera una buena relación entre todos.

- Mejor escribe a Tío Harry y dile que vengan todos. Que tenemos algo que explicarles, ya hablaremos con Ron y Hugo más adelante.

Horas más tarde Hermione se dedicaba a preparar una deliciosa y suculenta cena para sus invitados mientras Rose se dedicaba a leer algún libro de la gran estantería que cubría gran parte de su habitación. Draco se limitaba a observar a Hermione mientras cocinaba con destreza.

- ¿Piensas ayudar en algo o vas a quedarte ahí mirando todo el día? – dijo la chica intentando romper el hielo. Se sentía demasiado intimidada para mirarle y si seguía observándole acabaría rebanándose un dedo en vez de cortar las verduras.

Draco se acercó y acarició una lágrima que se derramaba por la mejilla de la chica. Frunció el ceño y la giró hacia él.

- ¿Qué va mal?

Hermione lo observó intrigada hasta que comprendió a que se refería. Amplió su sonrisa y cogió su mano poniéndole un cuchillo sobre ella.

- Nunca has cocinado nada ¿Verdad?

El rubio negó con la cabeza sin comprender lo que tenía que ver y miró el cuchillo intrigado.

- Corta la cebolla, por favor. – dijo la chica inocentemente empujándolo cerca de ella – Acércate que tienes que ver bien los cortes.

El rubio le siguió la corriente sin comprender cuál era la conexión pero a los pocos segundos un picor desmesurado apareció en su lagrimal haciendo que se le irritaran los ojos como a la chica. Lanzó el cuchillo al fregadero y cuando se giró para enfrentarse a Hermione se la encontró doblada de la risa.

- ¿Así que jugando sucio, Granger? – murmuró el chico frotándose los ojos con fuerza mientras se dirigía a ella.

- ¿Así que los Malfoy también lloran? – le devolvió el golpe aguantándose la risa a duras penas.

- ¡Ven aquí! – gritó el rubio abalanzándose hacia ella y agarrándola a la vez que se la echaba en el hombro caminando hacia el salón – Te vas a enterar de cuál es el precio de irritar a un Malfoy – masculló el rubio con una sonrisa divertida a la vez que la lanzaba sobre el sofá.

La castaña no paraba de reírse y a Draco eso le parecía encantador y desesperante a la vez. Justo antes de lanzarse a besarla apareció una cabeza pelirroja que se asomaba por la puerta.

- ¿Qué está pasando aquí? – preguntó Rose levantando una ceja.

Draco abrió la boca para responder pero la volvió a cerrar mientras Hermione no dejaba de reírse.

De repente el timbre de la puerta los hizo girarse y Hermione le hizo un gesto a su hija para que abriera ella.

- Salvados por la campana – murmuró la niña a la vez que abría la puerta.

- ¿Qué eran esos gritos? – preguntó Harry nada más saludar a la niña con una caricia en el pelo.

Rose desvió la mirada hacia su madre para que contestase ella y se fue con sus primos al jardín. Tenía demasiadas cosas que contarles y debía hablar con Lily sobre Scorpius.

Ginny y Harry se acercaron al salón guiados por el elegante saludo de Draco Malfoy. Todo en sí era extraño pero la cosa se complicó cuando vieron a Hermione tendida en el sofá con lágrimas de risa en los ojos y con las mejillas coloradas.

- ¿Deberíamos preguntar? – dijo con voz cantarina la pelirroja mirando alternativamente a su marido y a su mejor amiga.

Hermione abrió la boca para contestar pero Draco se adelantó y negó con la cabeza.

- ¡La cena! – gritó de repente la castaña saltando del sofá y dirigiéndose a la cocina- ¡Ginny! Necesito ayuda, Draco lo ha intentado pero no se le da demasiado bien.

Se escucharon unas risitas que se introducían en la cocina antes de que la puerta se cerrara. Estaba claro que Hermione aprovecharía para contarle todo a su amiga así que debía ser honesto con Potter. Suspiró.

- ¿Un whiskey de fuego? – preguntó el rubio mientras se servía a sí mismo.

- No, gracias. – respondió Harry algo incómodo por la situación.

Ambos se sentaron manteniendo las distancias y mirando al frente. Draco se frotó la sien intentando pensar algo. Normalmente las conversaciones no eran ningún reto para el chico, pero intentar arreglar una relación que se había encargado de destruir de pequeño no era tarea fácil.

- ¿Así que vais enserio? – preguntó el ojiverde torpemente mirando por primera vez a su peor enemigo y atisbando algo similar a unas lágrimas en sus ojos. ¿Había llorado?

Draco pensó en responderle con alguna gracia pero supuso que no era un buen comienzo así que simplemente asintió.

- A Weasley y a ti se os ve muy bien.

El castaño asintió.

- Pensaba que detestabas a los Weasley.

- Solo a uno. – murmuró Draco tras pegarle un sorbo a su vaso. – Tal vez mi odio se hizo más obsesivo a partir de que supe que poseía lo que siempre había anhelado.

Harry sopesó la respuesta pero no se quedó conforme.

- Siempre odiaste a Hermione. La insultabas a todas horas, no intentes convencerme de que siempre la has querido.

- No intento convencerte de nada, Potter. – Iba a añadir algo más pero se contuvo. No quería tampoco dejar entrever que su obsesión por la chica podría ser causa de sus patéticas llamadas de atención.

Harry parecía muy concentrado en algo cuando Draco habló:

- ¿Cómo está Fred? – preguntó el rubio intentando retomar la conversación.

- ¿Hermione te lo ha contado?

- ¿No debería?

- Supongo que sí. – dijo el moreno con el ceño fruncido – Ginny está bien. Está algo preocupada porque dejamos a los niños solos todo el tiempo y no quiere que con el bebé pase lo mismo. Hacemos lo que podemos pero tenemos mucho trabajo. Ginny intenta escribir para El Profeta en casa pero es difícil concentrarse y sé que necesita airearse y yo no puedo ayudarla porque me necesitan en el Ministerio. – suspiró preguntándose por qué le estaba contando todo eso.

- Tal vez podrían quedarse con nosotros los niños de vez en cuando. – añadió el rubio intentando dar algo de libertad a la pareja. Harry se giró incrédulo por lo que acababa de oír y estaba preparado para darle la negativa pero en ese instante entraron Ginny y Hermione con dos grandes bandejas dirigiéndose a la mesa.

- ¡Me parece una idea estupenda! – respondió Hermione uniéndose a la conversación.

- Por mí no hay ningún problema. –añadió la pelirroja sonriente dándole el visto bueno al rubio.

Hermione tenía un don. Draco no comprendía lo que le podía haber dicho a su amiga pero de alguna forma le daba su bendición y a pesar de que años atrás eso no le hubiese importado nada, ahora significaba mucho para él. Sabía lo importante que era eso para Hermione y quería hacerla feliz. Pero la felicidad tan rápido viene como se va.

- ¿Os habéis vuelto todos locos? ¡Este hombre no es capaz ni siquiera de cuidar a su hijo, sino estaría aquí!. – dijo el moreno señalándolo. En cuestión de segundos pasaron varias cosas. Draco se llevó la mano al bolsillo en un acto reflejo para coger su varita. Hermione y Ginny se envararon y Harry logró ver lo que pretendía -¡LO VEIS! Es el mismo monstruo de siempre, Hermione. No pienso dejar a mis hijos a su cargo. ¿Se te ha olvidado lo cruel que fue contigo, Herms? –masculló en una explosión de rabia contenida.

Albus, Lily, James y Rose se asomaron por la puerta al oír tanto alboroto y la habitación quedó en un incómodo silencio.

Draco fue el primero en moverse. Dejó sobre la mesa el vaso de Whiskey y dedicó una mirada a Hermione antes de desaparecer por la puerta e irse de esa casa tras un portazo.

- ¡Draco espera! – gritó la chica saliendo corriendo tras él.

Harry agachó la cabeza y la apoyó en el hombro de su esposa que le suplicaba que le diera una oportunidad.

- Draco Malfoy no es quien era, tío Harry. – susurró Rose dando un paso al frente – Es mi padre en cierta forma y no puedes tratarle así dentro de esta casa.

Lily dio un paso tímidamente y miró a su padre.

- El señor Malfoy es un buen hombre, papá. Fue un gran anfitrión mientras estuvimos en su mansión.

Albus y James la siguieron y se unieron a ellas.

- Yo no tengo ningún problema en quedarme con él y con tía Hermione y con Rose. – añadió Albus.

- Ni yo. –le siguió James.

- Ni yo. – finalizó Lily.

Harry suspiró y se dio cuenta de que no tenía otra alternativa.

- Vayamos a encontrar a Hermione y a Malfoy.- asumió el moreno con desgana.

Ginny agarró su mano con firmeza y se dirigió a la puerta tras los niños.

- Nada de magia, ya lo sabéis. Es un barrio muggle así que tendremos que encontrarles de la forma tradicional.

- Será mejor que nos separemos. –añadió Harry – Cariño ve con James y Lily, yo me llevaré a Rose y a Albus.

Ginny le dio un suave beso en los labios a Harry antes de desaparecer en la oscuridad de la noche. Harry se giró y empezó a caminar en dirección contraria pero pronto Rose lo agarró de su mano y comenzó a tirar de él con impaciencia.

- Si quieres que cenemos todos juntos en familia y arreglemos las cosas tendrás que darte prisa – insistió la pelirroja.

Harry asintió con hastío y se adentró en el parque que rodeaba la calle junto a los dos niños.

Mientras tanto cerca de un lago Draco se apoyaba en un farol con los ojos cerrados intentando calmarse. Tenía ganas de retroceder sus pasos y asestarle un puñetazo en la cara al niño que vivió, pero sabía que no debía hacerlo. Hermione apareció por un camino de piedra y se paró al ver el hermoso cuadro que tenía ante sus ojos. La chica dudó en acercarse pero decidió que no quería mantener ninguna distancia con él, así que se acercó y lo abrazó por la espalda. Se mantuvieron unos segundos así, cada uno sumido en sus propios pensamientos hasta que por fin alguien habló.

- No pienso volver como si no hubiera pasado nada. –masculló el rubio abriendo los ojos con fastidio.

- Yo tampoco –contestó la chica besándole el hombro con ternura.

Siguieron en silencio observando el reflejo de la luna menguante sobre el lago.

-Sabía que no iba a ser fácil –murmuró el rubio para sí mismo – pero esperaba esa reacción en el pobretón, no en Potter.

- No le llames así – Draco no dijo nada así que seguiría llamándolo como le daba la gana, pero lo ignoró – No pretendo que consigas un milagro, Draco. Solo quería que lo intentaras. Has hecho un gran esfuerzo por mí y nunca te lo voy a poder agradecer lo suficiente.

La chica se puso enfrente del chico y le dio un beso lento y suave. Rodeó sus brazos en el cuello del rubio y unió su cintura a la de él. Sentir su respiración la tranquilizaba y le gustaba demasiado. Draco la abrazó por la cintura con cuidado y se quedaron así, regalándose pequeños besos bajo el brillo de la luna.

- Deberíamos volver. Estoy seguro de que Ginny los habrá encontrado y estarán en casa todos. – gruñó Harry irritado tras dar tantas vueltas por el parque.

Rose frunció el ceño y se dispuso a dar media vuelta junto a Harry pero de pronto la voz de Albus los detuvo.

- ¡Eh! ¡Mirad ahí, tras el lago!

Tío y sobrina enfocaron la mirada hacia una pareja enamorada que yacía entre la oscuridad del parque bajo la luz de un farol. Rose sonrió al ver de quien se trataba pero Harry no hizo lo mismo.

- ¿Ves, tío Harry? Se quieren, aunque parezca imposible. Tú siempre decías que el amor es la única fuerza que sobrevive a la muerte, que puede con todo. ¿No crees que eso sea así para mi madre?

Harry calló al oír las palabras de su sobrina. Siempre conseguía decir lo correcto y tenía respuestas para todo, estaba claro que había salido en gran parte a su madre.

Los tres se acercaron a la pareja que ahora se encontraban abrazados en silencio con los ojos cerrados. Harry carraspeó y ambos abrieron los ojos.

La mirada de Hermione destilaba fuego y estaba a punto de lanzarse a la yugular de su amigo. Harry conocía perfectamente esa mirada de todas las veces que se habían enfadado y no quería ser el blanco de su odio de nuevo.

- He venido a disculparme. –murmuró el moreno sin más ofreciéndole la mano con desgana.

- Una disculpa no implica que realmente dejes de pensar lo mismo, Potter. –gruñó Draco sin soltar la cintura de la castaña. Ella conseguía tranquilizarle y tal vez teniéndola entre sus manos no le daría el puñetazo que tanto deseaba propinarle.

- Cierto. – afirmó el moreno desviando la mirada de su antiguo enemigo.

Albus le propinó un codazo a su padre y este suspiró.

- Supongo que veo algo en ti que jamás pensé que vería –empezó de nuevo el ojiverde haciendo un gran esfuerzo – Tal vez sea cierto que estas enamorado de Hermione, y espero que así sea porque juro por Merlín que como le hagas daño te perseguiré hasta convertirte en un hurón botador y te lanzaré a este mismo lago.

Draco alzó la ceja con incredulidad y la risa de Hermione rompió toda la tensión acumulada entre su amigo y su novio.

El rubio ofreció su mano en señal de aceptación y el moreno la agarró con fuerza.

- Perfecto… ¿Entonces ya podemos ir a cenar a casa? – preguntó Albus poniéndose las manos en el estómago.

Todos rieron juntos y pasearon de vuelta a casa por un estrecho camino del parque. Draco explicó todo lo ocurrido desde el primer día en la mansión. Los niños corroboraron todo lo que decía, cosa que tranquilizó a Harry. Una vez en casa la cena se desarrolló con serenidad. Harry pensaba darle una oportunidad al chico, a pesar de que una parte de él seguía y seguiría desconfiando. Al fin y al cabo Ron ya se encargaría de ponerlo en su sitio cuando se enterara, y Ginny estaba de acuerdo con que los niños se quedaran con Draco Malfoy, cosa que seguía sin comprender. Se lo preguntaría más tarde en casa, Hermione tuvo que ser muy convincente para conseguir ese efecto en su esposa. Una vez que se fueron sus invitados Hermione se fue a dormir temprano y Draco la imitó, querían pasar un tiempo juntos a solas y era su primera noche en esa casa. Rose estaba tendida en la cama mirando al techo. Sabía que aún quedaba lo peor, le espantaba la idea de ver a Ron pelear con Draco Malfoy. Ron no sería tan comprensivo como Harry, y ella lo sabía, por no hablar de su hermano. Hugo jamás aceptaría a Draco Malfoy. Lo peor es que no tiene motivos para odiarle puesto a que no ha vivido la época de su padre y ni siquiera conoce a ese hombre, pero ser un Malfoy y que esté con su madre eran dos cosas que no podían funcionar juntas. Lo peor de todo es que la chica no estaba preocupada por eso sino por Scorpius. Sabía que estaba bien, estaba con su madre pero lo echaba de menos. Se había acostumbrado a verlo durante todo el día y a sobrevolar el cielo con los hipogrifos. Ahora todo eso le parecía un sueño, un dulce sueño que jamás ocurrió. Suspiró. Se dirigió a su pequeño escritorio, sacó una pluma y un pergamino y empezó a escribir:

"Querido Scorpius,

Espero que todo os vaya bien a tu madre y a ti. Tal vez podríamos salir un día en busca de Charcoal y Sparkler. ¡O podrías pasar por casa! Tu padre te echa mucho de menos aunque no lo diga, no está siendo fácil para él. ¡Imagínate cuando se presenten mi padre y mi hermano en casa! ¡Va a ser la guerra! Tío Harry y Tía Ginny no han tenido demasiados problemas con aceptarlo y mamá y él ahora son muy felices. Sé que no te gusta la idea pero también sé que quieres la felicidad de tu padre y así que espero que lo comprendas. Solo quiero decirte que espero que me escribas pronto. Yo también te echo de menos.

Te quiere,

Rose."

Rose se sorbió la nariz y enrolló el pergamino con delicadeza. Hablar con sus primos de Scorpius le había hecho recordar que lo necesitaba. De alguna forma habían comenzado a crear un vínculo con el rubio y sabía que tenía mucho que descubrir del chico. Simplemente quería pasar más tiempo con él y llegar a comprenderle. Si tan solo le contestara la carta…

La pelirroja se tendió en la cama más tranquila ya que solo le quedaba esperar. Su hermano solía escribirle poco así que tendría unos días de paz antes de que él y Ron descubrieran su pequeño secreto. Podría disfrutar de un tiempo a solas con su madre y también le serviría para conocer al nuevo miembro de su familia. De pronto se sentía mucho más positiva. Cerró los ojos pensando que esa noche dormiría mejor que las anteriores al estar de nuevo en casa, pero se equivocaba. Unos grandes ojos blancos seguidos de una piel esquelética negra y unas grandes alas de murciélago la arrastraron hasta la peor de sus pesadillas.

Cuando se despertó estaba sudando y el corazón le latía velozmente. Rose era una chica inteligente y sabía utilizar sus peores miedos y transformarlos en su mayor fortaleza. Una idea se le pasó por la cabeza e inmediatamente se lanzó a escribir a una persona con la que hacía tiempo que no hablaba. Justo cuando logró enviar el pergamino utilizando la lechuza de su madre unos enérgicos golpes resonaron por toda la casa. La chica bajó hacia el salón varita en mano preparada para cualquier cosa pero los golpes provenían de la puerta. Sus padres seguían durmiendo así que estaba sola ante el peligro. Cuando estaba a punto de girar el pomo los fuertes golpes se repitieron.

- ¡HERMIONE JEAN GRANGER, ABRE LA MALDITA PUERTA O JURO QUE LA TIRO ABAJO!

Rose se estremeció al reconocer la voz que provenía del otro lado de la puerta de casa. Tenían problemas, de eso estaba totalmente segura.

Rose meditó si debía avisar primero a su madre pero decidió que ella misma calmaría a sus invitados para ponérselo más fácil a Draco y a ella.

Abrió la puerta lentamente y le dedicó la más cálida d las sonrisas a su padre y a su hermano.

- ¡Papá! ¡Qué alegría verte! – dijo con exagerado entusiasmo lanzándose a sus brazos. Por un segundo eso frenó el instinto homicida que le caracterizaba pero Hugo no se echó atrás con eso. Dio unos pasos entrando a la casa y sacó la varita inmediatamente.

- ¿Dónde está Él? – masculló el niño irritado recordando al padre el propósito de su visita. Ron se quitó de encima a la niña y se dirigió hacia el comedor buscando al intruso.

- ¿Dónde está quién? – preguntó la niña con inocencia fingiendo un bostezo.

- Rose, no nos tomes el pelo. Te conozco y sé que Malfoy anda cerca así que se buena chica y ahórranos la búsqueda. – murmuró Ron intentando no ser grosero pero sin dejar de mirar dentro de la chimenea.

- Draco no está aquí y será mejor que no gritéis, mamá está durmiendo y ya sabéis como se pone si la despiertan. – Ron tragó saliva asimilando la información pero siguió con la búsqueda, esta vez mucho más silenciosamente.

- ¿Desde cuándo es Draco? – gruñó Hugo frunciendo el ceño. Podía ser perceptivo con algunas cosas y esta vez lo había sido.

- Desde que mamá y yo nos hemos dado cuenta de que es buena persona. – sonrió con sinceridad haciendo que los dos hombres se giraran para mirarla como si estuviera desquiciada.

- Rose, cielo. Draco Malfoy no es buena persona. –dijo seriamente el padre cogiéndola por los hombros – sé que pretendes salvar a todo el mundo y dar una oportunidad a cada persona, pero él no la merece. ¿Tengo que recordarte todo el daño que nos ha hecho a mamá, a tu tío, a mí y a muchos otros de Hogwarts?

-¡Pero eso fue en el pasado! ¡Además, bien que cuando tuvo que reconocer a tío Harry y condenarlo a muerte dijo que no lo reconocía para salvarlo a él y a vosotros!

- ¿Cómo sabes eso? – preguntó esta vez el padre irritado clavándole la yema de los dedos en la clavícula.

- ¡Mamá y él nos han contado toda la verdad!

- ¡Eso es mentira! –rugió el padre zarandeando a la chica - ¡Todo es mentira! ¡Si no nos hundió en el lodo fue porque no pudo reconocer a Harry! No tienes ni idea de cómo es él. Es un estúpido hurón que solo quiere hacer daño a la gente. Esa maldita serpiente va a pagar por todo el daño que hizo.

Soltó precipitadamente a la niña y comenzó a subir las escaleras en dirección a la habitación de Hermione que una vez compartió con él. Si Hermione estaba durmiendo tendría que despertarse y confesar la verdad.

Hugo siguió los pasos de su padre mientras Rose estiraba de la camiseta de ambos intentando frenarlos en vano.

- Por favor… ¡Dejadla dormir! – sollozóla chica con temor a lo que se avecinaba – Por favor papá… Hugo… confiad en mi.

Pero ya era demasiado tarde. Ron Weasley giró el pomo y abrió la puerta. Asomó su rostro y poco a poco se fue descomponiendo y poniéndose más pálido conforme sus ojos asimilaban lo que veían.

- James y Lily no mentían... – comentó el niño con la boca abierta. Fue lo único capaz de responder al mirar dentro del cuarto de su madre.

Draco estaba tumbado boca arriba con Hermione apoyada sobre él regalándole suaves besos en los labios. El chico ronroneaba a la vez que la chica soltaba pequeñas risitas sin alejarse demasiado de su boca. Cuando la puerta se abrió ambos se detuvieron y miraron allí de donde venía el ruido, dejando a la chica completamente paralizada.

- Buenos días, Weasley. –murmuró el rubio pasándose una mano por el pelo aún despeinado de la flameante noche con la castaña. Hermione se llevó la mano a la boca tapándose espantada pero sin soltar la sábana que afortunadamente la cubría. – Ni tú ni Potter tenéis la costumbre de picar a la puerta y esperar a que respondan. Qué falta de educación. – rió el chico poniéndose unos pantalones entre las sábanas intentando no destapar a Hermione. - ¿Nos permites unos segundos para vestirnos? – dijo con una media sonrisa mirando directamente el rostro del pelirrojo que había pasado del tono pálido al púrpura y ahora se estaba volviendo rojo como su pelo.

No sé exactamente cuál fue el detonante, si saber que su mejor amigo sabía lo de Draco Malfoy y no le había dicho nada o saber que su exesposa yacía en la cama con él desnuda. En cualquier caso la mano temblorosa de la rabia de Ron se dirigió a su varita y sin dudar apuntó al rubio que ahora se encontraba poniéndose el segundo calcetín. La mirada de Hermione se cruzó con la de él un segundo antes de que fuera demasiado tarde.

- ¡RON NO! – gritó la castaña poniéndose medio en pie con la sábana alrededor de su cuerpo abrazándola y las manos en alto.

- ¡Confundus! – gritó Rose apuntando a su padre seguido inmediatamente de un hechizo.

- ¡BOMBARDA! –gritó el pelirrojo. Afortunadamente el hechizo de su hija lo había aturdido lo suficiente como para que en vez de salir por los aires Draco Malfoy, lo hiciera le mesita de noche que había junto a él. La mesita estalló en mil pedazos haciendo que todos los huéspedes se taparan los ojos para protegerse, incluido Ron. Draco se había abrazado a Hermione para protegerla cosa que había irritado más al chico.

- ¡EVERTE STATUM! – gritó el rubio cogiendo su varita del pantalón apuntando hacia Ron para que el pelirrojo perdiera el equilibrio dándoles tiempo a ellos a reaccionar.

- ¡Rose, Hugo, salid de aquí! ¡YA! – gritó Hermione con voz amenazadora e inmediatamente Rose tiró de Hugo llevándolo hacia la planta baja.

- ¡EXPELLIARMUS! – bramó de nuevo el pelirrojo haciendo que la varita del rubio saliera disparada de sus manos. Draco se puso delante de Hermione intentando protegerla de la locura del desequilibrado de su ex marido. Hermione lo miraba con furia a la vez que cogía la varita de la única mesita de noche que le quedaba.

- RONALD BILIUS WEASLEY… ¡BASTA! – Vociferó la castaña apuntándolo con la varita – PARA O JURO QUE TE ARREPENTIRÁS.

- ¿Qué te ha hecho Hermione? – Ron levantó la varita de nuevo hacia su oponente mirándolo con todo el odio que destilaba en ese momento. Draco no se escondió, simplemente siguió apretando a Hermione contra su espalda para evitar que sufriera ningún daño. - ¡SECTUM!

Un rayo luminoso impactó en la mejilla del rubio creando una herida que se iba extendiendo rápidamente. Todo ocurrió demasiado deprisa, Hermione empujó a Draco y el hechizo impactó también en ella desgarrándole parte del labio y de la barbilla. La potencia del rayo menguó a la vez que Ron bajaba la varita dándose cuenta de lo que había hecho.

- ¡Hermione! ¡¿Hermione, estás bien?! –preguntó el rubio mientras la tendía sobre la cama con cuidado ignorando su propia herida. Hermione parpadeaba confundida sin comprender del todo lo que había pasado. Ron se acercó con paso tembloroso sin saber qué hacer.

- Hermione, Herms… yo… No quería…Jamás pensé…- balbuceaba el pelirrojo sintiéndolo mucho pero en aquél momento no era suficiente.

- Petrificus Totalus… –susurró la castaña apuntando al pelirrojo intentando hacer el mínimo esfuerzo con el labio que no paraba de sangrarle.

El cuerpo de Ron se tensó y a pesar de que todo su cuerpo se quedó estático, su mirada seguía siendo de preocupación e impresión.

- Tengo esencia de díctamo en el bolso – dijo la chica con una mueca de dolor señalando hacia el colgador que se ocultaba tras la puerta.

Draco se precipitó hacia él y tras buscar en el pozo sin fondo de su bolso logró encontrar la esencia que curaría y cicatrizaría sus heridas. El muchacho le entregó el botecito a la chica sin saber muy bien si debía dárselo para que lo ingiriera o simplemente aplicárselo sobre la herida.

Ella acercó su rostro al del chico que estaba un lado completamente manchado de sangre y acarició la herida con cuidado. La chica dejó que unas gotas del líquido surcaran su herida e inmediatamente una fina capa de piel comenzó a crearse haciendo desaparecer la herida. Draco se tocó la mejilla frustrado porque lo hubiera curado a él antes que a ella y le quitó el frasco de las manos. Inmediatamente la imitó y con sumo cuidado y ante los ojos del pelirrojo comenzó a dejar caer suaves gotas contra sus labios y su barbilla. Una vez curada Hermione sonrió y dio un suave beso al rubio que se quedó contemplándola como si fuera su mayor trofeo.

- Necesito vestirme…-susurró la chica al recordar donde estaba y la situación en la que se encontraba.

Draco le dedicó una mueca divertida y la observó de arriba abajo.

- No estoy de acuerdo.

- Draco…

EL rubio sonrió y sujetó la sábana cubriéndola lo suficiente como para que Ron no viese nada. Con cierta posesividad el rubio se interpuso en su mirada por si acaso, no quería ni que intuyera su figura. Draco no le quitó el ojo de encima mientras se vestía, cosa que enloquecía al pelirrojo que no podía hacer otra cosa que mirarlo con desprecio. Hermione una vez vestida se giró y vio la mirada traviesa que se difuminaba en esos ojos grises que la hacían enloquecer. La chica se ruborizó y le dio un beso provocativo haciendo que cada parte del cuerpo de Draco se tensara.

- Será mejor que saquemos a Weasley si esta noche queremos dormir aquí – rugió el rubio enfatizando en la palabra dormir. La pelirroja se giró y miró a su mejor amigo con cierta lástima.

- Te dije que te arrepentirías. –murmuró mirando a la estatua que destilaba rencor. Con un ágil movimiento de varita el cuerpo de Ron se elevó y empezó a bajar las escaleras horizontalmente levitando. Cuando Rose y Hugo vieron el estado de su padre abrieron los ojos de par en par y corrieron hacia la entrada del comedor para verlo de cerca, mientras su madre lo dejaba plantado en el salón.

- ¡¿Qué le has hecho a papá?! – gritó el chico levantando su varita hacia Draco, que ahora recordaba que la suya estaba tirada en el suelo de la habitación de arriba.

- Baja esa varita si no quieres quedarte sin escoba lo que te queda de cursos, Hugo. – murmuró la castaña amenazadoramente mirando a su hijo. Éste descendió el brazo sin apartar la mirada de los gélidos ojos de Draco. – Detesto la nueva normativa del Ministerio de Magia. Deberían seguir prohibiendo a los alumnos usar sus varitas fuera de Hogwarts como antiguamente.

- No estoy de acuerdo, es mucho más entretenido así. –rió el rubio a la vez que Hermione alzaba una ceja con incredulidad – Además, así pueden practicar en verano. – continuó para que la chica no lo contradijese.

- Pues recuerdo bien quela normativa también enfatiza en que si un alumno utiliza un hechizo para atacar a alguien será expulsado inmediatamente de Hogwarts. – continuó la chica mirando esta vez a su hijo recordándole lo que estaba a punto de hacer hacia unos segundos.

Hermione suspiró y miró a Draco en busca de ayuda. A este no le hacía demasiada gracia tener que hablar con su hijo. Conocía a los hombres y nada que le dijese haría que cambiase de opinión, sin embargo Hermione le pedía ayuda y él era incapaz de negársela.

- ¿Qué has decidido? – le preguntó el rubio directamente dejando desconcertado al niño.

- ¿Qué quieres decir?

- Supongo que has sacado tus propias conclusiones y quieres decirnos que te vas a vivir con tu padre.

- ¡Yo no quiero irme! ¡Eres tú quien debe marcharse! – gruñó el chico encarándolo.

- Por supuesto. Pero eso no va a ocurrir, a menos que Hermione lo desee. Y puesto a que voy a seguir viviendo en esta casa la decisión de quedarte es tuya.

- Tú no sabes nada sobre mí, no puedes saber lo que pienso. No intentes convencerme de que me comprendes.

- Realmente lo hago, más de lo que te imaginas. –continuó el rubio sin alzar la voz deseando terminar con esa conversación – Mi hijo ha estado en la misma situación que tú, Hugo. Él no aceptó a Hermione y se quedó con su madre.

Hubo un silencio incómodo en el que Rose hizo un gran esfuerzo por no llorar a la vez que Hermione desviaba la mirada incómoda. Nunca se había planteado que Scorpius no la aceptaba. Era lógico pero simplemente creyó que lo que no aceptaba era la ruptura, no a ella misma. Seguro que la culparía por destruir a su familia.

- Tu hijo es estúpido si no es capaz de aceptar a mi madre – gruñó en un murmullo desviando la mirada hacia Hermione.

- Tan estúpido como tú lo eres ahora –susurró Rose haciendo que Hugo la mirara ferozmente.

- Pues como soy estúpido me gustaría volver con mi padre a casa de tía Ginny, si no os importa.

- Lo cierto es que hoy Ron se quedará en el garaje. – sonrió Hermione haciendo que Draco soltase una risotada.

- ¿¡PORQUÉ!? – masculló Hugo desquiciado. - ¿Porqué está mi padre petrificado?

- Por que atacó a Draco. –contestó la pelirroja.

- Y a mí también- siguió su madre. – En realidad he sido yo quien lo ha petrificado. No le importará quedarse un día a cambio del hechizo que me lanzó. Espero que haya comido.

Hermione y Rose rieron juntas haciendo enfurecer a Hugo. Draco lo miraba fijamente comprendiendo el parecido que tenían él y su hijo y deseando que el final hubiese sido otro. Hermione se disculpó para llamar a Harry y avisar para que viniese a buscar a Hugo y cuando se dio media vuelta dirección al teléfono por primera vez vio la tristeza dibujada en su rostro por perder a su hijo. Aunque era una mujer fuerte y sabía cuál era el camino correcto, jamás había pensado que debería separarse de su hijo. La castaña suponía que acabaría cambiando de idea. Ella misma hablaría con Harry y Ginny para que lo convencieran de que volviese, pero si no lo hacía… No podía llegar a imaginar lo que tendría que hacer. No quería tener que elegir entre su hijo o la persona a la que amaba. Por primera vez comprendió lo que estaba sintiendo Draco y eso la hizo disgustarse más.

Harry no tardó en aparecerse para llevarse a Hugo. Cuando vio a su amigo petrificado tuvo que contenerse para sentarse a oír la historia de lo que había sucedido. Finalmente ayudó a llevar a Ron al garaje sabiendo que tardaría mucho en perdonárselo y se llevó a Hugo a casa. Por suerte al día siguiente Hermione tuvo piedad y dejó que Ron se fuera a su casa despotricando enfadado. Tardaría mucho tiempo en perdonárselo pero también tardaría en perdonarse a sí mismo por haber hecho daño a su mejor amiga.

FIN DEL QUINTO CAPÍTULO

¡Bueno, bueno! Ya estamos a más de la mitad de todo el meollo y aún tienen que cambiar algunas cosas…. ¡Pero no pienso adelantaros nada!

Quería deciros primero de todo que ahora estamos trabajando en varias historias a la vez… Seguimos continuando el Dramione del que os hablemos y tenemos muchas más sorpresas pero aquí viene una pregunta para las que creen que no solo existe el amor entre Draco y Hermione:

¿Cuál sería vuestra pareja preferida?¿Con quién juntaríais a Hermione? Vamos a escuchar vuestras respuestas y… ¡Escribiremos nuestro próximo fic sobre LA PAREJA GANADORA!

Por otro lado queremos agradecer a todos nuestros lectores por continuar a nuestro lado no solo con este fic sino con todos los demás porque con cada historia queremos expresar algo diferente y haceros poneros en la piel del otro. ¡Así que también debemos dar nuestros agradecimientos a Roselin, Portia White y en especial a SallyElizabethHR por estar ahí cada capítulo y disfrutar tanto con nuestras historias como nosotras disfrutamos leyendo tus comentarios día a día!

De nuevo gracias a todas esas personas que nos ponéis en favoritos como autores o como historia y que además no seguís día a día… ¡Un beso y hasta el próximo capítulo!

¡Hasta pronto!