Capítulo 7: La última sorpresa

- ¿Has decidido venirte con nosotros? –murmuró Hermione soltándose del abrazo de su novio y caminando hacia el niño.

El chico asintió y ella no pudo hacer otra cosa que abrazarle. Sentía que poco a poco las cosas iban volviendo a la normalidad.

Cuando se deshizo del abrazo de Hermione, su padre ya estaba a su lado mirándolo fijamente con una chispa de entusiasmo en su mirada.

- Me alegro de volver a verte, hijo – dijo con una media sonrisa a la vez que alborotaba el pelo del chico.

- Yo también papá – Y dejando todas sus cosas en el suelo, abrazó a su padre con fuerza. Hermione se unió al abrazo y Rose con una chispa de envidia les imitó.

- A decir verdad tengo algo que deciros – dijo el rubio carraspeando para que le dejaran algo de espacio. Los tres se lo quedaron mirando y él chico miró a Rose y continuó – si estoy aquí es gracias a Rose. Ella es alguien muy importante para mí y quiero que lo sepáis. Quiero salir contigo Rose, quiero ser el único que ocupe gran parte de tu corazón.

Hermione y Draco se miraron confusos pero Rose contra todo pronóstico estaba tranquila y segura de lo que quería. Se acercó al rubio y juntó sus labios con los de él a la vez que lo rodeaba con los brazos alrededor del cuello. Querría haberse quedado así para siempre, guardar ese perfecto momento en un cajón y no olvidarlo nunca pero cuando el beso se alargó demasiado Draco carraspeó y ambos se separaron no sin soltarse de la mano.

- Hermione, tendremos que hacer guardias por la noche – bromeó el padre con fingida preocupación pero a la castaña no le hacía tanta gracia.

- ¿Desde cuándo… -empezó pero inmediatamente se cayó porque tenía demasiadas preguntas en su cabeza.

Hermione consiguió excusarse con su hija para poder charlar con ella e interrogarla tal y como deseaba. Draco ayudó a su hijo a deshacer la maleta y con un par de hechizos tuvieron todo recogido en cuestión de segundos. Draco bromeó con él sobre Rose y éste le explicó toda la historia. Por la forma en que hablaba su hijo se dio cuenta de que realmente la quería. Ambos eran muy jóvenes como para decir que era amor verdadero pero en ese momento se querían el uno al otro y con eso bastaba. El amor no es más que el tiempo que anhelas estar con la otra persona por encima de todo así que podía asegurar que Rose y Scorpius estaban enamorados. El resto de la tarde la pasaron poniéndose al día y decidiendo que al día siguiente aprovecharían para escaparse a estrenar la nueva escoba. Cuando Rose descendió de la habitación junto a su madre estaba sumamente enrojecida así que no podía haber sido una conversación demasiado cómoda. Hermione en cambio bajaba tranquila y se dirigió a abrazar a Draco.

- Rose, Scorpius y yo hemos decidido ir a volar con la escoba mañana, ¿Querrías venirte? –preguntó Draco analizando la mirada de su nueva hija.

- ¡Claro! ¡Me encantaría! –asintió con entusiasmo observando la escoba que llevaba en la mano Scorpius. – Es una escoba increíble…

- En realidad las personas increíbles se merecen escobas igual de magníficas. – asintió Draco como si fuera algo lógico. – Precisamente por eso habíamos pensado que tal vez querrías una.

Los ojos de Rose relampaguearon.

- Una como esta – terminó Hermione sacando de su diminuto bolso una Saeta de Hielo igual que la de Scorpius pero con su nombre bordado en plata en la parte delantera.

Rose pegó un chillido que podría haber superado incluso a la Señora Gorda. Con un ágil movimiento se lanzó sobre su madre y su padre haciéndoles caer sobre el sofá. Scorpius se rió y para hacer más catastrófica la caída se tiró encima de ellos aplastándolos a todos y dejando a un lado las escobas. Los cuatro rieron juntos por primera vez. Todo era perfecto, o casi.

Los siguientes días los disfrutaron juntos conociéndose mejor unos con otros. Cuando los niños se iban a practicar con las escobas o a alimentar a los hipogrifos ellos aprovechaban para hablar de ciertos temas, como por ejemplo de la casa. Draco insistía en que debían buscarse un nuevo hogar mucho más grande en un barrio de magos, así Rose y Scorpius podrían practicar hechizos sin ningún problema e incluso podrían quedarse con los hipogrifos pero Hermione no estaba de acuerdo. Le gustaba la vida sencilla que llevaban y a pesar de que la casa no era muy grande, cabían perfectamente los cuatro. El problema era que después de haber vivido en la mansión, a todos se les hacía extremadamente diminuta le estancia. Esa misma tarde Rose comentó que no le gustaba vivir en un barrio muggle así que finalmente Hermione aceptó la propuesta de la mayoría y comenzaron a buscar un nuevo hogar. Finalmente se mudaron a una mansión bastante más pequeña la de los Malfoy pero mucho más grande que la casa de Hermione. Esa mansión estaba situada a medio camino entre la Madriguera y la Mansión Malfoy así que tendrían cerca todo lo que necesitaban. Estaba rodeada de campo y a lo lejos se divisaba un extremo del bosque en el que encontraron a esas criaturas tan magníficas. El traslado fue rápido y todos pusieron de su parte para decorar su nuevo hogar lo más acogedor posible. En menos de una semana habían convertido la enorme mansión en su nuevo domicilio ideal.

El último día de verano una visita les sacó de esa burbuja de paz que ellos mismos habían creado. Se trataba de nada más y nada menos que de Ron y Hugo, seguidos del resto de su familia.

- Hola Hermione – murmuró azorado el pelirrojo evitando la mirada de su mejor amiga. Hugo observaba con desprecio el abrazo de su madre con Draco Malfoy pero su tío Harry se había encargado de quitarle la varita antes de ir a visitarlos, solo por precaución.

- Hola. – dijo la chica cortante esperando una disculpa. Ginny que cada vez estaba más encorvada por el peso de su embarazo le propinó un codazo a su hermano para que afrontara la situación.

- Qu-quería decir…Bueno yo… no debería… siento haberte hecho daño, Hermione. – dijo el pelirrojo poniéndose colorado.

- ¿Eso es lo único que sientes? – dijo la castaña perspicaz mirando a su novio y retomando la mirada a su mejor amigo.

- Hermione, sabes que no siento… ¡AY! – exclamó el pelirrojo al sentir el pisotón que le había asestado esta vez Harry. – quiero decir… no quería… no quería herir tus sentimientos.

Ron se impresionó de sí mismo por haber eludido el tema de Draco Malfoy con astucia. Hermione se dio cuenta y también sonrió.

- Creo que deberías darle una oportunidad a Draco –dijo la chica haciendo que Ron tragara saliva angustiado – y se merece una disculpa.

Harry y Ginny se miraron afligidos ya que conocían las limitaciones de Ron. Hugo no paraba de resoplar y esperaba que su padre se lanzara a la yugular de Malfoy.

- ¡Tienes una casa preciosa, Hermione! – gritó con demasiado entusiasmo Ginny intentando cambiar de tema. Empujó a su marido al interior y pasaron disfrutando de cada detalle de la estancia. Draco los siguió, les explicó de donde provenían los nuevos adornos y les mostró la nueva distribución de la mansión pero Ron y Hugo siguieron sin dar un paso dentro de la casa. En ese momento Scorpius dio un beso en la mejilla a Rose mientras hablaban entre susurros y risas. Hugo lo vio y se abalanzó sobre el rubio en defensa de su hermana. No le importaba lo más mínimo no tener varita, se valdría sólo con los puños, incluso lo disfrutaría más. En pocos segundos todo se convirtió en un desastre. Hugo le lanzó un puñetazo al rubio que éste pudo frenar con la mano, a la vez Rose sacó la varita a punto de hacer saltar por los aires a su propio hermano, Hermione se giró asustada por los gritos y Harry, Ginny y Draco hicieron lo mismo, pero el más rápido de todos fue Ron que se abalanzó sobre los chicos y cogiendo el cuello de la camiseta de Hugo lo levantó y lo alejó del rubio.

- ¡SE PUEDE SABER QUE HACES! ¡ESAS NO SON FORMAS DE COMPORTARTE EN LA CASA DE TU MADRE! ¡TEN UN POCO DE RESPETO! – Gritaba el pelirrojo zarandeando a su hijo dejando a todos paralizados. A Draco le pareció de lo más hipócrita ese comentario puesto a que él mismo se había comportado así anteriormente. Rose ayudó a Scorpius a levantarse a la vez que este fulminaba con la mirada a Hugo, que desviaba la mirada enrojecido de la rabia.

- ¡Pero papá! ¡¿Tú los has visto?! – continuó Hugo señalando como Rose acariciaba a Scorpius comprobando que estuviese bien. Ron captó la mirada de su hijo y la poca distancia que había entre ambos y comprendió porqué se había lanzado a golpearle. En ese preciso momento tenía ganas de entrar, coger a Rose y llevársela consigo lejos de todos ellos. Todos estaban locos menos él, ¿Porqué no se daban cuenta?

Albus le susurró algo al oído a su primo que hizo que se calmase, y agarrándolo del brazo tiró de él llevándoselo a una habitación para hablar tranquilamente. Lily, James, Rose y Scorpius lo siguieron para solucionar todo de una vez por todas. Los demás adultos se quedaron en silencio esperando oír gritos para entrar ahí y poner paz, pero por extraño que pareciese no hubo ningún grito de histeria. De nuevo todas las miradas se centraron en Ron.

- ¿Qué hace mi hija con tu hijo, Malfoy? – dijo lo más calmado posible a pesar que las arrugas en su frente demostraban lo contrario.

- Para nosotros también ha sido una sorpresa, Weasley. – Hermione asintió confirmando las palabras de su novio – Supongo que las Granger no pueden resistirse a los encantos de los Malfoy.

La cara de Ron se encendió como un semáforo y apretó los puños con fuerza intentando controlarse. Hermione y él hacía tiempo que no eran más que amigos pero siempre había albergado la esperanza de que tarde o temprano la castaña regresaría a sus brazos y volverían a ser la familia que habían sido siempre. Harry sabía cómo se sentía su amigo pero también sabía que debía pasar página como lo había hecho ella, aunque que tu ex esté con tu peor enemigo no ayudaba demasiado. ¡Y encima ella se atrevía a pedirle que lo aceptara! El cerebro de Ron no paraba de centrifugar decidiendo si le daría tiempo a lanzar un avada kedavra antes de que Hermione se interpusiera pero el riesgo era enorme. El pelirrojo deprimido lanzó la última piedra que le quedaba:

- Hermione… Vuelve conmigo.

En la pequeña entrada de la casa se hizo un silencio aterrador en el que Hermione tenía los ojos abiertos como platos y Ginny y Harry se dedicaban miradas de asombro mezcladas con una profunda tristeza. Draco por otro lado no dijo ni hizo nada, se limitó a intentar asimilar las palabras que salían del que ahora y para siempre sería su mayor enemigo. Su primer y único gesto fue mirar a Hermione para poder disfrutar de la negativa de esta pero la chica seguía con la boca abierta. Comenzó a balbucear algunas palabras evitando la mirada del pelirrojo que cada vez se sentía más avergonzado. Finalmente pareció que la chica había decidido lo que debía hacer cosa que provocó una mueca divertida en el rubio que pronto se esfumaría.

- Ron… ¿Podemos… hablar en privado?

- ¡¿Qué?!

Draco no comprendía para que quería la castaña hablar en privado con él si no había parado de decir estupideces desde que había llegado. Harry le cogió por los hombros dispuesto a sacar al rubio del pasillo pero éste se sacudió quitándose los brazos de encima y miró atónito a Hermione que con un ligero movimiento de labios y sin pronunciar nada dijo: Confía en mí.

¿Qué confiara en ella? ¡Claro que confiaba! ¡En quien no confiaba era en el estúpido pobretón sin cerebro de Weasley!

Hermione en ese momento dio un pequeño beso en la mejilla a Draco y cogió de la mano a Ron llevándoselo al salón y dejando a todos anonadados.

- Creo que voy a por un té. –murmuró la pelirroja intentando escapar de esa situación tan incómoda.

Harry dudó sin debía quedarse a hablar con Draco pero realmente no tenían demasiada relación y a decir verdad aún no lo tragaba.

- Te acompaño.

La pareja salió por la puerta hacia la cocina dejando al rubio solo en mitad del pasillo. Draco apretaba los puños con fuerza y dio una patada a un tiesto de flores voladoras haciéndolo caer a la vez que algunas flores salían disparadas en diferentes direcciones. No había pasado desapercibido para él el hecho de que Hermione había cogido la mano del pelirrojo y eso no hacía más que irritarle. El tiempo parecía no avanzar y se cansó de dar vueltas por el pasillo así que se sentó en uno de los escalones que llevaban a la planta superior y se estiró del pelo mirando fijamente la alfombra que decoraba el pasillo. Hermione, sal o entraré a buscarte. Eso es lo que se repetía una y otra vez mientras chirriaba los dientes esperando a que la puerta se abriera de una vez por todas.

Mientras tanto dentro del salón la situación era cada vez más incómoda.

- Hermione, no me escuchas. Podría funcionar, una vez lo hizo ¿No? –Ron miraba a Hermione con ojos de súplica a la vez que sujetaba sus manos con fuerza.

- Ron… No funcionó… es verdad que al principio…

- ¡Ves! Al principió funcionó, Herms. Podemos volverlo a lograr, así podrás quitarte de encima a Malfoy y todo volverá a la normalidad. – Ron sonrió tontamente sin darse cuenta de que el rostro de Hermione mostraba que empezaba a cabrearse por momentos.

- ¿Quitarme de encima? ¿Te piensas… que me ha obligado a esto? – dijo la castaña buscando sentido a sus palabras.

- ¡Pues claro! Es obvio que algo te ha tenido que hacer, tal vez algún imperius… Pero nada que no puedan arreglar en San Mungo, Hermione. Yo estaré a tu lado, te lo prometo.

- ¿Crees… Crees que estoy…loca? – Hermione apretaba los dientes con fuerza a la vez que entrecerraba los ojos fulminando con la mirada a su amigo. Ron al fin se dio cuenta de que iba por el camino equivocado así que intentó rectificar.

- ¡No! Claro que no estás loca, Hermione. ¡Eres la chica más lista que conozco! Simplemente… es posible que el idiota de Malfoy haya…alterado tu memoria o algo así.

- ¡Draco Malfoy no ha alterado mi memoria, idiota! – Hermione se envaró y se soltó de sus manos mientras que al otro lado de la puerta Draco Malfoy se ponía en pie decidiendo si entrar o esperar un poco más. – No entiendes nada, nunca lo haces. ¿No puedes comprender que las personas cambian? ¡Ese siempre ha sido tu problema, Ron! ¡Siempre crees llevar la razón! Ni siquiera te diste cuenta de cuando dejé de quererte… ¡NUNCA ME ESCUCHAS!

Algo dentro del pelirrojo se desquebrajó y tragó saliva mientras bajaba su mirada. Hermione se arrepintió inmediatamente de sus palabras pero no sabía que debía hacer o decir. Balbuceó algo pero inmediatamente se calló. Draco Malfoy se sentó de nuevo en la escalera al oír parte de los gritos, se empezaba a sentir mucho más alegre, con energías renovadas.

- Yo… Lo siento mucho, Ron…No quería… Yo solo quiero que entiendas que, bueno, ahora estoy enamorada de otra persona. No se trata de ti y de mi, Ron, ni siquiera te habías planteado volver conmigo hasta que te has enterado de lo de Draco. Quieres volver conmigo porque no quieres que esté con él, pero tú yo juntos… no éramos felices ¿Recuerdas? – La castaña se esforzó mucho por poner la voz más dulce y sosegada que pudo para no dañar de nuevo a su mejor amigo.

- Yo sí lo era. Lo fui hasta el último momento. –Ron miró por primera vez a los ojos de la castaña que estaban ahora llorosos. No deseaba verla llorar, nunca le había gustado pero tampoco sabía qué hacer, se sentía torpe y entumecido. Hermione se lanzó a abrazar a Ron y éste se quedó con los brazos colgando hasta que poco a poco reaccionó y le devolvió el abrazo con sumo cuidado. La castaña sollozó en su hombro y poco a poco se fue separando del chico.

- Ron… No sé como decírtelo… De verdad que lo intento pero… solo sé que le quiero y él me quiere a mí. Puedes hablar con él si quieres, estoy segura de que te dirá lo mismo por mucho que os odiéis. De alguna forma esto es real, Ron. Necesito que tú también lo creas…

El pelirrojo miró el rostro afligido de la castaña y no pudo hacer otra cosa que asentir como un idiota. No deseaba aceptar eso, no deseaba estar allí y no deseaba tener esa conversación con ella pero no había otro camino.

- Está bien, Herms. Pero no me obligues a aceptarle o respetarlo, simplemente no puedo. Es demasiado… Y lo de Rose…

- Eso es mejor que lo hables con ella. –atajó la castaña – Eres su padre, intenta ser comprensivo. Scorpius no tiene la culpa del pasado de su padre, es un buen chico.

Y Ron lo creyó. Aunque lógicamente iría a comprobarlo por él mismo. Hermione se acercó a Ron y le dio un beso en la mejilla y se dispuso a salir del salón. Draco se levantó de golpe al ver como se abrían las puertas y salía su novia con las mejillas coloradas y los ojos llenos de lágrimas. Draco se acercó, la abrazó por la cintura y con la yema de los dedos retiró el pequeño rastro de lágrimas y le depositó un suave beso. Ron salió tras ella y se encontró en medio de esa incómoda escena. Estuvo a punto de ponerse a vociferar de nuevo pero luego tragó saliva con fuerza y se dirigió a la cocina a por un vaso de agua. Ginny se excusó rápidamente y se fue junto a Hermione a preparar la mesa y a hacer aparecer algo de comida. Harry aprovechó para hablar con Ron y que éste le explicara lo que había pasado. Expresar lo que sentía y lo que pensaba tranquilizó mucho al pelirrojo que se limitó a asentir el resto de la tarde un poco ensimismado. Mientras tanto en la habitación de al lado se estaba teniendo una conversación bastante diferente.

- ¿Me podéis soltar? – gruñó Hugo a James y Albus por decimosexta vez – Me estoy comportando como un adulto, ¿no es eso lo que queríais?

Los dos hermanos se miraron intuyendo que había gato encerrado pero fueron soltando a su primo sin alejarse demasiado de él. Lily no había participado en toda la conversación pero por primera vez lo intentó:

- Scorpius es mejor persona de lo que lo son muchos Gryffindors, Hugo. Deja ya de comportarte como tu padre.

Hugo la miró dolido y alzó la voz:

- Eso lo dices porque estás enamorada de él.

Las miradas de ambos primos se cruzaron, Lily lo observaba dolida mientras se ruborizaba y Hugo parecía contento con lo que había dicho. Rose miró a Lily y ésta le apartó la mirada avergonzada.

- ¡De verdad que a veces eres estúpido,Hugo! – Lily resopló y se concentró de nuevo en la conversación – Si digo eso es porque soy una Slytherin y lo conozco lo suficiente como para saber que es una buena persona y tú no eres nadie como para meterte en la vida de Rose.

Por un momento Rose pensó aplaudir orgullosa de su prima pero Hugo tardó poco en deshacerse de ese entusiasmo:

- ¡SOY SU HERMANO! ¡Tengo el deber de cuidarla y protegerla de cualquier reptil que se le acerque! –Hugo lanzó una mirada llena de odio al rubio que parecía muy entretenido mirando el techo de la habitación. Lily, Albus y James también lo miraron esperando alguna reacción por su parte pero ésta no llegó. Rose por otra parte estaba que echaba chispas y cuando estaba a punto de abrir la boca, Scorpius se dio cuenta de cuantas miradas tenía clavadas y por primera vez prestó atención a Hugo.

- Baja la voz, ¿Quieres? –dijo el rubio haciendo un gesto hacia la puerta. Lo que menos querían era la intromisión de sus padres pero esto a Hugo en ese momento le daba absolutamente igual.

- ¡¿Vas a decir algo o qué?! ¡¿Piensas quedarte callado mientras los demás discutimos?!

- En realidad solo discutes tú, Weasley. – Scorpius le lanzó una mirada gélida que podría haber intimidado incluso a Rose – Me importa una mierda lo que tu opines y me parece una sarta de estupideces todo lo que sale por tu boca.

En ese momento todos los chicos de la habitación cogieron aire dejando un incómodo silencio tras sus palabras. Rose miró a Scorpius con preocupación y de nuevo miró a su hermano que parecía dispuesto a ponerse en pie si no fuese porque Albus y James lo habían agarrado de nuevo de los brazos.

- ¡Ya basta! Estoy cansada de discusiones… -Rose se levantó de la cama en la que estaba sentada junto a Scorpius y se puso enfrente de todos – Hugo, necesito que veas más allá de tus caprichos y de tu odio por los Slytherins. Necesito que te des cuenta de que Scorpius me importa y si te vas a enfrentar a él te estarás enfrentando a mí.

- ¿Eso significa que le prefieres a él antes que a tu hermano, Rose? –gruñó Hugo dolido.

- ¡No se trata de eso! –la pelirroja bufó buscando ayuda con la mirada.

- Lo que Rose quiere decir… es que ella ha decidido estar al lado de su madre y seguir junto a Scorpius y necesita que lo respetes igual que ella respeta tu decisión de seguir con Tío Ron. – Concluyó Albus con una mirada tranquila.

- ¡Pero está dejando de lado a papá! – dijo Hugo derrotado.

- ¡Y tu a mamá! –gritó Rose cabreada – No se trata de abandonar a nadie, lógicamente no podemos vivir con ambos. Yo voy a seguir viendo a papá tanto como antes pero he decidido quedarme con mamá no solo por ella, sino porque la persona a la que quiero está también en esta casa.

Scorpius sonrió clavando su mirada en la de su chica y le acarició la mejilla con ternura cosa que hizo soltar un suspiro a Lily.

- ¡Voy a vomitar! –gritó ahora James soltando a Hugo y fingiendo una arcada.

Todos se rieron incluso Hugo y Scorpius que eran los que estaban más serios.

- No te olvides de mi padre –puntualizó el rubio retomando la conversación.

- Nuestro padre –dijo la pelirroja frunciendo el ceño por lo raro que le sonaba. Si sus padres se casaban serían hermanastros y estarían juntos entre ellos, nunca había pensado lo raro que sería todo eso.

Ahora fue Hugo quien fingió una arcada y se incorporó haciendo que James volviera a sujetarlo con fuerza.

- Solo quiero algo de comer, tranquilo James. –dijo Hugo poniendo los ojos en blanco.

Se dirigió hacia la puerta y antes de irse se giró y miró al nuevo novio de su hermana con una sonrisa socarrona.

- Acepto que tengas novio, Rose y acepto que sea este tío. – Rose sonrió al igual que James pero Albus y Lily lo conocían muy bien y sabía que eso no acababa así – Pero no acepto que sea un Slytherin y puesto a que soy un gran fan de Sortilegios Weasley… -hizo una pausa para sus espectadores y sonrió ampliamente- espero que sepas cubrirte tus espaldas, Malfoy. Buena suerte en los pasillos este año – y se giró y despareció tras la puerta.

Hubo un silencio en el que todos miraron a Scorpius pero éste se echó a reír y todos comenzaron a comentar las posibles jugadas de Hugo convirtiendo a Scorpius en uno más de la familia.

- Deberé pasar yo también por Sortilegios Weasley, tengo que defender el honor de los Slytherins. – Scorpius rió y Rose abrazó su brazo apoyándose en su hombro olvidando toda pelea.

- Si hay que defender nuestra casa yo te ayudaré. –añadió Lily con una sonrisa malévola que hizo estremecerse a sus hermanos.

- Cuando Lily hace bromas… da miedo – dijo James aterrorizado y luego se rió.

- Espero no tener que recordaros que como nuevo prefecto... –empezó a decir Albus pero rápidamente lo interrumpieron.

- Si,si, si… no debemos saltarnos las normas –finalizó Lily y chocó la mano con Scorpius haciendo que Rose sintiera una pizca de celos por no participar en su complot.

- Bueno será mejor que vayamos a comer antes de que Hugo acabe con todo- murmuró James mientras se levantaba.

Lily fue más rápida y pasó corriendo por la puerta cosa que hizo acelerar el paso a su hermano. Albus negó con la cabeza y salió tras ellos dejando a Rose y a Scorpius a solas.

- Bueno… No ha ido tan mal, ¿No? – comenzó la pelirroja mirando al rubio.

- Supongo que no, pero hay algo que no entiendo.

- ¿El qué?

- ¿Qué le dijo Albus a Hugo en el pasillo para que éste se tranquilizara y no se pusiera a gritar nada más entrar aquí?

- ¡Ah, eso!

Scorpius continuó esperando a que añadiera algo más pero la pelirroja no estaba demasiado participativa.

- ¿Y bien? –dijo Scorpius alzando las cejas.

- Le apostó 5 galeones a que no era capaz de comportarse como un adulto y a permanecer calladito durante 20 minutos.

Scorpius sonrió y no pudo evitar reírse.

- ¡¿ROSE, PUEDES ABRIR?! – La voz de su madre se alzaba entre el sonido del timbre de la puerta y el resto de voces de su familia.

Rose se incorporó, dio un suave beso en los labios a Scorpius y se giró para irse pero el rubio la tiró de la mano haciéndola caer encima suyo sobre la cama. Los dos cayeron de espaldas y se quedaron unos segundos así, mirándose de cerca.

- Creo que puedo acostumbrarme a esto. –murmuró el rubio y acercó sus labios a los de ella haciendo que soltara un pequeño gemido.

- Yo también… -dijo la pelirroja atreviéndose a morder el labio del rubio- Creo que…

- ¿¡ROSE?!

- ¡YA VOY MAMÁ!

Rose se incorporó y tiró de la mano del rubio llevándolo con ella hacia la puerta. De lejos se escuchaban las bromas que se hacían en el salón, incluso llegaron a escuchar como Hugo dejaba caer un comentario de a saber lo que estaban haciendo.

- ¿Quién crees que será? –dijo el rubio sacándola de sus pensamientos.

- Supongo que Victoire, Dominique y Louis. Tal vez vengan con Fred y Roxanne.

Y así fue. Nada más abrir la puerta entraron todos sus primos seguidos de sus padres. Rose tuvo que hacer un gran esfuerzo por ser paciente y presentar a Scorpius a todos intentando esquivar el máximo número de preguntas aunque sabía que Victoire y Dominique no la dejarían en paz. Hermione tuvo que lanzar un hechizo para hacer la mesa más grande y que pudiesen caber todos. Draco no paraba de murmurar que tendrían que haberse mudado a una casa más grande pero Hermione se negaba a tener algo aún mayor. George se sentó junto a Ron para poder hablar de algunas ideas nuevas que tenía para la tienda de bromas y Angelina no tardó en unirse a ellos y a decir verdad aportó muy buenas ideas. Rose y Scorpius se sentaron en el suelo frente a la chimenea junto a algunos de sus primos y el resto fue yendo y viniendo como podían puesto a que no había sitio para todos.

Scorpius se giró y miró a toda esa gente que a partir de ahora formarían parte de su familia. Un cálido sentimiento se arremolinó en su corazón y se dio cuenta de que había tomado la decisión correcta. Tal vez ahora era demasiado pronto, pero tarde o temprano junto a esa mesa también estaría su madre y eso lo alegraba. Tal vez incluso podría estar con ellos su tía Daphne. Era una persona encantadora y sabía que se llevaría bien con el resto. Scorpius se cruzó con la mirada de su padre y éste sonrió. Por extraño que parezca a veces podía saber lo que pensaba su padre, o más bien intuirlo; Y sabía en ese preciso momento que su padre estaba pensando lo mismo que él. Su padre valoraba lo que había conseguido y no lo soltaría jamás.

Draco se giró y observó la dulce risa de Hermione mientras comentaba algo con Fleur. La rubia alzó las cejas mirando a Draco hecho que hizo que Hermione se girase para ver que la había distraído. Fleur se dio la vuelta y le regaló un beso a Bill para darles intimidad mientras que Hermione se ruborizaba ante la intensa mirada del rubio.

- ¿Por qué me miras así? –dijo la chica desviando la mirada sin poder evitar regresar de nuevo a sus ojos. Se sentía atrapada ante la niebla que resplandecía en su mirada y podía quedarse mirándolo todo el día sin que dejasen de intimidarla.

- ¿Te he dicho alguna vez lo preciosa que eres? –rugió el rubio con una voz seductora.

Hermione se estremeció al recordar la primera vez que le dijo esa frase. En cuestión de unas semanas su vida había dado un giro encaminándola hacia algo desconocido para ella. Sabía que la decisión que había tomado no era fácil, ni siquiera era la más apropiada ante los ojos de sus amigos pero había algo dentro de ella que le decía que todo iba a salir bien, que podía confiar en Draco. Hermione suspiró. Jamás había imaginado que podría confiar en ese hombre y ahora no podía apartar la mirada de él. Se sentía como una niña ante su primer amor pero es que ¿No debe ser así siempre el amor?

- ¿Qué estás pensando? – le susurró el rubio para que los demás no lo oyesen.

Hermione dudó pero decidió ser sincera.

- En ti.

Las mejillas de Hermione se tornaron más coloradas si cabe y Draco le dedicó esa media sonrisa que hacía temblar a cualquiera. Era una mueca seductora, feliz i sobretodo sincera.

Draco se acercó a los labios de Hermione pero cuando ésta se adelantó para besarlo él se frenó dejando sus labios a un dedo de distancia.

- Te quiero, Hermione.

Esta vez fue Draco quien alcanzó sus labios fundiéndose en posiblemente el mejor beso que se habían regalado hasta ahora.

- Yo también a ti. –susurró Hermione sonriendo en su boca.

- ¡¿Alguien ha dicho foto?! – gritó de pronto George sacando una vieja Canon llena de polvo y con una forma algo peculiar.

Todos los niños se pusieron delante de los adultos que ahora sonreían y saludaban a la antigua cámara que flotaba en el aire gracias a un hechizo de Fleur. Scorpius dio un beso a Rose sorprendiéndola y haciendo que cayese de espaldas al suelo a la vez que Hugo ponía una cara tonta para que quedase inmortalizado. Fleur saludaba con delicadeza y hacía una pequeña reverencia y el resto imitaban su gesto divertidos. Al final Draco besó el pelo de Hermione y se acercó a su oído una última vez:

- Para siempre.

FIN

Y colorín colorado…

¡Este cuento aún no ha acabado! ¡No hasta que sepamos vuestros comentarios y vuestras peticiones para nuestro próximo Fic!

Para todos los que amáis los DRAMIONES… Nuestro próximo y acalorado Fic se titula Esclava del destino y… ¡os aseguro que no os pasará desapercibido! Si os gusta la fuerza del deseo que provoca Draco Malfoy, chicas, ¡preparaos!

Para las que tienen una mente mucho más abierta y creen que puede surgir el amor en cualquier lugar y con cualquier persona se acerca un Fic junto a Sirius Black. ¿Quién no querría un romance con un hombre fuerte, muy bien dotado (intelectualmente quiero decir eh ;)…) y sobre todo con un alma rebelde como la suya?

Y finalmente para los más impacientes recomendamos que leáis nuestras otras historias que os conducirán y os prepararán para situaros en la piel de otros personajes…

Tenemos muchas más sorpresas pero no anticiparemos nada….Muchas gracias por vuestros comentarios como siempre y por favor…

¡Si queréis seguir leyendo nuestras historias ponernos en favoritos como autoras y os llegaran todas las NOVEDADES!

Y si tenéis alguna petición en mente, ahora es el momento. ¿No os gustaría que alguien escribiese sobre una idea que hayáis tenido? ¿No deseáis leer algo inspirado en vuestros personajes preferidos? Pues… ¡solo tenéis que pedirlo! Leeremos vuestras REVIEWS!

Ahora sí, MUCHAS GRACIAS y… ¡HASTA EL PRÓXIMO FIC!

¡Hasta pronto!