La lluvia caía afuera, silenciando el sonido de los pocos coches al pasar. Era el escenario perfecto: el cielo tan gris, las calles solitarias y mojadas, y la discusión entre pareja en una casa en la ciudad de Los Ángeles.
"¡Lárgate! No te necesito"
"¡No me largo!"
Llevaban buen rato con eso.
"Jade, no puedes venir a gritarme a mi casa."
"Esta no es tu casa," Escupió Jade. "es de tus padres".
"¡Solo… Vete!"
"Jade, por favor."
"¡No, Señor Vega! Tori viene conmigo."
"No puedes obligarme."
"¿Ves ese anillo que presumes mucho en tu dedo? Yo te lo di. Aún eres mi esposa." Tori se quitó el anillo dorado que traía en el dedo anular de la mano izquierda y se lo aventó a la ojiazul.
"¡Quiero el divorcio!"
"Jade, por favor, no compliques más las cosas." El señor Vega empujaba suavemente por los hombros a Jade mientras su esposa abría la puerta.
"Esto no se queda así, Victoria." Anunció con un dedo acusador y salió.
Ya afuera, mientras la lluvia le empapaba, Jade apretó la mandíbula muy fuerte y luego suspiró pesadamente intentando calmarse. Fijó la vista en su auto, estacionado frente la casa de los Vega, mientras acariciaba suavemente con las yemas de los dedos aquel arito de oro. Lo guardó con cuidado en su bolsillo, sacó las llaves de su auto, le quitó los seguros y entró para irse a su casa.
Sin importarle la lluvia, aquel hombre dobló en la esquina a gran velocidad en su camioneta roja y siguió a gran velocidad calle arriba, pasando al lado de un Chevrolet negro que iba calle abajo, perteneciente a Jade West. La radio sonaba en la estación en la que siempre estaba. Sonaban canciones de todo tipo, y pasaban mucho las canciones de Death Cab For Cutie. Esas relajaban especialmente a Jade, y nunca se aburría mientras escuchara esa estación. En ese momento no sonaban canciones de DCFC, pero la música no estaba tan mal. Y dio gracias al cielo que hubiera estado mirando al frente todo ese tiempo, porque un niño pequeño se le atravesó en una esquina y ella tuvo que frenar abruptamente, quedando a unos metros del niño, el cual se notaba cansado y llevaba una mochila en la espalda. Jade bajó del auto hecha una furia. En la radio cambió la canción.
"¡Fíjate por donde vas! ¡Casi te arrollo! ¿No te enseñaron a cruzar?" Pero parecía que el niño no estaba escuchando. Parecía distraído.
"¿Has visto a mi padre? Va en una camioneta negra. Estábamos jugando, pero… la lluvia no me deja ver bien."
"¿Qué? No. No he visto a tu padre. Pide indicaciones si estás perdido y ve a casa."
"No sé realmente en dónde estoy."
"No es realmente mi problema." Jade volvía al auto. Se tomó un momento para abrocharse el cinturón de seguridad, y antes de arrancar, hubo unos golpecitos en la ventana del conductor. El niño no dijo nada, y ella tampoco. Después de unos segundos hizo un gento al niño para que subiera al auto, y éste obedeció. "¿Cómo te llamas, niño?"
"Eric."
"Dime, Eric, ¿Dónde vives?"
"No sé de calles, y no conozco por aquí. Si supiera, tal vez podrías llevarme a casa."
"Tal vez. ¿Cómo fue que viniste a dar acá?"
"Papá y yo estábamos jugando, solemos hacerlo seguido. Subimos al auto y él conduce a cualquier lugar. Después yo bajo del auto, papá arranca, y yo lo persigo hasta alcanzarlo o hasta llegar a casa. Siempre me deja con esta mochila, no sé qué tenga adentro. Pero esta vez me puso muy difícil el lugar, y la lluvia no ayuda mucho." Jade se detuvo en una luz roja y miró al niño, que jugaba con sus dedos. ¿Qué clase de bestia hacía eso a su hijo? Ella sabía de crueldad, pero el término se quedaba corto a comparación de lo que ese padre hacía con su hijo. Ni siquiera merecía ser llamado padre.
"Eric, hoy voy a llevarte a mi casa. Puede que pases un tiempo ahí conmigo, ¿está bien?"
"De acuerdo." No podía simplemente dejarlo. Condujo a casa un poco rápido, pero siempre teniendo cuidado de no causar un accidente. En cuanto llegaron, le buscó una toalla al pequeño y le preparó un baño caliente. Mientras él jugaba en la bañera, ella le preparó un sándwich y se preparó uno para ella. Vio la mochila y decidió ver qué era lo que tenía dentro. Había una nota, pero la lluvia le había corrido la tinta. Había ropa envuelta en una bolsa de plástico. Sacó todo y lo preparó para cuando Eric saliera de la ducha. Y no pudo dormir esa noche pensando en la crueldad por la que había pasado el niño.
Días después, mientras ella veía televisión y él jugaba con unos carritos que habían encontrado en su mochila también, el timbre de la casa sonó. Cuando Jade fue a abrir, Tori se encontraba ahí, esbelta, como siempre. Vestida de forma cómoda, con una camisa gris a cuadros encima de una camiseta sin mangas color negro, pantalones de mezclilla y unos Converse.
"Vengo por el resto de mis cosas que… ¿Quién es el niño?"
"Se llama Eric. Eric, ella es Tori, te hablé de ella." El niño sonrió.
"Tu esposa."
"EXESPOSA." Remarcó Tori. Eric simplemente echó a correr escaleras arriba. Jade se alejó un poco de la morena.
"Yo… Puse tus cosas en una caja. Supuse que sería útil por si algún día volvías por ellas. No estuve equivocada."
"Gracias." Tori levantó la caja del suelo y empezó a ver adentro. Fotos, papeles importantes del trabajo, su pasaporte, una cajita negra y alargada que no recordaba haber visto antes. Parecía que todo estaba ahí. La morena estaba dispuesta a irse cuando oyó su nombre. Era el niño que bajaba las escaleras lo más rápido que podía.
"Esto es tuyo" Le entregó a Tori un viejo oso de peluche que Jade le había regalado años atrás "Jade me lo prestó hace unos días para cuando fuera a dormir, pero es tuyo y vienes por tus cosas y lo justo es que te lo dé". El oso era de un café claro y le faltaba un ojo, pero aun así le pareció hermoso desde el primer día que lo sostuvo en sus manos. Miró a Eric y luego a Jade. Le entregó el peluche de nuevo al niño y volvió a hacer la pregunta.
"Jade… ¿Quién es el niño?" La mujer pálida miró a Eric jugando con el peluche y suspiró.
"Es algo largo. ¿Estás dispuesta a escucharme?" Tori asintió. "Entonces… Eric, trae tu suéter. Vamos a ir al parque."
"¿Cuántos días tiene viviendo contigo?" Jade y Tori estaban sentadas en una banca frente al lago del parque, mientras Eric daba de comer a los patos un poco de pan.
"Cuatro."
"¿Por qué no lo llevaste a la estación de policía?"
"No. Acabaría en un orfanato. No lo merece."
"Aun no me acabo de creer lo que el padre hizo. Es un desgraciado" Jade asintió. "¿Piensas quedártelo?"
"Supongo que sí."
"Pero ¿y tu trabajo?"
"Me corrieron el día que te fuiste. Conseguí uno nuevo en el periódico. Cada tercer día tengo que ir a un restaurante y comentar sobre su servicio. Es una crítica anónima. No gano tanto como antes, pero trabajo desde casa y puedo cuidar al niño."
"Bueno, tampoco me creo que estés haciendo todo eso por un niño al que apenas conoces. ¿Por qué?" Jade alzó los hombros.
"Necesita un lugar donde quedarse. No voy a llevarlo al orfanato. Y podría ser mi hijo. Mírale los ojos."
"Cierto, tiene tus ojos."
"Y una sonrisa parecida a la tuya." Tori prestó más atención.
"Vaya. Entonces serás algo así como su mamá."
"Como el papá. Trabajando duro y viendo la tele cuando descansa."
"Va a necesitar una mamá. Que le dé más amor del que tú le das" Jade bufó. Tori se levantó de la banca y fue a donde el niño. Debió haberle dicho algo maravilloso, porque el niño sonrió y abrazó a Tori. Y juntos siguieron alimentando a los patos.
Resultó ser que sí había sido algo maravilloso lo que Tori le había dicho a Eric. Tori decidió que se quedaría en la casa de Jade a ayudarla a cuidar del niño. Serían una familia, de alguna manera.
Y como diría la pequeña princesa de Sugar Rush, Vanellope Von Schweetz: "¡Sé que es un asco, pero es todo lo que tengo!". Mi meta era actualizar antes de que al año acabara, y aquí está. Si comentaran este capítulo feo se los agradecería mucho, en serio. Y pues ya.
Eh, no prometo nada, pero puede ser que para mañana haya actualización de "THG" (para quienes le siguen), así que... Hay que estar al pendiente.
Gracias por tomarse el tiempo de leer, ¡los quiero!
Atte.: This.
