Este fic ha sido creado para el "Amigo Invisible 2014-15" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".
Disclaimer: Los personajes pertenecen a JK Rowling; el universo de la historia también, pero estos capítulos corren de mi cuenta.
Capítulo 3.
- Por aquí, Señor Theo, enseguida podrá ver a la Señorita Luna. – Le dijo Plumie con su voz chillona nada más aparecerse en un pasadizo húmedo y oscuro que el castaño supuso que llevaba a las mazmorras.
Torcieron varias veces por el pasadizo antes de bajar unas escaleras que les llevaron ante varias puertas, la elfina se paró frente a una de las más alejadas, la abrió y le hizo pasar. Theo se encontró ante una mazmorra completamente vacía y mal iluminada. Cuando extrañado fue a interrogar a la elfina, esta hizo aparecer varias antorchas que se fijaron a las paredes iluminando y dando calor a la estancia.
- Espéreme aquí, Señor Theo. Plumie traerá a la señorita para que puedan estar tranquilos sin que nadie sepa que usted ha estado aquí dentro. – Sin esperar respuesta salió de la mazmorra cerrando la puerta y dejando una sensación incómoda en el pecho del muchacho. Apenas unos minutos después, la puerta se abrió dando paso a una muchacha rubia en no demasiado buen estado. Luna entró despacio a la mazmorra seguida de la elfina, la cual antes de que alguno de los jóvenes pudiese hablar hizo aparecer una mesa y un par de cómodas sillas para ellos.
- Pónganse cómodos señoritos. Plumie se encargará de traer algo para que puedan tomar en unos segundos, no se preocupen por nada. Plumie cuida muy bien de los señoritos.
Theo apenas escuchó a la pobre elfina, quien había desaparecido al terminar de hablar con una reverencia, ya que toda su atención estaba dedicada a la rubia que frente a él le miraba con esos grandes ojos azules, que alternaban mirarle a él con mirar la estancia con curiosidad, como si estuviese en algún salón elegante en vez de en una lúgubre mazmorra.
- Luna… - Empezó Theo, atrayendo la atención de la muchacha quien le dirigió una sonrisa.
- No deberías estar aquí, Theo. Los Carrow sabrán que te has escapado del colegio y te harán daño. – Dijo mientras se acercaba a él.
- Tranquila, no te preocupes por eso. Se supone que estamos tomando algo en Hogsmeade, mientras llegue antes de la hora límite al castillo nadie sabrá que me he alejado del pueblo. – Le contestó con dulzura mientras se clavaba las uñas en la palma de la mano para reprimir las ganas de estrecharla en sus brazos.
Justo en aquel momento llegó la elfina con una bandeja sobre su cabeza con dos tazones humeantes y un plato con pastelillos. Los dejó sobre la mesa y avisándoles que si necesitaban cualquier otra cosa solo tenían que llamarla, desapareció con un plop.
Theo guió a Luna con una mano en su espalda hasta una de las sillas, la retiró para que se sentara y después colocó la suya a su lado. Nada más sentarse, tomó la taza entre sus manos para tenerlas ocupadas y no apartarle a la rubia un mechón de pelo rebelde de la cara.
- Que rico es el chocolate aquí – Confesó con naturalidad Luna. – Plumie me ha traído más de una tarde un tazón de este rico chocolate. Es una elfina muy simpática ¿No crees?
- Luna… - Theo la miró a los ojos y se armó de valor para confesarle lo que sentía – Luna, yo… Tengo algo que confesarte.
La muchacha le sonrió con una sonrisa que le llegaba a los ojos.
- Tú también me gustas mucho, Theo – Adivinó con una risita la rubia – Siempre me gustaste, ¿sabes? Pero tú ni siquiera habías reparado en mí. Por eso me alegré mucho cuando me defendiste de Blaise aquel día en quinto ¿Te acuerdas? Y después, cuando empezamos a coincidir en la biblioteca y en la Torre y podíamos charlar. Ha sido bonito ser tu amiga este tiempo.
Theo, a quien el corazón le había dado un brinco al escuchar la confesión de la muchacha, se desinfló al escuchar la última frase.
- Lo dices como si ya no pudiéramos serlo. Quiero decir, Luna, yo… A mí me gustaría que fuésemos algo más que solo amigos, pero si tengo que conformarme con ser solo eso…
Luna le miró con una risueña expresión que puso más nervioso al Slytherin.
- Me gustas mucho, Theo. Te pones muy mono cuando estás nervioso – Soltó Luna con una risita – A mí también me gustaría, pero… eso te pondría en peligro. Si los Carrow llegaran a enterarse podrían incluso matarte. Y yo no quiero eso. Incluso ser amigos puede ponerte en peligro – Luna le tomó la mano por encima de la mesa y comenzó a acariciarla muy suavemente con la yema de sus dedos índice y corazón.
- No me importa estar en peligro si tú estás a salvo, Luna. – Theo aprovechó para atrapar en su mano la de la muchacha entrelazando los dedos.
- Ahora estoy a salvo. Draco está siendo muy amable y me cuida mucho. Nunca me hubiese imaginado que tu amigo sería tan amable conmigo alguna vez. Ese chico ha cambiado mucho. Siempre manda a Plumie a traer comida para mí y el señor Olivander. Y viene de vez en cuando a charlar con nosotros. – Luna no dejaba de observar, mientras hablaba, las manos entrelazadas – Me gusta cómo se siente tu mano en la mía. Es suave, ¿sabes?
- Eres preciosa… - Susurró el castaño más para sí mismo que para ella.
Para sorpresa de Theo, la rubia enrojeció.
- Luna, sé que no es buen momento para tener una relación, pero voy a luchar por nosotros y por que a ti no te pase nada y cuando todo esto pase…
- Cuando todo esto pase, nos sentaremos con una taza de chocolate delante y volveremos a hablar de lo que sentimos por el otro. – Fue la sorprendente sabia y madura respuesta de la muchacha, demostrando el porqué de su pertenencia a la casa Ravenclaw. – Por el momento, yo debo quedarme aquí para que no sospechen que Draco nos ayuda. Estaré bien, de verdad. Tú, cuida del ED y cuídate de esos Carrow.
- ¿Sabes? Yo le pedí a Draco que bajase a hablar contigo, porque sé que aunque no te importa estar sola, te encanta charlar con quien sea.
- ¿Sí? – Luna dejó salir una suave risa – Eso debe ser por la influencia de los Nargles, aquí hay muchos, por toda la mansión y son tan charlatanes como los plympis de agua dulce.
Fue el turno de Theo de reír suavemente, dirigiéndole una mirada de profunda ternura.
- El caso es que pude decírselo gracias a un pergamino que inventamos. El pergamino de dos direcciones. Voy a pedirle que te lo preste y así podremos estar en contacto. ¿Te parece bien?
- ¿No será peligroso? ¿Y si lo encuentran los mortífagos?
- Si no saben el hechizo adecuado para ellos será como un pergamino normal y corriente. Pero necesitarás una varita para abrir y cerrar la comunicación – Theo quedó pensativo - ¿Crees que Draco podrá averiguar donde tienen escondida la tuya?
- Sí. De hecho Draco me dijo que consiguió recuperarla y que la tiene escondida para devolvérmela cuando pueda salir de aquí.
Theo esbozó una sonrisa de lado, orgulloso de su amigo.
- Tendré que agradecérselo algún día. Habrá que pedirle también que te ayude a encontrar un sitio donde esconderlos en tu mazmorra.
- Así si estoy en peligro podré avisarte – Sonrió Luna.
A Theo se le oscureció la mirada y se puso serio de nuevo.
- No, el pergamino no servirá porque puede que no esté cerca del mío cuando lo necesites o que no te dé tiempo a sacar la varita o a escribir lo que necesitas. Pero ya había pensado en ello.
El Slytherin sacó de su bolsillo un colgante con forma águila, se levantó y se acercó a Luna por detrás.
- Con este amuleto podrás avisarme rápidamente si algo ocurre. Solo tienes que tomar el colgante en tu mano y frotar la cabeza. – Le explicó mientras le ponía y abrochaba la cadenita con el amuleto – Cuando lo hagas se conectará con el colgante que llevo yo – Le mostró su propio colgante, con forma de serpiente, inclinándose hacia delante desde el costado de la muchacha quedando, sin pretenderlo, a muy cerca de su rostro.
Ambos se miraron brevemente a los ojos hasta que Luna, con la naturalidad que le caracterizaba recortó la distancia hasta su boca y depositó un ligero beso en los labios del muchacho que contuvo la respiración para soltarla en un lento suspiro al dejar de sentir los labios de la Ravenclaw sobre los suyos.
Justo en aquel momento, cuando Theo acercaba de nuevo su rostro al de la muchacha, escucharon tocar la puerta con unos suaves toques segundos antes de que se abriese la puerta para dejar pasar a Draco.
- Chicos, lo siento pero es hora de volver. – Dijo muy suavemente, casi con pena.
Theo suspiró antes de asentir en silencio. Se volvió hacia Luna para despedirse cuando ella ya se estaba levantando de la silla.
- Te echaré de menos – Declaró la rubia.
Theo sin poder aguantar más, recortó la distancia y la abrazó fuertemente.
- Estaremos en contacto, Draco nos ayudará. Y me aseguraré que no te falta de nada, mandaré a mi propio elfo a trabajar aquí para que te cuide.
- Eso no será necesario, Theo. – Respondió con dulzura la rubia – Plumie me cuida muy bien, y si traes un elfo podría ofenderse o creer que no lo está haciendo bien.
- Está bien. – Concedió Theo con una sonrisa, al comprobar que la muchacha seguía preocupándose más por cualquier otro, incluso una elfina, que por su seguridad. – Pero quiero que Draco esté también pendiente de ti.
- Eso no era necesario que lo pidieses, Theo. Obviamente pensaba cuidar de tu chica. – Respondió socarrón Draco.
Luna los obsequió a ambos con una risa sincera que calentó el corazón del castaño.
Una vez de nuevo en el colegio, y después de asegurarse unas sesenta veces que Draco le proporcionaría a Luna su varita y el pergamino para que pudiesen comunicarse, llamó a su propio elfo doméstico para que se incorporase al servicio del colegio, sin otra intención que tenerlo cerca y pudiese mandarlo con regularidad a informarse del verdadero estado de la muchacha con la elfina de Draco.
Además, tenerle allí también serviría para que su elfo informase de las novedades de los prisioneros en la Mansión Malfoy a Dobbie y este pudiese informar a su vez al ED sin comprometer demasiado a Theo.
