Y aquí iba, la única en todo Gryffindor que se levantaba tan temprano un sábado, ni siquiera los que tenían entrenamiento de quidditch se levantaban tan temprano, se recordó una vez más buscar la forma más tortuosa de vengarse de James y finalmente se levantó, tras demorarse un tiempo considerado en la ducha se vistió y se dirigió al salón en donde tendría lugar su primera tutoría.

Avanzaba por los pasillos imaginando alguna loca forma de zafarse de esta, si era hombre quizás podría coquetear un poco con él y convencerlo de que el tiempo acordado fuera menos y si era chica…podría hacerse su amiga o quizás también coquetearle, hoy en día no se sabe. En su rostro se formó una mueca ante la idea y agitó su cabeza con intención de disipar sus pensamientos, tomó una gran bocanada de aire antes de empujar la puerta del salón y se quedó parada durante unos minutos en la puerta, su cara era una mezcla de confusión y sorpresa ¿Thomas Aldridge? ¿Era en serio? Y es que él… ¿No que todos los capitanes de los equipos de quidditch eran unos… como decirlo suavemente… tontos? Bueno, después de todo era un Ravenclaw y dudaba de que hubiera tontos en la casa de las águilas. Tras darse cuenta de que él la miraba cómo si fuera una cosa extraña entró en cuenta de que estaba parada como una tonta en la puerta; el chico alzó una ceja como preguntándole qué le pasaba y la Weasley rubia sintió cómo su rostro se acaloraba podía apostar lo que fuera a que nunca se había puesto tan roja en su vida. ¿Qué le pasaba? ¿Dominique Weasley sonrojándose por un chico?

Apenas habían transcurrido uno rato desde que habían comenzado y la leona ya lo odiaba y es que era literalmente un sabelotodo, todo lo que ella decía tenía un "pero" y lo que él decía era perfecto, soltó casi imperceptiblemente un bufido y su mente empezó a divagar mientras fingía que escuchaba algo sobre el número de quien sabe qué cosa. Nunca se había fijado detenidamente en el jugador de quidditch, sus ojos verdes, su piel bronceada y los rizos de su cabello, podía imaginarse lo tonificado que estaría el cuerpo del chi¿QUÉ TE PASA? Interrumpió sus propios pensamientos al darse cuenta de que tomaban una dirección que no le agradaba y seguramente debió poner una cara muy extraña ya que Thomas la miraba en silencio. Alejó algunos mechones de su cara y aclaró su garganta para hablar por primera vez desde hace ya un rato.

—Yo… eh…No entendí. Sí, eso.

El chico tomó aire como si quisiera mantener la paciencia. ¿Qué le pasaba? Estaba prácticamente siendo un grosero. Sí, definitivamente lo odiaba.

—Te lo volveré a explicar, pero por favor deja de imaginarte unicornios y arcoíris y pon atención. —Sin decir más sacó una hoja en blanco y empezó a escribir nuevos ejercicios.

Antes de que él se pudiera dar cuenta la rubia alzó una ceja indignada con lo que acababa de escuchar ¿Unicornio y arcoíris? ¿Era en serio? ¿No se le podía ocurrir nada mejor? Y ahora se imaginaba en silencio cómo lo tiraba por las escaleras o caía de su escoba en el próximo partido. Y así sucedió el resto de la tutoría, el águila hablando y hablando sobre cosas que ella no entendía y la leona asintiendo con la cabeza mientras lo ignoraba.

— ¿Qué tal tu tutoría?

No fue necesario que la rubia le respondiera al azabache, le lanzó una mirada y continuó caminando hacia el Gran comedor.

—Wow, wow. No me mates. — Respondió alzando las manos como si estuviera rindiéndose. — ¿Tan mal estuvo?

Dominique se giró rápidamente quedando a escasos centímetros de su primo. —Solo te diré que ya he pensado en más de cien formas diferentes de matarte tortuosamente a ti y a Thomas Aldridge. Se volvió a girar tan rápidamente como la primera vez y continuó su camino.

Al mayor de los Potter tardó unos segundos en asimilar sus palabras y luego corrió tras ella. — Espera… ¿Thomas Aldridge? ¿El capitán del equipo de Ravenclaw?

—Es el único que conozco. — Sentenció mientras prácticamente lo ignoraba y se sentaba junto a Alice en la mesa de Gryffindor.

— ¿Él es tu tutor?

— ¡Sí, James. Él es! Y por culpa tuya deberé verlo durante el próximo mes dejando que me trate como una estúpida. — Recalcaba cada una de sus palabras apoyando su dedo índice en el pecho del chico, lo cual lo único que hizo fue estallar en risas. — ¿Qué es lo que te parece tan gracioso? — Preguntó ya bastante molesta.

—Estás exagerando Dom, Thomas es muy agradable.

— ¿Agradable? Más agradable es una piedra.

—Está bien, está bien. Tú ganas— Ya tenía una vasta experiencia sabiendo que jamás se le ganaba en una discusión a Dominique Weasley y en cierta forma tenía razón para estar molesta, a nadie le agradaban las tutorías y creía que una minúscula parte, sí solo una muy pequeña, era culpa de él. Le besó la mejilla a su prima y se sentó a su lado dispuesto a comenzar el almuerzo. —Te lo compensaré.