Dominique se dejó caer en el sofá de la sala común junto a sus su prima Molly y su primo James estirando sus pierna por sobre las rodillas de este último mientras se llevaba un pastel de calabaza a la boca, recién era martes y los tres leones ya estaban agotados con tantos deberes.

— ¿Qué travesura haremos esta noche? — Preguntó el chico con una sonrisa traviesa en sus labios mientras estiraba sus brazos.

Molly o más bien la "prefecta Molly" lo miró severa y duramente, era como ver a la abuela regañándolo. —No empieces James que sabes que tendré que detenerte.

—Solo era una pequeña broma Molicilla. — Se estira pasando por encima de la rubia para dejar un beso en la mejilla de su otra prima, produciendo que casi la mitad de su pastel se desarmara.

— ¡Hey! Ten más cuidado. —Dice colocando la palma de su mano en toda la cara de su primo, empujándolo hacia atrás para que volviera a su puesto, el cual le mordió la palma de la mano y con su brazo libre tiro el pastel el cual le fue a dar a la hija de Percy en plena cara, produciendo que la rubia riera mientras aplastaba aún más la cara del azabache por haberla mordido; la pelirroja no se quedó atrás y con un cojín comenzó a pegarle a ambos.

— ¡Pero Molls si yo no te he hecho nada!

—Pero te has reído— Le respondió a la rubia mientras los seguía golpeando ahogada por las risas, en eso James se levanta del sillón y tira a ambas al suelo produciendo literalmente una batalla campal entre los tres, entre tantas risas y golpes llamaron la atención de todo el que se encontraba en el lugar, pero eso ya era bastante normal.

Tras un largo rato los tres primos terminaron tirados junto a la chimenea conversando hasta que finalmente las dos chicas se levantaron para ir a dormir.

—Sueña conmigo Molls— Dijo el azabache mientras le guiñaba un ojo con la mirada más seductora (ante la cual caían muchas) que tenía. La aludida puso los ojos en blanco y suprimió una nueva risa con todas sus fuerzas —Buenas noches James.

Dom se estaba levantando cuando la mano de su primo se aferró a su brazo deteniendo. —Es martes. —Le susurró para que Molly no escuchara.

—A las una, ya lo sé— Susurró y se levantó — ¡Buenas noches Potter!

Las una en punto, Dominique observó los bultos sobre las camas que formaban sus compañeras de habitación antes de apoyar sus pies sobre el frío piso, realmente debía ser valiente para escabullirse de su habitación a plena noche mínimo una vez a la semana compartiendo pieza con una de las prefectas, se dirigió con el máximo cuidado a la puerta mientras se ponía sobre el pijama uno de los chalecos de su madre que se había traído consigo al iniciar el año escolar, sonrió al sentir aquel tan dulce aroma del perfume de Fleur, siempre había admirado a la francesa por irse de su país, de su hogar por ir tras el hombre que amaba, en especial cuando los Weasley era un tanto… difíciles de tratar. Al bajar el último peldaño de la escalera que llevaba a los dormitorios de chicas una voz la sorprendió desde la oscuridad junto a ella.

—Ese chaleco cada vez huele más a ti y menos a tu Fleur.

—Tía Fleur para ti— Comenta con una sonrisa casi imperceptible por las sombras —Y no vuelvas a hacer eso que casi me das un infarto y no quiero morir aún.

Ambos se dirigieron a la ya tan conocida ventana y se sentaron uno frente al otro en el alfeizar de la ventana, produciendo que la luz de la luna les iluminara el rostro a ambos.

—Por cierto me debes un pastel de calabaza— Dijo la rubia con una sonrisa divertida en su rostro mientras rodeaba su propio cuerpo con sus brazos.

James puso los ojos en blanco y apoyó su cabeza contra la ventana. —Un pastel de calabaza, una pluma de no sé qué marca, un set de cintas para el cabello, una buf-

—Ya entendí— Lo interrumpió su prima entre pequeñas risas —Jamás tendré mi pastel… o cualquiera de mis otras cosas.

Tras varios minutos de silencio en los cuales Dominique se dedicó a mirar la inmensidad de la noche y James se había entretenido jugando con los dedos de la delicada mano de esta, el azabache rompió el silencio.

— ¿Qué tanto cambiarán nuestras vidas cuando termine este año?

La rubia dirigió su mirada hacia él llena de confusión y con el ceño fruncido, James no era precisamente el tipo de chico que estuviera filosofando sobre su futuro o ese tipo de cosas, pero él seguía con la mirada fija en la mano de la rubia. — ¿Por qué lo dices?

—Por todo… quiero decir es nuestro último año en Hogwarts— Al notar que la hija de Bill no pronunció ninguna palabra continuó —Ya no te veré todos los días, ya no tendremos nuestro momento de conversación cada martes, eres algo así como… ¿Mi confidente?— Finalmente levantó la mirada cruzándola con la de la chica. — Por Merlín sueno como una chica.

La Weasley Delacour rió levemente ante el último comentario y tomó la mano de su primo entre las suyas. —Pero también soy tu prima, por lo que quieras o no me verás muy seguido.

—Pero no te veré todos los días…

— ¿Quién eres tú y qué hiciste con James Potter? — Preguntó alzando las cejas.

—Es en serio Dominique, hemos estado juntos desde siempre, tú y Fredo son mis compañeros de todo, en especial tú… hemos vivido tantas cosas juntos y lo que pasó de-

—No hablaremos de lo que pasó. — Lo cortó con serenidad pero firme — Nuestras vidas seguirán siendo las mismas cuando salgamos de aquí, Tú, Fred, Molly y yo nos seguiremos viendo, nos seguiremos divirtiendo y haciendo cosas juntos.

La rubia intentaba reconfortarlo del inesperado ataque de nostalgia, pero la mente del león estaba lejos de eso, pensando en las primeras palabras de ella.

— ¿Jamás hablaremos de lo que pasó? — Preguntó irguiéndose y sintiendo el frío de la pared contra su espalda. La verdad era que el tema no le había surgido hasta hace unos minutos atrás cuando lo había mencionado, pero ahora los pensamientos lo atacaban y al parecer no tenían intención de dejar su mente.

— ¿Es en serio?—¿Qué le pasaba ahora? ¿En serio quería sacar el tema cuando era él el que en un principio el que había propuesto que nunca hablarían de eso? Dom estaba completamente segura de que aunque nunca lo habían hablado era un tema cerrado para ambos.

La pregunta lo trajo de vuelta a la realidad y se dio cuenta que ni sabía por qué estaba diciendo todo eso, así que sacudió su cabeza alejando aquellos pensamientos y una genuina sonrisa burlona apareció en su rostro. —Tienes razón, mejor háblame de Aldridge.

Soltó un bufido ante el nuevo tema. —Aún no se me olvida que me debes esa. En serio me vengaré.

—Vamos, no puede ser tan terrible.

— ¿No puede ser tan terrible? Es un pesado sabelotodo.

—Es un águila claro que debía ser un sabelotodo.

—No todos los Ravenclaw son empalagosos. Tú deberías saberlo— Alzó una ceja sonriendo con suficiencia, sabía perfectamente el número de chicas de Ravenclaw con las que su primo había coqueteado.

James soltó un extraño bufido admitiendo su derrota —Está bien, te concedo esta y prometo— Dice mientras se levanta estirando sus músculos y extendiéndole una mano a la leona para ayudarla a bajar —que te compensaré, esta vez sí que sí.

—Más te vale— Toma su mano y se baja de la ventana, al estar a su lado deposita un beso en su mejilla y se dirige a las escaleras. —Buenas noches, te veo mañana.