Advertencia: Tal parece que esto no es considerado un AU, asi que omitan los pasados errores al respecto. Ya saben, lo normal, viaje en el tiempo, sin mantener el canon. Con sorpresas por el camino. Quiero un helado...

Disclaimer: Mis ojos no mienten, en la portada queda claro que el universo de Harry Potter le pertenece a J.K. Rowling, yo solo hago uso inedito de sus personajes y sin fines de lucro para el desarrollo de este fan-fiction. Dudas o sugerencias, en la cajita de comentarios. ¡Ranas de chocolate!


"Iré a donde quieras, con tal de estar contigo."


II: CAUCiÓN

Sus ojos recorrieron la figura frente a él como si se tratara de algo irreal. Era una mujer, muy joven, quizá un señorita, entre los brazos de un hombre. El tipo realmente no parecía tener muchas luces.

Hermione se tensó, Tom Riddle los miraba con cierto aire curioso que no podía definir del todo bien. Parecía dudar de lo que sus ojos veían, y aún así estaba esa chispa que demostraba el interés infantil.

Le vio fruncir ligeramente sus cejas, tan negras como su cabello. ¿Por qué Tom parecía un niño normal?

"¡Vamos Hermione, no esperabas encontrar a un Lord Obscuro en miniatura ¿verdad?!"

Se sacudió mentalmente, y buscó los lentes de Harry hasta hallarlos con la mirada. Tal vez él quisiese echar un vistazo al pequeño.

—¿Podrías confirmar si es él?—susurró en voz baja, poniendo sus gafas sobre el puente de su nariz, él asintió, mientras la ayudaba a levantarse.

Sus cuerpos dolían horrores. El efecto del viaje no era seguro, y aún se mantenían ignorantes de cualquier otro efecto secundario.

Seria el colmo que resultaran ser "mugglemente alérgicos a los viajes en el tiempo". Si es que la palabra "mugglemente" siquiera existía.

Harry miró en dirección del orfanato, identificando al otro lado del portón al pequeño Riddle. Suspiró con profundidad antes de darle una respuesta positiva a Hermione.

—¿Porqué aparecieron de esa forma?—habló él pequeño nuevamente, tratando de no parecer tan molesto a como estaba empezando a sentirse.

Harry y Hermione le miraron con una interrogante brillando en sus ojos. Al instante Harry se recompuso, sonrió en su dirección antes de responder— Nadie se aparece de la nada, pequeño.

Y dicho aquello tomó de la mano a Hermione, tirando de ella en busca de sus cosas. Ella solo le siguió, algo aturdida por el inesperado encuentro. En su mente un remolino de ideas encontradas se hacían marañas. "¡De verdad fusionó, estamos aquí!"

Pero ahora, ¿Cuál sería el siguiente plan de acción?

Estaba empezando a hiperventilar para cuando Harry la abrazó y susurró lentamente—, todo estará bien Hermione; él solo es un niño. Aún tenemos mucho en lo que pensar.

Tom por otra parte se sentía molesto e ignorado. Poco faltaba para que aquel par le viera como si de un niño tonto se tratará. Él estaba seguro de lo que había visto. Ambos había aparecido, y no caminando; no al menos como la gente normal.

Apenas podía saber lo que susurraban, el "hombre" parecía preocupado. Y la chica parecía que en cualquier momento se desvanecería entre sus brazos. Empezaba a sentir cierta aversión a esa manera tan particular de demostrarse cariño. La Sra. Cole no se sentiría a gusto con ellos, y tal vez los tacharía de exhibicionistas. Esa mujer tiende a escandalizarse con facilidad— Pensó mientras echaba una mirada por sobre su hombro. Nadie en el Orfanato parecía haber despertado.

Tampoco es como si en mitad de la noche algún mocoso sintiera la necesidad de andar vagando por los obscuros pasillos.

Quería marcharse de ese lugar. Del orfanato, no saber más de él.

—...debemos irnos—escuchó de pronto, él tipo la mantenía estrechada en un abrazo.

Quería detenerlos.

Entonces ella lo miró nuevamente. ¿Porqué parecía como si esperara ver algo diferente en él? Era un niño, nadie espera mucho de "los pequeños humanos", mucho menos de los huérfanos.

—, tenemos que hacer algo antes—dijo ella, sin dejar de mirarlo alzó su mano suavemente, y entonces pudo notar una varita, la forma en la que la movió le pareció interesante, hasta que una luz salió disparada de este para estrellarse contra su pecho.

Y antes de que entrara en pánico todo se volvió obscuro a su alrededor.

—No creo que fuera necesario—habló divertido Harry, mientras trataba de seguirle el paso a una adolorida Hermione—, digo, ya sabes nadie le hubiera creído la historia de que una hermosa mujer le lanzó una luz con una varita de palo—insistió con una sonrisa. Hermione solo resopló en repuesta, sin detener su andar.

—Era necesario...—se defendió despues de un largo silencio, sus cejas contraídas en un rictus que demostraba preocupación—, no se suponía que nos conociéramos de esa manera—susurró.

A Harry le pareció escuchar algo de pena en su voz. —No te culpes. Sabes que no había garantía de sobrevivir al viaje, ¡y henos aquí! Adoloridos, con ganas de no caminar, ¡pero vivos!—. Algo que parecía irreal en opinión de ambos.

Para empezar no habían estado del todo seguros que ese plan en particular resultaría. Aunque Harry lo había sugerido se había mostrado huraño y pesimista con la idea, trató de no hacer tan evidente su opinión al respecto a sabiendas de que él mismo se lo había buscado.

¡Incluso habían llegado al punto de hacer una promesa al respecto!

Pero al fin, allí estaban. Incapaces de expresar su sentir. ¿Odiar el momento? ¿Estar llenos de jubilo al saber que lo habían logrado? O ¿Añorar a sus amigos?

Ron... él no estaba; ya no más. Querían creer que con su vuelta en el tiempo él jamas tendría que pasar por todo aquello. Borrar la linea del tiempo en la que el recuerdo les oprimía el corazón, su piel lacerada, los gritos que no podía evitar cuando trataban de sanar las heridas, y todas aquellas veces en las que consiguió hacerse daño contundente en su cuerpo

Tanto dolor tentó a Ron a caer en la locura, siempre trató de parecer fuerte ante ellos. Pero, cuando no podía con el dolor, clamaba piedad. Harry admiraba esa forma terca qué tenía Ron de resistir tanto dolor frente a sus seres queridos.

Fue así que a partir de aquel desastre comenzó a hacer sus propias investigaciones, siempre sin resultados positivos.

—Creo que estoy comenzando a extrañarlos—habló Hermione, cortando de pronto los pensamientos de Harry, este por su parte sonrió ligeramente. Él tambien comenzaba a hacerlo.

Ambos estaban aterrados, sus manos entrelazadas con fuerza, mientras caminaban sin detener el paso lo confirmaba. Ninguno lo diría, no cuando temían dañar la esperanza del otro. Más eran conscientes del hecho.

Harry rió, el sonido se describió para Hermione como algo dudoso, ella sabía que seguramente él estaba sufriendo un ataque de nervios en silencio. Tan típico de él.

Se mantuvieron en mutismo, caminando entre la tenue obscuridad de la noche.

Tom despertó con la luz del sol dándole de lleno en su rostro. Se quejó por lo bajo cubriendo sus ojos con su antebrazo. De alguna forma no se sentía con ánimos de levantarse de su -para nada- cómoda cama.

Se sentía cansado.

Muy parecido a aquella vez en la que se demoró en subir a su lecho para descansar, solo porqué buscaba como ocultar las cosas que había conseguido.

Más estaba vez no recordaba haberse acostado hasta tarde.

—Siento como si estuviera olvidando algo—susurró, arreglando un poco su cabello mientras se intentaba levantar.

—¡Es mejor que ya termine por despertarse joven Tom!—sugirió de pronto la Sra. Cole abriendo con fuerza la puerta de la habitación.

El reproche en su voz no pasó desapercibido para Riddle, que ya había terminado por arreglarse con la ropa de ese día. Todo bajo la retalia de palabras inconexas que la Sra. Cole no se detenía a pensar.

Tampoco es como si esa robusta mujer fuera capaz de algo tan excepcional. Para el gusto de Tom, no había ser más hambriento de conocimiento que él, al menos en el orfanato. Estaba seguro que en el exterior un mundo lleno de infinitas posibilidades le esperaba. Y él estaba deseoso por llenarse de cuanto conocimiento pudiera.

—...y apura esas formas, aún tienes que ir por la donación que amablemente la Sra. Woodgate le otorga a esta institución.

Tom no respondió, en cambio anudo el moño de su camisa blanca, esperando obtener algo más de aquella señora. Si la Sra. Cole le obligaba a ser el niño de los recados, al menos pretendía sacar provecho de la molesta situación.

La vio retirarse con paso fuerte, una mujer poco femenina en su opinión.

De pronto un rostro joven le vino a la mente, eso oprimió su corazón y causó un leve dolor en su cabeza. Realmente algo se le estaba escapando ese día, y le molestaba no saber 'el qué' seria eso. Suspiró mientras se encaminaba fuera del orfanato.

Al medio día regresó de la rutina programada, esta vez con un premio que él mismo se había esforzado en conseguir. Se apresuró a dejar las cosas en la cocina, soltándolas sin ninguna delicadeza sobre el suelo, para entonces subir apresuradamente a la habitación 27.

Cerró con fuerza después de entrar y abrió el armario. Ahí sacó de debajo de su camisa un libro, lo observó por poco tiempo antes de esconderlo con las demás cosas.

Y sonrió. Esta noche tenía pensado divertirse con el conejo del jardín. Tal vez lo haría bailar, o le incitaría a romper sus dientes contra alguna roca. Las posibilidad de entretenerse por un largo tiempo era atractiva.

Para el atardecer Tom habría olvidado aquel sentimiento que tuvo al despertar. Y se desquitaría con aquel conejo blanco por el incordió que había sido tener que soportar la ignorancia de la pareja a la que fue presentado al inicio de la tarde.

El rojo destaca magníficamente sobre el pelo de aquel animal.

Tom salió por la mañana del 28 de octubre de 1936 consiguiendo de un anciano el diario del día. El tipo no había reaccionado lo suficientemente rápido antes de que Tom se lo arrebatara, perdiéndose entre la gente que deambulaba por el camino.

Se recargo contra la esquina de un comercio, estaba dando un vistazo aun pequeño articulo sobre un tratado entre Alemania e Italia cuando una voz captó su atención.

—Honestamente Harry, los abrigos de pana y terciopelo no te hacen lucir como un tonto.

Miró entonces como una joven le sonreía a un muchacho alto. Este intentaba calentarse las manos haciendo fricción sobre el abrigo de pana que lo cubría.

Podría haber estado de acuerdo con aquella chica de cabellos castaños, solo si aquel tipo no le hubiera parecido tonto en el momento en que le vio.

Tom lo escudriñó con la mirada, unas gafas redondas sobre su nariz recta, cabello negro y desordenado—"demasiado desgarbado"—pensó, parecía llevar parte de un traje bajo ese abrigo. Miró su calzado con envidia.

En comparación con todo lo que él poseía, aquel tipo indeseable parecía ser dueño de al menos una pequeña fortuna. Ni que decir de su compañía, observó que ella -al igual que él- se protegía del tiempo con un abrigo de igual material, solo defiriendo de color. Mientras el de él era gris, ella parecía haberse inclinado más por un tono rojo, como del color del vino. Llevaba una falda de época, que era lo poco que se podía apreciar.

Regresó su atención al diario sin leerlo realmente, escuchaba atento la charla que ambos mantenían.

No se enteró de nada interesante, y por alguna inexplicable razón, cuando les vio empezar a caminar, les siguió.

Él murmuraba cosas, mientras ella negaba o afirmaba con un ligero movimiento de cabeza.

Continuaron su camino girando en una esquina, para cuando Tom hubo doblado en su dirección ambos había desaparecido.

Sintió que algo se le escapaba de las manos.

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Notas Vie:

Esta vez e tratado de tomarme menos tiempo en actualizar. Comprendo que tengan sus dudas (muchas realmente), pero con el avance de la historia (como ya mencioné) las incógnitas se irán resolviendo.

Voy a admitir que la paciencia no es mi mejor virtud (más depende de la situación), pero en este caso estoy tratando de llevar la historia por cause lento. Igual, esta semana tuve el tiempo algo... digamos que surgieron muchas cosas personales. Así que ya no pude presentar el largo que tenía planeado. Al menos esta vez trate de hacerlo algo más extenso.

Sus comentarios con ánimos realmente me encantan, ya saben, no todos los día uno es capaz de recibir alguna palabra amena y agradable. ¡Me encantan!

Con respecto a la edad de Harry y Hermione. ¡Están en plena juventud!

Hace poco hice un test sobre a que casa pertenezco. Me tomó por sorpresa saber que me mandarían a Ravenclaw... al parecer tengo un coeficiente intelectual admirable... realmente no es así, tengo la seguridad de que habría muerto por estrés el primer de mi primer año (risas).

¿Ya agradecí todos los comentarios, follow y fav? ¿No? ¡Gracias a Duhka, Kasi, Liz, Aome-Hime, HGHP95, Susan-Black7, Luna Haruno, , Schlaf Ruternless y Aaurum! Me pone feliz leer los Guest. Siento no haber agradecido debidamente antes.

¡Nos leemos en la próxima!

Ciao!-