Disclaimer: Me encontraba revisando la biografía de uno que otro personaje de la saga de Harry Potter cuando de pronto me encontré con que la creadora -de este extenso e infinito universo- fue conocido gracias a la mente maestra de esta obra tan aclamada: (y no me refiero a mi) J. K. ROWLING (ven como no me refería a mi). Aclaro que yo solo aplico sus conocimientos en este escrito, para el entretenimiento y esas cosas.

Advertencia: Se recomienda leer el disclaimer, ya saben, los derechos de autor y todas esas cosas de importancia que evitan que yo termine en prisión. El futuro de esta historia recomienda discreción, si, agradezcamos a Tom por su crueldad, manipulación, sadismo, sociopatía y megalomanía. Por la creación que no sería tan interesante el desarrollo de la historia sin todos esos adorables puntos a favor de Riddle. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. En caso de estragos a su salud, por favor suspenda la lectura.


"Conozco al monstruo porque he vivido en sus entrañas..."


III: INCURIA

Era inicio de noviembre cuando la Sra. Cole salió con una de sus tontas ideas recreativas, había dicho que sería encantador el poder ayudar al prójimo, el Sr. Breewlly figuraba como "el prójimo" en sus palabras, ya que allí se encontraban ahora, en una hacienda donde tenían que dormir con la servidumbre y trabajar por su comida. Cumplir con las labores de campo era trabajo de los niños, mientras la niñas tendrían que dedicarse a la casa, la comida y la colada. El trabajo de campo definitivamente no era lo suyo.

Por eso ahora se encontraba sentado sobre la cerca, observando como el resto de niños arrancaba la mala hierva del lugar.

Cada uno de ellos le lanzaba una mala mirada de cuando en cuando, no atreviéndose a decir absolutamente nada a Tom, al menos esos tontos conocían su lugar, o eso parecía.

—Riddle, ¿No crees que entrarías en calor si al menos nos ayudaras?—habló de pronto uno de los niños mayores, se limpiaba el sudor de su frente mientras la tierra le manchaba su clara piel.

Tom notó -con cierta satisfacción- como el resto de los niños se encogían en sus lugares mientras trataban de continuar con su labor de campo. Él conocía a ese chico, Basil... Payne ¿tal vez? Siempre afable y servicial; la mayor parte del tiempo parecía empeñado en ser el protector de los más pequeños, y 'el chico mayor que predicaba con el ejemplo', o algo así. En su opinión era demasiado soso. Sencillamente Payne no tenía ningún poder sobre él, por más mayor que fuera.

—Riddle—le llamó nuevamente al saberse ignorado—, he dicho que...

—Te escuché la primera vez y no me ha importado ¿Qué te hace creer que un segundo intento hará la diferencia?—respondió mirándolo a los ojos. Al ser un tipo muy amable, el chico ademas destacaba entre las niñas del orfanato por su apariencia, ojos azules y cabello rubio cenizo. Nada mal si tan solo se comportara a la altura de su nombre.

Él chico suspiró mirando desoslayo como los demás continuaban sus labores, no mostrando interés en demandar la ayuda de Tom.

Al atardecer de aquel día, Tom se retiró pronto de las cocinas, donde todos los niños se juntaban al calor de los fogones a recibir sus alimentos; la Sra. Cole -por otra parte- no hacía acto de presencia a menos que lo considerara necesario. Y a Tom le convenía así, antes de marcharse de la cocina, tomó discretamente el cubierto con el que se cortaba el queso para los señores del hogar.

Lo desenrolló de debajo de su camisa blanca mientras caminaba en dirección del bosque que bordeaba los limites del terreno. No le era tan ligero a como parecía, era de plata y mantenía un filo tal que había logrado hacer un corte a su camisa sin ningún esfuerzo.

Sonrió. Primero se divertiría un poco internándose en el bosque.

Harry miró sus botas de cuero negro intentando no levantar su mirada de ellos, sus pies se balanceaban a un ritmo lento, soltó un suave suspiro y pasó a descansar sus manos sobre sus rodillas dónde apoyó su cabeza. ¿Cómo era aquella canción que le sonaba tan bien?

"No mires a Hermione, sólo recuerda la canción..."—pensó mientras una sonrisa florecía entre sus labios.—"Love, love me do. You know i love you... i'll always be true. So please. Love me do*."

Con sus ojos cerrados empezó a mover sus dedos al ritmo que recordaba de aquella canción, sintió que era desinteresado y llenaba su pecho de cierto confort; fue entonces que -guiado por la letra- levantó sus parpados, sus ojos vagaron por el rostro de Hermione deteniéndose un segundo de más en sus rosados labios. Tragó saliva tras observar como ella -con una pierna recargada sobre una silla- ataba con fuerza el 'spats'* sobre su delicada bota. El movimiento que hacia con sus brazos al atar la correa lograba que los pechos de ella se acentuaran contra la tela de su blusa blanca, se apretaban a un punto que llegaban a remarcar el relieve de su brassier. Ahogó un murmuro en su garganta, logrando que inevitablemente se oyera como un suave gruñido.

Se aquieto por unos segundos esperando que Hermione no le hubiese oído. Y tras un par de minutos de silencio volcó toda su atención sobre ella. Sus piernas estaban cubiertas por unas largas medias negras que ocultaban la blanca piel, y -solo para su mal- destacaban su forma. Estaba casi seguro que estaban aseguradas por un liguero, más no estaba en pos de reafirmarlo, a menos claro que ella se pusiera en labor de cooperar en su investigación.

Tampoco es como si él pudiese llegar con toda la seguridad del mundo y decir "¡Hey, Hermione! A favor de una buena causa, dónde te aseguro que sólo por ello he tomado tal osadía ante tu persona, pido con crecientes ánimos tu colaboración a demostrar lo creído."—sí, eso sin duda funcionaría. Elevó su mirada al techo tratando de censurar sus pensamientos. "Piensa algo distinto Potter"- se animó, mientras traía a él el recuerdo de esa mañana.

Se había despertado solo aquella mañana en la única y enorme habitación de aquella improvisada cabaña. Su estadía en el lugar era seguro gracias a los hechizos de protección con los que Hermione era muy hábil. Cuando entró al aseo se había sorprendido tanto de tenerla frente a él en solo su ropa interior.

-Pensar precisamente en eso no va ayudar en nada-se regañó. Tal vez pensar en Tom... no. El pequeño le daba algo de repelús, lo habían encontrado ya por el camino una docena de veces, y en cada una de las ocasiones siempre desaparecían de su vista antes de que él lograra vislumbrarlos. Todo a petición de Hermione que parecía pecar de precavida "bruja preparada vale por dos..."-le había dicho incontables veces ya, y Harry no estaba en labor de contradecirla. Sonrió, con su ayuda habían visitado Londres muggle varias veces ya; en cada ocasión pretendían ponerse al tanto de las noticias de Europa, o al menos de la mayor parte, querían -sobre todo- evitar las zonas de mayor confrontación.

Por ello estaban ahora allí, casi en el exilio,lejos de Londres. Antes habían logrado hacerse con equipamientos básicos, dos baúles, uno de ellos con una expansión indetectable común y la otra había sido alterada por la misma Hermione a un punto donde podría verse al abrir como todo era ordenado correctamente, con un simple "Accio" atraían a sus manos cualquier objeto deseado, era el de los objetos más personales, solo por llamarlo de alguna forma; el otro baúl mantenía un orden, como tal, y allí consideraron adecuado almacenar suministros de boticaria, pociones, ollas de bronce, hierro y demás utensilios de pociones, así como objetos mágicos que se habían logrado en breves viajes a Rumanía y Francia. Considerando el tiempo que invirtieron en hacerse con todo aquello, ahora trabajan en un pequeño proyecto monetario.

El plan parecía sencillo en primera instancia, más se necesitaba de toda la sutileza posible. Lo principal era pasar desapercibidos, y por el momento lo había logrado postergar gracias a que aun contaban con cierta fortuna en la bolsa de cuentas de Hermione.

—Harry—llamó esta de pronto atrayendo toda su atención, estaba de pie frente a él, y la silla en la que antes se hubo apoyado ahora era una redonda mesita de estar. Esa era Hermione y sus impresionantes habilidades mágicas—. He estado pensado en lo que haremos con Tom.

Él rió por lo bajo, de un tiempo acá el nombre del que-no-debe-ser-nombrado pasó a ser un objeto de risas para ellos, y lo sabía gracias a la sonrisa que a Hermione se le formaba al pronunciarlo.

—Y, ¿A qué conclusiones hemos llegados?—la abordó entre risas mientras se bajaba de la barra de madera de la cocina donde estuvo encaramado todo el tiempo.

—Bueno—expresó con burla acercándose a él y tomándolo de ambas manos con las suyas—, como tu dices, hemos llegado a la conclusión de que tal vez deberíamos hacer apto de presencia en su vida.

Harry botó una risa de sus labios mientras se dejaba guiar por Hermione fuera de la casa, al salir tomaron sus abrigos y bufandas antes de ser recibidos por el frío viento de las montañas.

—¡Anda, que ya te está afectando mi compañía!—ella solo respondió con una suave risa que a él se le antojo agradable.

La observó caminar delante de él, y su mirar se detuvo entre sus manos que -entrelazadas con fuerza- le hacían temblar el corazón de una forma que no deseaba describir. Su cabello castaño -como el chocolate fundido- se bamboleaba con el ritmo de sus caderas al andar, asi como su larga y estilizada falta. Llevaban un compás que -de seguir así- lograrían volverlo loco, el fru-fru que se hacía entre los pliegues de las ondas de tela gris contra su piel de alguna forma le causaban una insana envidia. Él, a diferencia de esa falda que -seguramente- se aferraba a su cintura, no podía aspirar más que a los suaves roses que Hermione le obsequiaba de cuando en cuando.

Y entre todo su silencio solo notó que estaban fuera de los hechizos de protección hasta que Hermione lo acerco con cierta fuerza hasta tenerlo muy junto a ella. Harry suspiró al sentir la tela de su abrigo de pana tan cerca que lo hacía consciente de toda su presencia.

—Sostente Harry—dijo ella al tiempo en que ambos sentían desaparecer el suelo bajo sus pies por un segundo.

Harry dio un traspié al aparecerse, se había distraído al pensar en los rosados labios de Hermione que terminó por pisar mal.

—¿Te encuentras bien?—preguntó con visible interés.

Él sonrió con pena—Claro, solo me he olvidado en concentrarme un poco.

Hermione lo miró con algo de duda, desde hace un tiempo venía sintiendo que algo pasaba con Harry, a veces parecía dudar por segundos cuando le hablaba, lo había notado verla por más tiempo del que antes hubiera hecho ¿Quizá a Harry le parecía extraña con ese estilo? Porque, en su opinión él se veía así como muy chulo en toda esa ropa de época, con su abrigo de pena abierto y esa bufanda mal acomodada.

Fue entonces que se encontró observando como él la soltaba para sacar sus guantes de cuero negro de las bolsas de su abrigo azul, sus dedos eran largos y parecían fuertes entre toda la contextura de sus manos. Tenía una altura adecuada, sobrepasándola por una cabeza o más. Sus ojos -como el jade- aún conseguían destacar tras esas gafas y su cabello desordenado solo lograban darle un aire desenvuelto, muy casual. Al igual que ella, él traía un par de botas -aunque menos delicadas para un hombre- a juego con sus respectivos spats de presillas de plata -alabado sea el dinero de los Potter- y cuero, los cuales solo destacaban si ponías más atención de lo habitual.

Se azoró levemente, y tratando de normalizar el ritmo de su corazón respiró con calma. Y es que definitivamente Harry se veía genial, el pantalón se le ajustaba correctamente, así como -había visto antes- su chaleco. Cuando él terminó con sus guantes Hermione al fin recordó los suyos.

Los había sacado cuando Harry se los pidió con amabilidad—Vamos, presta acá.

Lo miró a sus ojos, y al final -guiada por la calma con la que la miraba- le tendió los guantes dejando que la ayudara a enfundar sus manos entre ellos.

—Es usted muy caballeroso, joven Potter—dijo solo por decir. El contacto tan directo de sus dedos -cubiertos- contra la piel de sus palmas la habían puesto un tanto nerviosa.

—Me gustaría poder decir que es solo contigo—susurró con una mueca de disgusto—, pero como el caballero que al parecer soy, debo tomarme muy enserio el honorifico y ayudar a cuanta mujer desprovista de ayuda se me cruce en el camino.

Hermione sonrió al observar las ceja y labios fruncidos de él.

—¿No le sienta bien el papel, joven Potter?—se burló un poco, una sonrisa bailando entre sus labios.

Harry rió suavemente en respuesta, alzó su mano y libro su frente de los rizos castaños, dónde al final dejó un ligero beso—. Sólo contigo.

La haló de la mano iniciando un agradable caminar, donde ambos no encontraron las palabras adecuadas para el momento.

"Será otro día"

Y continuaron andando hasta el centro del Londres mágico, por el momento habían cosas más importantes que hacer.

Tom sonrió mientras observaba como Basil trataba de librarse de las sogas que lo ataban fuertemente a la silla astillada en la que había despertado.

La noche había caído tan fría y tan oscura sin la presencia de la luna que había resultado aun más conveniente para Tom, que apenas y era visible ante los ojos de Basil. Jugó con el pequeño cuchillo entre sus manos, sin apartar su atención de él.

Basil refunfuñaba y movía sus manos entre las sogas, como si fuera capaz de lograr algo con eso. Un gesto de dolor se hizo presente en sus facciones cuando recargó su cabeza contra el respaldo de la incomoda silla, y la incomodidad pareció hacerse del poder en él, la tibia sangre resbalaba por su nuca hasta perderse en el interior de su desgastada camisa de dormir.

Un pensamiento fugaz se detuvo esta vez en la mente de Tom, a él nuca le pasaría algo como eso. No era como Payne o algún otro niño del orfanato que eran tan fáciles de dañar. Bastaba con ver como Tom se acercaba lo suficiente a alguno de ellos para darles algún comando y ellos -como si de perros mansos se tratasen- obedecían. Siempre caminando hacía el peligro que Riddle representaba.

La sonrisa se extendió en sus labios, aun jugando con el cuchillo. Le había ordenado a Payne -mientras este dormía- que saliera del dormitorio y se dirigiera hasta los establos, que estaban a treinta minutos andando desde la casona. En el lugar había una silla tan astillada que no podía considerarse para algún uso, una soga, una lampara de aceite que aun permanecía sin encender y unos cuantos alfileres.

—Payne—habló entonces—, es evidente que no conseguirás nada con moverte de esa forma—señaló sin acercarse aún a él.

Basil creyó reconocer esa voz que ahora le sonaba tan fría e impersonal.

—Tom—dijo temiendo que no fuera él—¿Qué haces fuera tan tarde?—preguntó, creyendo que tal vez estaría allí para ayudarlo, de ser de esa manera no tenía caso preocuparse por estar atado.

—No me llames de esa forma.

Basil suspiro fuertemente—Pero eres Tom ¿no? Así te llamas—repuso con aparente calma.

—Una basura como tú, dirigiéndome de esa forma la palabra, pareces desesperado en que te haga ver lo insolente que estas siendo.

Sintió como si le hubieran despertado con un balde de agua fría, Tom no estaba allí para ayudarlo y eso en cierta manera lo asustó.—No deberías estar despierto—dijo con voz temblorosa.

—Tu siquiera deberías estar hablando.

Trago saliva, ahora estaba empezando a entender por que los niños del orfanato preferían estar lejos de Tom.—Si es por lo de esta mañana—continuó, cerrando de paso sus ojos—, no es justo que todos trabajemos mientras tú solo observas.

Un tirón en su mano le hizo gruñir con fuerza ante el dolor. Abrió sus ojos con sorpresa, Tom le miraba desde su altura, lo intuía, tragó saliva al sentir como esa mano en particular era liberada de las sogas.

—Verás—susurró Tom apretando el pulgar de él entre sus dedos—, no tolero tu actitud.

Basil lanzó un grito cuando sintió como algo era clavado con fuerza en su pulgar.

—¡Oh, lo siento! No se supone que te debería doler—la burla impresa en sus palabras, y sin esperar respuesta continuó hablando—,he de creer que no estas muy cómodo con esta situación, aún menos con la falta de luz.

Gimió de dolor, sintiendo como Tom no paraba de apretar aquel objeto en su pulgar, de pronto una luz apareció a su costado, y por un segundo se sintió aliviado de que tal vez alguien hubiera escuchado su grito y vendría ayudarlo. Todo lo que vio fue al causante de su dolor frente a él, con las cejas juntas y una sonrisa en sus labios.

—Lamento mucho desilusionarte—mintió sin cambiar el gesto—, nadie vendrá a ayudarte.

—Los niños notaran que no estoy—se atrevió a hablar.

Tom soltó una corta risa—Ellos no se atreverán a decir nada, y lo sabes.—Acto seguido enterró otro alfiler con brutal fuerza en el pulgar de Basil, nuevamente su grito desgarró su garganta y el dolor lo llevó a un punto en el que siquiera podía pensar en pedir piedad.

Sacó los alfileres lentamente antes los ojos llorosos de Basil, el sudor recorría su frente y mantenía húmedo sus rubios cabellos. Sonrió ante su dolor.

—Bueno, no es como si fueras a morir hoy—le aseguró—. Me he estado preguntando que tan bien trabajarías sin uno de tus dedos.

—¡No...espera, Riddle por favor!—gimoteó al ver el brillo de un cuchillo.

Tom solo le ignoró, obligandole -con fuerza- a extender toda la palma de su mano que estaba hecha un puño. No tardó en liberar el meñique cuando Basil se impulsó con fuerza hacia el frente, dando de lleno su rostro con el suelo. Sintió el frío del cual ya se había olvidado que había e intento rodar aun con la silla acuestas.

—Eres desesperante—murmuró Tom poniendo un pie sobre el respaldo de la silla, impidiendo al instante que Basil lograra moverse.

—¡Y tu eres un demente!—gritó con fuerza, las lagrimas desbordando de sus ojos mezclándose con la poca de sangre que se había sacado con el golpe al caer directo sobre su nariz.

—No te mataré—susurró con molestia, sus ojos fijos en su nuca—, estas apostando demasiado a tu suerte Payne—gruñó esta vez con fuerza a la par que apoyaba más peso sobre su pierna.

—¡Riddle, para, detente por el amor de Dios!—suplicó, sus brazos tensos, su espalda sangrando contra la presión de las astillas sobre él.

—No es como si creyese en él—dijo asqueado, y acentuó más su peso al recargarse sobre su rodilla.—Hay que ver lo inútil que eres.

—Si tan solo tuviera mis manos libres Riddle—expresó con molestia, tratando de no ceder al dolor que Riddle le provocaba—,creo que sabes quien de los dos saldría perdiendo—gruñó con fuerza.

—Pero no estas libre, ¿Y sabes por qué Payne?

—¡Porque eres un cobarde! ¡Ese es el porque de que los chicos del orfanato te repudian!

—Error—dijo con fastidió—, me temen y es porque saben su lugar. Lo reconocen con tanto ahínco cuando la grandeza de un ser superior se presenta ante ellos—suspiró como si estuviera derrotado.—Y es por eso mismo que tu estas bajo la zuela de mi zapato.

—¡No eres superior a nadie!—gritó, poniendo fuerza en sus codos para tratar de tirarse a Riddle de encima, su cuerpo estaba comenzando a entumirsele y sus labios estaban cada vez más resecos por el frío, la desesperación que estaba experimentando no ayudaba para nada a su situación.

Tom golpeó con fuerza, derribandolo en un instante sobre su pecho.—Parece que no estas entendiendo que en cuanto aceptes tu error y te arrepientas de ello dejaré que te marches—añadió divertido doblándose aún más sobre su cuerpo, entre su mano el filo del cuchillo tocó la piel visible de la espalda de Payne quien retuvo el aire en sus pulmones.—He estado aburrido todo este tiempo; ya sabes, no es como que haya un atractivo muy particular por este lugar—y arrastrando el cuchillo cortó la tela de la camisa, Basil cerró sus ojos con fuerza—, dirás que tan solo fue un accidente. Caíste por las escaleras, trepaste un árbol, caíste desde el tejado... inventate algo. Pero, si hablas de lo que pasará esta noche te arrepentirás toda la vida de haberlo hecho. Payne cerró sus ojos y asintió con lentitud.—Buen chico.

Sus gritos quedaron ahogados en su garganta al tiempo de que Riddle señalara vagamente a su cuello.

...

Lavó sus manos dentro de la cubeta de madera, limpiando a conciencia debajo de sus uñas. El agua se sentía helada y casi lograba entumirle los dedos, pero ese pequeño detalle no lograba que su aparente alegría se desinflara.

La había pasado bien, o todo lo que se pudo. El chico Payne se había levantado del suelo tan mansamente que no pudo evitar sonreír por su acción, siempre cedían, fueran pequeños o no al final Tom siempre era quien ganaba. Payne se marchó con el temor brillando es sus ojos, y había intentado ocultar sus rojas manos entre su camisa, la cual estaba destrozada y no servía para cubrir nada; de haber querido Tom lo habría hecho una mole irreconocible. La solución habría sido hacer todo lo que le placiera en el centro del bosque y dejar que los mayores creyeran que Basil se había internado allí guiado por la curiosidad y para entonces ser atacado por algún animal salvaje, pero entonces los demás chicos no entenderían su lugar.

Basil le aseguró que desecharía ese remedo de camisa, no diría nada a nadie. Tom lo había llevado al borde de la locura, y sabía que eso a Payne no le había gustado.

El ruido del pasto moviendo de pronto lo alertó. Saco sus manos del balde y se levantó de su posición antes acuclillada. Observó a los lados y no encontró a nadie. Por un momento se había sentido observado. Pero lo único que encontró él en el lugar fue la silla hecha pedazos junto a la lampara de aceite y los alfileres desperdigados. Levitó la lampara hasta su mano y dejó todo lo demás oculto entre el barro que se comenzaba a hacer por la humedad.

Estaba agotado y lo mejor sería descansar para reponer energías.

Se deslizó entre las ramas y hojas sueltas, reptando por los troncos caídos hasta llegar a los confines del bosque. La oscuridad de la noche no le supuso un problema, serpenteaba con premura consciente de que el camino en el campo abierto podría resultarle peligroso.

Pero todo fuera por llegar a ese molesto hombre de gafas redondas y su mujer. Bien le servía para transmitirle sus palabras a ella, y solo por eso no lo había mordido ya. Además de que tenía la seguridad de que tal vez ella lo terminaría odiando si hacia algo como eso.

Su camino se hizo cada vez más corto, hasta que divisó un pequeño fuego. Entonces la vio, charlando con el hombre fuera de la cabaña, tazas llenas de algo entre las manos de ambos acomodados sobre un tronco. Siseó en cuanto estuvo lo suficientemente cerca llamando la atención de ambos.

—¿A dicho algo Harry?—le preguntó a su amigo sin dejar de observar a la serpiente albina que los miraba desde abajo, su cabeza erguida sobre la mitad de su vertebra serpentina. A Hermione se le figuró al movimiento de las cobras al montarse en guardia y no pudo más que sonreír ante la idea.

Harry miró a ambos, serpiente y amiga observándose con profunda curiosidad, y él a tope de nervios causados por el reptil. Desde hace un tiempo lo habían encontrado cerca, y la criatura había demostrado cierto interés en su amiga, en cambió a él parecía detestarlo. Dando un bufido se apresuró a responder le a Hermione—Parece encantado de encontrarte despierta.

—Suenas tan molesto—repuso ella a Harry, riendo de paso ante el gruñido que soltó su amigo.—¿Traes buenas noticias?—preguntó entonces a la serpiente, mientras acercaba su dedo indice hasta tocarle su blanca cabeza.

Harry escuchó atento el siseo de Heimdall, la serpiente albina que parecía vagar desde su nacimiento hasta que los encontró a ellos. Dando un suspiro le dijo a Hermione.

—El chico es un mago -eso dice- le parece normal, y déjame agregar, antes de que me interrumpas Hermione, que para una serpiente ser normal no es precisamente serlo en toda regla.

—Harry, estoy segura de que no te ha dicho solo eso—contestó con una ligera sonrisa.

—¿Que te hace creer eso?—respondió ayudándola a levantarse del lugar.

Hermione recibió su ayuda, y agregó con un bostezo—siempre parece decir más de lo que me cuentas.

—Es tu imaginación— y entraron siendo seguidos por Heimdall, tampoco es como si Harry le fuera a contar como este le resumió el hecho de que Tom había 'jugado' un poco con un chico rubio. Ella se exaltaría y terminaría por afanarse por algo que ya sabían desde el comienzo.

No cabía duda de que todo lo que sabía de Tom no era una completa mentira.

.

.

.


(1) [Estrofa: Amor, ámame. Sabes que te amo, siempre te seré fiel, así que por favor ámame- ámame]: "Love me do" Una canción de THE BEATLES muy sonada aun en estos tiempos. La traducción de esta canción de cierta forma es muy atractiva, asi como la letra original en si. Se ha colado en la mente de Harry al ser una estrofa muy sencilla y libre.

(2) [Spats]: la traducción 'correcta' es polainas, pero a mi parecer se escucha más estético mantener su nombre del origen Inglés. Para quien no sepa que son los Spats, son estas cosas que antaño se usaban sobre las botas o zapatos, a veces dándole una apariencia más estilizada u elegantes.

Están muy de moda ahora con el Steampunk que en la cualidad que conllevan es destacar aún más la elegancia combinada con toques definidos, aunque el nombre en si se define más por un movimiento artístico y sociocultural; se desenvuelve en una ambientación donde la tecnología a vapor sigue siendo predominante, localizada normalmente en Inglaterra durante la época victoriana.

Si la curiosidad les ganas con referente a lo Steampuk así como los Spats y "Love me do" lo encontraran fácilmente en cualquier buscador de la Web.

Y ahora...

Notas D. Vie:

Hace poco tiempo noté -con cierta sorpresa- que había estado actualizando cada trece de los últimos dos meses, así que esta vez me decante por adelantarme un día, era eso o postergarlo para el día quince pero supuse que ya han esperado demasiado por la actualización y no quise que la maldad se me notara tanto (es broma).

Esta vez confieso que me he extralimitado con presentar los sentimientos algo turbios de Harry, y eso es debido a que la trama en sí toca el tema del viaje en el tiempo, debido a eso nada de lo que suceda con ellos en ese pasado es seguro para el presente en el futuro de ambos. Eso tambien lo sabe Hermione.

Ya les he explicado antes que con el desarrollo de la historia se hará evidente para donde pinta todo (risa), solo tengan algo de paciencia, trato de no vaguear tanto con la actualización pero entre el trabajo, los deberes, la familia (cuando hablo de familia me refiero a mis padres, hermanos, primos, abuelos y eso) y toda esa onda de crecer es algo difícil hacerse de mucho tiempo.

Dudas o comentarios pueden hacérmelos saber por un comentario, normalmente eso logra alimentar a mi creatividad.

Gracias a amestoy que se leyó los tres cortos cap. A Aurum, susan-black7 y Luna Haruno. Les aseguro a todos que mi intención no es matarlos de impaciencia (sonrisa), y voy a tratar de editar la parte de la batalla, si he notado que influiría mucho en varios lectores si esto resultase un Harmmony (risa), pero lo único incierto es el futuro, y realmente espero que este joven Tom Riddle este siendo todo lo cruel y manipulador que se pueda, a futuro eso influirá mucho. Tambien agradesco todos los favoritos y "seguir". Espero no desanimarlos, y cuando sientan que se lo merece pasen a dejar un comentario (sin compromiso), me encanta cuando en mi bandeja de entrada caen los mensajitos con sus Follow, y Favorite.

El Disclaimer y la Advertencia nunca son cosas de juego, si les echan un ojo pueden encontrarse con alguna sorpresa (guiño).