Disclaimer applied.
Reto de fanfickers.
Día 2: un One shot de tu pareja favorita: Izumi x Tosaki.
Basado en el manga 45.
Secreto
-o-
"Nos mantenemos con las puertas cerradas
Cada vez que te veo, muero un poco más
Momentos robados que robamos como las cortinas caídas
Nunca serán suficientes."
-Little Mix ft Jason Derulo, "Secret love song".
Las relaciones no suelen iniciar con un contrato a cambio de tu integridad, las presentaciones no suelen llevar la noticia de la muerte de tu madre, los extraños no suelen llegar con la historia de tu vida bajo el brazo. Sin embargo, tampoco era común que las personas revivieran una y otra vez.
Izumi Shimomura conoció a Yuu Tosaki cuando ella aún conservaba su nombre de nacimiento. Él llegó al hospital donde la atendían, donde esperaban su muerte, y le habló de su pasado, de su presente y de su futuro.
La primera impresión de Izumi respecto a Tosaki fue que era un entrometido que no sabía nada y que había llegado a juzgarla; empero, esa primera impresión se borró en el momento en el que le propuso cuidarlo de otros ajin. Entonces se dio cuenta de que era un egoísta que sólo vería por su seguridad. Quizá ella debía empezar a hacer lo mismo: cuidarse de ella implicaba directamente cuidar de Tosaki.
El trabajo pocas veces fue realmente peligroso; Tosaki disfrazó a Izumi debajo de un papel de secretaria y pocas veces hacía algo fuera de eso. En algunos casos, le pedía investigar algo con su IBM y era ahí cuando Izumi recordaba que ella también era una ajin. Tosaki nunca lo olvidó y, ciertamente, se encargaba de evitar que ella lo hiciera.
Las palabras de Tosaki pocas veces fueron amables, pocas veces fue abierto con ella. Luego recibió una llamada que lo cambió todo.
—Vamos al hospital. —Le dijo en una ocasión después de colgar su celular personal.
—Sí —respondió ella. Nunca le cuestionaba nada; ella no debía cuestionar nada.
Subieron al auto y él colocó frente a ella la ruta por la que quería que se moviera. Izumi arrancó el auto y avanzó en silencio. Tosaki tampoco dijo nada hasta que llegaron al hospital.
—Acompáñame —ordenó Yuu.
Como siempre, la mujer obedeció sin palabra de por medio. Tosaki iba frente a ella y andaba con la misma seguridad que siempre; ella procuraba imitar su andar.
Llegaron a una pequeña habitación blanca donde reposaba una mujer dormida. En el cuarto también se encontraba un médico; parecía esperar a Tosaki.
—Gracias por haber venido, Tosaki-san. —Comenzó el médico. El aludido apenas alzó la cabeza— Lamento decirle que el estado de Ai-san no ha mejorado.
—¿Cuánto más necesita? —preguntó Tosaki directamente.
Izumi, entonces, miró a su jefe de una forma diferente. La manera como él observaba a la mujer en cama, la manera como discutió con el doctor para pagar cualquier tratamiento que asegurara la vida de esa persona, eran cosas que Izumi no podía ignorar. Ésa era la razón por la que Tosaki se desvelaba en la oficina o investigaba personalmente los casos de Ajin que llegaban a su correo. Muy pocas veces lo había visto descansar y pocas veces lo había visto sonreír. Ahora entendía por qué.
—¡No puede hablar en serio! —espetó Tosaki, casi tomando al médico por el cuello de la camisa. De no haber sido porque Izumi lo tomó de los brazos, quizá hasta lo habría golpeado.
—Tosaki-san, por favor —suplicó el médico—, entienda que hacemos lo posible por…
—¡Entonces empiecen a hacer lo imposible! ¡Sólo dénme un precio! ¿Cuánto vale su vida? —bramó.
—Tosaki-san… —musitó Izumi, apretando su agarre en el brazo izquierdo.
Enseguida, la mirada de Yuu se dirigió a su secretaria. La furia que había en ellos no la volvió a ver hasta que Nagai Kei llegó a su camino. Empero, esa furia se disipó casi al instante. No se transformó en culpa o en arrepentimiento; simplemente regresó a su estado neutro.
Tosaki cerró los ojos previo a susurrarle al doctor a cargo que continuara con lo que creyera necesario y que él se haría cargo de los gastos. Luego, le hizo una seña a Izumi para salir del cuarto y del hospital.
En silencio ambos abordaron el auto. La ajin colocó las llaves en la abertura y justo cuando iba a girarlas, Tosaki tomó su mano. Entonces ella lo miró: mantenía cerrados los ojos y apretaba la mandíbula. Casi podía verlo: moría por dentro.
—Tosaki-san… ¿Esa mujer es-es su esposa? —preguntó con suavidad.
—Es mi prometida —corrigió él—. O lo sería si tan sólo… Si tan sólo… Si ella…
Y entonces cerró la mano en la de Izumi. Y entonces derramó una lágrima. Y entones ella colocó la otra mano en la de él. Y entonces un nuevo secreto nació entre ellos, convirtiendo en aquel momento como uno de los que nadie sabría.
—No quiero perderla, no quiero perderla a ella —susurró.
Izumi no respondió; sabía que no había nada que decir. La pérdida de un ser amado no podía ser disuelta con un "lo siento" o con un "sé fuerte". Izumi sabía de primera mano que a veces lo único que se necesitaba era una mano sobre otra.
A veces, lo único que se necesitaba era saber que no se estaba solo, que había alguien más que estaría dispuesto a ahogarse con su dolor, que había alguien más que estaría dispuesto a morir a su lado. Ya no por un trabajo, sino por un afecto.
En su idioma personal, Izumi se acercó más a Tosaki y bajo una cortina de dolor, dejó caer la cabeza sobre el hombro de su jefe. Él no se quejó ni se alejó; al contrario, tomó con más fuerza la mano de Izumi y continuó llorando. Continuó hasta que la muñeca de Izumi se coloró. En ningún momento ella emitió señas de dolor; sabía que él sufría más.
-o-
Las cosas después de esa escena cambiaron para ambos. Tosaki de vez en cuando le pedía a Izumi que lo acompañara por un sándwich a la cafetería y ahí, le hablaba de cosas que le preocupaban. En ocasiones se trataba del trabajo, en ocasiones de Ai; sólo cuando Izumi veía necesaria una intervención, decía algo. Pocas veces Tosaki le agradecía y minúsculos eran los momentos en los que asentía por su consejo. Izumi sabía que para Tosaki ella no era sólo su secretaria o su guardaespaldas; a veces ella era su depósito de estrés. Mas ella no se quejaba porque aunque Tosaki se enojara y gritara, pocas veces se desquitaba con ella. Y es que siempre le dio un motivo para canalizar su ira en algo productivo; pronto, Tosaki también la animó a hablar y a sacar sus propios miedos.
Ella le mostró a su fantasma en acción y juntos hicieron un código con el que Tosaki podría saber cuando el fantasma de Izumi estaba cerca. Pronto, Tosaki se acostumbró a Kuro-chan e incluso una vez Izumi lo escuchó pidiéndole que se hiciera a un lado porque quería ir por una taza de café.
Los casos ajin fueron creciendo y entre más ocurría eso, había más ocasiones en las que ella tenía que protegerlo y en las que se ponía frente a él para evitar que algo lo lastimara. Sin desearlo, Tosaki se acostumbró a ver a Izumi frente a él, a su lado. Ya fuera en el auto o caminando en los pasillos, se acostumbró a su presencia. Sin desearlo, Izumi se acostumbró a esos pequeños momentos donde Tosaki le dejaba ver su verdadero sentir y donde incluso se permitía ciertos chistes de la situación en la que se encontraban.
Sin desearlo, ambos se acostumbraron a sus miradas, a sus protecciones, a sus palabras. Y más que eso, cuando Izumi no veía a Tosaki, se ponía nerviosa; cuando Tosaki no veía a Izumi o la tenía en su radar, se ponía ansioso. Al principio creyeron que se trataba de su trabajo pues mientras más tiempo Izumi pasara alejada de Tosaki, más desprotegido estaría éste.
Empero, llegó un momento en el que Izumi tenía antojo de una de las mentas de Tosaki y sin quererlo, sonreía por la ironía de haber adquirido el vicio de su jefe. Empero, llegó un momento en el que Tosaki reía a solas en su departamento tras haberse dado cuenta de que había estado hablado solo como cuando lo hacía en presencia de esa mujer. Empero, llegó una noche en la que el uno soñó con el otro.
—Tendrás que mudarte para acá, Shimomura. —Le dijo Tosaki al día siguiente.
El plan para encargarse de Sato había comenzado y otros dos ajin ya estaban afiliados a ellos. Izumi asintió tras creer que ésa había sido la razón por la que Tosaki le había dicho aquello. En realidad, no estaba lejos de la verdad.
Los entrenamientos con Nagai y con Nakano no eran sencillos, los planes con Ogura y Nagai tampoco eran cualquier cosa; la mente de Izumi y Tosaki no daba para repetir aquellos momentos íntimos que una vez compartieron.
Al menos, no hasta que llegó ese día en el que perdieron a más de un hombre, ese día en el que Nagai perdió algo más que la esperanza. Ese día, en el que Tanaka colocó en la muñeca de Izumi unas esposas, Tosaki regresó a esos momentos que sólo compartía con ella.
Pues al ver esa muñeca herida, al ver ese recuerdo en la cabeza y sobre todo tras lo que le habían comunicado por teléfono, Tosaki se dio cuenta de que no quería perder esa mano, ese primer apoyo que tuvo por parte de Izumi. La necesitaría.
—Espera, voy a buscar las llaves. —Le dijo a una confundida muchacha.
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Un día más tarde, Tosaki fue al hospital con las memorias de Ai en la cabeza. En la camilla lucía igual que siempre; aún parecía sólo dormida. Pero Tosaki sabía que había una gran diferencia entre el sueño y el estado en el que Ai se encontraba.
Aquella tarde Tosaki habló con Ai y le dijo cosas que seguramente le habrían provocado sonrisas a su novia. Y tras dejarle una sortija y una promesa, salió del hospital.
El encontrarse a Sokabe afuera del mismo y el recibir la amenaza de quitarle el puesto no hicieron mella en él. Fue el hecho de que se burlara de Ai lo que lo hizo enojar. Mas fue el hecho de que mencionara el primer nombre de Izumi lo que lo congeló. No, no podían alejarla; no a ella.
Escondiendo sus temores entró al carro, donde ya lo esperaba su secretaria, y la miró. Ella ya no era Yoko, ella ya no era esa jovencita desafortunada; ella ahora era Izumi, la mujer que quería justo ahí, a su lado. Quizá no la quería como quiso a Ai hasta el día de su muerte…
—Tosaki-san, usted no se va a detener, ¿verdad? —preguntó ella.
… Él sólo tenía clara una cosa…
—Por supuesto que no —respondió él sin dejar de pensar en las palabras de Sokabe, sin dejar de mirar a Izumi.
… Que no quería a Izumi en otro lugar que no fuera a su lado.
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¡Creí que no lo acababa! Me llevé dos horas haciendo esto... Es que son tan lindos. Y luego con la última escena del anime... Carajo, no podré esperar una semana.
Pero sí, decidí que ésta es mi pareja favorita. Son hermosos, tienen sus altibajas y no sé... Respeto y admiro el amor de Tosaki por Ai; pero siento que Izumi y Tosaki tienen futuro juntos. ¡Me lo dice mi vena shipper!
Abrazos.
Nayla Kei.
