Disclaimer applied.

Basado en el anime.

Día 7: OS basado en un sentido: gusto.

-o-

Gourmet

Ya nevaba.

Nagai dejó su plato sobre el fregadero y tomó su mochila. Mientras se cepillaba los dientes, su madre se recargó en la puerta de la cocina y lo miró.

—¿Vas a hacer algo para navidad? —Le preguntó.

El muchacho se enjuagó la boca y secó sus labios antes de responder:

—Nada planeado todavía —respondió— ¿Y tú, mamá?

—No. Sólo quería saber si compro algo de eso o no.

Nagai asintió previo a despedirse con la mano. Su madre pocas veces era cariñosa, por lo que no necesitaba que le diera un beso de despedida o algo semejante. Ella tampoco era de las que cocinaban algo en las fechas que cualquiera hubiera considerado "especial". Cuando Nagai era un niño y todavía se le permitía jugar con Kaito, éste era quien le llevaba un pastel cuando era su cumpleaños o una barra de chocolate a Eriko cuando era el suyo.

Quizá debía preguntarle a él qué haría esa navidad.

Las primeras horas en la universidad lo mantenían ocupado todo el tiempo, su primer bocado desde el desayuno lo probó a las doce con cinuenta. Su malacostumbrado estómago había esperado por unas botanas desde que dieron las diez de la mañana. Nagai debía reconocer que mientras estuvo en el cuartel de Tosaki, usó más la máquina de snaks que el baño. De no haber sido por el ejercicio y sus frecuentes muertes, se habría enfermado severamente. De vez en cuando podía abusar de su condición...

Sin desearlo, cerró un momento los ojos al probar la primer papa frita. El sabor de un alimento luego del estrés era formidable.

Las siguientes tres horas las pasó en diferentes salones y con diferentes profesores. Como siempre, el cuaderno de Nagai era el que más apuntes tenía; cada semana, al menos uno de sus compañeros le pedía permiso para echarle una ojeada a sus cuadernos. Nagai nunca tuvo problema con eso; ciertamente, eso servía para alimentar su muy nutrido ego.

Sin embargo, cuando estaba calzándose los zapatos para salir de la escuela, escucho la voz de ese amigo que tanto disfrutaba de fastidiarlo:

—¡Nagai!

Suspiró. Había olvidado que ése era su día de descanso y que Nakano solía comer con él o con Izumi y Tosaki. Había prometido que no se desharían de él y, bueno, lo estaba cumpliendo.

—No tienes que gritar, ya te oí —respondió el estudiante de medicina al muchacho que estaba a su lado—. ¿Izumi-san te rechazó de nuevo?

—Nah, no le hablé. La semana pasada me dijo que Tosaki-san estaría muy ocupado por no sé qué demanda a no sé qué hospital. ¡Vamos a comer, Nagai!

—Sólo cállate, idiota. ¿Traes para los dos? —preguntó ya con el portafolios en la mano y los zapatos puestos.

Nakano, que vestía con un suéter que Nagai le había comprado (bajo una amenaza de Tosaki acerca de lo caro que salía lavar la ropa de Kou cada vez que Kei se enojaba con él y lo mataba), sonrió tras ver los nuevos zapatos de su amigo.

—Cada día te pareces más a Tosaki-san. Por cierto, ¿crees que Izumi-san quiera pasar la navidad conmigo?

Nagai negó con un monosílabo y siguió caminando. Kou no tardó en alcanzarlo y como cuando se aferraba a un plan ridículo, continuó hablando:

—¿Y por qué no? Seguro que Tosaki-san tendrá mucho trabajo, por lo que…

—Por lo que Izumi-san también lo tendrá. ¿Olvidas que es su secretaria?

—No, pero… —Se detuvo un segundo, en el que Nagai entró a su local de comida rápida preferido. Para ser un futuro médico, lo cierto era que disfrutaba mucho de esos alimentos llenos de harina— ¡Eh! ¡Apuesto que Tosaki-san pasará la navidad con Ai-san!

Nagai esta vez sí dejó de caminar para mirar a Kou. No lo había pensado: las personas en los hospitales no podrían salir a celebrar la navidad. Seguro que se sentirían solas, seguro que desearían que alguien estuviese a su lado…

—Supongo que tienes razón… —Terminó por decir.

Enseguida, permitió que Kou siguiera parloteando sobre sus planes futuros. Pocas veces Nagai lo interrumió: aunque le pareciera que ninguno podría realizarse, prefería crear su propio plan para navidad. Después de todo lo que le había hecho pasar, lo adecuado era disculparse con una cena de navidad...

Lo primero era ir al hospital para hacer la petición de visita. Sabía que ese día su hermana estaría llena de estudios y que seguramente terminaría muy cansada; mas consideraba que le alegraría que al llegar a su habitación pudiera encontrarse con su hermano. Sería un agradable detalle.

Frunció ligeramente el entrecejo; quizá también tendría que llamar a Kaito. Después de todo, la relación entre Kaito y Eriko se había estrechado durante la batalla contra Sato.

Después de una hora y media, Nagai se despidió de Nakano y se dirigió al hospital.

La comida que había ingerido no había tenido sabor alguno hasta que en la recepción del área le dieron el permiso de pasar con Eriko la navidad. Habían sido dos hamburguesas de res, las había condimentado con mostaza y catsup. Estaban deliciosas.

Cuando su madre volvió a preguntarle, el día que salió de vacaciones, si haría algo en la navidad, Kei le dijo la verdad. Incluso la invitó, pero ella se negó de inmediato. Kaito hizo todo lo contrario. Aquello dejó en Nagai un sabor agridulce.

El tan celebrado día llegó y con ello, una llamada telefónica se efectuó. En ésta, los planes de Nakano terminaron por fracasar.

Eriko salió de los laboratorios del hospital a las seis con catorce de la tarde. Como todos lo habían predicho, tenía sueño y le dolían los brazos. Sin embargo, cuando la enfermera abrió la puerta y le permitió el paso, la jovencita no pudo hacer más que sonreír y sonrojarse.

—¡Kai-san! —exclamó ignorando completamente a su hermano, que incluso había sido obligado a ponerse un gorro navideño.

—No te emociones tanto, puede afectar tu salud. —Le dijo Kei. Ella entonces reparó en él e hizo un mohín.

—No me digas qué hacer, nii-san —respondió sonrojada.

Kaito rió.

—¿Por qué no te recuestas, Eriko? Podemos empezar con la cena, Kei trajo pavo —intervino. Como era de esperarse, Eriko obedeció a sus sugerencias.

Kei trató de ignorar la evidente preferencia de su hermana por su mejor amigo y sacó la comida que había ido a comprar. Durante dos horas y media, los tres charlaron sobre diversas cosas. Eriko incluso le preguntó a su hermano por la escuela y le insistió para que le diera más detalles.

El pavo relleno tenía buen sabor, no estaba realmente salado. Y aunque Eriko tenía la sensación del medicamento en la lengua, pudo advertir que el sabor de la conversación y el ambiente era una delicia. Por supuesto, mucho tenía que ver con el hecho de que las personas que más quería estaban ahí.

Cuando dieron las nueve, una enfermera entró a la habitación y le recordó a Nagai que tendría que retirarse a las diez. Él asintió apenas: acababa de recibir un mensaje de Izumi.

"Feliz Navidad, Nagai-kun."

Sin prestarle mucha atención a la siguiente conversación en el cuarto, tecleó la respuesta:

"¿Nakano no está contigo, Izumi-san?"

La negativa de Izumi tampoco tardó en llegar. Un simple "No." denotaba que ni siquiera había un tema al respecto y que estaba ocupada. Nagai se preguntó un segundo si Tosaki estaría con ella; empero, lo que más le atrajo en ese mensaje era que si Kou no estaba con ella, entonces significaba que estaba solo. Significaba que estaba pasando la navidad sin nadie que lo acompañara.

Por alguna razón, eso le supo amargo.

—¿Kei? ¿Pasa algo? —preguntó Kaito.

El aludido no respondió de inmediato. Izumi y Nakano no mantenían una mala relación; incluso Kei podría apostar a que si Tosaki se hubiera quedado con Ai, Izumi habría aceptado pasar la navidad con Nakano puesto que ella tampoco tenía familia con la que pudiera celebrarlo. Sin embargo, el darle una negativa daba a entender que ella no estaría sola… pero Kou sí.

—Kai, ¿traes tu moto? —susurró.

—S-sí. ¿Por qué la pregunta? —respondió— ¿Otra vez Sato?

Eriko dejó de comer y miró con pánico a su hermano. El nombre del sombrerero se había convertido en un tabú de mala fortuna.

—No. Es sólo que… —Hizo una pausa— Tengo que irme —dijo antes de levantarse—. No hay nada de qué preocuparse, pero necesito hacer esto. Los veo después. —Se despidió mientras recibía de Kaito las llaves de su moto.

Sus ojos se detuvieron en el pavo a medio comer. Había sido demasiado grande para sólo ellos tres; quizá hacía falta una persona más emotiva.

—Me llevo esto —agregó al tiempo que guardaba el resto de la cena en su mochila—. Cuida de Eri, Kaito.

Y sin más, Nagai se fue. Su hermana miró la puerta y soltó un suspiro.

—Se llevó toda la comida… A veces creo que está delgado por una maldición —comentó.

—Sí, eso debe ser —concordó Kaito.

El apartamento de Kou no solía estar completamente limpio, mas en un día en el que se supone tendría que estar rodeado de familiares y amigos, Nakano quería mantener su mente ocupada para no echarse a llorar por su mala suerte. No tenía deseos, tampoco, de salir a fingir que era feliz estando solo.

Era irónico: durante la captura de Sato, todos lo habían reconocido como el más simpático. Sin embargo, en esa fecha en la que de acuerdo a las "grandiosas estadísticas" de genios como Nagai tendría que estar rodeado de amigos, era quien estaba solo. Como si fuera él quien rechazara el contacto humano.

—Como si yo fuera Nagai, como si yo fuera el señor frío o el "estoy rodeado de idiotas" —decía mientras acomodaba la basura en los enormes contenedores detrás del edificio— ¿Por qué idiotas como él tienen amigos? Tosaki-san hasta tiene una prometida y Ogura-san alardeaba sobre haberse acostado con dos mujeres a la vez. Eso debería ser ilegal para los geni…

—Sabía que era una pérdida de tiempo el venir hasta acá. —Lo interrumpió la voz de aquél que tanto insultaba—. De cualquier modo, el relleno del pavo ya debe haberse estropeado —mencionó.

Kou dejó caer la última bolsa de basura y se giró para ver a Nagai, aún encima de la motocicleta, con una mochila en la espalda y un casco sobre la cabeza.

—¡Nagai! —gritó, emocionado— ¡Estás aquí!

—Eres tan observador como siempre —contestó el aludido antes de bajarse del vehículo y poner la palanca de seguridad— ¿Está bien si la dejo ahí?

—¡Sí! Eh, espera. ¿Dijiste que compraste pavo? ¡Jé! ¡Esto será divertido!

—Ya comimos la mitad, pero… —explicó quitándose el casco. Hizo una mueca tras darse cuenta de que el gorro navideño se había salido junto con el protector de su cabeza.

—¡Trajiste un gorro de Santa Claus! —Se burló Nakano.

Enojado, Kei lo miró. Si tan sólo no hubiera gastado su dinero en la cena para su hermana (y ahora para Kou), entonces estaría dispuesto a comprarle otro suéter a Nakano para poder matarlo unas cuantas veces más.

Se dice que la comida navideña tiene un mejor sabor cuando se recalienta al día siguiente; no obstante, para Kou no hubo mejor alimento que aquél que devoró en compañía de su amigo. No hubo mejor alimento que el conversar ya no sólo de detalles, sino de recuerdos y futuros. No hubo mejor alimento que el burlarse del gorro navideño de Kei y el permitir que él se burlara de la ironía que había sido el hablar mal de sus amigos cuando era tratado como el más noble del escuadrón.

Esa noche, en un restaurante elegante, un miembro del escuadrón aceptó un nuevo futuro. Esa noche, otro miembro del escuadrón descubrió que el sabor más agradable de la navidad no era el pavo o el ponche, sino una buena compañía. Esa noche, una chica de casi dieciséis años por fin se atrevió a decirle lo evidente al chico que le gustaba.

Ese 24 de diciembre, por fin comprendieron el significado de la palabra: "gourmet".

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¡Hola!:

Sí, tarde, lo sé. Es que hice un enorme OS que terminé dividiendo para mejor abarcar dos días (que son los que debo). Y... Bueno, terminé enamorada del anime y... Y ya saben Navidad, ponche, posadas. ¡No pude evitarlo!

Ojalá hayan disfrutado esta navidad.

Abrazos.

Nayla Kei