Disclaimer applied.

Reto de fanfickers de quince días.

Día 8: invierno.

Aviso: este OS funciona como "continuación" del OS anterior, Gourmet; por lo tanto, está basado en un futuro posible de la última temporada del anime.

-o-

Invierno

Era casi medio dia. Tosaki caminaba a paso acelerado, con Izumi a su derecha. Acababan de salir de una junta respecto a una demanda que un consejo del hospital Sakura había recibido. Izumi llevaba los papeles con la resolución y Tosaki abría un nuevo paquete de mentas.

—Tiene que desayunar algo, Tosaki-san. —Le dijo Izumi. Tosaki frunció el entrecejo.

—No hay tiempo para…

—No ha dormido bien y anoche apenas tocó su cena. Será mejor que desayune, Tosaki-san.

El aludido miró de reojo a su asistente. Detestaba admitirlo, pero ella tenía razón.

—Será un desayuno rápido. Sokabe llegará en veinte minutos —respondió él.

Izumi asintió. Mientras pasaban por el pasillo previo a la cafetería, Izumi vislumbró a una secretaria adornando su escritorio con diminutas luces navideñas. Casi lo olvidaba, estaban a una semana de navidad.

Tras un rápido escaneo mental a la agenda de Tosaki, podían ir a cenar el 25 sin ningún problema. No como una cita, pero sí para celebrar que al fin podían comer, dormir y divertirse sin preocuparse por que Sato se apareciera con una nueva bomba en la cintura.

Quizá podrían invitar a los demás; aunque era probable que Nagai estuviera con su familia.

Convencerlo, ése sería el verdadero reto.

Después del desayuno, Tosaki se marchó con Sokabe a una reunión privada. Mientras tanto, Izumi se dedicó a resolver sus pendientes. Luego de cuarenta minutos, las piernas empezaron a dolerle; tenía que levantarse a caminar un poco.

Miró el reloj: aún faltaban veinte minutos para que Tosaki regresara y le entregara más trabajo. En definitiva, esa denuncia les estaba dando demasiados problemas y ahora se sumaban las peticiones del sindicato de ajin.

Suspiró. En verdad necesitaba un descanso.

Cuando apenas había caminado tres metros fuera de la oficina que compartía con Tosaki, se topó con la antigua secretaria del Ministro de Salud. Ella vestía un nuevo conjunto que tal vez le habría costado una gran cantidad de dinero.

—¡Ah, Izumi! —exclamó la muchacha— Qué gusto verte. ¿Cómo estás?

—B-bien, gracias —respondió ella antes de tratar de disculparse para continuar con su caminata.

No obstante, fue otra voz la que la distrajo:

—Shimomura-kun.

Como si se tratara de un botón, Izumi se giró para mirar a Tosaki.

—Tosaki-san…

—Voy a necesitar que acomodes esto en la agenda —dijo él mientras alzaba otro folder. Su expresión denotaba todo el estrés que Sokabe acababa de cargar en su espalda.

—Por supuesto, Tosaki-san —respondió ella.

Apenas le dirigió una mirada a la mujer frente a ella; pero cuando quiso alejarse, ella la tomó de la muñeca.

—Espera, Izumi. —Le susurró con ese aire de complicidad— ¿Cómo vas con Tosaki-san?

—¿Eh? —cuestionó la ajin, mirándola con asombro.

—¿Ya estás saliendo con él?

—Ah, creo que estás confundiéndote. Tosaki-san y yo sólo trabajamos juntos, no…

—Mira, anoche salí con un terrible sujeto que me dio como regalo de primera cita estos cupones para uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Yo no los necesito, pero… —Se humedeció los labios, extasiada— Tiene fecha para navidad. —Le guiñó un ojo— Un vestido rojo te vendría bien.

Izumi, sin embargo, ni siquiera se molestó en aceptar los cupones que aquella cínica le ofrecía. Ya no sabía cómo dejarle claro que ella no tenía nada que ver con Tosaki. Si bien era cierto que él era algo más que su jefe; no podría decir que significara algo tan cercano como una pareja. Después de todo, Izumi ya había tenido suficiente de hombres en su vida.

Lo que le recordaba que tenía que responder el mensaje de Nakano… Para empezar, tenía que leerlo.

Tosaki mantenía dos dedos en el puente de su nariz cuando Izumi ingresó a la oficina. El compartir el cuarto de trabajo no había hecho más que complicar los rumores que habían circulado al inicio de su relación laboral. Por fortuna, Tosaki había expuesto que detestaba gritar o usar un comunicador para llamar a una secretaria; y dado que lo había anunciado con una expresión que no permitía debate, nadia había vuelto a discutir ese tema. Hasta que esa molesta mujer llegó.

A sabiendas de que el dolor de cabeza de Tosaki era muy sensible, Izumi tuvo el cuidado de cerrar la puerta con sigilo. Del mismo modo, se acercó al escritorio de Tosaki y tomó el folder café que había visto en sus manos.

—Ni siquiera van a dejarme el 24 libre. —Se quejó él en voz alta. Izumi lo miró con pena: entonces todos sus planes se cancelarían.

—Trabajaremos duro para tener al menos la tarde libre, Tosaki-san. Yo puedo desvelarme y…

—No abuses de tu condición como ajin. El trabajo es mío, tú puedes descansar.

—Tosaki-san, no me iré antes que usted. Recuerde que tengo que prote…

—Pasaré la navidad en el hospital, con Ai. —La interrumpió con la vista clavada en los enormes ojos de Izumi— No creo que quieras estar ahí, Shimomura-kun.

Izumi asintió.

—Tiene razón, Tosaki-san. Lo siento. —Se disculpó previo a darse la vuelta y caminar hacia su escritorio.

Todo el tiempo, sintió sobre sí la mirada de su jefe.

—Supongo que tienes planes para navidad. —Le dijo.

Izumi tardó un poco en responder: la pantalla de su celular mostraba un nuevo mensaje de Nakano:

"Nagai me dio su tarjeta de cupones del centro y conseguí lugar en un restaurante para navidad. ¿Quieres ir, Izumi-san?"

—Sí, sí tengo planes. Nakano-kun quiere que vayamos a un restaurante en el centro.

—Supongo que Nagai estará ahí —comentó Tosaki mientras sacaba sus mentas del pantalón.

—En realidad, no. Nagai-kun le entregó los cupones —respondió ella al tiempo que abría la agenda de Tosaki y apuntaba lo que él le había pedido.

El rostro de Tosaki se mostró confundido.

—¿Nakano y tú? ¿Están saliendo?

—No. Pero ninguno tiene una familia con la que pueda pasar navidad y… No es una cita. Nakano-kun no significa eso para mí. —Le explicó una vez agendados los compromisos de Tosaki.

Después de unos largos segundos de extraña tensión, Tosaki asintió. Conocía lo suficiente a ese ajin como para saber que para él, aquello sí sería una cita. Por algún motivo, eso le molestaba; mas no dijo nada.

...

El día veinte, Tosaki se dio su tiempo para visitar a Ai al hospital. Las palabras de los médicos eran las mismas: no había avances en su estado; al contrario, parecía estarse agravando a pesar de todos sus esfuerzos. No era algo que Tosaki no supiera: Ai moría. Pero él se lo había prometido: permanecería con ella hasta el día de su muerte.

Lo cierto era que Tosaki nunca se imaginó en esa situación; para empezar, ni siquiera se había imaginado comprometido con alguien. Y luego de conocer a Ai, luego de aceptar que estaba enamorado de ella, no se imaginó que ella ya no le respondería las conversaciones con un chiste o una sonrisa fuera de lugar. No se imaginó que fuera él quien hablara más en esa relación.

Y, no obstante, aunque la extrañara y aunque todo lo que había hecho contra los ajin había sido para salvarla, tenía que reconocer una cosa: ya no recordaba con claridad su voz o su risa. De no ser por las fotografías en su celular, incluso habría olvidado el color de sus ojos.

Tosaki ya no recordaba cómo se burlaba ella de cada gesto suyo, Tosaki ya no recordaba cómo había sido que ella lo había incitado a dejar el cigarro, Tosaki ya no recordaba muchas cosas sobre Ai. Sólo recordaba que ella había sido la primera mujer en su vida. Sólo recordaba que ella era su primer amor.

Con un suspiro doloroso, Tosaki tomó la mano de la mujer en la cama y la alzó hasta colocar la frente en ella.

—Vuelve… Por favor. Vuelve antes de que te olvide —suplicó.

...

En el momento en el que Izumi salió de su apartamento el 24 de diciembre, nevaba. Con frío, se enredó la bufanda alrededor de su cuello y metió las manos a los bolsillos de su chamarra.

Esa mañana sólo pasaría a dejar unos papeles a la oficina y luego se marcharía. Tenía que comprar un regalo para Kou. No le vendría mal una sudadera; después de todo, Nagai le había roto muchas con todas las ocasiones en las que, enojado, lo mató. Sonrió tras recordar esos días en los que todos dormían bajo el mismo techo: a pesar de que la amenaza de Sato estaba siempre sobre sus cabezas, de alguna u otra forma conseguían que el ambiente fuera en ocasiones divertido. Tal vez también comprara algo para Nagai.

Su pequeño bolso de tela se atoró en uno de los pasamanos del metro. Ella lo jaló con discreción. Ahí llevaba el regalo para Tosaki; si él se iba al hospital, entonces no lo vería hasta el lunes siguiente.

El edificio de Salud y Bienestar Social estaba casi vacío; ese día sólo había un par de juntas al mediodía. Las personas que ya estaban ahí, como Izumi, sólo iban a entregar informes o a concluir con una tarea que habían dejado pendiente. Ese segundo caso era el de Tosaki.

Izumi abrió la puerta de la oficina y encontró a su jefe semidormido y con una vieja taza de café en la mano. Sorprendentemente, la sostenía con firmeza. Izumi rió: a él no le agradaba el ruido que hacían las tazas al romperse; quizá su inconsciente lo había obligado a aferrarse a la oreja de la taza como si su vida dependiera de ello.

Acercándose con cuidado, Izumi tomó la taza de Tosaki y la colocó en el escritorio. Ya estaba frío el café; tal vez debería de traerle uno más reciente.

Mas no pudo pensarlo mucho pues casi como reflejo, Tosaki abrió los ojos y miró a su asistente. La distancia a la que se encontraban no rebasaba los quince centímetros. Izumi se ruborizó cuando se percató de que la persistente mirada de Tosaki no se apartaba de sus ojos. Y es que los ojos de Tosaki no permitían una escapatoria, nunca había podido huir de ellos; aunque cerrara los ojos, podía sentirlos escudriñándola o castigándola. Pero en ese momento, en ese minúsculo segundo, no había enojo en la mirada de Yuu. Quizá había sido el sueño que cargaba, pero Izumi podría jurar que ese brillo sólo lo había visto dirigido a Ai…

Un segundo después, el momento se vino abajo porque Tosaki parpadeó. Al momento que siguió, Tosaki ya miraba la taza de café frío a un lado de la mano de Izumi.

Ésta, aún ruborizada, se hizo para atrás y, sin mostrarle la cara a Tosaki, ordenó los ya ordenados papeles en su propio escritorio. Tosaki trató de ignorarla tal y como ella lo hacía con él. Ambos podían sentir cómo su ritmo cardiaco había aumentado, ambos podían sentir cómo de repente no importaba que fuera invierno porque el calor en sus cuerpos les indicaba que era verano.

Izumi colocó una mano en su pecho y trató de concentrarse. No había pasado nada, no había sucedido nada. Tosaki sólo la había visto tomar su café, no había sido nada especial.

Esa dulce mirada no significaba nada.

Tras cerrar los ojos y repetir en su mente que no había sucedido nada, Izumi suspiró y con ello dejó escapar toda la angustia que la situación le había generado. Tosaki, por su parte, había escondido el rostro detrás de su tablet y había fingido leer los términos y condiciones de una red social.

"No había significado nada, fue un error" se dijeron ambos. Aun cuando sólo había sido una mirada cercana, la realidad era que los dos habían tomado eso como algo más que un simple error.

Izumi, sin poder despegar los ojos de Tosaki de su mente, dejó en el escritorio los papeles que había planeado dejar con él y luego de una cabezada nerviosa, salió de la habitación.

—Shimomura-kun… —La llamó Tosaki cuando ella estaba cerrando la puerta. Si lo escuchó o no, de cualquier modo no volvió— ¡Maldición! —exclamó con un golpe en la mesa.

"No ha significado nada, ella no… Eso no fue nada."

—¿En qué diablos estaba pensando? —Se preguntó.

Tosaki no era tonto, Tosaki sabía qué era lo que había pasado con sólo una mirada. Y lo temía.

—Ella es una ajin, es menor que yo, es mi asistente… Ella no es Ai. —Se dijo. Mas una vocecita (que sonaba igual a Ogura Ikuya) le dijo que era exactamente eso lo interesante: "ella no es Ai, ella es Izumi." Y eso no era malo.

Suspiró. Algo no estaba bien de todo eso.

...

Izumi corrió hasta llegar a los baños del tercer piso. Ya se había quitado la bufanda y ya se había mojado el cuello; pero esa sensación no se marchaba. La certeza de lo que había querido ocultar, mas que Kei e incluso Kou ya habían descubierto, la golpeó con la fuerza de diez IBM.

Mirándose al espejo, Izumi repitió lo que todo su ser había gritado en el último año:

—Lo quiero.

Enseguida, dejó escapar un gemido de frustración. ¿En qué se había metido? ¡No podía sencillamente ir por el mundo queriendo a Tosaki! Para empezar, él ya estaba comprometido y le parecía injusto que ella se pudiera aprovechar de algún modo de que Ai estaba en coma. No, no podía quererlo; ¡no debía quererlo, maldita sea!

Nunca había estado a favor del modo de pensamiento de Nagai Kei, pero en ese momento había deseado vivir sin sentimientos que pudieran complicar su vida. ¿Cómo era que Nagai podía ocultar e incluso eliminar sus sentimientos?

De nuevo, dejó que su boca expulsara sus emociones.

Entre más pensaba en lo prohibido que le era Tosaki, más recordaba aquellos momentos en los que no sólo ella, sino él, mostraban una evidente preferencia el uno por el otro.

—¡Basta! —gritó, completamente fastidiada.

Necesitaba salir de ahí, necesitaba pensar las cosas con claridad y obligarse a negar todo lo que su cabeza le gritaba.

Con más fuerza de la necesaria, tomó su bufanda y se la colgó sin tomar en cuenta el orden.

Sin embargo, una vez dio un paso fuera de los baños de mujeres, escuchó la alarma de fuego sonar. Casi de inmediato, los rociadores se encargaron de mojar todo el suelo y a quienes estuvieran en los pasillos. Sus reflejos se abrieron paso por entre los miedos de estar enamorada.

—¡Tosaki-san! —gritó antes de correr hacia el sexto piso.

Al mismo tiempo, Tosaki tomó el teléfono y, mientras corría escaleras abajo, marcó a su secretaria. Ella no debía estar cerca de algun peligro o podrían descubrir su naturaleza.

—¡Vamos, Izumi, contesta! —exclamó en el piso quinto.

Para cuando quiso rodear el pasamanos para saltar al cuarto piso, se encontró de frente a la persona que había llamado tres veces sin que ésta contestara. Izumi golpeó su nariz con la clavícula de Tosaki bajo el impulso de detenerse repentinamente.

—¿Estás bien? —preguntó Tosaki tomándola por los hombros.

—No se preocupe por mí, Tosaki-san. ¿No está herido? —contestó ella, mirándolo.

—No. ¿Dónde fue el incencio?

—Parece ser que en el piso sexto. Tenemos que salir, Tosaki-san —dijo ella con la misma firmeza con la que trataba todo.

El aludido asintió y siguiendo de cerca a su empleada, descendió hasta la planta baja. Todo el personal estaba ahí y los bomberos recién llegaban.

—Sokabe, ¿qué ocurrió? —preguntó Tosaki al visitante de otro colega suyo.

—Parece ser que un muchacho dejó su cigarrillo en unos papeles, Tosaki-sempai —contestó éste.

—¿Un cigarro? ¿Qué clase de idiota…?

Resopló sin terminar su pregunta.

Tras quince minutos, los bomberos avisaron que sólo una habitación había recibido daños y que ya todo estaba controlado. En efecto, confirmaron que había sido provocado por un cigarrillo. No tuvieron que buscar por mucho tiempo al culpable, pues éste fue regañado por todo un grupo de personas que ya conocían su torpeza.

—Es increíble que en este edificio se cometan esta clase de estupideces —musitó Tosaki.

—El culpable será despedido, Tosaki-sempai.

—Eso es evidente. Shimomura-kun, que revisen las alarmas y los daños a equipos electrónicos. Este imbécil pudo costarnos millones.

—Sí, Tosaki-san —contestó ella antes de ir con el departamento de seguridad.

Aunque era cierto que la torpeza de un chico había causado ese revuelo, también lo era que no había sido necesario rociar todas las habitaciones cuando sólo había sido una habitación la que había absorbido el humo. Izumi se encargó de hablar con las personas necesarias y de encontrar los reportes que indicaran los fallos que el departamento había tenido. Algunos de los trabajadores trataron de seducirla para que no los acusara, mas Izumi fue inflexible. No había sido culpa de una sola persona el que se hubieran perdido tantos archivos.

Por esa falla matutina, Izumi y Tosaki tuvieron que permanecer en el edificio hasta que dieron las siete y media de la noche. Tosaki había empezado a estornudar desde las cuatro; por lo que Izumi le entregó un antigripal de dos tomas. Era ridículo el hecho de que ambos tuvieran en armarios del edificio mudas nuevas y que éstas también estuvieran mojadas.

Cuando por fin Tosaki firmó el último papel del seguro que repondría parte del equipo perdido, miró el reloj en su muñeca y luego a Izumi.

—¿A qué hora tenías que ver a Nakano? —preguntó.

Ella de inmediato soltó una maldición y, sin responder, se alejó unos metros de él para llamar al muchacho que había dicho vería a esa misma hora. Tosaki no quitó la vista de ella ni apartó el oído de cada palabra dicha.

—¿Nakano-kun? Lo siento mucho, tuvimos un percance en la oficina y apenas se está resolviendo. —Hizo una pausa corta. Tosaki no pudo escuchar lo que Nakano le decía— Sí, estoy bien. —Otra pausa— Sí, Tosaki-san está conmigo... Lo siento mucho, Nakano-kun. Feliz navidad.

En cuanto colgó, Izumi suspiró y, rendida, se alzó de hombros.

—Pobre chico… —musitó.

—Pudiste decirle que llegarías tarde. —Le dijo Tosaki.

Izumi lo miró por encima del hombro antes de volver la vista al frente.

—No, iba a pasar a comprarle algo. No tengo nada para él y no quería llegar con las manos vacías. Había pensado en comprar también algo para Nagai-kun.

—Un pedazo de carbón es lo que se merece ese niño —respondió Tosaki un poco celoso. Ella había hablado de cenar con Nakano, de comprarle un regalo a Nakano y ahora también había incluido a Nagai; pero había pasado casi todo el 24 con Tosaki y ni siquiera una frase típica había recibido de ella.

—No importa, ahora no sé cuándo los pueda ver. La última semana del año siempre es la más complicada; ya los veré el próximo mes —comentó Izumi con una delgada sonrisa.

¿Qué tenían esos enanos que la hacían sonreír?

—Bien —respondió Tosaki previo a darse la vuelta sin siquiera despedirse de ella. No era como si le importara…. ¡Pero ellos eran un par de niñatos inmaduros e imortales! ¡¿Qué de interesante tenía el salir con…?!

—Tosaki-san… —murmuró Izumi atreviéndose a tomarlo de la manga del abrigo. Él se detuvo y le miró con el rabillo del ojo; de nuevo estaba sonrojada, pero esta vez no evitaba su mirada— Feliz navidad, Tosaki-san.

Ahí estaba, ahí estaba la comprada frase que todo el mundo repetía en el mismo día. Pero ella no era una mujer que fuera comprada por la sociedad, ella era una mujer honesta y sensible. Cuando ella insultaba a alguien, no lo hacía porque estuviera simplemente molesta; sino porque creía en sus palabras. Cuando ella se disculpaba, no lo hacía porque se sintiera comprometida; sino porque en verdad se sentía culpable. Cuando ella entregaba un regalo, en forma de oso de peluche o en forma de sonrisa, lo hacía porque su corazón así lo pedía.

Cuando ella miraba a alguien con aquella mirada, cuando ella sonreía a alguien con esa sonrisa, cuando ella pronunciaba esas palabras de la forma en la que lo hizo, nada podía ser falso.

Sin saber qué lo había llevado a hacerlo, Tosaki se soltó del agarre de Izumi y pasó ambos brazos por la espalda de la muchacha. Mientras el cuerpo de Izumi se pegaba al suyo, él cerró los ojos y permitió que el shampoo en el cabello de Izumi llegara hasta su nariz. Con fuerza y sin darle una oportunidad de liberarse, Tosaki abrazó a Izumi. La estrechó hasta que sus brazos se cansaron y recargó la mejilla en su cabeza. Pudo sentir en su pecho el traqueteo de las corazonadas del corazón de Izumi, pudo sentir su propio traqueteo.

Ella no podía moverse, no podía responder al abrazo o negarlo. No podía rodear a Tosaki como él lo hacía ni podía empujarlo. Ella sólo podía, pese a sus contradicciones emocionales, cerrar los ojos y disfrutar del aroma del abrigo de Tosaki. Antes ya lo había memorizado, pero nunca se le había permitido estar tan cerca de él, no en esa posición, no sin que estuviera en peligro. Nunca para expresar un sentimiento que para ambos era prohibido.

Aterrada del mismo modo que ilusionada, Izumi consiguió aferrarse a la tela que cubría el torso de Tosaki. Aunque la culpa la inundara, no quería alejarse de él, no quería que ese abrazo terminara, no quería que él la soltara. Esa navidad, Izumi sólo tenía un deseo. Un deseo que su boca no quiso mantener en secreto…

—Por favor, cena conmigo esta noche.

Y en cuanto esa frase salió de su boca, se arrepintió. No podía pedirle eso, no podía pedirle que dejara a Ai, no podía pedirle que pasara una fecha tan importante con ella, no podía…

Lentamente, Tosaki deshizo el abrazo y sin atreverse a mirarla, contestó:

—Nos vemos el lunes, Shimomura-kun.

El frío en invierno no helaba tanto si se le comparaba con aquella despedida dentro del corazón de Izumi. La respuesta era evidente, siempre lo había sido. ¡Qué tonta había sido al creer que en algún momento podría tener otro futuro con él! Porque hasta en ese segundo podía admitirlo: estaba enamorada de Tosaki, lo amaba no desde ese día, no desde el incidente de la mañana; lo había amado desde que Sato los alcanzó en esa alcantarilla, lo había amado desde que los agentes americanos lo secuestraron, lo había amado desde que Nagai Kei se convirtió en la piedra en su zapato… Tal vez lo había amado desde que le entregó una nueva vida. Empero, ninguno de esos eventos había significado un nuevo futuro para él. ¿Cuándo lo entendería? Tosaki Yuu vivía para su prometida y sólo para ella.

Ahogada como nunca lo estuvo, Izumi se dejó caer de rodillas en el suelo y permitió que las lágrimas llenaran su rostro.

"¿Estás con Tosaki-san?… Ah, disfruten su compañía."

"Sé que lo único que quieres ahora es rescatar a Tosaki-san, pero será mejor que te controles."

"Tosaki-san y tú… ¿están saliendo?… Déjame decirte algo: tienes mal gusto."

"¿Crees que Izumi-san y Tosaki-san estén saliendo? Siempre están juntos."

"Él es atractivo, ¿ella es su novia?"

Cada vez que ella escuchaba esas frases, cada vez que alguien insinuaba algo más entre ellos, una parte de Izumi se enorgullecía, una parte de ella celebraba porque entonces significaba que hacían una buena pareja. Sin importar que en soledad Tosaki nunca le hubiera dado indicios de querer algo más con ella, eran esas frases que muchas veces escuchó la alentaban de alguna forma...

Estúpida.

...

Tosaki manejó con menos rapidez de la usual. Sin importar lo efusivo de la fecha, no tenía un solo motivo para sonreír. De su cabeza no había podido quitar la invitación de Izumi y más que eso, la declaración que eso implicaba. La había lastimado al mismo tiempo que él se hería. Pero había sido lo correcto, había hecho lo que tenía que hacer.

—No puedo hacerle esto a Ai, ella no merece que yo…

—¿Ella merece que la visites cuando tienes a otra mujer en la cabeza? —preguntó la estúpida voz en su cabeza. Casi podía ver la mirada sarcástica de Ogura.

En uno de los semáforos en rojo, Tosaki recargó la frente en el volante. No, no podía hacerlo; no podía traicionar a Ai.

—Yuu… Yuu.. —Escuchó en su cabeza, proveniente de un recuerdo. Sólo esa frase la recordaba con claridad.

Ai no merecía que le hiciera eso, Ai no merecía que la dejara, Ai no merecía…

—Es sólo que no quiero ser una carga para ti —dijo su prometida en otro recuerdo.

Una carga… ¿Cómo podría ser ella una carga?

El sonido de un claxon lo alertó de que ya podría avanzar.

Faltaba un kilómetro de viaje, ya estaba cerca. Pero entonces la sonrisa de Izumi retoñó en su memoria y Tosaki no pudo hacer más que orillarse y parar el auto. Frustrado, golpeó el volante y sacó unas cuantas mentas. Maldiciendo, se metió las pastillas a la boca. Era ridículo que incluso esas cosas le recordaran a su empleada.

Cerró los ojos y, sin poder evitarlo, recordó todas esas veces en las que Izumi colocó un brazo frente a Tosaki para protegerlo. Recordó todas esas veces en las que corrió para evitar que algo le hiciera daño. Recordó cada una de las veces en las que, desesperada, gritó su nombre. Y es que en su voz se oía tan distinto el "Tosaki-san"… Era casi tan particular como el "Yuu" de Ai. Sin embargo, era la primera quien ahora lo hacía sonreír.

"No quiero ser una carga para ti", repitió su mente.

Ai podía pasar minutos observando cada movimiento de Tosaki, pero Izumi ya los tenía estudiados; Izumi ya sabía a qué dirección girar para encontrarlo. Ai podía cambiar el rumbo de la conversación con un chiste blanco, pero Izumi ponía todo de sí para comprender el significado tras bambalinas en cada una de las palabras de Tosaki. Ai podía ser la chica más adorable que Tosaki había conocido, pero Izumi era la chica que Tosaki no volvería a encontrar si la dejaba ir.

"No quiero ser una carga para ti."

Porque aunque supiera que su deber estaba con Ai, aunque supiera que le había prometido amarla hasta el día de su muerte… Lo cierto era que ya no podía cumplirle...

"No quiero ser una carga para ti."

Pero ahora lo entendía: el no quererla como antes la quiso, el no recordarla como antes la recordaba, no estaba mal. El tener en mente a otra chica, el querer proteger a otra chica, el querer abrazar a otra chica… eso tampoco estaba mal.

"No quiero ser una carga para ti."

—No, yo no seré un carga para ti, Ai. —Le dijo al aire mientras abría los ojos y se preparaba para tomar el siguiente retorno.

...

Izumi ingresó a su departamento cuando dieron las nueve veinte. Sin querer pensar en lo que había dentro de su bolsa de tela, la dejó caer en el suelo y avazó hasta el balcón de su habitación. El frío del invierno caló en su cuello casi descubierto: su bufanda ya estaba arrastrando por el suelo.

Desde donde estaba, podía evitar el mirar a los transeúntes disfrutando de un día familiar. Ella sólo veía un triste callejón lleno de botes de basura y condones usados. Lo suficiente para continuar con su no muy grato humor.

A las nueve y media miró la pantalla de su celular: no había mensajes ni felicitaciones honestas: sólo una sarta de personas a las que ni siquiera recordaba haberles dado su número. Únicamente el mensaje de Ogura la hizo reír un poco:

"Esta noche hay promoción en algunos hoteles. Feliz navidad."

El mensaje le hizo recordar su plan de reunir al equipo. Y con ello en mente, buscó entre sus contactos a Nagai y le mandó un sencillo mensaje del que no tardó en recibir una seca respuesta. Digna de Nagai Kei.

Justo cuando ya se había recargado en el barandal para responder la pregunta del muchacho, alguien tocó a su puerta. Izumi tuvo que contestar con un monosílabo en su mensaje de texto para atender a quien fuera que la visitara en ese día.

Con el celular en mano, miró por el ya rayado ovillo de la puerta. Bastó con distinguir el cabello claro del hombre detrás de la puerta para saber quién era.

Apresurada giró la perilla y la jaló. Tosaki la miraba confundido y ligeramente nervioso.

—¡Tosaki-san! —exclamó ella— ¿Qué hace aquí?

—Aún hay lugar en "Kyube", acabo de reservar una mesa en la terraza —respondió él como si se tratara de cualquier asunto de trabajo.

La expresión de Izumi pocas veces era tan refleja: Tosaki pudo leer en sus ojos el asombro; en sus labios, el coraje de haberla dejado en la oficina; y en sus mejillas, la emoción de que fuera a buscarla. Las cosas eran sencillas cuando se encontraba a su lado…

—Abrígate bien, Shimomura-kun. —Le dijo al no recibir una respuesta clara.

Y al ver que Izumi no podía dejar de boquear sin articular nada claro, él mismo se agachó para recoger la bufanda que Izumi arrastraba. Con cuidado y en silecio, la enredó en el delgado cuello de Izumi. Entonces ella cerró los labios y permitió que él acomodara el cuello de su chamarra.

—Tosaki-san…

—Ya está. —La interrumpió apenas mirando sus ojos— Vámonos, tengo hambre.

Izumi, en lugar de responder, lo miró. Miró sus ojos y buscó en ellos los motivos por los que había negado su inicial invitación. Buscó los motivos que ella misma había tenido para negarse a lo que había sentido; buscó al menos un indicio de que luego se arrepentiría de lo que le pedía. Buscó en él las barreras que ella misma se había puesto, buscó en él el motivo por el que no debía ilusionarse, buscó en él el motivo por el que debía negarse.

Empero, no había nada en él que pudiera decirle todo lo que ella buscaba de forma negativa. Nada en él, nada en sus ojos o en su postura delataba algo que no fuera verdad, que no fuera cierto. Él estaba ahí por ella, estaba ahí porque quería estar con ella… Estaba ahí, no por trabajo, no para salvarse; estaba ahí porque quería pasar la navidad con ella. Estaba ahí porque así como ella aceptó lo que sentía por él; él lo hacía respecto a los que tenía por ella.

—Sí —contestó, por fin, Izumi efusiva; mas antes de salir, estiró el brazo para alcanzar su bolsa de tela y sacó una caja pequeña.

Tosaki la miró abrir aquella caja de regalo y se ruborizó un poco cuando la vio sacar una bufanda bicolor. La extendió frente a sus ojos con aquella sonrisa que Tosaki tanto conocía.

—Permítame, Tosaki-san —dijo ella alzándose ligeramente de puntas para rodear su nuca con la bufanda y acomodarla sobre su suéter de cuello de tortuga. Ella nunca dejó de sonreír—. Ya está. Podemos irnos.

Y tras otra pequeña sonrisa, Izumi salió de su apartamento. Tosaki la miró bajar las escaleras y también sonrió. En definitiva, ese invierno le había llevado no sólo un incidente en el trabajo; sino que le había regalado la oportunidad que tanto tiempo ignoró.

No tardó en colocarse a un lado de su acompañante. Izumi tenía en la mano su celular cuando Tosaki la miró. Era una conversación con Nagai que no alcanzó a leer.

—Son buenos niños, ¿verdad? —preguntó ella a Tosaki— Nagai-kun no dejará solo a Nakano-kun. Eso me reconforta.

—Ya lo dijiste, son "niños" —respondió recalcando con sumo cuidado la última palabra. Izumi lo notó y rió.

—Nunca saldría con ellos de la forma que piensas. Son como mis hermanos pequeños; si fueran más jóvenes incluso podría tratarlos como hijos, supongo.

—No me digas. ¿Yo sería el padre; Ogura, el tío pervertido; Sokabe, el vecino entrometido; y los otros ajin, los primos drogadictos que buscan la redención? —bromeó con una muy ligera sonrisa. Izumi desvió el rostro.

—En realidad nunca había pensado en todos nosotros como una familia; pero me gusta la idea, Tosaki-san… —admitió al tiempo que metía la mano derecha en la manga izquierda.

Entonces Tosaki se detuvo e Izumi lo imitó. Él le ofrecía su mano enguantada.

—No tengo tanto frío, To…

—No lo hago por eso. Te estoy ofreciendo una nueva vida, Izumi.

Ella, cansada de pensar cada frase de Tosaki, tomó su mano y la apretó.

—Gracias, Tosaki-san.

Él no respondió. Sabía que en sus palabras había sonado como si fuera él quien hubiera dado el paso difícil; pero lo cierto era que había sido Izumi quien lo había arrastrado a un nuevo futuro, a un nuevo desenlace. Había sido Izumi quien había llegado para entregarle una nueva vida: una vida a su lado, una vida de felicidad.

-o-

¡Hola!:

Con este sí me tardé en editarlo. Hoy voy a subir una viñeta o tal vez un drabbble, porque este de invierno lo escribí antier y ayer lo andaba editando. Terminé muy noche y decidí publicarlo hoy.

En fin, espero que lo disfruten. En serio necesitaba escribir algo más sobre ellos y encontré el fanart perfecto para eso. Es uno de los OS más largos que he escrito y... Bueno, la neta es chido escribir OS de esta longitud.

¡Abrazos!

Nayla Kei