Disclaimer: Todo lo que reconozcas es propiedad de JK Rowling

Aviso: Este fic participa en el Reto #14: "Amortentia al azar" del foro Hogwarts a través de los años.

Pareja: Sirius Black y Marlene McKinnon (1G)

Olor: Tabaco

Curso: 7º


Sirius estaba apoyado en la ventana de la Sala Común de Gryffindor, fumando un cigarrillo y contemplando el cielo estrellado. Todavía no podía creerse que fuera una de sus últimas noches en Hogwarts. No estaba muy seguro de qué le depararía el destino al salir de allí, al abandonar el que había sido su hogar y su refugio durante los últimos años, y no podía evitar sentirse un poco asustado.

–Así que estabas aquí…

Se giró al escuchar la voz de Marlene y se encogió de hombros. La rubia terminó de bajar las escaleras de los dormitorios de los chicos, cubierta únicamente por una camisa del chico. Se sentó en el alféizar junto a él y le quitó el cigarrillo.

–Tenía que pensar. No quería dejarte sola.

–Bah –se encogió de hombros y dio una calada–. Soy una mujer fuerte e independiente. De hecho, cuando me he despertado he pensado que menuda suerte porque iba a tener la cama para mí solita, pero después he caído en la cuenta de que, quizás, te pasaba algo así que me he puesto lo primero que he encontrado y he decidido bajar.

–Vaya, qué considerada –respondió con ironía.

–Gracias, ya sé que soy maravillosa –rió y le devolvió el cigarro, tras darle otra calada–. ¿Qué te pasa?

–Nada, solo estaba pensando.

–Espera –abrió mucho los ojos–, ¿me estás diciendo que tú piensas?

–Muy graciosa, Marls –la fulminó con la mirada y ella estalló en carcajadas antes de enredar los brazos tras su cuello y abrazarlo–. Así no lo arreglas…

–Sabes que es broma –apretó un poco más su agarre y él, finalmente, suspiró y le devolvió el abrazo, comenzando a acariciar su espalda–. Dime qué te pasa.

–¿Qué se supone que vamos a hacer cuando salgamos?

–Pues lo que hemos hablado, ¿no? –Se separó de él y lo miró con cierta preocupación–. Unirnos a la Orden, intentar salvar el mundo y no dejar que nos maten.

–Sí, claro –asintió–, pero, no sé. Estoy un poco preocupado.

–¿Por qué?

–Por lo que nos depara el futuro y por… por ti –la miró directamente a los ojos y se encogió de hombros. Marlene suspiró y le apartó un mechón de la frente–. ¿De verdad vas a dejar a tu familia?

–No puedo ponerlos en riesgo… Layla es demasiado pequeña y ninguno de ellos debería sufrir por mi culpa –murmuró–. Me iré con Lily, ella también quiere proteger a su familia.

–Podrías venirte conmigo.

Ella se alejó un poco y lo miró con los ojos muy abiertos y el ceño levemente fruncido. ¿Acababa de proponerle aquello en serio?

–¿Quieres que nos vayamos a vivir juntos?

–¿Por qué no? –Dio una calada y se encogió de hombros–. Nos protegeríamos el uno al otro.

–¿No te parece muy pronto? Tenemos 18 años, Sirius. Sería una locura.

–No creo que debamos pensar a largo plazo…

La chica suspiró y negó con la cabeza.

–Es tarde, no deberíamos tomar decisiones a estas horas –dijo, finalmente. Le quitó el cigarro casi consumido y lo apagó–. Anda, vamos a la cama.

–No tengo sueño.

–¿Quién ha dicho que tengamos que dormir? –Le guiñó el ojo y se bajó del alféizar de un salto. Lo besó y ambos sonrieron–. Vamos, Sirius.

Él asintió y, entrelazando sus dedos, se dirigió de nuevo hacia el dormitorio. Marlene tenía razón, lo mejor sería tomar esas decisiones de día. Aunque su propuesta había sido totalmente en serio y, solo esperaba, que ella la aceptara.